Buenos días, tardes y noches estimados lectores. Aquí Sombra de Maldad. De regreso con otra edición de "Diario del Raromagedón". Debo confesar que, literalmente, este capítulo fue de los primeros que termine y llevan esperando desde el año pasado para ser publicado. Y no solo eso, sino que originalmente es del doble de largo, y lo que entrego aquí es la primera parte. Obviamente, como se trataba de un momento muy adelantado de la historia, tenía que esperar para subirlo.

Pero bueno, olvidémonos de datos curiosos, y vayamos a lo que en verdad les importa. Pero, como siempre, mi seguro de vida…

"Gravity Falls", sus locaciones y personajes son creaciones del brillante Alex Hirsch y propiedad del imperio de Disney. Solo los tomé prestados para narrar una historia de mi autoría sin fines de lucro... pero si me quieren dar dinero por él, no me opondré.


Diario del Raromagedón

HORA 37:22 (Día 2)

Debido a su crianza en pañales de seda y su vida resuelta, en donde el único problema pero constante era satisfacer las exigencias de sus padres, las cosas que importaban y no importaban estaban muy definidas en la vida de Pacifica Northwest.

Le importaba mucho que su guardarropa estuviera a juego, y no le importaba si al otro lado del mundo estuviera en guerra. Le importaba que su alimentación no estuviera excedente de grasas y azucares, y no le importaba que millones pasaran hambre. Le importo mucho la opinión que tuvo aquel nerd castaño de ella en aquella noche en la mansión, y no le importa que aquella chica con gafas, amiga de "La rara" Mabel Pines y de la "Voz de luchador" Grenda, la acompañara a ella y a sus amigas cuando la encontró por ahí. Después de todo la podría usar de carnada en caso que esos Ojos Murciélagos las encontraran. Sin mencionar que dado a su manía de leer folletos y volantes de cualquier cosa, asuntos como encender fuego o primeros auxilios estaban cubiertos gracias a ella.

Pero, ahora con todo lo que estaba ocurriendo, varias cosas que antes le importaban, dejaron de ser si quiera de su interés. Y otras que le eran indiferentes, ahora le eran indispensables. Antes hubiera dicho "Primero muerta antes que arrugar mi ropa". Pero ahora si su típico atuendo se le añadía otra rasgada más, o alguna mancha de fango le salpicara, no hacia ni observación al respecto. Ya la indiscreción casi le costaba la vida. Antes hubiera deseado que todos los que rondaran las calles del pueblo voltearan a verla. Y ahora suplica que ninguna de esas cosas, ninguno humano, las viera merodeando.

Antes no le daba atención si su padre invertía en una fábrica que generaba deshechos que dieron origen a varios de los adefesios no tan "mágicos" del pueblo como aquella vaca de 8 patas. Pero ahora si le genero mucha molestia que invirtieran en "Dinero apocalíptico", aun después de ser deformado de esa forma por ese triángulo. Antes le importaba menos que nada si su madre tardaba horas en arreglarse para algún evento en el que estuvieran retrasados. Pero su corazón se llenó de miedo después de 5 minutos de no verla luego de ser perseguidas por los vigilantes aéreos.

Antes no le hubiera interesado que tanto alimento había en los refrigeradores de la mansión, pues siempre podían comprar más. Y ahora, ya cuando las pocas provisiones que tenían estaban acabándose, discutían sobre quien iría a buscar comida.

-¡Me niego! – dijo Tiffany, una de las amigas de Pacifica con las que solía pasearse por el pueblo en sus ratos libres, seguida por una queja de la otra, Britanny, mientras las cuatro caminaban por las desoladas calles de Gravity Falls, transportando bidones llenos de la poco agua limpia que pudieron hallar. Ambas aún no se daban a la idea de que aquel pueblucho ahora era un territorio en ruinas, y el miedo ya era un lujo que nadie debía darse. Nadie podía.

-Pero alguien debe ir a buscar. Debe quedar algo que podamos comer por ahí. – Decía Candy, quien al igual que las otras, sus ropas ya estaban desgastadas y sucias por las constantes huidas y los sitios donde pasaban. – Ya no nos queda nada en el refugio. Al menos que acepten mi idea del canibalismo. Opino que Tiffany nos alimentaria mejor. – las dos quejosas replican con asco al ver que continuaba pensando en esa medida tan drástica.

-¡¿Cómo que yo las alimentaria mejor?!

Pacifica lideraba la marcha por las ruinas con un palo de golf en el hombro y un saco pequeño en la mano, mientras seguía atenta a la presencia de cualquier otro adefesio que pudiera interponerse, o amenazarles. Ya se había dado a la idea de asumir el mando en aquel pequeño grupo. Si había algo que el Raromagedón no le arrebato, fue el don del mando, y su carácter desafiante a cualquiera que no tuviera "Northwest" en el nombre. Y aunque debía mantener la compostura para no enloquecer como las otras, el hambre y estrés de los lloriqueos de sus "mejores amigas" la estaban hartando.

-¡Suficiente, las tres! – dice con voz alta ya molesta. – Ustedes dos, vuelvan a la estación de gasolina con el agua, y espérenos ahí. Randy y yo iremos al campo de mini golf a buscar comida. – ordena a sus amigas regresar al sitio que usaron para refugiarse. Cortesía de aquella rara bruja.

-Candy. – corrige cortésmente a la mandamás.

-Eso dije. – le resta importancia.

-¿Pero porque tienes que ir tú? – dice su amiga de tez oscura. Si de por si la amenaza de monstruos sueltos ya era demasiado, el no contar con el carácter seguro de la rubia sería demasiado.

-¿Y porque ahí? – pregunta la asiática con lentes.

-Las tiendas y las cafeterías fueron los primeros lugares en los que saquearon comida, ya lo hemos comprobado. Y todas hemos visto las advertencias de que en el centro comercial está un loco saqueador que te quita todo. En el campo de minigolf venden comida rápida. Serán carbohidratos, pero sigue siendo comida. No creo que a muchos se les ocurra buscar ahí. – empieza a razonar, recordando como en las primeras horas, masas de gente irrumpían locales de abarrotes en busca de provisiones. – ¿Y por qué yo…?

Justo en ese instante un ojo murciélago aparece doblando la esquina. Sus fuertes aleteos hicieron que todas voltearan y se congelaran al verlo. Salvo Northwest. Quien sin miedo a la vista saca de su pequeña bolsa una pelota de golf color azul. La tira al suelo, y la golpea con fuerza con su palo. La pelota vuela directo a un muro donde rebota y golpea justo al ojo de la criatura, a tiempo para que cerrara su único parpado y fuera lo que recibiera el rayo petrificador, volviendo piedra a la criatura misma, quien se desploma al suelo donde se hace pedazos. Un truco que habían descubierto. Y aunque no lo han usado mucho, hasta el momento siempre funcionaba.

-… Se me están acabando las pelotas. – dice seria, dando media vuelta y comenzando su camino hacia su siguiente objetivo. Nadie comento más, y rápido Candy le da alcance mientras las otras se dan prisa para volver a su campamento, antes que los ojos noten la falta de ese que acababa de caer.

5 minutos. Fue lo que le tomo a Pacifica empezar a debatirse si prefería pasar una noche sin alimento en su estómago, o seguir escuchando al parloteo de Candy Chiu. Ya que debido al silencio que mantuvo cuando empezaron su viaje, y dado que la de lentes seguía sintiéndose incomoda con ella por su relación de "Ojala ni conocidas", Candy empezó a hablar sobre cualquier cosa y acabar con el silencio para sentirse más tranquila. Pacifica ya había declarado abierta, sarcástica, y sínicamente, no en ese orden, que no le importaba nada de lo que ella tuviera que decir. Pero, al parecer la pelinegra entendió lo opuesto. Si era porque quería hacer charla, o castigarla por haber sido cruel con ella, aun no lo decidía. De repente la idea de ser devorada por aquella cabeza con brazo no sonaba tan desagradable.

-… ese chico era tan lindo. Pero había declarado que su único amor eran las marionetas, además de que eso hubiera quebrantado el código de amigas… - Candy ya llevaba tiempo hablando de sus amores fallidos desde la guardería. Desde ese punto Pacifica ya había empezado a golpearse la cabeza con su palo de golf, en un desesperado intento de desmayarse y no escucharla más. – Y luego esta Marius. ¡Ese chico sí que es hermoso! Pero Grenda fue más digna para él que yo. Y no la culpo. Después de todo…

-¿Dónde están esos malditos ojos de rata alada cuando los necesitas? – se dice, viendo que por primera vez no había ningún adefesio a kilómetros a la redonda. Estaba lista para saltar a la vista del próximo que se le cruzara al frente, y así acabar con su "sufrimiento".

-… Y recientemente esta Dipper… - Ahí fue cuando el intento de quedar inconsciente de la rubia se detuvo.

-¡Alto, Mandy! – dice por primera vez sonando interesada.

-Candy. – vuelve a corregir.

-Eso dije. ¿Estamos hablando del mismo Dipper Pines? ¿Nerd? ¿Sudoroso? ¿El chico Mabel? – sonaba sorprendida e intrigada. Eso alegro mucho a Candy. Finalmente estaba teniendo una conversación con ella. Una en donde ataques a la autoestima no estaban presentes.

-Sí. – afirma amistosa. – Ocurrió durante un viaje en la carretera que hicimos con su familia Grenda y yo. De pronto me pareció más seguro y lindo. Pero resulta que solo estaba fingiendo para aprender a hablar con chicas. – tanto por su mirada como su tono de voz, se notaba que no quedaba resentimiento alguno en ella al respecto. – pero lo supere al ver como gritaba de terror mientras éramos atacados por una mujer araña. – la mirada de la Northwest había perdido emoción alguna, como si toda su personalidad hubiera sido extraída de pronto. Eso preocupo a Chiu. Pero se preocupó más a ver como esta empezaba a reír a carcajadas sonoras. Era la primera vez que la oía reír así. Incluso antes del Raromagedón nunca lo había hecho con esa intensidad.

-¡JAJAJAJA! ¡¿En serio tu…?! ¡JAJAJAJAJA! – pronto la preocupación de Candy se convirtió en confusión. - ¡¿Dipper, SEGURO?! ¡JAJAJAJAJA! – y ahora se sintió insultada.

-¡Oye! ¡Tú también lo hubieras visto así! – dice la asiática por primera vez con voz enojada.

-¡DESDE LUEGO QUE NO! ¡JAJAJAJAJA! – su risa fue tan fuerte que hasta cayó de rodillas, y empezó a golpear el suelo con el puño. Candy se cruzo de brazos y la miraba con enojo, esperando a que la rubia terminara con su burla. No le intimido en lo absoluto, pero Northwest hizo el esfuerzo de calmarse, hasta que solo eran risillas.

-¿Ya terminaste? – dice con la misma pose Chiu, viéndola levantarse.

-Aun no… - Suelta, viéndose que amenazaba con volver a estallar. Pero lo contiene. – Pero, en serio... Se supone que tú pasaste mucho tiempo del verano con él, ¿y pensaste que así era ÉL? ¡Por favor! – volviendo a su actitud altanera le da la espalda, y mira al cielo con el seño fruncido. – Dipper Pines debe ser el chico más nerd, nervioso, obsesivo con los misterios, metiche, y torpe que he conocido. – Candy rápido se pone al frente de ella para defender a quien aún seguía siendo un buen amigo de ella, y hermano de su amiga. – Admito que a veces es valiente. Pero eso no le quita lo cerebrito. ¿Y que eso de decirme eso de "pelo oxigenado"? … ¿Qué me miras? – dice extrañada por la mirada que le tenía Candy sobre ella.

No era de enojo o vergüenza, como está acostumbrada a ver cuando habla mal de alguien. Sino una soñadora, encantada. Eso se debe a que cuando Candy la miro a ver, observo que cuando desacreditaba al castaño lo hizo con su seño fruncido al cielo y una sonrisa. No maliciosa o burlona. Sino alegre, según la propia Candy. Como si le alegrara recordar a aquel chico atrayente de problemas.

-¡oh, por, DIOS! ¡¿Te gusta Dipper?! - aquella interrogante casi la hace caer al suelo, y elimino por completo cualquier risa residual que le quedaba a Northwest.

-¡¿Qué?! ¡CLARO QUE NO! – estalla en furia, como si la hubieran insultado nuevamente por medio de su rubia cabellera.

-Es cierto. Tú ves todos sus defectos, y aun así lo quieres. ¡Estas enamorada! – dice cautivada. Parecía que estaba viendo a la protagonista de alguno de los fics que tanto ella ama. Tras oír aquella declaración, Pacifica sostiene su palo de golf lista para golpear la cabeza de cabello negro como si una pelotita se tratara. Pero antes de hacerlo respira profundo, y se calma a tiempo.

-Tranquila, Pacifica. Aun necesitas a la carnada… – se murmura aun conteniéndose, aunque Candy la escucha claramente. – Mejor olvidemos el tema, y sigamos. Que ya casi llegamos. – indica apuntando los muros no tan destruidos del área recreativa al que se dirigían en primer lugar. – Y no me gusta Dipper, ¿entendido, Sandy? – declara señalándola con su palo antes de volver a caminar, sin darle tiempo a Candy de volver a corregirla. Ella decide dejar el asunto de momento y seguirle el paso. Ya tenía hambre. - ¿Enamorada de Dipper? Ya quisiera…

No fue cuestión de mucho tiempo para que ambas chicas estuvieran frente al portón de castillo que daba la bienvenida a quien entrara al campo de golf. Para su suerte, el puente levadizo estaba abajo, por lo que entrar no fue problema. Una vez dentro, veían que ese lugar no estaba tan mal a diferencia del resto del pueblo. Varias de sus pistas estaban dañadas, eso sí. Pero no se veía tan miserable como las casas y edificios destrozados que habían visto en apenas 2 días.

-Hace tiempo que no venía a este lugar... – Pacifica dice al aire, viendo aquel sitio donde solía practicar, por no decir presumir, sus dotes en el mini golf en tan mal estado. – creo que es la primera vez que vengo aquí en el verano. – dice, incapaz de recordar algún día reciente donde haya pisado ese sitio. – Pero podría jurar que había un molino en ese hoyo... – sus ojos se enfocaron en un pequeño montículo con un gran hoyo en vez de la edificación mencionada. Eso le provoco cierta curiosidad del porqué de su ausencia.

-¿Dónde está la comida? – pregunta Candy, pensando que Pacifica se había desviado del tema importante.

-Por ahí es la zona de comida. – indica, a lo que ahora se dirigieron ambas hacia el sector mencionado.

Lo que no sabían ellas, era que un gran número de ojos vigilaban sus movimientos entre las sombras, ocultos en los rincones oscuros del establecimiento. Grietas en las paredes, basureros, dentro de algunos de los pequeños monumentos. Ojos de a docenas, provenientes de seres distintos, pero similares entre sí.

-¿no deberíamos decirles? – pregunta uno de esos asechadores a uno de sus compañeros.

-No. "Él" seguro tiene hambre. Además, está la gigantona de la otra vez. – dice otro, con un acento inglés y ligero resentimiento a la punta de la lengua.

Las chicas pronto hallan los establecimientos de servicio que ese lugar ofrecía. Con sonrisas aliviadas aceleran el paso, y saltando las barras entran en ellos. Pero su felicidad se esfuma al ver los estantes y refrigeradores vacíos. Solo algunas bolsas de frituras y una que otra lata de soda tirada era lo intacto que quedaba. También algunos sacos con papas con las que solían preparar las papas fritas que el establecimiento debía vender.

-Parece que alguien se nos adelantó. – dice la de lentes decepcionada, tomando una de las botanas y abriéndola, sintiendo el sabor a queso de las frituras como lo más delicioso que había probado en días.

-Es mejor que nada. – dice tranquila Pacifica. Aunque por dentro nuevamente deseaba golpear a Candy solo para desquitarse con algo. Incluso lo imagino. – Rouge, recoge todo lo que puedas, mientras voy a buscar más pelotas. – ordena, tomando también una botana para llenarse con algo, y volver a salir para emprender su búsqueda personal.

Aunque no veía mucho caso recoger tan pocas cosas, y confundida por el raro nombre con la que la llamo, Candy obedece y comienza a guardar lo que puede. Quizás podrían asar las papas en una fogata. Pero, lo que los pensamientos de Candy le impidieron hacer, fue percatarse de unos extraños rechinidos, unos gruñidos tétricos, y el sonido de algo arrastrándose en el suelo…

Pacifica llevaba tiempo tratando de abrir la puerta del almacén de mantenimientos, usando una piedra que encontró cerca para romper la cerradura. Esta se encontraba como si la hubieran apenas comprado y colocado en ese sitio justo antes del comienzo de la crisis. Cosa mala para a rubia, quien veía esta tarea de quebrarla aún más difícil con cada golpe que daba.

-Vamos, estúpida puerta… - Murmura con frustración dado el tiempo que le estaba tomando. Finalmente logra su objetivo, y pronto la puerta se abre. - ¡SI! – dice orgullosa de sí misma, y con calma y paso elegante entrar al almacén.

-¡AHHHH! – se escucha de pronto un agudo grito de terror. Lo reconoció al instante.

-Kendall… - murmura pasmada. Pero rápido se recompone, y guardando tantas pelotas como puede en su bolsa, vuelve rápido hacia donde había dejado a su compañera.

Sus pies, ya acostumbrándose a correr por lo recientemente vivido, la llevan rápido hacia la zona de comida donde para su terror no ve a ojos murciélagos. Sino una monstruosidad de molino de madera con patas. Con unos brillantes ojos amarillentos donde tenía las "ventanas", y el hoyo por donde ingresaban las pelotas convertido en unas fauces repleta de colmillos de madera, perseguía a paso lento a la niña asiática. Esta superaba en velocidad al monstruo. Viendo eso, la criatura expulsa de donde solía estar el hoyo donde entraban las pelotas de golf una lengua de madera, la cual atrapa una pierna de la chica, tirándola al suelo.

Entonces, teniendo a su presa capturada, comienza a retraerla lentamente, empezando a hacer girar las aspas que poseía frente su cara a velocidad de una sierra, listas para triturar a la menor para después devorarla. Candy no podía hacer nada más que gritar, y tratar de detener su fin enterrando los dedos en la tierra, no logrando nada más que dejar lo que podrían ser sus últimas marcas.

Claramente el espanto de ver tan aterradora criatura inundo a Pacifica. Pero viendo que la criatura solo había visto a Candy, y esta no gritaba su nombre, seguramente el adefesio no sabría de ella. Así que la idea de darse la media vuelta e irse de regreso con sus amigas vino a su mente como primera opción a hacer en ese momento.

Sin embargo, el sentimiento de culpa empezó a llegarle al siquiera considerar dar un paso para irse. Nuevamente voltea a ver a la chica aterrada siendo tirada por el fenómeno. Sabía que si se iba, no sería muy diferente a sus padres que se acobardaron y rindieron al Raromagedón apenas vieron problemas. No sería distinta a las generaciones que llegaron antes que ella, y sacaban de los inocentes lo que querían y luego les daban la espada. Pero, gracias a las primero duras, y luego las amables palabras que le dirigió el chico Pines, no solo era consiente de esa culpa que cargaba en la sangre. Ahora sabía que ella no necesitaba ser igual a sus padres. Que ahora sabía que no quería ser como ellos…

-¡TE ODIO, DIPPER! – grita con ira al cielo y odio al mencionado, y odiándose a sí misma por dirigirse hacia el monstruo.

Candy ya solo podía ver lo cerca que estaba de empezar a sentir aquellas aspas que prometían una muerte cruel. Y cuando no faltaba más de un metro para su terrible final, una repentina pelota verde golpea a la criatura. Pronto otras más de otros colores neón comienzan a llover sobre el ser de madera, deteniendo el avance de Candy hacia él. La chica sorprendida por esa milagrosa intervención, mira con mayor sorpresa el mayor milagro que podría ver en su vida: Pacifica siendo la que estaba salvándola, golpeando a varias pelotas de golf que coloco en fila hacia el monstruo.

Pronto uno de los proyectiles da directo a la lengua de madera que retenía a Candy, logrando que la liberara, y ahora la cosa rara con furia se dirigía a Northwest, preparado para embestirla con sus aspas rotatorias. Tratando de que el pulso que le acelero a ver tan espantoso ser acercándosele no interviniera con su próximo tiro, la rubia dispara otra pelota que con gran precisión vuela directo al centro del molino, pasando entre las aspas, e ingresando por un hoyo al interior mecánico de la criatura.

La abominación continuo avanzando hacia la rubia, quien al no quedársele más pelotas no pudo ni moverse. Y mientras dentro de la cosa, la pelota rebotaba dentro de él, hasta caer justo en medio de dos engranes. Trabándolos, y empezando a causar estragos al mecanismo interno. Conforme continúo marchando, el paso del monstruo molino se alentó, así como sonidos semejantes a tosidos empezó a expulsar. Ya faltando 2 pasos más para que diera su ataque final, las aspas se detuvieron de pronto, y comienza a expulsar piezas de su interior. Con un último suspiro la cosa se desploma encima de Pacifica, apenas permitiéndole dar meda vuelta para huir sin conseguirlo.

-¡PACIFICA! – grita con terror Chiu corriendo para socorrer a su salvadora. Rápido llega y comienza a quitar pedazos del reciente vencido monstruo, mientras continuaba llamándola por su nombre para saber de ella. Pronto logra sacar a alguien de los restos del monstruo, aunque no era quien buscaba.

-¡Sergel se va! – Declara un hombre con bigote y ropa roja y amarilla quien sin decir nada más corre fuera del campo.

Luego de un tiempo se escuchan tosidos, y para gran alivio de Candy ve como la rubia sale arrastrándose debajo de los restos: manchada, con varios rasguños, el pelo alborotado, y su ropa en mucho peor estado que antes. Su chaqueta ya partida en dos por la espalda y su vestido apenas se sostenían por un hombro. Pero fuera de eso se veía bien.

-Cof, Cof… ¿Por qué rayos la gente se hace el héroe? ¡Se siente horrible! – comenta la rubia, sintiendo un gran dolor luego de salir de ahí. Pronto se ve envuelto por los agradecidos brazos de Candy abrazándola.

-¡Muchas gracias, Pacifica! ¡No sé cómo agradecerte por salvarme! – dice completamente agradecida y conmovida por su valiente actitud.

-¡Podrías dejar de perforarme el pulmón con mi costilla rota, May! – dice, casi seguramente exagerando, sintiendo que su dolor aumento por esa muestra de gratitud.

Pero no fue esa suplica lo que detuvo a Candy de seguir abrazándola, sino el sonido de algo, o muchos "algo" saliendo por todas partes. Separándose pronto miran alrededor para ver que las estaba rodeando. Y su alarma es reemplazada por sorpresa al ver pequeños hombrecitos con cabezas con forma de pelotas de golf de varios colores hiendo hacia ellas y gritando en tono de celebración. Muchos gritaban "Gracias" a ellas, hasta que finalmente de entre todos uno con vestimenta holandés maltratada, rubio y de cabeza azul, se acercaba hacia ellas con una gran sonrisa y los brazos abiertos.

-¡Muchas gracias, gigantonas! Ese monstruo nos ha aterrado desde que la ola de rareza golpeo al pueblo. ¡El pueblo de liliputienses les agradece! – enseguida más gritos de euforia se escuchan.

-Eh… ¿Qué se suponen que son ustedes? ¿Humanos diminutos? ¿O mini humanos enormes? – dice confundida Pacifica, incapaz de reconocer a esas criaturitas.

-Me apena que no nos recuerdes, rubia gigantona. – dice algo dolido el pequeño rubio, empezando a acercárseles. -Pero el pasado ya es historia. ¡Ahora te has ganado el afecto de…! - un repentino golpe con palo de minigolf lanzado por la propia Pacifica lo callo, lanzándolo hasta el otro lado del muro. Todos tenían una mirada de sorpresa por lo que acababa de pasar. Los liliputienses, Candy, y más que nadie, Pacifica.

-… No sé por qué sentí la necesidad de hacerlo… - es lo único que dice para explicar su repentina acción que ni ella misma comprendía.


7-4; 3-2; 4-3; 7-4; 3-1; 3-2; 3-1; 6-3; 7-4;

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Aquí de regreso Sombra de Maldad. ¿Les gusto el capítulo? Como verán, es la primera mitad de la aventura de estas dos. Así, como ver que a los enanos del minigolf también tenían sus propios problemas durante el Raromagedón. Y créanme, esto solo es el comienzo. La conclusión se verá en unos capítulos más adelante. Ahora, algo que he tenido pendiente ha sido mi comentario de Pacifica.

Seré franco con ustedes. La primera vez que apareció este personaje femenino que sirvió de antagónica para Mabel, así como Robbie lo fue para Dipper, tuve exactamente la misma opinión y fascinación que le tuve a Wendy durante toda la primera temporada: Podrían haberla apuñalado de la forma más cruel, sádica, humillante, y sin sentido como jamás antes se ha visto, seguir toda la serie como si aquello no hubiera significado nada más que un mero modo de desechar a un personaje, y a mí no me hubiera importado en lo más mínimo.

Es en serio, durante la primera parte para mí esas dos podían irse a chupar todo el limón de la central de abastos. No veía mucho en Pacifica que me pareciera interesante, por no decir nada. HUY, OTRA PRESUMIDA POPULAR. ¡JUSTO LO QUE SOBRA EN LA ANIMACIÓN! Eso era lo único que me importaba con respecto a su diseño. Me importaba un billete de $-12 si hacía sentir mal a Mabel, o no. Su falta de originalidad la hacía que ni me llamara la atención. Por eso tampoco me interesaba mucho ver que hicieran con este personaje, lo mismo que con la pelirroja.

E irónicamente igual que con Wendy, en la segunda temporada mi opinión de Pacifica cambio con el capítulo de "La guerra de minigolf". Tal vez ya sea algo trillado, y claramente mucho más sutil que con Wendy que de un solo jalón demostraron que ella era mejor que el bolillo con mantequilla y azúcar. Pero, notar que ella era presionada para ser perfecta y lo mejor hace que uno entienda porque su determinación al sobresalir, o por lo menos desacreditar a los demás. Y luego, eso se reafirma viendo lo que pasaba dentro de su casa con "El misterio de la mansión Northwest". (Aunque, debo admitir que hay demasiados enfermos que les gustaba exagerar con respecto a el por qué ella se sometía al sonido de la campana como perro adiestrado)

Y ahora que hablamos de la campana, ese mismo misterio hizo que subiera mi interés e intriga con respecto a Pacifica. Sin mencionar el por qué ella era rubia, si sus padres ni tenían un tono cercano a ese (obvio motivo de por qué le decían oxigenada). Y aunque lo de la campana se aclaró con el "Diario 3" que Disney vendió, aún hay otro que me hace cuestionar algunas cosas. Lo suficiente para que la deje en el puesto 5to/4to de personajes femeninos, empatando con Candy.

Aún hay otros temas que quiero tratar con respecto a ella. Pero, lo dejare para la próxima vez que las veamos a Pacifica y Candy. A parte, quisiera decirles algo. En este capitulo hay oculto una clase de "Easter Egg", con respecto a mí. Si adivinan cual es, les responderé cualquier pregunta que tengan con respecto a este fic, o tal vez de mí. Eso si, la pregunta deberán hacérmela junto a la respuesta al Easter Egg, así como explicándolo por completo, por medio de Review, o publicación en Industrias Maldad. Su cuestionamiento lo hare tan privado y en directo como se pueda. Si quieren compartirlo con alguien, adelante. Dejando esto, solo deja darles la respuesta del código del capítulo 13:

Pino.

Símbolo de la fortaleza.

Debe vencer su orgullo.

Con esto lo doy todo por terminado. Y, recordando que la siguiente semana no habrá capítulo (por que pase toda esta semana trabajando en una machinima más), nos veremos el 28 de abril con otro capítulo para alguno de mis fics de Gravity Falls. Quizás me anime, y suba otro fic para otro fandom que tengo echando polvo por ahí.

Esperare con ansias sus Reviews