Día 16 (24/11)
Llegó el día siguiente sin mayores novedades. Albino, que no le había contado nada a Lucero (¿Qué había pasado con Rayo, el día de su aniversario con Clarita?), esperó con cierto nerviosismo mezclado con impaciencia hasta la hora del almuerzo.
La Loba finalmente le pidió que fuera a buscar la comida; él se dirigió al Terreno de caza y permaneció inquieto, mirando en dirección de ella... hasta que por fin vio la oportunidad que estaba esperando para correr a todo galope hacia la cueva donde lo aguardaba un misterioso romance.
-Buen día -saludó. -Aquí estoy. Pero no tengo mucho tiempo.
-No te preocupes, podés irte cuando quieras -los brillantes ojos parecieron agrandarse en las sombras. -Estuve pensando en vos desde ayer. Gracias por haber vuelto, mi Lobito...
-Yo también estuve pensando en vos... Preguntándome cómo serías; en tu voz -que por cierto no es de ninguna de las Lobas que conozco-, y también en el adorno que encontré ayer, cerca de unas huellas. ¿Eran tuyos, el rastro y el adorno?
-¿Las huellas? ...Tal vez. Hace unos cuantos días que estoy aquí y de noche salía para comer.
-Pero ¿Tan pequeñas son? ...Creí que serían de una Gata amiga mía.
-Ah, sí; una Siamesa Seal Point, ¿No? ¿Una con orejas, cara, guantes, botas y cola negros, y el resto gris?
-Esa misma; se llama Turquesa.
-Entonces debió ser ella. La vi de lejos, yendo con una Serpiente muy grande hacia el lado más tupido del Bosque.
Diciendo esto se refería al Bosque Cerrado.
-Pues sí, era ella; y el que la acompañaba se llama Collar de Piedras. Él es otro de mis mejores amigos. -Explicó Albino, sin advertir que su interlocutora había cometido un error potencialmente peligroso, en lo que se refería a Turquesa.
-Bueno, tengo que irme. Pero quisiera saber tu nombre, aunque sea.
-No puedo decírtelo, pero...
-¿Por qué? No le diré nada, a Lucero.
-¿A quién?
-¡Lucero! -le respondió mientras se alejaba. -¡La Loba con quien estoy en el Terreno de caza! ¡No me dirás que no la conocés!
-Sí... Bueno; pero eso no importa, ahora. Volvé mañana y tal vez sepas quién soy. Por el momento te dejé algo escrito en la pared izquierda, cerca de la entrada. Leelo y mañana seguimos hablando.
Al encontrar el mensaje se inclinó para leerlo; la última línea se hallaba casi pegada al suelo.
-"¿Por qué tan abajo...?"-Se preguntó.
El mensaje en cuestión ocupaba cuatro líneas. Decía: "Querido Lobo... Quiero volver a decirte, por medio de estas palabras, que te amo. Por buscarte, perdí voluntariamente (seguía en la segunda línea) ...mis afectos y mis cosas más apreciadas. Ahora sólo te tengo a vos, aunque no puedas verme (pasaba a la tercera) ...cada vez que venís a hablar conmigo. Cuando me veas, tal vez comprendas esto: muchos son los destinos, (y en el último renglón) ...y muchas las formas exteriores, pero el amor siempre es uno solo…"
El Lobo quedó más confuso que antes, pero dejó de lado todos los interrogantes que acudían a su mente y corrió de regreso al terreno poblado de Mimbreras y Retamas.
