Claro, Gorgino. Tu consejo le ha dado un gran giro a la historia, sería bastante egoísta no darte las gracias

Bueno, Love. Emma tiene que marcar territorio y decir "La abogada sexy es mía"

Bueno, 15marday, todo se andará.


Augustine Morgan

Me había quedado profundamente dormida, sentada. Todo este asunto de ayudar a Regina me estaba volviendo un tanto loca. Resultaba difícil, después de haber sido enemigas acérrimas durante tanto tiempo. Sin embargo, no podía descuidar obligaciones más importantes, y Astrid bien podía ocuparse de todo lo relacionado con la farsante. Fue una simple palabra la que me sacó de mi ensimismamiento.

_ Mamá…

La habitación de hospital estaba silenciosa, sólo el pitido del pulsímetro había estado rompiendo el sonido de la noche, cuando aquella palabra aceleró mi ritmo cardíaco y provocó que abriese los ojos. Mi mirada se cruzó con la de Darcy. Podía ver cierto miedo en su rostro, pero rápidamente se desvaneció en cuando nuestras miradas se cruzaron.

Me acerqué y acaricié su pelo, inclinándome para darle un breve beso en los labios. Ella me sonrió. Sus heridas ya estaban casi curadas. Y al ver esa sonrisa de pillina no pude menos que sentirme mucho más relajada.

_ ¿Cuánto llevo dormida?_ Preguntó, incorporándose. O al menos lo intentó, pero no la dejé.

_ Un par de días. Aún te estás recuperando._ Le dije._ No te muevas, nena.

_ Me gusta que te preocupes por mí._ fijamente se incorporó._ ¿Cómo va el juicio?

_ ¿El juicio?_ Pregunté._ ¿Cómo sabes…?

_ Oía cosas mientras dormía. Quién iba a pensarlo. Las Morgan y las Mills en el mismo equipo.

_ Sí… es impensable._ Reconocí, acariciando su pelo._ Pero no voy a dejar que la puta que te hizo esto salga libre.

_ Cuando hablas así casi se me olvida que Astrid es tu favorita._ Me dijo, sacando la lengua.

_ Tú también tienes buenas cualidades, cielo._ Le dije, peinándola._ Tengo que compensarte. ¿Qué quiere mi niña?

_ Cuando esto acabe quiero que nos vayamos de vacaciones las tres juntas. Y quiero un trío._ Dijo, muy decidida.

_ Haremos todos los tríos que quieras, pequeña._ Le dije, con voz dulzona._ Pero primero te tienes que recuperar.

_ Pero estoy cachonda ahora…_ Hizo un mohín. Yo sonreí.

_ Está claro que mañana estarás bien.

Regina Mills

Apoyada en la pared, podía escuchar a mi doble golpear la pared, mientras gritaba múltiples palabrotas en más de un idioma. Tardó un buen rato hasta que finalmente se decidió a parar de aporrear la pared, echándose a reír.

_ ¿Qué pasa, Regina?_ Su voz sonaba cada vez más enfermiza_ ¿No quieres hablar con tu hermanita antes del juicio? Sabes… tengo muchas ganas de salir de aquí… y de follarme a tu amiga la rubia. Qué culo se gasta.

_ Cállate._ Le dije, en voz baja.

_ ¿Te molesta que hable de follarme a tu novia, Gina? Que mala eres. Entre hermanas todo se comparte._ Decía, aun riéndose.

_ ¡Tú no eres mi hermana!_ Le grité, ya fuera de mí._ ¡No te atrevas a volver a hablar así de Emma!

_ Así que la hermanita buena también tiene garras._ Su risa empezó a sonar como una hiena._ ¿Quién iba a decirlo?

_ Esta hermanita buena te va a meter mañana entre rejas para siempre._ Dije, apretando los puños.

_ Por favor… puede que seas buena abogada. Pero contra Gold… no tienes nada. Él no es simplemente un fiscal. Es mucho más.

_ No me asusta su magia._ Dije, muy segura.

_ Pues debería, Regina… debería.

Emma Swan

No debía hacer aquello. O al menos, esa era la teoría. Pero lo cierto es que no podía confiar en el fiscal. Sabía que si se había tomado tantos esfuerzos en volver, debía haber un motivo. Un oscuro motivo por el cual habría salido de su retiro. Y si no intervenía directamente, no me fiaría de nadie. Y mis poderes iban a servirme para algo. Había estado practicando. Y por eso había aparcado frente a casa de Gold, y entonces, había salido de mi cuerpo. Mi espíritu se movía con soltura por aquel jardín. No sentía el peso de mi cuerpo, y cuando di un salto, me elevé unos diez metros antes de volver a caer directamente en el recibidor, atravesando la puerta de entrada.

_ Esto es alucinante._ Pensé, mientras subía las escaleras hacia lo que presumía, era su estudio. Sin embargo, me equivoqué.

Arrugué un poco el rostro al encontrar al señor Gold durmiendo junto a una mujer que debía ser unos veinte años más joven que él. Estaba claro que era… de esos.

Me aparté un poco y finalmente llegué al estudio. Mis manos, a pesar de que me permitieron abrir el cajón, no me dejaron coger los documentos, que a ojos de todos habrían quedado flotando en el aire. De hecho, ni tan siquiera era capaz de leerlos. Esto debía tener que ver con Gold. Y por mi mente, pasó la idea de repetir lo que ya había hecho antes.

Me acerqué de nuevo a la habitación y observé a la mujer que dormía con Gold. Hice el gesto de tragar saliva y me tumbé sobre ella, provocando que mi alma entrase dentro de su cuerpo, como había hecho con el de la doble de Regina. Esta vez la sensación fue algo diferente. Noté el cuerpo cansado, pero no hubo ninguna resistencia, probablemente debido a que la muchacha se encontraba dormida. Abrí los ojos, con la visión algo borrosa, y cogí unas gafas de la mesilla por instinto. Me las puse, notando cómo mis ojos se acostumbraban, y mi visión se volvía más nítida.

_ Belle…_ La voz de Gold, adormilado, me produjo un escalofrío._ Vuelve a la cama.

_ Sólo voy a por un vaso de agua._ Dije, con voz adormilada.

Gold hizo un ruido que no supe identificar, y yo me separé, marchando hacia el estudio ataviada solo con un salto de cama. Sabiendo que no era mi cuerpo, no me angustiaba tanto, aunque admito que yo en mi casa solía llevar incluso menos ropa. Pero aquella no era mi casa. Esta vez sí que pude coger los documentos y leerlos. Metí algunos de ellos en un sobre y salí fuera.

El salto de cama me daba mucho frío, y notaba los pezones duros contra la tela. Pero debía mantener la compostura. Miré a la carretera, y comprobé que no había nadie. Salí, y me vi a mí misma dormitando en el coche. Colé el sobre por la parte superior de la ventana, y volví de nuevo a la mansión. Me tumbé junto a Gold, que instantáneamente aferró mi cuerpo, y salí de él rápidamente.

Para cuando me fui, Gold y Belle estaban entregados a su pasión. Y yo no podía alegrarme más de no estar aún dentro del cuerpo de Belle. Una vez dentro de mí, me sentí descansada, arranqué y me dirigí a la casa de Regina. Astrid estaba dormida en el sofá, llena de papeles de todo tipo. Bufé, y le lancé el sobre sobre la cara.

_ ¿Qué te pasa, Ricitos de oro?_ Me preguntó, de mala gana.

_ Tenemos pruebas nuevas. Más vale que las prepares para Regina.

_ ¿Qué has hecho?_ Preguntó, mirando el sobre.

_ He estado siendo un fantasma._ Dije, con una leve sonrisa.

Regina Mills

Dormía. Por fin plácidamente. O al menos, así fue hasta que sentí cómo una corriente fría recorría mi columna vertebral. Me quedé en un estado de duermevela. Fue entonces cuando escuché algo, un leve susurro, que se iba adelantando desde mi cerebro.

_ ¿Regina?_ Una sensación de calma me invadía.

_ Emma._ Respondí, en un susurro. Mi voz se propagaba por mi mente, angustiada.

_ Sí, soy yo._ Escuché la risa de Emma, y la calma no tardó en regresar._ ¿Cómo estás?

_ Algo nerviosa._ Reconocí._ Emma… ¿Tú también eres bruja?

_ Por lo visto sí._ Dijo ella, sonaba pensativa._ Parece que nos ocultan cosas a las dos.

_ Sí, eso parecer._ Reconocí, sonriendo._ Lo estoy pasando fatal desde que encontrastéis a mi doble.

_ ¿Qué te ha hecho?_ Emma habló con urgencia._ Si te ha puesto un dedo encima yo…

_ No… está en otra celda._ Me reí mentalmente._ Pero no para de hablar de acostarse contigo y con Astrid. Lo que haga con Astrid me da igual, la verdad.

_ A mí esa mujer no me pone nada._ Dijo, Emma, con tono de desagrado.

_ Vaya, y yo que creía que me encontrabas sexy…_ Dije, haciéndome la ofendida.

_ Y lo eres… pero tener tu aspecto no basta. Ella no es tan inteligente como tú… ni tan sexy ni tan…_ Emma estaba gimiendo.

_ ¿Te estás tocando?_ Le pregunté, a voz en grito.

_ … Puede…_ Reconoció, en un murmullo._ Lo siento, todo esto me pone mucho. Hablarte en sueños… Y te echo tanto de menos.

_ Yo también te echo de menos…_ Dije, con voz melosa.

_ Tócate conmigo, Regina…_ Me pidió, con tono picante.

_ Emma… no voy a tocarme en una celda._ Le dije, algo escandalizada.

_ Perdona cielo…_ Me dijo. Sonaba sofocada. Estaba claro que había terminado._ Te quiero.

_ Y yo a ti… aunque seas una viciosa.

_ Me lo he ganado… he estado reuniendo pruebas para ti con mis poderes nuevos.

_ Ya me hablarás sobre esas pruebas mañana.

_ Sí, he puesto a la plasta de tu ex a reunirlas. Aunque está bastante más suave desde que le salvé la vida.

_ Eres toda una heroína, Emma.

Regina Mills

_ Toma, preciosidad._ Tomé el traje que Emma me había traído, de color burdeos._ ¿Voy mejorando?

_ Sí, vas mejorando bastante._ Dije, y le di un beso en la mejilla.

_ Es un traje barato._ Dijo Astrid, mirándola mal.

Yo negué con la cabeza. Sabía que Astrid seguía obsesionada conmigo. Y por un lado, sabía que todo su furor por defenderme venía precisamente de eso, y por eso no iba a permitir que se terminase de desencantar, aunque fuese cruel. Yo tenía claro que quería estar al lado de Emma, y que Astrid probablemente necesitase ayuda. Pero por el momento iba a necesitarla en el juicio.

_ Pero esta vez el color es adecuado._ Dije, mientras me metía en la sala para cambiarme.

Sabía, de algún modo, que aquel iba a ser el último día. La batalla final entre Gold y yo. Y una vez ese caso estuviese resuelto, me tomaría unas largas vacaciones por primera vez en toda mi carrera como abogada. Creo que me lo había ganado, después de todo. A fin de cuentas, no es que tuviese problemas de dinero, precisamente.

El tribunal se había convertido para mí en un segundo hogar, y sin embargo, ahora se me hacía ajeno. Era la primera en llegar a la sala, y no pude evitar pasar las manos por el banquillo de la defensa, mi lugar de combate. Gold era el Fiscal más peligroso con el que había tenido la desgracia de encontrarme. Pero no estaba sola.

Tenía a mi familia, a las Morgan… y tenía a Emma. Siempre había luchado sola por mis casos. Y ahora, ni tan siquiera había reunido yo misma las pruebas que podía presentar.

_ Vaya, se te ve imponente, abogada buenorra._ Me dijo una voz que se me hacía familiar.

Me giré, y mis ojos se encontraron con los de Darcy, que andaba apoyada en una muleta. Pero, al margen de eso, parecía estar bastante sana. Se acercó y yo tuve el impulso de abrazarla. Ella ronroneó un poco y se acercó a mi oído.

_ Voy a testificar._ Me dijo._ Haré que te saquen de la trena. Y luego, me deberás un favorcillo.

Me guiñó un ojo, y yo sabía lo que estaba pensando. Suspiré, pero en parte, no podía dejar de pasarlo por alto. Estaba claro que las morbosas costumbres de la familia Morgan pasaban a no parecer tan importantes cuando estaban de tu lado. De acuerdo, eran unas viciosas, y se liaban entre ellas. Es desagradable pero… a fin de cuentas, no hacían daño a nadie.

Repentinamente sentí un frío helador, y nuestro aliento comenzó a condensarse al salir de nuestra boca. Gold acababa de llegar, y se notaba en el ambiente. Estaba sentado ya en el banquillo de la acusación, con una cínica expresión de victoria desde un principio. Esa confianza sería la horma de su zapato.