Capitulo 25
"Declaraciones"
Un hombre vestido con gabardina gris entró en el bar, la pelirroja lo observó detenidamente, no era un hombre feo, al contrario, era guapo, joven, pero un simple reportero, no era el tipo de hombres con el que ella acostumbraba salir, sin embargo este podía ser su juguete, un hombre distinto a la colección de hombres mayores que tenía en su haber, pero debía mantenerlo en secreto.
Sonrió seductoramente, y clavo su mirada en el joven, el por su parte sabía perfectamente quien era ella, y que tipo de mujer era, siguiendo el juego correspondió a su sonrisa, y saludo cortésmente, le invitaron a tomar asiento, y un sobre fue deslizado por encima de la mesa, el lo tomó, lo guardó en el bolsillo, y preguntó:
-¿Cuál es el siguiente paso?-
-Hundirla en el lodo, hasta que no le quede de otra que desaparecer de este mundo, o bien hasta que se sienta tan despreciable que acepte ser la amante de mi hermano..
-¡Elisa!
-Vamos Neal, eso es lo que esperas, que ella se sienta tan sucia que ya nada le importe, y yo quiero que mi tío quede tan asqueado que la repudie.
El joven observó como los bellos rasgos de la mujer se distorsionaron con odio, se preguntó cuanto habría sufrido o que tanto había hecho la otra mujer como para que la odiara de esa forma. Sin embargo no dijo nada, solo escucho sus siguientes instrucciones y recibió el dinero, esa noche el estaría en la recepción de los Andrey , podría conocer en persona a la mujer que tanto daño había causado a la hermosa Eliza Leegan.
Southampton.
El la buscaba, observaba a cada mujer que descendía del navío aunque habían pasado algún tiempo desde la última vez que la vio aun tenía grabado en su memoria su rostro, sus bellos ojos lo perseguían, y esperaba ansioso contemplarla una vez mas; por fin en lo alto de la baranda se dibujo una figura familiar, el la observó, en verdad se veía hermosa, serena, y en su mirada había un brillo de determinación, ella no lo esperaba, pero sintió una mirada sobre ella, e instintivamente volteó hacia donde el se encontraba, esmeralda y turquesa se fundieron en uno solo, Elizabeth se dirigió hacia el embelesada, se preguntaba si acaso era un espejismo, pero no, ahí estaba Richard, y le sonreía.
-¿Cómo supiste?
-Digamos que es importante saber en todo momento cuales son los pasos de la futura duquesa de Oxenford.
-Richard…-las lágrimas inundaron sus ojos, pero no pudo decir nada, porque el la tomo en sus brazos y la beso.
Los flashes de las cámaras de los reporteros no se hicieron esperar, tenían como costumbre asistir al puerto cada vez que un trasatlántico lujoso llegaba, y de inmediato reconocieron a la recién divorciada Elizabeth Lancaster, y a su ex prometido Richard Oxenford, definitivamente habría mucho que decir en las notas del día siguiente, mas tomando en cuenta el boom que ya era la historia desde el enfoque americano, ahora Inglaterra tenía sus propios protagonistas.
-Lady Lancaster, Lord Oxenford, ¿están juntos de nuevo?
Richard de bastante buen humor se decidió a contestar.
-¿No es bastante obvio señores?
-Milord, ¿es usted la razón por la que Lady Lancaster de divorció?-
-Creo que eso no es de su incumbencia…
-Milady, que opina de la fiesta que darán los Andrey esta noche, ¿es para anunciar el compromiso de su ex esposo con Miss Andrey?
Elizabeth suspiró, en verdad odiaba a los reporteros, durante sus años de matrimonio con Albert la habían asediado y criticado a mas no poder, también sabía que cualquier palabra dicha podía ser distorsionada hasta crear una declaración escandalosa... así que se armó de paciencia y contesto con firmeza.
-No se si la razón de la fiesta sea anunciar el compromiso de Candy y de William, sin embargo estoy segura que si es en honor de ella…
Una astuta reportera preguntó con malicia:
-¿Qué se siente ser reemplazada por su doble americana?
Los ojos de Elizabeth relampaguearon, sin embargo se contuvo y dignamente contesto.
-Candy no es mi reemplazó, yo pedí la anulación de ese matrimonio, y yo decidí regresar a Inglaterra, mi separación de William fue totalmente amistosa, y les deseo lo mejor, ahora si nos disculpan no contestaré mas preguntas.
Elizabeth y Richard tomados de la mano comenzaron a avanzar en medio de una lluvia de preguntas.
¿Cuándo se casan? ¿fueron amantes mientras Lady Lancaster estuvo casada? ¿Qué proporción de la fortuna de los Andrey pasó a sus manos? ¿las joyas familiares tuvieron que ser devueltas? ¿Es cierto que ud. y Miss Andrey son hermanas?
Ambos jóvenes ignoraron las preguntas y se dirigieron al auto con chofer que les esperaba, en su cabeza Elizabeth contestaba cada una de las preguntas sin embargo no emitió ni una sola palabra…
Espero que pronto…amantes mientras estuve casada jajajaja ¿Cómo no se me ocurrió?...no me quede con un solo centavo de los Andrey…las joyas familiares..esas nunca fueron mías, todas eran de Candy, Albert me regaló joyas, pero todas las compró, nunca fueron las que por derecho me correspondían como su esposa, la gran mayoría de ellas ya las había regalado antes de conocernos y las que estaban estrictamente reservadas para su esposa, como el antiquísimo anillo de compromisos, la tiara nupcial, el medallón de los Andrey y demás, jamás fueron para ella…Candy y yo hermanas…es muy posible, si mi cabello fuese rubio seríamos idénticas, sin embargo mi cabellos jamás serán rubios de nuevo…vagamente recordaba la época cuando fue adoptada y su madre se encargó de que sus rubios rizos fueran teñidos de negro…sus pensamientos fueron interrumpidos cuando Richard apretó fuerte su mano y le dijo:
-Amor mío quiero que nos casemos cuanto antes…-
-Richard ¿estas seguro?-
-Si, no me importa el escándalo…no puedo seguir separado de ti… Elizabeth, ¿aceptas ser mi esposa?-preguntó sacando de uno de los bolsillos de su saco una hermosa cajita de terciopelo negro, y al abrirla descubrió para ella el hermoso anillo ancestral de los Oxenford, famoso por su exquisito diamante azulado.
-Richard… es el anillo de tu madre…-
-Ella sabe cuanto te amo, y quiere vernos felices…-
-Claro que si amor…acepto casarme contigo…-
-¿hoy mismo?
-¿Cómo crees? Debemos hablar con mis padres, y preparar todo, y…- ella tuvo que callar, ya que un beso ahogo sus palabras..
-ya me encargue de todo…lo veras..-
Elizabeth no estaba segura de lo que esas palabras significaban, sin embargo no lo pudo cuestionar porque el solo se había separado el tiempo suficiente para decirle eso, y ahora una vez más la llevaba a otro mundo con sus besos.
Nueva York.
-Debiste llamar a Albert para avisar que no iríamos…-
-Lo sé, sin embargo no lo hice..-
-¿porqué Terry? ¿a que le temes? ¿acaso crees que él te hará daño?
-No Sarah, sé que está muy molesto, pero también está muy feliz, la mujer de su vida regresó a su lado, en realidad lo que mas temo es encontrarme con ella y no encontrar en sus ojos nada mas que el frío de su desprecio, ella no se merecía lo qué le hice.
-Terry… ambos encontraremos eso… sin embargo…ya pasará… ¿te duele haberla perdido como amiga? -
-Mas de lo que te imaginas Sarah, cuando te perdí ella fue quien me mantuvo a flote, la que me impulso a realizar mis sueños, me ayudo a reconciliarme con mi madre…después vino y se hizo cargo de Susana, me aguantó tanto, y me amó…lo dejó todo por mi…-
-Terry, lo hecho, hecho está, y un día tendremos que enfrentar lo sucedido, por ahora con todos los chismes de la prensa tal vez tengas razón y lo mejor es no haber ido a Chicago..No entiendo como se atrevieron a publicar todo eso, después de que tanto mamá como mi padre les han estado pagando, y no dudo que la gente de Albert también…y tus padres…-
-Alguién pagó mas, así es esto, y te aseguro que no pagó mas solo porque sí.-
-¿Crees que quieren hacernos daño?-
-No se si a ti y a mi directamente, o a Candy…habrá que esperar un poco para descubrirlo…por lo pronto debemos tener cuidado, por favor no salgas sin un guardaespaldas.-
-Terry estás exagerando, los reporteros querrán destruir nuestra imagen, pero no dañarnos físicamente…-
-No son los reporteros quien me preocupan, sino quienquiera que es capaz de pagar mas de lo que tres familias muy poderosas ya estaban pagando por el silencio de la prensa..-
Sarah se acercó y abrazó a Terry, el tomó su rostro entre sus manos, y clavó su mirada en la de ella. Era tan fácil perderse en las profundidades de sus hermosos ojos grises, la amaba, con la locura del adolescente que había sido, y con la calma del hombre que había encontrado lo que buscaba, las tormentas no se levantarían más en las aguas profundas de los ojos de Terry Grandchester, porque había llegado a puerto…
-Te amo-
Ella sonrió.
- Yo también te amo.-
-Cásate conmigo-
- ¿es una propuesta o una orden señor Grandchester?-
-jajajaja….eres única… es una orden y una propuesta…-
-jajajaja nunca cambiaras eres un arrogante.-
- Bueno…pues si, pero eso siempre lo has sabido, ahora contéstame.-
-¿no que había sido una orden?- Sarah sonrió, amaba a ese hombre, no solo por lo apuesto, sensual y encantador que era, ni tampoco por su seductora voz, o la enloquecedora forma en que besaba, ni siquiera por lo buen amante que era, ella amaba de el todo, su sarcasmo, sus arranques, sus celos, su pasión, todo aquello que el mundo consideraba defectos en el no importaba, porque ella conocía al verdadero Terry.
-Esta bien quieres una propuesta..- dijo ese en tono dramático, que derretía a las mujeres cuando interpretaba a Romeo, o a Hamlet, en un segundo puso una rodilla en el suelo, y con una caravana teatral tomó su mano. El corazón de Sarah se detuvo por un momento.
-Milady, no puedo vivir sin Ud. sé que la hermosa calma de sus ojos grises calma mis tempestades, y que sin Ud. a mi lado estoy perdido, eres el faro que me guía a aguas tranquilas, mi puerto seguro ¿me concederías el honor de prolongar y completar mi existencia, de hacerme el hombre mas feliz sobre la tierra aceptando ser mi esposa?-
Sarah lo miró sorprendida, hacía años que había esperado escuchar esas palabras, y aún ahora no había pensado que sucediera tan pronto. Al hacer la pregunta Terry sacó de su bolsillo una cajita de terciopelo, y abriéndola le ofreció un hermoso anillo de compromiso, Sarah pudo reconocer el exquisito e invaluable zafiro de la familia Grandchester, que tradicionalmente se ofrecía a la prometida del heredero del ducado, y que sin embargo no había aparecido en mano de nadie por una generación, ya que la actual ex esposa del duque jamás lo había portado.
-Terry…claro que acepto… es…-
-Si, es el zafiro Grandchester…mi madre me lo dio..-
-¿tu madre? Pero ella nunca fue la duquesa…-
-No, nunca lo fue, sin embargo si fue la mujer que mi padre amó, y a ella se lo regaló, ahora entiendes un poco mas de porque la ex duquesa me odia, no solo soy el hijo de la mujer que amó mi padre, sino el hijo de la dueña del corazón del duque, y a quien la joya mas valiosa de toda la colección le fue reglada.-
-Mi amor…seré tu esposa…-
Terry sonrió y tomando su mano izquierda colocó en ella el hermoso anillo, y la besó.
Un flash iluminó de pronto el camerino, pero antes de que cualquiera de ellos pudiese reaccionar, el hombre de la cámara desapareció llevándose consigo una foto que valdría miles de dólares. Ya podía imaginar el encabezado…vendería esa foto al mejor postor.
Terry apretó la mandíbula conteniendo su enojo reprimió su deseo de correr tras el hombre, Sarah decidió distraerlo y cerrando cuidadosamente la puerta se acercó a el y comenzó besarlo de tal manera que en segundos el no podía pensar en otra cosa que en las cálidas curvas del cuerpo femenino que sus manos recorrían así como en el dulce sabor de su boca.
Lakewood.
La antigua mansión señorial se encontraba elegantemente decorada, por todo el jardín se habían distribuido velas y lámparas chinas blancas, creando una atmósfera mágica y romántica, a un lado del jardín de rosas sobre el césped se habían distribuido
grandes carpas blancas, en esta ocasión la fiesta no se llevaría a cabo dentro de la mansión, sino que a petición de Candy el escenario sería el jardín.
Las notas de los violines flotaban en el aire, los invitados comentaban sobre el agradable ambiente, había expectación en el aire, la prensa esperaba discretamente, los rumores corrían, todos estaban enterados de las últimas noticias, y esperaban con ansias la aparición de Candy y de Albert, la mayoría apostaba que ella era solamente su amante, y que nunca sería la señora Andrey después de haberse ido con Terrence Grandchester. Aun así nadie diría nada hasta saber cuál era la postura de William Andrey, eran muy pocos los que podían darse el lujo de enemistarse con él, y los que si podían no les importaba lo que William Andrey hiciera de su vida mientras sus negocios con él los siguieran haciendo ricos a ellos.
Había pasado algún tiempo y todos esperaban impacientes de pronto en lo alto de la escalera que conducía al jardín apareció la tan esperada pareja, ella se veía hermosa, única, seductora y una mirada confiada iluminaba sus ojos, sabía que mientras Albert estuviese a su lado nada malo podía pasarle.
Albert observó a la concurrencia, en la cara de cada uno pudo leer su postura, y sabía que la mayoría de ellos no se esperaba lo que el estaba a punto de hacer, sin embargo no solo deseaba hacerlo, también cría que probablemente era la única forma de protegerla de quien quiera que estaba empeñado en destruir la reputación de Candice White Andrey.
El la tomó de ambas manos y quedó frente a ella, la observó por un momento su blanco cuello lucía una hermosa y delicada gargantilla de oro con un diamante en forma de rosa y corazón, tallado en una sola pieza, con el escudo de los Andrey grabado en el interior, la joya por si misma hablaba, todos sabían que significaba, pero aún así dudaron, de pronto ante la mirada sorprendida de todos Albert puso una rodilla en el suelo, y sacó de su saco un hermoso anillo, una gran esmeralda rodeada de diamantes en una exquisita montura antigua, el anillo de compromiso de los Andrey, el que todos habían esperado ver en la mano de Elizabeth Lancaster. Albert se había negado a dárselo, le había comprado un hermosos anillo de diamantes de Cartier. Ahora era el momento, tenía frente a él a la mujer de su vida, y le dijo:
-Candy, amor mío aquí delante de todos quiero pedirte que me concedas el honor de ser mi esposa.
El murmullo que se levantó entre los invitados fue bastante obvio, ahora sabían cual era la postura que debían tomar, así como la posición que ella tenía en la sociedad.
-Si Albert…
El se levantó, la tomó en sus brazos y beso suavemente sus labios, después se volvió hacia las escaleras, y tomándola de la mano descendieron para mezclarse con los invitados.
Una mirada penetrante la seguía, debía reconocer que era una mujer hermosa, sin embargo después de ver la reacción de Eliza Leegan estaba decidido a destruirla.
