Cuando hay mucha calma...
-¿Estas seguro de que es necesario ir al Oeste? Llevamos varios días de viaje y no hemos sentido aquel poder que dices.
-Ya te lo explique antes, Kikyo - suspiró antes de detenerse y mirar a la mujer a su lado -. Los Yokais que pasaron por la aldea hace días hablaron de una gran concentración de poder en el Oeste - mintió nuevamente.
-Si aquel poder fuese tan grande, ya lo habríamos sentido.
-No si se esta ocultando. Podría ser Naraku.
La antigua miko lo miro detenidamente durante varios minutos que al Hanyou se le hicieron eternos, sabía que este le estaba ocultando algo, más aún no descubría que era pero escucharlo nombrar a Naraku y estar desesperado por ir hasta aquel lugar implicaba que aquello era importante, por lo cual haciendo uso de todo su autocontrol tan solo se dedico a asentir y continuar con su camino, no faltaba demasiado para que cruzaran la frontera del Oeste.
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Ya habían pasado dos semanas desde que la prueba se había llevado acabo en el castillo del Oeste y las cosas no podrían ir mejor. Ya en el castillo no quedaba ningún invitado de los que habían acompañado a los nuevos señores durante la celebración, Lady Irasue se marcho nada más concluir la prueba en el lago y los Lords cardinales se retiraron molestos al verse totalmente ignorados por la pareja.
Solo los amigos de la miko se encontraban de invitados en el castillo, ellos habían decidido pasar algún tiempo en aquel lugar recuperando el tiempo perdido junto a la joven miko, sin embargo el Inu peliplata no lo permitía demasiado, y es que él se había dedicado a cumplir lo que había dicho antes de la presentación, por lo que eran muy pocas aquellas ocasiones en las que le permitía a su compañera separarse de él -dentro y fuera de la habitación-, durante aquellos días habían vivido una especie de 'luna de miel', donde el Inu se dedicaba a complacer a su miko y esta hacia lo mismo con él.
Habían encontrado cierto placer en escaparse y dejar volar la pasión en cualquier rincón del castillo, no importaba el momento, tan solo bastaba una caricia por parte de alguno para que el deseo creciera y terminaran por entregarse sin reservas, varios muebles habían quedado reducidos a nada debido a las garras del Inu que en ciertas ocasiones perdían el control a causa de la lujuria del momento.
El resto del día trataban de compartir con sus cachorros y amigos, al tiempo que la miko era instruida por el Inu sobre algunas de las costumbres y responsabilidades que ahora ella debía cumplir, aquello solía dejarla bastante agotada puesto que eran muchas pero cuando ambos volvían en las noches a la habitación el deseo volvía a desatarse.
-Hoy te ves muy contenta, Kagome - comentó Sango una vez los señores se sentaron en el gran comedor a desayunar.
-Lo estoy - le dedico una sonrisa a todos antes de hablar nuevamente -, volveré por unos días a mi casa, ha pasado mucho tiempo desde que volví y no quiero que mi madre se preocupe demasiado.
-¡Si! ¿Nos traerás dulces, mamá?
-Por supuesto, Shippo, traeré muchos dulces para ti y para Rin.
-¿Quiere que la acompañemos a la aldea, señorita? Nosotros pensábamos quedarnos solo dos días más, volveremos a la búsqueda de Naraku.
-Yo iré con ella, monje, y si así lo deseas - dijo ahora dirigiéndose a su compañera -, cuando regresemos podemos buscar a Naraku junto con ellos.
La azabache sonrió y se sentó en el regazo del Inu antes de contestar. -Me encanta la idea, gracias - lo abrazo y escondió su cara en su cuello, justo donde su marca descansaba.
-Bien. ¿Y qué haremos hoy? - cambió de tema Koga, aún no se encontraba cómodo con las constantes muestras de afecto entre el Inu y la miko, aún más porque aquello no era común de ver en esa época.
-Entrenaremos - contestó Sesshomaru apretando el cuerpo de la azabache más hacia sí, tanto él como Yako sentían la necesidad de dejarle en claro al Okami que la miko le pertenecía.
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Luego del desayuno todos se dirigieron al área detrás del castillo destinada a los entrenamientos, aquel lugar era gigante y al aire libre, había una gran caseta donde se encontraban todo tipo de armas e instrumentos para las practicas, como blancos, objetivos y trajes para los entrenamientos.
Solo la miko y la exterminadora se cambiaron a ropas de combate, los demás usarían lo que llevaban puesto, decidieron luchar por parejas, Koga y Ayame, Sango y Miroku y, por supuesto, Sesshomaru y Kagome, en ese mismo orden.
Las dos primeras peleas no duraron mucho y lamentablemente para el genero femenino, tanto Ayame como Sango perdieron, tan solo quedaba Kagome para levantar los ánimos de las chicas, aunque secretamente ninguno creía que ella lo lograría, ni siquiera ella misma.
-Seré suave - le dijo Sesshomaru antes de dejar un beso en sus labios.
-No lo seas - fue su respuesta.
Lucharon con espadas que habían tomado de la caseta y Kagome los sorprendió a todos al ser capaz de manejar esta con maestría propia de quien tiene años practicando, sin duda se veían los resultados de los arduos entrenamientos que llevaba con el Inu, tanta era su habilidad que incluso logro rasgar gran parte del haori del Inu, quien solo le dio una sonrisa ladina.
-Si deseabas que la quitara, solo debías pedirlo - tiro lejos aquella tela que ya no serviría nunca más.
Alrededor de ambos escucharon gran cantidad de jadeos y al mirar se dieron cuenta de que gran parte de los habitantes del castillo observaban el combate, aunque en ese justo momento solo observaban con asombro el torso del Inu, el cual se encontraba lleno de rasguños, mordiscos y todo tipo de marcas, pero sin duda ninguna tan llamativa como la de su cuello que a pesar de los días no había cicatrizado ni un poco.
La miko resoplo viendo como las Yokais veían con anhelo el cuerpo de su compañero y molesta lo atacó, ataque que fue esquivado por el Inu cuando logro atraparla apegando su espalda contra su pecho y cruzados ambos brazos de ella hasta hacerla soltar la espada.
-Tramposa - le susurró al oído, él la vio sonreírle y acercar sus labios a los suyos, por lo cual él acerco sus propios labios solo para sentir un golpe en una de sus piernas que lo desestabilizo y aflojo su agarre lo suficiente para que Kagome se soltará y sujetara la espada que segundos antes había soltado y la apretara contra su cuello.
-Nunca confiarse, ¿recuerdas? - le dio una sonrisa burlona a su compañero que la miraba sorprendido y orgulloso a la vez, mientras levantaba sus manos en rendición.
-Sin lugar a dudas, la mejor mujer es la mía - la alzó para besarla sujetándola de su trasero y Kagome rodeó su cadera con sus piernas, sin perder tiempo con su velocidad Sesshomaru los llevo dentro del castillo hasta el cuarto de baño de ambos para dedicarse a complacer nuevamente a su mujer.
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-Bueno... creo que el entrenamiento por hoy ya termino - fue Ayame la que hablo viendo la dirección en la que la pareja se había marchado.
-Uhm... si - esta vez fue Sango quien hablo, aunque no tenía muy claro que decir -, quizás más tarde entrenemos más.
-Koga - llamó Miroku -, esa marca, la del cuello de Sesshomaru, ¿qué significa?
Koga apretó sus manos en puños, aquella marca era la prueba indiscutible para el mundo de que el Lord del Oeste tenía una compañera. -Que él le pertenece a Kagome, ella se la hizo.
-No sabía que las mujeres pudieran marcar a los hombres.
-No es común, realmente debe amarla. Con esa marca es prácticamente imposible para él engañarla con otra mujer.
-¿A qué te refieres, Ayame?
-Las marcas unen a las parejas porque les permite experimentar lo que siente la otra persona, pero con la marca en ambos, todo lo que siente uno, lo siente el otro como si fueran ellos mismos quienes lo sintieran.
-Eso es realmente trágico, ¡una sola mujer! - Miroku tenía una cara de como quien sufre por otra persona.
-¡Idiota! - dijo Sango antes de golpearlo fuertemente con su bumerán e irse molesta de regreso al castillo.
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-¡Señor, Jaken, tenemos un problema! - uno de los guardias llego corriendo junto al pequeño Yokai.
-¿Qué sucede?
-El medio hermano del amo acaba de cruzar la frontera, él y una miko de barro acaban de entrar al Oeste y parece que se dirigen hacia el castillo.
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¡Hola gente bonita! ¿Qué tal todo por sus vidas?
Pd: Aunque se que no es la mejor de las noticias, ya nos estamos acercando al final, no falta mucho para terminar esta historia.
Mil gracias por sus comentarios, nos leemos pronto.
Cuídense, los quiere, Maohagany.
