Hola hola jeje spero les guzte el capii
Recuerden de que nada me pertenece. La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 25
—Sí... y enfrentarse a sus hermanastros. Sola —sintió que el miedo le ceñía la garganta—. Jasper...
—Utiliza la lógica —replicó él ásperamente, intentando contener el temblor de la voz de Alice.—. Si esos tipos están metidos en esto, y yo diría que así es, eso significa que tienen un cliente, un comprador. Y necesitan las tres Estrellas. Ella está a salvo mientras no las consigan. Está a salvo mientras nosotros estemos fuera de su alcance.
—Pero estarán desesperados. Puede que la estén reteniendo en alguna parte. Puede que le hayan hecho daño. Puede que la hayan matado.
—Sí, pero de eso a matarla hay un buen trecho. La necesitan viva, Alice, hasta que consigan los tres diamantes. Y, por lo que acabas de contarme, tu amiga puede que tenga un lado frágil, y puede que sea ingenua, pero no es tonta.
—No, no lo es —intentando dominarse, Alice miró el teléfono que tenía sobre el regazo. La llamada, se dijo, no era sólo un riesgo para ella, sino para todos ellos—. Si quieres seguir hasta Nueva York antes de que use esto, no me importa.
Él extendió un brazo y le apretó la mano.
—No vamos a ir al estadio de los Yankis, por más que te empeñes.
—Ahora no estoy en deuda contigo sólo por mí. Debería haberme dado cuenta antes. Estoy en deuda contigo por Bella, y también por Rosalie. Las he puesto en tus manos, Jasper.
Él retiró la mano y agarró con fuerza el volante.
—No te pongas sentimental, cariño. Me saca de quicio.
—Te quiero.
El corazón de Jasper describió un salto mortal en su pecho, haciéndole suspirar.
—Demonios. Ahora supongo que querrás que yo también te lo diga.
—Supongo que sí.
—Te quiero. ¿Qué significa M.B.?
Ella sonrió, como él esperaba.
—Mira, Jasper, la pasión y las declaraciones de amor son una cosa, pero aún no te conozco lo suficiente para decirte eso.
—Martha Bane. Estoy convencido de que es Martha Bane.
Ella dejó escapar un soplido.
—Te equivocas. Has perdido este asalto. Espero que la próxima vez tengas más suerte.
Tenía que haber una partida de nacimiento en alguna parte, pensó él. Y él sabía cómo buscarla.
—Está bien. Háblame de Rosalie.
—Rose es una chica complicada. Es absoluta, increíblemente guapa. Y no exagero. He visto a hombres maduros convertirse en bobos balbuceantes con sólo un destello de sus ojos azules.
—Estoy deseando conocerla.
—Seguramente tendrás que tragarte tus palabras, pero no importa, no soy celosa. Y eso que es un fastidio ver cómo se derriten los tíos en cuanto ven a Rosalie. Estuviste viendo las fotos de mi cartera cuando me registraste el bolso, ¿no?
—Sí, eché un vistazo.
—Pues hay un par en las que estamos las tres.
Él intentó recordar. Y prefirió no decirle que apenas se había fijado en la rubia, ni en la morena. La de pelo corto era la que le había llamado la atención.
—La rubia..., ésa que lleva un absurdo sombrero en una de las fotos.
—Sí, eso fue el año pasado, en ese viaje a Arizona. Nos la hizo un turista. En cualquier caso, Rosalie es preciosa y creció entre algodones. Y huérfana. Perdió a sus padres muy joven y se fue a vivir con una tía. Los Hale son asquerosamente ricos.
—Hale... Hale...—su mente giró en círculo—. ¿Los de los grandes almacenes?
—Los mismos. Son ricos, rancios, engreídos y pretenciosos. A Rosalie le encanta escandalizarlos. Esperaban que Rosalie acabara sus estudios en Radcliffe, hiciera el viaje preceptivo por Europa y se casara con algún tipo convenientemente rico, rancio y vanidoso. Pero ella no estaba dispuesta a cooperar, y dado que tiene montones de dinero, le importa un comino lo que piense su familia —hizo una pausa, pensativa—. Pero creo que también le importaría un carajo si estuviera arruinada. A Rosalie no le importa el dinero. Disfruta de él, lo gasta a manos llenas, pero no siente respeto por él.
—La gente que trabaja para ganar dinero sí lo respeta.
—Rose no es una de esas ricachonas que no hacen más que crear fundaciones —dijo Alice, poniéndose de inmediato a la defensiva—. Pero no le importa lo que piense la gente de ella. Hace muchas obras benéficas..., pero discretamente. Para ella, es un asunto privado. Es una de las personas más generosas que conozco. Y es muy leal. Pero también es contradictoria y caprichosa. Cuando se le antoja, desaparece unos días sin decirle nada a nadie. Simplemente, se va. A Roma..., o a Duluth. Simplemente, siente la necesidad de largarse. Tiene una casa al oeste de Maryland. Supongo que podría decirse que es una casa de campo, pero es pequeña y muy linda. Tiene un montón de terreno y está muy aislada. No hay teléfono, ni vecinos. Creo que este fin de semana pensaba irse allí —cerró los ojos e intentó recordar—. No sé si sabría encontrar el sitio. Sólo he ido una vez, y conducía Bella En cuanto salgo de la ciudad, todas esas carreteras rurales me parecen la misma. Está en las montañas, cerca de un parque forestal.
—Puede que valga la pena averiguarlo. Ya veremos. ¿Acudiría a su familia si estuviera en un lío?
—Puede que en última instancia.
—¿A algún hombre?
—¿Para qué iba a depender de alguien que se derrite en cuanto ella sonríe? No, no acudiría a ningún hombre.
Jasper se quedó pensando en eso un momento y luego, recordando, parpadeó y sonrió.
—Rosalie Hale..., Miss Abril de la Liga de la Hiedra. Fue el sombrero de la foto lo que me despistó. Nunca olvidaría esa... cara.
—¿De veras? —dijo ella con la voz tan seca como el polvo, y se volvió a mirarlo por encima de las gafas de sol—. ¿Pasas mucho tiempo babeando encima de pósters de chicas, Withlock?
—Babeé con el de Miss Abril —reconoció él alegremente, y se pasó una mano por el corazón—. Dios mío, eres amiga de Miss Abril.
—Se llama Rosalie, y posó para ese póster hace años, cuando estábamos en la universidad. Lo hizo para pinchar a su familia.
—Alabado sea Dios. Creo que todavía tengo esa foto en alguna parte. Ahora tendré que mirarla más detenidamente. Qué cuerpo —recordó calurosamente—. Las mujeres así son un regalo para la humanidad.
—Quizá deberías apartarte al arcén para que tengamos un momento de reflexión.
Él la miró y sonrió.
—Vaya, Alice, tienes los ojos más verdes. Y decías que no eres celosa.
—No lo soy —normalmente—. Es una cuestión de dignidad. Estás teniendo pensamientos lascivos y repugnantes con mi mejor amiga.
—Repugnantes, no, lo prometo. Lascivos, quizá, pero no repugnantes —Jasper aguantó el puñetazo en el brazo sin rechistar—. Pero es a ti a quien quiero, cielo.
—Cállate.
—¿Crees que me firmará la foto? Puede que encima de...
—Te lo advierto.
Una broma era una broma, pensó Jasper, pero no había que tentar la suerte. Salió de la 15 y se dirigió hacia el este.
—Espera, creía que íbamos a Pennsylvania a llamar.
—Acabas de decir que Rosalie tiene una casa al oeste de Maryland. No sería sensato dirigirse hacia allí en este momento. Cambio de planes. Vamos a ir primero a Baltimore. Adelante, haz esa llamada. Creo que nos hemos despedido para siempre de nuestro pequeño paraíso en el motel —le sonrió y le dio una palmadita en la mano—. No te preocupes, cielo, encontraremos otro.
—Pero no será igual. Espero —añadió, y marcó atropelladamente—. Está sonando.
—Date prisa, y no le digas dónde estás. Dile sólo que vaya a un sitio público, a una cabina, y que te llame.
—Yo... —lanzó una maldición—. Su contestador. Me lo temía —se golpeó con impaciencia la rodilla con el puño mientras la voz grabada de Rosalie fluía a través del aparato—. Rosalie, contesta, maldita sea. Es urgente. Si llamas para oír tus mensajes, no vuelvas a casa. No vayas a casa. Ve a una cabina pública y llámame al móvil. Estamos metidas en un lío. En un lío muy gordo.
—Cuelga, Alice.
—Oh, Dios. Rose, ten cuidado. Llámame —desconectó y dejó escapar un pequeño suspiro—. Estará en las montañas..., o a lo mejor se le ha antojado irse a Londres a pasar el puente. O estará en la playa, en las Bahamas. O... o tal vez la hayan encontrado.
—No parece fácil seguirle la pista. Yo me inclino por la primera opción —se desvió hacia la autopista interestatal, en dirección norte—. Vamos a dar unas cuantas vueltas. Luego pararemos a llenar el depósito. Y compraremos un mapa. Veremos si consigues recordar dónde está el escondite de Rosalie en las montañas.
La idea aplacó los nervios de Alice.
—Gracias.
—Conque es un sitio aislado, ¿eh?
—Sí, está en medio del bosque, y el bosque está en medio de la nada.
—Mmm. Supongo que no se paseará por allí desnuda —se echo a reír cuando ella le dio un puñetazo—. Sólo era una idea.
Hola hola ke tal vamos? jeje les agrado el capi?
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byee
