Sé que pareceré una pesada, pero gracias por los comentarios que me dejáis :)
Os dejo con un nuevo capítulo, espero que os guste.
Después de hacer algunas compras, Castle regresaba a casa con su hijo. El escritor comenzaba a arrepentirse de haber cogido el coche, pues en ese momento estaban parados en mitad de un pequeño atasco.
-Papá, ¿cuándo vamos a llegar a casa? – preguntó el niño, cansado.
-Enseguida ¿por qué, te haces pis?
El pequeño negó con la cabeza.
-Tengo hambre – confesó a los dos minutos.
-Pronto llegaremos a casa – dijo el escritor.
Los coches comenzaban a avanzar. Después de haber pasado el atasco, Castle giró su monovolumen a la izquierda.
-¡Papá, mira! – dijo Jaime, señalando algo a través del cristal - ¡Es Batman!
Castle sonrió, sin prestar demasiada atención a lo que su hijo le estaba señalando, cuando de repente, un hombre en la acera derecha cayó al suelo, abatido por un disparo.
-¡Jaime, al suelo, agáchate!
El pequeño, sin ver ni entender el motivo, obedeció rápidamente a su padre y, tras soltarse el cinturón de seguridad, se agachó entre los asientos del coche. Castle, por su parte, paró el vehículo y llamó a Beckett.
-Kate, creo que acabo de presenciar un asesinato – la Detective, al otro lado de la línea, preguntó asustada por su hijo, que debía estar con Castle en ese momento – Sí, él está bien, está conmigo – le tranquilizó él.
Tras darle las indicaciones a Beckett, Castle se dirigió a su hijo, que continuaba agachado entre los asientos. El pequeño estaba asustado y se tapaba los oídos presionando sus dos manos contra las orejas.
-Ey, ¿estás bien? – El niño asintió – Necesito que te quedes quieto donde estás. Tengo que salir un momento. No te muevas, ¿entendido?
Jaime volvió a asentir con la cabeza a las indicaciones de su padre y se quedó donde estaba.
El escritor se bajó del coche y se acercó hasta el cuerpo sin vida tendido en la acera. Otras dos personas se habían acercado también, mientras que el resto de los transeúntes que circulaban por esa calle en el momento del tiroteo, continuaban detrás de algún coche o escondidos dentro de algún portal.
Poco a poco varios agentes de policía llegaron y comenzaron a acordonar la zona. Seguida de éstos, llegó Beckett junto con Ryan y Espósito. La Detective se acercó corriendo a Castle, cogiendo su mano y agradeciendo que éste estuviese bien.
-¿Dónde está? – le preguntó.
El escritor, que sabía que en ese momento Kate no estaba preguntando por la víctima, sino por su hijo, señaló el coche.
-¡Mamá! – gritó el pequeño cuando su madre abrió la puerta del vehículo. El niño se abalanzó sobre ella y le dio un fuerte abrazo. Kate le puso la cara entre sus manos y le dio un beso sobre sus pequeños labios.
-¿Estás bien cariño?
-Sí – contestó él – papá me dijo que me escondiese entre los asientos y lo he hecho – le explicó a su madre.
-Muy bien cariño. Ahora necesito que te quedes aquí un ratito más, ¿de acuerdo? Papá y yo vamos a estar ahí – le dijo, señalando la acera – Ya no hace falta que estés agachado.
-Vale, ¿pero puedes bajar la ventanilla?
Beckett bajó la ventanilla y cerró la puerta del coche. Después se acercó a Castle, que estaba en la acera, a unos escasos metros del vehículo.
-Necesito que me digas exactamente qué es lo que viste.
-Estaba girando a la izquierda, cuando de pronto el hombre cayó en la acera, muerto – dijo el escritor, alzando las manos, sintiendo tener tan poca información – No había nadie a su alrededor, así que imagino que quien le disparó lo hizo desde cierta distancia.
-Yo diría que a unos trescientos metros, a juzgar por la profundidad de la bala – dijo Lanie, acercándose a ellos. A su lado estaba Espósito.
-¿Trescientos metros? Entonces debió de disparar desde algún edificio – dedujo Beckett.
-Lo más posible es que lo hiciese desde aquella azotea de allí – dijo Espósito, señalando uno de los edificios cercanos.
-Ahí es donde estaba Batman – dijo una voz infantil. Cuando todos se giraron, vieron a Jaime asomando la cabeza por la ventanilla del coche.
-¿Has visto a alguien ahí arriba? – le preguntó su madre.
-¿No creerás que…? – comenzó a preguntar Castle, antes de verse interrumpido.
-¿Bromeas, después de años escuchando tus teorías, crees que no voy a hacer caso a algo que haya visto Jaime? Creo que tiene mucho que contarnos – dijo, acercándose al coche – ¿Viste a alguien allí arriba, antes de que disparasen al hombre de la acera? – le preguntó a su hijo.
-Sí. Era Batman – comenzó a explicar el niño – se lo dije a papá, pero entonces me dijo que me agachara.
-Ahora necesito que te concentres muy bien y me digas qué estaba haciendo Batman allí arriba, ¿vale? – su hijo asintió - ¿llevaba alguna pistola?
-Claro – dijo el niño de una forma muy natural – seguro que estaba intentando disparar a algún malo, ¿a que sí?
Castle, Beckett, Lanie y Espósito se miraron, asombrados por la confesión de Jaime. Beckett cogió a su hijo en brazos y se sentó con él en los asientos del coche.
-¿Pudiste verle bien la cara a ese hombre, o llevaba máscara?
El niño se mordió el labio y agachó la cabeza. Por suerte, su madre le conocía lo suficiente como para saber que le estaba intentando ocultar algo.
-¿Le viste la cara? – le preguntó, alzándole la barbilla con una mano.
-Es que – comenzó a decir el niño, mirando a su madre a los ojos – papá me dijo que me quedase agachado en el coche, pero no le hice caso.
Castle se agachó junto a Kate y su hijo.
-Eso no importa. Lo importante ahora es que nos cuentes lo que viste.
Sus palabras parecieron tranquilizar a Jaime y les contó lo que había visto.
-Cuando papá estaba en la acera junto al hombre muerto, Batman salió de ese edificio, aunque ya se había quitado la capucha y la capa. Y cuando me vio, me guiñó un ojo.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Kate al saber que el asesino había mirado a su hijo a los ojos.
-Será mejor que vayamos a la comisaría, allí podrá sentarse con un dibujante para hacer un retrato robot del sospechoso.
Una hora más tarde, el escritor llegó a la doce, donde su hijo estaba sentado al lado de un dibujante. Castle dejó sobre la mesa un paquete de menú infantil que había comprado para su hijo en la hamburguesería más cercana, aunque el pequeño no le prestó demasiada atención, ya que estaba fascinado con el dibujo.
-¿Papá, has visto qué bien dibuja?
Jaime provocó una sonrisa en el dibujante y en su madre, que estaba apoyada en la pared, al lado de la ventana.
-¿Lo vas a colorear? – le preguntó al dibujante, una vez hubo finalizado el retrato.
-No – contestó éste, entre risas mientras le entregaba el dibujo a la Detective – creo que así será suficiente.
Minutos más tarde, el escritor, la Detective y su hijo estaban comiendo cada uno una hamburguesa entre risas, cuando Espósito les informó de las novedades.
-He enseñado el retrato a unos amigos de anti vicio y me han contado que ha habido varias denuncias a este tipo. Por lo visto es un héroe callejero que va impartiendo justicia a su modo, disfrazado de Batman.
-¿Saben cómo podemos localizarlo? – dijo Beckett, tras terminar de tragar una patata frita.
-Me han dicho por dónde suele moverse – le dijo su compañero, sujetando un papel con la dirección en la mano.
Kate se levantó rápidamente y dándole un beso a Castle y otro a su hijo, se marchó con sus compañeros. Antes de abandonar la sala, su hijo la detuvo.
-Mamá, no dispares a Batman.
Horas más tarde, Castle estaba sentado con Jaime a su lado en el sofá. El niño se había negado a irse a la cama hasta que no llegara su madre y saber qué había ocurrido con su superhéroe favorito. Estaba haciendo grandes esfuerzos por no quedarse dormido, cuando por fin llegó su madre.
-¿Mamá, has detenido a Batman? ¿No le has disparado, verdad?
Kate miró a Castle, preguntándole con la mirada qué hacía su hijo todavía despierto. Él le hizo un gesto con la mano, dándole a entender que no había podido evitarlo.
La Detective se sentó en el sofá, al lado de su hijo y le cogió la mano.
-Lo hemos detenido.
-¡Pero mamá, Batman no es malo! – dijo Jaime, a quien se le empezaban a llenar los ojos de lágrimas.
-Cariño, ese hombre que viste, no era Batman, solamente era un hombre disfrazado de Batman – Aquello no pareció tranquilizar al niño, más bien al contrario, así que Castle intervino.
-Seguro que el verdadero Batman ha ayudado a mamá, desde las sombras, a capturar al falso Batman.
Un poco más tranquilo, pero todavía entre sollozos, Castle acostó a su hijo en la cama.
-Sé que tú no crees en estas cosas, pero Jaime necesita creer que el verdadero Batman está ahí fuera, luchando contra el mal – le dijo el escritor a Beckett, ya en la sala de estar – así que, he encontrado esta capa negra, de un antiguo disfraz y se la voy a dejar a Jaime en el dormitorio, para que crea que el verdadero Batman se la ha traído como regalo por haber ayudado a coger al farsante.
-Qué va, Castle, me parece una idea estupenda – dijo la Detective, acercándose a él – estás hecho todo un padrazo.
