Lluvia

Personaje: Applebloom

-¡Hey, Applebloom! ¿Qué haces aquí caminando, con esta lluvia?

Supe que era Scoots la que había hablado a mis espaldas. Podía oír, a pesar del repiqueteo de la lluvia, el ruido de las ruedas de su scooter por el camino empedrado que conducía al cementerio. Me volteé a verla, traía un impermeable bajo el cual se notaba el color de su pelaje, y se veía seriamente preocupada.

-¿No sabes que te puedes resfriar con este aguacero? Ven, cúbrete con mi impermeable, es tan grande como para que entren dos ponis.

-Gracias, Scoots, pero no te preocupes. Los Apple somos duros como el tronco de un árbol. – dije con una media sonrisa, si contradecirla. Eso me reconfortó un poco, aunque interiormente seguía sintiendo frío – Cuando pasé por aquí, todavía ni siquiera estaba nublado. El chubasco me sorprendió al regresar.

-Por eso te encontré. Uno de los pegasos del clima me avisó, cuando se armó la lluvia, que había una poni en el cementerio. Pero ya caían las primeras gotas cuando me puse en marcha, pues pensé que esa poni debías ser tú.

-Tal vez debí quedarme en casa, Applejack me había avisado que estaba pronosticada la lluvia, aunque tampoco me prohibió o me dijo que no lo hiciera. Sé que le preocupa más el anochecer que la tormenta, ya que el cementerio queda algo lejos del pueblo.

-Y sin embargo, viniste sin importar los riesgos. – me dijo Scoots, que venía a mi lado llevando el scooter como podía. La verdad es que estábamos algo incómodas las dos bajo el impermeable, pero ya a pocos metros comenzaban a aparecer las primeras casas, señal de que Ponyville estaba cada vez más cerca.

-¿Cómo no iba a hacerlo? Ya… pasó un año, y quería… quería simplemente visitarla. Ya no soy una potrilla, y hay muchas cosas que entiendo mejor. Puedo decir que estoy feliz de mi familia y de mis amigos, pero duele tanto decir adiós cuando alguno de ellos se va para no volver.

-Lo siento mucho, Applebloom. Sé que no es fácil, para nadie lo es. Un día eres una niña feliz y parece que nadie te puede quitar nada, y al otro día has crecido, y por ganar algunas cosas tuviste que rechazar o perder otras. Y estamos quienes hemos perdido cosas que ni siquiera sabíamos que habíamos perdido.

No respondí nada, porque en realidad no había nada que responder. Algunas gotas de lluvia se me escurrían por la cara, y lo que Scoots no sabía es que venía llorando desde antes que comenzara a llover. Eso es lo que me gusta de la lluvia, es capaz de minimizar las lágrimas. Me conmovieron las palabras de Scoots, ella por lo general no es de hablar con profundidad, es como Rainbow Dash, sabe guardarse los "sentimentalismos" bien adentro, aunque a veces simplemente no pueda evitarlo. Como cuando me contó lo triste que estaba su hermana cuando Tanque tenía que hibernar en invierno. Sé lo mucho que significan esas palabras, y aprecio el esfuerzo de Scoots por hacerme sentir mejor. En eso es una buena amiga, sabe tomar otra actitud cuando se da cuenta si Sweetie Belle o yo sufrimos por algo.

-Sabes que ella no está realmente ahí, ¿verdad?

Suspiré para disimular que se me ablandaba la voz. Era increíble cómo seguía doliendo a pesar de que había pasado un año, quizá no ha pasado el tiempo suficiente. Para mis hermanos es un dolor doble, para mí es uno solo, pero no por eso deja de ser honda la pena.

-No eres la primera poni que me lo dice, pero sí, lo sé. Es que, cuesta levantarse cada día, y saber que ella ya no está, después de tantos desayunos juntos… Sé que tendría que superarlo, que ya soy mayor, pero no es tan simple como dicen.

La lluvia amainaba de a poco, a medida que nos acercábamos a la entrada del pueblo. Yo empecé a sentirme algo cansada, y me imaginé que Scoots debía estarlo más, por tener que ir conmigo y con el scooter a rastras. Parecía bastante pensativa.

-¿Recuerdas aquella tormenta monstruosa de hace unos meses? – me preguntó, parándose en seco sin querer.

-Oh… sí, la recuerdo – tardé en reaccionar, pues me había tomado por sorpresa – Destruyó parte de los manzanos y de la granja. No era una tormenta normal.

-No, no lo era. No era una tormenta cualquiera, parecía querer devorarse todo ¿pero sabes qué? Rainbow Dash la destruyó con una reimplosión sónica…

Habíamos reanudado la marcha. Yo no terminaba de entender a qué venía la anécdota, y creí que era sólo parte del fanatismo de Scoots.

-…bueno, ella me contó lo mucho que significaba haberla vencido: había perdido a su padre por causa de esa tormenta. Y por mucho tiempo, le había costado sobrellevar esa tristeza, por eso siempre puso todo el empeño que pudo en su vida. Me dijo que, lo importante era sentir que él estaba ahí, siempre con ella, no importaba todo lo demás. Cuando un poni, amigo o familiar, se va, nunca tienes que pensar que te ha dejado sola. Siempre podrás ver a la abuela Smith, en tu corazón, y ella de seguro estará cerca de ti y de Applejack, y también de Big Mac, como seguramente lo debe estar de tus padres… como yo siento que están cerca los míos…

Mi única respuesta fue abrazarla, me dominaba una emoción que no puedo describir. Me había puesto a llorar más, pero no lloraba como lo hacía hace un rato. Era algo distinto, más pacífico, más sublime y sereno. En un momento así, es maravilloso tener amigas, y descubrir que no hay tristeza que pueda durar cuando ellas están ahí a tu lado.

-¿Sabes, Scoots? A mí siempre me gustó la lluvia. Cuando llueve en los campos, la tierra se nutre y se lava, trae vida y alimento a los árboles. Algo que siempre nos decía la abuela, es que si vamos a llorar, que sea de felicidad.