Bueno, nos vamos acercando al final, espero que este cumpla con sus expectativas, como había escrito antes, es lo que cruzo por mi mente y no por la autora original de este fic, ya saben de quien estoy hablando, es un pequeño tributo a ella, por que sin ella la historia no tendría pies ni cabeza, la primera historia que escribí de Twilight con su ayuda y que esta por terminar aquí, casi tres años después de iniciada, y con una de sus autoras en un lugar mejor.
Gracias por tomarse el trabajo de leerla, de ponerla entre sus favoritas, y de dejarle mensajes. Me hacen sentir orgullosa
Bella
Me aparte de Amelia mientras intentaba mirar al horizonte que se extendía desde la ventana de la oficina de Jacob. El cielo tenía el tipo de sol que se llamaba de venados y las nubes estaban teñidas de un horripilante color rojo, como de la sangre. Escuchamos un estruendo salido de afuera y la puerta del despacho se abrió para dar paso a un hombre majestuoso, de mirada fría e inamovible que miro hacia el escritorio labrado que había ahí, hizo un gesto con la mano y uno de sus ayudantes le entrego un tintero con una pluma y un pedazo de papel que parecía pergamino.
Apoyo la mano y el papel en el escritorio antiguo y escribió una nota que no pude leer, luego, tomando la carta original salió caminando tan majestuosamente como había entrado. No comprendí nada de eso especialmente porque Amelia escogió ese momento para mostrarme las imágenes, ellos se habían casado, habían pasado juntos su noche de bodas y habían ido de luna de miel, ahora que sabíamos lo que había pasado, la manera que había encontrado Vlad para maldecirnos, esas imágenes no parecían tener relevancia.
Me había llevado al tiempo cuando los Cullen comenzaron a enfermar, pasando por la revelación de la verdad sobre la maldición que Vlad había amenazado con lanzar sobre toda la familia Cullen y sus generaciones consiguientes.
Yo le había confesado que tenía el poder de mi abuela y que en cuentas más o menos era una bruja. El me había dicho que su amor por mi estaba por encima de esas cosas, me prometió que él y su familia lo mantendrían en secreto. Amelia había temido que al ser el cierre del triangulo de la maldición las cosas para los Cullen hubieran comenzado a ponerse graves, y había tenido razón, Amelia se sentía terriblemente mal y mas se sintió cuando Alice comenzó a enfermar sin razón aparente.
Mi embarazo, o el de Amelia, o el de las dos, había comenzado a notarse, pero no era un evento que produjera felicidad a la familia, tal vez porque ninguno se sentía animado a sentirse feliz cuando las sospechas estaban comenzando a hacerse realidad por si solas.
Cuando me di la vuelta hacia Amelia el escenario cambio y ahora nos encontrábamos tomando el té en la sala de la casa.
Estábamos todos reunidos, a excepción de Jacob y Ben. Estábamos sentados en la mesa del comedor cenando livianamente.
Esme estaba ayudando a Alice son su sopa, su pulso estaba muy desmejorado. Amelia descendió la mirada hacia su propia taza sintiéndose muy miserable. Todos parecieron notar su expresión pero nadie dijo nada, nadie tenía que decir nada, cada uno de ellos era consciente de que la maldición estaba comenzando a tomar efecto, Carlisle se sentía también mal, las vibraciones de su propio estado de ánimo parecían emanar hacia Amelia que tenia la habilidad de percibirlas.
- Lo siento – dijo Amelia, mirando hacia la nada.
- Nada de esto es culpa tuya, Vlad siempre anhelo estas tierras y mi abuelo no se las cedió, juro que un día se vengaría y todo esto, todo lo que nos está pasando, tiene mucho que ver. – dijo Carlisle dejando su pocillo a un lado.
- Por supuesto que tiene que ver, las palabras de ese no son para tomárselas a la ligera, la gente del pueblo dice que aunque no se le ha podido demostrar nada anormal siempre está rodeado de esa aura de perdición, de brujería…y ya sabemos lo que hacen con los brujos.
Todos nos estremecimos, Amelia me mostro rápidamente los periódicos antiguos en donde la inquisición había mandando a quemar a cualquier persona del sexo femenino o masculino que estuviera en sospecha o se le pudiera probar que estaba relacionado con la brujería.
Se escucharon los cascos de caballos a lo lejos, por la rapidez parecía que tenían prisa. Amelia miro hacia la ventaba mientras un sentimiento nada agradable se aposento en su pecho y me trasmitió a mí.
Los caballos se detuvieron supuse que habían salido a recibirlos uno de los peones.
- ¡necesito hablar con la familia Cullen, es urgente! –la voz agitada de Jacob avanzaba hacia el comedor.
Carlisle se puso de pie inmediatamente al igual que todos los miembros masculinos de nuestra familia.
Jacob entro en ese momento en la sala, lejos había quedado la imagen de Coronel de presencia ilustre, profundas ojeras se dejaban traslucir de sus ojos y nos miro con una desesperación que rayaba en la locura.
-¡Deben irse de inmediato! – dijo mientras se escuchaba detrás de él los pasos apresurados de Ben, que entrego una carta a Jacob.
- ¿Que es lo que sucede, Coronel?- pregunto Carlisle con una tranquilidad que a todas luces estaba lejos de sentir.
- Alguien dio un aviso sobre actividades de brujería, relacionadas con su esposa – dijo Jacob señalando a Edward que se tenso visiblemente.
-¿Qué? – rugió él dando un paso hacia delante.
- No sé quien dio el aviso, recibí una carta anónima que uno de mis superiores tomo de mi oficina. Se la llevo para presentarla ante el tribunal y que estos pudieran tomar medidas drásticas, pero supongo que habrán escuchado noticias de la inquisición, saben lo que pasa a las personas sospechosas y a los seres cercanos de estas.
Sentí que nuestro cuerpo se quedaba estático y palidecía, parecía que la respiración había sido sacada del pecho de Amelia.
- Mi esposa no es nada de eso. – dijo Edward acerándose a Amelia y poniéndole las manos en los hombros.
Jacob nos miro luego a los ojos de Amelia, ambos recordamos en ese momento lo que había pasado con Leah y podíamos deducir quien estaba detrás de esto, parecía que Vlad quería destruirnos sin ninguna contemplación.
- Es mentira – volvió a rugir Edward- ¿cómo es posible que crean las mentiras de ese hombre que se la pasa asesinando gente y empotrándola en palos de madera? –
- es eso, pero el tribunal no puede asegurar nada ni tiene pruebas para demostrarlo. – dijo Ben
- ¡la inquisición puede asesinarlos a todos por llevarse el crédito de que han atrapado a alguien, no importa si es inocente o no! – dijo Jacob desesperado, aunque Amelia sabia que le caían bien los Cullen y todo lo demás, también sabía que estaba preocupado de que Leah se viera involucrada en la posible actividad de captura que las autoridades eclesiásticas y militares planeaban llevar a cabo.
Nos quedamos en silencio analizando la situación, los hombres comenzaron a hablar de muchas cosas, pero Jacob ponía sus pros y sus contras, parecía que ningún plan daría resultado.
- Intentare hacer entrar en razón a mi superior, o por lo menos intentare hacer todo lo posible por retrasar lo que…parece inevitable.
Cuando Jacob se fue parecía que había pasado todo un vendaval sobre nosotros.
- Debemos hacer algo – dijo Esme silenciosamente aferrando la mano de Carlisle que había posado en su hombro.
- No podemos solamente irnos, seremos blanco de sus búsquedas, no volveremos a tener un día de paz – dijo Rosalíe, sus lágrimas abandonaban sus preciosos ojos, Emmet le acaricio la mejilla.
- No debemos desesperarnos, la solución puede estar frente a nosotros, solo necesitamos saber en dónde puede estar.
Amelia cerró los ojos, y solamente vi oscuridad en nosotras. Su visión se traslado hacia los caballos de Jacob y de Ben que se alejaban con dirección hacia la oficina de su superior.
Luego devolvió la mirada hacia la familia y supo que tenía que hacer algo.
Se puso de pie y camino hacia el jardín sin que nadie la siguiera, había hecho un gesto silencioso a Edward para que no la siguiera, necesitaba estar a solas con su poder.
Entro en uno de los claros del bosque que simulaba al jardín y poniéndose en el centro de ese claro cerró los ojos y extendió sus brazos hacia los lados.
Comenzó a llamarlo invocándolo desde el centro de ella, el poder podía darle tal vez la clave para acabar con la maldición de la que era presa los seres que amaba.
Todo se volvió oscuridad dentro de nosotras, parecía que estábamos dando pasos ciegos y cuando finalmente obtuvimos vista nos hallábamos en el mismo claro, solamente que había cambiado, estaba lleno de niebla y esta parecía viva, moviéndose alrededor de Amelia.
"Hacia mucho tiempo no te veía, Elania.". La voz que se escuchaba era infantil.
"No soy Elania, soy su nieta, Amelia" –dijo esta en voz baja.
La voz se quedo en silencio, como analizando lo que Amelia le había dicho.
"Entonces, eso quiere decir que Elania ya no se encuentra en este mundo"- la voz no podía negar la tristeza que se dejaba traslucir en ella.
"Lo siento mucho" – se disculpo Amelia con la voz esperando que esta comprendiera la sinceridad de sus sentimientos. "Pero me dio tu custodia, y necesito pedirte ayuda"
La niebla comenzó a moverse de manera que rodeo a Amelia de una manera extraña, como si estuviera analizándola lenta, meticulosamente, como si estuviera juzgando si ella era apta para tener la custodia del poder.
Me sentí algo extraña al ser testigo de esa percepción, pero había algo tranquilizador al mismo tiempo que extraño.
Por fin la niebla pareció encontrarla apta por que dejo de cernirse alrededor de nuestro cuerpo y volvió a su posición original.
"La única manera de ayudarte es que sacrifiques la forma del poder que vive dentro de ti"
"No comprendo"
"Debes confiar en el poder, en ti misma, y en lo que puede hacer por ti, hay una persona que quiere hacerse con el poder, una persona malvada, si esa persona llegase a poseer lo que tienes ahora, terribles desgracias ocurrirían en este mundo y en todos los demás, el asesino no debe poseer este poder nunca, porque se hará invencible, tanto como un dios."
"¿Que debo hacer?" pregunto Amelia sintiéndose más confundida que antes.
"Debes unir tu poder con algo que valores más que a nada en este mundo…algo que lleves dentro de ti…que tenga vida"
En ese momento comprendí a que se refería esa voz, la voz de la niebla, lo había visto en la visión que habíamos compartido, el poder se refería a la criatura que crecía dentro de nosotras en ese momento. Amelia estaba embarazada al igual que yo.
"¿Debo sacrificar a mi propia carne?- pegunto Amelia completamente contrariada
"Debes confiar en que el alma pura de esa criatura no nata, es lo suficientemente fuerte para fusionarse con el poder a fin de hacer el bien y salvar la vida de personas inocentes"
"¿Cómo?" Pregunto Amelia esperando que la voz respondiera sin necesidad de hacer ningún tipo de sacrificio atroz, pero yo recordaba bien el modo en que Edward y ella se habían clavado los cuchillos en sus respectivos corazones.
Un juego de un par de dagas se materializo en la mano derecha de Amelia, cada una de ellas tenía el mango labrado con una estrella al final de la empuñadura, eran de color rojo sangre mezclado con platina.
Eran hermosas en su arte.
"Cuando te sientas lista para fusionar el poder de tu hijo con el poder oculto deberás entregar una de las dagas al compañero de tu alma, para que el a su vez se encargue de que la unión no se rompa mientras el poder se fusiona, en ese momento deberás pedir el deseo que has venido a pedirme a mí, y si todo funciona bien tu deseo se cumplirá en el momento preciso"
Era un sacrificio que exigía demasiada confianza, aun no podía creer que hubiera presenciado este evento y que recordara a la perfección la visión en donde nos mostraban ese acto llevándose a cabo.
"Fue difícil, lo más difícil que hice nunca, y si no lo puedo llevar a cabo en esta ocasión, no habrá poder humano que pueda salvar a las generaciones futuras, ni a la ultima de los Cullen, la que conoces, de quedarse para siempre en el limbo de la vida"
¿En que había fallado el conjuro?
"Pronto lo veras", escuche una voz que decía dentro de mi cabeza.
Amelia bajo los brazos al mismo tiempo que la visión alrededor de ella cambiaba notoriamente a la que era antes de que hiciera conexión con el poder.
Se derrumbo, pero no lo suficientemente rápido para que el caballero Edward la tomara en sus brazos para que no se hiciera daño.
Ella quedo laxa ahí por unos momentos, luego recupero la conciencia lentamente, aferrándose al consuelo protector que le daban los brazos de él, yo me hallaba en la misma posición que ella, parecía que no podía hacer nada más que mirarlo embelesado desde el cuerpo de ella deseándolo silenciosamente.
- ¿que fue lo que sucedió? – le pregunto, supuse, al verla tan pálida en impresionada, le levanto una de las manos y vio que en ellas, envueltas en un pañuelo de corte dorado y de formas entrecruzadas, las dos dagas artísticas.
-hay algo…algo que podemos hacer para evitar que la inquisición nos haga daño. Y tal vez incluso para evitar la maldición que pesa sobre Carlisle desde que Vlad quiere sus tierras.
-¿a qué te refieres? – pregunto el ayudándola a ponerse de pie, nos tambaleamos un poco pero finalmente recobramos el equilibrio precariamente.
- tengo que hablar con todos, no es algo que se deba tomar a la ligera, prométeme que lo pensaras de una manera objetiva.
El esperaba hacer eso, su mirada nos lo confirmo.
Amelia presento en nuestra mente imágenes sucesivas de la manera en que relato las cosas que sabia y la manera en que tenía pensado arreglar todo lo relacionado con ese desbarajuste de destinos.
Todos la miraron como si estuviera loca.
- Ustedes saben lo que soy – dijo ella después de un momento, sentí que dentro de ella la fijeza con que miraba a la familia les exigía que entraran en razón y entendieran y confiaran en lo que ella podía hacer.
- Es una locura – dijo Esme mirándonos con miedo.
- Pero es lo único que podernos hacer para salvarnos de lo que se nos viene encima, seremos perseguidos, juzgados, quemados por la inquisición y la gente que los sigue, sin ningún tipo de consideración o respeto. No quiero a que a ninguno de ustedes les pase eso. – la voz de Amelia denotaba desesperación.
La mirada de todos se enfoco en Carlisle quien, al ser el jefe de la familia, parecía tener la última palabra en decisiones de esa trascendencia. El miraba intensamente a Amelia, como sopesando las posibilidades de que lo que ella decía fuera cierto o no.
- tendremos que probar – dijo Carlisle después de un momento. Esme bajo la cabeza negando con su mirada.
Amelia se acerco a ella y se arrodillo a sus pies con cuidado para no incomodar al bebe que estaba creciendo dentro de ella y acomodando el vestido delicadamente.
- cree en mi – le pidió tomándole las manos del regazo y aferrándolas- necesito que todos crean en mi, solamente así podremos salvar nuestras vidas.
Alice intento ponerse de pie del sillón en donde estaba acomodada, la manta de piel de zorro que estaba en su regazo cayó al piso, se aferro al brazo de Jasper que la sostenía contra si para que no desfalleciera. Dio los tormentosos pasos que la separaban de nosotras y se sentó al lado de Esme.
- yo creo en Amelia – dijo mirándola fijamente – si hay algo que evite que todos nosotros lleguemos a la muerte la voy a apoyar, porque no soportaría que ninguno de ustedes desapareciera. No quiero ver morir a Jasper, ni a Rosalíe, ni a Emmet, aunque se merezca un buen cocotazo – tosió un poco tapándose la boca con un pañuelo, a pesar de que intento disimular doblándolo, me di cuenta de que estaba teñido de rojo. Amelia levanto la mirada suplicante hacia Jasper, que comenzaba a tener los ojos hundidos y ojeras visibles. El asintió con la cabeza, aunque Amelia no podía decir que lo hacía o por salvar a Alice o porque de verdad confiara en ella.
- apoyaremos a Amelia – dijo él sentándose al lado de Alice y mirando a Esme que a su vez lo había vuelto a mirar a él sorprendida del cariz que había tomado su decisión.
Rosalíe también dio los pasos que le faltaban junto con Emmet.
- tampoco quiero ver morir a los miembros de mi familia. Estamos con Amelia, si esta en sus manos ayudarnos no podemos más que confiar en ella.
El silencio volvió a reinar, Amelia se mordió el labio y miramos hacia donde estaba Edward que contemplaba la escena misteriosamente.
- cree en mi – dijo Amelia trayéndome reminiscencias de un recuerdo que había tenido hacia meses.
Edward continúo en silencio y pude sentir que a Amelia le dolió que él no respondiera, pero no le dijo nada porque sentía que no tenía derecho a pedírselo.
Amelia manipulo el cuerpo de manera que se pusiera de pie antes de que él pudiera ayudarla.
- pediré guía al poder nuevamente…acerca de cómo debemos proceder para intentar acabar con esto…lo más pronto posible.
Dio media vuelta y salió de la sala casi como en trance.
"Pensé que todos habían estado de acuerdo, cuando tuve esa visión, todos parecían estar presenciándolo sin ningún tipo de coacción" dije mentalmente esperando cualquier respuesta que ella quisiera darme.
"Aun había dudas, eso debilito el conjuro la primera vez, pero ahora estas acá, puedo unir en el conjuro las fuerzas del presente con las del pasado, puedo hacer el conjuro más fuerte de manera que las dudas de los demás queden en segundo plano. En ese primer momento creí que todos creían en mi, algunos como Alice tenían fe en que las cosas terminarían bien, ella fue un gran aliciente para la fuerza en esa ocasión, pero la confianza de ella no fue suficiente, porque no estaban las de los demás, incluso la de Edward estaba mermada. Pero con el pasar de los años, y de las generaciones me di cuenta de que tal vez si fusionaba mi poder con el de la mujer de cada generación el conjuro en si sería lo suficientemente potente. Por esta razón te traje al pasado, y también para descubrir el método que uso Vlad para terminar de embrujar y maldecir a la familia de Carlisle. La poción, como lo viste con su sirviente en la cena de bodas. Vlad había lanzado la maldición contra el abuelo de Carlisle, como sabes esta contaba que en el momento en que las tres almas estuvieran juntas en la misma familia los efectos de la maldición comenzarían a hacerse visibles y reales en cada miembro de la familia, cerraste el circulo, y Vlad solamente tuvo que enterarse de que estabas presente en esa familia para saber el momento exacto en el que terminar de cerrar el círculo de la maldición haciendo que toda la familia bebiera ese jugo maldito. El hecho de que fueras tu quien tuviera ese poder que él anhelaba era un hecho aparte que él creyó de buena fortuna, cerraba el circulo de la maldición, obtenía el poder que había buscado por muchos años y seguía siendo el empalado sin que la inquisición sospechara que el mismo también era brujo. Si te preguntaste si fue él quien delato a la familia, si fue él, en un intento por acelerar el proceso de destrucción de los Cullen, por culpa tuya, al no verse posibilitado de obtener el poder voluntariamente entregado por ti, quería que murieras para que el mismo poder quedara en el limbo y poder adueñarse de él, matando dos pájaros de un solo tiro, como podríamos decir."
Comprendí varias cosas en ese momento en que ella explico los pormenores de esa enredada ecuación. Vlad había lanzado la primera parte de la maldición a los ancestros de Carlisle, creando una especie de línea redonda incompleta que solamente se cerraría el día en que la tercera persona marcada (ya estaban en la familia Carlisle y Edward) llegara para cerrar el círculo y así el poder completar el límite de la maldición, para que la primera generación de los Cullen sufriera por los pecados del abuelo Cullen. El hecho de que Elania hubiese heredado el poder a Amelia era un hecho aparte, era una transición que no tenía nada que ver con la maldición, era algo que sencillamente tenía que pasar y que hubiera seguido su curso así Amelia no se hubiera casado con Edward. Vlad conocía de ese legendario poder, pero no lo asociaba a los Cullen, simplemente era algo que quería poseer para ser más poderoso y tener éxito en cada empresa que se propusiera, también era uno de sus objetivos principales aparte de acabar con todos los Cullen, pero eran dos hechos diferentes. Vlad quería el poder, y la portadora era miembro de la familia Cullen, al serlo le había dado luz verde para aprovechar la oportunidad de terminar de maldecir a los Cullen y hacerse con el poder oculto.
Definitivamente era algo de locos.
"Si, yo también pensaba lo mismo" Dijo Amelia sarcásticamente en mi cabeza.
Seguimos subiendo la escalera hasta que llegamos a la habitación de nosotras y Edward. Amelia cerró la puerta tras de sí y se sentó en la mullida y adoselada cama suspirando con cansancio como si algo le pesara enormemente.
Se recostó en la cama y permaneció allí durante unos minutos, la puerta se abrió lentamente y entro Edward que la contemplo desde el marco intensamente, como si pudiera leerla solamente con mirarla. Cerró la puerta tras de él y se sentó al lado de ella en la cama. Se recostó de medio lado y la abrazo con fuerza, como si temiera perderla de un momento a otro. Intente insensibilizarme ante la maraña de emociones que palpitaron dentro de mí en ese momento, dentro de Bella, me inmunice hasta donde pude.
- si no crees en mi, cree en nuestro hijo – dijo Amelia dejándose aferrar y derramando silenciosas lagrimas que se perdieron en la almohada tejida a mano.
El silencio volvió a establecerse como lumbre de hechos, Amelia tenía el profundo deseo de ser consolada pero Edward solamente la abrazo, intentando que eso fuera suficiente, pero sabiendo, tanto como ella, que necesitaría mucho más que eso si de verdad quería ver a salvo a su familia.
La escena se diluyo rápidamente de nuestro entorno. Y nuevamente aparecimos en el prado en donde llegue al principio de todo, en donde vi a seis mujeres iguales a mí vestidas de diferentes épocas y con diferentes expresiones de resignación.
- es hora – dijo Amelia dando los pasos que le hacían falta para ponerse en el centro de todas las mujeres. Amelia me miro y silenciosamente me pidió que me uniera al círculo que las demás habían formado alrededor de ella.
Todas se tomaron de la mano y comenzaron a murmurar un cantico que aprendí rápidamente y que empecé a murmurar con ellas
"In passato abbiamo restituito, il nostro presente ci lascia. Oh potenza, potenza nascosta, ascolto delle mani, felicity sulla strada giusta e che sia fatta la tua volontà"
Parecía difícil al principio pero después de repetirlo tantas veces se fue quedando grabado en mi memoria de manera que lo repetí al igual que las demás.
Tenía las manos de dos de ellas en las mías y repentinamente comencé a sentir un calor que nacía desde la palma de mi mano y se dividía al resto de mi brazo y cuerpo con una rapidez alarmante.
Quise sacudir mis dos manos de las de ellas, aquellas mujeres iguales a mí, pero parecía que nos habíamos fusionado y no podíamos hacer otra cosa más que soportar el dolor que la quemazón comenzaba a producir en mis manos. Intente mirarlas a ellas a ver si dejaban traslucir algún tipo de dolor en sus expresiones faciales pero todas parecían tan concentradas en algo a pesar de que el olor a carne quemada comenzó a emitirse en el ambiente de ese limbo, antes sobrio. Cerré mi mente al dolor e intente enfocarla en otra cosa. En otro lugar, en otros recuerdos.
Mi cabeza, como no, comenzó a llenarse de imágenes de Edward, de nuestros pocos momentos juntos, y esto actuó, de alguna manera, como el analgésico que necesitaba para que dejara de dolerme la carne quemada de las manos por el hechizo que estábamos llevando a cabo.
Súbitamente todo acabo y me encontré, en el cuerpo de Amelia, sentada en una silla grande, una silla que me recordó muy vívidamente a la silla donde me senté la primera vez, en casa de los Cullen, cuando me dijeron la verdad de mis orígenes y el de ellos. Con una piedra caliza de color azul claro, arremolinante, en la cabecera y toda la postura de una dama, como solo Amelia podía llevar a cabo.
A su alrededor todos la contemplaban en silencio, se hallaban los Cullen, Jacob, Ben, Leah y Ángela.
Podía verme de afuera y darme cuenta de que los ojos de Amelia se movían a una velocidad de centella bajo sus parpados, como si estuviera buscando entre ellos algo para ver a través.
A lo lejos se escuchaba el sonido de gritos y de gente que se acercaba corriendo, o eso le pareció a mi oído. En espíritu, y no en materia se hallaban presentes en esa habitación las seis mujeres.
- Ya vienen – dijo Amelia con la voz ida, como si no se tratara de ella sino de la de otra persona, una más infantil y a la vez acérrima. La sentí vibrar dentro de mi propio pecho.
Abrió los ojos y contemplo a cada uno de ellos en silencio.
- Lo único que pido es que confíen en mí, confíen en lo que va a pasar, confíen en el poder…
Todos asintieron, hasta los incrédulos Jacob, Leah, Ben y Ángela. El primero se separo de las manos de Ángela y tomo a Ben del hombro.
- si las cosas salen como lo ha planeado, espero que nos veamos pronto –
Ángela y Leah lloraban mientras ellos se iban de la casa rumbo a sus caballos, a lo lejos, cerca de ellos podían oírse los sonidos que hacían al desenfundar sus espadas de combate y cargar sus fusiles con balas no remunerables. Iban a retrasar lo que se avecinaba a fin de que Amelia pudiera llevar el hechizo a cabo.
Esta se puso de pie y saco de entre las manos las dos dagas labradas que el poder había materializado en su mano. Le extendió una a Edward quien la miro en silencio, por largos minutos. Alargo su blanca mano y la tomo de la empuñadura cerrando sus dedos fuertes en torno a esta.
- Por favor, si no crees en mi cree en nuestro hijo – dijo Amelia mirándolo suplicante.
El asintió como si no pudiera hacer otra cosa, temía, podía leer su temor en cada uno de sus movimientos, en sus ojos y hasta en el olor que despedía. Amelia se sintió herida y lastimada por ello, pero en ese momento supuso que su amor sería suficiente para que Edward no tuviera dudas respecto a todo lo que se iba a desarrollar. Cuan parecidas éramos. Las mujeres en la habitación, las parecidas a nosotras y que nadie podía ver, tenían la misma expresión idéntica en sus rostros. ¿Acaso todos los Edward de cada una habían puesto en duda lo que se llevaría a cabo para intentar salvar la vida de generaciones y generaciones de Cullen?
El extendió su otra mano y ella la tomo, la noto fría y acerada, como una mano insegura y llena de dudas, intento trasmitirle su propio calor sin lograrlo.
Ambos comenzaron a caminar hacia la puerta en donde se oían a lo lejos los sonidos de disparos, de gritos de guerra, de dos solitarios gritos de guerra.
- Dame fuerza – pidió Amelia silenciosamente al ser, al poder que vivía dentro de ella que acogió su preocupación en intento transformarla en algo de valor.
"No volveremos a estar juntos, pero sé que lo haremos por un buen propósito, después de todo, para que mas si no podía utilizarse esto, para el bien."
Amelia asintió para sí misma, salió primero por el marco de la puerta y se quedo mirando hacia el día soleado, un día que nadie pensaría, en unas horas estaría teñido de sangre y de dolor.
Los gritos de guerra dejaron de escucharse, si todo saldría bien ellos volverían a la vida, no morirían a manos de la inquisición quienes se acercaban a la casa inexorablemente, ya se podía ver a lo lejos el ´polvo que levantaban con sus esos pesados, siniestros y llenos de ambición.
Los Cullen siguieron nuestros pasos y se pusieron cada uno al lado de nosotros, en parejas. Leah y Ángela se quedaron atrás, incapaces de soportar ver como las huestes pasaban por encima de Jacob y de Ben sin detenerse a pensar en las dos vidas que estaban quitando.
La sombra se cernió sobre la casa un momento después, yo sabía a quién pertenecía esa presencia sobrecogedora y siniestra.
- Sabes que ella no es lo suficientemente fuerte – murmuro una voz alrededor de nosotros, la voz de Vlad, que intentaba poseer a alguno de los cuerpos allí dispuestos par a impedir que lleváramos a cabo el rito.
Estaba intentando atacar por todos los frentes, dejando de lado a quien se resistía. Sentí la mano de Edward temblar junto a la mía. Intente aferrársela pero algo más fuerte en ese momento me lo impidió.
- detenla…hará que asesinen a toda tu familia, los amas a todos, y sabes que ella no es lo suficientemente fuerte para evitar que todos mueran – estaba dirigiéndose a Edward, y desgraciadamente había encontrado la fisura que le permitió poseerlo sin que los demás se dieran cuenta, ni siquiera Amelia misma.
Las otras como ella y como yo habían estado haciendo guardia lentamente alrededor de la escena que se estaba desarrollando, ellas parecieron darse cuenta al mismo tiempo que yo en el momento en que Edward fue completamente poseído por Vlad.
Amelia, confiando aun en que el estaba seguro de todo se volvió hacia el empuñando la daga y apuntándola fervientemente al corazón de él.
"Con este sello te uno, con este sello despojo, con este sello cierro el ciclo, con este sello pongo como testigo a mis dos asiduos deseos, con este sello los llevo a cabo"
Las palabras de Amelia resonaron en la mente de todas, pero todas a la vez le gritábamos que se detuviera, que iba a cometer un error que iba a echarlo todo a perder sin saberlo.
Las facciones de Edward cambiaron en el mismo momento en que ella dirigió su propia daga al centro de su pecho, el lo dirigió al de ella pero la maldad había cubierto la mirada dulce de Edward transformándolo en Vlad de una manera aterradora.
Este Edward clavo con saña la daga en el pecho de Amelia, girándola dos veces para que le hiciera el mayor daño posible.
Nos vimos obligadas a presenciar esta escena por qué Amelia nos impidió regresar. Pero no podía quedarme quieta viendo como ella moría a manos del que consideraba el hombre que amaba.
"Me la has entregado, finalmente hiciste lo que quise que hicieras, Cullen" dijo la voz siniestra de Vlad al mismo tiempo que desaparecía la nube y una serie de piedras, herramientas y demás caía sobre todos nosotros matándonos sin piedad, sin dilación. Sin compasión.
Así que había asistido a todo, había presenciado la manera en la que ellos habían sido asesinados, y había descubierto que finalmente las dudas de Edward lo habían hecho vulnerable a la posesión de Vlad y había terminado revertiendo el efecto del rito haciendo que la desgracia cayera sobre todos nosotros.
Súbitamente deje de sentir a Amelia en el ambiente, todas lo hicimos. Ella había muerto, como siempre estuvo destinada a hacerlo…ella nos había mostrado esto y nos había dado las indicaciones, pero ninguna sabia como proceder.
Cerré los ojos ante la verdad. Finalmente los Cullen, todos ellos, generación y generación, irían a parar al limbo para siempre. Me pregunte por mi familia del presente pensando con dolor en que serian condenados, como la última generación y las seis anteriores, a morir y quedar suspendidos en la realidad sin escenario.
Comencé a sentir una ira desmedida ante ese destino tan funesto, una que no me dejo respirar bien ni con normalidad pesar de que lo intenté. Cerré los ojos y concentre mi energía, intenté que el poder que Amelia albergaba aun dentro de su propio cadáver la hiciera regresar a la vida, la hiciera…
Algo me golpeó desde distintos ángulos, algo que me atraía sin poder evitarlo hacia la realidad, hacia la realidad que estaba viviendo, hacia…Edward.
Me negué rotundamente a dejar que me llevara, antes debía…antes debía…
Bajo el cuerpo de Edward el cadáver de Amelia comenzó a iluminarse con una fuerza desmedida, como si algo quisiera emerger de ella, como si se tratara de un espíritu cuya constitución había visto solamente en una ocasión, en el momento en que este abandono el cuerpo de Elania Thibaudeth y paso a morar en el de Amelia.
Se dirigió tan rápidamente hacia mí que no tuve tiempo de analizarlo, cuando menos lo pensé me golpeo el pecho lanzándome hacia atrás, hacia un vacio inexistente que se torno negro a medida que me perdía en el de manera insoslayable.
Gritos, muchos gritos, de personas se oían en mis oídos, caí sin dolor por entre esa bruma y no supe por cuanto tiempo, solamente que ahora que se había detenido sentía bajo mi espalda la vibración de algo que golpeaba con fuerza en lo que estaba apoyada.
Las personas seguían gritando mientras se escuchaba algo parecido a un gong, solamente que sonaba indemne como si una bomba de reloj estuviera explotando una y otra vez.
Con pesadez, con dolor, casi con indiferencia al desastroso estado de esa realidad a la cual despertaba, abrí mis ojos y un techo amaderado me devolvió la vista. Hice un recuento mental de mi propio cuerpo sintiendo solamente diferente el tacto de algo en mi mano izquierda. Algo frio y de metal que estaba segura de que antes no había estado ahí. Levante mi mano sorprendiéndome de que mi cuerpo me obedeciera, lo suficiente para ver en mis manos las dos dagas del conjuro, manchadas de sangre de hace muchos años, de mucha sangre, sin embargo no tenían el aspecto grotesco de un arma manchada, más bien aprecian tan adustas y dignas como una reliquia.
Cuando fui mas consiente me di cuenta de que tenía el camisón que portaba empapado de sudor y de sangre en la parte interior, sangre que estaba derramando en ese momento por la parte inferior de mi cuerpo, donde se adivinaba el bulto perceptible de mi embarazo.
"Encuéntralos, antes de que todo termine"
La voz dentro de mí se intensifico, era la voz del niño que había hablado también en el interior de Amelia, era la voz…de la criatura que crecía dentro de mí, que parecía agonizante, mientras yo sangraba.
"En esa daga esta la sangre de seis generaciones, esta combinado el poder de todas, confían en ti, Bella Swan Cullen. No los desampares"
Me rogo la voz, y no tuve más remedio que obedecer poniéndome inmediatamente de pie y, a pesar del dolor comenzando a correr hacia la puerta de la habitación, sorteándola y bajando las escaleras de esa cabaña, que, ignorando el estado en que se encontraba, era hermosa.
Corrí como si me persiguieran los mil demonios, corrí hacia mi destino. Corrí hacia lo inevitable.
