"La Vida luego de una Vida"
Por Galdor Ciryatan
Capítulo 25.- Placentero hostigamiento
San Lunes, nuevo día, una semana que inicia, montones de proyectos por empezar, vuelta a las clases y al trabajo…además, por supuesto, de ser un día tan perfecto como cualquier otro para que la bestia del hostigamiento, en todas sus facetas, carcoma las mentes de aquellos que lo permitan. Y el hostigamiento es quizás el primo-hermano del remordimiento y la recriminación, sólo que mientras estos son generalmente malos e internos, el hostigamiento puede ser externo y…a veces…sumamente placentero para ciertas personas.
Es claro que Cloud Strife había tenido con Kadaj ciertas experiencias, digamos, catalogables como hostigadoras… La Marioneta lo fastidiaba, lo hacía quedar mal, le robaba el aire, lo convencía de hacer cosas que en su sano juicio ni siquiera consideraría, invadía el sagrado territorio de sus sueños, tenía pinta de poder seguirlo hasta el fin del mundo, perturbaba su vida desde el amanecer hasta el ocaso y durante las horas de oscuridad… En fin, lo hostigaba tremendamente. Sin embargo, Cloud no cambiaría a su lapa por nada, ya que a pesar de haber modificado su vida en forma tan poco sutil y de prometer quedarse a su lado con obsesiva insistencia, el hostigamiento era el que empezaba a gustarle.
Era delicioso trastocar su sueño por Kadaj, era gratificante privarse de su espacio personal para tenerle a su lado, era esperanzador tener que cambiar sus hábitos para ajustarlos al del otro, era hermoso recibir sus gestos de cariño, era reconfortante verlo sonreír, era divertido ser cómplice de sus travesuras, era encantadora preocuparse por la Marioneta y ser correspondido.
Era amor…
¿Acaso?
Muy en lo profundo de su fuero interno, Cloud vislumbraba la maravillosa posibilidad de que aquello fuese, o bien amor, o bien un retoño de él. Ni siquiera sabía cuándo había sido plantada la semilla, y pensaba que era demasiado pronto para que germinara, mas la verdad era innegable y estaba ahí, en su pecho.
oOo
Ella abrió la puerta de la casa en cuanto escuchó cómo tocaban en el barandal, lo hizo con toda la prisa que le permitió su envejecido cuerpo y su cansada mente. Mentiría si dijera que no estaba ansiosa, mentiría al decir que no había estado desde la mañana esperando que Ícaro llegara. Aunque, una verdad más acertada, era que llevaba esperando por el comprador, no desde ese día, sino años atrás. Años entre esas paredes con eso ahí encerrado con ella, aguardando por el momento de venderlo y deshacerse del recuerdo, noches largas atestadas por las memorias del ayer que no se marchaban.
Ella se iría pues.
Para la mujer, el hostigamiento no era placentero; lo vivía en cada segundo…y lo aborrecía. Todos los rincones de lugar, cada maldito punto señalable, se hallaba impregnado de recuerdos que volvían su mirada apática y cansina. Odiaba lo enfadoso de la situación, el hecho de que todo le recordara a él. Oh, claro, porque él ya no estaba, pero su memoria vivía allí. Ése era su sofá, aquél el agujero en la pared que hizo por accidente, ésa la mancha en la alfombra el día de su cumpleaños, aquellos los arañazos que le hizo al marco de la puerta, éste el horrendo cuadro que colgó justo en el centro de la pared, ése su reloj cucú, ésa la mesita de centro donde siempre subía los pies, esos los ganchos de su ropa, aquella la radio aún sintonizada en la estación que solía escuchar…
Lo odiaba, ¡lo odiaba! No podía estar allí, vivir con eso y ser feliz. ¡Todo se lo recordaba! A pesar de los años pasados desde que se marchara, su presencia seguía allí junto a ella y, temía con gran pesar, que eso continuaría por siempre. Si no se marchaba, si no se deshacía de aquella monstruosidad y escapaba de él…
— Buen día— saludó Ícaro con una sonrisa entre cotidiana y radiante.
Aquél era su posible salvador, ella lo sabía aunque no entendía por qué. Nunca imaginó que el comprador vendría en semejante empaque. Siempre creyó que sería otro viejo encanecido quien la libraría de su tormento; en cambio, resultaba ser aquel azor despeinado y de apariencia relajada.
Ella lo invitó a pasar poniendo su mejor cara, cuestión sumamente dura debido a que lo que ella en realidad deseaba…era salir.
Quería huir. De hecho, si la situación se tornaba peor, creía que no le importaría mucho dormir con el techo de la noche, el cobijo del frío y el colchón de la tierra. Nada podría llegar a ser tan tortuoso como lo que había vivido en ese lugar. Nada podría enloquecerla más.
Así que debía hacer de ese día, el día. Necesitaba por fin asirse a la seguridad de que abandonaría el lugar y partiría lejos, cerrar el trato con el rubio-pelirrojo, porque si el hombre estaba allí sólo para decirle que no la compraría… Ella se derrumbaría.
— ¿Qué ha decidido?— preguntó ella apenas entraros al recibidor.
¿Se notaría tan desesperada como se sentía? ¿Lo notaría el potencial comprador?... ¿Lo asustaría?
— Me la quedo.
Una vez, hacía mucho tiempo, acosada aún en sus pesadillas, ella soñó que caía de espaldas al vacío. Incapaz de gritar. Incapaz de salvarse. Entonces había aterrizado repentinamente sobre un mar de blandas plumas. El vértigo se fue y el miedo desapareció.
Ahora, se sentía justo como en el sueño.
Me la quedo
Que maldijeran todos los demonios cualquier pensamiento negativo que pudo haber tenido de Ícaro y que los dioses bendijeran a ese hombre por salvarla.
Él estaba adquiriendo una cosa completamente inofensiva para él y Kadaj, y al mismo tiempo librándola a ella del acoso constante y el miedo sobrecogedor. Las memorias de él se quedarían allí, pero ella volaría lejos.
Muy lejos
oOo
Cada cabeza es un mundo, y la del despistado Ícaro Azor estaba demasiado ocupada en sus ensoñaciones como para intuir lo que pensó ella al contestarle "Me la quedo". El majo alto se preguntaba si aquello sería un buen regalo. ¿Le gustaría a Kadaj? Supuso que habría sido una buena idea consultarle, pero eso le arruinaría la sorpresa de cumpleaños. Así que, para bien o para mal, cerró el trato.
Tener aquello no le haría daño. Además, había prometido a Tifa que buscaría un lugar en cuanto le fuera posible; porque, por más que le gustara la idea, no podría vivir para siempre bajo el mismo techo que ella. Dicho sea de paso, Kadaj tampoco debería compartir demasiado techo con Cloud.
Y hablando del rubio, Ícaro se hizo nota mental de (más tarde) hablar con Kadaj respecto a él. El beso que creyó verlos darse ayer le hizo pensar y reflexionar.
"Tengo que hablar con ese crío, sólo por si acaso".
No es que desconfiara mucho de él…pero había cosas demasiado escabrosas en el mundo como para dar otras por sentado.
oOo
Noviazgo: "Forma conscientemente aceptada y placentera de hostigamiento" (Extraído del Diccionario Azor, segunda edición).
Ir a comer pizza, ¿qué otro pretexto mejor necesitaba para secuestrar a la Marioneta silenciosamente? Bastó con decirle "Ven. Hoy comeremos fuera. Sólo tú y yo", y ya lo tenía en el bolsillo. Kadaj no objetó el ofrecimiento de Azor para ir a llenarse de pepperoni, pan y salsa. Además, al joven seguían encantándole la compañía del bermejo alto; no importando el mucho apego que hubiese desarrollado hacia Cloud, Ícaro no dejaría de ser el magneto poderoso que lo atraía a amarlo.
Así que se fueron. Caminaron juntos por las calles de Edge como muchas otras veces llegaron a caminar por caminos y carreteras, veredas y callejones, en ciudades y lugares desconocidos. Hablaron de su menú de tópicos preferido: Variedad. Se mencionó al chocobo, el clima, goma de mascar, la motocicleta de Cloud, uñas maltratadas, música… Pero a pesar de la normalidad en todo ello, la perspicacia de Kadaj salió a flote y se dio cuenta de que aquello no era una ida casual a la pizzería. Había algo más y podía notarlo en el bermejo alto. ¿Sería su sonrisa delatora?
Llegaron al lugar, ordenaron y, ya sentados hombro con hombro a la mesa, se hizo una laguna de silencio que Kadaj aprovechó para indagar.
— ¿Qué estamos haciendo aquí?
— Comprando zapatos por catálogo. ¿Qué otra cosa podríamos hacer en una pizzería?— contestó Ícaro.
Kadaj le dio un golpecito en el brazo por la respuesta tonta y aún así sonrío.
— Es en serio. ¿Por qué vinimos?
Ícaro casi sucumbió a la opción de dar otra respuesta simplona, mas se percató de que debía comportarse serio si quería empezar una conversación madura. Porque, en efecto, estaban ahí para conversar sobre un tema que necesitaba mucha seriedad.
— Hay algo de lo que quiero que hablemos.
— ¿Qué es?— Kadaj había logrado intuir que había una razón para salir a comer solos, aunque no había podido descubrir cuál era esa razón específica.
El bermejo suspiró, hizo una pausa lo suficientemente amplia como para dar un toque de suspenso y al fin habló.
— Sobre noviazgo.
A Kadaj le cruzó por la cabeza su relación con Cloud, pero el pensamiento no tuvo bastante intensidad para hacer el tópico amenazador. No llegó a creer que Ícaro quería hablar específicamente de su noviazgo con Cloud, así que protestó un tanto desinteresado por el tema de conversación.
— ¿Por qué tenemos que hablar sobre eso? Ya lo hemos hecho antes.
— Sí, Kadaj, pero esta vez es diferente. Puedes verlo con otros ojos.
La Marioneta elevó una ceja ante tan poco clara declaración. Seguía restándole importancia a su relación con Cloud y, además, tenía la consciencia libre de culpa, así que la conexión entre Strife, Noviazgo y Conversación seria con Ícaro seguía sin aparecer.
— No te entiendo— dijo simple y llanamente el más joven, a lo que Azor decidió ser un poco más directo.
— Tú y Cloud… Sobre eso quiero que hablemos.
— ¿Cloud y yo? Pero…
— Vamos, Kadaj. Creo que no necesitas que sea más claro al respecto, tú eres más agudo que yo.
— Oh…
La Marioneta apartó la mirada y se encogió un poco de hombros. Aunque Ícaro esperó un momento antes de volver a hablar, eso no aminoró la culpa que sintió Kadaj. No podía huir de la conversación, era inexorable; tampoco de Ícaro, pues su presencia era innegable.
— No te obligo a nada, ¿sabes? — dijo el mayor con voz comprensiva y paciente—. Es sólo que me gustaría que hablaras, que preguntaras y te quejaras, porque no te he escuchado un comino sobre tú y Cloud. Te quiero, ¿entiendes? Y me interesas tú y todo lo que tengas que decir sobre esto…siempre que quieras decirlo.
Hay algo de lo que quiero que hablemos
¿Y él también quería hablarlo?
La mirada de Ícaro le rogaba por un sí.
La mayoría del tiempo parecería que no le afectaba que Kadaj le ocultara algunas cosas, pero desde que cierto barman ebrio hiciera declaraciones de bastante magnitud, Ícaro pensaba que no podía dejar crecer aún más la brecha entre él y su Marioneta. Lo amaba, diablos, aunque ocultara y mintiera, y no estaba dispuesto a solucionar esos problemas como en sus otras relaciones: Huyendo. No podía dejar a Kadaj, no tenía corazón para cortar por lo sano con él, quedar como simples amigos e irse lejos. Quería arreglar las cosas y seguir adelante, pero necesitaba además saber que Kadaj también lo quería.
Tras un momento sin comentario alguno, de la boca de Kadaj salió una frase poco esperanzadora y sus ojos evadieron la mirada del otro.
— Ya no tengo hambre. Vámonos de aquí, ¿sí?
— Vale, si es lo que quieres…— contestó el bermejo con un hilo de voz. Se sintió hablando en un funeral, bajando la voz inconscientemente ante la presencia de una pérdida.
Entonces la Marioneta se levantó y fue el primero en salir mientras Ícaro se quedaba y dejaba en la mesa el dinero por una pizza que ya no sería comida. Otra pérdida más…y esperaba que para cuando saliera del local, ya ni la sombra del otro le dijera adiós.
Oh, no tenía derecho a reprocharle por haber elegido no hablar. Después de todo, él le dio la opción y no podía regañarlo por tomarle la palabra.
— Si es lo que quieres— volvió a susurrar para sí mismo, triste, cabizbajo. Se preguntó cuándo lo había perdido, cuándo la brecha había crecido tanto como para que no bastara con estirar el brazo hacia él.
Caminó a la puerta con andar lento y salió con la cabeza aún abajo. Los cabellos en su frente le impidieron otear el exterior y ocultaron la calle vacía que le recibía. Kadaj no estaría ahí, aunque sí se encontraría en casa más tarde y mañana y aún mucho tiempo después, por lo cual debía hacerse a la idea de que le vería y tendría que sonreírle de la misma manera de siempre aunque él no le permitiera ya traspasar su cascarón.
— Oh, Cielo Santo— suspiró, continuando con el impulso de rellenar el silencio que dejara la ausencia de Kadaj.
— ¿Sabes?— habló la vocecilla chillona al tiempo que su brazo rodeaba el de Ícaro y se apretaba contra él. Por supuesto que estaba allí, no se iría sin él, no con tanto que decirle—. Se lo he pedido a Cloud de la misma manera que aquella chica de la que me hablaste, ¿recuerdas?
Azor levantó el mentón y encontró a su lado al de cabellos lacios. En un primer momento no supo qué decir, no se dio cuenta de que también Kadaj había estirado su brazo para alcanzarle…y lo había tocado sin que él se diera cuenta.
— Eh, ¿recuerdas?
Vagamente rememoraba que, la primera vez que habló con Kadaj sobre el noviazgo, le había contado un montón de anécdotas suyas. Quizás él se refería a alguna de ellas.
— Fue…simplemente así. Se lo pedí, y él dijo que sí.
Azor escuchó, y hasta que Kadaj le condujo por un camino que no les llevaría a casa, terminó de comprender que estaba dispuesto a hablar.
O no quiso hacerlo ahí dentro de la pizzería…o en realidad lo había dudado por un momento. ¿E importaba ahora eso? ¿Importaba, ahora que sus brazos estaban trenzados y sus pasos iban en la misma dirección errática?
oOo
A veces llega un punto en la vida en que las personas se preguntan si realmente conocen a aquellas que les acompañan, aquellas que ven a diario y cuyos rostros creen conocer de memoria. Ícaro se preguntó eso sobre Kadaj, al igual que muchos podrían preguntárselo sobre sus propios hijos, sus mejores amigos, sus hermanos… Porque de tanto caminar juntos, a veces, las personas olvidan voltear a verse a los ojos de vez en cuando, preguntar "¿Cómo estás?" o acaso "¿Quién eres tú?"… Hasta que se dan cuenta y la duda entra en ellas.
Algunos se quedan con esa duda, preguntándose con quién han estado casados desde hace décadas, a quién llaman "amigo" sin pensarlo demasiado, qué clase de persona han criado o les ha criado.
Oh, pero Ícaro… Él no permitió a la incertidumbre rondarle mucho. Caminó junto a Kadaj, escuchándole, oyendo a la persona que le apretaba el brazo y descubriendo allí cosas nuevas, pensamientos que antes no existían bajo su piel, palabras que él no le había enseñado, miradas que antes no le reconocería. Lo escuchó y con sus ojos le alentaba a hablar, le preguntaba "¿Quién eres ahora?" al tiempo que le recibía con la vieja sonrisa, la misma calidez, el permanente amor.
oOo
Habiendo zanjado un poco aquellos asuntos, los de la separación y el noviazgo, Ícaro y Kadaj retornaron a casa. Les revoloteaban en derredor frases de "Nunca pretendí", "Espero entiendas", "No siempre se gana", "No trates de cambiar a los demás", "Yo estaré ahí", "No pidas lo que no estés dispuesto a dar", "Escucha antes de hablar", "¿Eso sientes?"… E infinidad más.
El bermejo sospechaba que quizás no podría hacer sus entregas de la tarde con la mente clara y despejada; al contrario, habría algo de agua turbia intentando ahogarle y tendría que esforzarse mucho en ser sí mismo para volver a su despreocupación habitual.
Oh, pero, ¿de qué habían estado hablando?
— Hará viento más tarde— declaró Kadaj.
— Lloverá— contradijo Azor mirando el cielo.
— Viento.
— Lluvia.
— ¿No puede hacer ambos?
— …
Para cuando cruzaron el umbral del hogar, ya discutían sobre otra cosa.
oOo
— Volvieron. ¿Cómo estuvo la pizza?— dijo Tifa al verlos entrar; recogía los restos de la comida y se preparaba para lavar los platos.
— Bien— mintió Kadaj de manera espontánea y se encaminó al refrigerador para sacar algo. Acto seguido, salió de la cocina y sus pies golpearon contra los escalones uno a uno.
— ¿Se quedó con hambre?— preguntó la morena a Ícaro.
Éste no le respondió a ella, asomó la cabeza fuera de la cocina y vio la dirección que tomaban los pasos de Kadaj: La habitación de Cloud. Entonces le reprochó a la nada en voz alta:
— Ni siquiera has acabado de digerirlo, ¿cierto?
Kadaj no se dignó a voltear o a responder a la metáfora, tan sólo entró al cuarto de Strife y cerró la puerta tras de sí.
Ícaro chascó la lengua…pero no estaba enfadado o triste. Sabía que, de cualquier cosa digerible que hubieran hablado hacía rato, Kadaj ya habría dado cuenta y la habría rumiado al menos un par de veces.
"¿De quién habrá sido la idea de darla una mente tan aguda a un crío como él?" pensó.
— Tiene buen apetito, ¿eh?— comentó Tifa y con su voz jaló a Ícaro dentro de la cocina otra vez.
— Eso me temo— se lamentó él.
— Lo dices como si fuera algo malo.
Azor sonrió mordiéndose el labio y deseó que ella comprendiera de qué estaban hablando en realidad.
— En fin… Iré a hacer entregas. Te veré más tarde, linda.
Y se marchó.
Se evitó la molestia de ir a despedirse de Kadaj y, de paso, prohibirle a Cloud que lo llevara con él. Porque el hecho es que habían hablado de eso también…y le había dicho a la Marioneta que no existía demasiado inconveniente siempre y cuando no distrajera a Cloud y llegaran a casa en horas decentes.
En general…le había pedido que se comportaran en maneras decentes mientras estuviesen juntos. Entendía que eso era algo difícil, sobre todo con la edad de Kadaj, pero no estaba de más que lo intentaran y, ante todo, Nunca enfrente de los niños.
— "Nadie quiere explicarle ese tipo de cosas a los niños, ¿sabes?"— había dicho Ícaro, nunca perdiendo de vista que parecía estar hablando con uno.
"Bueno, lo dicho está dicho y lo hecho, hecho" trató de consolarse ahora el bermejo ". Escuché todo lo que quiso decir y dije todo cuanto me permitió. Lo demás está en él".
Aún así, mientras se iba y pasaba bajo la ventana de Cloud, no pudo evitar levantar la mirada hacia ella.
No vio nada.
oOo Más tarde oOo
— Hey, parece que podremos acabar temprano hoy— le dijo el bermejo a su chocobo luego de una entrega.
No había demasiado trabajo, en efecto, y se estaba dando prisa con el que tenía, no para regresar temprano a casa, sino parar arreglar algunos detalles del regalo de Kadaj. Quería poner en eso bastante empeño y tiempo a fin de entregarle a la Marioneta algo que le encantara.
Se lo merecía, creía él.
Así que después de un par de horas más de trabajo, de recorrer calles y tocar puertas, sonreír a extraños y decir "De nada", se encaminó hacia un lugar cuya puerta pronto conocería bien, desde su tacto hasta su ligero rechinido.
Cuando sacó la llave de su bolsillo y la metió en la cerradura, sin embargo, se sintió aún como un intruso, casi un ladrón; entonces dudó, retiró la llave y tocó o a la puerta. Esperó caso un minuto ahí parado, con el chocobo detrás suyo, y varias veces llamó a la anciana de mirada cansada por su nombre.
Nadie le abrió la puerta.
Sólo después de haber completado aquel ritual se sintió con derecho a girar la llave para entrar y pudo creer en las palabras de ella:
— "Es suya, aquí está la llave. Ya no me encontrará para la tarde."
Había sido verdad. Ella ya no estaba.
Ícaro se preguntó si todo lo demás también habría sido verdad.
— "No hay muchas cosas que desee llevarme. Nada de aquí me sirve ni le tengo aprecio. Conserve lo que quiera o disponga de ello como mejor le parezca."
Bueno…ésa era otra honesta declaración. Ícaro dio un paso dentro y pronto descubrió que la mayoría de las cosas estaban en el mismo lugar desde la última vez que fue… ¿La última vez?
"Cielo Santo, estuve aquí sólo hace unas horas. No puede ser que en verdad ella ya se haya marchado".
Volvió a llamarla en voz alta, varias veces, pero sólo el chocobo en el porche respondió con un ruidillo.
Parado allí, justo a la entrada, Ícaro se quedó. Adentro estaba ensombrecido, las cortinas cerradas y luces apagadas; desde afuera, le llegaba la luz del Sol y la sombra de una cresta y un pico se proyectaban sobre su hombro.
— En realidad quería marcharse de aquí— declaró al silencio del lugar—. En verdad deseaba irse.
No se dio la libertad de especular sobre las razones de la anciana. ¿Para qué perder el tiempo intentándolo? Él mismo había huido (más de una vez) y entendía lo que era querer dejar un lugar sin volver la vista atrás.
— Espero que esto no sea algún tipo de justicia poética— se dijo a sí mismo con un deje de humor y de inquietud.
Luego, se puso a trabajar en el lugar y pronto olvidó cualquier preocupación y remordimiento pasado.
Decidió qué cosas se quedarían, cuáles cambiaría de lugar, qué arreglos hacían falta y qué cosas habría de tirar. Estas últimas fueron las menos ya que no le parecía correcto deshacerse de pertenencias que aún no consideraba suyas; además, como un acto de respeto, decidió conservar la mayoría. El tiempo ya le diría de cuáles podía deshacerse. Oh, y dicho sea de paso, cuando no estaba seguro de si dejar o no algo, lanzaba una moneda al aire.
El chocobo también fue afortunado ese día. Ícaro le acondicionó un lugar en la parte de atrás y decidió dejarlo allí para que empezara a acostumbrarse. Él regresaría a casa caminando.
— Mañana en la mañana vendré por ti— le dijo antes de marcharse— y espero encontrarte aquí.
Al dirigirle una última mirada, creyó que sería buena idea colgarle una placa con su nombre en su lugar.
— Así al menos no podrás hacerte el desentendido— murmuró.
Para cuando salió de allí y giró la llave en la cerradura, ya se sentía un poco más dueño y tenía en la mente el doble de cosas por hacer allí.
Mañana, ese número de cosas por hacer al regalo de Kadaj aumentaría aún más.
Se fue a casa con andar parsimonioso, con las manos en los bolsillos y con una melodía en los labios. Hey, no le debía nada a la vida y ella tampoco a él. De hecho, se tomó la libertad de elegir el camino largo para regresar y optó por silbar un poco más alta aquella canción; no recordaba toda la letra, aunque el hecho era que hablaba del amor.
"¿Hay alguna que no lo haga?" se preguntó al tiempo que saltaba del silbar hasta el cantar.
Lo que daría por tener una guitarra en ese momento…
Somedays I'm Rock Solid Till It Hits Me
And Leaves Me Totally Confused
Why Do I Always Lose
So Much For Love…
Le cantó con verdadero ánimo al cielo que se oscurecía (ése que no había traído ni lluvias ni vientos), acompasó su andar con la melodía para deleite de la acera, sonrió amigablemente a la calle deshabitada y, un poco antes de llegar a casa, se dio el gusto de hacer una pirueta ante la oscura boca de una calleja e invitarle a bailar con él.
Entonces, el callejón le arrojó su respuesta.
De entre las sombras salió el ruido de un golpe, algo que chocaba contra un bote de basura, y una silueta indescifrable corrió en dirección contraria a Ícaro.
Aquello no había sido un gato, estaba claro, y tampoco alguien que quisiera bailar.
Azor se quedó mirando al huidizo personaje, aún sorprendido por su repentino escape, e incluso pensó en gritarle que lo disculpara, que no había sido su intención asustarlo. Sin embargo, un charco de luz extraviado en el callejón le permitió ver de pronto a aquella persona y darse cuenta de que en realidad eran dos… Uno de ellos con el cabello largo, lacio y, en apariencia, plateado.
— ¿Kadaj?
Creyó reconocer en aquella figura a la Marioneta, por lo cual se desconcertó aún más. ¿Qué estaba haciendo él allí? ¿Y con quién? ¿Quién era el otro? Porque Ícaro alcanzó a verlo demasiado fornido y muy poco rubio para ser Cloud.
— ¡Eh! Esperen.
¿Por qué huían?
Azor se echó a correr tras ellos. Esquivó los cubos de basura y saltó sobre cajas de cartón. Les gritó y pidió que se detuvieran al tiempo que giraban en una esquina, mas ellos continuaron y él se descubrió persiguiéndolos en una dirección que les llevaba lejos de casa.
¿A dónde se dirigían?
Corrió tras ellos un par de cuadras hasta darse cuenta de que el cabello de Kadaj era más largo de lo que debería, que el otro definitivamente no era Cloud y que ya no sabía por qué huían o por qué los perseguía él.
¿Quiénes eran?
El que había confundido con Kadaj miró sobre su hombro y los ojos de Ícaro encontraron los suyos.
Eran idénticos a los de la Marioneta, pero no era él.
Azor se detuvo. Respiraba por la boca y su mente no hallaba explicación coherente.
— ¿Quién…?
Aquellos dos se perdieron en la ciudad e Ícaro debió regresar a casa.
oOo
No tenían una casa a la cual regresar, así que se internaron en el oscuro cuarto de hotel que habían rentado y se sumieron en desalentadores pensamientos. Yazoo era atormentado por alternativas poco prometedoras, ideas que le llevaban a callejones sin salida, y no terminaba de encontrar la solución a todo aquello; Loz se veía inmerso en preguntas mordaces, desoladoras, respuestas para sus "¿Qué tal si…?" y amargas recriminaciones.
Danzando una melodía triste, cambiaron de lugar en la habitación. Del sofá a la puerta, de la ventana al suelo… Como si moviéndose pudieran huir de sus pensamientos, volvieron a danzar inquietos y a cambiar de lugar, incluso sólo de posición, únicamente para verse alcanzados de nuevo por sus ideas.
— ¿Y si…?— se atrevió a comenzar Loz, al cabo de lo cual calló repentinamente y fue a sentarse en el borde de la cama.
Yazoo permaneció silencioso todo el rato, intranquilo y desesperanzado no paraba de pensar aunque lo deseara. Se le venían encima todas las probabilidades y no sacaba de entre ellas más que cosas negativas y, además, la conclusión de que aquel hostigamiento no les era placentero.
Se veían abrumados por ideas (como la de la pérdida de Kadaj) y, cuando no era así, alguien les perseguía o molestaba.
Oh, porque ésta no era la primera vez que alguien los veía y les hacía pasar un mal rato. Ya en otras ocasiones se habían visto en apuros y hostigados, principalmente por su apariencia, y eso había empezado muy temprano en su andar.
Una vez, en un bar…
oOo Flash-back oOo
…días después de lo de Jenova, de haberse dado por muertos y al segundo siguiente estar respirando, poco después de haber empezado a buscar a Kadaj, se encontraban en una ciudad cercana a Edge. Aún estaban llenos de esperanza y pensaban que pronto hallarían a su hermano perdido, por lo que se permitían el lujo de algunos placeres mundanos de vez en cuando.
Ahora estaban en un bar.
Para compensar el día de búsqueda infructuosa, se tomarían un par de cervezas, después regresarían a descansar y mañana probablemente encontrarían a Kadaj por ahí. Luego…luego verían qué rumbo tomar.
Por el momento no les preocupaba demasiado la vida ni nada en ella, aún no veían el brazo de la desesperanza estirarse hacia ellos ni sentían su áspera mano en torno al cuello.
— Otra— pidió Loz cuando su cerveza se consumió (casi como si lo hiciera sola) y el barman enseguida le tendió otra.
Se hallaban en la barra, sin generarle problemas a nadie. Estaban tranquilos y así pretendían seguir porque no tenían planes para lo contrario (ni para nada más que no fuera dar con Kadaj), sin embargo, los ebrios son de cabeza dura y a los ebrios no les molesta generar problemas.
A unos metros de distancia, sentados en torno a una mesa, se hallaban algunos hombres cuyos movimientos torpes y lenguaje inconexo delataba como ebrios (o cuasi-ebrios). No peleaban con nadie más ni entre ellos, sólo estaban demasiado alegres, ruidosos y carentes de escrúpulos. Lo único que hizo falta para que un problema naciera, fue que uno mirara a Yazoo y que la noticia de lo ocurrido en Edge emergiera en su mente atravesando la nube de alcohol.
Entonces comenzaron a hacer conexiones.
Entre los movimientos incoordinados y el hablar afectado, surgieron gestos y risas, menciones de marionetas y niños robados. Alguien se burló abiertamente justo a espaldas de Yazoo y para otro fue más fácil arrojar cacahuates en dirección a la barra. Alguien escupió.
Todos seguían tomando y, mientras sus labios se besaban con la botella, la cabeza se les llenaba de certezas y declaraciones que salían de sus bocas cuando el alcohol aún bajaba por la garganta. Hablaban en voz alta y desafiante sobre los malditos que se llevaron a los niños de Edge —¡qué indignación!—, sobre los cobardes que sólo habían causado disturbios y problemas, sobre la Marioneta ingenua que nada había conseguido.
Varios empezaron a enfocar su mirada en Yazoo y Loz, más personas comenzaron a hacer comentarios y de pronto el bar pareció un lugar diminuto atestado de gente.
Los hermanos de cabello plateado estaban enfadándose bastante, algunos de los borrachos de la mesa se pusieron en pie, hubo un par de empujones mal dirigidos y el barman les gritó algo desde detrás de la barra, pero resonó con mayor fuerza la palabra "Marioneta".
Las cosas tuvieron pinta de querer ponerse feas. Había cacahuates volando en inciertas direcciones debido a la torpeza de los hombres y miradas perdidas que agredían a alguien mientras volteaban en otra dirección.
Yazoo y Loz estaban a punto de ponerse de pie para arreglar las cosas (de hecho, Yazoo llegó a azotar su cerveza contra la barra con fuerza), no obstante, alguien intervino de pronto. Los hermanos creyeron que era un empleado del bar que acudía a restaurar la paz y sólo una breve mirada le concedieron… Aunque… Bien gravado en su memoria quedó un detalle: El hombre llevaba gafas de Sol, lo cual les pareció una reverenda estupidez puesta que estaban bajo techo y era de noche.
El tipo de las gafas dijo unas cuantas cosas, invitó un par de cervezas y palmeó un par de hombros, lo cual pareció calmar a los revoltosos.
De todas maneras, Yazoo dijo a su hermano: — Es mejor irnos. Mañana tenemos cosas que hacer.
No se quedaron a ver cómo terminaba el asunto. Se marcharon, mas les persiguieron miradas molestas y algunos susurros hirientes.
No sería la última vez que la sombra del pasado les saliera al encuentro y los hostigara con insistencia.
oOo Fin del flash-back oOo
Al final ambos coincidieron junto a la ventana y miraron hacia el ocaso que se marchitaba. Pronto vendría la oscuridad acompañada de las estrellas, poco faltaban para que el día muriera y, con él, un poco más de su esperanza.
Yazoo apoyó la cabeza contra el hombro de Loz y ambos, al no tener a Kadaj, debieron contentarse con el recuerdo.
oOo Flash-back oOo
El hostigamiento a veces tenía una faceta agradable, Kadaj podía admitirlo ante sus hermanos, porque aunque ambos le molestaran y fastidiaran…aquello era algo que le encantaba.
La búsqueda de su madre podía llegar a hacerse eterna en algunas ocasiones. No todos los días tenían alguien a quién torturar o una ciudad que escandalizar. Así que, a veces, sólo por diversión, Yazoo y Loz molestaban a Kadaj.
— Basta— chilló Kadaj por tercera vez al sentir que le jalaban un mechón de cabello. Se giró en el acto para encarar a cualquiera de los dos que lo hubiera hecho ahora, pero el pie de Loz se coló entre los suyos y le hizo caer.
Los mayores contuvieron la risa…fallidamente.
— Debes tener más cuidado— le dijo Yazoo con fingida preocupación—. El suelo de esta ciudad parece muy irregular.
— Igual que la otra— bufó la Marioneta de Jenova al tiempo que se levantaba. Se sacudió la ropa con indignación y dirigió a los otros dos una pasajera mirada de enojo.
Loz se rió abiertamente, frente a su cara, y se dio por bien servido. Continuó caminando y Yazoo le siguió, los dos ahora adelante y Kadaj rezagado a sus espaldas.
— Ya verán— les amenazó el menor.
Aunque los otros lo escucharon, poca atención le concedieron. No les asustaba su hermano pequeño.
Comenzaron a discutir sobre su próximo destino, dónde comerían hoy y qué harían exactamente cuando hallaran a su madre, así que la conversación los absorbió pronto y, de un momento a otro y sin aviso, Yazoo sintió un tirón en el cabello.
— Muy original, hermanito. Te felicito— le dijo el hermano de en medio. Se negó a girarse y darle a Kadaj la oportunidad de hacerle trastabillar, así que siguió andando junto a Loz y ni una mirada le concedieron a la Marioneta. Sin embargo, al cabo de momentos que se alargaban y no parecían terminar, se dieron cuenta de que Kadaj nada más intentó y caminaba silencioso tras ellos.
"Normalmente es más testarudo" se dijo Yazoo. Entonces volteó a verlo por sobre el hombro, sólo para vigilarlo y acaso molestar un poco más, cuando vio con incredulidad y creciente enojo que algo traía entre manos…literalmente. En la derecha, su katana de doble hoja; en la izquierda, un mechón de pelo lacio y plateado.
— ¿Qué has…?— La risa socarrona que soltó Kadaj en ese instante lo hizo callar y de inmediato llevarse una mano a la nuca, tomar un gran mechón de su cabello y empezar a recorrerlo rezando porque estuviera completo.
No lo estaba.
Kadaj jugueteó con el mechón arrancado, lo agitó frente a Yazoo y luego enfundó descuidadamente a Souba.
— Ten, esto es tuyo— se burló el más pequeño arrojándole el cabello a los pies. Era un mechón delgado pero largo, un palmo de cabello que estaba arruinado y que obligaría a Yazoo a cortarse el resto, al menos, hasta los omóplatos.
— ¡Voy a…!— estalló él—. ¡A…! ¡Ta voy a…! Grrr, ¡Kadaj!— bufó por fin sin saber qué decir.
La risa burlona que le dedicó Loz cuando le vio el pelo tampoco le ayudó a concretar, menos aún la perspectiva de cortarse el cabello y seguir viviendo, continuar día tras día con la marca imborrable de la maldad que había hecho Kadaj en él.
Yazoo desenfundó y se dejó ir contra su hermano pequeño. ¡Aquello no iba a quedarse así! Loz le imitó, a pesar de que también se hubiera reído, porque en lo que respectaba a ajustar cuentas con las Marioneta estaban juntos en esa empresa.
Kadaj se puso en guardia y sacó su katana. Por supuesto, sonreía. Lo divertido del hostigamiento constante no era el ser molestado, sino tener un pretexto para (más tarde) molestar él a sus hermanos.
oOo Fin del flash-back oOo
Le echaban de menos, en sobremanera. Kadaj era la luz de la Luna y ahora ellos sólo tenían un par de estrellas temblorosas, lo sabían. Sólo esperaban el momento adecuado para poder plantarse frente a él, a solas, verlo a los ojos…y esperar a lo que tuviera que pasar.
Al igual que con Jenova, no estaban muy seguros de qué hacer cuando lo tuvieran allí.
— ¿Crees— se animó a hablar Loz— que aún nos quiera como antes?
Yazoo consultó las estrellas, parpadeó ante la oscuridad y estrechó a Loz con cariño antes de responder.
— No. Debe ser más.
oOo
Cloud se detuvo un momento ante la ventana y miró el cielo. Le pareció, por alguna razón, que había algo ahí interesante que ver. Se encontró con las estrellas, las que cotidianamente veía a aquella hora y las reconoció al tiempo que admiraba en ellas una belleza que se renovaba cada noche.
Estaban preciosas y se encontraba lo suficientemente feliz como para poder apreciarlo.
— ¿Por qué sonríes?— le habló la voz de su Marioneta.
Cloud giró la cabeza en dirección a la puerta y halló que, acunados en el umbral, estaban los ojos que a veces parecían ocultar algo siniestro y delicioso, las manos renuentes a quedarse quietas, la sonrisa melosa… Su monstruo del hostigamiento.
A pesar de ello, la sonrisa no se le borró de los labios. Saberse atrapado en su propia habitación, con Kadaj bloqueándole la salida y poniendo en el aire una pregunta trivial, no le preocupaba. Incluso, aunque las voces de Ícaro y de su guitarra llegaran desde el piso de abajo, Cloud se entregó prematuramente a las molestias de la Marioneta y ayuda no pidió, se dejó molestar con gusto…porque aquello le fascinaba.
oOo Continuará oOo
Nota: Estamos cerca del final de esta historia.
Créditos a Steve Conte por la canción "So much for love".
Siguiente: "Hay que recordar".
Galdor
