XXV
Declaración de guerra
La batalla es un fiasco. Ésa es la única palabra con la que Kakashi y —sabe— todos los asistentes pueden definirla.
Demasiadas limitaciones, un público exigente, una Hokage amenazante y un par de cabezas duras. Realmente no esperaba otra cosa cuando el combate comenzó.
Sabe que Naruto ha avanzado enormemente bajo la tutela de Jiraiya, y no duda que Sasuke lo ha hecho por su parte, y que los dos están ansiosos por demostrarle eso al otro, pero las condiciones de la Quinta hacen imposible una batalla como la que esos dos quieren, lo que da como resultado un patético intercambio de puñetazos y patadas, uno que otro jutsu y ya. Lo que frustra a todos, que sin duda mueren por ver una batalla real entre Sasuke y Naruto.
—Basta —gruñe Sasuke y se detiene en seco antes de dar una patada en el costado de Naruto.
El rubio se detiene también, aunque con un gesto confundido y sin saber qué más hacer.
—¿Qué? —pregunta Tsunade desde las gradas—, ¿no era esto lo que querías? Peleen.
—No —replica Sasuke con fuerza.
Kakashi pasa saliva, mira con cautela a la Quinta mientras busca cuál es la ruta más rápida de escape. Como Hokage, es claro que Tsunade no está acostumbrada a la palabra 'no' y que ésta venga de un muchacho que deliberadamente abandonó la aldea, sin duda no le hace la menor de las gracias.
—¿Qué? —repite la pregunta.
—Dije que no, ya no voy a pelear.
—¿Qué? —ahora es turno de Naruto—, ¿me tienes miedo, idiota?
—No lastre, lo que te tengo es lástima, pero no voy a ser parte de este patético espectáculo. Si voy a pelear contigo, será en nuestros términos, no en los de alguien más. Y en definitiva no para el entretenimiento de otros.
Nadie habla una vez que Sasuke acaba. La mayoría de los ninja empiezan a retirarse lo más disimuladamente posible, seguros de la reacción de Tsunade tras las palabras de Sasuke. Kakashi no puede evitar admirar el valor de su antiguo alumno —y su pésimo sentido de autoconservación—, pero reconoce que no podría esperar otra cosa, una muestra más de ese endemoniado orgullo Uchiha que jamás se quiebra. Lo echaba un poco de menos.
—Así que no seguirás —asume Tsunade.
—No —reitera el otro.
—Como sea, tengo cosas más importantes qué hacer. Se acabó el descanso, ¡todos a trabajar!
Kakashi contempla divertido cómo todos los ninja que aún quedan se dispersan después del llamado de la Quinta. Los únicos que no se mueven son él en el centro de la arena con Sasuke y Naruto, Hinata, Sakura y el compañero de Sasuke en las gradas. La Hokage le lanza una mirada confundida como preguntándose si acaso él no tiene también trabajo, pero no dice nada, hace un gesto a Shizune para que la siga de regreso a la Torre.
—¿Y ahora? —pregunta Naruto con un gesto desolado, definitivamente no era como esperaba que todo acabara.
—¿Quién tiene hambre? —pregunta Kakashi.
Los ojos de Naruto se iluminan.
—Ésa es una buena idea, Kakashi-sensei —dice Sakura que brinca en medio de la arena y hurga dentro de la bolsa que lleva consigo. Toma una libretita y garabatea en ella, arranca la hoja y la entrega a Sasuke.
—¿Qué? —cuestiona el Uchiha.
—Tú, Naruto y Kakashi-sensei irán de compras, Hinata, Jugo-san y yo iremos a casa de Naruto para preparar todo cuando lleguen.
—¿No Ichiraku? —se escucha lamentarse a Naruto.
—No Naruto —responde Sakura— creo que podemos hacer algo más significativo, el menú de Ichiraku no ha cambiado desde que Sasuke se fue. Además Hinata me ha dado la idea de preparar algo genial.
Las miradas se posan en la Hyuga que se acerca lentamente con Jugo, al darse cuenta que todos la miran, el sonrojo no es sorpresa, la sorpresa es que asiente lentamente mientras mira a cada uno.
—Es la primera vez que Sasuke-kun está en Konoha desde hace más de tres años, pensé que podríamos hacer algo especial.
Sakura sonríe complacida cuando —tras las palabras de Hinata— todos razonan y parecen estar de acuerdo, aunque Sasuke no se ve muy complacido con ser enviado al mercado de compras. Mas no se deja intimidar por esa mueca molesta, porque eso no es propio de ella.
—Muy bien, ustedes traerán todo, los esperamos en la casa de Naruto, y cocinaremos. ¿Qué dices Sasuke?, ¿invito a Ino y los demás?
—No —responde Sasuke de inmediato.
—¿Por qué no?
—No —Sasuke duda de su respuesta—, no tenemos mucho tiempo y...
—Está bien Sasuke-kun— interviene Hinata—, seremos sólo nosotros, pero debes prometer que la siguiente vez que vengas, nos reuniremos con todos.
Sasuke asiente y Sakura sonríe, admirada de ese poder convencimiento que posee la Hyuga. Se recuerda que si no fuera porque ella es incapaz de esa calmada forma de hablar, podría hacerlo; pero no importa, ella no es así y punto, hace ya un par de años que decidió que no trataría de ser alguien más que no sea ella.
—¿Vienes con nosotras, Jugo-san?
A la pregunta, el de cabello naranja mira al Uchiha como preguntándole, quien está por decir que no le importa lo que decida pero se detiene. Sasuke sabe que Jugo pasó mucho tiempo teniendo poco poder de decisión sobre su vida, y él se ha empeñado en demostrarle que puede decir, hasta con la más pequeña nimiedad.
—No tardaré más de una hora. Estarás bien con ellas, pero haz como tú decidas.
Jugo asiente primero hacia Sasuke, luego hacia ellas. Sakura imita el gesto con lentitud, sorprendida del tacto con el que Sasuke trata a su compañero, está segura que hace cuatro años se habría encogido de hombros y se habría alejado. No puede evitar preguntarse en qué otros sentidos pudo haber cambiado.
Los tres shinobi dan un espectáculo singular en el mercado callejero a donde acuden para surtir todo lo de la lista que Sakura les dio. Naruto mira avergonzado de un lado a otro, ansiando que nadie lo reconozca, para su frustración, Kakashi no parece molestarle en lo más mínimo que lo vean haciendo compras, sorpresivamente, Sasuke tampoco, no está contento, eso se nota de inmediato pero no trata inútilmente de ocultarse como Uzumaki.
Quizá lo peor —si hay algo peor para Naruto— es que sus dos acompañantes parecen saber lo que hacen mientras compran. Eligiendo las verduras con cuidado, como ha visto hacer a Hinata, o regateando los precios como suele hacer Sakura. Es irritante, porque no les importan las risitas que se escuchan a su alrededor. Se pregunta si reconocen al Uchiha, y si lo hacen, ¿por qué rayos no le molesta a Sasuke?
—¿Qué idiota?, ¿Chie ya no te prepara la comida?
—Chie aún trabaja con nosotros —replica Sasuke—, pero ella no va conmigo en las misiones, y hasta yo cocino mejor que Karin.
Kakashi no puede evitar mirar a Sasuke una vez que ha dicho esto, esa frase da mucha más información de la que —posiblemente— el Uchiha pretendía dar. Sasuke realiza misiones como parte de la Sangre, tiene un equipo, y… sabe cocinar. Aunque no es tan extraño como suena, él mismo tuvo que aprender por cuestión de necesidad, Naruto por su parte… descubrió la sopa instantánea.
—¿Karin?, ¿quién es Karin? —pregunta Naruto.
Y Sasuke desea haberse quedado callado.
—Una miembro de mi equipo en la Sangre —masculla malhumorado por tener que hacer mención de eso.
Naruto lo mira detenidamente, dándose cuenta que es la primera vez que se detiene a pensar en que Sasuke tiene una vida en la otra aldea, que en todos esos años ha continuado con su vida, y que la nostálgica posibilidad de que vuelvan a ser el mismo equipo siete, es poco probable.
Sasuke repasa la lista y decide que han terminado. Se gira a Naruto y Kakashi y contempla sus reacciones tras sus últimas palabras, se muerde un labio y mira aprisa hacia otro lado.
—Ya acabamos, vámonos.
NI Kakashi ni Naruto le discuten la decisión, en el camino de regreso, Naruto se deshace en preguntas sobre su equipo y cómo es la vida en la Sangre. El rubio tiene que admitirlo, está curioso sobre todo.
Kakashi también tiene curiosidad, y definitivamente más dignidad que Naruto, que lanza preguntas al azar con la ansiedad de quien quiere saberlo todo. Se sorprende de la paciencia con la que Sasuke responde a algunas, le es claro que el Uchiha no está contento explicándole cosas de cómo vive en aquella aldea, pero no se ha quedado mudo como tumba o ha lanzado maldiciones como el Sasuke de doce años hubiera hecho. Se pregunta si es algo cercano a la madurez.
—¿A dónde vamos? —pregunta Sasuke al reconocer el camino.
—A mi casa.
—¿Aún vives ahí?
—Me tomó casi tres meses convencer a la Abuela Tsunade de que me dejara vivir ahí —explica el rubio con orgullo.
Sasuke no sabe si maldecir o sonreír, son demasiados recuerdos los que llegan a él cuando ve aquella casa. Se fuerza a colocar una cara apática y asiente sin decir más.
—¡Hey, Hinata-ri, Sakura-chan!, ¡ya llegamos!
—Más fuerte Naruto, no te escucharon los Nara —murmura Kakashi.
Naruto suelta una carcajada y sonríe con ganas cuando ve a sus dos amigas abrir la puerta y recibirlos con sonrisas, nunca se cansará de esto, definitivamente.
Hace mucho que Kakashi no pasa tiempo con sus viejos alumnos, las pocas veces que han convivido ha sido en Ichiraku o en la Torre de la Hokage. Es la primera vez que lo hace en este contexto, donde la comida hay que prepararla y no sólo ordenarla. La cocina nunca ha sido su fuerte, pero sabe defenderse más o menos bien, sin embargo —y ya que siempre come solo— no es capaz de encontrar algo en qué ayudar, choca constantemente con Naruto y Hinata, que se mueven de un lado a otro bajo la dirección de Sakura, decide mejor hacerse a un lado y no estorbar. Mira con curiosidad cómo incluso Sasuke y ese chico, Jugo, se mueven con diligencia entre la cocina y el patio, que es donde cocinarán. Decide tratar de ayudarles pero se topa con lo mismo, sólo estorba.
Resignado y decidido a que mejor debe esperar, se acomoda en el marco de la puerta que da al patio, desde ahí puede ver el trabajo de los de adentro y de afuera, y se admira del grado de coordinación —y conocimiento— que tienen unos con otros. No puede evitar sentirse orgulloso.
Con tantas manos, la comida está lista en poco tiempo, todos toman asiento y entre plática y silencio, acaban con todo. Después viene otra ronda de preguntas de unos y otros, porque hay que decir que Sasuke también quiere saber de lo que Sakura y Naruto han hecho, y de lo nuevo que Hinata hace, incluso de Kakashi. Jugo no habla, él prefiere ir con las ardillas que viven en los grandes árboles que hay cerca.
La noche comienza a caer, Kakashi se despide, obllgado por el deber de una misión mañanera. Sakura y Hinata se despiden un poco más tarde, no pueden quedarse, no por falta de ganas sino de camas. Ambas se comprometen a estar a la mañana siguiente, antes de que Sasuke parta. Dan las buenas noches y se retiran.
Sakura llega a casa, va directo a la cama después de saludar a sus papás. Está cansada pero no duerme de inmediato, está confundida. Sigue cuestionándose qué pasa, supuso que la visita de Sasuke causaría más turbulencia en su persona, y sí, fue como un torbellino pero… pero…
Gruñe mientras rueda entre las sábanas tratando de dormir y no pensar.
A diferencia de Sakura, Hinata platica todo a su hermana y primo, y mientras Hanabi quiere oír todo lo que tiene que decir, Neji está más interesado en el modo en que lo dice.
En la casa de Naruto, él y el Uchiha ya tampoco hablan tanto, no hacen todas las preguntas que quisieran hacer ni dan todos los detalles que quizá el otro quisiera saber, porque si lo hacen —cada uno por su lado piensa— es como si creyeran que no volverán a verse jamás, y quieren pensar que no es así, que aún sin saber que pasará en el futuro, se verán de nuevo, y no una sino muchas veces más. Ya habrá tiempo.
O quizá no.
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—¿Y?
—Nada fuera de lo normal. No tendrás problemas en entrar.
—Bien —sonríe Obito.
—Hay algo más. Sasuke está en la Hoja.
El Uchiha voltea hacia Zetsu, está bastante sorprendido, después de lo mal que le ha ido las últimas semanas, ésa es una coincidencia que recibe con brazos abiertos, pues es una oportunidad en dos sentidos.
—Perfecto —musita sonriendo—, pensaba dar una lección a Itachi, ahora también será una advertencia. Quizá las cosas serán más rápidas así.
—¿Qué?
A la pregunta de Zetsu, Obito sonríe y mira a la distancia.
—Sasuke puede ser una forma de destruir a Itachi, o un interesante aliado en los eventos por venir. Me pregunto qué será mejor.
—¿De qué hablas?
—Tonterías —exclama Obito—, iré.
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Después de que el Kyubi atacó la aldea, Konoha desarrolló un plan de contingencia, en caso de que el bijuu escapara de nuevo, considerando la clase de jinchuriki que lo contenía. Era una estrategia detallada sobre lo que había que hacer en caso de que ocurriera. Año tras año se hicieron simulacros y se tomaron todas las medidas de precaución del plan, hasta que Naruto dejó de ser un mal tolerado y fue conocido por varios en la aldea, entonces la estrategia dejó de ser tomada en cuenta, y terminó por ser olvidada.
Esta noche Konoha echará de menos eso.
Un temblor sacude a todos los ciudadanos esa madrugada, y un rugido cimbra los edificios de la parte sur de la aldea. Los ninja por instinto, los civiles por autoconservación, todos despiertan. El primer derrumbe ocurre en una zona civil, a ése le siguen unos más. La primera línea de defensa son los ninja que patrullan las calles, y los ANBU en turno, pero ninguno sabe exactamente qué hacer, ninguno de ellos recuerda exactamente qué decía aquella vieja estrategia, la mayoría son novatos. Se miran entre sí, como esperando que alguien les diga qué hacer, conscientes que sus kunai y shuriken son inútiles ante la criatura.
En cuestión de minutos llega la siguiente ola de defensa, que son ninja más experimentados aunque no precisamente capacitados para lidiar con un Bijuu. Se dedican a evacuar a tanta gente como es posible y tratan de contener a la criatura, ellos tampoco saben cómo lidiar con ella pero sí son capaces de evitar que entre en un frenesí destructivo. Aquéllos que —o al menos eso creen— saben cómo combatirla están planeando, porque no hay mejor forma de victoria que un plan, aunque cuando el Kyubi apareció no tenían ninguno y ahora no hay un valiente Minato que salve el día. Si algo les ha enseñado la experiencia en Konoha, es que es suicida atacar a un enemigo que no comprenden, y aunque una muerte así podría considerarse heroica y ganarles un lugar en el memorial de los héroes, hay que decir que, como médica y Hokage, Tsunade ha tratado de infundir la idea de que un ninja vivo es mejor que un ninja muerto, y que las tonterías heroicas las dejen a otros. Un ninja vivo puede pelear otro día por su aldea, un ninja muerto no.
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—¡Vamos! —grita Hinata y toma con más fuerza la mano de Hanabi.
Voltea hacia atrás y asiente cuando Toshi le lanza una mirada desesperada, se ha encargado de evacuar el complejo Hyuga, que no está muy lejos de donde está atacando el Bijuu. Sabe que Neji se ha unido a los ninja que tratan de contener a la criatura, al igual que su padre, por tanto es a Hanabi —y por tanto a ella— a quienes corresponde velar por el bien del resto del clan. Llegan a un área abierta, afuera de las murallas, se asegura que haya varios Hyuga bien armados que se quedarán a cargo del resto ve a su hermana y le toma la mano.
—Estás a cargo.
—¿Qué? —exclama Hanabi— No puedes irte, no puedes dejarme.
—Tengo que ayudar, tengo que hacer algo.
—Pero esa cosa es muy peligrosa —replica la niña.
Hinata sonríe y niega con la cabeza.
—No voy a pelear contra el Bijuu, no tengo las habilidades para hacerlo pero puedo ser de utilidad en otras cosas.
—Voy contigo —dice Hanabi desesperada.
—No, tú serás la futura lideresa, tu obligación está con el clan.
—Pero… —parece que Hanabi llorará pronto— eres mi hermana y... y…
—Mi obligación está contigo —responde Hinata—, por eso debo ir. Mi deber es protegerte primero a ti porque soy tu hermana mayor, por eso debo proteger al resto del clan porque es nuestra familia y no seríamos nada sin ellos, y al final, debo proteger a Konoha porque es nuestro hogar, donde vivimos y donde está lo que queremos. Y quiero que seas feliz.
Las lágrimas de Hanabi son inesperadas, el abrazo no tanto pero sacude algo dentro de Hinata, Un temor que no es desconocido, el miedo de no volver a verla. Uno que ocasionalmente la asalta y trata de dominar, aunque aún no lo ha logrado.
—Estaré bien.
Hanabi asiente con fuerza, ahogando las lágrimas y esforzándose por sonreír.
—Cuidaré de ellos, aquí estaré esperándote.
Hinata se coloca la banda de regulación y corre de regreso a la aldea acompañada de Ko. Al llegar se encuentra con el caos que ha conocido en los ataques de las otras aldeas, ve al padre de Ino y Choji dirigir la evacuación,. También encuentra a Kiba y Shino, sin que deban explicarse los tres asienten, cada uno llama a integrantes de su clan que tratan de ayudar la evacuación y coordinan equipos para buscar gente que haya sido dejada atrás o esté atrapada, tal cual hicieron ya en las otras aldeas.
Hinata se atreve a ver a la distancia, donde otros ninja se esfuerzan por contener el avance. Está consciente que no hay nadie que posea la habilidad para confrontar directamente a la criatura y que es imposible matarla, el escalofrío de esa comprensión le recorre la espalda pero no se obsesiona con ese pensamiento. Hace ya tiempo que dejó de obsesionarse por cosas más allá de sus manos o por imaginar tormentas en donde no las hay.
—Vamos —apura a sus compañeros mientras enfoca su vista en los escombros que tiene delante.
Llegan juntos hasta un campamento improvisado donde atienden a los heridos más graves, distingue a Sakura entre el tumulto de ninja médicos que se apresuran entre los cuerpos heridos. Se miran sólo un momento, no hay palabras ni gritos pero entienden bien. Ambas están preocupadas y asustadas, y saben que lo único que pueden hacer para disminuir esas emociones es cumplir con el deber que han adquirido.
Así que Sakura ve a Hinata alejarse con sus compañeros de equipo mientras ella se vuelve a arreglar el cabello y frunce el ceño con lo que tiene delante, una complicada sucesión de procedimientos para retirar trozos de madera incrustados en el pecho de una mujer que no escapó a tiempo de la furia del Bijuu. Mientras sus manos se mueven acompasadamente entre las estacas y la carne, levanta la mirada de vez en vez para saber cómo continúa la situación en esa improvisada ala médica.
Hay varios médicos —ninja y civiles— mucho más experimentados que ella, pero el hecho de ser la discípula de la Quinta le da cierta categoría y autoridad, o al menos eso parece porque muchos le explican las acciones antes de realizarlas, como pidiendo su aprobación, y Sakura admite que es un poco agotador. Pero no lo expresa ni con un gesto, porque los heridos siguen llegando a ése y los otros puestos de ayuda. No ha tenido ni siquiera tiempo de preguntar cuál es la situación con el Bijuu pero los ruidos de destrucción a la distancia son un indicador preocupante.
—Llega otro Sakura-san —dice una civil que apoya como enfermera—, es una amputación doble.
Sakura asiente mientras toma un respiro, baja la vista y aprieta con fuerza la quijada al ver que es un chico de unos doce años. No puede evitar dirigir su vista al sitio del ataque y se pregunta dónde estarán los demás. La primer orden es que sólo los ninja experimentados deben acudir a contener al Bijuu, los más jóvenes deben apoyar en las medidas de evacuación y rescate. Su sensei se ha tomado muy en serio no arriesgar vidas jóvenes, pues ni siquiera ha ordenado ataques directos para tratar de derribar a la criatura, hasta ahora sólo se ordenó hacer lo posible por detenerla o al menos limitar el área que ataca. Ella y su Consejo están deliberando cuál será la mejor vía.
Tuerce un poco el cuello y comienza a trabajar, hace una cortada limpia y rápida, espera que ese chico no quiera ser un ninja, que —como su papá— crezca con aceptación de lo que le ha tocado padecer. Supone que ese pensamiento es una hipocresía, viniendo de ella que se ha negado a aceptar lo que en apariencia le había destinado la vida. Un miedo renace en su pecho ante esos pensamientos. Porque su ahora profundo conocimiento médico, le ha dejado más que claro lo frágil que es la vida humana, y que no importa lo hábiles que sean, en cualquier momento todo shinobi puede morir o ser incapacitado de hacer lo que sueña con hacer.
Sacude la cabeza, ha terminado. El chico estuvo inconsciente todo el procedimiento, lo alejan de su mesa de trabajo, la madre llora desconsoladamente mientras toma la mano del muchacho. Rememora las escenas de las aldeas que han sido atacadas, de cómo toda la población sufre las consecuencias y se pregunta —como muchos otros— si este evento es una nueva forma de ataque. Le aterra pensar que sea así porque aunque no recuerde, ha oído bastante de la llegada del Kyubi y es conocimiento general que un Bijuu no puede ser eliminado.
—Tomaré un descanso —musita y se hace a un lado para que otro médico ocupe su puesto.
Está exhausta, no sabe exactamente cuanto tiempo ha pasado desde la primer ola de destrucción que la despertó pero desde entonces, siente como si hubieran pasado muchas horas aunque sabe que no ha sido tanto. Es una sensación distinta a la de una misión, sólo que la comprensión de que toda esa adrenalina y sensación de peligro vienen de la aldea propia, sigue siendo un poco perturbador.
Escucha con preocupación que la criatura ha avanzado. Sabe que ninguno de sus amigos está cerca, o al menos la mayoría, que han tenido una tarea específica, entonces repara en Naruto y Sasuke, y se sorprende y horroriza de darse cuenta que no había pensado en ellos cuando la crisis comenzó. Deja a un lado el pensamiento de Sasuke en específico y se enfoca en uno más preocupante: esos dos están juntos.
Coincidentemente, Tsunade ha tenido esa preocupación los últimos diez minutos minutos, que es el tiempo desde que alguien le reportó que Naruto y Sasuke fueron detenidos camino a encontrarse con el Bijuu.
Gruñe frustrada, una de las primeras cosas que tuvo claro en cuanto tomó el poder fue que salvaría tantas vida como pudiera, y todo funcionaría bien con eso si no fuera porque hay algunos necios que parecen empeñados en acabar su vida pronto, y del modo más estúpido posible; en la presente contingencia, se trata —claro— de Naruto y Sasuke. Se arrepiente de haber permitido la entrada de Sasuke a la aldea, quizá de no haberlo hecho, Naruto habría sido un poco menos cabeza hueca.
La Hokage llega acompañada de Shizune, su guardia ANBU y otros jonin y chunin, recibe el reporte del jonin a cargo de la operación de contención y después de un asentimiento de aprobación se dirige a donde el conflictivo par discute tratando de convencer a los otros que los dejen ir y enfrentar al Bijuu.
—¿Y por qué habría de dejarlos? ¡Son unos idiotas!
—¡Abuela! —exclama Naruto—, ¿no ves que somos la mejor opción?
—Ustedes, ¿la mejor opción? —pregunta la rubia sarcásticamente—, ¡no se dan cuenta de la gravedad de la situación!
Tsunade da una señal para que un nuevo grupo de ANBU se una a los otros que tratan de dirigir a la criatura lejos de la aldea. Katsuyu se encarga de atender a los heridos más serios que aún no han podido recibir atención médica, guarda su chakra para la única opción que ve viable en esta situación. Porque no poseen el poder para eliminar al Bijuu, tampoco para sellarlo, así que lo único que pueden hacer para evitar que Konoha sea reducida a escombros, es sacar a la bestia de la aldea y entonces, ella tendrá que atacar directamente, con la esperanza de que su poder sea suficiente para dominarla. Si no es por un proceso de sellado, la única forma de derrotar a un Bijuu es por agotamiento.
Discute un par de minutos con Naruto. Ella va perdiendo la paciencia porque la situación se está volviendo más grave con cada segundo, y esos dos no parecen entender.
—Todos saben que sólo el Sharingan puede controlar a una bestia con cola, y que los Bijuu no se atacan entre sí —interrumpe Sasuke con voz calmada—. Y justo eso es lo que vamos a intentar. Lo mejor para todos es que nos permitan actuar.
Tsunade aprieta sus puños, frunce el ceño y muestra los dientes, Shizune y los ANBU que la siguen retroceden instintivamente al ver su expresión de irritación. No es para menos, porque la mujer está furiosa tras las palabras del Uchiha, por el modo calmado y casi desinteresado que las dice, como si él fuera el sensato y ella la necia.
—Su punto no es malo, Tsunade-hime —interviene Shikaku que llega acompañado de su hijo—. Parece que es la única solución viable.
—¿De verdad, Shikaku?, ¿esa locura es tu consejo?
El antiguo Jefe de Policía da un empujón a su hijo, quien tuerce la boca y gruñe, luego mira a Tsunade a los ojos y suelta un suspiro.
—Fue mi idea, Naruto es capaz de razonar con el Kyubi dentro suyo desde hace casi tres años, no puede controlar el poder pero sí una parte de su chakra. Si Naruto puede hablar con un Bijuu, tal vez pueda hablar con otro. También está el Sharingan, el de Kakashi no puede ser usado de ese modo, pero Sasuke está aquí, no tengo idea si alguna vez lo haya intentado pero es mejor intentar que no hacerlo. Él puede calmar a la bestia, Naruto hablar con ella.
Tsunade ignora por un instante la desesperación de la situación, y se permite unos segundos de admiración por el joven y holgazán Nara.
—Así que su estrategia no era pelear sino hablar —musita incrédula a Naruto y Sasuke.
Los dos idiotas se miran y no dicen nada. Claro, esos dos sí iban a pelear, sin un plan claro sólo confiados en sus particulares habilidades. Ahora que Shikamaru ha dado un plan sensato y coherente, ella está obligada a confiar. Porque los consejos de su Consejo —o el más viejo— apuntan a la pelea, Danzo y Koharu recomiendan atacar, mientras que otros como Shikaku recomiendan otras vías. Es el cambio de generación, se dice.
—Vayan —dice tras unos segundos de hesitación
Naruto y Sasuke no pierden tiempo.
—¿Está segura de esto, Tsunade-sama?
A la pregunta de Shizune, la Quinta niega.
—No, pero Shikamaru tiene razón, ahora sólo nos queda confiar en ellos, y cuidar que no se maten. Vamos.
Ella y los demás ninja van tras Uchiha y Uzumaki.
La adrenalina que recorre el cuerpo de Naruto es bien conocida, porque cada vez que va a entrar en combate con un oponente espectacular la siente, nota con curiosidad que esta vez el zorro comparte su emoción, por lo regular es mera indiferencia. Sabe que no es sólo por la idea de estar frente a frente con un Bijuu sino porque va a pelear lado a lado con Sasuke, por primera vez en muchos años. Cuando llegan delante de la bestia, se da cuenta del grado de destrucción que se ha inflingido en su aldea, eso hace que su temperamento hierva, siente cómo el zorro se ríe, alegando que no sea infantil, que ese Bijuu no está en pleno estado de consciencia, porque alguien lo ha manipulado.
Eso es información valiosa.
—Alguien trajo aquí al Bijuu, no lo controla pero sí lo ha hecho antes —dice a Sasuke.
Naruto contempla el movimiento errático del Tres colas. Por obligación, ha estudiado a las bestias con cola, y ahora es capaz de identificarlos y conoce un poco de sus habilidades, y gracias a eso sabe que son afortunados porque el única agua de la que puede disponer es la del río, y ahora está muy lejos de él.
[Está adolorido, está debilitándose. Pelear fuera del agua no le hace bien.]
Asiente, y nota las señales que confirman las palabras del zorro. Sonríe satisfecho, su relación con él está lejos de ser buena pero ha progresado muchísimo si se compara con lo que era hace unos años. El Kyubi casi nunca le obedece, pero jamás le ha negado el uso de su chakra cuando está en un momento de verdadera necesidad.
—Muy bien, ¿cuál es el plan?
—¿Y yo que voy a saber? —espeta Sasuke— Fue tu idea.
—Pero estuviste de acuerdo.
Naruto sabe que él no es estratega, él es ninja de ataque y aunque eso le ha servido bastante bien, es porque casi siempre tiene alguien que le guíe. Oye a Sasuke bufar y aclarara su garganta.
—Nunca lo he intentado, pero evidentemente tenemos que estar delante de él. Vamos.
Cuando finalmente llegan delante del Bijuu, ve a Sasuke atraer su Sharingan mientras él retrocede sin estar seguro por qué. Ha visto el límite de sangre en Sasuke muchas veces, pero verlo en esta versión mayor le intimida de un modo que no puede describir. Siente un cambio en la energía del Tres colas, se da cuenta que el kyubi se estremece también.
—Si esto funciona como creo —escucha a Sasuke murmurar inseguro—, lo detendré, y tú trata de razonar con él.
Naruto jura escuchar a Sasuke pasar saliva mientras avanza hacia el Bijuu. El rubio mira dentro de sí, y el efecto que el Sharingan tiene en el Kyubi, que por primera vez en mucho tiempo, Naruto siente inseguro.
El Tres colas se sacude con furia, pero no invoca ninguno de sus poderes se queda ahí, tenso delante del Uchiha, una escena demasiado ridícula si se comparan las dimensiones pero Naruto no puede evitar la ola de respeto por el Uchiha, sabe que no es suya sino del Nueve colas que reconoce el poder de los ojos de Uchiha.
Los pasos de Sasuke parecen seguros y firmes, pero él puede sentir sus rodillas a punto de doblarse bajo su peso, el sudor recorrer su espalda y el loco latir de su corazón. La historia de Madara y el Kyubi es el detonante de la desgracia de los Uchiha en Konoha, pero también una de las razones por las que su clan es tan respetado, nadie niega el hecho de que el viejo dominó al más poderoso de los Bijuu. Cuando Naruto le dijo que quizá podía hacerlo, Sasuke se negó al principio, pero la curiosidad pudo más que su sensatez, y ahora que está delante de la mítica criatura sólo desea golpear a Naruto —si sale vivo claro.
Él llegó a Konoha sólo como una parada camino a su misión, y para cumplir lo dicho a Hinata, evidentemente no esperaba enrolarse en una batalla, y —lo más extraño— para defender a la aldea que abandonó. Bueno, no todas las cosas que hace son basadas en la razón y la lógica.
Frunce el ceño cuando se siente tambalear, ignora la renovada debilidad de sus piernas y avanza algunos pasos. De pronto un estremecimiento le recorre y una presión enorme aparece en sus ojos, ha tenido éxito. La criatura deja de sacudirse y lo mira con su único ojo. Sasuke avanza otro paso y esta vez el Bijuu retrocede, es casi imperceptible pero lo hace.
—Naruto —murmura Sasuke—, apresúrate, no creo poder mantenerlo mucho tiempo.
—Sí, sí… eh, ¿qué hay Tres colas? —musita Naruto y Sasuke quiere darle un golpe.
—¿Es lo mejor que se te ocurre?
Naruto se rasca la cabeza.
—¿Qué quieres? —pregunta el rubio, mientras recuerda la primera vez que preguntó eso al Kyubi.
—¿Qué quiero?—se escucha una gruesa voz.
—Sí, creo que si nos dices qué quieres, podemos arreglarlo sin que destruyas nuestra aldea.
—¿Crees que quiero destruir este horrendo lugar?
—Y si no quieres eso, ¿qué haces aquí?
—¿Crees que elegí venir aquí?
—No lo sé.
[Si tuviéramos la oportunidad, ninguno de nosotros elegiría estar en una aldea dice el Kyubi aún menos a la Hoja, cuna de los Uchiha]
—Y entonces…
—No estoy aquí por elección pequeño zorro, ni siquiera sé por qué cómo vine a dar aquí. Todo ha sido muy confuso últimamente.
—¡Naruto! —se escucha el grito de Sasuke—, ¿qué estás esperando?
—¡¿Qué parece que estoy haciendo?! —replica él.
—¡Nada! —gruñe Sasuke— apresúrate.
—Él no puede oírme pequeño zorro, sólo un Jinchuriki puede oírnos. Qué patético, ser controlado por dos Uchiha, pensé que tú eras la vergüenza por haberte permitido ser controlado, pero mírame, primero ese viejo y ahora este niño.
[¿Y crees que lo hice sin pelear? gruñe el Kyubi.]
—Sí, yo también peleé, pero no bastó. Malditos Uchiha, maldito Sharingan.
—Sasuke no te desea mal, sólo queremos que dejes de destruir Konoha.
—Sólo trato de irme—bufa el Bijuu—. Éramos un regalo, y nos convirtieron en un arma.
Naruto abre bastante los ojos y jura que puede sentir una ola de melancolía, del Tres colas y el Nueve dentro suyo.
—No quiere pelear —dice Naruto.
Sasuke lo mira confundido, Tsunade y los demás están a corta distancia, lo oyen también.
—Sólo quiere irse a casa.
Hay un cambio en el chakra del Tres colas, Sasuke sabe que ha perdido el control y la criatura se sacude violentamente, mientras lanza a Naruto y Sasuke lejos, el rubio se da cuenta que sigue siendo controlado, sólo que ya no es por Sasuke.
—¿Qué ocurre? —grita a la criatura.
[No puede ser] exclama el Kyubi [¡corre, corre estúpido!]
Como es de esperarse, Naruto no se mueve ni un paso, la Quinta y los demás están a su lado. Sasuke se sacude el polvo y se une a ellos.
—¿Qué pasó?
—Alguien, alguien más lo está controlando —masculla Naruto mientras siente al Nueve colas retorcerse en su interior.
El Bijuu se sacude, todos tienen que retroceder para evitar ser golpeados, repentinamente se detiene como cuando Sasuke lo dominó.
—De lo bueno, surge lo malo, y de lo malo, lo peor —dice una nueva voz—. Aplaudiría su notable esfuerzo, ninja de Konoha, pero no es algo bueno para mi. Se suponía que sería divertido, un poco de destrucción por los viejos tiempos, sacudir un poco al gran árbol y dejar que las hojas caigan. Admito que fue una sorpresa que estuvieras en la aldea, Sasuke, pero lo que ha sido toda una revelación ha sido ver lo que han sido capaces de hacer, ustedes dos. Si tan solo, si tan solo el escenario fuera más a mi favor, sería un momento dorado para tomar al Kyubi.
Finalmente Naruto retrocede algunos pasos, Kakashi y Gai se colocan delante de él instintivamente. El rubio puede sentir la ira del Nueve colas, le oye mascullar maldiciones y escupir odio por ese hombre. Poco a poco las piezas toman lugar.
—¿Madara? —murmura Naruto.
—¡Bravo! —exclama el hombre— y todos dicen que eres lento. Así es, soy esa persona.
—¡Imposible! —exclama Tsunade.
—No hay tal cosa para los Uchiha, ¿o no, Sasuke-kun?
—No puedes ser Madara —sisea Sasuke.
—No puedo ser muchas cosas, pero sí otras.
—¿De qué demonios hablas?
—Ya llegará el momento de las presentaciones y las explicaciones —dice Obito con su mejor tono burlón—, por ahora tengo que irme. He cumplido mi objetivo, ya nos veremos después —Dirige la mirada al Tres colas y ambos desaparecen.
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Reaparecen en su refugio, mientras se encarga de sellar al Bijuu golpea con furia la estatua que debía contener a todas criaturas con cola.
—Eso fue una estupidez —dice el Zetsu negro—, Madara no estará contento.
—¡Yo no estoy contento! —gruñe Obito— esto es un desastre. Maldito Itachi.
—Pero él va a morir pronto —dice la parte blanca.
—Pero ellos siguen teniendo la mayoría de los Bijuu.
—No es cierto. El dos, ocho y nueve colas siguen libres, tu tienes al Tres y Un colas. Si los reúnes y atacas.
Obito mira a Zetsu, luego a la armada de miles de ellos que yace bajo sus pies.
—Sí, podría ser —musita el Uchiha.
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Hay un largo silencio una vez que la criatura se ha ido. Konoha ha recibido el segundo ataque de una bestia con cola. La destrucción es masiva en una buena sección de la Hoja y la cantidad de muertos y heridos aún por precisar. Tsunade y los demás presentes saben que ese ataque no es como los ocurridos en las otras aldeas, pero hay una preocupante similitud.
Las discusiones y diferencias se hacen a un lado, todos los ninja y civiles de Konoha acuden a ayudar. Sakura debe redoblar esfuerzos para continuar con la atención médica. Hinata casi se desvanece por hacer uso excesivo de su Byakugan mientras busca heridos. Naruto se une a los equipos que aseguran el terreno. Sasuke se ha ido, se fue con la promesa de regresar lo más pronto posible con ayuda de la Sangre.
La mañana comienza a nacer y la noticia del ataque a Konoha recorre todos los países.
Son casi las diez de la mañana cuando llegan los primeros equipos de apoyo.
Sakura duerme, agotada después de desmayarse mientras atendía un herido.
Hinata descansa con Hanabi, ambas están en la mansión Hyuga que no fue dañada, misma que ha sido abierta para recibir a heridos.
Naruto come ramen frío acompañado de Konohamaru e Iruka, Kakashi duerme a un lado suyo.
Cerca del medio día llegan noticias inquietantes de la costa. Nadie tiene claro de qué se trata, los nombres del País del Rayo y del Agua se escuchan con insistencia. Kirigakure y Kumogakure también.
Es poco después de las seis de la tarde cuando Sasuke vuelve a aparecer, esta vez no viene solo, al menos veinte ninja de la Sangre vienen con él. La mayor parte de ellos son del clan Shionoya, que se especializa en la manipulación del elemento tierra. Quizá no es tan glamoroso como el manejo del elemento madera de Yamato, pero será útil para una rápida reconstrucción.
La noche ha caído cuando llega la noticia temida, la que involucra a la Nube y la Niebla.
El País del Rayo ha declarado la guerra al País del Agua.
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