¡Hola a todas!

Quiero mencionar en principio que la historia original de Candy Candy y sus personajes le pertenecen a sus creadoras Kyoko Mizuki y Yumiko Igarashi. El anime le pertenece Toei Animation.

Esta historia ha sido creada únicamente con el fin de entretener y agradar a quienes la leen. Espero que la disfruten tanto como yo he disfrutado al escribirla, plasmando en ella mi amor por el Candy mundo.

Valor, Honor y Lealtad es una historia de Universo Alterno. Además, descubriremos un personaje femenino adicional que le dará un giro a la historia. Los nuevos personajes nos han brindado una perspectiva diferente. La historia se ha unido ya a la línea de tiempo del anime y manga. La intención no es relatar las vivencias de Candy fielmente, sino descubrir lo que acontece en las vidas de los otros personajes. En este capítulo algunas escenas modifican la versión original, llenando los huecos que hay en la historia. Algunos de los hechos relatados en esta historia pueden tener relación con nuestra realidad, con la finalidad de darle a la historia un aire verídico.

Annie regresa de España, después de mucho tiempo de ausencia. Se reúnen para ponerse al corriente de sus vidas y ella les entrega los obsequios que les trajo desde Europa. Aparentemente, Annie se ha convertido en una joven muy hermosa y más fuerte.

La Tía Abuela manda a llamar a Sarah para pedirle que ofrezcan una disculpa a sus sobrinos por el comportamiento que sus hijos han tenido con ellos, específicamente con relación a los comentarios poco favorables e hirientes que hicieron en su última visita. Se descubre el pasado de Sarah, y con ello se puede vislumbrar como llegó a formar parte del Clan Andley. Sarah a su vez descubre que el principal culpable de aquel infortunado incidente en casa de los Worthington en el que Elaine estuvo muy grave, fue su propio hijo.

Vislumbramos un poco el aspecto sobreprotector de Anthony hacia Lainie cuando descubre que mantiene correspondencia con alguien en Londres.

Albert vuelve a visitar Lakewood. Su amistad con Lainie sigue adelante. En una ocasión salva a Candy cuando ella cae por la cascada.

El cuarteto al enterarse de la ausencia de Candy sale en su búsqueda, y Anthony pierde el control de sus emociones, pues la idea de que algo pudiera haberle sucedido lo golpea terriblemente.

¿Qué pasará cuando la Tía Abuela se entere de la salida del cuarteto? ¿Le dirán el motivo de su aventura? ¿Acaso Lainie se enterará de que Candy también conoce a Albert?

SweetCandyAndley

Valor, Honor y Lealtad.

Capítulo 24

CANDICE WHITE ANDLEY PARTE 1

Al llegar a la Mansión de Lakewood, Anthony y Lainie vieron que las luces de la biblioteca estaban encendidas y que había un movimiento inusual en la Mansión. Entraron en silencio, e inmediatamente una voz familiar los detuvo en seco.

- ¿En dónde han estado? -

- ¡Tía Abuela! - Dijeron al unísono.

- Les hice una pregunta, espero que me contesten. - Exigió seriamente la dama.

- Pues salimos a cabalgar. - Dijo Lainie.

- Estas no son horas de salir a cabalgar. ¿A dónde fueron? - Estaba realmente preocupada por ellos y había puesto a varios sirvientes a buscar por toda la Mansión. Le había llamado la atención a Nina y a Jeffrey por no estar al pendiente de sus sobrinos.

- Estuvimos en el bosque. - Dijo Anthony.

- ¿Y qué estaban haciendo ahí? - Cada vez se sentía más intrigada, deseaba saber la razón que había detrás de la decisión de los jóvenes para estar fuera tan tarde.

- Tía Abuela, estábamos muy preocupados porque nos enteramos de que… -

En ese momento fueron interrumpidos por el ruido que hicieron Stear y Archie al entrar en la Mansión. Ellos también se sorprendieron al encontrarse con la presencia de la Tía Abuela Elroy junto a sus primos.

- Pero si sólo esto me faltaba. ¿De dónde vienen ustedes dos? - Exclamó severamente Madame Elroy.

- De la estación de trenes del pueblo. - Dijo Stear.

- ¿A esta hora? ¿Pero en qué estaban pensando? ¿Qué hacían ahí? -

- Estábamos… - Empezó Archie, mientras miraba a su hermano y a sus primos.

- Muy bien, como evidentemente los cuatro están conspirando con tantas miradas, para decir lo mismo, están castigados. No podrán salir de la Mansión por ningún motivo. Se cancelan los paseos a caballo, las salidas al pueblo, las caminatas por los jardines. -

- Tía, pero ¿y mis rosas? - preguntó Anthony preocupado.

- El Sr. Whitman se hará cargo de ellas. Ahora vayan todos a sus habitaciones. No quiero escuchar ni un solo reproche. Ustedes solos se han puesto en esta situación. Mañana hablaremos después del desayuno con más calma. - Dio indicaciones a Nina y a Jeffrey para que llevaran a los cuatro a sus habitaciones. Después dio la vuelta y se dirigió a su habitación.

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Muy temprano en la mañana, Lainie salió de su habitación sigilosamente. Estaba vestida con otro de sus trajes para cabalgar. Sabía que estaba desobedeciendo directamente la orden de la Tía Abuela, pero si se apresuraba lo suficiente, podría estar de regreso antes de que se dieran cuenta de su ausencia.

Logró llegar al establo sin ser vista, y cuando se preparaba para poner la silla en el lomo de Luna, un sonido la distrajo momentáneamente.

Se trataba de Joseph, que apenas se preparaba para dar inicio a su jornada laboral. Cuando la vio en el establo intentó hacerla entrar en razón para que regresara a la Mansión. A él también le habían dado indicaciones de no permitir que ninguno de los jóvenes tuviera acceso a sus caballos.

Lainie le pidió que la dejara salir sólo esa mañana, que no se tardaría mucho y que no le pediría otro favor durante el tiempo de su castigo. Joseph le tenía cariño a Lainie, y no pudo negarse. Le ayudó a terminar de preparar a Luna y le pidió que cumpliera su palabra y estuviera de vuelta mucho antes de que se sirviera el desayuno.

Lainie cabalgó en dirección de la cabaña, pues pensaba que debía decirle a Albert que estaba castigada y que no podría visitarlo como acostumbraba. Al llegar al lugar done él acampaba cerca de la cabaña, lo vio preparando una pequeña fogata para calentar algo de café y prepararse el desayuno.

Albert se sorprendió de verla tan temprano y cuando ella se aproximó la ayudó a desmontar.

- Buenos días Albert. - dijo alegremente.

- Buenos días Lainie. ¿Acaso te caíste de la cama? ¿A qué se debe tu visita tan temprano? - Le preguntó él.

- En realidad solo vengo a decirte que esta semana no podré venir a visitarte como habíamos quedado. -

- ¿Por qué? - Albert estaba intrigado.

- Estoy castigada. - Le dijo Lainie muy apenada. - Me salí de casa sin que me vieran y prometí regresar antes de meter en problemas a Joseph. -

- ¿Por qué te castigaron? -

- Es que anoche estuve con mi hermano y mis primos fuera de casa hasta muy tarde. Estábamos preocupados buscando a una amiga. Creímos que se había ido o que tal vez pudiera necesitar nuestra ayuda. Afortunadamente la encontramos y la llevamos de vuelta a casa de los Leagan. Pero la Tía Abuela nos sorprendió a todos cuando llegamos y nos castigó por estar afuera a altas horas de la noche. - Le dijo todo sin detenerse a respirar.

- Ya entiendo. ¡Pues entonces no deberías estar aquí! - La miró tiernamente.

- Vamos Albert. No quería que pensaras que ya no deseaba verte. Sólo sentí la necesidad de avisarte. -

- De todas maneras, yo ya tengo que irme. Hay algunos asuntos que debo atender y tampoco estaré aquí mucho tiempo más. - Dijo él.

- Es una pena. Pero esperaré a verte nuevamente, cuando te tomes otras vacaciones. - Le dijo Lainie.

- Entonces nos diremos hasta luego. Será mejor que regreses ya. ¡No quisiera enterarme de que te aumentan el castigo por salir sin permiso! - Bromeó mientras la ayudaba a montar nuevamente en su yegua.

- Gracias, Albert. Cuídate mucho. -

- Por supuesto. - Le guiñó un ojo.

Lainie regresó a la mansión tan pronto como pudo y cuando llegó al establo Joseph la estaba esperando. Afortunadamente nadie se dio cuenta de la ausencia de la yegua.

Cuando Lainie entró en su habitación, creyó que nadie la había descubierto, pero la voz de Nina se escuchó severa. - ¿Se puede saber en dónde estabas? -

- Salí a cabalgar por última vez esta semana. A partir de este momento haré lo que me pidas. -

- ¿Es que acaso no estás consciente de lo que pudo haber pasado si Madame Elroy te hubiera descubierto? -

- Perdóname Nina. No lo volveré a hacer. Te lo prometo. Sólo necesitaba salir esta mañana. -

- Muy bien. Ahora apresúrate, apenas tienes tiempo para terminar de arreglarte. Ya te preparé el baño. -

- Gracias, Nina. No sé lo que haría sin ti. - La abrazó en agradecimiento.

- Ya, no es para tanto. Ahora por favor apúrate jovencita. - Le dijo Nina.

Cuando dieron las ocho de la mañana, todos se encontraban en la mesa del gran comedor listos para desayunar en compañía de la Tía Abuela.

El silencio sólo se veía interrumpido por el sonido de la cubertería y los cambios de los platillos.

Al terminar, ella los miró seriamente y les dijo - ¿Hay algo que quieran comentarme esta mañana? -

- No, Tía - Contestaron al unísono.

- Muy bien. Entonces, el castigo seguirá en pie hasta que yo les notifique lo contrario. Deberán enfocarse a sus estudios. Ya les di instrucciones a sus tutores y ellos modificarán los horarios hasta nuevo aviso. -

- Sí, Tía - Contestaron los cuatro.

- Están muy dóciles esta mañana. Lo que me dice que han meditado en su mal comportamiento de anoche. - Debía reconocer que al menos estaban de acuerdo con cumplir con las exigencias que ella les estaba imponiendo. - Si ya terminaron, pueden retirarse para prepararse y comenzar con sus lecciones. - Los despidió del comedor.

Los cuatro se apresuraron a sus habitaciones para cepillarse los dientes y tomar sus útiles antes de regresar a la planta baja donde se encontraban el Sr. Becket y la Srita. Miller esperándolos.

Los días transcurrieron muy lentamente. Aunque los cuatro eran buenos estudiantes, el cambio tan drástico en sus rutinas los tenía algo estresados. Intentaron adaptarse y cumplir con todos los deberes que les pedían. Se comportaron extremadamente dóciles para con la Tía Abuela, quien ya estaba considerando en levantarles el castigo al terminar la semana, como inicialmente había pensado.

Para ella no pasó desapercibido que el estado de ánimo de los cuatro se veía apagado. Prefería verlos alegres y activos, en lugar de callados y encerrados. Claro que no se los diría, eso era algo que sólo ella debía saber.

Al finalizar la semana, Lainie estaba en su habitación observando hacia el jardín de Anthony. Fue entonces que vio la figura de Candy en el Portal de las Rosas. Normalmente, la visitaban todos en diferentes momentos del día. Y esa semana no habían tenido la oportunidad de hablar con ella.

Le pidió a Nina que bajara y hablara con Candy. Era necesario que le dijera que habían estado dentro de la Mansión por órdenes de Madame Elroy. Y que no podrían visitarla durante los siguientes días.

Candy le preguntó a Nina, si esa decisión tenía que ver con ella. Pero Lainie le había pedido que por ningún motivo le dijera que sí. Era mejor que pensara que se debía a que estaban atrasados en sus lecciones y debían ponerse al corriente. No quería que Candy se sintiera culpable, pues ya bastante tenía con la presión de vivir bajo los ataques constantes de Neil y Eliza.

Después de hablar con Nina, Candy regresó a casa de los Leagan tranquilamente. Esperaría que sus amigos la visitaran de nuevo. Aunque ya había transcurrido una semana desde el día en que cayó por la cascada y era evidente que una más se haría intolerablemente larga.

Mientras tanto, en casa de los Leagan, Neil y Eliza, se preguntaban por qué razón los Andley no se habían aparecido por su propiedad para visitar a Candy.

Aprovecharon la ausencia del cuarteto para molestarla más de lo que venían haciendo. Estaban decididos a lograr que Candy se fuera por su propia voluntad. Pero nada de lo que hacían, parecía quebrar su espíritu alegre.

Llegaron a la conclusión de que tendrían que hacer algo drástico para que incluso su madre se viera en la necesidad de deshacerse de ella. Neil pensó que si Candy se veía involucrada en algo vergonzoso tal vez considerara irse. Eliza por su parte, sabía que debía involucrarla en algo más. Así, convenció a su hermano de secundarla en su plan.

El momento de llevarlo a cabo se presentó una mañana, mientras su madre no estaba en casa. Eliza entró en la habitación de Sarah para buscar el joyero en su tocador, del que sacó un enorme broche de esmeraldas. Sabía que era el favorito de su madre, pues había sido el regalo de cumpleaños que recientemente le dio la Tía Abuela y así no tardaría en darse cuenta de que faltaba.

Cuando se reunió con Neil, se lo mostró. Adicionalmente añadió uno de sus brazaletes y un par de vestidos nuevos. Le dijo que debían esconderlos entre las pertenencias de Candy para que cuando su madre preguntara tuvieran una excusa válida para culparla. Finalmente, su madre no tendría otra opción, más que deshacerse definitivamente de esa niña.

Neil estuvo de acuerdo y esperarían a que Candy estuviera ocupada en otras actividades fuera del establo para esconder todo.

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Cuando Madame Elroy decidió levantarles el castigo a sus sobrinos, ya habían transcurrido dos semanas. Los jóvenes se alegraron de recuperar su libertad y salieron a realizar sus actividades al aire libre.

Como era de esperar, Anthony y Lainie decidieron salir a cabalgar por los alrededores y ambos tenían una plática pendiente. Durante su confinamiento ninguno de los dos había querido hablar sobre lo que pasó la noche en que Candy desapareció. Pero fue Anthony quien inició la conversación, para decirle a su hermanita que tenía la intención de ir a buscar a Candy más tarde. Quería disculparse con ella por su comportamiento, y sabía que debía controlar mejor sus emociones.

Lainie, sabía que había sido muy difícil para él. Se había dado cuenta de la importancia que Candy ya tenía en su vida y se alegraba de que su hermano estuviera tan ilusionado. De acuerdo a las historias que había leído, intuía que se trataba de un sentimiento muy profundo y puro. Lo apoyaría en todo lo que pudiera, estaba dispuesta a hacer cualquier cosa con tal de verlo feliz.

Por su parte, Stear aprovechó la oportunidad para ir al pueblo y recoger personalmente los artículos que había solicitado en el Gran Almacén, pues seguramente ya se le habrían juntado unos cuantos pedidos.

Archie por otro lado, había decidido salir a practicar y después quería relajarse cerca del Portal de Agua.

Ese día por la tarde, Anthony se acercaba al establo en la propiedad de los Leagan. Cuando llegó a la puerta, se encontró con Candy quien llegaba también en ese momento. La invitó a cabalgar con él, ante lo que Candy aceptó gustosamente.

Ya se habían alejado un poco de la propiedad, cuando Anthony le dijo - Candy, lamento mucho mi comportamiento la última vez que nos vimos. No debí reaccionar de esa manera. - Su voz sonaba sinceramente avergonzada.

- No te preocupes, ya lo había olvidado. - Le dijo ella.

- Candy, sé que no estuvo bien. No hay excusa que valga para justificarme. Pero te aseguro que no volverá a ocurrir. - Le dijo él seriamente.

- Sé que fue muy descuidado de mi parte, haberme ido de esa manera. Afortunadamente no me pasó nada grave. Yo tampoco volveré a irme sin avisarte a ti y a los demás. -

- Sabes, los chicos y yo tenemos un plan. Tal vez si convencemos a la Tía Abuela de que te reciba en nuestra casa para educarte, podrías venir a vivir con nosotros. -

- Gracias Anthony, por preocuparte por mí. Pero creo que debo aprender a vivir con mi realidad. En el Hogar de Pony siempre tuve que cuidar de mi misma y de los chicos más pequeños. Así que soy fuerte, ¿sabes? Siempre trataré de superar las pruebas que me toquen. He pensado que también hay personas que sufren más que yo, que están más solas y no tienen dónde vivir. Al menos yo, tengo amigos como ustedes. Y aunque duermo en un lugar muy sencillo, tengo un techo que me protege. -

- ¡Candy! - Dijo Anthony totalmente admirado por la actitud de la pequeña. - ¿Sabes? También yo me siento solo algunas veces. Desde que murió mi madre, hay un vacío que no puedo llenar. Aunque tengo a Lainie y comparto con ella el mismo dolor, hay una parte de mí que está incompleta. Desde el momento en que te conocí, pude comprenderte y sentí que algo en mí despertó. -

- ¡Anthony! - Exclamó Candy conmovida.

- ¿Quieres galopar? - le preguntó, pues iban a paso ligero, disfrutando de la mutua compañía.

- ¡Sí! - Asintió ella.

Mientras galopaban, ambos podían sentir el viento acariciando sus rostros, el latido de sus corazones mientras se aceleraba. Sus pensamientos, estaban dirigidos del uno al otro. Sus sentimientos empezaban a abrirse y aceptaban que se gustaban mutuamente.

Candy pensaba en su interior:

Cuando estoy contigo, crece mi esperanza.

Has alimentado el amor de mi alma,

Y sin pensarlo, el tiempo me robó el aliento.

¿Qué será de mí si no te tengo?

Si no estás conmigo se me escapa el aire corazón vacío

Estando en tus brazos, solo a tu lado siento que respiro

No hay nada que cambiar, no hay nada que decir.

Si no estás conmigo, quedo ante la nada me muero de frio.

Cuanto te amo si no es a tu lado pierdo los sentidos.

Hay tanto que inventar, no hay nada que fingir.

Me enamore de ti

Me enamore de ti

Eres lo que yo más quiero, lo que yo soñaba.

Eres mi rayo de luz a cada mañana. (1)

Mientras que Anthony pensaba:

Sabes que estoy incompleto sin ti, no sé cómo haces lo que haces.

Porque todo tiene sentido, cuando estoy contigo.

Te necesito como al aire, pero es mucho más

Que la suma de uno más uno da dos.

Dejando a un lado la lógica

Quiero saber que sientes lo mismo que yo.

Porque solo quiero abrazarte y besar tus labios,

Quiero hacer que te sientas anhelada y llamarte mía.

Quiero sostener tu mano para siempre,

Jamás dejaré que lo olvides.

Cualquiera podrá decirte que eres hermosa,

Sé que lo harán todo el tiempo.

Pero tu belleza es más profunda de lo que se puede ver,

Y quiero mostrarte lo que veo hoy.

Quiero hacerte sentir mejor de lo que me haces sentir,

Que sea mejor que en los cuentos de hadas,

Mejor de lo que has soñado alguna vez.

Porque Tú eres más de lo que necesito,

Tú eres todo lo que anhelo,

Y todo lo que he anhelado

Porque para mí siempre serás anhelada. (2)

Disfrutaron del paseo, hasta que Anthony la llevó de regreso a la propiedad de los Leagan. Ambos estaban alegres y ninguno se percató de que habían sido observados.

Eliza y Neil los habían visto acercarse y llegar al establo. Se miraron mutuamente, satisfechos con lo que habían hecho. La alegría de Candy no duraría mucho tiempo. Y si todo salía de acuerdo a sus planes, pronto se desharían de ella.

Cuando Sarah regresó del pueblo más tarde, les informó a sus hijos que su padre llegaría unos días después y que debían prepararse para recibirlo.

Era mitad de semana cuando Candy escuchó que el Sr. Leagan finalmente regresaría de Florida. Todos los sirvientes estaban ocupados frenéticamente y a cada uno le habían encargado que todas sus responsabilidades fueran ejecutadas de manera meticulosa.

Sarah le pidió a Candy que se encargara de que los caballos estuvieran perfectamente acicalados, además de que debía tener limpio el establo. A Candy le pareció extraño que no le asignaran ninguna tarea dentro de la casa, pero estaba más que contenta de no tener que encontrarse con Neil o Eliza. Así que se dispuso a llevar a cabo con alegría las tareas que le acababan de asignar.

Mientras ordenaba un poco sus pertenencias, se percató de un par de vestidos que no eran suyos. Los sacó y los extendió para observarlos detenidamente. No había ninguna nota entre ellos ni ningún otro indicio de su procedencia. Al principio pensó que podían ser un regalo de Lainie, o de Anthony, pero desechó la idea cuando encontró un brazalete de oro en uno de los cajones del pequeño mueble que fungía como mesa y escritorio. Continuó inspeccionando detalladamente el interior de los demás cajones y encontró un broche de esmeraldas.

Tenía que tratarse de una de las tretas de ese par. Estaba segura de que la incriminarían en algo muy vergonzoso. Se apresuró a juntar todo y ponerlo en una bolsa. La sacó del establo y la llevó a la cocina, dónde le pidió a Dorothy que pusiera el contenido en la habitación de Eliza. Le dijo que lo había encontrado escondido entre sus cosas y lo que pensaba que podría ocurrir más tarde.

Dorothy se llenó de temor, pues sabía que si la sorprendían la culparían a ella, pero accedió a ayudar a Candy, a quien consideraba una buena persona. Esperó a que Eliza saliera de su habitación y se percató de que se dirigía en busca de su madre. Tardaría el tiempo suficiente para que Dorothy colocara los vestidos sobre la cama, las joyas en el tocador y saliera sin ser vista.

Candy había terminado ya de limpiar el establo, cuando se escuchó el sonido de un vehículo aproximándose a la casa. Salió corriendo para ver si el que llegaba era el Sr. Leagan, pero para su desconcierto, se trataba de un vehículo diferente, que no había visto con anterioridad.

La curiosidad le ganó la batalla y decidió acercarse para ver de quien se trataba. En su camino se encontró con la Sra. Leagan, Eliza y Neil. Ellos también parecían sorprendidos al ver el vehículo que se estaba estacionando justo frente a la casa.

Los cuatro observaron detenidamente a la persona que se bajó del vehículo. Era un hombre alto, vestido elegantemente, con un traje hecho a la medida en color negro. Su rostro, aunque apacible mostraba gran seriedad. Sus ojos de mirada profunda, recorrieron la fachada de la casa. Su caminar estaba impregnado de porte y seguridad.

Sarah estaba completamente sorprendida de ver a dicho personaje. Eran pocas las ocasiones en que se dejaba ver y en todas ellas era para entregar alguna instrucción directa del hombre más poderoso del Clan Andley.

Cuando el visitante ubicó a la Sra. Leagan y a sus hijos a mitad del camino, entre la casa y el establo, les dirigió una mirada seria. Observó a la jovencita que se encontraba junto a ellos. Se acercó y los saludó educadamente.

- Buenas tardes, Sra. Leagan. -

- Buenas tardes, Sr. Johnson. ¿A qué debo el honor de su visita?- Inquirió Sarah, visiblemente consternada.

- Traigo instrucciones del Sr. William Andley. - dijo sin inmutarse.

- ¿De qué se trata? - Seguía sorprendida.

- Vengo a recoger a la Srita. Candice White. -

- ¿Cómo dice? Pero, ¿de qué está hablando? -

- He venido por la Srita. Candice White, debo llevarla con Madame Elroy. -

- ¿QUÉ? - preguntaron los cuatro.

- ¿Para qué? - Preguntó Eliza.

- Mis instrucciones, han sido explícitas. Debo llevarla de inmediato a la Mansión de Lakewood.- Dijo George muy seriamente.

- No puede llevársela, hasta que llegue mi esposo. - Dijo Sarah molesta.

- Me temo que no hay nada que pueda impedírmelo. Los trámites legales ya se han llevado a cabo, por lo tanto, ella es ahora la hija adoptiva del Sr. William Andley. - Dijo George nuevamente.

- ¡Eso no es posible! - Exclamó Sarah al borde de la histeria.

- ¡Eso es una locura! - Gritó Eliza.

- ¡No puede estar hablando en serio! - Exclamó Neil.

- Pero, es que eso es lo que nosotros deseábamos. - Volvió a decir Sarah. - Esperábamos poder hacer el trámite nosotros mismos. -

- ¿QUÉ? - dijeron Eliza y Neil, quienes voltearon a ver a su madre con los ojos abiertos como platos. Estaban impresionados con la noticia de que Candy se había convertido en la hija adoptiva del Tío Abuelo William pero estaban aún más impactados al enterarse de que sus padres también habían pensado en adoptarla como parte de su familia.

- Eso ya no me compete a mí. Simplemente estoy cumpliendo con la voluntad del Sr. Andley, y de acuerdo con la ley, él puede decidir qué es lo mejor para su hija. - Expresó George. Entonces volteó a mirar a Candy y le dijo. - Seguramente es usted la Srita. Candice White. -

- Sí.- Candy logró decir. Aún no comprendía el alcance de las palabras de aquel hombre. Tampoco se había repuesto del impacto de las palabras de la Sra. Leagan. ¿Ellos en verdad estaban pensando en adoptarla? ¿De resultar cierto, por qué se empeñaban en hacerle la vida tan complicada? Sus pequeñas piernas estaban temblando como gelatina y sus hermosos ojos verdes, estaban tan abiertos como su boca.

- Es un placer conocerla. Ahora si me permite, tenemos que empacar sus pertenencias. Dígame ¿en qué la puedo ayudar? Tan pronto como terminemos, la llevaré a su nuevo hogar. - le dijo George a Candy.

- ¿Está hablando en serio?- preguntó Candy.

- Por supuesto. - Le aseguró George. - Permítame presentarme, mi nombre es George Johnson y trabajo para el Sr. William Andley. -

- Pues yo me llamo Candice White, pero puede llamarme Candy. -

- Es un placer, pero a partir de ahora su nombre es Candice White Andley. -

- ¿De verdad me va a llevar a la casa de Anthony? -

- Así es. Vivirá también junto a la Srita. Elaine y los jóvenes Alistair y Archivald Cornwell. -

Entonces Candy lo guio hacia el establo. George se sorprendió de que una pequeña de su edad tuviera que dormir en esas condiciones.

Los Leagan, emprendieron el camino hacia el establo una vez que se recuperaron de la sorpresa. Eliza y Neil estaban indignados al enterarse de que sus padres pretendieran adoptar a Candy como su hermana. Pero aún más les molestaba la idea de que ella fuera una Andley.

Recordaron el motivo por el cual iban en dirección del establo, cuando fueron interrumpidos por la llegada de George Johnson. La Sra. Leagan iba dispuesta a buscar su joya perdida y las pertenencias que Eliza le había dicho que le faltaban.

- Antes de que se la lleve, debo decirle, que es una mala influencia. Tiene actitudes que dejan mucho que desear para una familia de nuestro nivel social. - Dijo Sarah.

- Si ese es el caso, entonces ¿por qué me ha dicho que los Leagan estaban interesados en adoptarla? O ¿acaso sólo pretende evitar que me la lleve? - Cuestionó George a la Sra. Leagan.

Sarah ignoró a George y se dirigió fríamente a Candy. - Me parece que debemos revisar tus pertenencias Candy, he descubierto que me hacen falta un par de joyas. Sólo quiero confirmar que no se encuentran en tu poder. Supongo que no tendrás inconveniente. -

- Por supuesto que no. En el Hogar de Pony nos han enseñado a respetar lo que no nos pertenece. Adelante, revise todo lo que quiera. - Dijo Candy confiadamente. En ese momento supo de qué se trataba todo.

Ante la indicación de su madre, Eliza y Neil empezaron a buscar entre las pertenencias de Candy, sacando todo de manera desordenada y acumulándolo sobre la cama.

George observaba los movimientos de los jóvenes Leagan, manteniéndose en silencio.

Después de unos minutos de buscar en los lugares donde se suponía encontrarían las joyas en los cajones de la pequeña gaveta, al vaciar todo su contenido, empezaron a impacientarse. Las miradas heladas que le dirigían a Candy no pasaban desapercibidas ante los ojos observadores de George.

- ¡Aquí no hay nada! - Exclamó frustrado Neil.

- ¿Qué debería haber? - Expresó Candy confundida.

- ¡Aquí tampoco! - Exclamó Eliza furiosa.

- ¡Oh! ¡No entiendo qué es lo que están buscando! ¡Esas son mis pertenencias y las están maltratando!- dijo Candy.

- ¡Esto es el colmo!- Gritó Sarah. - ¡Además de todo eres una mal agradecida! - Dirigiéndose a sus hijos les dijo - ¡Sigan buscando!-

Al terminar de vaciar todos los cajones y revisar todas las pertenencias de Candy, Neil y Eliza se acercaron a su madre, con una sonrisa torcida en el rostro. Dicho gesto no pasó desapercibido para las aptitudes observadoras de George, quien no tardó en comprender que seguramente se trataba de otra de las tretas de ese par.

- Si ya han terminado, no tienen más nada que hacer. Aquí no ha ocurrido nada. Es evidente que las joyas que le faltan no se encuentran aquí. -

El gesto que hicieron los hermanos Leagan, nuevamente no pasó desapercibido para George, quien ahora estaba seguro de que había algo más detrás de esta escena.

- Ahora, debemos apurarnos Srita Candice. Ya nos están esperando. -

- ¿Cómo dice? ¿Quiere decir que la Tía Abuela tiene conocimiento de esto? - preguntó Sarah.

- No tengo ningún comentario al respecto. Sólo cumpliré con las instrucciones que me fueron asignadas. Con permiso. - Contestó seriamente George. Le ayudó a Candy a terminar de empacar sus pertenencias y después le hizo una indicación para que se dirigieran al automóvil que se encontraba frente a la Mansión.

- Entonces, iremos con ustedes. - Declaró Sarah. - Neil, dile a Stewart, que quiero el auto listo en cinco minutos. Eliza, vamos. - Le indicó a sus hijos.

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En la Mansión de los Andley, se llevaban a cabo diferentes actividades. Algunas de las mucamas, se encontraban limpiando la habitación que colindaba con la de Lainie. Esa mañana, habían recibido noticias de parte del Tío Abuelo William.

Aunque no conocían el contenido de la misiva, sabían que la Tía Abuela Elroy había hablado en privado con el Sr. George en la biblioteca. Habían tardado casi una hora antes de que él se retirara. Inmediatamente después, la Tía Abuela había dado instrucciones para que la habitación se limpiara y se hicieran algunos cambios.

Les había pedido a los cuatro que continuaran con sus actividades y que no interrumpieran a los empleados.

El cuarteto estaba intrigado, algo importante estaba ocurriendo o estaba por ocurrir. Sólo les quedaba esperar.

Se encontraban a mitad de la lección de matemáticas cuando el sonido del motor de dos autos los distrajo.

Después se escucharon las voces de Sarah Leagan y del mayordomo.

- ¿Dónde está la Tía Abuela? - le preguntó Sarah a Jeffrey al entrar.

- La Señora se encuentra en la biblioteca. - Contestó él.

- Sígame Señorita Candice. - Le dijo George.

- Vamos con ustedes. - dijo Sarah.

Cuando llegaron a la puerta de la biblioteca, entraron primero George y Candy, seguidos de los Leagan.

Madame Elroy, los estaba esperando. Tenía algunos documentos sobre su escritorio, los que apartó delicadamente cuando todos ingresaron. Los miró seriamente antes de decir - Buenas tardes. Candice, siéntate ahí. -Le indicó una de las sillas que estaban frente a su escritorio.

Después se dirigió a los Leagan. - Sarah, esperen afuera. Cuando termine de hablar con George y con Candice, hablaré con ustedes. -

- Pero, Tía, yo… - Debatió Sarah.

- ¡Espera afuera! - Le reiteró.

Los Leagan salieron de la habitación a regañadientes, mirando a Candy despectivamente.

Una vez que se encontraban a solas, Madame Elroy retomó la palabra. - Muy bien George, abre el documento que falta. -

George Johnson, procedió a entregarle el único documento que faltaba. Cuando ella tuvo en sus manos el sobre, pudo identificar plenamente la escritura en él.

Abrió el sobre y procedió a leer la carta que contenía.

Querida Tía Elroy,

Después de haber recibido las cartas de mis queridos sobrinos, solicitándome ayuda para su amiga Candy, he decidido complacerlos.

George tiene indicaciones de llevar a cabo los trámites legales necesarios para adoptar a Candice White, como miembro de la familia Andley. Según los registros existentes, existe la posibilidad de llevar a cabo la adopción, debido a que no hay ninguna solicitud presentada ante el juez.

En los registros del Hogar de Pony, la niña fue solicitada para llevar a cabo el trabajo de dama de compañía bajo el amparo de la Familia Leagan.

Por lo tanto, es mi decisión que se integre en las líneas de nuestro Clan, como mi hija adoptiva.

También, es mi deseo que permanezca bajo su tutela y que reciba la educación correspondiente al lado de mis queridos sobrinos.

Sé que si usted se empeña y se hace cargo de ella, logrará convertirla en una dama digna de nuestro nombre.

Con gratitud,

William A. Andley

Elroy Andley, suspiró al terminar su lectura. Pensó que se trataba de un capricho. ¿Cómo podía dejarse convencer por los chicos? Ellos no estaban en posición de tomar decisiones de esa magnitud. Aún les faltaba mucho por crecer y madurar antes de ser capaces de comprender las consecuencias que podría acarrear una decisión de tal magnitud.

Pero William, había demostrado ser lo suficientemente inteligente y capaz, lo que la hacía dudar de esta decisión. Sin embargo, sabía perfectamente, que aunque el tono de la carta era amable, terminaba siendo una instrucción definitiva y no una solicitud que pudiera ser cuestionada.

Miró seriamente a Candy, que se encontraba sentada con la mirada gacha. La observó por unos minutos, era evidente que se sentía intimidada ante su presencia.

- Candice. - la llamó - ¿Sabes por qué estás aquí? -

Candy levantó la mirada y le dijo en voz baja. - El Sr. George me dijo que la familia Andley me ha adoptado. -

- Aunque no es de mi completo agrado, debo aceptar que así es. Esta ha sido una decisión que quedó fuera de mi alcance. Quiero informarte que las expectativas que a partir de ahora recaen sobre ti, son muy altas. Tendrás que esforzarte y acatar todo lo que se te diga. Nuestra familia tiene una gran respetabilidad y no quiero que nos avergüences. -

- Haré lo que me pida. - Le dijo Candy.

- Muy bien. En un momento te llevarán a tu habitación. Esperarás ahí, hasta que te mande a buscar de nuevo. Has lo que te indique la mucama. - Le dijo Madame Elroy.

- Sí, Señora. - Asintió Candy.

La matriarca sonó una campanilla, un par de minutos después Jeffrey entró en la biblioteca. - Que Nina y Mary se encarguen de esta niña y esperen a que la llame de nuevo. - Le indicó firmemente.

Candy siguió al mayordomo hasta que éste la dejó en manos de Nina y Mary.

- Entonces, George, ¿va a decirme cómo es que llegamos a esto? - Le preguntó directamente.

- El Sr. William no me comentó las razones de su decisión. Simplemente me dio las instrucciones Madame Andley. - Le dijo en su usual tono de voz.

- Ya veo. Eso quiere decir que aunque lo supiera, en esta ocasión no va a decirme nada. - Levantó ligeramente la ceja izquierda.

- Me temo que no. -

- Está bien. Y ¿qué opina al respecto? -

- Creo que debe tener razones válidas para haberlo decidido. -

- No me refiero a eso. Supongo que debe de ser así y aun cuando no tuviera la razón, por el simple hecho de ser el Patriarca de nuestro Clan, sus decisiones son incuestionables e inamovibles. - Continuó la dama. - Lo que en realidad quiero saber, es si usted cree que esa niña va a responder a la altura de nuestras convicciones. Tengo entendido que ha ocasionado diferentes problemas desde su llegada a la familia Leagan. Además de ser agresiva e impulsiva. -

- Madame Elroy, en todos los años que llevo trabajando para su familia, nunca me había pedido mi opinión personal. Quisiera saber si está dispuesta a escuchar mi opinión, o si sólo quiere confirmar lo que usted cree que es la verdad. - Le dijo George.

- Esta conversación quedará estrictamente entre nosotros. - Asintió ella.

- En ese caso… Es evidente que existe una gran animosidad entre los hermanos Leagan y la Srita. Candice. Podría esperar el rechazo total ante esta decisión e incluso podrían llevar a cabo alguna acción para demostrar su postura. Sólo el tiempo le dará la razón a quien verdaderamente la tiene. Le sugiero tener una mente abierta con respecto a esta situación, y que observe el comportamiento de los jóvenes. -

- ¿Eso es todo? -

-No conozco lo suficiente a la Srita. Candice para proporcionarle más detalles al respecto. Pero conozco lo suficiente a sus sobrinos como para pensar que actúan de buena fe y que sin duda alguna se preocupan sinceramente por ella. Sólo deles la oportunidad de demostrar de lo que son capaces.-

-Desde que la conocieron, los cuatro se han tomado muy en serio el papel de defensores. Especialmente, Elaine y Anthony. -

-Creo que esa podría ser la razón por la que el joven Neil y la Srita. Eliza se han comportado peculiarmente difíciles con ella.-

-¿A qué se refiere?-

-A que es evidente que la Srita. Candice ha sido objeto de las bromas pesadas y malos tratos de parte de los hermanos Leagan. Cuando fui a buscarla, me sorprendió que tuviera su habitación en el establo, junto a los caballos. Esa es una prueba contundente de maltrato. Ningún otro empleado había sido tratado de manera similar.-

-Algo de eso me comentó Elaine. No le presté mucha atención en su momento, pero tal vez ahora sea tiempo de ver las cosas de manera distinta. - Se quedó pensativa un momento. - George, que pasen los Leagan. -

- Enseguida, Madame. - Y salió en busca de la familia Leagan. - Sra. Leagan, Madame Elroy los recibirá ahora. - Les indicó que ingresaran a la biblioteca.

Al entrar, inmediatamente Eliza se echó en los brazos de la dama y entre sollozos expresó - ¡Tía Abuela, no puede permitir que Candy forme parte de la familia Andley! ¡Es una vergüenza! -

- ¡Basta! Esta decisión no está a discusión. Lo único que voy a decirles es que a partir de este momento, Candice se quedará en esta casa. Legalmente, es la hija del Tío Abuelo William y ha sido su decisión que ella permanezca bajo mi tutela al lado de mis sobrinos. El hecho de que estén o no de acuerdo, ya es irrelevante. -

- ¡Tía Abuela! ¡Usted no sabe lo que ha ocurrido recientemente! Candy no es buena para nuestra familia, ni tampoco para nuestra reputación. ¡Es una la…! - Exclamó Daniel.

- ¡Basta ya! Lo que haya ocurrido ya no tiene importancia. Lo que en realidad importa es lo que suceda a partir de ahora. Yo me encargaré personalmente de su educación y comportamiento. - Levantó aún más la voz.

Madame Elroy acababa de confirmar lo que había conversado con George. Si dejaba que Sarah y sus hijos comenzaran a hablar, seguramente lo harían en contra de Candice y de la adopción hecha por William.

Además, no quería darles una idea equivocada, la decisión era definitiva. No tenía caso perder el tiempo en comentarios infructuosos, ni deseaba predisponerse ella misma ante esta situación. Lo mejor que podía hacer era observar y llegar a sus propias conclusiones.

- Sarah, Candice ya no es responsabilidad de los Leagan. Como puedes comprobar, aquí están los documentos que la acreditan como miembro de la familia Andley. -Le mostró los documentos y la observó mientras ella los revisaba.- Ahora, aún tengo otros asuntos qué resolver y como no hay otra cosa que aclarar, daremos por terminada esta conversación. -

Sarah sentía la frustración hervir en su interior. Aunado al temor que iba creciendo ante la inminente conversación que tendría con su esposo al regresar a su casa. No podía asimilar cómo fue que las cosas se dieron de esa manera. ¿En qué momento se le fue de las manos la situación? ¿Cómo iba a explicarle a Robert que la adopción de Candice había sido hecha por el mismísimo William Andley?

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Canción de Chayanne, "Me enamoré de ti", del álbum "No hay imposibles", del año 2010. Mi versión adaptada para esta escena.

Canción de Hunter Hayes, "Wanted", del álbum "Hunter Hayes" en el año 2011. Es mi versión de esta hermosa canción y la traducción fue adaptada para coincidir con el momento de la historia. Siendo la traducción al español del verbo "Want" - Querer, desear, necesitar, soñar; por lo que preferí usaranhelar uniendo desear y soñar...

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Bueno, hasta aquí este capítulo, ¿qué les pareció?

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Saludos a todas aquellas que siguen leyendo la historia de forma anónima. Gracias por estar ahí, en algún lugar.

Recuerden que sus comentarios son el combustible que toda escritora necesita para seguir inspirándose y continuar escribiendo.

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Recientemente algunas chicas han seleccionado mi historia y la siguen a través de ff. Gracias a:

Megaluone y mgoh

También a las que la han seleccionado como favorita:

Serena Candy Andrew Graham y megaluone

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Le doy la bienvenida a Angdl, ¡Ha sido increíblemente emocionante para mí leer todos tus comentarios! Qué bueno que te ha gustado la historia, y que te has enganchado con ella de esa forma. Me halagas, en serio. Y bueno, pues el objetivo de Lainie, es proporcionarle a Candy otro apoyo, alguien que la comprendiera y tuviera el valor de defenderla, sin temor a expresar sus pensamientos y con la fuerza necesaria para enfrentar a la Tía Abuela sin necesidad de violentar la relación familiar, actuando con sensatez y amor. Logra ganarse el corazón de todos de una manera más natural. También apoya a los tres paladines, quienes a lo largo del anime, "fallaron" en su cometido. Espero seguir contando con tus comentarios, que me inspiran para seguir escribiendo.

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Ahora, a mis queridas amigas:

denisegmiza, Ms Puddle, Lady Lyuva Sol, Paolau2, Josie, Lulushkita, maria1972, Iris Ariadna, mariana seguame, abi prez, Mo Chan y Alexa Monnie por tomarse el tiempo de dejarme maravillosos comentarios. De verdad que todos son muy importantes para mí, y me motivan a seguir con la historia. Sé que no todas tienen una cuenta en ff pero, a través de estas páginas quiero agradecerles su presencia.

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Lady, Como pudiste darte cuenta, Anthony no se sentía tranquilo consigo mismo, hasta que pudo disculparse con Candy. Bueno, creo que contesté la duda sobre el viaje a México. La situación se apresuró un poco, en contraste con la historia original, y al adelantarme, se pudo evitar que la Tía Abuela presenciara la trampa de los hermanos Leagan incriminando a Candy. En su lugar apareció tu mero amor, ¿te gustó su intervención?

Denisegmiza, Hola, muchas gracias por tus palabras. Bueno, ahora debo decirte que tienes mente de escritora también, ¡Ja, ja, ja! Pero debo pedirte un poco más de paciencia. Las respuestas a tus preguntas vienen en camino, aunque ya tengo algunos capítulos en mi mente, solo puedo decir que hay grandes posibilidades de una visita de nuestro querido Caballero Inglés... Estoy de acuerdo contigo, Lainie ha logrado equilibrar las emociones y los sentimientos de todos, aunque a su corta edad es una chica centrada y muy romántica. Quiere que todos vivan felices y satisfechos. Ya veremos qué pasa en los próximos capítulos. Espero tus comentarios.

Ms Puddle, You were right again! I decided it was better to hold the meeting between Candy and Annie. It will happen in the next chapter. I tried to give Annie an opportunity to openly accept Candy instead of rejecting her. Let's see what happens. And, yes, it was Albert who rescued Candy from the waterfall, it all happened according to the original story. And Anthony was really ashamed about his behavior, and decided to express his feelings towards Candy. Aunt Elroy happens to appear in the right moment, in order to discover her nephews' "activities". Finally, Candy becomes an Andley!

Paolau2, sí, Albert fue quien la rescató de la caída por la cascada. Esa parte queda exactamente como en la historia original. El único cambio manejado en esta historia, es el motivo por el que Albert se encuentra en la propiedad de los Andley. Se supone que quiere comprobar personalmente lo que ha hecho Candy para ganarse el corazón de sus sobrinos, y acude en respuesta a la carta de Lainie. En cuanto a Annie, tampoco me gustó el hecho de que tuviera que negar a su "hermana". Sin embargo, comprendí que para la tímida e insegura Annie, querer complacer a sus "padres" para lograr ser "aceptada", la sumieron en una gran batalla interna emocional. Así que decidí darle una oportunidad de enmendarse, y lo veremos en el próximo capítulo, veamos que tal nos va.

Josie, finalmente, Candy ya forma parte de la familia Andley! Aquí vemos un ligero cambio en la actitud de la Tía Abuela, aunque se menciona que no está de acuerdo con la decisión del Tío Abuelo William, al menos está abierta a lograr hacer de Candy una dama. Al cambiar el hecho de que fuera testigo de la treta de los hermanos Leagan, su percepción no está tan manipulada. Veamos qué pasa a continuación. Gracias tomarte tu tiempo y aunque duermas tarde, leas mi historia, ¡me alegras el día tú también!

Mariana, ¡Ja, ja, ja! sí, me parece que tengo algunas sorpresas preparadas para ustedes. Ten paciencia. Todo se revelará a su debido tiempo. ¡Sólo espero que no me odien después! ¡Ja, ja, ja! ¿No crees?

Lulushkita, bueno, el castigo de Eliza, creo que llegó con la visita de George. ¿Por qué, qué mejor castigo que ser testigo de la adopción legal de Candy? Aunque estuviera haciendo el peor berrinche de su vida, nada cambiará la decisión tomada por el Patriarca de la familia. Dime ¿qué te pareció la conversación de Anthony con Candy respecto a la bofetada que le dio él en el capi anterior? A mí me pareció que él estaba realmente arrepentido de su reacción y decidido a cambiar de actitud. Aunque no les conté detalladamente lo que ocurrió entre Albert y Candy, solo puedo decirte que esa escena queda exactamente como en la versión original. Tal vez incluya la escena en algún Flashback para que quede claro.

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Reciban un abrazo caluroso y lleno de afecto.

Su Amiga,

SweetCandyAndley

24 MAR 2015