Dinastía
Veinticuatro
La primera boda II
Era un hermoso mediodía de primavera, los jardines de la Mansión Malfoy brillaban no sólo por la luz del sol y el blanco y dorado de los adornos de la boda. Lucius y Sirius irradiaban una calidez especial, eran felices y se notaba: la magia de ambos bullía, cargando el ambiente de una electricidad anhelante y alegre.
Percival Shacklebolt fue escogido por ambas familias para ser el oficiante.
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-Sirius, coloca tus manos en las palmas abiertas de Lucius-. Dijo. Así lo hizo Sirius, mirando los ojos de Lucius, expresivos como nunca. -Lucius Abraxas Malfoy , ¿recibes a Sirius Orion Black como tu esposo?
-Yo, Lucius Abraxas Malfoy, te recibo, Sirius Orion Black como mi esposo y me entrego a ti por completo: cuerpo, alma y magia-. Esa era la fórmula tradicional y común, pero Lucius necesitaba hacer más, con un movimiento suave le indicó a Percival que espere, tomó la mano izquierda de su novio y le colocó el anillo de boda de la familia, una gruesa banda de oro con el escudo de armas de ambas familias esculpidos entrelazados, rodeados de zafiros. Continuó, sorprendiendo a Sirius y a todos los presentes. -Prometo amarte y serte fiel toda mi vida.
Que un mago extendiera sus votos más allá de lo acostumbrado sólo se explicaba si había verdadero amor en la relación y Lucius Malfoy acababa de prometer amor y fidelidad a su esposo -nada de eso era común en los casamientos arreglados de familias tan prominentes como las suyas-.
-Lucius, coloca tus manos en las palmas abiertas de Sirius-. La mirada de Lucius, colmada de amor, fue recibida por otros conmovidos ojos grises. -Sirius Orion Black, ¿recibes a Lucius Abraxas Malfoy como tu esposo?
-Yo, Sirius Orion Black, te recibo, Lucius Abraxas Malfoy, como mi esposo y me entrego a ti por completo: cuerpo, alma y magia-. Sabía que Lucius no esperaba que él imitara su gesto, pero quería hacerlo. -Y Prometo amarte, serte fiel y respetarte toda la vida-.
Con la varita apuntando a sus manos unidas, el Jefe de los Aurores proclamó:
-Los declaro unidos en matrimonio: un cuerpo, un alma, una magia-. Un movimiento de varita y el hechizo 'In Aeternum' concluyó la primera parte del Ritual.
Acto seguido, Sirius se colgó del cuello de su flamante esposo, para besarlo con todas las ganas, entre vítores y risas.
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Cada caricia se sentía como terciopelo y fuego, cada beso era agua y sed al mismo tiempo; estaban muy cerca los dos. -Lucius, ahora amor...
El mago no se hizo rogar y fue penetrándolo suavemente, tratando de no forzar los músculos, conteniendo la necesidad de enterrarse en el cuerpo caliente de Sirius. Se quedó quieto un momento.
-¿Estás bien?- Preguntó. Sirius sonrió, una mano dio una palmada al cachete posterior de su marido y la otra le bajó la cabeza para apresarle los labios.
-¡Muévete, rubio que me matas!- Lucius rió y obedeció. Los cuerpos húmedos de sudor, tensándose con cada embestida, ardientes, al límite de la explosión...
-¡Ahí...amor, ahí!- Gritó Sirius, tirando la cabeza hacia atrás y dejándole el cuello expuesto a los labios y a los dientes de Lucius.
El orgasmo más intenso de sus vidas -sellando la unión mágica proclamada por el hechizo del ritual del matrimonio-, los dejó temblando de placer, con la certeza de que estaban entrelazados de todas las maneras posibles y de que el vínculo era sólido y eterno. Cada uno de sus nervios había recibido una descarga deliciosa; se mantuvieron abrazados, tratando de recuperar el ritmo normal de la respiración, de sus latidos, del fuir de la magia al que sus cuerpos acababan de llevarlos.
Lucius salió cuidadosamente de Sirius, hizo un encantamiento de limpieza y volvió al abrazo.
-¿Feliz?- Preguntó Sirius, acariciando la frente húmeda de Lucius.
-Muy feliz. ¿Tú?
-Más...
xxxxxxxxxx Dulzura Letal, 20 de enero de 2011 xxxxxxxxxxxxxxxxx
