Capítulo 25: LO QUE NUNCA DIJIMOS
Un portazo en la casa de Hermione Granger alertó sobre la intrusión de alguien en el lugar. Pero no era otra que la mismísima castaña; la cual, luego de azotar la puerta, había arrojado su bolso y varita sin ningún miramiento hacia una silla, marchándose pisando fuerte a su dormitorio mientras las lágrimas surcaban su rostro y un profundo sentimiento de rabia e impotencia nacía en su pecho amenazando por estallar en cualquier momento.
— ¿Por qué tengo que seguir con la maldita inseguridad? — se preguntó, tirándose boca abajo en su cama.
Y estalló.
Por otro lado, después de liquidar la cuenta en el hotel y recoger sus cosas, Harry se Desapareció de Hawaii y regresó a Ottery Saint Catchpole con un sentimiento de frustración y dolor en el pecho. Ésta vez Hermione había sobrepasado sus límites. Ya tenía suficiente. Había rogado demasiado, le demostró con gestos y palabras lo mucho que la amaba; e incluso estuvo a punto de… ¡Ahh!, el sólo recuerdo lo desquiciaba. ¿Qué era lo que quería ésa mujer?, ¿qué gritará a los cuatro vientos su amor por ella?, pues bien, ¡ya lo había hecho!; ¿qué la buscará con insistencia y le demostrará de mil maneras que era sincero?; ¡Hola!, ¡ya lo había hecho también!
Es que era tan… obstinada. ¿A qué demonios jugaba?
¿Qué sólo quería burlarse de él?, ¿era eso?, ¡pues él no era títere de nadie!, ¡absolutamente nadie!
Pensaba todo aquello conforme desempacaba sus cosas arrojándolas sin clemencia contra el suelo y paredes, bufando enojado.
— ¡¿Qué demonios quieres de mí, Hermione?!… — exclamó con rabia alborotándose el cabello. Se dejó caer a los pies de su cama sin poder mitigar el dolor que sentía — ¿Qué es lo que necesitas para entender que te amo? — una lágrima de frustración viajó por su mejilla.
Definitivamente no se podía ser más estúpido en la vida, pensaba Hermione al día siguiente luego de pasar la mayor parte de la noche llorando. Había tenido la oportunidad de su vida, los momentos más felices, con Harry, y por sus malditos complejos lo mandó todo a la basura. ¿Qué estaba mal con ella?, ¿qué acaso no podía permitirse ser feliz?
Por Merlín, ¡lo amaba!, ¿acaso no bastaba con eso?
Y ahora estaba ahí sentada sobre el diván abrazada a sus piernas, contemplando con la mirada perdida, como el mundo seguía su vida. Mientras ella… bufó con ironía.
Era tanta la frustración… la confusión que sentía. ¿Por qué había huido?; ¡era una Gryffindor!, se suponía que debía ser valiente. Sin embargo, en lugar de encarar a Harry, hablar con él, simplemente armó una pataleta, tomó sus cosas y lo abandonó ahí sin medir las consecuencias.
De seguro ahora me odia, pensó alicaída.
Si serás tonta; ¿qué no entiendes con todo lo que ha hecho por ti que lo último que podría hacer es odiarte?, se reprendió.
Pero lo herí, lo abandoné una vez más… Pensará que sólo jugué con él, refutó testarudamente.
Entonces es un idiota si lo piensa, sentenció sin indulgencia.
Cualquiera pensaría igual. No lo culparía por hacerlo, suspiró afligida.
En lugar de atormentante por cómo está Harry ahora, preocúpate por TI. ¿No ves que mientras no aclares tu cabeza no podrás ser feliz?; Harry no podrá ser feliz, remarcó.
— Ojalá fuera tan sencillo — pensó en voz alta.
Nadie dice que lo sea, pero eres tú la que te complicas más la vida, observó con sabiduría.
Y luego su mirada… Dios. Bajó la cabeza, apesadumbrada. Nunca había visto tanto dolor en sus ojos; fue como cuando pasó lo de Sirius y se había encerrado en la Sala de los Menesteres…
Flash Back
La puerta se abrió lentamente y Harry maldijo su suerte, había deseado no ver a nadie, ¿por qué ésa puerta les permitía el acceso?; ahora sólo faltaba que hasta ésa habitación perdiera su magia tratándose de él, pensó con ironía.
— Hola… — el susurro vacilante de Hermione lo dejó helado.
El recuerdo de lo acontecido en el Ministerio lo golpeó con fuerza cortándole el aliento. Sus ojos lucharon por voltear a verla, pero se negó a hacerlo… Se sentía tan avergonzado. No la había protegido como debía y estuvo a punto de perderla a ella… También, añadió con dolor.
— Perdona que haya tomado el mapa… — le volvió a hablar. Un tanto avergonzada, dobló el viejo pergamino con torpeza — pero es que nadie sabía dónde estabas y estaba preocupada. De verdad lo siento, necesitaba saber si estabas bien — balbuceó con rapidez, enredándose con las palabras.
Harry no comentó nada, permaneció ahí, dándole la espalda, viendo sin mirar el viejo muñeco que usaban para practicar hechizos.
— Harry… ¿estás bien? — lo miró preocupada. Con vacilación se acercó un poco más a él.
No pudo ver el gesto irónico que cruzó el rostro de Harry. Ella había estado a punto de morir por su causa y le preguntaba si ÉL estaba bien. Por Dios, ni siquiera merecía llamarse su amigo. No la merecía. Aquella conjetura le arrancó un pedazo más de alma.
— Harry, sé lo que pasó con Sirius… — ahí estaba. El tema por el cual se había abandonado en la soledad de aquella habitación. Otra muerte en su conciencia — No tienes la culpa, todos sabemos que no la tienes — replicó como si hubiera leído sus pensamientos.
¿Cómo podía ella saberlo?, se preguntó Harry en silencio. Había estado inconsciente mientras él luchaba contra Mortífagos y su padrino se sacrificaba por él. Y todo por una maldita visión.
— Si no hubiéramos ido… Si te hubiera escuchado… — su voz sonó extraña incluso para sus propios oídos. Mucho más grave, como si hubiera envejecido un par de años en aquellos días.
— Si me hubieras escuchado habrías cometido el peor error en tu vida… — lo cortó Hermione quedando a un par de pasos de él — Yo no sabía que era una trampa, Harry. Mi razonamiento en ése momento estaba igual de nublado que el tuyo. Pero es que sonabas tan seguro y tan asustado cuando nos contaste acerca de ésa visión con Sirius que… que pensé algo grave podía pasarte y no quería que fuera así… — se le cortó la voz, respirando agitadamente — ¿es que no lo ves?, — lo miró con remordimiento — te mentí. Cuándo te dije que posiblemente era una trampa, en realidad no lo pensaba, sólo actuaba con el corazón… Con miedo a perderte… — le confesó agachando la mirada, por sus mejillas resbalaron un par de lágrimas.
— Pero tenías razón — replicó Harry amargamente. Sus ojos se dirigieron a la foto de la antigua Orden del Fénix y sintió un nudo en la garganta.
La mayoría de ellos también habían muerto por su causa, y hasta ahora lo sabía.
El presentimiento de que Ron y Hermione corrieran a la larga con la misma suerte lo atormentaba impidiéndole dormir por las noches.
— Fue simple suerte… o desgracia… es igual ahora — lo trajo de vuelta a la realidad Hermione. Se pasó la mano por el rostro eliminando el rastro de lágrimas antes de que él pudiera notarlas.
— Aun así; es mi culpa — expresó testarudo.
— No te culpes a ti Harry, — lo miró acongojada — culpa a Bellatrix, ¡a los Mortífagos!… — soltó con rabia — ¡Culpa a Voldemort!, — los ojos de Harry no pudieron evitar abrirse sorprendidos. Aun después de todo el daño que sus lacayos le hicieron pasar seguía igual de valiente y se atrevía a llamarlo por su nombre — pero por favor, no te culpes a ti — murmuró con tristeza.
¿Cómo no hacerlo?, el simple hecho de recordar aquella noche. De rememorar como aquella maldición atravesaba su cuerpo dejándola inconsciente. Suspiró profundamente. La noche en vela que pasó a su lado en la Enfermería sin que ella supiera.
Y sus sentimientos recién descubiertos.
No. Ella no podía decir que él no era culpable, porque si lo era. Él y sólo él era la causa de todas las desgracias que ya habían pasado, e igualmente de las que pasarían en años venideros.
Y no había forma de remediarlo. No cuando el maldito destino lo había marcado como "El Elegido".
Suspiró con amargura.
— No te empeñes en adjudicarte todas las desgracias que pasan… — le pidió Hermione — Tú no puedes salvarlos a todos.
— Desearía poder… — replicó con dolor bajando la cabeza.
— Todos igual, Harry, todos igual — se acercó otro poco.
Permanecieron en silencio largos minutos en los que Harry analizaba lo dicho por Hermione y ésta observaba el aspecto deprimente en el que estaba su amigo, aún tenía marcas de la pelea en los brazos y a un lado de la mejilla, era obvio que lo dicho por sus amigos era cierto: no se había dejado atender por madame Pomfrey.
— Hermione… — la llamó al cabo de un rato girándose a verla — yo… — una mirada de culpa nubló sus ojos de nuevo.
— Tampoco te culpes por eso, — negó la castaña. Harry bajó la mirada, ¿cómo se daba cuenta siempre de lo que le pasaba?, se preguntó — yo decidí acompañarte al igual que los demás, nadie nos obligó… — se acercó otro paso. Quedaron frente a frente. Pudo darse cuenta que su frente muy apenas llegaba a su barbilla. Sonrió para sus adentros.
— Estuve a punto de perderte también — musitó por lo bajo con una expresión de dolor. Hermione no pudo evitar que una triste sonrisa cubriera su rostro.
— Y yo he estado a punto de perderte a ti éstos cinco años de conocerte, creo que podemos decir que te llevo ventaja — bromeó un poco.
Una genuina sonrisa surcó los labios de Harry sin poder retenerla y se atrevió a mirarla a los ojos.
— ¿Estás bien? — un dejo de preocupación en su voz.
— Ahora si — le sonrió con complicidad.
Fin Flash Back
Sin embargo, ahora ella era la causante del dolor en su mirada. De su miseria. Definitivamente no merecía todo el amor que él le ofrecía sin reservas, concluyó dolorosamente.
¿Qué era lo que debía hacer para recuperarla?, ¿para aclarar sus sentimientos?, se preguntaba alicaídamente Harry.
Tiempo era lo que Hermione le había pedido, pero ¿cuánto más?
No creía poder soportar mucho. Ya no era tan fuerte como antes…
Flash Back
Se dirigían de regreso al castillo, al fin la selección de los nuevos integrantes para el equipo de Quidditch de Gryffindor había terminado y Harry estaba exhausto. Prácticamente había quedado afónico luego de más de dos horas gritando indicaciones. Lo único bueno era que Ron había conseguido quedar nuevamente en el equipo. Sin embargo, no por las circunstancias que Harry hubiera deseado.
Le dedicó una fugaz mirada a Hermione.
¿Qué habría sido lo que la motivó a hacer trampa durante la selección?, se preguntó mientras seguían caminando. Ron al frente de los tres continuaba regodeándose alegremente por cómo fue capaz de detener todas las quaffle, al mismo tiempo que se burlaba porque McLaggen había perdido haciendo el ridículo frente a todos. Hermione era la única que le prestaba atención, sonriendo tenuemente, sus mejillas levemente sonrojadas.
¿Sería acaso que lo hizo por Ron?, se volvió a preguntar Harry mirando con detenimiento a sus amigos.
Tenía conciencia de que durante el cuarto curso Ron mostró un inusual interés por ella, pero… ¿Aun sería así?
Arrugó el entrecejo, molesto de pronto.
Bueno, si era así. Estaba feliz por ellos. Si… merecían ser felices. Aquel pensamiento no pudo sonar más falso para sí mismo. ¡Por supuesto que no estaba feliz!, ¡nada en lo absoluto!
—… y luego cuando salió disparado para el otro lado, ¡que idiota! — alcanzó a entender que decía Ron.
Hermione le volvió a sonreír al pelirrojo con nerviosismo, sus mejillas se sonrojaron aún más cuando el pelirrojo a su vez la miró.
Fue como si el mundo se detuviera. De pronto los vio ahí, sonriéndose, compartiendo ése momento ellos solos, volviéndose más unidos, creciendo, viviendo felices… casándose.
Sacudió la cabeza. Una sensación de vértigo le nació en la boca del estómago.
De seguro era porque no había comido nada desde el desayuno, le restó importancia.
—… ¿y vieron cuando atrapé la última?, — le prestó atención a su amigo. Hermione parecía absorta en su conversación — por un segundo creí que la perdía. Pero no. ¡Fue pan comido! — sonrió arrogante.
Harry gruñó por lo bajo, repentinamente molesto por la actitud de Ron. Si supiera… pensó con enojo.
Ayudado por una chica. Por Hermione. Eso sí que le bajaría lo petulante. Se encontró sonriendo de tan sólo imaginarlo.
—… pero ¿qué se podía esperar?; obviamente yo si tengo madera de guardián. No que McLaggen… — se volvía a reír.
Fue más de lo que pudo soportar Harry, aprovechando que iba un poco rezagado alcanzó a tomar a Hermione halándola suavemente del suéter para que se detuviera. La castaña lo regresó a ver arrugando el entrecejo. Ron no se había dado cuenta y seguía caminando imitando el gesto de Cormac al perder la última quaffle.
— ¿Por qué no le dices que fuiste tú quien consiguió que quedara en el equipo?… — le acusó Harry sin anestesia. Las mejillas de Hermione se tiñeron de escarlata — Un hechizo Confundus. Muy práctico Hermione… — la alabó con sorna — Pero ¿no eras tú la que siempre me decía que siguiera las reglas? — le recordó con ironía.
— Yo… — pasó saliva, colocándose un mechón de cabello tras la oreja — ¿No le dirás nada… verdad? — lo miró suplicante.
— ¿Para perder el resto de la temporada?, ¿para quedar como un idiota frente a todo el equipo al comentarles lo sucedido?; no, gracias — masculló con ironía.
— ¿Por qué estás tan molesto?, — lo miró desconcertada de pronto — sólo fue un simple hechizo. No afecta en nada que…
— ¡Afecta porque si no hubieras confundido a McLaggen él ahora sería el guardián del equipo y no Ron!, a quien, por si lo has olvidado, no es tan bueno como él. Sé que es nuestro amigo, pero como tales lo que menos esperaría es sinceridad de nuestra parte — replicó entre dientes.
Hermione sintió sus mejillas desprender vapor. Nunca, en todos los años que llevaban de amistad, Harry le había hablado tan cruelmente.
— Pero, en fin, supongo que eres tú la que debe decidir si decirle o no — sentenció fríamente.
— ¿Por qué me hablas así? — le preguntó dolida.
Harry apretó la mandíbula, molesto de nuevo.
— Con Ron rompes las reglas, en cambio conmigo… — dejó la frase abierta, mirándola con reproche.
— Harry… — lo miró desconcertada.
— Sólo olvídalo. Ahora sé a quién apoyas más — le dedicó una fugaz mirada a su amigo, incapaz de sentirse molesto con él.
— ¿Estás celoso? — inquirió repentinamente Hermione, mirándolo con las cejas arqueadas. Las palabras se atoraron en la garganta de Harry al escuchar su suposición, el color les subió a las mejillas delatándolo sin compasión.
— ¡Hey!, ¿qué hacen allá atrás ustedes dos? — los llamó Ron deteniéndose unos metros más adelante, viéndolos con recelo.
Fin Flash Back
Enterró la cabeza en sus brazos. Tiempo, distancia. ¿Realmente sería capaz de hacerlo?, se preguntó Harry.
Ya no recordaba como era su vida antes de ella.
Había sido egoísta en el pasado y ahora lo estaba siendo de nuevo, Hermione lo sabía.
No obstante, era lo mejor, se repetía a cada segundo. Era su manera de protegerlo de sus propios sentimientos. De no dañarlo más.
Flash Back
—… exageras Hermione, ése libro no tiene nada de malo. Deja en paz a Harry. Lo único que tienes es que estás celosa. Cómo ahora él es el mejor de la clase, no puedes lidiar con eso — le espetó Ron con fastidio aquella tarde luego de que la castaña le reprochara por enésima vez a Harry el utilizar el libro de Pociones del "Príncipe Mestizo". Él y Harry jugaban ajedrez mágico, sentados frente a la chimenea. Hermione estaba en el sillón que siempre ocupaban.
Las mejillas de Hermione se tiñeron de escarlata apenas escuchó la acusación de su amigo. Harry, quien era testigo mudo de la pelea, deseó que Ron no hubiera dicho aquello.
— Eso no es… Harry sabe que yo no… — se enredó con las palabras — Jamás podría estar… Me alegro por el progreso que… — trató de justificarse hablando atropelladamente. Ron la miró sonriendo con suficiencia — ¡Ése libro no es bueno! — soltó como último recurso. Sus mejillas sonrosadas.
— Pues hasta ahora no ha hecho más que ayudar. Gracias a él, Harry tiene una excelente calificación. Lo que pasa es que sólo piensas en ti. No te das cuenta de lo que esto significa para Harry: ¡podría entrar a la Academia de Aurores!, ¡podría convertirse en Auror si pasa Pociones! — le recriminó.
— ¿Me estás llamando egoísta?, — Hermione lo miró indignada. Harry pasó la mirada de uno a otro. Ron no mostraba signos de arrepentimiento por sus palabras; de hecho, parecía orgulloso de sí mismo — sabes tan bien como Harry, que yo los apoyo sin importar nada. ¡Estaría feliz si él consigue entrar a la Academia de Aurores si eso es lo que desea!… — exclamó respirando agitadamente, incapaz de mirar a su amigo pelinegro — Pero todo tiene un precio Ron, y ése libro sólo le está enseñando el camino fácil — le trató de hacer entender.
— ¿Y eso que?, — se exasperó el pelirrojo — todo el mundo llega a hacer trampa alguna vez. ¡Además!, — levantó la voz cuando la vio dispuesta a replicar — sólo sigue instrucciones para realizar las estúpidas pociones, con eso no matará a nadie — le espetó con desdén.
Hermione se detuvo respirando rápidamente, sus mejillas seguían rojas y los ojos le brillaban de indignación. No obstante, dejó el asunto por la paz…
— ¡Ahí lo tienes!, hasta tú sabes que tengo toda la razón. Sólo estás celosa por no ser el número uno por primera vez en tu vida — señaló Ron con satisfacción, sin poder contenerse.
Harry hubiera deseado que Ron no dijera aquello último y se quedara callado. Pero fue demasiado tarde…
Levantándose bruscamente de donde estaba, Hermione se acercó a ellos con sus ojos mieles brillando de cólera, volcando el tablero de ajedrez haciendo blasfemar a Ron; y antes de que pudieran darse cuenta de lo que pasaba, el viejo libro de Pociones de Harry estaba en sus manos.
— Así que todo es por éste tonto libro ¿no? — los miró enojada. Ron y Harry se levantaron con prontitud dejando las piezas del ajedrez regadas por el suelo. Hermione se acercaba a la chimenea.
— Hermione no lo hagas — le pidió Harry pasando saliva, viendo su libro con preocupación. La castaña se detuvo frente a la chimenea.
— No lo hará Harry, no se atrevería — lo tranquilizó Ron sonriendo arrogante, mirando con reto a Hermione.
— ¡Cállate Ron! — lo silenció el ojiverde con enojo. La ojimiel sostuvo el libro sobre las llamas, lista para arrojarlo en cualquier minuto.
— ¿Quieres ver como si soy capaz? — le preguntó a Ron. Éste la miró frunciendo la boca, aquel gesto infantil que siempre adoptaba cuando alguien lo hacía rabiar.
— Te reto — aquellas dos palabras fueron como pólvora para Hermione.
— ¡Que te calles Ron!… — lo empujó Harry al pasar por su lado para acercarse rápidamente a la castaña. Ésta lo miró con advertencia, dándole a entender que no se acercara más — ¡Hermione, por favor, no lo hagas, no lo tires!… — la miró con súplica extendiendo su mano para que se lo entregara. La castaña se mordió el labio pasando su mirada de uno a otro — por favor Herm — añadió suavemente. Aquel apelativo, que por primera vez usaba con ella, acabó por completo con su indignación.
Hermione suspiró pesadamente antes de bajar la mano… alejando el libro del fuego. Harry se acercó temeroso a ella, y se lo quitó cuidadosamente de la mano, Hermione levantó la mirada para verlo mientras lo hacía, sus dedos se rozaron accidentalmente. Unos segundos después, la castaña desviaba la mirada mientras sentía la del pelinegro aun clavada en ella.
Fin Flash Back
Ahora debía decidirse. Aclarar su corazón.
Recordar todos los acercamientos durante el colegio. Las situaciones en las que una sola palabra pudo haber cambiado su relación.
Si tan sólo hubieran hablado entonces. Dado el primer paso.
No ahora. Cuándo todo era muchísimo más confuso que antes. Porque ahora que al fin lo habían dado. Habían retrocedido sin querer por los fantasmas del pasado.
¿Cómo haría para disipar aquella neblina de sus vidas?, se preguntó Hermione.
Cerca del anochecer se presentó ante ella la respuesta…
Se encontraba en la cocina dándole su cena a Crookshanks cuando se escucharon dos chasquidos provenientes de la sala. Tomó su varita de encima de la mesa y se dirigió cautelosa, si bien ya no había peligro nunca bajaba la guardia, era algo que aprendió con los años, a no confiarse.
— ¡Uy!, baja eso, somos nosotras — le pidió asustada Ginny al verla salir de pronto con la varita en alto, apuntándoles directo al pecho.
— Te dije que tocáramos — replicó Luna a su lado sin perturbarse por la actitud de su amiga.
— ¿Qué hacen aquí?… — les preguntó confundida bajando lentamente la varita — ¿Y que es todo eso? — inquirió con recelo apuntando a la enorme bolsa de papel que cargaba la pelirroja.
— Esto, querida amiga, es a lo que llamamos una "noche de chicas" — le contestó Ginny con una sonrisa al momento que vaciaba el contenido sobre la mesita de centro. Dos botes de helado, una caja de galletas, tres paquetes de palomitas para microondas, una caja de chocolates y una botella de vino fue lo que pudo distinguir Hermione.
Además de… ¿Ésos eran pañuelos desechables?, se preguntó arrugando el entrecejo.
— ¿De qué se trata esto? — les preguntó regresando a verlas.
Ginny se acababa de sentar con completa confianza en el sofá, como si estuviera en su propia casa.
— Ya sabemos lo que pasó con Harry, Herm — le explicó Luna.
— ¿Cómo es que…? — arrugó el entrecejo.
— Veritaserum, Ron fue a almorzar hoy a la casa — se encogió de hombros Ginny.
— ¿Usaste Veritaserum de manera ilegal? — respingó.
— Bueno, que digas ilegal-ilegal, no… Llámalo: "el fin justifica los medios" — sonrió inocentemente.
Hermione regresó a ver a Luna.
— A mí no me mires, yo hubiera usado Legeremancia — se defendió la ojiazul.
— ¿Sabes Legeremancia?, — se sorprendió Ginny. Luna asintió — ¿y por qué no lo dijiste antes?; hubiera sido más fácil que lo vieras todo directo de la cabeza de Ron en lugar de estar haciendo tontas preguntas — le recriminó.
— Nunca me dijiste que usarías Veritaserum — le recordó.
— Y era mi última dosis — se quejó en un puchero la pelirroja.
— Chicas… — las llamó Hermione como diciendo: "Si, aún estoy aquí".
— Cierto, cierto… — se giró Ginny a verla — El punto es, que estamos aquí para saber tu versión de los hechos — resumió.
— Ron solamente sabía que habían ido a Hawaii, se divirtieron mucho, avanzaron en su relación, y que de la nada le sacaste a Harry que estabas confundida y necesitabas tiempo — le contó Luna.
— ¿A qué se refería exactamente con "avanzaron en su relación"? — las miró nerviosa.
— Se besaron — respondieron al unísono.
— Ah — respiró aliviada.
— Así que ven y siéntate Herm, queremos todos los detalles — le dijo Ginny.
Hermione dejó caer los hombros completamente derrotada. Un "No" por respuesta no le serviría de nada. Doce años de conocerlas le bastaba para saberlo.
— Herm, queremos arreglar esto si es posible hoy, así que has caso y siéntate — le repitió ésta vez Luna.
No le quedó de otra que hacer lo que le pedían. Luna se sentó junto a Ginny. Hermione frente a ellas. Y sin saber cómo, una rebosante copa de vino estaba en su mano.
— ¿Y bien? — la alentó Ginny a empezar.
— Todo empezó cuándo…
— Me dijeron que aquí estabas — le llegó a Harry la voz de su amigo Ron por uno de los parlantes de aquella amplia habitación que usaban para entrenar.
— Estoy ocupado — levantó la voz para que lo escuchara.
Hacía más de veinte minutos que había terminado el entrenamiento diario con los aprendices de Aurores, sin embargo, él había decidido quedarse más tiempo. De algún modo tenía que sacar la frustración que sentía por dentro.
— Ya llevas aquí casi tres horas Harry, necesitas descansar — volvió a escucharse.
— ¡Estoy bien!… — replicó enojado. Soltó una blasfemia rodando hacia un costado cuando de la nada una ráfaga de luz por poco le acierta en la cabeza. El muro en el que anteriormente estaba apoyado se hizo añicos — Éstas desconcentrándome, Ron, déjame solo — le recriminó.
— Llevas aquí mucho tiempo; eso y el cansancio es lo que te desconcentra — repuso el ojiazul.
— ¡Sé lo que hago Ron!… — rebatió con terquedad. Se incorporó con rapidez apuntando sobre su costado derecho — ¡Desmaius! — exclamó. La diana que colgaba del techo desapareció al instante.
— Harry, tú llevas el record aquí, no veo porque esforzarte más — señaló el pelirrojo.
— No es por eso que lo hago — murmuró quedamente.
Dos rayos de luz salieron repentinamente a sus costados, saltó hacia el frente esquivándolos por casi una milésima de segundo. Éstos colisionaron entre sí. Una nube de polvo se expandió por la habitación haciéndolo toser.
— ¡¿Estás bien?! — se escuchó la voz preocupada de Ron.
El ojiverde, tirado en el suelo boca arriba no pudo más que sonreír irónicamente. No, no estaba bien. Pero nada tenía que ver con aquellos maleficios que por poco lo alcanzaron.
¿A quién quería engañar?, poner su vida en peligro tampoco ayudaría.
— Finite — murmuró desganado.
El polvo se disipó, los escombros desaparecieron lentamente y él se quedó tendido en el suelo.
— Harry, hey, hermano, ¿estás bien? — llegó corriendo Ron. Se acuclilló junto a él palmeándole las mejillas.
— ¿Tú crees que la recupere algún día, Ron? — le preguntó desanimado, contemplando el techo.
— No si no te paras de ahí y haces algo — se incorporó tendiéndole la mano. Aliviado de que estuviera bien.
Harry suspiró. Tomó su mano después de unos segundos y se pasó una mano por la cara apenas estuvo de pie, limpiándose el sudor y polvo.
— Anda hermano, sólo necesita tiempo, ella misma te lo dijo. Ya verás que pronto regresa — lo trató de animar.
— ¿Y si no es así? — exteriorizó su temor.
— ¡Así será! — manifestó seguro. Harry deseó tanto tener en ése momento la misma confianza que su amigo.
Ginny y Luna se le quedaron viendo a Hermione apenas ésta terminó con su relato.
— ¿Eso es todo? — la miró de manera suspicaz Luna.
— Si.
— ¿Todo-todo? — insistió Ginny quitándole la copa medio llena y volviéndola a llenar.
— ¿Piensan embriagarme? — les preguntó con desconfianza cuando tuvo la copa de vuelta en su mano.
— No, ¿cómo crees? — le encaminó la copa a la boca Luna, tomándola de la muñeca.
— Sólo un poco — confesó Ginny sin una pizca de vergüenza.
— Ginny… — le advirtió. Alejando su rostro para que Luna la dejara en paz.
— ¿Qué?, me quede sin Veritaserum por tu culpa — le recriminó.
— Y a mí me prohibiste usar Legeremancia contigo — le recordó Luna, sin desistir en su intento porque siguiera tomando.
— Así que sólo nos queda nuestro amigo "Whiskey de Hidromiel" — recitó con gracia la pelirroja.
— ¡¿Mezclaste whiskey de fuego con hidromiel?! — alcanzó a preguntar Hermione antes de que Luna la obligara a tomar.
— Con razón me sabía raro — comentó ésta prestándole atención a la botella en el centro de la mesa.
— Lu… ¡Luna!… — la llamó Ginny.
— ¿Qué?
— ¡La vas a ahogar! — le advirtió preocupada señalando a la castaña.
— ¿A qué?, — regresó a ver a Hermione — ¡Herm!, — le apartó la copa en el acto. La ojimiel respiró profundamente, tomando grandes bocanadas de aire — ¿por qué no me dijiste? — la reprendió dejando la copa ahora casi vacía en la mesa.
— ¿Cómo?, ¡si no me dejabas ni respirar! — le espetó indignada. Ginny soltó una risita.
— Eso te pasa por apresurada — se burló.
— ¿Yo?, si era Lu quien… — empezó a replicar. Luna sonrió con gracia — ¡Ahora resulta que también me van a inducir en el alcoholismo! — satirizó.
— No exageres — replicó la rubia sirviéndose otra copa. Hermione la miró mal.
— Además nosotras no somos alcohólicas — contradijo Ginny regresándole su copa y mirándola con desaprobación. Hermione la tomó a desgana.
— Bueno, suficiente charla trivial. A lo que vinimos — zanjó Luna mirándolas significativamente.
Hermione suspiró y le dio un sorbo más grande a su trago.
— Eso fue todo. Creo que fuimos demasiado rápido y…
— ¿Demasiado rápido? — exclamaron atónitas sin poder contenerse.
— Por Merlín, Herm, ¡tardaron seis años en saber que se amaban! — replicó Ginny.
— ¡Y otros seis para al fin estar juntos! — añadió Luna.
— ¿Y dices que van demasiado rápido?, ¡por favor! — ironizaron.
— Considerando que apenas y nos vimos en éste tiempo y que luego viene ésta… declaración de sentimientos por parte de Harry. Yo diría que sí es aceptable decir que fuimos rápido — observó la castaña.
— Es una tontería… — meneó la cabeza Ginny — Y en cuanto a eso de "sólo besos y declaraciones de amor", Lu y yo no nos chupamos el dedo eh — la miró suspicazmente.
— Al menos se cuidaron ¿verdad? — inquirió Luna a la vez. Las mejillas de Hermione se sonrojaron intensamente al escucharla.
— Harry y yo no… — empezó a decir atropelladamente.
— Y yo era la mejor amiga de Pansy Parkintonta — ironizó Ginny.
— No fue necesario — apenas y se escuchó su voz.
— ¡¿Cómo que "no fue necesario"?!… — exclamó Luna, quien la escuchó con claridad — ¡¿Qué pasa si quedas embarazada ah?! — se escandalizó.
— Es imposible Lu, nosotros no… — sentía que el rostro se le iba a incinerar en cualquier momento — Bueno, si estuvimos… a punto, pero… — las manos le empezaron a transpirar y se le aceleró el corazón — No llegamos a… — Dios, ¡ni siquiera podía decirlo!, no habían pasado ni 24 horas de aquello y la piel todavía la sentía en llamas por cada beso y caricia que dejó Harry en ella — necesitar protección… — terminó en un balbuceo casi incomprensible.
— Me perdí entre tanto balbuceo, ¿qué quieres decir con eso? — le preguntó Ginny confundida.
Hermione se sonrojó aún más y esquivó su mirada por completo.
— Que estuvieron a punto, pero no llegaron a… ya sabes — le aclaró Luna.
— ¡Ah!… — cayó en cuenta. Luego arrugó el entrecejo, pensativa — ¿No funcionó o qué? — no pudo evitar la curiosidad.
Luna se atragantó con su propia saliva al soltar una carcajada. Hermione enrojeció hasta la raíz del cabello quedándose con los ojos dilatados de la sorpresa. Las mejillas de Ginny también se tiñeron de escarlata. Y la pobre rubia seguía intentando recuperar el aire entre toses y carcajadas.
— ¡Ginny! — se escandalizó Hermione.
— ¡Perdón! — soltó con presura la pelirroja, cuyo rostro parecía arder.
— ¡Ay!… "No funcionó" … ¡Ay!… ¡Ay mi pancita!… me duele… — decía Luna retorciéndose de la risa.
Hermione y Ginny sin poder más con la vergüenza y en un plan para nada ideado le lanzaron un par de cojines a Luna dándole de lleno en la cara. Sólo sirvió para cortarle la risa un segundo antes de reír con más ganas hasta caerse del sillón. Las otras soltaron una carcajada por lo gracioso que se vio aquello.
Pero pasaron varios minutos y Luna aún se burlaba, lo cual empezó a acabar con la paciencia de la castaña. ¿Para eso querían que les contara?, ¿para burlarse?, ¡vaya amigas que eran!
— Luna, ¡ya basta!, — se hartó Hermione mirándola mal — deja de reírte. Como si tú y Ron nunca…
— ¡Alto ahí!, — calló de golpe — el que tenga novio no significa que me acueste con él… — replicó con seriedad — ¡Eso díselo a Ginny! — le espetó señalando a la pelirroja sin vergüenza.
— ¡¿Qué?, ¿yo por qué?! — se sonrojó la mencionada.
— Porque tú llevas con Neville AÑOS, Ronald y yo apenas días… — subrayó — ¡Además ya hasta están por casarse! — zanjó con vehemencia.
— ¡Pero el hecho de que Nev y yo llevemos años de novios y estemos por casarnos no quiere decir que ya…!… lo hayamos… hecho — balbuceó sonrojada.
— ¡¿Qué?! — exclamaron sin poder contenerse.
El rostro de Ginny se tiñó tan rojo como su cabello.
— Pues eso — murmuró avergonzada mirando cualquier lado que no fueran los rostros estupefactos de sus amigas.
— Nos estás tomando el pelo, sólo lo dices para… — empezó a decir Luna, pero se calló cuando recibió otro almohadazo por parte de Hermione. A todo esto, ¿de dónde sacaba tanto cojín?, se preguntó Luna, mirándola ceñuda.
— Me parece muy bien que no hayan tenido nada, que decidieran esperar hasta su noche de bodas — replicó la castaña con aquel tono de sabiduría que a veces fastidiaba. Mas en ésta ocasión Ginny se sintió realmente agradecida porque lo usara.
— Como tú ya… — soltó por lo bajo la rubia. Hermione ignoró el comentario.
— No le prestes atención Ginny. Hicieron lo correcto — le sonrió en señal de apoyo a la pelirroja. Ésta asintió casi imperceptiblemente.
— No hicieron, querrás decir — volvió a decir Luna. Dos miradas la fulminaron, pero ni se inmutó.
— En serio Lu, aléjate de mi hermano. No te conviene. ¡Mira nada más lo que te ha hecho con tan sólo una semana de novios! — le aconsejó con fingida compasión su cuñada.
Luna la miró con los ojos entornados.
— Bueno ya… — las cortó Hermione — No me han dicho nada respecto a mi asunto con Harry, sólo nos vamos por la tangente cada vez — señaló.
— Pues… — musitaron a la vez.
— No lo sé, creo que más bien te asustaste por lo rápido que avanzaron las cosas — comentó Luna. Hermione rodó los ojos como diciendo: "Dime algo que no sepa".
— Ya habíamos hablado de esto antes, ¿recuerdas? — recapituló.
— Si, bueno, lo que pasa es que tú eres como un círculo vicioso amiga. Siempre vuelves y vuelves al principio… — señaló la rubia — Y no me mires así porque sabes que tengo la razón.
— Ginny — se giró hacia ésta buscando su opinión.
— Igual que Luna. Tienes miedo… — se encogió de hombros sin saber que decir. Hermione suspiró derrotaba, tantos planes por parte de sus amigas, para nada.
Genial, pensó desalentada.
— Vamos, no ganas nada con estar deprimido — lo trató de animar Ron minutos después, cuando regresaron a la casa en Ottery Saint Catchpole.
— Tampoco veo porque estar feliz — replicó desganadamente Harry, desplomándose en el sofá de la sala.
— ¿Bromeas?, ¿no hay porque estar feliz?… — lo miró con incredulidad — ¿Y qué hay de todo lo que viviste con Hermione en Hawaii?, ¿eso no cuenta?
— Ron…
— Si, ya sé lo que dijiste. Te dejó ahí sin más. Te pidió tiempo… pero Harry, piénsalo bien, ella jamás te rechazó — subrayó.
Harry desvió la mirada, no se sintió con el suficiente humor para contradecir a su amigo.
— Y según tú, ¿qué es lo que debo hacer ahora? — le preguntó.
— Esperar, obviamente.
El pelinegro resopló. Si al menos fuera tan sencillo como decirlo.
— Tú problema Harry, es que siempre has sido pesimista. Lo fuiste en el pasado y lo estás siendo ahora — le espetó Ron sin poder contenerse.
— No me digas — murmuró mordazmente el ojiverde.
— Mira, entiendo tu mal genio. Pero yo solamente te digo la verdad… — replicó el pelirrojo, dejándose caer en el sillón de al lado — En Hogwarts tuviste un millón de oportunidades para decirle a Herm lo que sentías, pero siempre callaste. Si fue por Voldemort o por tus propios temores, ni tú mismo lo sabes. Pero fue tu completa culpa…
— Ron, de verdad, no estoy de humor para clases moralistas. ¿De acuerdo? — lo cortó fastidiado.
— Pues me importa un reverendo cacahuate. Alguien tiene que hacerte ver la verdad. Y como tú estás empecinado en no mirar hacia el pasado, yo como buen amigo que soy debo recordártelo — rebatió Ron.
— ¡Vaya amigo eh!, recordándome la etapa más deprimente de mi vida — satirizó.
— Exacto, TU vida. Mas no piensas en Hermione, en mí, Ginny e incluso Luna. Todos sufrimos. Todos lloramos. Y nadie salió ileso.
Harry apretó la mandíbula con molestia.
— Comprendo a Hermione ¿sabes?… Todo lo que debió haber sufrido…
— ¡¿Y yo no?! — se alteró Harry.
— Nadie dice lo contrario, sólo tú que te centras en una sola versión de los hechos… — lo miró exasperado — Mira, amigo, sé que la amas, que lo llevas haciendo por casi ocho años, y que incluso darías tú vida por ella si fuera necesario. Pero debes entender algo…
— ¿Y que es ah? — lo miró molesto.
— Que Hermione ya ha sufrido mucho por tu culpa. Directa e indirectamente lo hizo… — se pasó una mano por el cuello antes de continuar — Escúchame bien, porque será la única vez que te lo diga, para ver si así entiendes la posición en la que está actualmente Hermione…
Harry arrugó el entrecejo al escuchar a su amigo… El corazón se le aceleró dolorosamente al escuchar las anécdotas que Luna le había contado a Ron del sufrimiento de Hermione. Y de cómo ésta había sido un pilar en la vida de Hermione luego de que ella hubiera desaparecido de sus vidas.
Lentamente, la confusión de su cabeza comenzó a desaparecer, haciéndole comprender muchas cosas. Entre ellas, la posición tan difícil en la que estaba la ojimiel.
— Es que son tan… exasperantes… — continuó Ginny — Un día están que derraman miel por todos lados y nos hacen ilusiones al pensar que ¡al fin! estarán juntos, pero no. Ahí van otra vez en reversa. Es como si cada vez que están a punto de ser felices recordaran todo el pasado; el sufrimiento, las lágrimas, el dolor; pero aun así se niegan a sacarlo a la luz y simplemente actúan como dos niños berrinchudos haciendo una de sus pataletas y se dejan de hablar…
Luna la miró anonadada por la elocuencia de su discurso y Hermione poco a poco comprendía el trasfondo en sus palabras.
— Por Merlín, ¡son adultos!, arréglenlo como tal: Hablando. Oh ya de plano arránquense los pelos y suelten todo lo que traen dentro — ironizó.
— ¡Ginny, eso es!… — exclamó Hermione de pronto — ¡Debo pelearme con Harry! — saltó como quien hubiera encontrado la cura contra el cáncer. Como si la respuesta hubiera estado frente a sus ojos todo ése tiempo y apenas se diera cuenta.
— ¿Eh? — balbuceó la pelirroja perpleja.
¿Ella había dicho eso?, se preguntó. Y una lucecita verde se le prendió en el cerebro. Ups. Luna la miró mal.
— ¡Que me tengo que pelear con Harry!… — saltó con regocijo. Ginny la vio como si se le hubiera botado un tornillo. Luna se mantuvo en silencio, analizándolo todo — Por supuesto, nos peleamos, sacamos todo y solucionamos las cosas de raíz. ¿Cómo no me di cuenta antes? — hablaba para sí misma.
— Herm… — la llamó Ginny. Sin embargo, ésta parecía inmersa en sus propias conjeturas.
— Después ya no habrá peleas, malentendidos, cero secretos. ¡Nada! — sonrió extasiada.
— Pero… — intentó hacerse escuchar.
— Si, eso es lo que haré — siguió diciendo.
— ¡Hermione!… — levantó la voz su amiga. La castaña la miró un tanto desorientada — ¿Estás diciéndonos que necesitas pelearte con Harry para poder reconciliarse? — inquirió escéptica.
— En teoría — contestó dando un gran sorbo a su copa de vino. Se le había resecado la garganta de tanto hablar.
La pelirroja se le quedó viendo como esperando que en cualquier momento saltara diciendo que era una broma, no obstante, después de unos minutos se dio cuenta que no lo haría. Se acabó lo que restaba de su trago sintiéndose aturdida.
— Me parece razonable — habló Luna rompiendo el silencio, dándole la razón a Hermione. Ésta la miró agradecida.
Disimuladamente, Ginny empezó a contar mentalmente cuantas copas de vino habían ingerido sus amigas.
— Si sacan todo de golpe y sin tapujos ya no habrá ningún cabo suelto. Podrán actuar normalmente, como antes — dedujo la rubia.
— ¡Exacto! — apoyó Hermione.
— ¿Normalmente? — inquirió Ginny con un dejo de ironía.
— Es por eso que quiero hacerlo — les explicó la castaña.
Ginny bufó.
— ¿Y alguna de ustedes ha pensado siquiera en cómo puede reaccionar Harry? — inquirió ceñuda.
— Bueno… — titubearon mirándose entre sí.
— No, — zanjó — ¡no lo han hecho!… — sentenció. Tomó aire tratando de calmarse — Miren, el objetivo de todo esto es que remedies las cosas Herm, que aclares tu mente, ¡no que Harry termine odiándote! — replicó con severidad.
— Nadie está diciendo que la odiará — contradijo Luna con tranquilidad.
— Las tres sabemos cómo es de explosivo el carácter de Harry — les recordó como si hablara con dos niñas de cinco años.
— Tampoco va a hacer o decir algo que lo enoje — le explicó Luna con lentitud.
— ¿Hola?, ¡le recordará todo el maldito dolor que sufrió éstos años!
— Eso no quiere decir… — empezó a rebatir la rubia.
— ¡Oigan!, — las calló Hermione exasperada — la misión es pelearme yo con Harry, no ustedes entre si — las amonestó.
— ¡Y dale con pelearse! — se cruzó de brazos la pelirroja.
— Entiende Ginny, es lo mejor. Tú lo has dicho; ambos tenemos muchas cosas reprimidas. Si estamos juntos ahora, ignorando todo eso, sin solucionarlo antes, a la larga se volverá peor… Hasta podríamos llegar a odiarnos — exhibió.
— No quiero que sufra de nuevo — musitó al final, desviando la mirada.
— Ni yo… — coincidió Hermione — Es por eso que debemos discutir esto lo antes posible para poder estar en paz.
— Es que… Herm, ¿de verdad lo crees necesario?, ¿no hay posibilidad de que…?
Hermione negó. Ginny soltó un suspiro.
— No quiero verlo sufrir de nuevo. Ron y yo luchamos tanto después de que te marcharas para levantarlo de nuevo y… — apretó la mano con impotencia — Él ya ha sufrido demasiado.
— Herm también lo ha hecho. Muchísimo más, puedo decir con seguridad — salió en defensa de su amiga, Luna.
— ¿Y cómo estás tan segura?, ¿acaso estuviste aquí todos esos años? — le espetó de forma brusca sin poder contenerse.
— No, pero estuve al lado de Hermione y sé por todo lo que ella pasó… — replicó Luna mirándola ceñuda.
Flash Back
El sonido de las gotas de lluvia, al impactar contra los cristales de la ventana, era como un somnífero para Luna, pero aquella noche se encontró a si misma con insomnio escuchando como en la cama continúa a la suya débiles lamentos del alma eran emitidos de los labios temblorosos de Hermione.
La razón de su llanto la sabía muy bien. Hacia quince minutos que era 31 de Julio. El cumpleaños de Harry Potter. E irónicamente, una tormenta azotaba Berlín, con centellantes relámpagos que parecían querer atormentar más a la joven castaña.
Intentar consolarla era una posibilidad. Pero ¿cómo hacerlo si ya la había rechazado con anterioridad?
No le quedaba de otra que escucharla y esperar a que se calmara.
Y ahí estaba ella, a escasos dos metros de distancia de su amiga; sin poder encontrar una manera de hacerla olvidar el dolor que sentía y la atormentaba. Luna maldijo la lluvia, los truenos y los relámpagos. Pero más que nada, maldijo a Harry Potter.
A aquel ruin villano que le había rotó el corazón a su mejor amiga. Quien había jugado con ella al mismo tiempo que interpretaba el papel del amigo preocupado.
Cual ingenua había sido Luna Lovegood al creer que existía la verdadera amistad en aquel grupo que tanto admiraba. No eran más que un montón de hipócritas en disfraz de corderos.
Apretó los dientes con impotencia cuando un claro sollozo de Hermione llegó a sus oídos.
Ella había sido la víctima en todo ése desastre. Fue a Hermione a quien hirieron de la peor manera posible. Orillándola a huir a lo desconocido. A buscar la paz en las lejanas tierras alemanas.
Con cada sollozo de Hermione era como si un puñal entrara lentamente en la carne de Luna, haciéndole sentir lo que se su amiga sufría.
Apenas un par de meses era lo que tenía ella en Berlín, luego de haber terminado el colegio y marcharse inmediatamente junto a Hermione, y no había visto un progreso en su amiga. Era como si cada día que estaba alejada de Inglaterra, de su familia… y de él, fuera un suplicio para su corazón.
— Harry… — la escuchó murmurar quedamente, soltando un nuevo sollozo.
Luna se mordió el labio a la vez que se quitaba las sábanas de encima y se ponía de pie, encaminándose a la cama de Hermione, incapaz de quedarse más tiempo con los brazos cruzados. La castaña apenas y fue consciente de que Luna se había levantado, pero cuando la tuvo recostada a su lado, se aferró a ella con todas sus fuerzas, cual si fuera un salvavidas.
— Está bien Herm… desahógate. No iré a ningún lado — le decía reconfortándola, acariciándole suavemente la espalda.
Hermione se limitó a desahogar sus penas en entrecortados sollozos. Agradeciendo en silencio por tener a Luna con ella.
Fin Flash Back
Harry bajó la cabeza con vergüenza hacia sí mismo luego de que Ron hubiera terminado de hablar. Interiormente se llamó egoísta a gritos. Un completo patán.
Ron, sabiendo lo que sentía su amigo, le colocó una mano en el hombro en muestra de apoyo.
— Sé que tu intención nunca fue dañarla… — empezó a decirle.
— Y terminé haciéndolo con mi maldito silencio. Con mi indecisión — replicó amargamente.
— Tiempo es lo que Hermione necesita, Harry. Ella ahora sabe que la amas. Sólo necesita un momento para hacerse a la idea de que ésta vez no habrá nada que les impida ser felices.
Harry suspiró pesadamente.
— Si son seis años más los que necesita, estaré ahí para ella al final. Porque no hay otra persona con la que quiera pasar más el resto de mi vida que con ella. La amo, Ron. Y si eso implica que deba esperarla, entonces que así sea. Pero no me daré por vencido — manifestó con firmeza.
Ron sonrió feliz de que hubiera entendido.
A eso le siguieron largos minutos de espera en los que las amigas se analizaban con distintas expresiones en el rostro, hasta que al fin la tensión pudo palparse en el ambiente.
— Aun creo que es mala idea — musitó por último Ginny. Hermione sonrió abalanzándose sobre ella: había accedido.
Luna se encargó de llenar las copas de nuevo.
— Funcionará, ¡estoy segura! — y chocaron las copas en un brindis silencioso; rogando internamente porque de verdad lo hiciera.
— ¿Una pelea? — exclamó desconcertado Ron luego de que Luna le contará lo que había acontecido en la casa de Hermione.
— En resumen — le contestó.
— Pero… ¿una pelea-pelea?, ¿o una discusión? — enarcó una ceja un tanto confundido.
— Como sea; no dudo que vuelen un par de cachetadas — se encogió de hombros.
— Vaya… — murmuró sobrecogido. Continuaron caminando en aquel parque — ¿Y creen que eso resuelva todo? — nuevamente su novia se encogió de hombros.
— Pues a como están las cosas, dudo mucho que empeoren — se limitó a decir.
— Harry no se lo tomará nada bien cuando Hermione llegue a pelear con él — expresó.
— Ojalá y así sea. Le servirá para desahogarse él también, y será lo mejor — opinó Luna.
— Par de locos que tenemos por amigos eh — se rio brevemente.
— Y a mí me decían Loony… — chasqueó la lengua Luna. Ron sintió un nudo hacérsele en la boca del estómago, él había sido uno de los idiotas que la llamaban así — Ya no te atormentes con eso Ronald, está más enterrado en el pasado que el mismísimo Voldemort — apretó su mano sonriéndole dulcemente.
Ni tanto, el recuerdo de su grosería seguía permanente en su cabeza, pensó Ron, pero no lo exteriorizó.
— ¿Y cuándo será el gran día de la pelea "Harry vs. Hermione"? — volvió a retomar el tema Ron rodeándola con sus brazos.
— No lo sé, pronto — se limitó a decir.
— Digo, para comprar boleto… — bromeó. Luna le dio un pequeño golpe en el brazo — ¡Ouch!… — se quejó aparentemente dolido — Ah, conque tú también quieres pelear, — sonrió malicioso — anda, bien, hagámoslo ahora, ¡en guardia! — y dicho y hecho el pelirrojo se paró frente a ella enfrentándola con los puños en alto realizando movimientos de boxeo. Luna se rio. Los pocos transeúntes en el parque se le quedaron viendo a Ron cual si fuera un chiflado.
Y en un movimiento rápido la rubia le dio un suave beso en los labios desarmándolo por completo.
— ¡Ah!, ¡un golpe certero al corazón! — dramatizó apretándose el pecho.
— Estás loco Ronald — sonrió risueña.
— Pero loco por ti — le rodeó la cintura mirándola embelesado.
— ¡Te amo! — musitó Luna con sentimiento.
— ¡Y yo a ti! — la besó en los labios, embriagándose con su sabor.
— Será fantástico cuando Hermione y Harry aclaren las cosas ¿no crees? — comentó Luna minutos después sentados en una banca. Ron le rodeaba los hombros con un brazo y su mano la sostenía con la otra.
— Si, podremos salir todos juntos. Tú, yo, Harry y Herm… — empezó a enumerar.
— Y Ginny y Neville — añadió Luna. Ron torció la boca.
— Sin comentarios — se limitó a decir. Luna sonrió.
— Eres muy celoso con tu hermana ¿sabes?; — las orejas de Ron se pusieron rojas — no deberías serlo, Neville es una buena persona, la hace feliz y la ama. Es la luz de sus ojos — suspiró.
— Es un asaltacunas — repuso el pelirrojo despectivamente.
— ¿Asaltacunas?, — repitió Luna con humor — Ronnie, pero si Neville y tú tienen la misma edad, y Ginny y yo somos iguales. ¿Entonces tú también eres uno? — lo miró acusatoriamente. Las mejillas de Ron se sonrojaron.
— Es diferente — fue lo único que dijo, sin argumentos a rebatir. Luna meneó la cabeza.
— Es igual — señaló.
— Dejemos las salidas sólo en Harry, Herm, tú y yo por ahora, ¿de acuerdo? — le pidió, cerrando el tema.
— De acuerdo — accedió con una sonrisa burlona.
— Aunque, bueno, Harry está muy desconcertado aun — confesó el pelirrojo en un titubeo.
— Y Hermione segura de su decisión — replicó la rubia.
Suspiraron abatidos.
— No obstante, — dijo Luna enderezándose para mirarlo con complicidad — aún tenemos una pequeña esperanza para que arreglen todo — sonrió emocionada.
— ¿De qué hablas? — se mostró interesado.
— La boda de Ginny y Neville — señaló con voz resuelta.
Ron gruñó por lo bajo. Lo había olvidado por completo.
