Disclaimer: Todos los personajes de esta historia NO ME PERTENECEN, son creaciones de la fabulosa Stephenie Meyer, yo solo los tomo y armo mi propia historia.
Advertencia: Este fic, puede contener escenas o lenguaje adulto, las/os menores que se animen a leerlo quedan bajo su propia responsabilidad, quedan advertidos.
► MY BIG LOVE THAT DOESN'T LOVE
CHAPTER 25
Limones – I.S POV
—¡Oh, Bella, estás tan hermosa! —dijo Renée y estrechó mi cuerpo con fuerza, por enésima vez en la noche. Sonreí tímidamente entre sus brazos y devolví el gesto, convencida realmente que el sentimiento era mutuo.
Solo fui capaz de comprender cuánto necesitaba a mamá cuando el tacto de su cuerpo envolvió al mío y una tempestad de emociones azotaron mi pecho, comprimiendo mi garganta y nublando mis ojos por completo. Renée seguramente pensó que algo malo me pasaba cuando no logré soltar su cuerpo, luego de los segundos normalmente estimados para sostener a alguien en un abrazo. Entendí que añorar, extrañar y necesitar no se asemejan para nada a lo que realmente me atravesaba.
Vi a Charlie tragar grueso varias veces en la noche, cada vez que ella se acercaba a decirme cuán bonita me veía, que ya no era su niña, cuánto me extrañaba y que él estaba haciendo un trabajo estupendo cuidándome. Para mí, nunca fue una novedad saber que él aún amaba a Renée. Pero la revelación de esa noche se presentó cuando nos vi a los tres, sentados en la pequeña sala de papá. Todo y nada a la vez tuvo sentido. Toda mi existencia se vio reducida en un pequeño instante que marcó mi alma a fuego, una entrañable escena que jamás olvidaría.
—Charlie, ¿acaso tú no la ves tan hermosa como yo? —Papá dejó el tenedor caer a un lado de su plato y me vio con nerviosismo, tragó saliva y asintió, desviando la mirada demasiado rápido. Aún para el jefe, ese contacto fue realmente profundo.
—Mamá, por favor. Ya basta —solté, engullendo el pastel de verduras que había cocinado.
—Digo la verdad, y no es solo porque eres mi hija, cualquiera diría lo mismo —terminó orgullosa; solo pude revolear mis ojos y cruzar miradas con Charlie, quien intentaba cenar, apartándose de todo lo que lo rodeaba. Aunque mamá jamás lo dejó irse demasiado lejos.
—¿Cómo fue el viaje? —cambié su atención, me ponía impaciente ser su único tópico.
—Desastroso, como todos los viajes en este país si eres pobre. —Sonrió—. El vuelo estaba sobrevendido, estuve a punto de no llegar para esta fecha, pero logré solucionarlo. Mi maleta casi vuela a otro destino. —Suspiró y torció la mirada, ofuscándose por la situación—. Pero ya estoy aquí y eso es lo que importa. —Sus dedos dibujaron una línea suave por mi frente, apartando el cabello de mi rostro. Volví a ver a mamá a los ojos, y los años dibujaban en ella millones de experiencias, culpa de la vitalidad que emanaba su personalidad.
—¿Qué tal te fue hoy en el colegio? —Aposté que a mamá le llevaría un día entero descubrir la existencia de Edward en mi vida, y preguntas como ésta delante de Charlie me harían perder muy pronto el equilibrio.
—Estuvo bien. —Estúpidamente mis ojos tenían que asegurárselo a papá, y él no perdió de vista mis gestos. No estaba completamente segura de si él podría ser capaz de leer detrás de mis palabras, pero Renée no tardaría mucho en someterme a sus interrogatorios, lo que es más, terminaría descubriéndolo sin que yo suelte una palabra.
—¿Solo bien? Diablos, Bella, volé miles de kilómetros para escucharte decir oraciones más largas. Nena, el billete de avión es costoso. —Me apuntó con el tenedor. Reí y escuché como papá bufaba por lo bajo.
—Realmente no hay mucho qué decir, de verdad. Fui a clases, almorcé, tuve clases nuevamente y volví a casa. —Retorcí los dedos en mi regazo. Lamentablemente odio mirar a la gente cuando oculto cosas, y resulta muy sencillo para los demás caer en la duda sobre mis palabras.
—Tendrás que ser mucho más detallista en estos días que esté en Forks, porque no creo que Charlie quiera explayarse conmigo, ¿no es así? —Soltó una carcajada que papá detuvo, frunciendo el entrecejo—. Es broma Charlie. ¿Dormirás en el sofá? ¿Aún tienes el colchón de plumas? —Tragué saliva y recorrí el semblante de papá. Incómodo se movió en su silla, esperando que Renée dejé de inquietarlo; pero ella, aún esperaba sus respuestas, instándolo a contestar.
—Esperaba que el clima tropical te cambiara la cabeza de chorlito que tienes, Renée. —Hundí el rostro en el vaso de jugo.
—¡Oh, Charlie, extrañaba tanto fastidiarte! —Papá la vio incrédulo y se levantó del asiento, llevando su plato al lavadero—. Ya verás cómo cambia de humor con los días —susurró a mi lado.
Charlie escapó de la cocina y nos dejó terminando nuestra cena a solas.
—Cuéntame sobre Edward —soltó Renée, codeándome.
Con mi último bocado de pastel se fue la apuesta del día entero.
.
.
.
Limones - E.C POV
—¡Rachel! —gritó Esme cuando nos vio atravesar la puerta de entrada. Jamás había visto a mi madre correr hacia ninguno de nosotros, supongo que la ausencia de Rei realmente se sintió en la casa. Sobre todo cuando dejó de asaltar la nevera de la familia.
—¡Ah, Esme! Te he extrañado tanto —soltó Rei, acunando el rostro de mamá. Ella con ojos aguados y labios apiñados besó sus mejillas y la arrastró al sofá del living.
—¡Edward! —gritó, volteando y buscando mi rostro—. Ve por algo para beber, por favor ¿Tienes hambre? ¿Cuándo llegaste? Oh, Rei, tenías que haberme avisado, te hubiésemos preparado algo especial para recibirte. ¡Edward, las bebidas! —me apuró, mi amiga soltó una carcajada y me guiñó un ojo.
—Sí, Edward, las bebidas —agregó, sacando la lengua. Negué, arrastrándome hacia la cocina y buscando en la nevera un par de latas de cerveza. Hoy no me dirá nada, Rei está acaparando la atención.
Llegué a sentarme delante de ambas mientras Alice venía con sus manos llenas de croissants y galletas dulces. Ambos vimos que nuestros aperitivos no cuadraban, pero ninguno de los dos quiso levantarse a buscar algo más.
—¿Qué es eso? —dijo Esme, mirando inquisidoramente a las cervezas y a mí.
—Se llaman cervezas —digo, batiendo una en su rostro. Rei muerde sus labios y niega, pidiendo detener mi pericia de alcohol por la tarde.
—En tus sueños, Edward Cullen, no vamos a beber eso ahora. —Toma la lata de mi mano, las de la mesa y se lanza con prisa a la cocina, en busca de algo más acorde a nuestra reunión. ¿Qué tienen de malo las cervezas?
—¿En serio? —suelta Rei, retándome.
—¿No es lo suficientemente festivo para ti?
—Idiota, podíamos haberlas bebido en tu habitación cuando ella no nos viera. —De pronto, no me hizo gracia saber que Esme probablemente ocultaría las latas y no podría disfrutarlas ni siquiera a escondidas. Alice comienza a reír y me ofrece un croissant.
—Tiene levadura —suelta risueña mientras lo quito de su mano y lo muerdo con desesperación—. Por supuesto no se asemejan a las que seguramente comiste todo este tiempo en Europa —completa, probando uno de los tantos que había en la mesa. Rei acompañó su gesto y me miró sonriendo, imitando mi voracidad por el dulce.
—El sudor de pastelero americano siempre fue el ingrediente secreto. —Limpió sus comisuras y se atoró en el camino por intentar tomar otro bocado.
—Tómalo con calma —dije, acercándome a su lado y golpeando su espalda—, ¿Así comías frente a los austríacos?
Su mano cayó sobre mi muslo y limpió sus dedos polvorientos de azúcar sobre mis jeans, enarqué una ceja y miré su rostro antes de buscar represalia.
—Te extrañé —soltó, estampando un beso húmedo en mi mejilla—. Los extrañé —rectificó, volteando hacia Alice.
Aún a sabiendas que Rei podía ser hosca y, generalmente, poco demostrativa, en el momento que sus ojos encontraron los míos en el estacionamiento del instituto, supe que no era solo felicidad lo que la llevaba a retornar a Forks. Se veía aliviada. Motivo por el cual me tenía sumamente desesperado por tener un momento a solas con ella para indagar en su estado de ánimo.
Pasé mi brazo por su cintura y la sentí asombrarse por ello, no es como si fuera la primera vez en el día que la tocaba, pero la sorpresa era para ambos. Rei había cambiado en estos meses, algo mucho más enorme que los cambios físicos que la rodeaban. Ya no era su larguísimo cabello negro, ni sus profundos ojos oscuros; toda ella se veía y oía diferente, y de pronto me sentí incómodo de colocar mi mano sobre su piel. Ella me vio de reojo mientras tomaba un croissant y me regaló una sonrisa inmensa, a la que respondí no muy seguro de lo que estábamos compartiendo.
.
.
.
—¡Dios! Es insoportable —dije mientras entraba a mi cuarto, fastidiado de haber perdido horas sentados con mi mamá, insoportablemente inquisidora. Rei siguió mis pasos y se dejó caer en mi cama, sobándose la panza.
—Voy a vomitar —refunfuñó, rodando de lado. Me moví a su costado, despejando su rostro de la inmensa capa de espeso cabello que cubría por completo la vista.
—Hey, ¿en serio? —Sus ojos se mantuvieron cerrados por un momento y, cuando volvió focalizar, me observó por unos instantes.
Tragué saliva cuando sentí la incomodidad nuevamente por mi cuerpo, solté su rostro y me recargue sobre la cama, sin perder de vista su atención. Rei ya lo había sentido y yo solo quería hacerlo menos obvio.
—Edward, te he extrañado tanto. —Con ojos vidriosos se arrastró por la colcha hasta llegar a mi pecho. Tomé su cuerpo entre mis brazos y la apreté, obligándome a llenar la necesidad, una que me estaba volviendo loco por volver a sentir. Cuando la tuve entre mi cuerpo, Rei extendió sus brazos alrededor de mis costillas y cruzó sus manos en mi espalda, dejé mi mentón descansar sobre su cabeza.
Antes de saber qué diablos me sucedía, un calor diferente comenzó a llenar mi cuerpo.
Rei era todo lo que tenía para confiar en mi vida. Mucho más que mi familia, mucho más de lo que lo fue Rose, inclusive mucho más de lo que era Swan para mí.
No hay un solo recuerdo en el que no tenga a Rei en mi vida, ni siquiera sé cuándo fue el momento que apareció en ella, pero sé que fue mucho antes de que pudiera hablar con propiedad.
Peter siempre había mencionado cuán exigente tenía que ser con sus alumnos, y la única mención de provecho hacia su carrera de docencia se la dábamos Rei y yo. Esme jamás hubiese imaginado que nuestras clases de piano iban a ser más que solo el lazo de nuestra niñez y adolescencia. Pero el tiempo me clarificó que ella no era solo la mujer para besar y con la cual revolcarse en alguna esquina de tu casa cuando tus padres no están.
Rei había instruido mi mente, había alimentado mi sed de sabiduría. Cuando mis palabras escapaban frente a ella y mis emociones parecían devorarme entre lágrimas, el confort de su voz envolvía mi mente de preguntas ávidas; con ella la pluralidad gestó un nuevo individuo en mí. Una diversidad que alimentó mi instinto musical y buscó entender y aceptar tantas diferencias. Entonces fui incapaz de plantearme la libertad. ¿Por qué si jamás había sido cercenado? Yo había sido libre en el instante en que conocí cuán grande y generosas eran las opciones.
Rachel vino una tarde a casa, envuelta en lágrimas; el portazo de la puerta trasera me hizo saltar del living y correr a su encuentro. Tuvimos el abrazo más emotivo de toda mi adolescencia, quise tener la misma inteligencia de ella y comprender qué más estaba sucediendo. Pero con el tiempo y la llegada de Rosalie, el amor y el sexo, me enseñaron otra faceta de la vida que Rei estaba atravesando entre sombras.
Esa tarde con ella en el piano, me nublaron el alma las melodías de Korsakov, Rachel había aprendido otro lenguaje, el cual yo aún no podía descifrar. Como siempre, iba muy por encima de mi raciocinio, y cuando alguien más vio que ella era especial, los kilómetros se hicieron interminables entre nosotros.
Con ella se había ido el instinto de búsqueda y el lenguaje que yo quería encontrar. Algo que me convirtiera en más que solo un ejecutor, en un intérprete.
Esa conexión que había logrado con Rei estuvo a punto de sucumbir bajo la realidad de mi masculinidad y la lástima de ella. Sometido por el cuerpo y vigorosidad de buscar más allá de las palabras y el amor. Un beso fue el infierno de nuestra pluralidad.
De pronto, ahí en mi cuarto, con ella en mis brazos, sentí que ya no éramos muy disímiles.
—Rei ¿qué pasó en Europa? —solté, casi al borde de perder mi voz.
Un temblor la removió de mi cuerpo y se sentó sobre sus tobillos, dibujando líneas sobre mis piernas. Levantó su rostro y ante mí, una fragilidad jamás encontrada en su mirada, me alertó de la situación.
—¿Quién es ella? —preguntó, escondiendo su rostro detrás de la oscuridad de su cabello.
En cada objeto de mi habitación busqué entender a qué se refería, pero antes de indagar mucho más, un apabullante sentimiento de calidez inundó mi cuerpo y recordé a Isabella. Busqué sus manos antes de contestar, necesitaba que congeniara conmigo, precisaba la conexión nuevamente.
Sus manos heladas, dedos largos y delgados se entrecruzaron con los míos, y aún así la distancia parecía irrumpirnos muy a pesar de la carne.
—Isabella Swan —clarifique en una sola melodía de voz. Rei buscó en mis ojos otro tipo de respuesta que sabía no tenía para darle, no al menos con un título.
—Sé su nombre pero, ¿quién es ella, Edward? —intentó nuevamente y esta vez pude vislumbrar dolor en sus palabras.
—No es nadie. —Atropellé las palabras. Si no hubiese soltado sus manos tal vez mis palabras tendrían mucha más veracidad. Pero con fastidio ella se levantó de mi cama y fue hacia la puerta, recostó su espalda sobre la madera y me observó. Recorrió mi rostro, mi cuerpo y paseó la vista por mi habitación, tal vez buscando algo que le diera la respuesta que buscaba.
—Rei —supliqué, intentando nuevamente buscar la conexión— ¿Qué es lo que pasó?
Negó un par de veces y golpeó levemente la cabeza contra la puerta.
—¿Te enamoraste? —preguntó con la vista en el techo.
Con horror salté de mi cama y me acerqué a ella.
—¡¿Qué dices?! —En un movimiento rápido estuve frente a ella y tomé sus brazos para envolverlos a mi cuerpo. Era ensordecedor el grito de desdicha que emanaba, y ya no se trataba de buscar la información sobre Swan, ella estaba rota mucho antes de ver que yo ya no era el mismo.
—¿No la amas? —preguntó con desesperación.
—No —expuse, tan sombríamente que el pecho se me oprimió de tal forma que perdí la estabilidad de mi ser.
—Bésame.
Después de quince años buscándonos de tantas maneras, por primera vez en mi vida la rendición no fue fácil. Estaba completamente intoxicado y era inherente a mi relación.
Con los segundos intentando detener la catástrofe, llegué a sus labios mucho más pronto de lo que pensé me tomaría ejecutar la decisión.
Rei tenía una voracidad que se extendía por todo su cuerpo hasta cuando decía los buenos días. Sus besos eran absorbentes, de esos que capturan tu alma y te rinden ante quién sea con tal de volver a sentir ese fuego en tu cuerpo.
Apreté su cuerpo contra la madera y me atreví a desafiarla, sobrepasando el límite de cordura que sabía ella siempre manejaba. Motivo por el cual jamás había sido capaz de sentirla bajo mi cuerpo, nunca me lo había permitido. Y yo estaba bien con eso, a pesar que el instinto batalló para descarriarme y perderla para siempre.
Allí, derramada sobre mis brazos, comprendí que era yo quien la sometía y más aún, estaba ansioso por llegar a más mientras se abría a mi cuerpo. Ninguna realidad había sido tan desconcertante para mí que el descubrir que esta vez yo sí sabía cómo manejarla, y masajee su cuerpo repasando cada superficie mientras sus gemidos intentaron disuadirme.
Entonces, ese lenguaje que transformó a Rei en intérprete, en melodía junto a su instrumento, me hizo entender que cada una de las experiencias que vivimos me ataba al piano. Allí donde cada pieza tenía un dialecto especial, yo aún no sabía cómo decirlo, el dolor y el amor completamente arraigados parecían ser la única explicación y solución para llegar a conocer la instancia que tanto había anhelado por descubrir. Rei había sentido en carne propia la lección, cuando mis dieciséis años infantiles parecían nublar mi entendimiento, ella ya lo conocía.
Mordí sus labios con tanta devoción que mis ojos acompañaron la presión.
—Edward —gimió en mis labios, y escuchar su voz solo intensificó mis ansias por llegar a más, pero ella me detuvo. Lamió sus labios y limpió nuestra saliva de mi boca para volver a besarme tiernamente—. Necesito que me ayudes —soltó, recostándose en mi cuerpo.
—Lo que sea, Rei —dije, obnubilado de amor, porque ella era tan frágil ahora en mis manos.
—Me enamoré, —Cuán solemnes fueron sus palabras que me atacaron profundamente. Despejé nuestros cuerpos de la cercanía y con estupor busqué en su rostro todo. Rei se deshacía en mis brazos, y una vez más me encontré al borde del abismo, solo y con ella del otro lado.
—Lo odio, Edward. ¡Está destruyéndome! —casi gritó un llanto desgarrador. Se alejó con fuerza de mi lado y caminó al centro de la habitación. Volteó llena de furia, su cabello lánguido y virgen azotó su cuerpo como una tormenta enmarcando un rostro compungido.
«―Desde que supe que el amor que sentía por él iba a ser tan invasivo, entendí que iba a ser la mejor pianista de la academia. Me está destruyendo, Edward —lloró—. Lo amo, pero siento tantas cosas que lo único que hago es tocar el piano y cada pieza es aún mejor que la otra. —Sus manos fueron al centro de su cuerpo y estiró la tela de su suéter con fuerza, desbordando el dolor, reduciéndolo a cenizas en sus manos—. ¿Me entiendes? Todo el dolor y amor que tenemos me ha hecho elevar mi nivel de interpretación. —La desesperación en su voz solo hizo que me estremeciera la piel—. Pero me carcome Edward, ya no quiero tocar el piano. No resisto este amor.
Se dejó caer en mi cama y el llanto nos inundó por completo. Mi cuerpo empezó a temblar y por primera vez no supe qué decir. Rei siempre había soportado mis piedras, nunca había objetado mi dolor, a pesar de lo infantil que podían sonar mis problemas. Pero esta vez mi silencio estaba sentenciado y ¡Dios! Yo sabía el porqué.
—Estás enamorado —soltó entre sollozos—. Ayúdame, ayúdame por favor… —suplicó, sin levantar su rostro—. No sé cómo resistir…
Una leve voz aguda inundó el sepulcro que era mi habitación en ese momento. Dejé que mi mente vagara a la noche en la que Swan y yo habíamos estado juntos físicamente. Fue doloroso y desastroso recordar cómo no pude resistir a su amor.
—¡No quiero amarlo! Edward. ¡Edward! —Corrió a mis brazos y lloró en mi pecho—. ¿Cómo haces para que no te destruya?
Nunca había encontrado la transparencia completa en las emociones de Rei, ella siempre se guardaba algo; pero en ese instante, llena de lágrimas y besando sus labios, me convencí que necesitaba una respuesta como ella.
Rei respondió a mi beso y nos arrastró a la cama. Su cuerpo cayó bajo el mío y el impacto separó nuestros labios. Me quedé helado sobre Rachel, perdido en sus lágrimas, completamente absorbido por la realidad de mis sentimientos y el descubrimiento de que ahora estábamos transitando las mismas experiencias. Pero esa particularidad a la vez nos hacía extraños en la piel.
Estaba en el mismo hoyo que ella, solo que yo no iba a dejar que eso me bloqueara.
—No lo sé, Rei.
.
.
.
Limones - I.S POV
—Mi niña —mamá repitió mientras acariciaba mi rostro.
A pesar de su interrogatorio no había sucumbido por completo a la insistencia, de alguna forma eso me dejaba satisfecha con mi desempeño como encubridora. Al menos así me sentía cada vez que intentaba escarbar en mi vida sentimental con Edward, desde que Charlie le había mencionado el desastre de chico que su hija estaba pretendiendo.
—Ya no soy tan niña, mamá. —Sonreí y, tan pronto como mis palabras llegaron a sus oídos, su rostro se llenó de preocupación, que disimuló en una sonrisa que nunca llegó a sus ojos—. Tengo dieciocho años, ya no puedes llamarme más "niña". —Intenté solucionar el desastre.
Sentadas en el sofá de Charlie, acurrucadas una al lado de la otra, mi estabilidad emocional no parecía estar en su mejor momento. Renée siempre había sido sumamente intuitiva, lo cual me ponía extremadamente nerviosa.
—Bella, solo quiero que seas feliz y que termines tus estudios. —Tomó una de mis manos y besó el dorso de mi izquierda—. Quiero que puedas ir a la universidad y tengas una vida maravillosa. Es lo que cualquier madre querría para su hija.
—¿Por qué me dices esto? ¿Acaso no es lo que estoy haciendo? —dije con reproche.
—Lo haces, pero Charlie está preocupado por ti. —Revolé los ojos y solté su mano.
—Por favor —susurré—. No tú. —Fastidiada de volver a escuchar el mismo discurso de Charlie.
—Bella, escúchame. —Tomó mis mejillas y focalizó mis ojos—. No estoy diciendo que dejes de ver a Edward. —La mención de su nombre otra vez hizo que me dieran ganas de insultar a todo el mundo, empezando por mis padres—. Solo quiero que recuerdes que también tienes una vida, estudios, amigos, tantas cosas que hacer.
—Renée. —Aparté sus manos de mi rostro y me levanté con furia de mi lugar—. No entiendo una mierda lo que me quieres decir, lo que me quieren decir —rectifiqué—. No es como si fuera una mala estudiante que no cumple con sus deberes, tampoco me desaparezco los fines de semana y vuelvo ebria o drogada. Paso más de la mitad de mi tiempo de adolescente encerrada en esta casa haciendo los quehaceres o cocinando para papá y para mí. ¿Por qué me hacen esto? ¿Les he dado motivos para que desconfíen de mí de esa manera? —terminé, con la amenaza de las lágrimas inundar mi rostro.
—Nena, nadie está diciendo que no lo haces, solo queremos que busques el equilibrio. —La suma de Charlie en su discurso me hizo enfurecer más de la cuenta.
—¿Acaso él te pidió que hables conmigo? —dije, elevando la voz.
—Bella, cálmate. Y no, no me lo ha pedido, decidí hablarte porque soy tu madre y quiero lo mejor para ti. Bella… —desplegó mi nombre con tristeza y, hasta ese momento, yo solo quería estallar—. No quiero que pases lo mismo que yo pasé con tu padre.
Había escuchado cientos de veces a mamá renegar de su fallido matrimonio con Charlie y, para mi mala suerte, también descubierto que su embarazo había sido la causa de una apresurada unión civil que sentenció el amor para siempre. Me rehusaba a ser víctima de ello, de sostener la estabilidad mental de una madre que había dejado su rol y a una hija para encauzar su vida con otro hombre.
Yo no lo merecía, después de tanto tiempo había aprendido a coser mis propias heridas familiares, aunque eso me llevara a encerrarme en las cuatro paredes de mi habitación.
—Yo no soy igual a ti —entredientes, con las lágrimas invadiendo mis mejillas y la garganta hecha un nudo, dije lo que siempre había tenido que conservar por miedo a lastimar.
—Lo sé, Bella, y eso es lo que me satisface. Me sentiría completamente culpable si nunca te hubiese dicho que busques realizarte y salir de este lugar. Quiero que lo sepas.
—Me gusta Forks —dije completamente segura de ello.
Renée no dijo nada por unos instantes y luego asintió, pero no estaba realmente convencida, lo pude ver en sus ojos cuando volvió a mirarme.
—No peleemos, por favor. —Tomó mi mentón y me acercó a su rostro. Mi llanto no tardó en aparecer y sucumbir en sus brazos.
—No me arrepiento de todo lo que he pasado aquí con tu padre, ni de la hermosa hija que tenemos. Solo deseo que seas mucho más feliz y consigas más cosas de las que tu padre y yo pudimos darte, es lo único que nos importa.
—No he hecho nada malo, Renée. —Lloré en sus brazos.
—¡Claro que no has hecho nada malo, Bella! Enamorarse es algo hermoso, nadie te condena por ello. —Sujetó mi rostro entre sus manos y me alejó de su cuerpo para hablarme—. Yo no lo hago ¡Dios, no! Solo cuídate, mi amor. Eres mucho más especial de lo que te imaginas.
.
.
.
.
.
Manzanas - E.C POV
Mi móvil vibró por enésima vez en mi mano, observé el rostro de Rei en la pantalla: sonriente, el cabello envolviendo su rostro y acunando el de Alex. Recordé que quería una foto de ambos para guardar su contacto y que ella no me dejaba tomarla por sorpresa. Odio las fotos posadas. Alex hizo que miraba a la pared pensativo y Rei arruinó por completo mi burda intención de espontaneidad.
Guardé mi celular en el bolsillo de mi chaqueta y levanté el rostro una vez más al led que indicaba el tiempo de arribo de los vuelos internacionales. Swan estaba cada vez más cerca, y la hora cuarenta que me separaba de verla nuevamente se hacía cada más extensa.
El bolsillo de mi chaqueta comenzó a vibrar incesantemente, por instinto tomé nuevamente el aparato y repasé la pantalla. Desde que Nina y Alex habían llegado a mi vida, cada vez que mi celular sonaba mi corazón dejaba de latir, jamás habría imaginado que el miedo iba a comandar mi vida cada vez que estuviera lejos de ellos. No era opción dejar mi móvil. Pero Rei seguía bombardeando mi celular y sabía que quería disculparse, pero el temor de que algo malo le sucediera a Alex ganaba por completo mi tranquilidad.
—¡Edward! ―sonó aliviada.
—¿Está Alex bien? ―solté fastidiado antes de darle oportunidad de decir lo que quisiese.
—Escuc… ¿Qué?
—¿Le pasó algo a Alex? ―pronuncié severo.
—Alex está bien, Edward. Pero necesit… ―Corté la llamada y dejé el celular en mi bolsillo.
Sonreí cuando al cabo de unos segundos volvió a sonar pero esta vez era otra melodía, tomé el aparato repasando los mensajes que me llegaban en cataratas.
*Déjame disculparme. ¿Por qué no quieres hablar conmigo?*
*Esto es infantil, Edward. Atiende el maldito teléfono.*
*¡CONTESTA!*
*Perdón, perdón, perdón, perdón.*
*¿Quieres que me siga arrastrando?*
*Vete a la mierda, Edward. ¿Por qué me haces esto?*
Desenrollé mis auriculares y busqué en el reproductor un álbum que me mantuviera entretenido por tiempo prolongado hasta que el avión aterrizara.
Swan estaba por todos lados, hasta podía sentir la tibieza de sus labios caer sobre los míos cuando la primera melodía de Lady Grinning Soul comenzó a sonar.
.
.
.
.
.
Limones - B.S POV
La mañana del sábado después que Renée llegó a Forks viró por completo la rutina que solíamos tener Charlie y yo. Tenía los ojos pegados cuando el café caliente me quemaba el esófago y despejaba mi cerebro, el vidrio de la ventana de la cocina comenzaba a congelarse. Ya no era frío lo que se respiraba, una punzada de hielo traspasaba tu cuerpo cuando intentabas asomar la cabeza fuera de casa. Renée tenía dos chaquetas encimadas, yo tomé mi café con guantes en las manos. La calefacción estaba funcionando pero el invierno parecía querer dejar en claro que este fin de año iba a ser congelante.
Charlie se veía constipado, estoy segura que si ésta no fuera su casa, hubiese huido en el mismo instante en el que mi madre puso un pie en Forks. Supongo que el trabajo extra le daba la excusa para desaparecer de nuestra vista, lo que me dejaba completamente a merced de Renée. En algún punto no me molestaba, pero después de unas horas con ella el recuerdo de la vida en Phoenix se veía fresco y aterrador: pasando horas encerrada en mi cuarto evitando a mamá, limpiando la casa después de sus frustrados intentos de cocina, mediar en discusiones entre ella y Phil, rescatar mascotas olvidadas. Un escalofrío, muy diferente al frío que caía como agujas sobre nuestra casa, recorrió mi cuerpo de punta a punta.
—¿A qué hora vuelve Charlie del trabajo? ―Levanté la cabeza de mi taza humeante y enarqué una ceja. Él no trabajaba la mayoría de los sábados, había escapado de casa.
—No tengo idea ―dije sinceramente. Renée me vio asombrada y negó, volviendo al vidrio congelado de la ventana.
—Me está evitando ―susurró, perdida en el paisaje de nieve. Me sorprendí que lo reconociera en voz alta y por eso preferí llamarme a silencio―. Sabes, no he venido a molestarlo, sé que piensa que quedarme aquí es adrede y que solo busco algún tipo de pleito con él. Pero la verdad es que me ahorro mucho más dinero durmiendo aquí que pagando alguna posada, y eso me permite estar mucho más cerca de ti —. Sonrío y estrechó una de mis manos.
—No tienes que explicármelo. —Respondí el apretón, sobre todo porque no quería volver a escucharla hablar sobre las diferencias que tenía con Charlie. Mi capacidad para entenderlos sucedía una vez al mes, fuera de ese tiempo mi estabilidad mental estaba en riesgo.
—No tenemos que quedarnos aquí todo el día. —Se levantó y llevó todos nuestros trastos al lavadero—. Podemos salir a caminar.
—Está helando afuera, Renée, y está por caer una tormenta. —Soné de lo más infantil, pero si yo que apenas soportaba estas temperaturas y luchaba por una caminata bajo la nieve, mucho menos veía a mi madre con su bronceado sureño deleitarse con la tormenta de nieve.
—Bella —se carcajeó y tomó mis mejillas—, antes vivía en este pueblo. Pasé muchos inviernos como éste—. Beso mi frente y se alejó de la cocina en busca de sus botas.
—Pero yo sí, odio este frío —resoplé.
—¡Ve por tus orejeras, linda!
.
.
.
—Bueno, ¿ves? Este es un lindo lugar. —Fuera de Forks y tomando la ruta hacia Port Angels todo parecía mucho más sombrío y desierto. Salvo que necesites gasolina, alimento o sexo. Renée estaba convencida que el lindo restaurant con motel parecía un agradable sitio para almorzar, ya que Forks no le traía buenos recuerdos, el intento de caminata empezaba a alejarnos de la civilización.
Repase el lugar mientras tomaba asiento frente a mamá: una cabaña venida a menos, con iluminación moderna, pretendía lucir como un restaurante ameno que perdía su calidez cuando el cajero podía darte una soda y patatas o la llave de uno de los cuartos del motel.
—Claro —solté con disgusto. Renée arrugó la frente y decidió ignorar mi tono.
—Cuando Charlie y yo fuimos… —Empezó, acercándose al centro de la mesa como si quisiera mantener en secreto lo que fuera a decir. Amplié los ojos y decidí robarle el menú de las manos, suspendiendo su perorata.
—No quiero escuchar como papá y tú venían a moteles de mala muerte, por favor. ¡Soy tu hija! — dije entre dientes, suplicando para que no continúe con ello.
—¡¿Qué diablos piensas que iba a decir?! —Arrugó el entrecejo y me arrebató el menú. Bufé y me crucé de brazos, ignorando su rostro―. ¿Esto de tener a un lado el motel está arruinando tu cerebro o es que siempre piensas en sexo? —Volteé hacia ella completamente horrorizada de escucharla acusarme de algo así. Mis mejillas se enrojecieron y parpadeé un par de veces tomando aire para recomponerme.
—Respira, Bella. —Rio, rebotando sus hombros—. ¿Nunca has estado en un motel? —Sabía que estaba bromeando conmigo, pero de solo pensar en ello y a quién me llevaban esos pensamientos, me enfurecía saber que mi rostro me delatara.
—Nunca he estado en un motel —repasé completamente segura de ello, lanzándole dagas a su rostro. Renée pareció sorprenderse por mi respuesta y asintió, escondiendo sonrisas.
—Está bien —murmuró, deambulando la vista en el menú, sin mirar nada en particular —. Bella, solo me interesa saber porque soy tu madre, no necesito detalles. —Apreté la quijada y contuve la respiración―. Sé que te apena hablar de ello, pero siempre que pueda voy a seguir insistiendo —terminó, levantando la vista del papel y sonriéndome descaradamente. Mi rostro estaba en llamas y yo sabía que no me iba a dejar en paz hasta inclusive dar con Edward.
Mi corazón retumbaba en mi pecho con tanta fuerza que temí que ella lo escuchara, en una respiración entrecortada llené mi cuerpo de oxígeno y liberé con tanta prisa las palabras que Renée enarcó una ceja sin entender.
—Solounapregunta.
Los segundos que tardó en comprender lo que yo había escupido fueron el horror en primera persona. Sus ojos se iluminaron en tan poco tiempo que todo el semblante de su rostro acompañó la enorme sonrisa que levantó sus mejillas. ¿Qué hice? ¿Qué dije? ¿Por qué le dije eso? ¿Puedo arrepentirme? No, no.
Renée dejó caer el menú al centro de la mesa y se acomodó en su lugar como si estuviera disfrutando a fuego lento lo que se aproximaba. Debajo de la madera mis dedos se retorcían y mi pierna no paraba de rebotar sobre el suelo. A pesar del frío que azotaba la ciudad, estaba segura que debajo de mi gorra mi frente estaba llena de sudor.
—Veamos… —soltó, mirando al techo, tomó su barbilla entre su mano izquierda y balbuceó un par de veces mientras decidía qué preguntar―. ¿Qué…? No, no, eso no. ¿Cómo fue…? Nah, espera. ¿Dónde…?
—¡Renée, por favor! —dije, un poco más alto de lo normal, y algunos comensales voltearon en nuestra dirección. Mi madre me vio asombrada y repasó la vista a nuestro alrededor.
Parpadeé escondiendo el rostro entre mi cabello, evitando la mirada inquisitiva de la gente.
—Bien —dijo, recomponiéndose en su lugar—. ¿Fuiste feliz?
Nunca podría dejar de asombrarme de la capacidad de mi madre para avergonzarme, de todas las preguntas que estaba segura ella me haría, ¿Fuiste feliz? es tan, pero tan extremadamente incómoda e innecesaria que hubiese preferido que me preguntase si me dolió o si me cuidé, hubiera tenido mucho más sentido. Mi mente se trasportó al instante en el que mi cuarto cobijó mi primera intimidad real con Edward, nos vi tendidos sobre mi cama completamente desnudos; mi cuerpo se erizó al recordar el tacto de sus labios por mi piel. Mi madre me vio muy profundamente a los ojos y tragué saliva antes de fruncir el entrecejo y lanzar mi verborrea.
—¿Por qué no puedes ser normal? —solté, con la ira barriendo la sensación de los labios de Edward sobre mi cuerpo.
—¿Disculpa? —Me vio, buscando una explicación, sabía que le había molestado la pregunta —. ¿Es muy difícil responder si fuiste feliz? ¿Soy anormal por querer saber si mi hija fue feliz en su primera…?
Me lancé sobre la mesa y tomé sus manos con un poco de fuerza instándola a no continuar la frase.
—¡Por dios! Deja de avergonzarme —refunfuñé, rebotando mis ojos entre la gente y el rostro de mi madre.
—¡Tú! deja de ser ridícula. —Empujó mis manos y sonrió, volviendo al menú —. Podría preguntar cosas mucho más comprometedoras —amenazó, elevando una ceja —. Pero sé que no te gusta hablar sobre tus cosas y pregunté lo más general que se me ocurrió. Es mucho menos íntimo que mis demás interrogantes ¿eh?
¿Menos íntimo? ¡Y una mierda! Para mi esa pregunta era mucho más profunda que cualquier otra estupidez que dijera. Ella iba a tener todas mis respuestas con una sola pregunta, sabría que lo amo, que estoy completamente enamorada, que realmente disfruté acostarme con él, ¡DIOS! Que acabé. Lo cual la llevaría a suponer que quiero que vuelva a suceder entre tantas cosas más.
Ella quería saberlo todo y su pregunta era mucho menos que inofensiva.
—Bella ¿Acaso no fuiste feliz? ¿Te forzó? —Con ternura tomó mi mano entre las de ella y buscó desesperada algún atisbo de dolor en mis ojos. Fue un horror para mí ver en el rostro de mamá la preocupación tan latente, y una completa blasfemia escucharla decir que Edward pudo haberme lastimado.
—Fui inmensamente feliz —solté sosteniendo su mirada y aliviando mi corazón cuando la vi dejar entrar el aire en su cuerpo nuevamente. Tan largo fue ese momento que dejé a mi mente descansar de tantas suposiciones y me sentí... bien de decirle lo que realmente había sentido. Renée dejó el contacto de nuestras manos y me regaló la sonrisa maternal más sincera que le haya visto en mi vida.
—Eso es lo que importa —dijo al cabo de unos segundos. Yo ya no estaba prestándole atención, mi mente y mi cuerpo se regocijaban del recuerdo de aquel momento de felicidad que habíamos vivido en mi cuarto.
Comí mi almuerzo en completo silencio, de a ratos levantaba la vista cuando bebía mi soda para ver a Renée envuelta en sus propios pensamientos. El momento parecía haberse vuelto incómodo, pero había algo que me mantenía suspendía en otra realidad, una en la que todo se sentía más ameno, donde me había liberado.
—¿Se cuidaron? —Resoplé cuando rompió por completo mi burbuja, le lancé una mirada de odio y mastiqué mi patata como un salvaje hambriento —. Prometo que es la última —dijo, riendo y besando su dedo índice sobre sus labios.
—Si —casi ladré. Y ella casi hace un festejo sobre su asiento.
La vejez me hace cada vez más inútil. Siempre que tengo que actualizar me olvido como se usa el FF, "Eso es porque actualizas cada 15 años" (leerse con voz de niña caprichosa)
Ya lo sé, YA LO SÉ, *selargaallorardesconsoladamente*
Por si no lo entienden, subí el cap en crudo, obviando la parte de la edición y la N.A lalalalal le di POST sin revisar, en fin.
¿VIERON? no era milagro Navideño, siempre sí seguí actualizando :D ¿Qué tal? ¿Me odian menos? Digan que siiiii, me quieren :D
Muchas cosas:
1 - Un tremendo GRACIAS por sus reviews, son hermosos y ahora mismo me pongo a responderle a todas. En serio, no los merecía después de tanto tiempo sin actualizar por eso los agradezco enormemente. Son divinas, las quiero *-*
2 - Muchas Muchas gracias a Mercedes Mejía que prácticamente fue obligada a betearme, no, esperen, si nadie revisara los caps les aseguro que yo no los subiría, soy insoportablemente insegura y perfeccionista, siempre se me va a escapar algo a mi o a cualquiera, ya ven el cap anterior estuvo en mi pc MESES intacto y lo revisaba y lo revisaba y siempre retocaba y pensaba que no estaba para subir, pero al fin, ni soy escritora así que siempre iba a estar mal jaaaaaaaaaaaaaaaaaaa Por eso miles de gracias Merce por revisarlos y corregir mis desastres.
3 - Necesito nombrar a David Bowie porque, aunque yo nunca pusé temas suyos y tampoco mencioné sus canciones en este fic, no tienen idea la cantidad de veces que he escrito escuchando Aladdin Sane, Hunky Dory, Ziggy Stardust, young Americans, Low, muchas madrugadas me ha acompañado escribiendo este fic como otras cosas, así como the Smiths, Morrisey, Radiohead y tanta música que es mi alma todas las noches. Claramente de día solo duermo y como mi profesión es la de músico académico, toda la música de Bowie y demás es un descanso mental completamente de tanta rigurosidad en la profesión. Por eso, si aún no tuvieron tiempo de conocerlo, escuchen alguno de los discos que les mencioné, te trasportan a otro mundo. Te extrañaré tanto David.
Perdón por la nota larga, muchas gracias chicas/os (por si hay algún chico o marciano que no quiera ser identificado como fémina)
Mordiditas
