Disclaimer: No soy dueña de ninguno de los personajes/lugares/historia ofrecidos en esta historia. Todos ellos pertenecen a (lo más probable es que debe de estar rodando en su tumba) J.R.R. Tolkien.

Hola a todos :) Les agradezco por haber comentado el fic. ¡Ya estamos a la mitad! Estoy tan emocionada, cuando nos queramos dar cuenta ya va a terminar.. Bueno como siempre les recuerdo que solo soy la traductora. Este fanfic pertenece a Silver Pup. Y solo sigo la traducción sin terminar de IvElCa. Para más información visiten sus páginas. Espero que les guste este capitulo...

CAPÍTULO VEINTICUATRO

La camisa de mithril era tan ligera y fría como Bilbo recordaba. Caia sobre sus muslos y más allá de sus codos, pero dejaba la clavícula y el cuello abiertos de par en par junto con sus piernas y brazos. Cuando se paró frente a Tauriel para mostrarle esto, ella observo lentamente cada centímetro de piel que era visible a la luz de la mañana.

"Creo que he hecho suficiente y lo que me falta se puede arreglar fácilmente", dijo con un brazo cruzado sobre su pecho y el otro tocando una melodía desconocida contra su barbilla. "Tal vez tenga que ajustar algunas piezas también."

Bilbo se encogió de hombros. "Como desees. ¿Puedo ver lo que has hecho hasta ahora?"

La Elfa asintió y se puso en cuclillas sobre el bulto envuelto que había traído. Cuando ella lo abrió, vio varios pedazos de cuero marrón claro que se unian juntos con pequeños puntos marrones meticulosos. La mayoría de las piezas parecían incompletas para sus ojos, pero no podía estar seguro. No era como si supiera algo sobre una armadura.

"Lo primero que hice fueron estas grebas para proteger tus piernas", explicó Tauriel, sosteniendo las dos piezas de cuero más largas con cordones marrones en los bordes. "Los ataré por ti, pero debes decirme si están demasiado apretados."

Él asintió y se mantuvo inmóvil cuando la Elfa deslizó el suave cuero alrededor de una de sus piernas. Empezaba justo por encima de su rodilla y terminaba casi en sus tobillos. Los bordes ásperos le hicieron cosquillas en los pies, pero cubrieron su tendón lo suficiente como para ignorarlo. Cuando él asintió con la cabeza, Tauriel rápidamente lo ató hacia un lado y lo miró con las cejas levantadas.

"¿Cómo se siente?"

El Hobbit levantó su pierna, probó el peso, y luego se inclinó antes de asentir. "Perfecto. No es demasiado pesado y todavía puedo moverme con la suficiente facilidad."

La elfa le dedicó una rápida sonrisa antes de centrar su atención en la segunda greba. "Perfecto. Probemos el otro ahora."

Una vez que las dos grebas estuvieron atadas y aseguradas, la guerrera se movió y sacó una extraña pieza de cuero. Era del mismo color que las grebas, pero tenía forma de triángulo con bordes lisos y el mismo cordón en un extremo. Cuando preguntó qué era, la capitána lo explicó.

"Esto es una gorguera", dijo, envolviendo la pieza alrededor de su cuello. "Protegerá tu cuello y tu clavícula."

"Se siente como una soga", se quejó Bilbo, tirando de la parte superior donde se clavaba en su mandíbula y mentón.

Tauriel puso los ojos en blanco y apartó su mano. "Estarás agradecido más tarde cuando te salve de una flecha al cuello. Ahora deja de moverte y permiteme atar esto."

Él bufó, pero se mantuvo quieto para la Elfa. Una vez que estuvo debidamente atado, descubrió que, de hecho, cubría la mayor parte de su cuello y una buena parte superior de su pecho. El cuero era tan suave y cálido como los otros dos y lo protegía lo necesario. Sin embargo, todavía lo odiaba, ya que seguía empujandose hacia su mandíbula.

La última pieza de armadura que la elfa le presentó fue un simple par de guanteletes sin dedos. El cuero era suave y cubría todo su antebrazo. Se abrazaba cómodamente a sus manos y brazos cuando los flexionó.

"Bueno, ahora. Mírate. Te ves como un guerrero real", elogió la capitána, colocando sus manos en sus ligeras caderas.

Bilbo se miró y bufó. "Parece que permití que un Hombre ciego me vistiera. Nada coincide."

"¿En serio? Estaba pensando que parecias más como si hubieras dejado que un niño te vistiera", comentó la Elfa, guiñándole un ojo.

Le hizo una mueca que le mereció una risa de carillón de viento en respuesta.

"Pónte la camisa y los pantalones y te verás mejor", le aconsejó, lanzando su largo cabello sobre su hombro.

El Hobbit hizo lo que le ordenó y descubrió que al final ya no se veía tan ridículo como antes. Cuando se puso su deshilachado y rojo abrigo, Tauriel hizo un ruido en su garganta que atrajo su atención hacia ella.

"Ese abrigo ... el color atraerá una gran atención", señaló con un ceño fruncido que hizo que los huesos finos de su rostro fueran aún más prominentes.

Se encogió de hombros y comenzó a arremangarse las mangas hasta los codos. "Estoy al tanto de eso. Pero Dori lo hizo para mí cuando descubrió que había perdído el anterior así que..."

El rostro de Tauriel se suavizó y sus ojos se iluminaron. "Ya veo."

Bilbo se inclinó y recogió su faja y la ató fuertemente alrededor de su cintura para que su abrigo no se abriera cuando se movíera. Luego se abrochó el cinturón, colocó a Sting contra su cadera y guardó una bolsa en su abrigo. Finalmente, sacó el silbato de Bofur y miró a la guerrera elfa.

"Bueno, ¿parezco aceptable ahora?" preguntó, extendiendo sus brazos y girando en círculo.

Tauriel golpeó su barbilla con dos dedos y lentamente lo miró de arriba hacia abajo con sus ojos de luz de estrellas. "Mejor que antes. Ahora los otros pueden vernos juntos."

Él rodó los ojos y dejó caer sus brazos. "Eres tan generosa. Creo que..."

Bilbo se vio cortado de lo que iba a decir cuando un fuerte cuerno retumbó en el campamento. La cara de Tauriel inmediatamente se puso rígida, frunció el ceño y apretó la mandíbula mientras su mano se acercaba a la empuñadura de su espada en un abrir y cerrar de ojos. Ella miró hacia el lado Este del campamento y lentamente entrecerró sus ojos color avellana.

"Esa fue una advertencia de los exploradores. Están llegando Azog y su ejército", dijo, sin pestañear.

El Hobbit sintió un hilo de miedo que le bajaba por la espalda. "¿Qué? ¡Pero pensé que no llegarían hasta el mediodía!"

"Estábamos equivocados", respondió Tauriel mientras se dirigía al otro lado del campamento. Bilbo la siguió rápidamente; luchando para mantenerse al día con sus piernas más largas y mayor paso.

"¿A dónde vamos?" le preguntó a la elfa.

"A mi rey. Él dirigirá a los soldados en sus escuadrones", respondió la capitána sin mirarlo.

Bilbo asintió y siguió a Tauriel mientras lo conducía a través de las tiendas y los elfos en movimiento hasta que finalmente encontraron la tienda de Thranduil. El rey se encontraba frente a él; vestido con una armadura de plata y oro con su suave cabello sostenido por una delgada banda de mithril. En sus caderas había una espada larga y elegante que era casi tan alta como el Hobbit. La visión del rey vestido para la batalla hizo que Bilbo se detuviera y mirara. Había olvidado, a lo largo de los años, qué tan mortal era el Rey Elfo bajo sus palabras ácidas y su rostro de porcelana.

"Tauriel," reconoció Thranduil con un pequeño asentimiento mientras entrelazaba sus dedos detrás de su espalda. "La batalla finalmente está sobre nosotros."

Tauriel se dejó caer sobre una rodilla y colocó una mano en su pecho sobre su corazón. "Dirígeme, mi señor".

"Reúne a tus tropas y ponte en posición", ordenó el elfo en sindarin, sus ojos plateados nunca vacilaron mientras otro cuerno retumbaba en el campamento. "Conoces tus órdenes. No me falles".

Tauriel asintió una vez antes de pararse derecha y marcharse. Con la Elfa fuera, el rey finalmente giró sus ojos hacia el Hobbit parado a un lado.

"Planeas participar en la batalla", comentó Thranduil, una de sus oscuras cejas elevandose ligeramente.

Él asintió y cruzó los brazos sobre su pecho. "Sí. Mis amigos están afuera y no dejaré que luchen solos".

"Gandalf me pidió que te mantuviera alejado para que estuvieras a salvo", dijo el elfo mientras miraba al ladrón lentamente, "pero no creo que eso sea posible para nadie".

"No. Pelearé en esta batalla, quiera Gandalf que lo haga o no", respondió, levantando la barbilla con terquedad.

Los labios de Thranduil se movieron en una esquina mientras asentía con la cabeza una vez más. "Vete entonces, mediano. Ve a proteger a tus tontos enanos. Quizás esta vez acepten tu ayuda".

"Mi nombre es Bilbo", le recordó al Elfo frunciendo el ceño antes de girar sobre sus talones y marcharse para la batalla.

TB

Después de mucho pensar y deliberar, Bilbo tomó la decisión a regañadientes de usar el anillo para el comienzo de la batalla. No le gustó la idea, pero no pudo encontrar otra solución. Era un pequeño y ligero Hobbit que iba a la batalla con Elfos y Hombres que no le tenían lealtad. Sus únicos amigos y camaradas eran Beorn, Tauriel y Bardo y él ni siquiera sabía dónde estaban. Si quería sobrevivir el tiempo suficiente para salvar a sus amigos, entonces necesitaría una ventaja sobre los Orcos y Duendes. El anillo era la única ventaja que se le ocurría.

Esto no significa nada, advirtió mientras deslizaba el anillo en su bolsillo delantero. No me tentarás de nuevo. No lo permitiré.

El anillo simplemente cacareó. Promesas, promesas.

Delante de él, Bilbo podía ver a los Elfos y los Hombres moviéndose en posición para acorralar al enemigo entre ellos y los Enanos. Gandalf había actuado como mediador entre las dos sectas y había logrado convencer a Dáin y Thorin de mantener a sus enanos estacionados ante Erebor para enfrentarse a los Orcos y los Duendes de frente. Mientras tanto, los Elfos y los Hombres esperarían hasta que el enemigo estuviera completamente entre ellos antes de moverse y comenzar a sacar a la parte trasera del ejército de Azog. Era un plan práctico, pero lo odiaba, ya que significaba que sus enanos enfrentarían a los Orcos y Duendes durante un tiempo.

Mientras los Hombres y los Elfos continuaban reuniéndose, Bilbo miró alrededor hasta que vio una atalaya. Con cuidado y lentamente, comenzó a trepar hasta que pudo ver por encima de las cabezas de los Elfos y los Hombres y más allá en la distancia. Lo que vio hizo que se le revolviera el estómago y se le resecara la boca.

Miles y miles de Orcos, Wargos y Duendes marchaban hacia Erebor con Azog a la cabeza. El lío negro y marrón de cuerpos parecía una plaga en la tierra para él. Delante del ejército, podía ver las puertas recién construidas de Erebor cerradas con hileras e hileras de guerreros enanos. Había una gran cantidad de ellos y todos permanecían perfectamente quietos y armados mientras el ejército de Azog se acercaba más y más a ellos. Pero tan valiente y listos como los enanos parecían, Bilbo aún se estremecía cuando se daba cuenta de cuánto más grande era el ejército de Azog comparado con ellos.

Yo tengo que llegar a ellos, pensó con fiereza mientras lentamente empezaba a bajar por la torre de vigilancia. En el momento en que sus pies tocaron la tierra quemada, comenzó a correr hacia la ciudad enana. Sin embargo, no llegó muy lejos cuando una mano de repente lo agarró por la espalda de su abrigo y lo detuvo.

"¡Guau! ¿A dónde crees que vas?" preguntó Beorn mientras sostenía al Hobbit con una mano y lo miraba.

Bilbo frunció el ceño e intentó patear al gigante que lo sostenia como a un gatito molesto. "¡Beorn, bajame! ¡Voy a ir a ayudar a mis amigos!"

Las cejas oscuras de Beorn se encontraron con su cabello. "¿Qué? ¿Estás loco? ¡Serás asesinado antes incluso de que te encuentres a menos de doce pies de ellos!"

"¡No lo haré!" Negó, intentando patear el pecho del cambiá-formas que lo sostenía con un agarre de hierro, pero este lo mantenía lejos de él. "¡Tengo un plan! ¡Ahora bájame!"

"No sucedera. ¡Vas a matarte con tanta estupidez!" el gigante señaló, sacudiéndolo levemente.

"¡Beorn, mis amigos están allá afuera!" gritó, señalando dónde estaba Erebor. "¡No puedo dejarlos allí para luchar solos! ¡Necesitan mi ayuda!"

La cara de Beorn se suavizó pero aún no liberó a Bilbo. "Eres un conejito solitario y diminuto. ¿Qué diferencia puedes hacer?"

Bilbo soltó una carcajada alta y desagradable. "¿Para el mundo? Absolutamente nada. Para un solo enano. Todo. ¡Daría mi vida libremente si eso significa que los que amo pueden vivir para ver mañana!"

"Bájalo, Maestro Beorn," ordenó Tauriel mientras venía hacia ellos con una armadura de cuero oscuro. Se había atado el pelo en una larga trenza y tenía las espadas y el arco preparados y listos para usar. Se detuvo al lado del brazo del cambia-formas, colocó una mano en su cadera y señaló el suelo con la otra.

"Ahora", dijo ella simplemente, mirando al gigante con los ojos brillantes.

Beorn resopló, pero suavemente colocó al Hobbit en el suelo. Bilbo bruscamente se apartó y dio un paso hacia atrás para arreglar su abrigo de nuevo.

"¿Oíste lo que planea hacer?" Beorn le preguntó a la elfa, mirándola con el ceño fruncido y las cejas fruncidas.

"Sí. Él está planeando ir a ayudar a sus amigos", respondió la elfa con calma mientras colocaba su otra mano en sus caderas.

"¿Y estás bien con eso? ¿Vas a permitir que se vaya a la mierda para ser asesinado?" el cambia-formas presionó, tirando de su boca hacia atrás en un pequeño gruñido que reveló las puntas afiladas de sus caninos. Parándose sobre la esbelta elfa, Bilbo estaba de repente muy consciente de cuánto más grande Beorn era comparado con ella.

Tauriel no retrocedió ni se acobardo. "No lo matarán porque vamos con él".

Beorn parpadeó. "¿Qué?"

"¿Qué?" Bilbo repitió cómo un loro.

"Me escuchaste. Tú y yo vamos a acompañar al Maestro Bolsón a la batalla", explicó ella simplemente.

"¿Pero qué hay de tus tropas?" Preguntó Bilbo, haciendo un gesto hacia donde los Elfos y los Hombres se estaban reuniendo. "¿No necesitan que los guíes?"

"Les di sus órdenes y los dejé con Legolas. Estarán bien bajo su mando", respondió la capitána, encogiéndose de hombros.

"¿De verdad quieres decir eso? ¿Quieres que vayamos a la batalla con él?" Beorn cuestionó, frotándose la barba mientras consideraba visiblemente la oferta.

Tauriel asintió. "Sí. Lo he estado considerando desde ayer cuando afirmó que entraría en la batalla. Al ver a qué nos enfrentamos ahora, me doy cuenta de que no puedo permitir que vaya sin protección. No sería ético de mí parte".

Beorn asintió. "Tienes razón. Es tan pequeño que podría terminar aplastado en cuestión de minutos. No dormiría bien esta noche sabiendo que permití que eso sucediera".

"¿No puedo opinar sobre esto?" Bilbo les preguntó en voz alta con un leve gemido en su voz.

"No", respondieron los dos al unísono.

Otro cuerno sonó en la distancia; un sonido profundo y resonante que resonó en sus huesos. El Hobbit lo reconoció como un cuerno de Enano y luego escuchó de inmediato los gritos de guerra de ellos; haciendo eco desde Erebor y en su campamento. El ejército de Azog los había alcanzado y la Batalla de los Cinco Ejércitos había comenzado.

"Si ustedes dos vienen, entonces tenemos que irnos ahora", dijo bruscamente, mirando al dúo más alto.

Ambos asintieron con la cabeza; sus expresiones serias y determinadas incluso cuando otro cuerno rasgaba el aire. Más allá de ellos podía oír a Bardo gritando órdenes a sus hombres mientras Legolas hablaba con voz más tranquila a sus soldados. Los Elfos y los Hombres se preparaban para separarse y ponerse en posición.

"Estamos con usted, Maestro Bolsón," prometió Tauriel, sus ojos eran de color avellana dorado a la luz de la mañana. "Hasta el final."

"No vayamos tan lejos por el momento", murmuró Beorn mientras se quitaba la camisa para revelar la parte superior de su cuerpo musculosa y peluda. Rodó sus enormes hombros hacia atrás y estiró sus brazos un par de veces antes de suspirar. "Mucho mejor."

"¿Qué estás haciendo?" Tauriel le preguntó mientras sus ojos recorrían al hombre medio desnudo.

"Me voy a transformar en un oso y los llevaré a los dos sobre mi espalda", explicó el cambia-formas, partiéndose el cuello. "Cubriremos más distancia de esa manera. Además, puedo mantenerlos a los dos a salvo al mismo tiempo".

La elfa se mordió el labio inferior en consideración. "Sabes, he montado muchos corceles diferentes a mi edad, pero esta es la primera vez que considero pilotar un oso".

Beorn, porque obviamente no entendía los límites, miró a la Elfa. "Cariño, te daré un paseo en cualquier momento".

Tauriel echó la cabeza hacia atrás y se rió. "Lo tendré en cuenta, maestro Beorn".

"¡Oh, por el amor de ...! ¿En serio? ¿Tienen que hacer esto ahora?" Exigió Bilbo, levantando los brazos en el aire.

"Aww no seas así, conejito. Yo también te llevaré", Beorn aseguró, moviendo sus cejas difusas.

"Te apuñalaré mientras duermes", prometió a cambio con una dulce sonrisa.

"Exigente", dijo el cambia-formas echándose hacia atrás antes de ponerse serio. "Está bien, encantos, retrocedan ahora y traten de no gritar".

La elfa y el Hobbit retrocedieron unos pasos cuando los huesos de Beorn comenzaron a resquebrajarse y moverse bajo su piel; creciendo más y más. Su piel se volvió más delgada, ya que se extendía tanto como podía, mientras que su espeso cabello se volvía aún más grueso y abundante. Beorn cerró los ojos y apretó los dientes mientras cambiaba, pero no gritó incluso ante el obvio dolor en el que estaba. Bilbo estaba impresionado y horrorizado por todo.

"Oh", susurró Tauriel, con los ojos muy abiertos mientras se tapaba la boca con una mano. "En todos mis años, nunca..."

El asintió. Había visto a Beorn transformarse antes, pero nunca dejó de impresionarlo una y otra vez. "Él es asombroso."

"De hecho", estuvo de acuerdo la Elfa mientras sus ojos se suavizaban y dejaba caer su mano.

La transformación de Beorn de un hombre de aspecto normal en un oso tomó solo unos minutos, y en poco tiempo el enorme gigante se había ido. En su lugar había un gran oso negro de pelaje grueso, músculos poderosos y garras afiladas. Beorn gruñó y se sacudió una vez antes de abrir sus oscuros ojos para encontrarse con sus miradas.

"¿Beorn? ¿Estás bien?" preguntó el Hobbit, dando un paso hacia adelante y levantando una mano.

El oso resopló y se frotó la cara con una pata, haciendo que incluso con las garras y los dientes, lograra parecer lindo.

Tauriel se rió entre dientes. "Estoy pensando que es un sí. Bueno, ven aquí. Te ayudaré a subir."

Bilbo la siguió y permitió que la elfa lo alzara sobre la espalda del oso en un gesto suave. Beorn gruñó pero no se movió cuando el Hobbit se puso cómodo. La espalda de Beorn era tan amplia que no podía sentarse bien y se dio cuenta de que necesitaba meter los dedos en el espeso pelaje solo para sostenerse. Tauriel se ayudó a sí misma y se acomodó detrás de él; sus piernas más largas capaces de montar el oso más cómodamente. Ella envolvió un brazo seguro alrededor de su cintura y lo jaló para recostarlo contra su pecho.

"Te tengo, Maestro Bolsón", le aseguró, dándole palmaditas en la cintura. "No te dejaré caer".

"Gracias", respondió secamente mientras envolvía más de la gruesa piel alrededor de sus dedos. "¿Nos vamos entonces?"

"Sí", estuvo de acuerdo la Elfa mientras golpeaba los talones contra las costillas del oso. "¡Maestro Beorn, estamos listos! ¡Vamos!"

Beorn resopló, pero se agachó antes de saltar en una carrera que sorprendió a sus jinetes. Bilbo hundió sus rodillas en la espalda del oso y se inclinó hacia la elfa detrás de él mientras finalmente se dirigían a la Batalla de los Cinco Ejércitos.

TB

La guerra no era algo que Bilbo creyera que alguna vez aprendería a tolerar. Oh, podía pelear cuando lo necesitaba e incluso lastimar a su enemigo si era necesario, pero matar nunca sería natural para él. Incluso cuando era en defensa de otro o de él mismo, no podía luchar contra el frío peso de la culpabilidad que se asentó en sus entrañas mientras veía morir la luz en los ojos de alguien. Corriendo a la batalla con Beorn y Tauriel, se preguntó una vez más cómo iba a derrotar a un ejército y salvar a sus amigos cuando ni siquiera podía soportar la idea de matar.

Cuando Beorn se acercó más y más a Erebor, el Hobbit se dio cuenta de que había aún más Duendes y Orcos de lo que había pensado originalmente. Los enanos se estaban defendiendo de la horda por el momento, pero él podía ver que no duraría. Los elfos y los hombres necesitaban apurarse.

"¿Tienes un plan?" Preguntó Tauriel, inclinándose ligeramente para hablarle al oído.

El asintió. "¡Necesito encontrar a Thorin y a sus sobrinos primero! ¡Azog está decidido a matarlos por encima de todos los demás!"

"¡Como desées!" Tauriel respondió mientras sacaba su arco y una flecha. "¡Apóyate contra el Maestro Beorn para que pueda obtener un tiro claro!"

Bilbo rápidamente se dejó caer sobre su estómago y bloqueó sus rodillas y codos cuando la elfa detrás de él comenzó a disparar a los Orcos, Wargos y Duendes sin detenerse. Cada tiro fue rápido, suave y silbó por el aire fácilmente. No podía ver a todos los objetivos que alcanzara la Elfa, pero estaba seguro de que cada uno de ellos estaba muerto en el momento en que soltaba su flecha.

Debajo de ellos, Beorn soltó un rugido que sonó más como una risa que como un grito de guerra. Bilbo tenía la sensación de que el cambia- formas estaba disfrutando de ver a Tauriel derrotar a sus enemigos con tanta facilidad.

"¡Nos estamos acercando a la horda principal!" Advirtió Tauriel, sacando otra flecha y poniéndose de rodillas. "¡Prepárate, Maestro Bolsón!"

Él asintió, se puso de rodillas y alcanzó a Sting. Sobre la cabeza de Beorn, vio a otro Orco caer debido a la flecha de Tauriel, mientras que un Enano cortaba a un Duende en dos. Donde quiera que miraba había enanos luchando contra Orcos, Wargos y Duendes, pero descubrió que ninguno de ellos eran sus enanos.

Beorn soltó un rugido que retumbó a través de él y le hizo temblar los huesos en las cuencas. Una buena parte de los Orcos y Wargos se volvieron para mirarlos al oír el sonido, y pudo verlos correr para encontrarse con el oso y sus jinetes. Detrás de él, Tauriel lanzó otra flecha; sacando uno de los Wargos y haciendo que el jinete Orco se cayera. Dos más siguieron el mismo destino pero otros cinco Orcos y Wargos continuaron acusándolos.

"¡Prepárate para saltar!" Ordenó Tauriel mientras deslizaba su arco alrededor de su cuello y sacaba sus espadas.

Antes de que Bilbo pudiera preguntar cómo, la elfa se puso de pie y saltó del oso hacia uno de los jinetes orcos. Ella fácilmente paró su espada con una mano mientras empujaba la otra en su cuello vulnerable cuando aterrizaba. El Wargo tropezó con el repentino flujo de peso y se estrelló contra el suelo; haciendo que su jinete se cayera de la silla. Cuando el Orco cayó gorgoteó en su propia sangre, Tauriel deslizó fácilmente su espada ensangrentada detrás de ella; apuñalando al Wargo en un lado del cuello y terminando con su vida con un movimiento de su muñeca.

"¿Cómo se supone que voy a superar eso?" Bilbo murmuró para sí mismo incluso mientras se arrojaba de la espalda de Beorn. Se obligó a sí mismo a dar un vuelco incómodo cuando golpeó el suelo que hizo a sus costillas protestar por el dolor, dando una cadena de maldiciones. Cuando se detuvo, se levantó vertiginosamente y levantó la vista justo a tiempo para ver a Beorn mutilar a un Orco y Wargo al mismo tiempo.

Dos de los cinco jinetes estaban muertos, pero los otros tres todavía estaban vivos y peleaban con más seguidores en su liderato. Tauriel fácilmente derribó a uno con su arco mientras Beorn procedía a golpear a uno de los jinetes con una pata gigante. Pero uno de los jinetes notó al Hobbit y vino galopando hacia él con un gruñido.

Oh, encantador, pensó antes de arrojarse a un lado para evitar ser pisoteado. Mientras giraba sobre un talón, el Orco giró hacia atrás e intentó despegar su cabeza con un hacha gigante. Bilbo se agachó y balanceó su espada en un arco; atrapando al Wargo en la cara mientras este intentaba atacarlo. Gruñó y se apartó para agacharse; preparándose para saltar de nuevo solo para fallar cuando una flecha se incrustó en su frente.

El Wargo colapsó; enviando a su jinete fuera de su silla de montar. Al ver una abertura, se lanzó hacia adelante y clavó su espada lo más fuerte posible en el cuello del orco. El Orco se sacudió varias veces cuando la sangre negra comenzó a filtrarse por todas partes antes de colapsar en el suelo. Bilbo evitó cuidadosamente mirar a los ojos oscurecidos y trabajó en soltar su espada. Sin embargo, estaba atascada y tuvo que poner un pie en el pecho del Orco para liberar a Sting.

"¡Maestro Bolsón!" Tauriel gritó, llamando su atención. Cuando levantó la vista, descubrió que la elfa tenía un orco en una llave de cabeza y lo estaba utilizando como un escudo contra otro mientras enterraba su espada en el Duende detrás de ella. Cuando vio que tenía su atención, movió la cabeza hacia Beorn y se volvió para mirar justo a tiempo para ver cómo el oso le arrancaba la garganta a un orco con los dientes.

"¿Por qué me dices que mire eso?" el Hobbit se quejó, sintiendo que su estómago se retorcía.

Tauriel giró visiblemente sus ojos mientras empujaba su escudo hacia el Orco contra el que se estaba protegiendo, y luego pasó su larga espada hacia los dos Orcos. "¡Los Elfos y los Hombres vendrán así que vuelve a la espalda del Maestro Beorn!"

Bilbo bufó pero todavía envainó a Sting y corrió hacia Beorn. Una vez que estuvo lo suficientemente cerca, el oso se agachó y le permitió subir a su espalda. Hizo una pequeña mueca ante la sensación de la piel ensangrentada, pero aún así enterró los dedos en los mechones agrupados. Pronto sintió que Tauriel se acomodaba detrás de él; un brazo se deslizó a su alrededor una vez más mientras el otro sostenía su espada posada y lista.

"Vamos a buscar a tus amigos", le dijo la elfa al oído mientras le daba un codazo a Beorn y luego se marchaban.

A su alrededor, la batalla continuó.

TB. TB. TB. TB. TB. TB. TB. TB. TB

Nota de Traductora: Espero que les haya gustado este capítulo.

Tal vez se hayan dado cuenta que he traducido tres capítulos seguidos, y los subi muy rápido, se debe a que he tenido algo de tiempo y lo estoy aprovechando para el fic. Además que quiero subir todos los capítulos pronto, así puedo traducir otros fic que tengo... Bueno eso quería avisarles, además de que ya estamos a la mitad del fic.

Besos. Altaira Emrys.