Capitulo 32 y 33

Jasper entró al establo y se detuvo al ver que Anthony estaba ensillando su caballo, y que además llevaba demasiadas cosas para un viaje largo.

—Alice me dijo que se ha ido tu esposa. ¿Irás a bus carla?

—No —respondió Anthony sin levantar la mirada.

—Entonces, ¿para qué tantos preparativos? Estuviste ausente una semana. ¿Adonde vas ahora?

—A cualquier parte.

—Ah, entiendo —dijo Jasper con ironía.

—¿Desde cuándo te interesa adonde voy o dejo de ir? —preguntó Anthony riendo.

—Desde que te fuiste el día de tu casamiento. Llegué a pensar que no te agradaba tu condición de casado.

—No me agrada.

—Pero Thony, creí que esa mujer te gustaba.

Anthony se encogió de hombros.

—Eso no tiene nada que ver, Jasper. Yo no soy como tú. No quería una esposa, eso es todo.

—Entonces, ¿por qué dejaste que te convenciera y publi caste ese anuncio? —preguntó Jasper furioso— Me haces sentir culpable, Thony. Alice dijo que me arrepentiría de entrome terme en tu vida.

—Olvídalo. Lo hice porque me pareció una buena idea. No fue culpa tuya. Nunca pensé en casarme con ella.

—¿Y ella lo sabía?

—Ahora lo sabe.

—Así que por eso se marchó —dijo Jasper. Anthony asintió.

—Estás casado, pero no tienes esposa. ¿Vas a seguir así?

Anthony iba a explicarle que su matrimonio no era legal, pero se contuvo.

—No será necesario, Jasper. Isabella pondrá fin a nuestro matrimonio cuando llegue a Nueva York.

—¿Estás seguro?

—Estoy seguro.

—¿Por qué llevas tantas cosas? ¿Irás a Tucson a visitar la tumba?

—Eso ya lo hice hace algunos días. —Hizo una pausa. —Me voy de aquí.

—¡No lo harás!

Anthony no pudo evitar una carcajada. Jasper no podía creer lo que había escuchado.

—¿Por qué estás tan sorprendido? Sabías que me iría pronto.

—Sí, pero no tan pronto. No ha terminado aún. ¿Cómo puedes irte si aún no ha terminado?

Anthony se encogió de hombros.

—La última fase tiene que ver con la obra. Mi presencia no es necesaria aquí.

—No puedo creerlo. ¿Después de todo el tiempo que de dicaste a hacer que el plan funcionara?

—De eso se trata, Jasper. Fue demasiado tiempo.

—Es porque se ha ido ella, ¿no es verdad?

—Puede ser —Anthony no le dio una respuesta muy clara.

—¿Qué diferencia hay? Puedes encargarte tú ahora. En mi habitación están todas esas cartas de agradecimiento que lle garon de las entidades de caridad en las que pusimos todo el dinero de Aro. Sólo tienes que ocuparte de que las reciba no bien Buskett informe de que el rancho de Aro fue vendido, y de que el resto de su dinero fue destinado a una causa noble. No es ningún tonto. Se dará cuenta de que lo atraparon por todo lo que posee. Y yo mismo compré el banco para poder cancelar todas esas hipotecas. Enviaré a un agente para que se ocupe de eso.

—¿Algo más?

—Quiero que la gente que trabaja aquí sepa que tiene la libertad de irse a pueblos más prósperos si así lo desea.

—Sabes que se irán. Este pueblo morirá en menos de un año. Pero Thony, creí que tú mismo querías darle el golpe final a Aro . ¿Qué clase de venganza es ésta? Te irás sin si quiera ver la expresión de su rostro cuando lea esas cartas. Sin ceramente, no te entiendo.

—No es un caso de venganza, Jasper, sino de hacer justicia. Y eso es lo que se hizo. Ya me imagino su rostro, no es nece sario que esté allí para verlo. Logré que desapareciera de la es cena. La próxima será su esposa, y ese pequeño ejército que lo hace sentir rey. Lo único que le quedará será la suite en ese ho tel que jamás le dio ganancias, y pronto estará rodeado de un pueblo fantasma.

—¿Y qué será de esta casa?

—Véndela si encuentras algún tonto dispuesto a com prarla. O quédate con ella, si te agrada. Puedes hacer lo que quieras.

—Probablemente regrese a la reserva. A Alice le agra daría volver allí.

—Me lo imaginaba.

—¿Y tú?

—Henri Andrevie me escribió diciendo que se quedará un tiempo en Nueva Orleans antes de partir hacia Francia a vi sitar las salas de juego. Creo que iré con él.

—¿Es ése el bribón que te enseñó tantas cosas?

—Así es. Nunca pudo entender por qué quise abandonar mi cómoda vida para convertirme en un ranchero. Tal vez ahora pueda darle una buena explicación. Apuesto a que le causará mucha gracia.

—Creo que no deberías decírselo. Podría pensar que te burlaste de él.

—Creo que tienes razón —admitió Anthony. a estaba listo para irse. Miró a Jasper por última vez. Qué bien se entendían. Iba a echar de menos a este amigo.

—¿Crees que regresarás algún día? —preguntó Jasper en tristecido.

—No lo sé. Hay algo más que puedes hacer por mí, Jasper. Esas cartas que vas a enviarle a Aro, guárdalas en un sobre grande y escribe: «Atención de Carlise Cullen, Boothill, Tucson». Si ese cerdo tiene memoria, entenderá de qué se trata.

—Así lo haré —prometió Jasper con tono solemne. Anthony se alejó del rancho y de Aro . Iba pensando en lo que le había pedido a Jasper. El problema era que quizá Aro Vulturi no recordaba a Carlise Cullen. Después de todo, Carlise había sido una víctima más de Aro. Pero se pondría a pensar y trataría de relacionarlo con Edward y Anthony. Atando ca bos, recordaría quién había sido Carlise Cullen.

33

—¿Es tu primer viaje a una ciudad grande, jovencita? —le preguntó una señora elegante que estaba sentada a su lado.

—Soy de Nueva York —respondió Isabella mecáni camente.

—Ah.

La señora se sintió desilusionada porque no tendría la oportunidad de maravillar a la supuesta campesina con relatos de la vida de ciudad. Isabella la miró con indiferencia y con templó el paisaje.

En realidad, tenía aspecto de campesina. Llevaba una maleta, la canasta de Charley sobre la falda, y un maletín viejo que no estaba presentable. Pero no le interesaba su apariencia.

En menos de una hora estaría de regreso en su hogar. ¿Qué le aguardaba allí? Había leído la carta de Rosalie tantas veces que ya la sabía de memoria, pero aún no la com prendía bien. Decidió leerla por última vez, tal vez lograra en tenderla. La carta decía:

«Querida, querida Bells:

Mis sueños se han hecho realidad por fin. Emmet y yo nos casamos anoche, en secreto. Pensarás que esto fue muy repentino después de lo que te conté en mi primera carta. Y así fue.

Hubiera querido esperar para escribirte. No pensé que Emmet solucionaría las cosas tan rápido. Pero lo hizo. Y debo admitir que te mentí.

Ay, Bells, quisiera que me comprendieras. Cuando me escribiste diciendo que querías regresar a casa, no se me ocurrió otra cosa que decirte que no debías hacerlo. Era demasiado precipitado. Papá estaba muy preocupado por ti, pero nunca habló de cancelar la boda. Nunca me dijo nada al respecto y yo creí que te obligaría a casarte con Emmet cuando regresaras.

No le confesó a Edward Parrington que te habías escapado. Te mentí, Bells. Papá no ha hablado con nadie. Porque más que enojado está preocupado por ti. Eso ocurrió dos días después de que te fuiste. Yo fui la que se disculpó con todo el mundo por tu ausencia. Natural mente Sheila o alguna de tus amigas habrían venido a verte si hubieran sabido que estabas enferma. Así que les dije que la tía Sophie estaba enferma y tú habías ido a cuidarla.

Todos aún creen que te casarás con Joel, pero po demos decir que cambiaste de opinión durante tu ausen cia. Después de un tiempo razonable, podríamos anun ciar que Emmet y yo nos casamos. Así nadie sabrá que te escapaste.

Puede que todo esto te parezca complicado, pero no lo es en realidad. Nunca te habría mentido si no hu biera estado tan desesperada Bells. No creo haber sido cruel con papá. Nunca le dije dónde estabas, pero sí le conté que habías escrito y que estabas bien. Le dije que volverías pronto. Vuelve pronto, Bells, antes de que papá se enferme con tantas preocupaciones.

No te enojes conmigo, Bells. Te aseguré que todo saldría bien cuando te dije que no desesperaras, ¿recuer das? Estoy segura de que me comprendiste.»

Isabella guardó la carta. Era inútil leerla. No sabía si Rosalie le decía la verdad esta vez, o si su padre se había ente rado de que Rosalie sabía donde estaba Isabella, y la había obligado a escribir esta carta para que Isabella regresara. ¿Tendría que enfrentar a Charlie Swan y su mal humor?, o ¿era verdad que estaba preocupado por ella, y la recibiría con dulzura?

No quería pensar que Rosalie la estaba traicionando. Pero peor era aceptar que le había mentido en la primera carta. Una cosa era engañar a un desconocido, como ella lo había he cho, pero, ¡engañar a la propia hermana! Esa primera carta era responsable de su casamiento de alguna manera. Si no la hu biera recibido en ese momento, habría actuado de otra forma. Era inconcebible que la dulce y pequeña Rosalie pudiera ser tan inescrupulosa, aunque fuera por amor.

Pero ésta no era la única preocupación de Isabella. El viaje de regreso se parecía al viaje al Oeste: todo el tiempo ha bía pensado en las tres mismas personas. Pero esta vez la ter cera persona ya no era un desconocido.

Isabella extrañaba a Anthony. No creyó que llegaría a echarlo de menos. Hacía menos de un día que había salido de Aro y ya se sentía melancólica.

Él la había conmovido y perturbado en todo momento, aun cuando ella no lo quisiera. La divertía, la enfurecía, la asustaba y, por supuesto, la excitaba de placer. Siempre que es taba con él sentía algo.

Así que ahora lo extrañaba, y no podía dominar su emo ción. Estaba furiosa con su hermana, preocupada por su padre, y recordaba las sensaciones que Anthony había despertado. En su interior había una batalla de emociones, y sus nervios estaban a punto de estallar.