Queridos lectores lamento la tardanza, cuando me referí a actualización sorpresa era porque quería subir este cap en Viernes Santo pero tuve problemas con la página, lo siento, eso no lo tenía presupuestado ... así que aquí continuamos con la historia. Espero que hayan tenido unas maravillosas fiestas para quienes pertenecen a la tradición Judeo-cristiana :) les deseo una feliz pascua. Agradecimientos como siempre por sus comentarios a darkacuario, Tot12, a mi querida incondicional Tepucihuatl-Shun, y a Spencer Chamberlain.

Este fic es un Shun/June, si no te gusta no leas. Los personajes pertenecen a Masami Kurumada, yo no lucro con esta historia, escribo por amor al arte.

Errores que cuestan caro.

Por Mel-Gothic de Cáncer.

Capítulo XXV.

Al final del viaje.

Shun y June inevitablemente habían unido sus cuerpos guiados por ese eterno amor que se gestó dentro de ellos desde que eran unos niños, que creció con el paso de los años y que floreció a lo largo de aquel viaje para sanar a la amazona de Camaleón. Sin embargo, Athena regresaría dentro de poco con una respuesta del Olimpo ante la petición de abolir la ley de la máscara de sus guerreras, el futuro de ambos dependía de ello, de ser afirmativa existía la esperanza de estar juntos para siempre, de lo contrario June tendría que morir, ya que su rostro había sido visto por muchos hombres y por ello se le consideraba impura e indigna de servir a la deidad.

Pero en esos instantes ambos parecían haber olvidado ese problema. Extenuados por una intensa noche de pasión y deseo durmieron hasta bien entrada la mañana. Shun fue el primero en despertar, al abrir sus ojos y encontrar a June desnuda entre sus brazos le pareció estar dentro de un sueño, recordó lo sucedido, los besos, las caricias, aquellos orgasmos que nunca imaginó que tendría y sonriendo se dedicó a observarla mientras dormía.

- Su rostro ya no se ve tan afligido como cuando la saqué del Santuario- pensó con alegría, sin poder resistir se acercó a sus labios y los besó con suavidad. June al sentirlos comenzó a abrir sus ojos con lentitud, aún estaba somnolienta- Despierta, ya es muy tarde- habló Shun con calma.

- ¿Qué hora es?- reaccionó la joven recordando lo sucedido durante la noche, se ruborizó y sintió un hormigueo entre sus piernas- no fue un sueño- murmuró en voz baja pero él la escuchó.

- Ya te lo dije es tarde y afortunadamente "eso" no fue un sueño, te ves linda cuando babeas mientras duermes- se burló Shun ya que eso le parecía muy gracioso, June al oírlo se sentó con rapidez sobre la cama y comenzó a limpiar su boca pero se dio cuenta que estaba desnuda y con nervios tomó las sábanas para cubrir su pecho- Tranquila, ya lo he visto todo no hay nada que tengas que esconder, me gustas así.

Él con algo de energías dio un tirón a las sábanas para contemplar la desnudez de June y ella pudo ver el cuerpo de Shun otra vez, con algo de vergüenza intentó decir algo pero sólo logró tartamudear.

- Tú…también…me gustas así…estás bien crecidito…- se sintió como una tonta con aquellas palabras pero a Shun le hicieron gracia.

- Pues tú también lo estás señora Kido, por cierto tengo hambre no sé tú pero yo pensaba que podíamos desayunar- él se puso de pie para vestirse e ir a la cocina- a no ser que quieras servicio a la habitación.

- ¿Por qué me llamas Señora Kido?- preguntó ella mirando su perfecto cuerpo desnudo con ganas de volver a estar entrelazada a él.

- Porque desde anoche eres mi mujer ¿Ya se te olvidó? Las estrellas son testigo y no hay nada más importante para un Caballero y amazona de Athena que la promesa hecha bajo sus constelaciones- Shun regresó a la cama, con suavidad tomó a June por las muñecas y la recostó una vez más para besarla con pasión.

- ¿Puedo pedir el servicio a la habitación?- preguntó ella jadeante totalmente convencida de que no estaba soñando, Shun movió la cabeza en señal de afirmación para luego volver a hacerle el amor con la misma intensidad de la noche anterior, pero con un poco más de experiencia y menos torpeza.

Los tres días que faltaban para el regreso de Athena pasaron demasiado rápido, Shun y June se sentían como en una Luna de Miel, hicieron sus vidas tal como unos recién casados y la gente de la isla así lo llegó a pensar. A medida que salían a recorrer la zona, descubrían cosas del otro que no imaginaban, June se dio cuenta que en su faceta de amante y "marido" Shun era menos cohibido de lo que aparentaba, eso le llenaba de felicidad porque significaba que tenía plena confianza en ella incluso en los aspectos más pequeños. En el caso de Shun, con sorpresa descubrió que June a pesar de ser una chica ruda, en la intimidad era mucho más tierna y sensible de lo que cualquiera podría llegar a imaginar, eso le agradaba ya que era la prueba de que todas las heridas de su psiquis producto del uso de la máscara y del Ikki sombrío habían sanado, para él esa June era la verdadera.

Y allí estaba cocinando en la cabaña, Shun la observaba con atención, ningún detalle pasaba desapercibido para él, cada gesto de la joven, verla esforzándose por prepararle la cena como una chica normal, sus quejas al cortarse o quemarse, y luego disimular para que él no se preocupara y corriera a ayudarle.

- Si no fuera una amazona, si yo no fuera un caballero de Athena tal vez podríamos vivir felices pero…nuestra realidad es otra- pensaba con tristeza recordando que a la mañana siguiente harían el viaje de regreso a Rodorio y al Santuario para escuchar el veredicto del Olimpo. Mientras esperaba que la comida estuviera lista reflexionó profundamente sobre los acontecimientos y tomó una seria decisión.

- June quiero que me escuches con atención- dijo cuando todo se aclaró dentro de su mente, mientras la joven le servía un poco de vino y un clásico platillo griego que había preparado.

- Antes prueba esto, se llama Moussaka - ella miró expectante al Caballero de Andrómeda, mientras él probaba la comida- una señora me dio las instrucciones de cómo hacerlo, no se ve del todo bien pero su sabor no es malo- sonrió tomando asiento junto a él.

- Está delicioso, la presentación puede mejorar- comentó Shun con amabilidad, ella tenía la habilidad de aprender bastante rápido algunas cosas y de esforzarse por aquellas que realmente le parecían difíciles.

- ¿Qué quieres que escuche?- preguntó June mirándolo con calma.

- Lo he pensado mucho- dijo tomando la mano de la amazona con fuerza – No regresaré al Santuario.

- ¿Qué?- June lo observó totalmente desconcertada- Pero Shun se lo prometiste a tu hermano y a Shaina, dijiste que en cuanto sanara y Athena regresara me llevarías de vuelta.

- Sé lo que dije pero no puedo hacerlo, lo sabes, no después de todo lo que nos ha sucedido, June, me gusta esta vida a tu lado y quiero que sea así por siempre, pero si regresamos nada volverá a ser igual, nuestros deberes como caballero y amazona nos lo impedirán- explicó con seriedad Shun.

- Pero tenemos un deber con Athena, es lo que nos enseñó nuestro maestro, es lo que me dices hasta el cansancio y aunque quisiéramos es imposible escapar del Santuario, aunque Ikki nos apoyara vendrán otros- June tomó con suavidad las mejillas de Shun y apoyó su frente sobre la de él con sus ojos cerrados- por favor, eso es muy peligroso, regresemos y hablemos con Athena.

- Si te condena a muerte no podremos escapar, June quiero protegerte, hemos perdido demasiado tiempo y ahora que al fin podemos estar juntos no quiero dejarte ir- con desesperación Shun besó a la joven, quien no pudo evitar derramar unas cuantas lágrimas.

- Comprendo- dijo con tristeza- Si así lo quieres te seguiré.

Ambos deseaban que el sol jamás llegara, que ese paraíso en el que se encontraban perdurara por la eternidad. Sin embargo, June sabía que debía cumplir con Athena, después de todo ella había decidido hacer todo lo posible para liberarla de esa sentencia de muerte, no podía ser egoísta con su diosa y además sentía que tenía que proteger a Shun tanto como él se esforzaba en protegerla a ella, no quería hacerlo sufrir nuevamente. Decidida, le dio de beber vino aquella noche hasta embriagarlo, después, entre caricias y besos él se quedó profundamente dormido, con el mayor sigilo posible, la amazona se levantó de la cama, y se puso su traje de entrenamiento, miró con ternura y tristeza al Caballero de Andrómeda, y tras dejar una pequeña nota junto a la almohada, acarició con suavidad su mejilla.

- Adiós Shun, fui muy feliz a tu lado, pero nuestro tiempo ya se agotó- varias lágrimas nublaron su visión y cayeron sobre la máscara la cual puso sobre su rostro al salir de la cabaña. Con el corazón inundado por el dolor se marchó rumbo al Santuario a enfrentar su destino con el poco valor que le quedaba, por ella, por las enseñanzas de su maestro y por amor al hombre que la había traído de regreso a la vida una última vez.

Cuando los primeros rayos del sol traspasaron la ventana y cayeron directamente en el rostro de Shun, este despertó con un mal presentimiento.

- ¡June!- miró a su alrededor pero ella no estaba, rápidamente se puso de pie, y poniéndose sus pantalones la buscó por toda la cabaña sin poder encontrarla. Pensando que quizás había ido a comprar algo para el desayuno regresó a la habitación y encontró un papel sobre la almohada, lo tomó con nerviosismo y leyó tratando de no perder la cabeza, una y otra vez.

"Shun, sé que no esperabas esto de mi, perdóname, en verdad deseo estar siempre a tu lado, estos días, desde que me rescataste del Santuario han sido los más hermosos de mi vida, de verdad siento que valieron la pena todos nuestros sacrificios, al fin pude vivir de esa paz por la que tanto luchamos, en especial tú. No me arrepiento de nada, te amo y aunque muera te seguiré amando hasta el final, pero nuestro maestro nos enseñó que Athena era lo más importante y si huyo contigo sentiré que la estoy traicionando, y ella fue hasta el Olimpo para liberarme de mi calvario, no puedo pagarle de esa manera. Mi amado Shun, espero que me entiendas, porque protegemos a la misma diosa, somos sus guerreros y ella confía en nosotros, tú me enseñaste aquello, por eso no puedo fallarle. Sigue fiel a tus ideales, debes siempre mantener la cabeza en alto digno y orgulloso como todo un Caballero de Isla Andrómeda entrenado por Albiore de Cefeo, demuestra que eres fuerte y noble como lo has sido hasta ahora, es lo que más amo junto a tu bondad, estoy orgullosa de ti y de haber sido tu mujer".

Shun sintió que el mundo se le venía abajo, apretó el papel con fuerza mientras las lágrimas resbalaban por sus mejillas, sus manos de tanto apretarlas se habían herido y sangraban.

- ¡No quiero, te dije que no permitiría que murieras aunque tenga que sacrificarme!- decidido Shun se puso de pie y guardando la nota en su bolsillo se dispuso a ir tras June, había prometido bajo las estrellas amarla hasta el final de sus días, no la abandonaría, mucho menos en ese momento.

Mientras June viajaba al Santuario y Shun corría tras ella, el carruaje de Hermes apareció entre los rayos del sol avanzando directamente hacia el templo principal. En él se encontraban reunidos Seiya, Hyoga, Marín, Ikki y Shaina, Shiryu había decido quedarse en Rozan para cuidar a su esposa Shunrei en compañía de Kiki, pero pidió que lo mantuvieran informado de la situación, el resto de los caballeros que quedaban estaban en distintos centros de entrenamiento reuniendo nuevos jóvenes para restaurar la Orden de Athena.

- Athena está de regreso, pero Shun aún no ha traído a June y no sabemos si ella se ha recuperado- Marín estaba en extremo preocupada.

- Él es un hombre responsable, ya llegará- comentó Hyoga con voz grave.

- Así es, de seguro algo los retrasó, relájense- Seiya veía a todos angustiados- además, el aire fresco de seguro le hizo bien a June.

- Shun dijo que ella estaba mejorando y que necesitaba un par de días más para asegurarse de que no tuviera alguna recaída- explicó Shaina recordando lo que había conversado con el peliverde.

Ikki permanecía en su rincón, no quería emitir comentarios. Ni Shaina ni Marín habían divulgado que él fue responsable de la depresión de la amazona de Camaleón, en ese sentido estaba agradecido, pero tendría que hablar personalmente con Athena sobre ello.

- Hermano, si decides no regresar, entenderé el porqué, pero de todas formas debo explicarle a Saori todo lo sucedido y la razón de tu partida junto a la mujer que amas- pensaba con los ojos cerrados. En ese instante el poderoso y pacífico cosmos de Athena se sintió descender sobre el templo, el imponente carruaje dorado de Hermes aterrizó justo a la entrada. Todos salieron a saludar a la diosa, en especial Seiya, pero se detuvo en seco frente a la puerta porque habían sentido un enorme cosmos acompañar al de Saori.

Miraron con algo de recelo mientras la puerta se abría y de ella salía un atractivo hombre alto, su tez estaba bronceada, sus ojos eran de un profundo azul zafiro, tenía el cabello rubio y algo ondulado medianamente largo que caía hasta sus hombros de forma irregular, dos pequeñas trenzas salían de la altura de sus sienes a ambos costados y estaban atadas en una coleta, vestía una corta túnica blanca ricamente ornamentada, su cinturón, grebas, y brazales eran de oro puro, su cosmos era poderoso pero lleno de paz como el de Athena.

- ¿Quién eres? ¿Dónde está Saori?- preguntó Seiya sin rodeos, pero la joven salió del carruaje en ese momento y al ver la actitud desconfiada que tenían sus caballeros tuvo que intervenir.

- Seiya, he traído un invitado, se quedará muy poco con nosotros lamento no haberles avisado con tiempo, pero esto salió repentinamente- explicó Saori con amabilidad- Eros lamento esta bienvenida.

- Athena descuida, sé que tras tantas batallas tus caballeros y amazonas no pueden esperar nada bueno de nosotros los dioses- sonrió el invitado haciendo una reverencia- permítanme presentarme soy Eros, hijo de la diosa Afrodita y dios del amor, la atracción sexual y el deseo.

- ¿Eros?- Seiya no entendía cual era la razón de que un dios con semejantes cualidades estuviera de visita en el Santuario, por un instante pensó que quizás Saori estaba en problemas y ella intuyendo lo que él pensaba se adelantó.

- Eros ha venido en representación de mi padre Zeus, para que se cumplan sus mandatos dentro de este Santuario- Saori fijó su mirada en Shaina y Marín, ellas comprendieron rápidamente de qué se trataba, Athena traía la tan ansiada respuesta a la abolición de la máscara- ¿Dónde se encuentra June?- preguntó.

- Tuvimos un serio problema Athena- explicó Hyoga tomando su rol de patriarca- su depresión la estaba llevando al borde de la muerte y Shun decidió sacarla del claustro para llevarla a un lugar donde pudiera recuperarse, dijo que regresaría el mismo día que tú, pero aún no han llegado.

- Comprendo, entonces dejaremos los asuntos importantes para cuando vuelvan, no deben tardar- Saori miró a Eros quien de pronto puso una terrible expresión de seriedad en su rostro- Hyoga es mi brazo derecho, es el actual patriarca de mi Santuario, te guiará a tus aposentos.

Eros saludó con respeto al Caballero del Cisne y aceptó ser guiado a una elegante y cómoda recámara que fue preparada para él cuanto antes.

- ¿Qué extraño? Me parece que ese rostro lo he visto antes en otro lugar- pensó Marín con suspicacia.

- ¿Cuál crees que sea la respuesta de Zeus sobre la máscara?- la interrumpió Shaina quien miraba con desconfianza al dios.

- No lo sé, pero si han enviado a un dios como ministro de fe es probable que Athena sí haya logrado algo, pero tendremos que esperar a que Shun y June regresen para saberlo-

Ikki y Seiya habían seguido a Saori, el primero deseaba hablar con ella en privado pero la presencia del Caballero de Pegaso le incomodaba, este último tenía muchas preguntas que hacerle a la diosa.

- ¿Cómo te fue con Zeus? ¿Hay una esperanza para Shun, June y Shaina? ¿Por qué vino ese tipo contigo?- no dejaba de interrogarla mientras caminaban tras ella. Saori algo fatigada decidió entrar a una pequeña sala habilitada para entrevistas personales, y se sentó en un pequeño y cómodo diván.

- Seiya, son demasiadas preguntas y creo que mis amazonas deben saber la respuesta primero que tú-

- Todos estamos preocupados por Shun y June, además me concierne este asunto, esa muchacha morirá porque los caballeros de acero, los de isla Andrómeda, Tatsumi, Hyoga y yo vimos su rostro y también vi el rostro de Shaina- reclamó el Caballero de Pegaso- ni siquiera te molestaste en decirme eso tan importante antes de marcharte hace seis meses.

- Debes estar tranquilo, ni June ni Shaina morirán- dijo Saori con pesar, un par de lágrimas rebeldes resbalaron por sus mejillas, había logrado abolir la ley de la máscara en tiempos de paz, pero la sentencia de la amazona de Ofiocus y la de Camaleón aunque había sido aminorada no la dejaba conforme.

- Si eso es así ¿Por qué lloras?- Seiya se acercó a su diosa preocupado y ella no pudo contener más su tristeza.

- Zeus me ha pedido que…borre todos los recuerdos de Shaina y June, y que sean entrenadas nuevamente como amazonas-

- ¡¿Qué?!- Seiya e Ikki la escucharon consternados.

- Así es, June olvidará que entrenó con Shun, y también tendrá que olvidarlo a él, en el caso de Shaina sucederá los mismo- sentenció entristecida Athena. Ikki guardó silencio, las cosas sólo habían mejorado un poco, pero su hermano terminaría desdichado de todas formas.

- ¡Pero eso no es justo! Ellos se aman, y al fin lo han reconocido y Shaina es una gran guerrera no podemos borrarle todo de la cabeza y hacerla empezar de cero- protestó Seiya, pero se dio cuenta que eso no lograría cambiar la decisión de Zeus y sólo contribuía a que Saori se mortificara aún más- Ese tipo, Eros ¿Acaso no es dios del amor? ¿No puede hacer algo por ellos?

- Eros fue enviado por mi padre para que se cumpla la sentencia- explicó Saori secando sus lágrimas. Un pequeño golpe en la puerta de la sala los interrumpió y Eros apareció con elegancia tras ella.

- Lamento entrar de improviso, pero Athena y yo tenemos algo importante que discutir- explicó con cortesía.

- Aún no hemos terminado ¿Verdad Ikki?- Seiya miró en todas direcciones pero el Caballero del Fénix había desaparecido- ¿Dónde se metió?

- Seiya, terminaremos esta conversación después- Saori le indicó la salida al Caballero de Pegaso y este terminó saliendo enfadado y dando un portazo.

- Vaya modales, mi madre no entiende qué le ves de especial- Eros caminó hacia el diván y se sentó junto a Athena- el amor suele ser incomprensible incluso para los propios dioses- suspiró pensando en que él era el encargado de ese tipo de situaciones, si lo quisiera, podría lanzar una flecha a Seiya para que odiara a Saori o la olvidara, pero pensaba que prefería crear oportunidades, no destrozarlas, todos debían encontrar el amor y él en su calidad de dios no lo impediría a menos que se tratara de un castigo de los dioses, o que ciertas uniones afectaran considerablemente el orden del universo, por otro lado, a lo largo de las guerras santas y pasadas encarnaciones, Athena jamás había logrado consolidarse con el Caballero de Pegaso, y esta no sería la excepción.

- ¿Estás cómodo en tu habitación?- preguntó Saori quien luego de sonrojarse intentó recobrar su compostura.

- Así es, pese a que tu santuario aún es un caos, tu patriarca me ha dado un buen lugar para hospedarme- El dios acarició la mejilla humedecida de la joven- no te aflijas, tus amazonas no recordarán nada y podrán rehacer sus vidas con menos sufrimiento, tu sacrificio no será en vano.

- Quiero creer que eso será así, de todas las opciones esa es mucho mejor que la muerte- contestó Saori apesadumbrada mientras se ponía de pie- Eros, sé que eres el ministro de fe que envió mi padre, pero también sé que tú te ofreciste para esta misión, quiero saber el por qué.

Eros sonrió amablemente antes de contestar.

- En verdad eres sabia y astuta Athena, mi madre me lo había dicho, y seré honesto contigo, estoy aquí porque dentro de tu orden hay alguien que me interesa-

- ¿Alguien que te interesa?- Saori lo miró con incertidumbre.

- Así es, hace muchos años, cuando era niño y vivía entre los mortales, envié a tu orden a alguien a quién amaba mucho para que fuera protegida y aprendiera a defenderse por sí misma de la crueldad del mundo, ya es hora de que regrese conmigo- explicó él con un brillo especial en la mirada.

Había llegado el atardecer, frente a la entrada de la reconstruida Casa de Aries se encontraba June. Después de salir de la isla en donde estaba escondida con Shun tomó un camino que la condujera directamente hasta Rodorio, su viaje había terminado.

- Al fin estoy aquí, pese a que juré que no vendría a este lugar después de que mataron a mi maestro y mis amigos, siempre regreso- un par de lágrimas resbalaron por sus mejillas pero la máscara cubría su rostro, estaba a punto de ingresar en Aries cuando alguien la tomó fuertemente impidiendo que pudiera entrar- ¿Quién eres? ¡Suéltame!

- ¡No, no lo haré!- escuchó decir a Shun, quien al fin la había alcanzado, al oír su voz June dejó de forcejear y lo miró directamente a los ojos.

- ¿Por qué me seguiste? No tenías que hacerlo, no quiero que me veas morir- dijo quitándose la máscara. Shun vio una vez más su rostro afligido.

- Vine porque eres mi mujer, porque bajo las estrellas prometiste que me acompañarías hasta el final de mis días, y yo prometí que jamás te abandonaría, es ahora cuando más me necesitas si no puedo acompañarte en este momento, si mueres y no estoy junto a ti, jamás me lo perdonaré, nunca me consideraré digno de ser tu esposo- las palabras de Shun, sus lágrimas, conmovieron en lo más hondo a June, quién se lanzó a sus brazos sollozando con fuerza.

- ¡Perdóname Shun, tengo miedo de lo que vaya a suceder y de lo que va a pasar contigo!- El Caballero de Andrómeda acarició con ternura a June, la estrechó contra su cuerpo y la besó.

- Yo también lo tengo, pero mientras estemos juntos podremos superarlo-

En ese instante unos pasos se escucharon a través de la Casa de Aries, ambos miraron la entrada y su sorpresa fue enorme al ver salir a Ikki a recibirlos.

- ¡Hermano!- Shun iba a saludarlo, pero el Caballero del Fénix lo empujó provocando que cayera al suelo- ¿Por qué haces esto?

- Váyanse de aquí cuanto antes, no se atrevan a regresar- dijo Ikki tomando postura de ataque.

- ¿Qué sucede?- Shun no entendía la actitud de su hermano, se supone que habían superado sus diferencias y también las que tenía con June.

- Lárguense o sufrirán las consecuencias- advirtió Ikki.

- ¡No me moveré hasta que me des una buena explicación!- insistió Shun pero Ikki volvió a atacarlo, esta vez June corrió en defensa del peliverde y también resultó lastimada tras una fuerte bofetada que le dio el Caballero del Fénix.

- No seas cabeza dura, si se quedan aquí algo horrible le sucederá a June, márchense cuanto antes y no regresen-

Seiya y Hyoga aparecieron justo en ese momento, al verlos corrieron hacia ellos.

- ¡Ikki! Sabía que intentarías detenerlos- dijo Seiya con seriedad- ya le dije todo a Hyoga.

- Deben irse del Santuario antes de que Athena se dé cuenta que están aquí, vayan a Siberia, Jacob les conseguirá un hogar por un tiempo, no se queden demasiado, muévanse de un lugar a otro- El Caballero del Cisne le entregó una pequeña carta a Shun- él reconoce mi letra, así no tendrán problemas.

Pero Shaina y Marín, quienes desconocían por completo la sentencia de Athena y los planes de Seiya, Hyoga e Ikki, aparecieron en ese momento.

- June, al fin has regresado ¿Te sientes mejor?- preguntó Marín acercándose a ella, pero la joven no pudo contestar con todo ese escándalo.

- Pensé que no regresarían, Athena ha vuelto y trae una respuesta para nosotras desde el Olimpo- explicó Shaina.

- ¡No hay tiempo! ¡Váyanse!- dijeron alterados Seiya e Ikki, pero Saori sintió el cosmos de Shun y June y encendiendo el de ella comenzó a llamarlos.

- ¡Oh, no! Ya es demasiado tarde- dijo Hyoga con pesar- deberán presentarse ante Athena.

El camino por las doce casas fue hecho en completo silencio, Shaina y Marín no necesitaron que les explicaran nada para entender que algo malo estaba por suceder. Ikki observaba con tristeza a su hermano y a la amazona de Camaleón, quienes iban tomados de la mano, y Hyoga y Seiya miraban fijamente el suelo.

Al llegar al templo principal, Athena los esperaba con su cálido cosmos y los brazos extendidos en señal de bienvenida pero su mirada se veía profundamente triste.

- Me alegra que estén de regreso- dijo mientras un nudo se formaba en su garganta- June, Hyoga me dijo que estuviste grave y que Shun te sacó del claustro para que pudieras recuperarte ¿Estás mejor?

- Sí mi señora Athena, Shun salvó mi vida- respondió la amazona poniéndose de rodillas delante de la diosa, a pesar de que sus piernas temblaban. Ni ella ni Shun dejaron de pensar durante todo el trayecto en lo que les había dicho Ikki, algo horrible le iba a suceder.

- Entonces, debemos agradecerle- se escuchó una voz masculina, y Eros salió del templo para ubicarse al lado de Athena. June y Shun observaron al desconocido con algo de recelo y este esbozó una ligera sonrisa- Veo que no me recuerdas, eso es obvio, han pasado demasiados años.

Un intenso olor a violetas salió del morral de la amazona de Camaleón, ella sacó un pequeño ramo de esas flores que conservaba desde pequeña y que estaba seco.

- ¿Cómo es posible que las violetas aún conserven su fragancia?- dijo confundida mientras las flores revivían, no entendía lo que estaba sucediendo.

- Eres demasiado chiquita, estás muy delgada te puedes quebrar, desde ahora yo te cuidaré pequeña June- dijo Eros bajando un par de peldaños hasta quedar frente a la joven y acariciar su cabeza con ternura, al oírlo la amazona de Camaleón comprendió de quién se trataba- Al fin vuelvo a verte mi querida hermana.

- ¡Vincenzo!- varias lágrimas corrieron por las mejillas de June, y se dirigió directamente hacia su hermanastro- ¡Vincenzo, eres tú, de verdad eres tú!

Él, lleno de amor, acogió a su hermana entre sus brazos, ante la mirada asombrada de todos incluyendo a Shun.

- ¿No puede ser posible? ¿Eros es hermano de June?- dijo Shaina.

- ¿Eros?- Shun no podía creer lo que escuchaba, pero de pronto el tiempo pareció congelarse, un frío penetrante se apoderó de ese lugar, el cosmos de Eros se elevó con violencia mientras una lágrima cristalina brillaba en su mejilla.

- Athena ¿Qué significa esto?- dijo con una voz temible- Mi hermana, mi preciosa hermana ya no es virgen.

- ¿Qué?- Saori observó a Shun y a June con desconcierto, mientras el Santuario comenzaba a temblar.

- Tú lo hiciste, maldito habitáculo de Hades, deshonraste a mi hermana, pagarás por haber provocado la ira de Eros- Vincenzo hizo aparecer un arco dorado y un carcaj con flechas, sacando una de hierro la puso para disparar contra Shun.

- ¿Eros? ¿Vincenzo de qué estás hablando?- June miró a su hermanastro sin comprender, pero apenas se percató de que iba a dispararle a Shun, intentó detenerlo- ¡No, no le hagas daño!

Pero enceguecido por la ira Vincenzo disparó contra el Caballero de Andrómeda, sin darse cuenta que la amazona de Camaleón se interpuso entre la flecha y su objetivo, lastimándole un brazo.

- ¡June!- Shun corrió hacia ella para socorrerla.

- Tranquilo, estoy bien, sólo me rozó el brazo no es nada- sonrió ella aún con lágrimas.

- ¿Por qué lo proteges? Hermana, ahora que ya no eres virgen has cometido una ofensa mucho más grande contra la diosa a la que sirves- dijo Eros con la voz temblorosa con una mezcla de ira y tristeza- Athena hizo votos de castidad desde la mitología, todas sus amazonas deben seguir su ejemplo y el pecado que has cometido sólo se puede limpiar con la muerte.

- Vincenzo…yo lo amo…no le temo a la muerte, si puedo estar a su lado aunque sea por un instante más- dijo la joven antes de desmayarse. Eros iba a disparar una segunda flecha de hierro contra Shun, pero Saori lo detuvo.

- Eros, ya basta, podemos solucionar esto de alguna manera razonable y sin violencia, recuerda que estás en mi Santuario-

- Lo haré sólo porque la vida de mi hermana está en juego, pero no creas que te perdonaré a ti y a ese Caballero tuyo, quiero su cabeza- Eros guardó su arco y sus flechas, y tomando a June entre sus brazos se marchó hacia su alcoba.

Continuará…

Debo reconocer que me quedó sin querer bien Overture xD la próxima actualización será el miércoles 23 de Abril, nos estamos leyendo :D