Disclaimer: Los personajes de Naruto no me pertenecen, son propiedad de Kishimoto. La historia tampoco me pertenece, esta pertenece a Juri . DP y fue beteada por Karen Hikari.

xxx

Jibo se despertó en su cama, sentía su cuerpo cálido y pesado. Miró en la tenue oscuridad, y rodó sobre su costado. La vela que iluminaba la habitación estaba casi completamente consumida. Al otro lado, Shana estaba tendido en el suelo, frente a su propia cama.

Jibo se sentó, estirándose y gimiendo. Él no dijo nada mientras miraba a Shana. Esperaba que las cosas volvieran a tener sentido, o al menos volvieran a cómo antes, pero ya era demasiado tarde para eso.

Estaban en serios problemas.

Shana y Jibo llegaron a la guarida temprano esa mañana, cinco días después de dejar Konoha.

Viajar sin Kabuto y sin Sasuke era diferente. Cuando solo eran ellos dos, encontrar lugares para dormir y comida resultaba ser mucho más fácil. Ellos no eran conocidos o delincuentes buscados. Podían ir y ser vistos, porque nadie los estaba buscando.

Hecho agridulce para Jibo.

Volver a la guarida fue la parte difícil. Además de llevar un peso extra, tenían que evitar ser vistos a toda costa. Esto significaba más viajes a través de bosques y caminos secundarios, y no comer o dormir en espacios públicos. Ni Jibo ni Shana sabían mucho sobre la supervivencia en bosques, tomando en cuenta que los habían secuestrado de sus aldeas antes de que pudieran aprender todo lo que necesitaban. Esta clara falta de experiencia hizo que Jibo realmente temiera que fuesen descubiertos por Kabuto, Orochimaru o incluso por Sasuke.

Pero ellos lograron regresar. De algún modo.

Y ahora... Jibo no tenía idea de lo que iban a hacer ahora.

La fijación de Shana por Hinata fue comprensible al principio. Jibo pensó que él podría entenderlo a futuro. Pero mientras veía como su amigo miraba fijamente a la chica que estaba debajo de su cama, se llenó de una extraña mezcla de irritación y paranoia.

El propio Jibo no veía qué era eso tan bueno acerca de Hinata. No entendía por qué Shana quería tenerla cerca, cuando eso los pondría a los dos en peligro. Se preguntaba, aunque un poco tarde, el por qué Shana nunca sugirió que simplemente no regresaran a la guarida una vez fuera. Jibo había estado demasiado concentrado en entender lo que le sucedía a Shana, mientras que Shana no había estado preocupado por él en absoluto.

Shana solo quería a Hinata.

Jibo se balanceó lentamente hacia adelante y hacia atrás en su cama, mirando a Shana.

—¿Ahora qué? —él susurró.

Shana no se movió. Tal vez no había escuchado a Jibo.

—No estoy seguro —respondió Shana. Su voz todavía tenía una cosa extraña, algo distante y oscuro.

—Tenemos que... hacer algo —dijo Jibo.

—Hm... —Shana parecía no estar perturbado por las preocupaciones de Jibo.

Jibo intentó una vez más apelar a su lado racional y así obtener algún tipo de reacción por parte de Shana.

—Tenemos que hacer algo por ella. Todavía está rígida, y no ha comido en días. Tenemos que-

—Jibo —lo interrumpió Shana—, deja de hablar.

Jibo miró a Shana con incredulidad. La desesperanza que había comenzado a sentir cuando se despertó, estaba ahora bullendo dentro de él. Abrió y cerró la boca, queriendo decir algo hiriente, pero su pecho se sentía vacío.

—¿Por qué te sigo? —Jibo murmuró—. Estás actuando como... como Sasuke.

Shana se volvió hacia él, su rostro era difícil de leer con la tenue luz.

—La salvé.

—La estás poniendo en peligro.

—Ella está lejos de él.

—¡Ella está más cerca de él!

Shana frunció el ceño, volteándose hacia donde estaba Hinata.

—Él no viene por aquí.

Jibo quería gritar. Él quería lastimar a Shana. Quería herir a Orochimaru.

Jibo notó la marca negra en el cuello de Shana solo después de que la utilizara. Le dio... habilidades que nunca antes había visto. No sabía si Shana siempre había sido capaz de disparar hielo comprimido de su cuerpo antes, pero lo había hecho hacía cinco días. No sabía si Shana siempre había sido capaz de cometer este tipo de locuras, pero ahora lo era.

Y él, había estado de acuerdo con eso...

—¿Qué está mal conmigo? —gruñó, dejando caer su rostro entre sus manos. Tal vez simplemente no quería estar solo. Las acciones de Shana tendrían consecuencias, algunas a las que Jibo temía mucho, pero si realmente resultaban en la muerte, no quería ser el que sobreviviera.

Si Shana moría, él también tendría que morir.

Jibo no podía vincularse con Kabuto por su cuenta. No podía soportar a Orochimaru. Nunca podría volver a casa, por lo que se negaría a seguir viviendo esta vida incierta sin su único amigo.

Jibo se enjugó las lágrimas antes de mirar hacia arriba. Shana estaba arrodillado, con la cabeza apoyada en la cama, y respiraba profundamente antes de exhalar temblorosamente.

—¿Shana?

—¿Hm? —Shana forzó su cabeza hacia arriba, mirando hacia atrás y situando una mano sobre su cuello. Su tono de voz volvió a ser ligero y hosco—. Yo... no sé... ¿Por qué está Hinata aquí?

Jibo vaciló, el pánico amenazaba con nublar sus pensamientos.

—¿Qué estás diciendo? ¿Ya lo olvidaste?

—No... no, yo solo... —siseó Shana, temblando, agarrándose los lados de su cabeza mientras se derrumbaba—. No sé... ¿Por qué...? —Shana comenzó a hiperventilar.

Jibo se acercó y se arrodilló junto a su amigo, sin querer tocarlo.

—¿Por qué la traje...? —Shana susurró roncamente—. ¿Por qué la traje a este lugar?

—Tómatelo con calma —dijo Jibo—. Tú... no eras tú-

—¡Es por eso! —Shana miró a Jibo, con sus pálidos ojos llenos de lágrimas—. Y-yo no soy yo mismo. Tengo estos... estos pensamientos. Yo... siento cosas que realmente no siento, y a-a-ahora yo-

—Shana —dijo Jibo abruptamente, nervioso—. ¿Tiene esto algo que ver con lo que Orochimaru te hizo?

Shana miró a Jibo, su respiración errática se calmó, pero sus ojos se abrieron más. Su mano llegó a su cuello otra vez, apretando.

—¿Te reirías de mí si dijera que creo que Orochimaru realmente se preocupa por nosotros?

Jibo casi lo hizo, pero se detuvo rápidamente.

—Es una locura —Shana negó, temblando—. Hemos estado vivos por más tiempo que los demás, así que pensé... pensé que había algo especial en nosotros, algo que le hacía sentir algo, pero él... —suspiró—. Me hizo pensar que Hinata estaba en peligro.

—Pero, ¿qué hizo? —Jibo presionó.

—Él dijo... que él podría darme el poder para salvarla. Dijo que podría protegerla de Sasuke si lo tuviera-

—¿De hecho lo aceptaste?

—¡Tenía que hacerlo! —Shana lloró—. ¡Has visto lo que Sasuke me hizo! Rara vez está aquí, así que pensé que Hinata estaba siendo tratada igual. No se lo merece. ¡Nosotros no lo merecemos! Si la ayudamos, pensé... pensé que ella podría...

Shana se quebró, encorvándose por completo y respirando superficialmente. Jibo trató de consolarlo. Hizo girar a su amigo tembloroso sobre su espalda y le sostuvo las manos, manos que arañaban un punto específico en su cuello.

—No quiero hacer esto —dijo Shana con dificultad—. No puedo hacer esto más.

—Vas a estar bien —Jibo luchó con él, no queriendo lastimarlo demasiado—. Simplemente... K-Kabuto puede arreglar esto, ¿verdad? Solo espera-

—¡No puede arreglarme! ¡No puede detener a Sasuke! ¡No puede detener a Orochimaru! ¡Ya no quiero esto! ¡Solo quiero morir!

—¡No digas eso! —Jibo gritó, pero su voz había sido ahogada. Sus manos más grandes maniobraban, tratando de apartar de su camino a las más pequeñas, sentándose al lado de él.

—¿Qué está pasando con ustedes dos? —Kabuto exigió, mirando entre un atónito Jibo y un histérico Shana—. ¿Qué diablos pasó?

—¡Esa marca en su cuello lo está volviendo loco! —Jibo soltó, aún aturdido por su presencia—. Él... ¡Lo está haciendo hacer cosas que no quiere!

Kabuto volvió su atención a Shana. Obligó a Shana a sentarse, lo que disminuyó su temblor, pero el chico ahora se negaba a mirarlo a los ojos.

—Señor Kabuto... —dijo Shana, con voz inusualmente suave—. Yo soy... —se cubrió el rostro con las manos—. Realmente no quiero que me veas así.

—No es tu culpa. Esto... necesitas acostumbrarte a esto. Debiste haberme dicho que estabas así.

Pero incluso entonces, Kabuto no sabía qué podría hacer para consolarlo.

Shana negó con la cabeza, gimiendo.

—No, yo... realmente me equivoqué. Realmente... realmente necesito tu ayuda ahora.

—¿Con el dolor?

Shana respiró hondo, todavía rehusándose a mirarlo.

—Hinata podría estar muerta.

Kabuto lo miró fijamente.

—¿Acaso Sasuke-?

Shana negó ferozmente, sus palabras salieron demasiado rápido.

—Hice que Jibo fuera conmigo a verla, pero accidentalmente la golpeé con este ataque que no sabía que podía hacer, y ahora ella-

—¿Ambos fueron a Konoha? —Miró a los dos chicos; ni siquiera parecía que se hubieran ido—. ¿Ustedes solos?

—¡Señor Kabuto, escucha! ¡Hinata necesita ayuda, por favor!

—Shana, yo... —negó, pasándose una mano por el cabello—. No puedes ir todo el camino hasta Konoha para simplemente-

—Ella está debajo de su cama —interrumpió Jibo.

Kabuto casi se congeló, volviendo su atención. Ahora notó que había una figura escondida debajo de la cama de Shana. Kabuto se levantó, levantó la vela de la mesa y la acercó a la cama.

Hinata se encontraba acostada allí, con su Byakugan activado, pero sana. Ella no se estaba moviendo. Estaba congelada, rígida.

¿Muerta?

Kabuto puso sus dedos sobre su cuello, tratando de encontrar su pulso. Su piel estaba dura y fría, pero sintió el latido de su corazón.

Ella estaba viva.

En el escondite.

Kabuto cerró los ojos, respirando entrecortadamente.

Esto era malo.

Si Shana y Jibo habían ido a Konoha durante uno de los episodios de rabia de la marca de maldición que poseía Shana, había muchas cosas que podrían haber salido mal. Eran solo niños: Jibo tenía trece años y Shana doce. Se habían infiltrado en una de las Grandes Naciones, donde probablemente usaron las mismas tácticas que se les ordenó que utilizaran la última vez que estuvieron allí.

Es decir, los muchachos no tenían la destreza suficiente para cubrir sus huellas, y probablemente Konoha se habría dado cuenta esta vez. Tsunade podría tener a una horda de ANBU dirigiéndose a su ubicación en este mismo momento. Kabuto dejó escapar un suspiro, recordando respirar.

—Está bien... está bien... —se pasó una mano por el cabello y dejó la vela—. Voy a... le daré algo que podría ayudar, pero necesito que los dos empaquen sus cosas.

—¿Qué? —ambos muchachos dijeron.

—¿Empacar? —Jibo miró a Shana brevemente—. ¿Vamos a ir a algún lado?

—Sí... sí. No es nada de lo que preocuparse, pero solo... solo tomen su ropa, yo buscaré algunas bolsas.

Kabuto salió corriendo de la habitación, dejando a los niños con una sensación de hundimiento en el estómago. Shana miró a Hinata y vio que las únicas partes cálidas en ella, provenían del centro de su pecho y de partes de su cerebro.

—Realmente lo arruiné —susurró.

—Bueno... sí —Jibo estuvo de acuerdo, quien había comenzado a recoger sus cosas—, pero al menos nos iremos de este lugar por un tiempo.

—¿Y qué hay de Hinata?

Jibo se encogió de hombros, mirando debajo de su cama, buscando cualquier objeto extraviado.

—Tal vez la devolvamos a casa antes de irnos.

Shana miró a Jibo con extrañeza.

—Pareces... calmado de repente.

—Kabuto dijo que no había nada de qué preocuparse.

Shana lo miró por un momento.

—Te alegra que nos podamos ir.

—Bueno... sí. Quiero decir, míralo de esta manera, Shana. Orochimaru no tiene que saber nada de esto. Sasuke no tiene que saber nada de esto. No vas a salir lastimado.

—¿Yo?

—Sí.

—¿Por qué siempre estás tan preocupado por mí?

Jibo miró a Shana por varios minutos. Refunfuñó, parándose y dejándose caer sobre su propia cama.

—Vamos, arregla tus cosas.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Esperaron a que regresara Kabuto, no tenían mucho para empacar. Shana se había quedado sin kimonos y Jibo no tenía mucha ropa. La mayor parte del tiempo Shana lo pasó mirando a la congelada Hinata, preguntándose qué le había hecho.

Jibo miraba al techo. Era extraño para él sentir esta calma. Sabía que parte de eso se debía a que Kabuto se había sentido molesto de que Hinata estuviera allí. El hombre no estaba tan loco como Orochimaru, así que tal vez su amabilidad hacia ellos no era solo para aparentar. Evidentemente, Kabuto pensaba que se meterían en problemas por esto, por lo que este pequeño viaje era en realidad la forma en que Kabuto los protegería.

¿Pero qué significaba eso?

¿Se estarían yendo por un largo tiempo o los iba a esconder en otra aldea? ¿Tendrían que comenzar una nueva vida? ¿No regresarían? Si no lo hacían, ¿se quedaría Kabuto con ellos? ¿Estarían todos juntos?

Él no... los devolvería a casa, ¿o sí?

Jibo suspiró. Había logrado perder la calma, y se preguntó cuándo comenzó a preocuparse por Kabuto. Debería estar contento con la posibilidad de ir a casa, pero ese hogar no tenía a Shana o... a Kabuto.

¿Cuándo se volvieron tan retorcidos sus pensamientos?

La pared de su habitación se abrió, lo que provocó que los niños miraran. Y luego inmediatamente palidecen.

—Chicos —saludó Orochimaru, entrando en la habitación. Dirigió su atención al más viejo, sonriendo ampliamente—. Jibo, me gustaría hablar contigo.

—¿Yo? —Sus ojos se movieron—. ¿Está... está seguro?

—Absolutamente. Deseo darte algo, me parece justo después de darle uno a Shana.

Los ojos de Jibo se abrieron de par en par, su cuerpo se volvía miserablemente frío.

—Yo... Señor Orochimaru, ¿eso puede esperar?

—No puede —volvió su atención hacia Shana—. Asegúrale a tu amigo que es algo maravilloso.

Shana guardó silencio, lo que le dio tiempo a Orochimaru para observar su lenguaje corporal. Shana ahora estaba sentado a los pies de su cama cuando él había estado previamente en el piso. Orochimaru miró más allá de él.

—¿Qué es eso? —el hombre preguntó.

Shana lo miró, con sus ojos nublados inusualmente alerta.

Orochimaru caminó hacia la cama, haciendo que el chico se pusiera tenso.

—Mi señor-

—Bien, bien —el hombre sonrió, mirando el cuerpo extra, tirando de ella para verla mejor—. Está casi muerta, ¿no? —dijo con cariño.

—Mi señor —susurró Shana, deslizando una mano protectora sobre la pierna de Hinata—, estamos planeando devolverla.

Orochimaru miró a la heredera. Ella no se movía, pero su kekkei genkai estaba convenientemente activado. Se inclinó y agarró a la rígida niña en sus brazos. Esto era obra de Shana, y había hecho un buen trabajo. Todo esto estaba sucediendo en un buen momento, ya que además Sasuke estaba incapacitado por el momento.

Orochimaru salió de la habitación, con la Hyūga a cuestas.

—Quizás en otra ocasión, Jibo.

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

Ella escuchaba todo.

Hinata entraba y salía de la inconciencia, y cada vez que estaba alerta, su cuerpo se sentía más rígido que la vez anterior. Tenía hambre, estaba cansada y le dolían los ojos.

Y ahora... esto.

Ese chico enfermizo la había secuestrado, pero algo le había sucedido. Él había estado arrepentido. Él quería ayudarla.

Kabuto sería esa ayuda. Él planeaba ayudarlos, curarla, pero ella sabía que no podía confiar en él. Él había ayudado durante los ataques contra Konoha más de una vez, y era en parte responsable de la muerte del Tercer Hokage.

Pero ella lo prefería a él... a esto.

Después de moverse a través de muchos pasajes, tomar muchas curvas, aventurarse a través de paredes falsas, Hinata se encontró mirando a una cegadora luz blanca. Ella estaba sobre una mesa metálica, y escucho a su captor arrastrar los pies y mover cosas.

—No es divertido, realmente —dijo el hombre a la ligera—, jugar con algo que no se mueve.

Hinata se preguntaba si estaba respirando, porque ese habría sido el momento perfecto para perder el aliento.

Ella estaba en peligro.

Un criminal de rango S, el peor de todos, la tenía en una habitación, sin ninguna posibilidad de escapar sin su Byakugan, pero no podía utilizarlo.

—Ah, Hinata, siempre he admirado el kekkei genkai de tu familia —un pálido rostro reptiliano apareció en su vista, las esquinas de sus labios estaban curvadas con diversión. Sus fríos dedos trazaron su rostro—. Puedes ver los mis canales de chakra, ¿verdad?

Ella no sabía lo que estaba insinuando. Él no debía saber cómo era que funcionaban sus ojos.

—Realmente no me gusta hablar solo, querida.

Él le mostro una jeringa y la puso sobre su ojo izquierdo. Hinata estalló en pánico, sin poder sentir su cuerpo, no pudo alejarse cuando la aguja se hundió en su piel.

El dolor burbujeante y caliente envolvió su cráneo, extendiéndose lentamente por todo su cuerpo. El movimiento lentamente regresaba a ella. Un grito gorgoteante se acumuló en su garganta e irrumpió en la solitaria habitación.

—Tranquila, tranquila —el hombre la arrulló—. Ya casi hemos terminado.

Intentó sacudir su cuerpo, sin preocuparse por el riesgo, lo que le provocó leves espasmos. La jeringa salió de su ojo justo cuando se tambaleó hacia adelante, chillando maniáticamente, cubriendo su rostro ardiente. Se bajó de la mesa, torpemente, tropezando con las cosas, hasta que se desplomó, el dolor hizo que sus miembros recientemente funcionales, se volvieran débiles y agonizantes.

—¿Q-qué hiciste? —Su voz sonaba febril y alta—. ¿Q-qué hiciste?

—Te salvé de la muerte. Cualquier punto en tu cuerpo hubiera funcionado, pero tu ojo se veía tan... perfecto —suspiró gratamente—. Tenía que manipular esa exquisita perfección.

Hinata se estremeció, y gimió, en el suelo de baldosas. El dolor en su ojo no mejoraba; su otro ojo estaba lleno de lágrimas y el dolor le imposibilitaba ver, para saber dónde estaba el hombre, lo que la aterrorizaba hasta la medula.

Él la había lastimado tan fácilmente. La había torturado con tanta facilidad, como si fuera lo más natural del mundo. Orochimaru la miró, su humor se tornaba cada vez más oscuro.

—Realmente te ha mimado, ¿verdad? Actúas como si esto fuera lo peor que te han hecho.

—¿S-Sas-suke?

—Hm, sí. Sasuke. Él es bastante parcial contigo —él se volvió para encender un interruptor—. Era mi mejor opción para un recipiente, pero realmente no lo necesito, ¿sabes? —Él se rió entre dientes—. Pero no te aburriré con los detalles, Hyūga. Tu principal preocupación debe ser lo que quiero contigo, y ya debes saber qué es eso. Sin embargo, esta es una... rara oportunidad para mí, quiero decir tener a una Hyūga.

Hinata miró en cualquier dirección, sintiendo que la atmósfera de la habitación cambiaba.

—Tu cuerpo podría ayudarme a infiltrarme dentro de tu clan —continuó Orochimaru—, pero ningún disfraz que pueda utilizar es infalible contra ellos, debido a mi red de chakra, Hinata. Sin embargo, puedo encontrar un uso para tus órganos. Especialmente para tus ojos.

El dolor era insoportable. Le dolía todo el cuerpo y no podía moverse sin que eso la lastimara. Instintivamente, ella trató de activar su Byakugan, pero solo cayó de espaldas, retorciéndose, ante el dolor quemante en sus ojos.

Orochimaru se rió, volteándose a una mesa llena de diversos instrumentos médicos.

—¿Por qué hiciste eso? Debes estar ansiosa por sentir dolor. Ten paciencia. Prometo ser generoso con eso.

Caminó hacia ella con una jeringa vacía. Se arrodilló sobre ella, le rasgó la manga de la chaqueta y le clavó la aguja en la vena, extrayendo sangre. Orochimaru regresó a su mesa para depositar su sangre en un vial. Tenía curiosidad de por qué ella no se había quedado completamente inmóvil todavía. Encendió el gas, que actuaba rápidamente ante cualquiera que no fuese inmune.

Se congeló momentáneamente, mirando la pared.

—Demasiado parcial —negó con la cabeza—. Demasiado parcial, de hecho.

Orochimaru preparó un bisturí. Sasuke había sido inconscientemente generoso al donarle su semilla, que ahora todo lo que Orochimaru necesitaba era la mitad de la genética de Hinata. Cualquier otra cosa, sería usada exclusivamente para investigación.

Escuchó a la chica murmurando para sí misma. Era un poco decepcionante no haberla visto pelear, se dio cuenta. Todos los aspectos del clan Hyūga eran más o menos un misterio para él, por lo que deseó haber podido observar sus habilidades de cerca.

Orochimaru se volvió hacia Hinata, justo cuando captaba un aumento de chakra.

Algo explotó.

Sasuke estaba despierto.

—Oh, querida —el hombre resopló, poniendo los ojos en blanco—. Más reparaciones —ignoró la perturbación por el momento y tomó lugar al lado de la temblorosa niña. Ella ya no se sostenía los ojos; la piel de alrededor de sus ojos comenzaba a hincharse. Le abrió la cremallera de la chaqueta y le levantó la camisa, pasando una mano por su piel.

Hubo otra explosión, más cercana esta vez, pero fue completamente aleatoria.

Se le pasó por la cabeza que Sasuke podría tropezar con esta escena, pero por suerte, Orochimaru no tenía nada de qué preocuparse. Sasuke estaría demasiado desorientado para dar batalla.

Orochimaru hizo el primer corte en su abdomen, una línea superficial que le valió un grito agudo.

El primer corte siempre era el más glorioso.

El segundo corte fue más profundo, trayendo una corriente de sangre que rodó por sus costados. Ella se revolvió débilmente, acumulando chakra en sus palmas. Orochimaru arqueó las cejas, intrigado, pero rápidamente desapareció junto con el inminente ataque.

—Hm. Qué burla.

El tercer corte fue aún más profundo, más rudo, rencoroso, y fue seguido por un fuerte y penetrante-

—¡SASUKE!

OoOoOoOoOoOoOoOoOoO

—Pero, Kabuto-

—Lo siento, pero tenemos que irnos.

—Pero Hinata-

—¡No tenemos tiempo!

Kabuto guió a los niños a través del escondite, cada uno llevaba sus respectivas bolsas. Shana no dejó de hablarle de Hinata, cómo Orochimaru se la había llevado, pero la Hyūga era la menor de las preocupaciones de Kabuto. El escondite ya no era un lugar seguro, y tuvo el desafortunado placer de cuidar de los dos jóvenes.

—¿Vamos a dejarla? —Shana preguntó, tratando de detenerse—. ¿Con Orochimaru?

Kabuto suspiró, optando por tomar las manos de Jibo y Shana y correr tan rápido como pudieran.

—Si Sasuke realmente se preocupa por ella, entonces él puede salvarla.

—¡Pero él no sabe que ella está aquí!

—¡Entonces usarán telepatía!

—¡Kabuto!

Kabuto giró bruscamente justo cuando la pared explotó. Los tres chocaron contra el suelo y los pedazos de roca cayeron sobre ellos. Kabuto se recuperó primero, desenterrándose, y vio a Sasuke parado sobre ellos.

—Has vuelto —murmuró Sasuke.

—No tengo tiempo para ti.

Kabuto se levantó, vio a los niños y los ayudó a ponerse de pie. Después de examinarlos de manera superficial, comenzó a llevarlos apresuradamente.

—¡Espera! —Shana luchó con él, volviéndose hacia el Uchiha.

—¡Shana, no tenemos tiempo! —Kabuto gritó, tirando de ambos.

—¡Orochimaru tiene a Hinata! —Shana le advirtió a Sasuke.

Kabuto tiró más fuerte.

—¡Shana!

—¡Hinata está aquí!

El trío desapareció de su vista. Shana no estaba seguro de si sus palabras habían sido articuladas claramente. Sasuke no se había movido en absoluto.

—No debiste haber hecho eso —murmuró Jibo.

—¿Por qué no?

Otra explosión se escuchó, haciendo rugir violentamente la tierra y haciendo que el trío luchara por mantener el equilibrio.

—Dios, Shana —gimió Jibo.

Continuaron su huida de la guarida, emergiendo justo cuando otra explosión retumbó desde adentro. Saltaron a un árbol, pero algo los interceptó, derribando a Kabuto. Shana y Jibo se quedaron entre las ramas, mirando al hombre caído con confusión.

—Kabuto Yakushi —dijo una voz profunda—, mano derecha de Orochimaru.

Kabuto alzó la vista, primero hacia el miembro de ANBU que estaba parado frente a él, luego hacia la multitud de ninjas a su izquierda. Entre ellos había más ANBU, algunos Hyūga, un par de Inuzuka y, a juzgar por las capas oscuras y la nube de insectos, los Aburame.

La Hokage estaba parada en frente.

—Tsunade —murmuró Kabuto—. Qué gusto verte de nuevo.

—Ojalá pudiera decir lo mismo —ella lo miró con frialdad antes de fijar su mirada en la cueva—. Así que, aquí es donde estaban escondidos.

.

.

.

.

.

.

.

.

.

Fin Capitulo Veinticinco

Notas: ¿Adivinen quién volvió? Así es ¡yo! y vengo recargada con nuevos capítulos.

Guest Guest: ¡Oh wow! Muchísimas gracias, me alegra que te guste la historia.

Naoko Ichigo