¡Hola a todos!
Muchas gracias, como siempre, a ken1997 y a SakuraLovely15 por sus comentarios. Antes de nada, pacieeeeencia. Os voy a hacer sufrir mujajajaja (Sí, SakuraLovely15, esto va para ti xD).
Creo que los capítulos que tengo escritos a partir de ahora son algo más largos que de costumbre, aunque tampoco tengo mucho escrito. Me debería poner las pilas porque siempre me gusta tener algo de margen. Soy de esas que escribe el capítulo y, cada vez que lo lee, lo modifica, por eso me gusta escribir con unas semanas de adelanto.
Me alegro de que gustara el capítulo de la semana pasada y la parte de la ducha. Me imaginaba que eso tendría éxito xD Así que espero que éste también os guste.
¡Disfrutad de la lectura!
One Piece y sus personajes no me pertenecen, sino a Eiichiro Oda
Capítulo 25
Habían sido unas primeras horas extrañas en el castillo. Ni Yua ni Zoro eran buenos actores y tampoco sabían desenvolverse bien en la situación en la que se encontraban. Aquella noche, la castaña había estado dándole vueltas a esa idea descabellada que se le había ocurrido en el bosque. ¿Agentes del Gobierno? Ni en sueños.
Esa mañana, Izaro les esperaba ya sentado sobre la larga mesa que presidía uno de los comedores secundarios del castillo. Sobre ella, había amontonados numerosos platos con fruta recién cortada, jarras con zumo, carne, tostadas, huevos… En defintiva, una cantidad de comida que a Yua le parecía absurda e innecesaria. El hombre le indicó que tomara asiento a su lado, acercándose ésta con una sonrisa encantadora mientras podía sentir en su nuca la mirada reprobatoria de Zoro.
Tan pronto como los dos tomaron asiento, un par de sirvientes se acercaron para servirles café y leche tal como ellos desearan. Yua les sonrió, agradecida, olvidando de nuevo completamente que, siendo alguien del Gobierno, estaba por encima de unos simples servientes. Solo cuando se dio cuenta de que los rostros de aquellos sirvientes mostraban incredulidad, se percató de que no dejaba de cometer los mismo errores.
"Espero que hayáis dormido bien", Izaro rompió el silencio para, después, dar un sorbo a su taza de café.
"Sí, gracias"
Izaro sonrió y se inclinó ligeramente hacia Yua, "Eres demasiado amable para ser del Gobierno, ¿no te parece?"
Las mejillas de la castaña se sonrojaron por la cercanía del hombre. No podía negarlo, era verdaderamente atractivo. Era elegante vistiendo, poseía una sonrisa picarona realmente encantadora y desprendía cierto olor varonil que hacía que Yua sintiera un extraño cosquilleo en el estómago.
"Digamos que siempre me ha gustado ir a contracorriente", respondió finalmente, una vez consiguió calmar su nerviosismo.
Izaro soltó una leve carcajada, "Buena respuesta. Cada día me gustas más, preciosa", las mejillas de Yua subieron rápidamente de color, mientras que el rostro de Zoro se ensombrecía por la actitud de Izaro con la chica. Este hecho no pasó desapercibido para el hombre, que se giró hacia el espadachín con una sonrisa, "Tranquilo, no le haría nada inapropiado a tu hermana… Qué bonito, ¿verdad? Esa necesidad de protección que ejercen siempre los hermanos mayores con los pequeños, sobre todo si son chicas", Izaro se apoyó en la mesa, manteniendo aquella sonrisa que a Zoro le parecía de lo más hipócrita, "Pero Yua ya es toda una mujer, ¿no te parece?"
"Ten cuidado con lo que dices", le amenazó Zoro. Podía ver a través de aquellos ojos. La mirada de Izaro era desafiante, le estaba retando a cometer una estupidez y a revelar su identidad. No caería en su trampa, no en aquella ocasión, pero el espadachín se juró a sí mismo que si le ponía un solo dedo encima a Yua, le mataría.
Izaró rió de nuevo y se apoyó en el respaldo de la enorme y ostentosa silla sobre la que se sentaba, "Qué aburrido eres, ¿no?", el hombre volvió a posar sus ojos sobre la castaña, "Casi tanto como ese vestido que llevas", Yua se miró la ropa y se sonrojó de nuevo. Era el mismo vestido que había llevado el día anterior, no tenía otro para cambiarse, por lo que tenía que conformarse con aquella prenda. No obstante, a ella siempre le había gustado, pero, desde que Izaro había destacado lo aburrido que era, se sentía ridícula con él, "No te preocupes. Yo solucionaré eso. Voy a encargar a mis subordinados que llenen el armario y los cajones de tu habitación de ropa nueva. Gravos es una tierra próspera en telas, famosa por sus prendas. Llevarás lo mejor que se haya hecho"
"No es necesario"
"Sí que lo es", el rostro de Izaro se tornó serio, "Sois mis invitados y este es mi castillo. Te pondrás esa ropa", el hombre se puso en pie, "Ahora, si me disculpáis, disfrutad del desayuno. Yo tengo cosas que hacer"
Izaro dio media vuelta y, seguido de un par de hombres, salió del comedor. Yua y Zoro se miraron confundidos, aunque Yua podía sentir cierto aire de preocupación en el espadachín. Lo estaba, Zoro estaba verdaderamente preocupado por ella. Aquel hombre no había mostrado toda su naturaleza, pero, por su forma de actuar, podía adivinar que se trataba de un hombre manipulador y posesivo. No podía quitar los ojos de encima de Yua porque sabía que Izaro esperaría cualquier movimiento en falso de la chica para aprovecharse de ella.
Zoro podía verlo, a pesar de que ella aparentaba ser fuerte, no lo era. Seguía siendo la misma Yua débil e inocente de siempre.
"¿Adónde vas?", preguntó el espadachín al ver que Yua se bebía su café de un sorbo y se ponía también de pie.
"Solo voy a dar un paseo"
Le habría gustado acompañarla, pero la castaña se perdió rápidamente al girar hacia la derecha del pasillo y le resultó imposible seguirla en aquel laberinto que era el castillo.
Yua solo quería estar sola e investigar un poco el castillo por su cuenta. Izaro era un tipo extraño y, por lo poco que había estado con él, también peligroso. No obstante, despertaba en la castaña una extraña sensación, una atracción que era incapaz de describir con palabras. Era distinto a las sensaciones y sentimientos que proliferaban cada vez que Zoro estaba cerca. No se atrevía a decir la palabra prohibida por miedo a que no fuera correspondida, pero comenzaba a ser consciente de que estaba perdida e irremediablemente enamorada del espadachín. Lo sabía desde el principio, desde la primera vez que le vio. Por eso sabía que el efecto que Izaro le producía era distinto. Aun así, estaba convencida de que, si se quedaba a solas con aquel hombre, podría cometer alguna estupidez, pues, era bastante evidente, él intentaba seducirla de manera directa.
"¡Hoy no te tocaba venir, anciano!"
Yua despertó de sus pensamientos al escuchar aquella voz que había retumbado por toda la istancia. Estaba en el la entrada del castillo y ni siquiera se había dado cuenta.
Sus ojos se posaron sobre los dos hombres que hablaban de mala manera a un anciano que llevaba varias cajas. Yua se aproximó a ellos para enterarse mejor de lo que sucedía cuando sus ojos se abrieron de par en par. Conocía a aquel anciano, era el mismo del bar. Los ojos grises del viejo se encontraron con los suyos y entonces supo que tenía que actuar.
"¿Qué demonios sucede aquí?", preguntó la chica, acercándose a los tres hombres.
"Métete en tus asuntos, mujer", respondió uno de los subordinados de Izaro, mirándola con desprecio.
Yua frunció el ceño por su actitud, "¿Tengo que recordarte que trabjo para el Gobierno, imbécil? Vuelve a tratarme así y haré que te conviertas en el transporte favorito de alguno de los Dragones Celestiales para los que trabajo. ¿Captas lo que quiero decir?"
El hombre apretó los dientes y asintió.
"El pedido de bebida se ha adelantado", dijo finalmente el otro.
"¿Y podéis decirme que tiene eso de malo? A lo mejor este hombre no puede venir el día que os trae vuestro maldito alcohol y por eso lo trae hoy", Yua miró al anciano, casi como si pudieran leerse la mente, y recogió las cajas, "Yo las llevaré hasta la cocina si esa era vuestra preocupación"
La castaña dio media vuelta arrastrando aquellas pesadas cajas en dirección de la cocina. A medida que se alejaba, Yua sentía cómo la adrenalina salía disparada por todos sus poros. Quizá el hecho de que se tratara del mismo anciano que les había dado tanta información el primer día le había hecho implicarse en exceso y por eso había sido capaz de tratar a aquellos hombres de esa manera. Se sentía realmente orgullosa de sí misma y, por alguna extraña razón, deseaba que Zoro hubiera estado allí para verlo, solo para restregarle que era capaz de desenvolverse por sí misma, pues podía verlo a través de los ojos del espadachín, él seguía viendo a la misma Yua de la isla Walla.
Ignoró las miradas de sorpresa de los sirvientes que trabajaban en la cocina y dejó las cajas en medio de la habitación. Yua pasó su mano por su frente, limpiándose el sudor por el esfuerzo realizado y, sin mediar palabra, tomó un cuchillo que había sobre una de las encimeras para hacer presión y utilizarla como palanca con la que abrir las cajas.
Bingo, pensó mentalmente cuando, en el fondo de la última caja, encontró un pequeño Den Den Mushi personalizado con una estrella, lo que indicaba que se trataba de un objeto de Franky. La chica sonrió satisfecha al tomarlo entre sus manos. Había sido una suerte haberse topado con el anciano por casualidad, pues, con solo verle, había estado convencida de que el resto de la tripuación tenía que estar detrás. Se habían separado hacía un día y aquella sería una buena forma de mantenerse en contacto sin despertar sospechas.
Levantó el rostro para toparse con los ojos curiosos de cocineros y demás sirvientes. Yua se llevó su dedo índice a sus labios e hizo un gesto para que guardaran silencio. Tan pronto como pudo, dio media vuelta y salió disparada hacia la habitación, esperando que Zoro estuviera allí y deseando, también, que aquellas personas guardaran silencio sobre lo que acababan de ver. Solo ellos podrían determinar si su conducta era de fiar o no.
Abrió de golpe la puerta de la habitación, encontrándose a un Zoro que se ejercitaba con sus katanas. El espadachín se frenó nada más verla, con la respiración agitada por haber corrido por los pasillos del castillo solo para darle la noticia. No hizo falta que ella dijera una sola palabra. Simplemente le mostró el Den Den Mushi que llevaba sobre su mano derecha para que Zoro comprendiera que Luffy y el resto habían encontrado una forma de ponerse en contacto con ellos.
"Me topé con el anciano, el del bar. Tuvo que ser el destino o algo, fue una suerte. Traía bebida, pero no era su día y unos tipos de Izaro le estaban tratando fatal y yo me puse como 'Volvedme a hablar así y os pondré a picar piedra, escoria'", la chica cerró la puerta, acercándose a Zoro visiblemente emocionada, "Así que me llevé las cajas a la cocina. Sabía que el anciano había venido por algo, sobre todo si no era su día, y en la última encontré esto, con un número"
"Tranquilízate", dijo Zoro finalmente, poniendo las espadas en su costado.
"Es difícil estar tranquila cuando las cosas avanzan tan rápido", la chica comenzó a marcar en el Den Den Mushi.
Purupurupuru
Catcha
"¡Zoro! ¡Yua!"
"¡Luffy!", Zoro le arrebató a Yua en Den Den Mushi de las manos.
"¿Estáis bien?"
"Sí. Estamos en el castillo. Hemos conocido al Izaro ese…"
"¡Voy a patearle el trasero!"
"¡Déjame terminar! Es peligroso, Luffy. Hay que tener cuidado con ese tipo"
Un ruido y una serie de protestas se escucharon al otro lado de la línea, "Oye, marimo", la voz de Sanji resonó al otro lado, "Más te vale que Yua-san esté perfectamente"
"¡Sanji!", Yua sintió cómo su corazón daba un vuelco al escuchar la voz de su amigo.
"Mi preciosa Yua-san… Qué alegría escuchar tu dulce voz…", A pesar de estar hablando por teléfono, Yua y Zoro casi podían sentir cómo cientos de corazones salían a través del Den Den Mushi.
"¡Dejaos de tonterías, idiotas!", la voz aguda de Nami sonó al otro lado de la línea, "Tenemos muchas cosas de las que hablar. ¿Habéis conocido a los príncipes?"
"Sí", respondió Yua, "Están en perfectas condiciones, aunque viven en otra zona del castillo, apartados. Creo que el anciano con el que Zoro y yo nos topamos el otro día es algo así como su cuidador, quizá el único hombre leal que les queda"
"El príncipe es un mocoso imbécil", intervino Zoro aproximándose a Yua para que la chica quedara más cerca del Den Den Mushi y que su voz también se escuchara.
Yua frunció el ceño, "¿Y cómo quieres que sea? Los tipos que han matado a sus padres quieren gobernar su país y encima le tienen aquí encerrado"
"¿Y a Izaro? Le habéis conocido también, ¿no?", esta vez era la voz de Robin.
"¡Oh sí! Y no era para nada como me le imaginaba. Es un hombre muy atractivo, pero coincido con Zoro en que es peligroso"
"¿¡Atractivo!?", preguntó Zoro mirando con incredulidad a la castaña. Ésta se sonrojo y se encogió de hombros. La risita de Robin se esuchó al otro lado del Den Den Mushi, casi como si pudiera ver a aquellos dos delante suya.
"¿Y vosotros? ¿Cómo estáis?", preguntó Yua, evitando dar una respuesta a Zoro.
"No tan bien como vosotros. Eso desde luego", Yua se sonrojó al escuchar aquella frase de Franky.
"Estamos en casa de Rufus, el anciano del bar", respondió Nami.
"Nos contó su historia SUUUUUPER dramática"
"Resulta que él es el abuelo de los niños. Su hija se casó con Hatsu, que entonces era el príncipe heredero, así es cómo se convirtió en reina y tuvieron al príncipe y a la princesa"
"Sion y Meldy", dijo Yua en susurró que, aun así, fue escuchado por todos.
"Así es. Gravos ha estado muchos años bajo la protección de Barbablanca, pero con su muerte hace dos años, los piratas de Kaido invadieron la isla. Como los reyes de Gravos tenían buena relación con el Gobierno gracias a su potencial como estrategas, les pidieron ayuda, pero el Gobierno miró para otro lado. Fue su manera de vengarse por no haberles ayudado durante la Gran Guerra de hace dos años en Marineford. Gravos no participó, ya que no podía ponerse contra Barbablanca, pero tampoco en contra del Gobierno"
"Por eso hay que ser prudentes, Yua-san", dijo Brook, "Todo es más complicado de lo que creemos"
"Lo verdaderamente curioso es que Izaro no ha movilizado a ninguno de sus hombres", intervino Robin, "Quizá no sepa quiénes sois vosotros, por lo que todavía no se ha enterado de que los Sombrero de Paja están aquí"
"Me imaginé que podían descubrirnos, así que tomé ropa del Sunny para disfrazarnos si era necesario. Nos hicimos pasar por miembros del Gobierno cuando nos descubrieron", explicó Yua.
Una carcajada sonó al otro lado del teléfono, extremadamente familiar tanto para Zoro como para Yua, pues la risa de Luffy era inconfundible, "¿Zoro haciéndose pasar por un miembro del Gobierno?"
"¡Cállate, idiota!", chilló Zoro, apretando los dientes.
"¿Y se han creído eso?", intervino la vocecita de Chopper.
"¡Pues claro que no!", Zoro se cruzó de brazos, "Obviamente no ha dicho nada. Creo que nos está poniendo a prueba"
"¿Qué quieres decir con eso?", preguntó Sanji.
"Que está esperando a que demos un paso en falso"
"Estoy de acuerdo con Zoro", añadió Yua, "No debemos precipitarnos. Dentro de poco será la coronación, pero tenemos tiempo suficiente para invesigar. El acceso al castillo es imposible, el foso es extremadamente grande, por lo que seríais vistos antes de daros cuenta siquiera. Tiene que haber otras formas de entrar al castillo. Solo os pido paciencia"
"Está bien. Investigad el castillo", determinó finalmente Luffy, "Hablaremos de nuevo cuando hayáis descubierto algo"
Yua y Zoro asintieron insconscientemente, como si el resto de sus nakamas pudieran verles.
"¡Cuida de Yua-san, marimo idiota!"
"Tened cuidado"
Tras el consejo de Robin, el Den Den Mushi cerró los ojos y un silencio invadió la habitación. Con solo escuchar sus voces, parecía que aquel dormitorio estaba lleno de vida, que estaban de vuelta en el Sunny.
Yua suspiró y apoyó su cabeza en el hombro de Zoro. Sin darse cuenta casi de lo que estaban haciendo, éste posó su mano sobre la cabellera de la muchacha y enredó sus dedos en su suave pelo, compartiendo un momento que, más tarde, difícilmente iban a olvidar.
¡Hasta aquí el capítulo!
Espero que haya gustado. El próximo es más largo, pero no quiero adelantar nada. Eso sí, como imaginaréis, Zoro y Yua están pasando mucho tiempo juntos, su relación va a avanzar más rápido.
¡Nos leemos!
