Resumen: El compromiso. Traslado, celebración e inquietudes. Un nuevo tratamiento y traslado en forma muggle.
El Compromiso. Sentimientos e Inquietudes
—Hola dormilón. ¿Cómo te sientes?
—Hola Meg. —Cerró de nuevo los ojos y los volvió a abrir, quedándose perdida su mirada en su rostro y su mente divagando.
Recordaba su expresión de adolescente enamorada cuando se la presentaron y él la saludó besándole el dorso de la mano, con esos ojos azules brillando como los reflejos que a mitad de tarde le arrancaba el sol al mar. Luego se había sentido fascinado por su fuerza de carácter y la forma en que sutilmente le rechazaba una y otra vez sus galanterías.
También cuando le había dicho a Remus que empezaba a sentirse como James tras Lily, aclarando rápidamente ante la sonrisa pícara del castaño que la comparación era sólo porque no había caído a sus pies rápidamente como las otras chicas que había asediado. Pero le había asegurado que eso no duraría mucho, que seguramente era por no haberse recuperado él aún de su estadía en Azkaban pero que aquello cambiaría en su próxima visita allí por la reunión de La Orden del Fénix.
Pero ella lo siguió teniendo en vilo durante casi mes y medio, hasta que le regaló por primera vez una de esas sonrisas que le hacían creer que podía volar sin escoba mientras le agradecía sus palabras. Según le dijo Remus después, él se había quedado mirándola fijamente durante casi dos minutos, con una sonrisa tonta en su rostro, antes de reaccionar y decirle:
—Desde que te conozco me has parecido la mujer más hermosa con fragancia de Narcisos. ¿Puede este humilde mago perderse en tu fragancia?
—Sí. — le respondió ella con timidez, sonándole a él esa sílaba como música celestial.
Pero aquellas siguientes tres semanas gloriosas, en que ella iba allí con frecuencia "a llevar informes", se vieron cortadas cuando en una reunión Albus había advertido a Meg, Nymph y Kingsley sobre Scrimgeour, quien para ese entonces parecía seguir la línea de Fudge. Aquello lo hizo entender que él, siendo el prófugo más buscado por el Ministerio, no debía involucrarse con ella, una auror exitosa.
Fue entonces cuando comprendió cuanto la amaba, pues no soportaba la idea de hacerle daño de ninguna manera. Cometió entonces el segundo peor error de su vida al decirle tantas cosas hirientes en la biblioteca, primero con la petulancia y sarcasmo propio de los Black, terminando a los gritos con ella.
Desde ese día ella no volvió y él sintió que agonizaba lentamente, en aquella casa que tanto odiaba y parecía estrecharse cada vez más a su alrededor, sepultándolo en vida, ahogándolo, recordándole que no tenía derecho a ser feliz por haber sido odiado siempre por quien debió darle amor: su madre.
Cuando cayó a través de El Velo de la Muerte, golpeado por la maldición de su prima, escuchó cuatro voces que le hicieron creer que había muerto justo antes de perder el conocimiento. Al despertar y conseguirse con Angelica junto a su cama se sintió a un mismo tiempo muy feliz y culpable. Le había intentado pedir perdón cientos de veces por haberse vuelto a enamorar, pero una y otra vez ella se lo había impedido, tapándole la boca con sus manos mientras le sonreía tibiamente.
Un mes antes que lo fuesen a rescatar, mientras ella le cambiaba los vendajes de su tórax, ella le había dicho que muy pronto ella tendría que ausentarse durante unos días, pero que antes quería hablar con él sobre algunas cosas de su raza y sobre Meg. Aquello lo había tomado por sorpresa, especialmente que quisiese hablarle sobre la rubia. En todo momento en que la mujer de ojos aguamarina le habló de todo lo demás él estuvo atento, silencioso, haciéndole preguntas puntuales, pero cuando intentaba hablarle de Meg esquivaba con habilidad la conversación.
Al verla llegar allí, con su ahijado y los demás, se llevó un susto enorme, queriendo golpear con todas sus fuerzas a James cuando le indicó que la auxiliara para que pudiese caminar hasta la casita.
Después Angelica diciéndole que estaba en estado cuando desapareció, que había muerto voluntariamente al ceder toda su energía a ellos y que la chica frente a él era su hija… ¡Su hija! Eso aún no lograba asimilarlo. Menos aún que la propia Angelica le hubiese unido sus manos a las de Meg y les hubiese pedido que aceptasen sus sentimientos y le diesen hermanitos a Angela. Aquello era… No lograba asimilarlo, aunque él se hubiese atrevido a declararle sus sentimientos a Meg y luego haber bebido aquella poción generándose aquella ola mágica y energética que los envolvió.
Luego de salir de allí y despertar, después de saber que su hija y su ahijado estaban a salvo, se había empezado a sentir terriblemente incómodo, asustado, desorientado, enamorado, temeroso, confundido… Cada vez que ella estaba cerca, que lo miraba, que le daba las pociones, sentía de nuevo esa sensación de volar sin escoba. Pero entonces pensaba en Angelica y en la chica que se había enterado era su hija y se sentía culpable por sentir aquello por Meg. Y sin embargo… no podía evitar perderse en su mirada, en su rostro, en sus mejillas, en su pelo, en sus labios… en ella.
—Sirius —Al oírlo responderle apenas con un sonido gutural, simulando prestarle atención, le colocó su mano delicadamente en la frente temiendo que le hubiese subido la fiebre—. ¿Cómo te sientes?
—Aún hueles a narcisos. —le respondió en voz baja y ronca, mientras giraba levemente el rostro hacia su izquierda buscando seguir en contacto con su mano.
Meg, al sentir su movimiento, desplazó su mano hacia su mejilla y luego hacia su cabello, jugueteando con sus dedos en él mientras se perdía en su mirada gris, sus labios rojos, su rostro perfecto… Sin darse cuenta ni ser consciente de ello se fue acercando lentamente a él, hasta que al sentir su proximidad cerró sus ojos y unió sus labios a los suyos, perdiéndose en las sensaciones que invadían su cuerpo. Se separó rápidamente de él un par de minutos después, al oír voces en el pasillo.
—Yo… yo… Voy a avisarle a Eowyn que ya despertaste. —intentó salir huyendo, como lo había estado haciendo desde que él despertó por primera vez luego que lo rescataron.
—Espera Meg, por favor —la retuvo de la mano, mirándola con una expresión de súplica que paralizó a la rubia—. Quédate conmigo.
Ella volvió a sentarse, pero esta vez en la silla junto a la cama y no en el borde de ésta como había estado poco antes. Empezó de inmediato a examinarle el brazo con el que la había retenido, esquivando su mirada, sintiendo sus mejillas arder.
—Meg. Yo… Yo…
—Shhh, descansa.
—No te vayas, por favor.
—Sólo quiero abrir la ventana para que entre aire fresco.
Sirius asintió, mirando embelesado su cuerpo menudo y bien formado dirigirse a las cortinas, terminar de desplazarlas para que entrase más luz y abrir la ventana. Odiaba esa casa, pero si ella estaba allí con él le importaba un poco menos.
—Ahora voy a darte tus pociones —le dijo sintiéndose un poco más segura luego de sentir el aire frío en su rostro—. Ya lo sabes, no quiero que me des problemas o te silenciaré como dijo Harry y te ataré como sugirió Angela. —lo amenazó con su varita en su mano.
—Par de traidores. —gruñó él en voz baja.
—No les digas así —lo regañó mientras se sentaba de nuevo a su lado en la cama. Lo acomodó levemente levantado con dos almohadas. Pasándole su brazo izquierdo tras su cabeza le continuó hablando mientras le acercaba la primera de las pociones a la boca—. Angela y Harry tienen que tomar también varias pociones y no dan tantos problemas como tú —Aquello no era cierto pero quería que se las tomase—. Además gracias a ellos mañana en la mañana te despedirás de esta casa hasta que tú decidas volver a venir por tu propio pie.
—Lo cual no ocurrirá nunca. —gruñó mientras ella depositaba el envase vacío en la mesita de noche y agarraba otro.
—Nunca digas nunca, la mayoría de las veces te arrepientes. —dijo en voz baja Meg con tono triste.
—Hay casos en los que es mejor decir "no por algún tiempo", cuando están involucrados sentimientos hermosos y hay problemas graves —la contradijo con voz seductora, mirándola a los ojos, mientras con su mano retenía la que ella tenía con el vaso frente a él. Sonrió al ver que ella lo miraba enamorada pero también confundida—. Pero en otros casos, como en que yo viva voluntariamente en esta casa, "nunca" está bien. —finalizó con un tono de voz más firme, dejando libre la mano de ella.
Meg terminó de darle las pociones en silencio, ruborizándose cuando en dos ocasiones más él le rozó sus manos con las suyas, pero sin decirle más nada. Estaba dándole la séptima y última poción cuando él la sujetó con su mano derecha, mientras se llevaba la izquierda al pecho y hacía un gesto de dolor.
—Sirius —musitó asustada—. Voy por ayuda. —dijo decidida, dejando el vaso con la mitad de la poción aún en la mesita de noche. Pero él no le permitió alejarse al sujetarla débilmente con su mano.
—No te… vayas… por favor… Si estás… aquí… duele… menos.
—¡Christine! —llamó asustada la rubia al oír la voz de la niña en el pasillo, no queriendo dejarlo solo pero tampoco sin asistencia.
—¿Qué pasa Meg? —se asomó la niña a la puerta—. ¡Despertó! —exclamó feliz al verlo semiincorporado, abrazado por ella. Pero al acercarse y ver su expresión de dolor, corrió hacia ellos con el ceño fruncido, sacando la varita—. Calma tío, ya va a pasar —le dijo con mucha dulzura, mientras le aplicaba con habilidad el hechizo calmante que le había enseñado Jessica. Al verlo más tranquilo, sonriéndole débilmente, se sintió más tranquila—. Voy por Eowyn. Mientras tanto termina de darle la poción, Meg. Tranquilos los dos, todo estará bien.
—Gracias Chris. —le sonrió agradecida la rubia, tomando de nuevo la poción de la mesita de noche.
—Gracias. —susurró Sirius.
Unos minutos más tarde entró Eowyn al cuarto, acercándoseles rápidamente. Sirius acababa de terminarse la poción, pues Meg se la había dado despacio para no agitarlo. Lucía muy demacrado y se intentaba aferrar al brazo derecho de la mujer que amaba. Lo evaluó con su varita, frunciendo el ceño y denegando levemente.
—¿Se ha tomado todas las pociones a la hora que le corresponden? —le preguntó a Meg.
—Se las he dado incluso estando más dormido que despierto. —le respondió ella a Eowyn, asustada por su expresión.
—Sirius, debes permanecer tranquilo. De eso depende tu recuperación amigo —le dijo quien había sido su cuñada con dulzura—. Habíamos pensado llevarte mañana a la mansión Potter. ¿Te agrada esa idea?
—Se los… agradezco… Esta casa… me ahoga.
—En ese caso creo que adelantaremos el traslado, ya que tu habitación está lista —le dijo con una sonrisa, que se amplió al ver su expresión de alivio—. Christine se quedará con ustedes mientras le aviso a Remus y coordinamos todo.
—¿Papá?
—¿Padrino?
—¿Qué hacen ustedes aquí? —preguntó en tono de regaño Eowyn al ver llegar a Jessica con Angela y George con Harry.
—Sabemos que está mal. —dijeron a coro Angela y Harry.
—Se pusieron imposibles, tía —explicó Jessica—. Tuvimos que traerlos.
—Está bien, acompáñenlo un rato, pero luego regresan ustedes dos a sus cuartos sin dar tantos problemas —les ordenó a los dos pelinegros, suspirando al verlos asentir con aquella expresión de triunfo en sus rostros—. Voy a la mansión Potter. Si pasa algo aquí me avisan de inmediato.
—Sí tía. —afirmó de inmediato Jessica.
—Hola chicos. —los saludó Sirius con una gran sonrisa.
—Hola. —le saludaron los cuatro a coro, mirándolo preocupados.
—No hables tío, eso te hace daño —agregó con cariño Jessica—. Vamos a acomodarlo más sentado con los almohadones —les indicó a George y Meg, que de inmediato procedieron a hacer lo que ella decía ayudados por Christine—. Voy a avisarle a papá que ustedes dos están con tío y que lo llevaremos en unas horas allá. —les dijo a todos, pues habían escuchado lo dicho por Eowyn antes que se diesen cuenta de su presencia en la puerta.
—Gracias Jessica. —le agradeció con una gran sonrisa Angela.
—Tú no hagas esfuerzos y tú tampoco, Harry, o luego me ocuparé de ustedes.
—Sí. —fingieron aceptar los dos, cruzando los dedos en los bolsillos.
Jessica entrecerró los ojos mirándolos, suspiró y salió del cuarto.
—Christine. ¿Podrías traerme mi estrella Dunedain? —le pidió con tono meloso Angela.
—¿Para qué? —preguntó la niña cruzándose de brazos.
—Sólo quiero enseñársela a papá. —le respondió con una sonrisa de fingida inocencia.
—¿Podrías traerme también la mía? —le pidió con voz dulce Harry—. Sólo quiero mostrarle que yo también tengo una y he aprendido sobre ellas. —agregó al ver a la niña entrecerrar los ojos.
—Muy bien. Así hablarán con él de algo que le llame la atención y no lo altere —aceptó la niña dirigiéndose hacia la puerta—. Meg y George, no se dejen convencer de estos dos de hacer nada que les tengamos prohibido. —se giró a decirles antes de salir.
—Listo. —Cerró la puerta Harry con su varita, sellándola, poniéndole un bloqueo Angela con un movimiento de su mano.
—¿Chicos? —preguntó Meg.
—¿Trajiste la poción, George? —le preguntó Angela.
—Sí, pero… No sería mejor esperar al menos hasta mañana —Miró a su novia con expresión de súplica, suspirando al ver su expresión decidida—. Por favor Harry, un día más de recuperación para ustedes.
—Mañana se cumplirá la semana. Es el límite de tiempo, George —le respondió con firmeza el pelinegro—. Si no logramos estar con ellos dos a solas no podremos hacerlo.
—Está bien. —aceptó el pelirrojo reconociendo su derrota.
—¿De qué hablan? —preguntó Meg intrigada.
—Tras El Velo de la Muerte ustedes dos tomaron la poción de la liberación e hicieron el conjuro "Amor sin Límites Correspondido". Ginny y George nos han ayudado a preparar esta poción que ayudará a padrino a recuperarse mejor, al asimilar su organismo el tratamiento con mayor facilidad ayudado por tu magia, Meg. —le respondió Harry.
—Ya que el amor que existe entre los dos es puro y la magia lo ha reconocido, la magia de ambos mezclada los ayudará. Para eso deberán tomarla los dos. Luego Harry y yo les hacemos una transferencia conjunta de magia y energía. —completó Angela.
—Tío Aragorn, tía Arwen y los otros no podrían hacerla tan efectiva como nosotros, ya que no existe un lazo de sangre y afecto tan fuerte con ustedes. —explicó Harry antes que protestase la rubia.
—Luego, mientras nos recuperamos, George los guiará para que hagan el Pacto de Amor Dunedain más allá de la muerte. —les dijo con una pequeña sonrisa Angela, ampliándose su sonrisa al verlos a los dos ruborizarse.
—No haremos… nada de eso… hasta que ustedes… estén recuperados. —se opuso con el ceño fruncido Sirius, sospechando que de alguna manera eso les haría daño a su salud por la actitud del gemelo y la rubia.
—Tranquilo papá.
—Estaremos bien padrino.
—Y nos ayudará a restablecernos más pronto el saber que tú estarás bien —lo presionó Angela para convencerlo—. Con Meg a tu lado como tu prometida.
—Hija. Yo… —Aquello era realmente incómodo. "¿Dónde está Remus cuando lo necesito?"—. Yo amé mucho… a tu mamá… Sufrí mucho… cuando me… dijeron que… había muerto… Después que… huí de Azkaban… yo conocí… a Meg y…
—Y yo estoy feliz al saber que te has enamorado de nuevo de una mujer maravillosa que te ama también —le dijo con una tibia sonrisa Angela al oírlo detenerse—. Ni tío Remus ni tú supieron que tía y mamá estaban embarazadas, Jessica y yo lo sabemos. También comprendemos que quieran reconstruir sus vidas y nos hace muy felices el saber que han conseguido de nuevo el amor en Nymph y en Meg.
—Hija —musitó Sirius emocionado, correspondiendo con cariño su abrazo—. ¿Puedo abrazarte… a ti también? —le preguntó a Harry que había bajado la mirada con tristeza. Sonrió al verlo acercarse, uniéndolo al abrazo.
—Debemos darnos prisa —les recordó George al oír los pasos de la niña en el pasillo, pasando frente a la puerta—. Chris no tardará en avisarles al ver que no logra entrar.
—Tienes razón —coincidió Angela, sonriéndole agradecida mientras se separaba de su papá—. Debes tomarte la mitad de la poción primero tú y luego Meg, para cerrar lo que abrieron con la otra. Después te quedas tranquilo mientras Harry y yo les hacemos la transferencia. Luego seguirán los dos las indicaciones de George.
—En algún momento te explicaremos todo con más calma, padrino. —le aseguró con una sonrisa Harry cuando le vio las intenciones de preguntar.
Sirius tomó el vaso que le daba el pelirrojo en sus manos, suspiró y se bebió la mitad.
—Al menos… esta tiene… buen sabor. —comentó mientras le entregaba el vaso a Meg, que le sonrió con dulzura y se tomó la otra mitad.
Meg sabía que no era correcto el aceptar lo que harían los dos pelinegros sin haberse recuperado, pero la angustiaba mucho ver que Sirius seguía tan grave, además de haberle preguntado en silencio al pelirrojo mientras los tres estaban abrazados y haberlo visto asentir. Sabía que él secundaba a su novia en muchas cosas, pero también que hacía lo imposible porque no estuviese en peligro. Además estaba el hecho que la poción la había preparado Ginny y ella no secundaba a Harry en todas sus locuras. Si con su magia podía ayudar al hombre que amaba a recuperarse lo haría feliz.
Angela y Harry se tomaron de las manos con la pareja cerrando los ojos, haciéndoles una intensa transferencia de magia y energía, quedando luego muy débiles y mareados los dos. Sirius y Meg habían abierto mucho los ojos al sentir como una cálida corriente de energía los inundaba a los dos, mezclándose sus magias guiadas por aquella energía tan alta que los llenaba.
—¿Angela? ¿Harry? —preguntó muy asustado Sirius, sintiéndose mejor, preocupado al verlos tan pálidos, apoyándose en la cama—. Dijeron que estarían bien. —protestó al ver a la rubia y el pelirrojo, recostarlos en la cama individual que habían puesto allí para que Meg durmiese mientras lo cuidaba.
—Tranquilo Sirius, estarán bien. —le dijo con seguridad George, cerrando los ojos luego de indicarle por señas a Meg que se separase de ellos. Tomó una inspiración profunda y les hizo una transferencia de magia y energía, no tan fuerte para debilitarse pero lo suficiente para ayudarlos a recuperarse un poco.
—Gracias mi amor. —susurró Angela.
—Gracias amigo. Descansaremos un par de minutos mientras les explicas el Pacto. —dijo en voz alta Harry para encubrir a sus amigos con su padrino.
—Yo no voy a hacer nada… hasta que no me expliquen… con la verdad lo que ocurrirá… y sus consecuencias. —gruñó Sirius enojado.
Los tres chicos sonrieron y la rubia suspiró.
—Verás Sirius, el Pacto de Amor Dunedain más allá de la muerte es una promesa de amor verdadero que se hace con la pareja, en que la magia reconoce o no este sentimiento y la unión que se producirá luego —le explicó George sentado cerca de los pies de la cama de su suegro, muy atento a la recuperación de su prometida y su cuñado—. Si en alguno de los dos existe la más leve sombra de duda en sus corazones sobre sus sentimientos, tanto las varitas como los anillos estallarían en miles de pedazos, considerando la magia aquello como traición. Si alguno de los dos traiciona el pacto, en cualquier momento desde su invocación hasta la muerte de alguno de ellos, enfermarán ambos gravemente del corazón hasta morir.
—¿Qué? —preguntó Sirius asustado.
Remus le había dado una varita a petición suya, pequeña e incómoda para él pero al menos no se sentía tan indefenso. Sin embargo lo que le había sobresaltado no era perder la varita o el anillo que aún no tenía, sino que Meg pudiese llegar a enfermar gravemente hasta morir por su causa.
—Sin embargo con ustedes ya sabemos que la magia lo ha reconocido, así que no existe ese problema —le dijo con un tono tranquilizador el pelirrojo—. Con lo único que deben tener cuidado es con no dejarse controlar por Maldición Imperius o manipular de ninguna manera para que los separen. Ése es el riesgo estando en guerra —Al verlos a los dos asentir continuó—. El procedimiento es muy sencillo. Los dos saben que entre los magos generalmente el hombre ofrece la varita a su prometida cuando le propone matrimonio.
—Sí… —dijo Sirius nervioso, con tono de esperar que continuase.
—En el Pacto los dos lo hacen. Tú se la ofrecerás a Meg y ella a ti. Luego que cada uno tome la varita del otro las usarán para convocar sus patronus. Sus protectores les saludarán y luego a su pareja, los anillos desaparecerán de la cajita y aparecerán en sus manos, uniendo la magia el lazo de amor, sellando la unión de las magias de los dos.
—¿Siempre se mezclan las magias cuando se hace ese Pacto? —preguntó Meg mirando al pelirrojo fijamente, sin poder preguntar más abiertamente por Sirius.
—Sólo cuando los dos están de acuerdo y beben las pociones que ustedes han tomado —le respondió el pelirrojo, aclarándole su duda al decir lo siguiente—. Sin embargo una vez hecho el Pacto, si de común acuerdo se toman las pociones y se permite fluir la energía, la mezcla se dará de inmediato, porque el Pacto ya ha sido hecho y la magia lo ha reconocido.
Meg de inmediato miró interrogante a Angela, suspirando al verla sonreír y asentir al igual que al pelinegro.
—Harry, mi impulsivo ahijado… ¿Tú ya hiciste este… Pacto con Ginny? —preguntó Sirius, que interpretó eso de las expresiones de los chicos.
—Sí padrino, pero no se lo hemos dicho a sus papás, tío Remus o los de La Orden del Fénix para no preocuparlos. —le respondió con sinceridad.
En realidad ya las cinco parejas del E.D.H. lo habían hecho, tomando las pociones tanto las cuatro que no lo habían hecho antes como Angela y George, en la casa del Valle de Godric un mes después de establecer el Fidelius con Christine, en una emotiva ceremonia de los doce con una Angela ya totalmente recuperada, justo dos días antes de ir por Sirius al Ministerio, escapados a medianoche de Grimmauld, como una forma de reafirmarse en que todo saldría bien ese día.
George había ayudado a Harry para que Angela reaccionase tras El Velo de la Muerte. Luego Jessica le había tenido que dar a escondidas de los demás pociones plateada y dorada los tres días que los siete tomaban la cristalina.
—Van a matar… a Molly del susto… cuando se entere. —comentó Sirius con el ceño fruncido.
Los tres chicos suspiraron. Cuando la señora Weasley supiese lo que habían hecho sus cuatro hijos menores… un ataque al corazón era lo más probable. Claro que luego se recuperaría para reñirlos hasta quedar sin voz.
—Yo no tengo anillos… de compromiso para que… hagamos el pacto, Meg. —le dijo en tono de disculpa Sirius, tomándole la mano con cariño.
—Eso no es problema, padrino. Angela y yo se los regalamos como futuros padrinos de boda. —afirmó con una amplia sonrisa Harry, mientras George les hacía llegar flotando con su varita una cajita pequeña de color rojo, con un león dorado grabado en su tapa superior.
Sirius la agarró con el pulso tembloroso, abriéndola con cuidado. Al ver los anillos dorados con el halcón de él y la lechuza de ella, sus patronus, grabados a cada lado de sus nombres en medio de los cuales se veían dos varitas cruzadas, sintió que el corazón se le aceleraba.
—¿Cómo supieron cuál era mi patronus? —preguntó Meg que intentaba coordinar sus ideas, totalmente ruborizada, con sus ojos brillando de felicidad mientras una lágrima bajaba por su mejilla.
—¿Y cómo supieron cuál era el mío? —preguntó también desconcertado Sirius—. Que yo recuerde… ustedes nunca lo vieron.
—Trabajo de investigación. —dijo con picardía Angela.
—Sí, somos buenos para hacer preguntas. —completó Harry con una expresión similar.
—Nymph. —afirmó Meg.
—Remus. —gruñó Sirius.
Al ver a los tres chicos sonreír suspiraron y denegaron, mirando de nuevo los anillos para luego mirarse a los ojos, enamorados, felices, nerviosos.
—Meg, yo… ¡Rayos! Yo hubiese querido pedirte… la mano de manera adecuada… En una cena romántica… a la luz de las velas… con música de fondo… borrando con mis besos… cada una de las tonterías… que te dije aquél día… No así. —finalizó Sirius cabizbajo.
Los tres chicos se miraron sonrientes, sacando sus varitas apuntaron hacia el lugar en que estaban los dos e hicieron aparecer una pequeña mesa flotante con dos rosas rojas en una copa, dos copas más con agua fría, una pequeña porción de flan en forma de corazón, varias velas flotando alrededor de ellos, vestido y traje de gala para cada uno, apareciendo también Lily, Ares, Rea y Orión que empezaron a entonar un dulce cántico.
Meg y Sirius se pusieron rojos como tomates al ver lo que los chicos habían preparado para ellos. Él apuntó entonces con su varita a un biombo que había plegado en un lado de su cuarto, que Meg había llevado para cambiarse mientras lo vigilaba, moviéndolo de tal manera que quedasen aislados Meg y él de los chicos. Los dos denegaron al oír la risilla de ellos al otro lado.
Sirius tragó saliva mirando a la rubia que lo volvía loco. La acercó con timidez a él con sus manos, una en la cintura y otra en su cuello, besándola con dulzura en su frente, su nariz, su quijada, sus mejillas, disculpándose entre beso y beso por cada una de las cosas que le había dicho aquél día en la biblioteca.
—Sirius —lo detuvo suavemente Meg—. Yo te lo he perdonado todo porque te amo. —le aseguró en voz baja y seductora, uniendo seguidamente sus labios con los suyos en un beso apasionado.
—Chicos, ya tengo las estrellas —se oyó la voz de la niña en la puerta—. Me demoré porque tienen mucho desorden en sus baúles. Ábreme la puerta, George.
Al oír a la niña Meg y Sirius se separaron de inmediato, ruborizados, sonriendo pícaramente los dos al verse dándose en seguido un pequeño beso. Sirius quitó el biombo con su varita, mientras Meg desaparecía todo lo que los chicos habían traído para ellos.
—Te abro en un ratito, Chris. —le respondió George, haciéndoles señas que se apresurasen.
—¡George Weasley abre ahora mismo! —ordenó la niña enojada.
—Estoy cambiando a Sirius. Espera un poco.
—Esa mentira es muy mala estando Angela allí.
—Está esperando en el baño a que terminemos de cambiarlo.
—Si no abren ahora mismo voy a buscar a tío Aragorn, porque el bloqueo es de Angela. —amenazó la niña enojada.
—Por favor Chris, sólo espera unos minutos. —le pidió Angela.
George le abrió la puerta con su varita, haciéndole señas que entrase. Apenas la niña entró, con su varita afuera en la mano derecha y las dos estrellas acomodadas entre su brazo izquierdo y su costado mirándolos con el ceño fruncido, Harry selló de nuevo el cuarto.
—¿Por qué están ustedes tres tan pálidos? —preguntó enojada mirando a los chicos—. ¡Tío Sirius! —exclamó feliz al verlo con mejor semblante, distrayéndose por un momento, lo que fue aprovechado por George para desarmarla mientras Angela y Harry atraían sus estrellas hacia ellos.
—Perdona Chris, pero nos preocupaba mucho papá. —se disculpó Angela.
—Te lo contaremos todo luego que Meg y mi padrino hagan el Pacto. —le aseguró Harry intentando convencerla con su mirada.
—Así me ayudarás con ellos para que se recuperen antes que lleguen los demás. —le pidió en tono meloso George.
Christine se cruzó de brazos enfurruñada pero asintió.
Cuando los dos anillos desaparecieron de la cajita y aparecieron en las manos de Meg y Sirius, brillando con una luz blanca que envolvió las manos unidas de los dos, ésta se extendió alrededor de la pareja mezclada con finos hilos de diversos colores, principalmente plateado, dorado y violeta, enlazándolos, desapareciendo en un par de minutos todo, dejando ver a los cuatro chicos que los dos estaban fundidos en un beso.
La niña los miraba con los ojos muy abiertos y totalmente roja. George se apresuró a ir junto a ella y taparle los ojos mientras los dos pelinegros carraspeaban y la pareja se separaba totalmente ruborizada. George le explicó entonces a la niña lo que habían hecho entregándole su varita. La niña denegaba y gruñía mientras lo oía. Se acercó a los dos chicos pelinegros enojada, los evaluó con su varita y suspiró.
—Por eso querían las estrellas, tanto para tenerme fuera un buen rato como para ayudarlos ahora —afirmó. Suspiró de nuevo al verlos asentir con pose de niños regañados—. Cambiaré de lugares con Ginny para que los ayude. Es mejor que yo en esto y ella no los regañará como Jessica —Al verlos sonreír con alegría entrecerró los ojos—. No los delataré porque sé lo preocupados que estaban por tío Sirius, pero a la menor queja de él con sus pociones los delataré a ustedes dos con lo que hicieron.
—Pero eso no es justo. —protestó Angela.
—Lo sé. —afirmó la niña encogiéndose de hombros y saliendo del cuarto.
—Si me explican lo que hicieron me tomo las pociones sin protestar. —dijo con picardía Sirius cuando los dos chicos se giraron a mirarlo.
—Esa enana nos ha puesto entre la espada y la pared. —se quejó Harry.
—¿Por qué la dejaste entrar? —protestó Angela en dirección a George.
—Porque si hubiese llegado con Aragorn hubiesen sido castigados los dos sin excusas. —se defendió el pelirrojo.
—Cierto. —gruñeron Angela y Harry en voz baja.
—Estoy esperando la explicación, chicos. —les recordó Sirius.
Cuando llegó Ginny encontró a los dos pelinegros dándole una explicación superficial a Sirius de los doce dones, lo que significaba una transferencia de magia y energía y lo que habían hecho, mientras él los miraba con el ceño fruncido tomado de la mano de Meg.
—¿Tú sabías lo que iban a hacer y sus consecuencias para ellos, Meg? —le preguntó enojado.
—Sí mi amor, pero estaba tan preocupada como ellos por tu salud y sabía que George los podía ayudar. —le respondió con un tono suave y dulce, intentando calmarlo.
—¿Y aún así les dijiste cuál era mi estado de salud? Hubiese preferido mil veces seguir mal y no que mi hija y mi ahijado se debilitasen poniendo en peligro la salud de ellos. —le espetó enojado, soltándole la mano.
—Nosotros no podíamos consentir que siguieses mal pudiendo hacer algo. —explotó enojada Angela.
—Tú tienes que aprender a ser más obediente —la regañó Sirius—. Si entiendo bien, te habían dicho que no debías hacer nada como eso hasta no recuperarte.
—Pues lo lamento mucho, papá, pero si está tu salud o la de alguien que quiero en riesgo seré desobediente una y otra vez. —lo retó enojada, sentada en la cama, mientras George intentaba contenerla.
—Igual yo, padrino —la apoyó Harry, molesto al ver a la rubia sollozando—. Y no tienes derecho a enojarte con Meg porque ella no sabía que nosotros cuatro habíamos planeado ayudarte así hoy. Se enteró y nos siguió con el plan justo ahora, después de verte con una crisis tan seria.
—Eso sólo demuestra que es tan impulsiva e irresponsable como ustedes, porque lo que debió hacer fue impedirles… —empezó a regañarlos furioso Sirius.
—Ella lo único que es, papá, es una mujer maravillosa que te ama mucho. —se levantó Angela interrumpiéndolo enojadísima, respirando irregular.
—Además de conocernos bien y saber que no nos detendríamos hasta ayudarte a recuperarte. —siguió Harry también de pie, con los puños apretados.
—Pues eso sólo demuestra que los Dursley y los Brown no les enseñaron a ustedes dos a respetar lo que les dicen los adultos por su propio bien. —explotó Sirius, intentando ponerse de pie sin lograrlo.
—YA BASTA LOS TRES —gritó Ginny enojada—. Se están alterando mucho y eso les hace daño. Meg y George, ayúdenme a trasladar la cama pequeña cerca de la de Sirius para acomodarlos a los tres con las estrellas.
—Olvídalo Ginny. —salió Angela al pasillo llorando.
—Espero que aprendas a medir lo que le dices, padrino. —dijo muy enojado Harry, saliendo tras ella.
—¡Angela! —Meg salió corriendo tras los dos, al igual que George y Ginny.
Los encontraron a los dos en el pasillo, recostados a la pared abrazados, con Angela empezando a presentar los síntomas de una crisis. Los llevaron de inmediato al cuarto contiguo dónde descansaba la chica de pelo negro, dándole un vaso de poción para los pulmones y acostándola para que descansase, al igual que a Harry cuando vieron más tranquila a la chica. Ginny regresó a atender a Sirius por petición de los dos mientras le estaban dando la poción a Angela, para que se quedasen tranquilos.
—Ginny… los chicos… —intentó preguntarle Sirius, apoyado en la puerta, a la que había logrado llegar con mucha dificultad.
—No te preocupes. George y Meg los cuidan en este momento, estarán bien. —le respondió con tono un poco seco, mientras hacía flotar hasta allí la silla que usaban para trasladarlo pues sabía que no podría con él.
—Por favor… llévame… con ellos. —le pidió luego que lo acomodase en la silla.
—No. Ellos necesitan calmarse y tú también. —se negó la menuda pelirroja, haciéndolo flotar con su varita de regreso a la cama.
—Angela… respiraba… mal… Por… favor.
—Igual que tú, pero los dos mejorarán si se calman. —replicó con el ceño fruncido.
—Me pidieron que viniera a ayudarte con él. —les explicó muy serio George, ayudándola a pasarlo de la silla a la cama.
—Por… favor… Quiero… ir… —intentó el hombre de ojos grises una vez más.
—Calma Sirius. Angela ya estaba superando su problema respiratorio cuando me vine y Harry estará bien también —lo interrumpió George hablándole en un tono sereno—. Ahora debes tranquilizarte y descansar para que te recuperes. Más tarde, cuando estén mejor, se reunirán de nuevo y hablarán con más calma.
—Yo no… debí…
—Tranquilo. Si no te calmas se preocuparán y no lograrán descansar.
—No les… digan… que yo…
—Aunque no se los digamos Angela lo sabrá —le dijo Ginny, suspirando al ver su expresión interrogante—. Debido al proceso en el que nos involucró la señora Angelica, del cual Angela es el centro, ella nos percibe a los veintitrés físicamente, mentalmente y anímicamente.
—Fue ella quien le dijo a Harry que tú estabas mal, Sirius —le aclaró George—. Y entre los dos nos convencieron de ayudarlos.
—Yo creí… que Meg… —Cerró los ojos y denegó.
—Ella no les hubiese dicho, Sirius —le reprochó Ginny con tono molesto—. Sabe muy bien lo impulsivos que son los dos y los quiere mucho.
—Debo… pedirle… perdón.
—Por ahora cálmate y descansa para que Angela no esté tensa y pueda descansar también. Ya luego hablarán y solucionarán todo. —le aconsejó en tono conciliador George, sonriendo al verlo asentir y cerrar los ojos.
Ginny activó la estrella de Angela para él y salió del cuarto con la de su prometido, para ayudar con ella a la recuperación de los dos chicos de pelo negro en el otro cuarto.
—George. —lo llamó el hombre en cama casi diez minutos después, abriendo de nuevo sus ojos grises.
—¿Sí Sirius?
—¿Por qué Angela… se puso tan… mal cuando… mencioné a… los Brown? —le preguntó mirándolo intranquilo, pues luego de analizar lo ocurrido se dio cuenta de ese detalle. Fue cuando él los mencionó que ella empezó a llorar.
—La señora Angelica hizo la cesión de su energía y dones cuando Angela y Jessica tenían seis meses —le empezó a responder George con cuidado, analizando lo que le diría para no alterarlo—. Ella les había pedido a los Brown que les enseñasen a las dos el cariño por sus padres y ellos siempre lo hicieron. Las chicas siempre les dijeron tíos, nunca mamá o papá. Les dieron afecto y calor de hogar. Lo que dijiste le dolió.
—En cuanto… me recupere… le pediré a… Remus que… me acompañe… a hablar… con ellos. —afirmó Sirius decidido antes de quedarse adormilado.
George suspiró al oírlo y denegó levemente. El carácter explosivo de su prometida y su suegro empezaba a dar problemas sin que se hubiesen recuperado.
Una hora más tarde entraban Nymph y Remus felices al cuarto de Sirius, tomados de la mano. Miraron extrañados a George, buscando a Meg con la mirada.
—Fue a acompañar un ratito a Angela por petición de Sirius. —les dijo en voz baja el pelirrojo, suspirando al ver que su suegro se movía intranquilo y abría los ojos.
—Hola primito. ¿Cómo te sientes? —lo saludó Nymph con una sonrisa contagiosa.
—Hola. Mucho mejor —le respondió con una leve sonrisa—. ¿Qué se traen ustedes dos que están tan contentos? —les preguntó intrigado.
—Cuando lleguemos a la mansión Potter lo sabrás, amigo —le dijo con picardía y una gran expresión de felicidad Remus, sonriendo ampliamente y palmeando suavemente en el brazo a su amigo—. George, por favor ve a decirle a Meg que venga y a los chicos que se arreglen porque nos vamos a la mansión Potter. Eowyn vendrá a examinarlos a los cuatro en unos minutos. Arwen y Aragorn están con Faramir.
—Voy. Les alegrará saber que ya lo llevamos allá. —afirmó con una gran sonrisa, saliendo del cuarto.
—Se te ve muy buen semblante, primito. La charla con los chicos te ha sentado muy bien —le dijo con una gran sonrisa Nymph, extrañándose al ver que se entristecía y les esquivaba la mirada—. ¿Qué es esto? —preguntó con curiosidad al notar el anillo en su mano.
—Los chicos están muy contentos. —entró diciendo en ese momento Meg. Se paralizó al ver a Remus mirándole la mano, escondiéndola tras ella como una chiquilla atrapada en una travesura.
—¿Anillos de compromiso? —preguntó aturdida Nymph—. ¿De dónde los sacaron?
—Pues… eh… —balbuceó Meg.
—Más importante aún. ¿Cuándo intercambiaron anillos de compromiso y por qué no nos dijeron? —preguntó Remus.
—Nosotros… pues… —intentaba armar una idea coherente Sirius.
—No tenían ningún anillo cuando nos fuimos hace dos horas —afirmó Remus mirándolos a los dos alternativamente—. Así que esto tuvo que ocurrir mientras estábamos arreglando el cuarto de Sirius, luego que Eowyn se marchó de aquí pues ella no nos dijo nada.
—Angela y Harry nos estuvieron preguntando sus patronus —comentó Nymph que miraba analíticamente el anillo en la mano de su primo que sostenía entre las suyas—. Y ya que Meg no sabía el de Sirius estos anillos es cosa de ellos.
—¿Les dijeron a los chicos que se iban a comprometer antes que a nosotros? —preguntó dolido Remus.
—No tío. Se podría decir que Angela y yo les dimos un empujoncito hace un rato para que se comprometieran. —respondió Harry que acababa de llegar y estaba parado tras Meg, apoyado en George.
—Y les regalamos los anillos de boda como sus futuros padrinos de matrimonio. Porque suponemos que ustedes lo serán de mis hermanitos. —completó Angela apoyada en Ginny.
Meg y Sirius se ruborizaron totalmente.
—¿Un pequeño empujoncito? —preguntó con picardía Remus—. Más bien diría de sus caras que les dieron un fuerte empujón por las expresiones de todos.
El rubor de la pareja pasó a ser rojo encendido mientras los dos pelinegros sonreían abiertamente, al igual que los dos pelirrojos.
—Estupendo, así que tenemos dos noticias fabulosas que celebrar en cuanto lleguemos a la mansión Potter. —dijo feliz Nymph.
—Ustedes vayan a organizarse, truhanes, mientras nosotros preparamos a Sirius y aprovechamos para interrogar a la feliz pareja. —les dijo contento Remus a los pelinegros.
—Sí tío. —le respondieron alegres, saliendo hacia sus cuartos con sus cuñados.
—Tú no harás ningún esfuerzo —riñó Remus a Nymph al ver que intentaría ayudarlo a incorporar a Sirius—. Organízale las cosas mientras Meg me ayuda. Te había advertido que tuvieses cuidado con ellos amigo. —le dijo en voz baja, luego que su prometida se alejase y justo antes que llegase la rubia junto a ellos.
—¿Por qué Nymph no te podía ayudar? —preguntó Meg—. No me miren así, estoy feliz de ayudar a cambiar los vendajes a mi prometido —dijo con una sonrisa pícara, besándolo en la mejilla, susurrándole al oído que todo estaba perdonado—. Pero sospecho que tiene que ver con esa enorme felicidad con la que les he visto desde que llegue al cuarto.
Ahora fueron Nymph y Remus los que se ruborizaron, saliéndosele a la metamórfaga toda la ropa del enfermo del baúl, por un movimiento torpe con su varita.
—¿Me harán tío ya? —les preguntó Sirius, sonriendo abiertamente al verlos ponerse rojos como tomates y el pelo de su prima adquiriendo una extraña coloración mezcla de mechones tonos rosa y azul pastel—. ¡Felicitaciones! —gritó a coro con Meg.
—Shhh —les pidió Remus—. Queremos darles la sorpresa a todos. Sólo lo sabía Eowyn. —finalizó abatido porque se hubiese revelado su secreto.
—No te pongas así, mi amor. Sólo se han enterado con unos minutos de antelación —se abrazó Nymph a él—. Además nosotros nos hemos enterado antes que Angela y Harry los empujaron al agua.
—Oye. —se quejó Sirius.
—Tienes razón. —sonrió con picardía Remus.
Meg había cambiado su ropa y la de Sirius por la de gala que les habían traído los chicos antes, al haberse equivocado de movimiento con su varita por los nervios.
—Y con traje de gala y todo por lo que veo. —añadió pícara Nymph.
Meg hizo otro movimiento nervioso con su varita, intentando deshacer lo hecho, pero lo que hizo fue aparecer la mesa con el flan, las copas y las rosas, además de las velas flotando.
—Tengo la impresión que les interrumpimos una velada especial —dijo con un brillo malicioso Remus—. Vamos a ver a los chicos y distraer a los demás un rato. —sugirió tendiéndole la mano a Nymph.
—No… Nosotros… —Meg no lograba armar una idea coherente, roja como un tomate.
—Te lo agradezco "lunático". —dijo con picardía Sirius, tomándole la mano a su prometida y sonriendo ampliamente.
—Sólo ten cuidado con el paciente, amiga. Ya cuando se recupere podrán divertirse mejor. —les dijo Nymph en tono travieso, saliendo corriendo del cuarto con su pareja de la mano, esquivando los dos por muy poco las almohadas lanzadas por la rubia y el pelinegro.
Sirius selló la puerta del cuarto con su varita y se giró a mirar a Meg, que se mordía el labio inferior nerviosa.
—Al parecer soy tan torpe que me pasaré todo el tiempo pidiéndote perdón —le dijo Sirius en tono de disculpa, con sus ojos grises muy tristes mirando los azules de ella que esquivaban los suyos, mirando su varita y lo que había hecho aparecer con ella—. Perdóname Meg, no debí dudar que protegerías a los chicos siempre y no harías nada que los perjudicase. No sé que relación tienen entre ustedes, pero te conozco lo suficiente para saber que siempre intentas protegernos a los demás —La acercó a él con su mano izquierda y cuando estaba ya sentada a su lado le tomó el mentón con suavidad con la derecha para que lo mirase.
»Perdóname mi amor, estoy un poco confundido y bastante nervioso. Hay muchas cosas que no entiendo, todo lo que ha ocurrido mientras estuve fuera, además de enterarme que tengo una hija… —Se perdió en su mirada azul clara y se le escapó algo que no hubiese dicho de otra manera—. Estoy asustado con todo esto. Lo único que evita que me vuelva loco eres tú.
—Te amo. Siempre estaré a tu lado. Todo estará bien porque nada nos va a separar. —le dijo Meg con infinita ternura, acariciándole el rostro, fundiéndose en seguida con él en un beso, inicialmente dulce, luego apasionado.
Media hora más tarde bajaba Meg a la salita haciendo flotar con su varita la silla de Sirius, mientras él llevaba flotando al frente su baúl con su varita. Allí los esperaban, jugando al snap explosivo, Angela, Ginny, Nymph, Arwen, Eowyn, Harry, George, Remus, Aragorn y Faramir, haciendo bromas y riendo suavemente.
—Hola Sirius. Hola Meg. Felicitaciones a la feliz pareja. —saludó Faramir sonriendo pícaramente.
—Hola Faramir. Gracias. —le agradeció un poco incómodo Sirius.
—Gracias amigo. ¿Quién te lo dijo? —preguntó Meg.
Angela levantó la mano con expresión culpable.
—Estaba demasiado contenta y terminó confesando. —contó Faramir entre risas.
—Has sido la mejor medicina para Sirius —le dijo con expresión de sorpresa Eowyn a Meg, luego de evaluarlo con su varita—. Su compromiso lo ha ayudado a recuperarse de manera asombrosa.
Arwen y Aragorn en seguida fruncieron el ceño y miraron a los cuatro chicos, que rápidamente evadieron sus miradas.
—¿En qué momento te escapaste de casa de tus papás a preparar la poción, Ginny? —le preguntó Aragorn.
—Yo no sé de que poc… —intentó la pelirroja, cada vez más lento, hasta que se calló y bajó la mirada—. Luego que todos se acostaron a dormir en las carpas.
—Hace dos días, después del interrogatorio de Scrimgeour, nos quedamos en casa de Molly en unas carpas en el jardín para no movilizarte esa noche. —respondió Arwen la pregunta muda de Sirius.
—¿Dos días? —preguntó espantado.
—Tuviste una fuerte recaída por culpa del interrogatorio. —le contó Meg con tono enojado.
—Del cual me salve de continuar por Aragorn. Gracias, tanto por lo que hiciste como por lo que dijiste ese día. —le agradeció Sirius mirándolo nervioso.
—No tienes nada que agradecer amigo. No permitiré que te hagan daño mientras pueda evitarlo —le aseguró con una gran sonrisa el aludido—. En cuanto a ustedes cuatro… —Hizo una pausa para asustarlos un poco, mirando a los chicos con el ceño fruncido, sonriendo ampliamente luego de verlos tragar saliva— Yo hubiese hecho lo mismo por una persona a quien quiero tanto como ustedes lo quieren a él.
—¡Aragorn! —exclamó en tono de regaño Arwen, mientras los cuatro chicos soltaban la tensión.
—¿Me quieren explicar de qué hablan? —preguntó Remus.
Un leve quejido se escapó de los labios de los chicos, mientras una sonrisa traviesa cruzaba el rostro de Arwen y Aragorn los miraba casi con compasión. El rostro del licántropo se ponía cada vez más severo a medida que ella explicaba lo que habían hecho los chicos, al igual que el de Eowyn. Nymph y Faramir se miraron y suspiraron, mientras Meg estaba cabizbaja al igual que los chicos.
—Sin varitas ustedes cuatro hasta nuevo aviso —sentenció Remus con firmeza cuando terminó de escuchar la explicación, tendiendo su mano derecha hacia ellos—. Entiendo perfectamente que querían ayudar a Sirius, al igual que Aragorn, pero debieron hablarlo con nosotros y tal vez hubiésemos podido ayudarlos entre todos y ustedes haberse debilitado menos. —afirmó en tono de regaño. Al verlos asentir a los cuatro con expresión culpable suspiró.
»Supongo que confiaban en que Ginny los ayudaría luego —Una vez más los cuatro asintieron y él denegó. Vio la expresión en el rostro de su amigo Merodeador, pidiéndole que perdonase a los chicos, y rodó los ojos—. Tomen sus varitas y vamos ya a la mansión Potter —Al verlos sonreír felices los sentenció de inmediato—. Pero si hacen algo más a mis espaldas los dejaré sin varitas por una semana y hablaré con el profesor Mithrandir.
Al ver a Angela denegar asustada los otros tres tragaron saliva y denegaron también.
Eowyn frunció el ceño y denegó. Hizo flotar la silla de su esposo hacia la puerta de la casa, atravesándola con él flotando, sobresaltando a Sirius al ver aquello.
—Hemos hecho un túnel mágico directo de la sala de esta casa a la otra, para transportarlos a ustedes cuatro sin sacarlos a correr peligro en la calle ni usar la red flú —le explicó Aragorn, colocándole una mano sobre el hombro para transmitirle un poco de energía y tranquilizarlo con el tono de su voz—. No quisimos usar trasladadores al estilo Dunedain por tu estado de salud y para no debilitarnos, ya que pensábamos hacerte una transferencia conjunta de magia y energía al llegar a la casa —le explicó. Al ver que miraba a los chicos con el ceño fruncido le aclaró—: Ellos no lo sabían, amigo, no queríamos que quisiesen intervenir.
—Pero si nos lo hubiesen dicho igual habríamos hecho lo que habíamos pensado, tío Aragorn, porque era más efectivo para la salud de papá. —le aseguró Angela al oír su tono un poco culpable al decir aquello.
—Además que así podremos celebrar todos el compromiso de Meg y Sirius hoy, con el traslado, y no después de varios años como suele ocurrir con los Merodeadores. —comentó en tono bromista Harry.
—Y con sus hijos. —añadió Ginny mirando a su novio, sonriendo con picardía al verlo sonrojarse.
—Felicitaciones de corazón a los dos —les transmitió su sentir Aragorn palmeando levemente el hombro de Sirius y apretándole luego levemente la mano a Meg—. Vamos pequeña. Lleva tú el baúl de ella y el de Harry, George.
—Aragorn aprendió a apreciarte a través de las cartas de Angelica —le contó Arwen a Sirius luego que su esposo, su sobrina y el pelirrojo desapareciesen, arrodillada frente a él—. Luego a través de las palabras de Angela y Jessica creyó en tu inocencia, pero no teníamos pruebas para venir en tu ayuda y el profesor Dumbledore no confiaba en ti. Nadie más lo sabe, ni siquiera Eowyn y Faramir, pero nosotros dos estuvimos buscando esas pruebas desde tres años antes de venir aquí, por la insistencia de las chicas sobre tu inocencia.
—Las que nos ayudaron a presentar en agosto. —comentó Harry en tono de haber entendido algo que lo intrigaba.
—Sí —asintió ella con una sonrisa—. Aragorn y yo no sabíamos entonces que ellas eran nuestras sobrinas, pero les teníamos mucho cariño y queríamos ayudarlas con eso —Al ver la expresión interrogante en los ojos grises se mordió levemente el labio inferior—. Luego te explicaremos las cosas con más calma, Sirius, en la medida que mejores.
»Sólo quiero decirte con esto que te apreciamos de corazón y, aunque nos dolerá siempre el haber perdido a nuestros hermanos, estamos tan felices como Jessica y Angela al saber que Remus y tú han encontrado de nuevo el amor. Estoy segura que con Faramir ocurre igual. A Eowyn le tomará un par de días más recuperarse de lo que nos contaron sobre las gemelas, pero te aprecia también.
»A Meg le hemos tomado mucho cariño desde que compartimos con ella y deseamos que los dos sean muy felices —finalizó dándole un cariñoso beso en la mejilla a Sirius y un fuerte abrazo a Meg—. Lleva tú el baúl de Sirius, por favor. —le pidió a Ginny mientras hacía flotar a Harry.
—¿Por qué los Brown no les dijeron que ellos eran sus tíos cuando las pusieron en contacto con ellos? —le preguntó Sirius a Meg apenas desaparecer ellos tres a través de la puerta.
—Porque… ellos… no… Los Brown no las llevaron con ellos. —le respondió Meg, titubeando inicialmente, preocupada luego.
—Meg, por favor, dime la verdad. ¿Angela y Jessica se fugaron para ir con ellos? —preguntó preocupado.
—No, no exactamente —Suspiró al verlo fruncir el ceño—. Los papás de Chris & Chris murieron hace años. De hecho los niños no los recuerdan porque eran muy pequeños cuando ellos fallecieron —Al ver la expresión de sorpresa y angustia de Sirius, con su respiración empezando a agitarse, se preocupó mucho—. Por favor, cálmate mi amor —le pidió mientras le hacía una pequeña transferencia de energía con las manos sobre su pecho, arrodillada frente a él—. Los cuatro están bien, te quieren mucho y se entristecerán si ven que recaes, por favor.
—¿Cuándo murieron? ¿Con quién…?
—Shhh, te prometo que te lo contaré todo cuando estés mejor, por favor —Al verlo asentir con expresión de resignación sonrió, sacó de su bolsillo un trozo de pergamino y se lo tendió. Allí aparecía la dirección de la mansión de los Potter con la letra del niño—. Ahora despídete de la casa de tus antepasados, cariño. De tu mamá si quieres despedirte tendrás que venir luego con tu hija, para que saque su lienzo del fondo del ático.
—No tengo ninguna necesidad de decir adiós a esa vieja banshee. Si es por mí, Angela debería haber reducido a cenizas su retrato —replicó con tono enojado Sirius, sonriendo pícaramente un minuto después—. Tal vez después de todo si vuelva luego aquí de la mano de mi hija y la tuya, con mi ahijado, para que entre los cuatro destruyamos su cuadro y el odioso árbol genealógico, así como ya Angela eliminó las cabezas disecadas de los elfos.
Meg sonrió ampliamente, le dio un tierno beso y se levantó, desplazándose hasta quedar tras su silla. Le apuntó con su varita y la hizo flotar, dirigiéndose con él hacia el túnel con paso seguro. Un segundo antes de aparentemente tocar la puerta con su pie Sirius retuvo inconscientemente el aire, soltándolo cuando se vio rodeado de un espacio negro con pequeñas flamitas flotando alrededor, iluminando tenuemente un corto pasillo, al salir del cual se vio en la sala del #12 Deercourage Place, la conocida para él mansión de los Potter.
Suspiró al sentir una ola de recuerdos invadiéndole. Sonrió para tranquilizar a todos, especialmente a su hija, su ahijado y su sobrina que lo miraban con mucha expectación. Era evidente que habían cambiado la ubicación de muebles y los cuadros que había allí, además del color de las paredes, en un intento porque el choque emocional fuese menos fuerte. Pero él había compartido muchas cosas allí con quien había sido su esposa y sus amigos como para no recordar todas aquellas vivencias de su juventud por unos cuantos cambios. Sin embargo la gran mayoría eran dichosas y él les agradecía a todos en el alma los esfuerzos que estaban haciendo por ayudarlo a recuperarse.
Vio a un anciano y dos señores de pie junto a Minerva. Inclinó levemente la cabeza en un saludo respetuoso, sospechando quiénes eran.
—Sirius, te presento a los profesores Galadriel, Elrond y Mithrandir. —se acercó la directora con ellos hasta su silla y les presentó con tono respetuoso.
—Mucho gusto en conocerle. —le dijo la Dunedain con una sonrisa amable, mientras le tendía la mano.
—El gusto es mío, señora. —le respondió respetuoso, tomándola con delicadeza en la suya y correspondiendo a su sonrisa.
—Mucho gusto señor Black. —le tendió la mano el Dunedain con tono y expresión seria.
—El gusto es mío, señor White. —le respondió serio y respetuoso, poniéndose un poco nervioso al ver que arqueaba la ceja derecha al oír el apellido con el que le había saludado. Soltó la tensión al ver que cambiaba su expresión interrogante por una respetuosa con una incipiente sonrisa, estrechándole de forma segura y amigable la mano.
—Es un placer conocerle por fin hijo. —le dijo con amabilidad el anciano.
—Gracias señor Mithrandir. —le respondió un poco confundido, sintiendo que le apretaba levemente la mano.
—Veo que te han permitido tener una varita y detecto que ya la has usado. Eso no debió ser así que tendré que retenerla por al menos una semana —dijo en tono de regaño, quitándole con habilidad la varita a un desconcertado Merodeador—. Comencemos con la celebración por su rescate exitoso —agregó con tono alegre en voz alta— y las dos buenas noticias que tienen para darnos. —finalizó en voz baja.
—¿Qué? —preguntó Meg desconcertada.
—¿Cómo supo? —interrogó asombrado Remus, viendo que el anciano desplegaba dos pancartas medianas, vacías, debajo de la grande que decía "Bienvenido de regreso Sirius Orión Black Black".
—Ese es mi secreto, señor Lupin. —le respondió en voz baja el anciano, guiñándole un ojo con expresión traviesa, alejándose en dirección a los dos señores Dunedains y la directora que lo miraban interrogantes.
—Tenemos dos buenas noticias que darles, las cuales queremos celebrar hoy con todos —logró decir Remus luego de un par de minutos, al recuperarse de la impresión—. Nymph y yo ya hemos enviado nuestra solicitud al ave del paraíso, por lo que en aproximadamente siete meses seremos padres. —contó con una gran sonrisa, abrazado a ella por la cintura.
—SÍII. —gritaron a coro los gemelos Brown, corriendo a abrazarse a ellos felices.
Jessica caminó hacia ellos lentamente primero, aturdida por la noticia, abalanzándose luego a abrazarlos feliz con las lágrimas escapando de su rostro, sin lograr articular algo coherente durante varios minutos.
—¿Te puedo decir mamá? —le preguntó finalmente a la metamórfaga.
—Claro que sí cariño —le respondió Nymph entre lágrimas, muy emocionada—. ¿Te puedo decir yo hija?
—Síii.
Eowyn bajó la mirada, sin poder evitar sentirse un poco triste al oír aquello, sonriendo agradecida a su esposo al sentir como le apretaba levemente la mano con cariño. Respiró profundamente y sonrió en dirección a su sobrina y sus amigos. Los apreciaba a los dos y la quería mucho a ella. Además sabía que Jennifer estaría feliz si viese a su hija tan contenta, abrazada por dos personas que le habían dado tanto cariño y apoyo desde que estaba con ellos.
—Desde hoy, la que será mi esposa en un mes como habíamos previsto, no volverá a participar en ninguna batalla —dijo muy serio Remus, mirándola con expresión de no admitir réplica mientras ella pasaba de una obvia intención de protestar a cara de molestia.
»Prestará una valiosa cooperación en la recuperación de nuestro amigo Sirius, interrogará a quienes consideremos prudente y desarrollará estrategias. Además de los entrenamientos con los señores, ayudarme con los chicos y… y ser la mujer más preciosa que puedan mirar mis ojos, cuidando de la salud de nuestro bebe desde que está aquí, en su hermoso cuerpo —finalizó con tono meloso y expresión de lobito desamparado.
»Sabes lo feliz que me hace el saber que seré de nuevo padre, mi amor —le susurró al oído, abrazado a ella—. Quiero que te cuides y me dejes cuidarte desde ahora, por favor. Te lo suplico. Me hace mucha ilusión. Quiero darte a ti y a nuestro hijo lo que no pude darles a Jennifer y Jessica.
—Te amo y te prometo que haré todo lo posible porque estemos a salvo. —le respondió melosa Nymph. Sonrió con un toque de picardía al ver que iba a intentar decirle algo más, haciéndolo callar con un beso.
Minerva carraspeó para recordarles que estaban allí tanto los niños como los señores, mirándolos con el ceño fruncido cuando los vio separarse sonrojados.
—La otra noticia es que Meg y yo nos hemos comprometido. —dijo rápidamente Sirius, tanto por ayudar a su amigo a salir de la situación incómoda como porque estaba muy nervioso al tener que decir aquello frente a los niños, Luna, Neville y los señores, pues suponía que pensarían que aquello había sido demasiado rápido, imprevisto y posiblemente inoportuno.
—¡Vaya la velocidad de los Merodeadores! ¿Me pregunto si a mi suegro le molestará que imitemos eso, hermanito? —comentó Fred en tono jocoso.
—Créeme que bastante, yerno. —dijo Remus serio, mirándolo amenazador, mientras Sirius contenía con dificultad la risa, Meg y Nymph se ponían rojas como tomates, George deseaba por primera vez en su vida silenciar a su gemelo, Jessica se ruborizaba, Angela se agachaba a arreglar una arruga inexistente en su falda y los demás chicos contenían la risa.
Los niños inmediatamente fueron hacia Sirius y lo abrazaron con cariño, con cuidado para no lastimarlo, felicitándolo y abrazando luego a Meg.
Luna y Neville se unieron a los aplausos iniciados por Angela y Harry, que desde sus sillas les sonreían. Sólo Minerva, Galadriel y Elrond fruncieron el ceño, pues Mithrandir se unió a los aplausos luego de mover su varita en dirección a las pancartas, en las que ahora se podía leer "Felicitaciones a los futuros padres Nymph y Remus Lupin" y "Felicidades a la pareja Meg y Sirius Black".
—Comencemos con la celebración. —sugirió el anciano en tono alegre, dando dos pequeñas palmaditas.
En seguida se acercaron Dotty, Winky, Wykers y Dobby con bandejas con pastelitos, sándwiches y pequeños trozos de torta de muchos sabores, predominando la lluvia de chocolate en todas, haciéndolas flotar Dobby entre ellos mientras los otros tres elfos iban hacia la cocina para regresar con treinta y un vasos llenos de jugo de calabaza.
Sirius vio asombrado como los cuatro elfos tomaban cada uno un vaso, luego que todos tomasen el suyo.
—Brindemos a la salud de las parejas Lupin y Black, deseándoles muchas bendiciones, salud y prosperidad. —propuso con alegría el anciano.
—Salud. —dijeron a coro todos con alegría, incluido los cuatro elfos que parecían un poco incómodos.
Bebieron todos y en seguida las cuatro pequeñas criaturas empezaron a desplazarse entre ellos para atenderlos, luego de dejar sus vasos cerca de Angela y Harry que los miraban con una amplia sonrisa. Meg le explicó a su prometido en susurros que los cuatro elfos eran amigos de los chicos y que los dos pelinegros les habían hecho prometer que brindarían con ellos, pues no lograron que participasen totalmente del agasajo en su honor como los chicos querían.
Sirius asintió y miró de nuevo con mucha curiosidad a su hija, su sobrina y los niños. Sabía de la amistad de Harry con Dobby, comprendía cómo había nacido esa relación que era tan extraña en el mundo de los magos, pero se preguntaba quién les habría inculcado esa manera de pensar a los cuatro chicos. Notaba que su trato con Dotty y Wykers, los elfos que habían liberado las gemelas, era el que se tendría con una nana entre magos o muggles. Frunció el ceño ante este pensamiento, sonriendo al recibir un beso en la mejilla de su prometida.
Detalló que los otros chicos trataban bien a los elfos, de forma amable y respetuosa, al igual que ellos cuatro lo hacían con Winky y Dobby, pero no era el mismo comportamiento que había notado en ellos con los otros dos.
También notó la compenetración entre Arwen y Harry, que lo alegraba aunque le hacía sentir un pequeño resquicio de dolor al pensar en Lily. La que había entre Eowyn y Jessica le hizo sonreír con melancolía, pero sintió una punzada de celos paternos al ver la existente entre su hija y Aragorn. Denegó levemente mientras se decía a si mismo que eso era una tontería, que no tenía porque sentirse así, que era apenas lógico que su hija se llevase bien con su tío que se parecía en tantas cosas a la mamá, pero… Sabía que no debía sentir aquello, pero no podía engañarse a si mismo.
Por otro lado le preocupaba todo lo que no sabía sobre ella y lo ocurrido durante ese año y medio de ausencia del mundo mágico. "¿Cómo ha muerto Albus? ¿Por qué han venido los tíos de Angela y los señores a Hogwarts? ¿Qué tanto saben los demás sobre los Dunedains?". No sabía inicialmente como tratarlos a los cuatro frente a los otros tres señores, pues se suponía que los acababa de conocer. Recordaba muy bien cuando fueron presentados que nadie podía saber que los conocían ni que sabían de su mundo.
El anciano trataba a los chicos con cariño, como si fuese el abuelo de todos, lo cual le extrañaba luego de oír a Remus amenazar a los cuatro chicos con él y a su hija denegar con expresión asustada. No entendía. La expresión de los otros dos y su trato con todos eran serios y formales, lo que él esperaba de alguien proveniente del mundo Dunedain según lo que le habían explicado en esa oportunidad, aunque era más suave en la señora y bastante adusto en el señor.
Le preocupaba la salud de su hija y lo que había creído entender de un "Entrenamiento Dunedain" con ella y su sobrina, también con los otros chicos según deducía de las explicaciones de su ahijado. "¿Por qué? ¿Porque son descendientes de Dunedains? Según me han dicho yo también lo soy… Eso aún me cuesta asimilarlo, al igual que lo que me han explicado los chicos sobre los dones, ampliando lo poco que me habían llegado a decir Jennifer y Angelica". Lo asustaba también aquello del proceso que ella había desatado en los veinticuatro con centro en su hija.
Empezó a sentir que se adormecía, aunque hacía un esfuerzo enorme porque no lo notase nadie. Quería seguir allí observándolos a todos, analizándolos, intentando entender lo que se negaban a contarle mientras no se recuperase, pero Meg lo notó y luego de darle un tierno beso hizo flotar su silla con la varita. Nymph y Remus los siguieron hacia las escaleras y los acompañaron a subir. Un par de minutos después subían Arwen y Aragorn.
Cuando llegaron al segundo piso tragó saliva, suspirando aliviado al ver que seguían subiendo, al pasar por el rellano del tercer piso sus ojos se llenaron de las lágrimas que había estado conteniendo, las cuales corrieron libremente por sus mejillas mientras subían al cuarto piso. Allí giraron a la derecha y lo llevaron hasta la habitación que había allí con vista a la calle, donde entraron con él.
Arwen se le acercó en silencio, sonriendo con dulzura al ver como se limpiaba rápidamente las lágrimas de su rostro intentando que no las viesen. Le acarició con suavidad el cabello y dejó fluir su don mezclado para ayudarlo a tranquilizarse, mientras le explicaba con un tono de voz casi arrullador lo que hacía.
Mientras tanto Aragorn verificaba el hechizo especial a la ventana para poder dejarla abierta un rato, sin correr riesgos por los dementores que deambulaban por Londres, acomodando las cortinas para que el cuarto quedase con una iluminación tenue.
Nymph y Remus le sonreían a Sirius para transmitirle confianza, mientras Meg acomodaba las sabanas y la colcha con que luego lo abrigarían.
Una vez que Arwen asintió al dejarlo sereno, Remus y Aragorn lo trasladaron de la silla al centro de la cama, con mucho cuidado para no lastimarlo. Habían comprendido de lo dicho por Mithrandir que debían evitar tanto que él usase magia como usarla con él, para que no se viese alterada su energía mientras estuviese tan mal de salud.
Sirius hubiese querido protestar y negarse a aquello, pero se sentía tan relajado luego de lo hecho por la pelirroja de ojos esmeraldas, además de cansado y débil su organismo por el tiempo en la silla mientras celebraban, que apenas pudo gruñir levemente antes de quedarse dormido.
—He venido a examinarlo antes de irme al colegio. —les dijo en voz baja Mithrandir, que acababa de llegar con Eowyn.
—Gracias. —le agradeció de corazón Meg, que estaba muy preocupada por él.
El anciano le sonrió y le palmeó suavemente en el rostro, pidiéndoles por señas que los dejasen solos con él.
Cuando Eowyn y el anciano salieron de la habitación, media hora más tarde, todos los demás estaban allí esperando muy atentos, incluso los señores Galadriel, Elrond y los cuatro elfos.
—Está bastante delicado aún, pero su magia y su energía empiezan a estabilizarse —les dijo con expresión preocupada—. Las heridas internas han comenzado a sanar y las externas también, pero me temo que el proceso será más lento de lo habitual, cuando ese tipo de heridas son infligidas en el mundo mágico normal. Su recuperación depende de que cumpla estrictamente con su tratamiento, el cual he modificado levemente. También del no uso de magia con él ni mucho menos por parte de él durante al menos quince días —explicó mientras le entregaba la varita que usaba Sirius a Meg—. Debe descansar mucho y no estar sometido a ninguna situación que le produzca tensión nerviosa.
Todos asintieron de inmediato.
—Eowyn me dijo que les había recomendado no decirle nada de lo ocurrido durante este tiempo ni de la vida de Angela, a menos que fuese indispensable, para no alterarlo. Sin embargo me preocupa que al no obtener información él empiece a elucubrar posibles respuestas a las preguntas que ustedes evaden, pues tengo entendido que es muy listo. Es mi parecer que le vayan diciendo las verdades gradualmente. Cuéntenle lo ocurrido en el mundo mágico mientras él estuvo fuera, ahondando en los detalles que a ustedes ahora les pueden parecer triviales. Eso lo ayudará a sentirse integrado a la realidad y les dará tiempo a que él se recupere para profundizar en la información más difícil.
Angela bajó la mirada por un segundo, girándose seguidamente a mirar a su novio con una sonrisa al sentir su mano en su hombro en señal de apoyo.
—Tranquilos. Lo sabremos llevar hasta que se recupere. —les dijo Aragorn a Angela y Harry, con cada una de sus manos en un hombro de uno de ellos en señal de apoyo, sonriéndoles para transmitirles confianza.
Remus sabía que aquello sería muy complicado, lo conocía bien, pero tenían que conseguirlo estando la salud de su amigo en juego. Les sonrió a los dos chicos pelinegros al notar sus miradas sobre él, asintiendo levemente.
—Antes de regresar al colegio quiero hablar con cada uno de ustedes sobre el plan de entrenamientos que les he preparado, para que nos organicemos y empecemos con él a la brevedad posible —dijo muy serio el anciano. Luego de verlos a todos asentir señaló a Angela, Arwen y Aragorn—. Primero hablaré con ustedes tres.
—Sí señor. —le respondieron respetuosamente a coro.
Las siguientes dos horas el anciano y los dos señores se reunieron en la biblioteca de la casa con los grupos que conformó para los entrenamientos: Angela, Arwen y Aragorn con él, Eowyn y Faramir se turnarían con Galadriel, Elrond y él, Ginny, Hermione, Ron y Harry se rotarían con los dos grupos y unas prácticas a solas del pelinegro con él y Aragorn, Jessica con Angela, Arwen, Aragorn y él, Christine, Christopher, Nymph y Minerva con Jessica, Angela, Galadriel, Arwen y él, Luna, Neville, Fred y George con Angela, Arwen, Aragorn y él, Meg, Charlie, Bill, Kingsley y Remus con Jessica, Eowyn, Faramir y él. Sirius entrenaría en cuanto estuviese en condiciones con Jessica, Angela, Galadriel, Arwen y él.
Después de compartir los del E.D.H. y la O.D.F., mientras pasaba cada grupo a la biblioteca a hablar con los señores, finalmente viajaron al colegio la directora y los tres profesores, pues desde el día siguiente retomaría sus clases el anciano con la materia especial para los ya egresados. Clase que se perderían la mayoría de los chicos del E.D.H. para no despertar sospechas en los del Ministerio, pues Angela y Harry aún no estaban en condiciones de asistir. Sólo irían los gemelos Weasley, quienes pondrían luego al día a los otros.
Sirius al despertar se sintió confundido, pues no reconocía el lugar en el que se encontraba. Parpadeó varias veces y volvió a mirar a su alrededor. El tenue olor a narcisos le traía a su memoria un rostro rubio que anhelaba ver. Al verla durmiendo plácidamente a su lado creyó estar soñando y deseó no despertar. Detalló su rostro con mucho cuidado, notando que sus ojos se movían rápidamente bajo sus párpados cerrados y quiso poder penetrar en sus sueños para saber qué la tenía tan intranquila.
—Shhh. Todo está bien narciso dorado —susurró con voz suave y ronca, sonriendo al ver que se tranquilizaba.
Vio un mechón rubio deslizarse hacia el rostro de la mujer a quien miraba con expresión soñadora, al ella moverse levemente. Movió su mano para apartarlo de su rostro, conteniéndose con dificultad de quejarse por la punzada de dolor que el movimiento le generó en su costado. Sonrió con ternura al verla abrir sus ojos azules y mirarlo con desconcierto, seguramente al sentir su mano rozando su mejilla.
—Hola. —la saludó suavemente.
—Hola. —respondió ella dulcemente, sonriéndole con cariño, adormilada todavía, sin saber dónde estaba ni porqué estaba acostada al lado del hombre con el que había soñado tantas veces.
Meg, temiendo que fuese sólo un sueño, acercó lentamente su mano hacia su rostro, acariciándolo lentamente al sentir que era sólido. Sintió su mano cerca de su boca y giró su rostro para besarla, aspirando su aroma. Rozó el anillo de él con sus labios y sonrió. Se apoyó en su otro brazo para acercarse a él. Le acarició el torso, notando los vendajes, ubicándose totalmente en la realidad. Le besó entonces con dulzura y pasión. Se separó de él con una tibia sonrisa en los labios, acariciándole con cariño el rostro. Al sentir que intentaba acercarla de nuevo a él negó con su dedo índice, como si le negase algo a un niño pequeño.
—Estás en recuperación, mi amor —le dijo con dulzura—. En cuanto estés mejor tendrás más… más de mí —le sonrió con picardía y se alejó de él con cuidado para no lastimarlo—. Pero para eso tienes que tomarte todas tus pociones y hacer lo que digamos sin protestar.
—Eso ha sido cruel. —protestó Sirius poniendo expresión de niño pequeño a quien se le ha negado el caramelo que más le gusta.
—Si te portas bien y mejoras pronto tendrás lo que quieres. —le respondió con una sonrisa traviesa Meg, acercándose con las nueve pociones sobre la bandeja en su mano.
—¿Por qué hay dos más? —protestó el pelinegro luego de contarlas rápidamente.
—Porque el señor Mithrandir te examinó antes de volver al colegio y te cambió un poco el tratamiento.
—No lo entiendo. Dicen que estoy mejor y me tocan dos pociones más. —protestó de nuevo.
—Lo cual significa que te tendré unos minutos más abrazado mientras te las doy. —le dijo con voz aterciopelada Meg, sonriéndole seductoramente. Se acercó a él lentamente, abrazándolo con cuidado de modo de levantar su cabeza y la parte superior de su torso, recostándolo en su pecho, quedando en tal posición que podía darle las pociones con la mano derecha mientras con la izquierda lo acariciaba.
Sirius se dejó hacer, hipnotizado por sus palabras y gestos, totalmente consciente de lo que ocurría pero demasiado dichoso de tenerla junto a él, cuidándolo y mimándolo de esa manera. Sólo dos de las pociones tenían realmente mal sabor, las otras no, pero le fastidiaba tener que tomar tantas. Cuando terminó de tomarse la última la miró con expresión de cachorrito abandonado, sonriendo feliz luego de recibir un dulce beso de su parte.
Escucharon que alguien golpeaba suavemente la puerta del cuarto. Ella sonrió al oírlo gruñir en un tono bajo, lo recostó de nuevo en la almohada y se dirigió hasta la puerta del cuarto, abriéndola con una sonrisa.
—Buenos días Meg. —saludó con una sonrisa Eowyn.
—Buendos sías Meg. —saludó más dormido que despierto Remus.
—Bun…as…mifa. —balbuceó adormilada Nymph.
—Hola Meg. ¿Podemos pasar? —preguntó una muy divertida Arwen.
—Hola Meg. —saludó sonriente Aragorn, mientras les tendía unas tazas de chocolate caliente a sus dos amigos adormilados.
—Buenos días. Pasen. —respondió desconcertada Meg, interrogando con la mirada a los Dunedains sobre el estado de somnolencia de sus amigos.
Arwen sonrió traviesa mirando de reojo el pelo de la metamórfaga, el cual lucía mechones de todos los colores existentes.
Meg se mordió los labios y se giró rápidamente para ocultarles la risa que a duras penas lograba contener, dirigiéndose a la ventana para abrirla y así poder cubrir su evasión.
—Buenos días Sirius. ¿Cómo te sientes? —preguntó alegre Eowyn.
—Mejor, gracias —respondió el aludido mirándolos interrogante—. Disculpen, sé que están preocupados por mi salud y se los agradezco, pero… ¿Qué hacen todos aquí tan temprano? Especialmente ustedes dos que se nota que casi no han dormido.
Nymph y Remus de inmediato enrojecieron, despertándose, mientras Meg se soltaba a reír sin poder contenerse ya, al igual que Eowyn, Arwen y Aragorn.
—El señor Mithrandir nos indicó anoche que no debía usarse magia cerca de ti por lo que usaremos nuestros dones para evaluar tu evolución —le respondió Aragorn con una sonrisa en los labios—. Les explicaremos ahora a Meg, Nymph y Remus cómo hacerlo, al mediodía lo haremos con Christine, Luna y Neville, en la noche con Jessica, Fred y Bill, mañana en la mañana con Hermione, Ron y George y al mediodía con Angela, Ginny y Harry. Así nos rotaremos luego el evaluarte según quienes podamos estar aquí.
—También te cambiaremos los ungüentos y ropa manualmente. —finalizó Eowyn.
—Me estoy empezando a sentir sapo experimental. —opinó Sirius incómodo con todo aquello que le estaban diciendo.
—Tranquilo amigo. Todo estará bien. —le dijo en tono tranquilizador Remus.
El aludido tenía expresión de no creerle mucho pero asintió.
Una hora más tarde, cuando estaban terminando de cambiarle los vendajes del torso, escucharon unos golpecitos en la puerta.
—¿Quién es? —preguntó Meg.
—Angela y Harry. —contestó el segundo.
—Yo me ocupo de ellos —dijo rápidamente Arwen mientras Sirius abría los ojos asustado y Eowyn fruncía el ceño—. Retrocedan un poco, chicos, que estamos cambiándolo —les avisó antes de abrir la puerta. Al salir del cuarto sonrió con ternura al ver a la chica totalmente ruborizada, sentada junto a la otra pared del pasillo—. Vamos a la cocina a organizar el desayuno y subimos ahora.
—Sí tía. —aceptaron los dos a coro, sonriendo porque ella no los hubiese regañado.
—¿Cómo es que estaban aquí tan temprano? Que yo recuerde Harry no era tan madrugador. —preguntó intrigado Sirius.
Los que estaban en la habitación con él se miraron disimuladamente, preocupados, sin saber qué decirle.
—En realidad estoy casi seguro que tenían rato los dos despiertos y se atrevieron a llamar porque ya no podían con su curiosidad. —le respondió Aragorn, mirando a Remus para que lo ayudase luego de ver la mirada de enojo que le lanzó su hermana.
—Harry ha cambiado un poco, amigo, como seguramente ya has empezado a notar —le empezó a comentar con tranquilidad el castaño, mientras su prometida le hacía las curas según las indicaciones de Eowyn y él lo sostenía como había visto hacer a Aragorn—. Se ha vuelto muy madrugador, casi tan estudioso como Hermione y un poco más dado a expresar sus sentimientos —Al ver la expresión de sorpresa e incredulidad de su amigo le sonrió—. No han sido cambios de un momento para otro, pero la guerra y el estar enamorado de una pelirroja influyeron para que fuesen un poco rápidos.
—Me alegra que haya descubierto lo que sentía por la pequeña pelirroja, pero… —Se detuvo para contener un grito de dolor al intentar hacer un movimiento para ayudarlos a movilizarlo.
—¡Deja que seamos nosotros quienes te movilicemos! —lo regañó Eowyn—. No debes hacer ningún tipo de esfuerzo.
—Sé que es incómodo, amigo, pero si nos permites ayudarte en todo mejorarás más rápido y recuperarás antes tu independencia. —le aconsejó comprensivo Aragorn.
—Otro independiente —protestó entre dientes Eowyn—. ¡Que suerte la mía con los pacientes de La Orden del Fénix!
Meg y Aragorn la miraron enojados, mientras Nymph y Remus contenían con dificultad la risa. Sirius analizó rápidamente todas las reacciones y se dejó ayudar a movilizar sin intentar nada nuevo.
—¿Cómo es Angela? —preguntó mientras le curaban Meg y Nymph los brazos, estando ya vestido, bajo la supervisión de Eowyn y con ayuda de Remus. Notó que todos se paralizaban brevemente para luego reanudar lo que hacían al oír la voz de Aragorn.
—Madrugadora, estudiosa, autodidacta, impulsiva, respetuosa, dulce, orgullosa, curiosa, decidida, soñadora, terca, no le gusta mostrar sus debilidades, reservada en muchos casos, apasionada para hacer las cosas, maternal con los niños, quiere a Jessica y a Harry como hermanos, respeta a los elfos y las otras criaturas. Generalmente ella y Harry son quienes nos dan más dolores de cabeza con sus ideas, aunque Ginny, Hermione y Ron también son de temer —le respondió con la mirada perdida a través de la ventana, viendo a los muggles que transitaban fuera de la casa sin sospechar que estaba allí. Se giró en ese momento a mirar al enfermo con una suave sonrisa—. Y muchas otras cosas que irás descubriendo al compartir con ella, amigo.
—Gracias por tus palabras y la sinceridad que he notado en ellas, Aragorn. —le agradeció de corazón Sirius.
—En la medida de mis posibilidades y tu salud siempre tendrás de mí la verdad. —le respondió con una sonrisa.
—Sólo se te olvido decirle que tiene la misma fea costumbre tuya de proteger a los demás aún a costa de su salud. —intervino Eowyn.
—Y la misma facilidad de Angelica y Aragorn para hacerte rabiar. —agregó Arwen con una sonrisa desde la puerta.
—También. —gruñó Eowyn.
—Los chicos me pidieron que subiera a seguir ayudando con Sirius mientras convencen a Dotty y Wykers de dejarlos ayudar. Winky y Dobby subieron a pedir auxilio a los otros chicos. —explicó Arwen con una sonrisa divertida, acercándose a la cama.
—Pero ellos están de reposo también y ése es trabajo de los elfos. —replicó desconcertado Sirius, mirándolos a todos intrigado.
—Amigo, te acabas de ganar una buena charla de Hermione sobre la P.E.D.D.O.R. —le dijo divertido Remus, fingiendo mirarlo con compasión.
—¿La qué? —preguntó un poco asustado, sin entender.
—P.E.D.D.O.R. —repitió Remus en voz alta, sonriendo con malicia pues acababa de oír las voces de Hermione y Jessica en el pasillo—. Plataforma Élfica de Derechos Obreros Reformulada. —Como suponía en seguida sonaron unos golpecitos en la puerta.
Nymph, Meg y Eowyn rodaron los ojos, mientras Aragorn y Remus miraban con picardía a Arwen que se acercó rápidamente a la puerta con una sonrisa traviesa en el rostro.
—¿Quién? —preguntó con fingida inocencia.
—Jessica y Hermione. —respondió la castaña.
—Pasen chicas. —les abrió la puerta la pelirroja.
—Buenos días. —saludaron las dos a coro, entrando con un poco de timidez al cuarto, ya las dos vestidas y bien despiertas.
—Buenos días hija. Buenos días Hermione —saludó contento Remus—. ¿Podrían acompañar a Sirius y explicarle sobre la P.E.D.D.O.R. mientras nosotros vamos a cambiarnos? —pidió con una sonrisa—. Nos acaba de decir que el desayuno es trabajo de los elfos.
—Con mucho gusto le explicaremos que eso no es así, papá. —respondió con un mohín de disgusto Jessica.
—Mi sentido pésame amigo —le susurró Eowyn en voz baja a Sirius mientras fingía revisar el vendaje que acababa de terminar Nymph en su mano, levantándose rápidamente en seguida—. Voy con mi esposo. Ya Sirius está listo para bajar a desayunar. —dijo en voz alta, huyendo rápidamente de allí.
—Vamos mi amor, las chicas lo acompañarán. —le tendió la mano Arwen a Aragorn, que le guiñó un ojo con picardía a Meg y salió con su esposa.
—Te dejo en buenas manos amigo. —se burló Remus, sacando abrazada por la cintura a Nymph que miraba a su primo con compasión.
—Voy a cambiarme a mi cuarto, chicas. Ya regreso mi amor —dijo Meg con una bien fingida sonrisa. Se acercó a darle un beso en la mejilla y susurrarle al oído—: Por tu bien sígueles la corriente. —Salió huyendo en seguida de allí.
Veinte minutos más tarde Sirius miró a Meg con expresión de súplica cuando abrió la puerta del cuarto, mientras Hermione le explicaba apasionadamente las reformas que planteaba proponer al Ministerio, en cuanto se graduase, a la legislación sobre criaturas como los elfos, centauros, sirenas e incluso duendes.
—Bajemos ya a desayunar, chicas. —planteó Meg con una sonrisa.
—¿Cómo lo trasladaremos sin magia, tía? —le preguntó Jessica a Meg, sonriendo al ver que la rubia se quedaba paralizada al oírla decirle así.
—Le hemos agregado unas prácticas ruedas a esta silla y creamos una especie de escalera móvil muggle junto a las normales. —respondió Aragorn, que entraba en ese momento al cuarto, sonriendo al igual que Arwen, Nymph y Remus al ver la expresión de Meg ante el tratamiento que le había dado la joven de ojos miel.
—Un par de ideas muggles que hemos copiado, gracias a Hermione —explicó Arwen, palmeando suavemente en la espalda a la rubia cuyos ojos azules brillaban emocionados, haciéndola reaccionar—. Remus y mi esposo lo subirán a la silla y tú lo llevarás.
—Sí. —atinó a decir Meg.
—Nos vemos abajo, tío Sirius —le dio un beso en la mejilla Jessica—. Iré a despertar y apurar a los más flojos, tía Meg —la abrazó al estar junto a ella—. No vayas a hacer ningún esfuerzo mamá Nymph, tienes que cuidar de John. —le dijo a la metamórfaga mientras la abrazaba, le daba un beso en la mejilla y se abrazaba luego a su papá y sus tíos, saliendo luego corriendo del cuarto, muy contenta.
Hermione se despidió de todos sacudiendo su mano sonriente y salió tras su amiga.
—¿John? —preguntó Sirius mirando a su prima, sonriendo al verla asentir feliz.
—Jessica dice que será varoncito y los tres estamos de acuerdo que debe llamarse John, el segundo nombre de Remus. —le contó feliz Nymph.
—Yo sugeriría que también buscasen nombre de niña. —dijo Arwen en un tono aparentemente casual.
—Ustedes dos ya lo sabían, ¿verdad? —les preguntó Remus a Arwen y Aragorn, añadiendo al ver su fingida interrogante—. Ustedes ya sabían que Nymph está embarazada antes de contarlo nosotros anoche.
—No sé porqué piensas eso amigo. —replicó Aragorn sin mirarlo.
—Porque el señor Mithrandir lo sabía, porque según me contó anoche Arwen hizo lo imposible por protegerla en la última batalla y se preocupó mucho cuando la vio lastimada aunque Eowyn le decía que no era serio, y porque me has esquivado la mirada desde que te lo pregunté. —enumeró el ex licántropo muy serio.
—Lo siento amigo —se disculpó Aragorn mirándolo de frente—. Es cierto, lo sabíamos por el don del Manejo de la Energía. Pero nos enteramos porque no sabemos manejarlo y nos pareció que les faltábamos el respeto si les decíamos algo.
—Entiendo. Gracias —le sonrió, acercándose con el estrafalario sillón acolchado y con ruedas a la cama de su amigo para movilizarlo allí, quedándose paralizado a mitad de camino al entender algo—. Entonces los chicos también lo sabían.
—¿Qué? —preguntó asustada Nymph.
—Los cinco deben haber sospechado. Pero a excepción de Angela es probable que los chicos no estuviesen seguros como no lo estuvimos nosotros dos hasta no investigar un poco qué era lo que percibíamos cuando estábamos cerca de ti, amiga. —le dijo con cariño Arwen.
—¿Me pueden explicar por qué mi hija si sabía algo que ustedes no y quiénes son los otros cuatro chicos? —preguntó rápidamente Sirius.
Aragorn y Remus que ya lo habían sentado en el borde de la cama, estando haciendo el segundo un pequeño conteo para coordinar el moverlo hacia la silla, se miraron nerviosos sin saber qué hacer. Remus suspiró y reanudó el conteo, luego de hacerle señas con su mano que aguardase. Una vez lo ubicaron en la silla los dos hombres miraron a las tres mujeres en la habitación, consultándose los cinco. Remus tragó saliva al notar por sus miradas que los cuatro delegaban en él el comenzar con la explicación. Arwen cerró la puerta del cuarto y todos se sentaron alrededor de un muy intrigado animago.
—Verás amigo, tu hija es un poco especial —comenzó Remus pausadamente, pensando cada una de las palabras que diría—. Angelica ya te dijo que ella tiene los doce dones, lo cual no es normal, como no lo es que la mayoría de nosotros tengamos tantos dones. —Al ver que Sirius quería preguntar le pidió con una seña de su mano que aguardase. Una vez que lo vio permanecer en silencio y asentir miró a Aragorn.
—Existen doce dones entre los Dunedains, pero son algo especial, no todos los tienen —empezó a explicarle al animago—. Quienes los tienen generalmente presentan sólo uno o dos, hasta tres como Chris & Chris, pero la mayoría del grupo de veinticuatro personas a los que mi hermana nos dejó sus dones y energía teníamos siete o nueve. Sólo Angela y el señor Mithrandir han tenido los doce dones desde su nacimiento en generaciones.
—El don tan especial del que te habló Angelica sólo se había presentado en el señor Mithrandir, en tres Dunedains puros y en ella recientemente —continuó Arwen—. Angelica recibió entrenamiento en su don desde que era muy pequeña, antes que ustedes se conociesen en el colegio, y lo culminó poco antes de graduarse, aunque no estaba entrenada totalmente como Dunedain cuando vino a unirse a ti y ayudar en la primera guerra.
—Cuando Angela nació, Angelica detectó con sus dones un problema de nacimiento originado por el ataque que no permite que le sea calmado el dolor con calmantes muggles o pociones mágicas. Por eso al percibir que tenía ese don tan especial lo activó en ella para que la ayudase con su problema, poniéndole un fuerte bloqueo para que no le ocasionase ningún inconveniente mientras entraba en contacto con el señor Mithrandir, confiando en que él quitaría ese bloqueo llegado el momento y la entrenaría en su don. —siguió Remus mirando atentamente a su amigo que tenía el ceño fruncido escuchándolos, evaluándolo como le habían empezado a enseñar para saber si podían seguir.
—Pero cuando llegó con nosotros algo había alterado ese bloqueo, así que el señor Mithrandir la empezó a entrenar solamente de forma teórica en su don y las barreras a éste —siguió Aragorn que también estaba muy atento a Sirius—. Hace poco desapareció ese bloqueo, pero antes de poder empezar a entrenarla en forma práctica se desató el proceso con nosotros, transfiriéndonos mi hermana ese don tan especial a Angela, Ginny, Hermione, Ron, Harry, Arwen y a mí aunque no lo tuviésemos de nacimiento nosotros seis.
»Por eso Angela podía sospechar con más certeza del embarazo de Nymph, mientras que nosotros dos sólo lo supimos al investigar un poco y los otros cuatro confirmaron anoche su percepción. —finalizó con una sonrisa, intentando levantarse al igual que los otros. Se detuvieron todos ante una señal de Sirius, suspirando por no poderse escapar.
—Un momento. A ustedes ya se les ha escapado que las chicas "llegaron" con ustedes y anoche, antes de venir aquí, logré que Meg me dijese que no las habían llevado los Brown, que ellos murieron cuando Chris & Chris eran muy pequeños y por eso no recuerdan a sus padres —Notó cuatro miradas acusadoras sobre su prometida y una de disculpa en ella—. Los niños tienen once años, o sea que ellos deben haber muerto al menos hace seis años. ¿Con quién han estado los cuatro chicos desde entonces?
—Luego que Christine y Christopher murieron Dotty y Wykers llevaron a los niños a la casa de las gemelas, permaneciendo con los cuatro allí —le respondió Remus después de cinco largos y tensos minutos—. Nuestras hijas los contactaron a ellos y empezaron a entrenarse como Dunedains.
—¿Estuvieron en la Casa Flotante con ustedes? —preguntó Sirius a Aragorn, pues notaba las evasivas en las respuestas.
—No. Los cuatro estuvieron solos en la casa con los dos elfos —le respondió con sus ojos aguamarina clavados en los grises, su Occlumancia y barreras mentales arriba al notar que intuitivamente el animago intentaba penetrar en su mente. Advirtió rápidamente a los otros mentalmente—. Cuando llegaron allí un sello nos impedía ir con ellos a nosotros y a papá Albus, y a las chicas entrar en contacto con el mundo de los magos. Ellas sólo podían ir a las Tierras Dunedains y asistir en una especie de mundo paralelo a Hogwarts.
—¿Por qué los llevaron allí los elfos con ese sello? —preguntó Sirius, su corazón y su intuición diciéndole que debía seguir preguntando.
—El sello lo pusieron Jessica y Angela, intentando levantar uno similar al que puso mamá cuando papá Albus llevó a las gemelas heridas —le respondió Aragorn. No quería mentirle. Intentaba responderle medias verdades para no agitarlo pero no engañarlo—. Eran sólo unas niñas y lo hicieron mal. Dotty y Wykers no sabían que eso ocurriría.
—¿Por qué no las ayudaron a quitarlo cuando entraron en contacto con ustedes? —presionó Sirius.
—No podíamos por el sello que usaron —le respondió Arwen al sentir sus ojos grises sobre ella, con su Occlumancia y barreras mentales arriba gracias a la advertencia de su esposo—. Sólo cuando el profesor Dumbledore murió, luego de tú desaparecer tras El Velo de la Muerte, Angela se vio libre del sello y pudo contactar a Remus para que liberase a Jessica.
—¿Por qué Jessica y Angela no sabían que ustedes eran sus tíos hasta hace poco? Arwen me dijo que ustedes se habían enterado hace poco que eran sus sobrinas. —preguntó entonces, notando que las esmeraldas miraban con expresión de disculpa a las aguamarinas que se llenaban de tristeza.
—Mamá nunca estuvo de acuerdo con que sus hijos entrásemos en contacto con el mundo de los magos —respondió cabizbajo Aragorn—. Cuando le llevaron a las gemelas tan malheridas y embarazadas ella… —Cerró los ojos y tomó aire para continuar—. Mamá le dijo a papá Albus que sólo los Brown y él sabrían que estaban vivas hasta que diesen a luz. Él las dio por muertas en el mundo de los magos y, cuando volvimos en diciembre para venir aquí a reunirnos con ustedes, la encontramos a ella en la casa de las gemelas —Denegó levemente. Aquél recuerdo aún le dolía en el alma—. Mamá las ocultó y nos dijo a los cuatro que estaban muertas, lo que había ocurrido con los Potter y que tú los habías traicionado.
—Nosotros nos fuimos a las montañas profundas en las Tierras Dunedains a terminar el Entrenamiento Dunedain y poder volver totalmente entrenados, para detener definitivamente a Voldemort, preocupados por Harry —continuó Arwen ante el silencio de su esposo—. Sólo cuando Angela salió del sello supimos que ellas eran nuestras sobrinas. Hasta ese momento eran para nosotros dos jóvenes a quienes apreciábamos y ayudábamos en la medida de nuestras posibilidades.
—Lo siento Aragorn. —se disculpó Sirius al verlo tan abatido. Él ya sabía algo de aquello por lo que le habían dicho Angelica y Jennifer tras El Velo de la Muerte, sólo que no había relacionado aquello con que ellos no supiesen que las chicas eran sus sobrinas.
Escucharon unos golpes en la puerta.
—Los estamos esperando para desayunar —le dijo con suavidad Ginny a Nymph cuando le abrió—. ¿Pasó algo con Sirius? —preguntó preocupada.
—Sólo le respondíamos algunas dudas. —le respondió con un intento de sonrisa la metamórfaga.
—Pero ya no más interrogatorio por un largo rato, mi amor —dijo con tono firme Meg—. Bajemos a comer. —Se ubicó tras la silla de Sirius y empezó a moverlo hacia la puerta.
—Tienes razón, ese chocolate matutino me ha abierto el apetito —afirmó Remus luego de palmear levemente en el hombro a Aragorn—. Vamos, te explicaré lo de las escaleras móviles.
Aragorn se movió hacia la ventana abrazado a su esposa. Necesitaba algo de aire fresco para recuperar su temple y calma antes de bajar. No quería preocupar a su hermana y sus sobrinas. Ginny notó su mirada triste antes que le diese la espalda, luego de ver la angustiada de Sirius, y frunció el ceño.
Siguió al resto del grupo hacia las escaleras y los extraños peldaños móviles que no le inspiraban ni un ápice de confianza. Meg y Sirius se miraron nerviosos al ver aquella serie de peldaños apenas más grandes que el espacio que ocupaba Meg con la silla de Sirius, con unas barandas laterales que no les parecieron suficientemente sólidas, sobresaltándose cuando Remus presionó un botón y empezaron a moverse hacia abajo, apareciendo uno tras otro.
—Tranquilos, todo estará bien. Anoche lo probamos luego de ponerlo. Hermione dice que funciona bien —les dijo con tono tranquilizador Remus—. Una vez que pulsen este botón, con la flecha hacia abajo se moverá como ven. Cuando presionen el del centro se detendrá —lo detuvo con un pequeño control rectangular que sostenía en su mano—. Con el botón que parece una flecha hacia arriba suben —les mostró, sonriendo al notar que Sirius se pegaba al espaldar y Meg retrocedía levemente con la silla ante la visión de los peldaños subiendo—. Hermione los estará esperando abajo, en planta baja.
—¿Cómo se va a mover esto si no es con magia? —preguntó desconfiado Sirius.
—Hermione nos buscó la información —le respondió Remus—. Entre piso y piso esto está formado por una especie de cintas cerradas muy grandes que son movidas por unas cosas llamadas… moton… o algo así, que mueven esto. Se supone que lo hacen con energía proveniente de un sistema con… eletrecedad… no… elect… —Suspiró resignado. Le era imposible acordarse de los nombres nuevos después de la espectacular noche con su adorada metamórfaga. Aún tenía sueño—. Bueno, lo cierto es que aquí no hay eso porque la casa es mágica así que los mot… eso, ésos si se mueven con magia, pero están lo suficientemente lejos de ustedes así que no afectará eso tu recuperación.
Sirius tomó la mano izquierda de su prometida con la suya, suponiendo acertadamente que estaría muy nerviosa.
—Nos vemos abajo —dijo con un asomo de sonrisa Meg, pulsando el botón central del control que le entregó Remus. Tomó aire profundamente y empujó la silla hasta ubicarse en el centro del peldaño frente a ella, le dio un beso en la cabeza a su prometido, que aferraba los brazos de la silla como si en eso le fuese la vida, y pulsó el botón para bajar—. ¡Ay Merlín! —exclamó asustada al empezar a moverse el peldaño en el que estaban, lentamente, con un sonido metálico.
Los dos miraban aterrados el desplazamiento de los peldaños frente a ellos. Retuvieron el aliento cuando, en el cambio de dirección de un piso a otro, el peldaño giró sobre su eje con un pequeño chirrido y empezó de nuevo a bajar.
—El Hospital está lleno de magos, varitas y magia. —protestó Sirius casi a gritos, que estaban tan asustado como su acompañante.
Cuando vieron los escalones que les antecedían desapareciendo en el piso, sintieron verdadero pánico. Hermione, Angela, Harry, Christine y Christopher los esperaban con sonrisas, que desaparecieron de sus rostros al verlos tan pálidos y con expresiones de terror.
—Detenlo cuando falte sólo un escalón para alojarse bajo la alfombra, Meg. —le indicó preocupada la castaña, suspirando al ver que lo detenía de inmediato.
—Esta cosa… —logró decir Sirius, señalando con su mano derecha nerviosamente lo que le rodeaba—. Esta cosa es escalofriante. Se mueve muy lento, hace mucho ruido y… y no se detiene sola.
—Te dije que era mejor que se moviese rápido. —le dijo Ron a su novia.
—Lo que los puso…
—… nerviosos fue…
—… que no fuese…
—… totalmente mágico. —lo contradijeron Chris & Chris.
—Lánzame el control, Meg, para detenerlo en el punto exacto y que se puedan bajar. —le indicó Harry, que notó las miradas angustiadas de los dos a la distancia que los separaba de ellos, sonriéndoles con confianza.
Lo capturó en el aire gracias a sus reflejos de buscador y accionó de nuevo el mecanismo, notando todos que de nuevo retenían el aire y miraban los peldaños que desaparecían, recuperando una respiración medianamente regular cuando él detuvo el mecanismo.
—Puedo investigar como adicionarle un control de velocidades y el que se detenga automáticamente en el punto exacto en el piso al cual quieran ir. —afirmó Hermione, mirando analíticamente el control en mano de su mejor amigo y las escaleras eléctricas, de las cuales había salido Meg con Sirius tan rápido como pudo.
—Luego del desayuno…
—… podemos jugar…
—… competencias a…
—… subir y bajar…
—… ellos por las móviles…
—… y nosotros por…
—… las normales…
—… para que se…
—… familiaricen con…
—… el control.
Meg y Sirius sonrieron nerviosamente a los niños, que los miraban emocionados.
—Estupendo —batió palmas Angela—. ¿Hacemos una pequeña carrera a la cocina? —le preguntó a Harry apuntando con su varita a su silla.
—Quien llega al último se queda sin postre. —le contestó el pelinegro con una sonrisa pícara. Contando hasta tres con los dedos de su mano izquierda mientras apuntaba a su silla con su varita en la derecha.
Estaban llegando Ginny y sus acompañantes por las escaleras normales cuando los vieron salir por el pasillo rápidamente rumbo a la cocina, con los pequeños gemelos corriendo y riendo tras ellos.
—¿Esos eran…? —intentó preguntar Nymph desconcertada.
—Se han estado comportando como dos chiquillos desde temprano —les contó divertida Ginny—. Los sacamos de la cocina para que no les colmasen la paciencia a los elfos y han estado jugando a las carreras con los gemelitos.
—Se aburrían, mi amor. —le dijo con tono meloso Ron a la castaña, que denegaba con ganas de regañar a alguien.
—¿Cómo les fue con las escaleras móviles? —preguntó Arwen que venía bajando las normales de la mano de su esposo.
—Bien. —respondió con una sonrisa Meg, mientras Sirius suspiraba.
—¡CUIDADO! —escucharon que gritaba Jessica, seguido de las carcajadas de los niños y los dos pelinegros.
Todos se desplazaron rápidamente hacia la cocina, teniendo que hacer esfuerzos para no estallar en carcajadas al ver en las puertas del comedor a una molesta chica de ojos miel reñir a los dos pelinegros, cubiertos los tres de natilla y frutilla picada, con un enorme tazón casi vacío en sus manos.
—… Los dos se quedan sin postre por echarme encima el que estaba terminando de preparar y ahora mismo me acompañan a la despensa a buscar más fruta, azúcar, huevos y leche. —finalizó señalándoles en dirección a la puerta.
—Perdón prima. —se disculpó Angela, limpiando con un movimiento de su varita el desastre.
—Perdón Jessica, no quisimos estropearte el postre. —se disculpó sinceramente Harry, moviendo su silla en la dirección indicada por la chica.
—Y ustedes dos nos van a ayudar. —sentenció la chica a los dos niños, que asintieron en seguida y se fueron tras los dos chicos de pelo negro calladitos, caminando rápido pero sin correr, sintiendo la mirada fulminante de la guardiana consentidora sobre ellos.
—Hija, tranquila. Sólo estaban jugando.
—Lo sé papá, pero Hermione y yo teníamos rato diciéndoles que podían ocasionar un problema —le respondió bastante molesta. Bajando la mirada agregó—: Me arruinaron el postre que preparé en honor a la recuperación de tío Sirius.
—Eres muy buena cocinando, seguro preparas algo muy rico en poco tiempo. —le dijo con una sonrisa paternal Remus.
—Vamos. Yo te ayudo a hacerlo. —le ofreció cariñosa Arwen.
—Yo te ayudo quedándome con mi primo para que Meg vaya con ustedes —dijo Nymph con una sonrisa de disculpa—. Ella es buena con hechizos caseros mientras que a mí siguen sin salirme bien.
—Para mí es suficiente que quisieses hacer un postre en mi honor, Jessica —afirmó con cariño Sirius, tendiéndole una mano, sonriéndole con cariño al verla acercarse a él con los ojos brillando con lágrimas retenidas—. Si me regalas una sonrisa yo soy feliz.
Jessica le sonrió con cariño, le dio un beso en la mejilla y le dijo con dulzura.
—Estoy muy contenta al ver que te recuperas, tío. En sólo unos minutos te tendré tu postre. —le aseguró, le dio otro beso y salió corriendo hacia la despensa, contenta.
Se dirigieron al comedor y se organizaron alrededor de la mesa, viendo entrar cinco minutos después desde la cocina a una muy sonriente Jessica, con el tazón lleno de natilla con frutillas picadas y los cuatro "castigados" tras ella, con cara de alivio. Se sentaron todos alrededor de la mesa, en cuyo centro había varias fuentes con tortillas, avena, cereales y jarras con jugo de calabaza, té, chocolate y una pequeña con café, además del tazón con el postre.
Sirius vio como Jessica, Ginny, Hermione, Eowyn, Arwen y Meg servían ante cada uno un pequeño tazón con avena, otro con cereales con leche, un plato con tortillas, un vaso de jugo de calabaza y una pequeña taza, sirviéndoles a Faramir, Arwen, los Lupin, los niños y los pelinegros chocolate, a Eowyn, Aragorn, los castaños y los pelirrojos té, en las de Luna, Meg y Kingsley café.
—¿Qué prefieres? —le preguntó su prometida.
—Me gustaría probar hoy con café. —respondió con una sonrisa.
Cuando Jessica repartió el postre les sirvió a todos menos a los dos pelinegros, que fingieron no notarlo, pero cuando le iba a servir a Sirius él le detuvo con suavidad la mano y le pidió con la mirada que les diese también a ellos. La chica de ojos miel denegó suavemente con una sonrisa y les sirvió a los dos chicos, que la miraron asombrados, girándose a mirarlo a él con expresión agradecida ante una señal de la chica que regresó junto a él para servirle.
Todos comieron casi en silencio durante quince minutos, sólo se oían las pisadas de los elfos que se desplazaban de un lado a otro, alrededor de la mesa, llevando de uno a otro la mantequilla, la mermelada y la miel.
—Tía Eowyn, ¿cuándo tendremos que volver al colegio? —interrumpió el silencio Angela.
—Luna, Jessica y los niños irán mañana. Ginny, Hermione, Neville y Ron irán el martes. Harry y tú se reintegrarán el jueves —respondió ella en un tono serio, notando que a medida que iba nombrando a cada uno bajaban la mirada, tristes—. Pero como han tenido una virosis tan fuerte irán a cenar y dormir a nuestra casa todas las noches para controlar su recuperación, posiblemente hasta que salgan de vacaciones navideñas. —siguió con el mismo tono, pero sonriendo por la expresión de alegría de los chicos y del pelinegro de ojos grises.
—¿Cómo van en el colegio? —preguntó Sirius.
—Bien. —respondieron a coro los diez chicos, sonriendo seguidamente todos los adultos.
—Este año están Ron y Harry más aplicados. —comentó Hermione mientras su mejor amigo y su novio rodaban los ojos.
—Es muy divertido…
—… casi todo lo que nos…
—… enseñan pero…
—… Historia de la Magia…
—… es muy aburrida.
—Pociones ha mejorado mucho desde que la dicta el profesor Mithrandir. —opinó con sinceridad Ron.
—Cuidado de Criaturas Mágicas es muy interesante con Hagrid. —dijo Jessica sonriente.
—¿La piensas escoger como optativa para el próximo año? —le preguntó Sirius mirándola con curiosidad.
—En realidad ya la escogí, tío —le respondió luego de preguntarle con la mirada a su papá y verlo asentir—. Yo estoy cursando sexto año con Ginny y Luna.
—¿Qué? —preguntó extrañado Sirius.
—Sí, estoy cursando Pociones, Herbología, Encantamientos, Transformaciones, Defensa Contra las Artes Oscuras y Cuidado de Criaturas Mágicas. —le enumeró con una sonrisa.
—¿Quieres estudiar Medimagia? —preguntó intuyendo la respuesta.
—Sí. Eso es lo que quiero tío. —le confirmó contenta.
—Estoy seguro que lo harás —le dijo con una sonrisa—. Eres muy buena en medimagia hasta dónde he visto, por lo que supongo que te será muy fácil.
—Sí, eso creo. —respondió Jessica esquivándole la mirada.
Ella siempre había tenido facilidad para la medimagia, pero desde que se había desatado el proceso cuando la alcanzó la luz blanca proveniente de su prima inconsciente en la enfermería del colegio, despertaron en su interior los recuerdos, dones y energía que le había dejado su mamá al morir.
—¿Y tú qué quieres estudiar al graduarte, hija? —preguntó Sirius no queriendo presionar a su sobrina al notar que le había rehuido la mirada.
—Aún no lo he pensado papá —contestó Angela después de unos minutos, luego de mirar a su tío Aragorn fijamente—. Pero todavía me quedan un par de meses para hacerlo —agregó girándose a mirarlo, evadiendo la mirada interrogante de los demás en la mesa—. Cuando escogí las materias pensé que podría estudiar para inefable.
—¿Por qué dices que tendrás que decidir en unos meses? —preguntó Sirius un poco desconcertado.
—Yo estoy cursando séptimo año, papá —Al ver su expresión de sorpresa, mirándola sin lograr articular palabra, le sonrió con cariño y le apretó levemente la mano—. Estoy estudiando Defensa Contra las Artes Oscuras, Transformaciones, Encantamientos, Pociones, Herbología, Aritmancia y Runas.
—¿Qué? —se le escapó a un muy sorprendido Sirius, con su corazón latiendo rápidamente, preocupado, orgulloso y triste a la vez.
—Tranquilo papá. —le pidió preocupada Angela.
—Calma padrino. Ella es muy estudiosa pero también hace bromas —le dijo Harry rápidamente, intentando destensarlo—. Jessica también hace algunas y yo he estado practicando con los gemelos, tanto con los Weasley como con los Brown. El espíritu de los Merodeadores está vivo.
—Yo creo que son mejores bromistas los dos pares de gemelos de lo que lo serán ustedes nunca. —opinó Luna con su natural sinceridad.
—¿Eso crees? —preguntaron a coro Jessica, Angela y Harry, sintiéndose retados por las palabras de la rubia.
Hermione y Neville denegaron levemente en su dirección, suspirando al oír lo siguiente.
—Sí, estoy segura. —los desafió con una sonrisa maliciosa Luna.
—Les recuerdo que no pueden hacer magia estando Sirius presente. —los regañó rápidamente Remus al verlos sacar las varitas.
Los tres las guardaron y siguieron con la comida, mirándose entre ellos, brillando sus miradas con malicia unos minutos más tarde.
Sirius siguió comiendo, mirando a los chicos con preocupación. Tenía aún muchas preguntas bullendo en su interior, pero sentía que la fiebre le había subido y no quería preocuparlos. Ahora que sabía que su hija percibía su estado de salud haría lo imposible por recuperarse cuanto antes. Además que había notado en todos reacciones tensas y tristes ante muchas de sus interrogantes. Tal vez tenían razón, era mejor ir poco a poco.
Además, era muy buen observador y sabía de su corta experiencia como auror y la larga como Merodeador que muchas preguntas no hechas eran respondidas con un buen análisis de los comportamientos de las personas a quienes, por una u otra razón, no se debía hacer preguntas en un determinado momento.
Con la información que ya había logrado le diesen observó con ojo crítico las reacciones de su hija, su sobrina y los pequeños, mientras los niños hablaban sobre las bromas que vendían los gemelos pelirrojos en su tienda, con las que traficaban sus compañeros de diversos años en el colegio para rabia de Filch, contándole también algunas pequeñas travesuras que habían hecho hasta ahora. Él les sonreía, aparentemente atento a sus historias, notando que las chicas les miraban con expresiones de regaño pendiente algunas veces, otras veces resignadas y divertidas.
"¿Cuántos años han estado solos en esa casa con los elfos?". Ahora se le hacía lógico lo que había notado la noche antes, que había detallado aún más ahora: el extraño comportamiento de los cuatro con dos de los elfos. Se sentía muy triste al pensar que se hubiesen quedado solitos, sin un adulto que los ayudase realmente. "¿Qué habrán querido decir con aquello de 'asistir en una especie de mundo paralelo a Hogwarts'? De su trato con los otros chicos parecen conocerse de años atrás, pero eso no coincide con mis datos, pues por lo que sé Albus ha muerto hace sólo unos meses".
Otra cosa que le preocupaba era eso de los dones Dunedains, lo que le habían dicho sobre el problema con el dolor en su hija, el que ya le había notado él con su respiración pero que no entendía porque no era continuo y la tristeza en el fondo de su mirada. Era una muy similar a la de Harry, distinta a la que tenía Jessica. "Hasta donde sé ella también ha resultado afectada por el ataque a las gemelas, con una debilidad que le fue controlada por sus tíos y el anciano, pero… ¿Cómo es posible entonces que las dos vayan tan avanzadas en sus estudios?".
—Minerva les trajo anoche los deberes para que se pongan al día. —les informó Remus cuando estaban terminando de desayunar, sonriendo al verlos asentir a los diez chicos con expresión de resignación.
—¿Nos podrías prestar…
—… tu lechuza, Ron? —le preguntaron Chris & Chris, sonriendo ampliamente al verlo asentir rápidamente mientras terminaba de tomarse el té con el último trozo de tostada.
De inmediato los adultos que sabían lo hecho por los niños para el plan de rescate de Sirius los miraron con intranquilidad y el ceño fruncido.
—Sólo queremos que Gabrielle…
—… sepa que estamos bien y que…
—… nos han enviado los deberes…
—… para que ella no nos los envíe. —fingieron explicar con expresión inocente.
—Cierto. Así no nos intenta enviar una lechuza. —los apoyó Jessica que les creyó.
—¿Gabrielle la hermana de Fleur? —preguntó Sirius.
—Sí. Es nuestra mejor amiga en el colegio. —respondieron a coro los gemelitos.
—Está bien. Envíen la lechuza. —aceptó rápidamente Remus para cortar las preguntas de su amigo.
—¿Podemos subir Harry y yo también por la escalera eléctrica? —preguntó Angela, aclarando al ver la cara de extrañeza de la mayoría—. Así podemos ayudar a Hermione con los detalles que faltan por arreglar.
—Angela y yo tendremos la perspectiva de mi padrino, mientras Hermione y tío Aragorn tendrían la de Meg. —la apoyó Harry.
—Me parece una buena idea —sonrió Aragorn—. Cuando terminemos de ajustar los detalles que le faltan ellos tres se unirán a Neville y Ron para hacer los deberes, que ellos ya habrán organizado y empezado a adelantar.
El castaño y el pelirrojo asintieron con pocas ganas, pues sabían que sin la ayuda de la castaña aquello sería tedioso y no avanzarían mucho.
Los niños salieron corriendo a buscar la lechuza del pelirrojo apenas les dieron permiso de levantarse de la mesa, prometiendo bajar en sólo quince minutos a la biblioteca para unirse a los otros a hacer los deberes. Luna, Jessica, Ginny, Ron y Neville se dirigieron a empezar con lo que les había llevado la directora.
Aragorn se ubicó con Angela sobre el escalón móvil, contando la pelinegro los segundos que tardó el mecanismo en que avanzase un escalón, apareciendo el siguiente tras ellos, momento en que fue detenido el movimiento por Hermione con el control, subiendo Meg con Sirius. La castaña hizo avanzar una vez más el mecanismo un escalón y lo detuvo, subiendo ahora ella con Harry, verificándole la chica de pelo negro que se había demorado exactamente cinco segundos, igual que la vez anterior.
Hermione activó entonces el mecanismo una vez más, asintiendo cuando pasaron por la rotación a mitad de escalera entre planta baja y el primer piso ante la observación de los dos chicos de pelo negro que eso demoraba quince segundos. Verificaron entre el primero y el segundo piso que el tiempo total entre un piso y otro era dos minutos y quince segundos, demasiado tiempo para una escalera eléctrica, pues se desplazaba casi al mismo ritmo de una persona por una normal. Repitieron la medición entre el segundo y el tercer piso con idénticos resultados. Cuando llegaron al cuarto piso la castaña controló el detener el mecanismo de modo que pudiese bajar cada uno de ellos con sus pacientes en sillas de manera cómoda.
—Graduaré que el avance del escalón demore dos segundos y la rotación siete segundos, eso dará un tiempo total entre piso y piso de cincuenta y cinco segundos —dijo pensativa la castaña—. También haré que se detenga en cada piso, así si se desea continuar se reactiva y no existe el problema para detenerlo en el punto exacto.
Meg y Sirius se miraban, un poco nerviosos.
—También deberíamos colocar una tablita móvil al final de cada piso para no tener que ver los escalones desapareciendo bajo la alfombra —opinó Angela—. Da la sensación cuando los miras que te vas a ir con ellos debajo del piso. —agregó con un pequeño escalofrío.
Hermione notó que Meg y Sirius asentían inconscientemente y sonrió levemente, al igual que Aragorn que también lo había visto.
—Vamos al cuarto para recostar a Sirius y luego hacemos esos cambios. —sugirió el hombre de ojos aguamarina, empezando a desplazar a su sobrina hacia allí.
—Yo quisiera acompañar a los chicos un rato mientras estudian. —dijo Sirius, sosteniendo firmemente la mirada a todos.
—Podríamos subir a acompañarte un rato, padrino. —sugirió Harry.
—Pero luego que arreglemos la escalera móvil, así descansas un ratito. —más que decirle le pidió Angela, sonriendo al verlo asentir con expresión resignada.
Cuando estaba Meg acomodando la silla de Sirius junto a la cama llegó Remus, ayudando a Aragorn a recostar al pálido hombre de ojos grises en la cama. Notaron que tenía la fiebre un poco alta y se miraron preocupados, entregándole Aragorn a Meg un vaso con poción para la fiebre que tomó de la mesita de noche.
—Pero no me toca tomar poción aún. —protestó el hombre de pelo negro al verlo.
—Es sólo para que te baje la fiebre, cariño —le dijo la rubia sentándose junto a él—. Así no te debilitarás.
Sirius iba a protestar de nuevo, pero al ver las expresiones de preocupación de su prometida y los dos chicos pelinegros gruñó en voz baja y se la tomó, sonriendo al recibir un beso de la mujer a quien amaba al finalizar. Se quedó dormido un minuto más tarde, agotado por las emociones y el malestar de su cuerpo.
Meg les agradeció con una sonrisa a los cinco, que se retiraron en silencio para no perturbar el descanso de su prometido.
Tres horas más tarde, cuando Sirius entreabrió los ojos, estaban los diez chicos sentados en una mesa a los pies de la cama estudiando con Meg y Nymph. No hizo ningún movimiento que delatase que se había despertado, manteniendo los párpados semicerrados.
Miró alrededor y notó que habían movido la cama pequeña en que dormía su prometida hacia un lateral, para ubicar la mesa alrededor de la cual los chicos hablaban en voz baja con las dos mujeres y entre ellos. Analizaban con Meg unos contrahechizos para las clases de D.C.L.A.O., según entendía de lo que oía, los cinco que estaban en séptimo año. Las tres chicas de sexto estaban enfrascadas en Pociones, mientras los dos niños estudiaban Transformaciones con Nymph.
Notó que los diez chicos analizaban sus temas apoyándose en varios libros de texto que había sobre la mesa, con mucha seriedad, dejando escapar comentarios eventuales sobre la aplicación de aquello en la guerra que estaban viviendo. Frunció el ceño al oírlos y que las dos mujeres no sólo no los regañaban por aquello, sino que opinaban al respecto.
Se contuvo de suspirar, para que no supiesen aún que estaba despierto, al oír a los niños nombrar a Voldemort preguntando si podrían transformar piedras en combatientes durante una batalla. Los gemelitos suspiraron frustrados cuando Nymph les decía que aquello era muy complicado, pero que podían usar el hechizo levitador que estudiaban en Encantamientos para arrojarlas contra los mortífagos. Eso hizo sonreír a los niños, que luego reanudaron la búsqueda en los libros sobre la transformación que les había asignado de tarea la profesora Galadriel.
"Ahora que lo escucho se me hace lógico. Minerva es ahora la directora hasta donde sé, lo que le haría casi imposible el dar clases. ¿Por qué dictará ahora el anciano Pociones? A la actual directora nunca le ha agradado totalmente Quejicus, pero había respetado la decisión de Albus en cuanto a que él impartiese clases en Hogwarts. ¿Por qué sacarlo al morir el director? ¿Tendrá algo que ver con el asesinato de Albus? Algo me dice que es así luego de la cara de rechazo de Remus cuando le pregunté por el murciélago infiltrado en filas enemigas", pensaba mientras los miraba.
Meg analizaba con los chicos un contrahechizo que él recordaba haber estudiado en su primer año en la Academia para Aurores, no en el colegio. Por lo que entendía el profesor Elrond les había puesto como asignación el investigar las bases teóricas del mismo, sin embargo los chicos estaban practicando el movimiento con su prometida, sin varita. "¿Qué locura es esta? ¿Por qué a los chicos les están exigiendo esa investigación comenzando su séptimo año?".
Vio que los cinco chicos debatían sobre los hechizos derivados tanto de la maldición como del contrahechizo, sus usos permitidos y los no permitidos pues, según le decían claramente a Meg, esas leyes no detendrían a los mortífagos de usarlos, por lo cual ellos afirmaban que se veían en la obligación de estudiarlos y analizarlos a fondo. La rubia no parecía estar muy conforme con esto pero parecía no conseguir hacerlos desistir y que se limitasen a lo solicitado por el profesor. "Es el momento de hacerme notar y apoyarlos", decidió.
—Yo también considero que es mejor estar preparados para lo que se pueda presentar. —dijo con voz profunda y calmada, sonriendo al ver que los doce se sobresaltaban al oírlo, corriendo hacia la cama los dos niños, mientras exclamaban:
—¡Despertaste tío Sirius! —preguntando en seguida—: ¿Cómo te sientes? —también a coro, mirándolo analíticamente.
—Como si hubiese dormido días, descansado y tranquilo —les respondió con una sonrisa, acariciándoles con cariño la cabeza—. Me agrada mucho que todos quieran prepararse para defenderse adecuadamente, también me ha gustado oír que los nuevos profesores distan mucho de la forma de pensar de Umbridge, pero me preocupa que hablen ustedes dos sobre participar en batallas. Son muy pequeños para eso. —les dijo con cariño a los gemelitos.
Los niños rodaron los ojos pues no se esperaban que también él les dijese aquello.
—No sabemos si en algún…
—… momento nos veremos…
—… involucrados en una…
—… batalla, tío Sirius…
—… porque a los mortífagos…
—… no les interesa si sus blancos…
—… pueden o no defenderse.
—En eso estoy de acuerdo —les dijo Sirius con una sonrisa, ayudado por Meg y Ron a recostarse medianamente sentado apoyado en almohadones mientras los niños le exponían su objeción—. Lo que quiero decir es que sus mayores haremos lo posible porque ustedes no tengan que presenciar lo que ocurre en una batalla —les explicó su planteamiento. Frunció el ceño al ver que los niños se miraban entre ellos nerviosos, con tristeza en la mirada. Recordó lo que Aragorn le había reclamado a Scrimgeour cuando se interpuso para que lo dejasen descansar y preguntó rápidamente—. ¿Ustedes ya estuvieron en una en el ataque al tren el 1 de septiembre?
—¿Cómo sabes tú eso? —preguntó desubicada Meg, tan asustada como los diez chicos por la pregunta.
—El enfrentamiento entre Aragorn y Rufus —afirmó mirando a su prometida directamente—. Aragorn le reclamó al Ministro que por su culpa mi hija estaba delicada de su salud, desde el ataque al tren en el que los había dejado totalmente expuestos, y Scrimgeour le respondió que una vez más se disculpaba por el error cometido el 1 de septiembre. ¿Qué pasó ese día? ¿Por qué la salud de mi hija se vio afectada? ¿De qué manera? —bombardeó a preguntas, mirándolos inquisitivamente a todos, notando de inmediato su nerviosismo y que se miraban de manera interrogante entre ellos.
—El 1 de septiembre Voldemort atacó el Expreso de Hogwarts —se decidió al fin a responderle Harry—. Al Ministerio de Magia había llegado la información que aquello podía ocurrir, sin embargo al Ministro se le ocurrió la "magnífica" idea de reunir a todos los aurores en el Ministerio en espera que Voldemort se presentase a la estación para encerrarlo allí y detenerlo. Además de no avisarles a los alumnos, familiares o a la profesora McGonagall sobre lo que posiblemente ocurriría ese día.
—Muchos no estuvimos de acuerdo con eso, porque no sólo ponía en riesgo la vida de muchos niños y jóvenes, sino que era muy probable que Voldemort no se presentase en la estación y atacase al tren durante el trayecto, como de hecho ocurrió. —siguió Meg, con expresión molesta al recordar lo ocurrido.
»Protestamos con Gawain Robards, pero aunque nos escuchó no pudo convencer a Scrimgeour de cambiar sus planes y él decidió obedecerle una vez más. Aunque hay que reconocerle que preparó un plan para ayudar apenas recibiese una petición de ayuda durante el camino, a espaldas de su jefe. Le insistimos en que se podría dar la situación que quedasen incomunicados, pero no quiso oponerse frontalmente a la orden del Ministro para evitar rupturas dentro del Ministerio estando en guerra.
»Nymph, Kingsley, Steve, tío Richard y yo renunciamos y nos pusimos en contacto con La Orden del Fénix para respaldar la protección que se le daría al tren, con todos los que se habían unido a ella desde la muerte de Albus después que se le uniesen Arwen, Eowyn, Faramir y Aragorn. —Se detuvo mirando preocupada a su prometido, sin saber si debía seguir.
—Yo me había enterado por mis propios medios de lo que se esperaba ocurriría ese día —continuó Angela, sosteniéndole la mirada gris analítica a su padre, con su Occlumancia arriba para evitar que investigase más allá de lo que ella le diría—. Por lo que pude ratificarle a Harry la información que le dio tío Remus cuando intentaron convencerlo para que no fuésemos en el tren ese día.
—Ellos habían organizado unos trasladadores para nosotros. Pero no podían avisarles a todos los alumnos y familiares lo que podría ocurrir porque no teníamos tiempo y se podía además alertar a los mortífagos —siguió Ron—. Al Ministerio no le importaba usarnos de carnada para atrapar a Voldemort, aunque luego alegasen ignorancia como defensa ante la comunidad mágica.
—El E.D.H. decidió unánimemente ir en ese tren y pelear —continuó Harry decidido—. Ese día a pesar de los ochenta mortífagos, los doscientos dementores, los tres gigantes y una extraña criatura que llevó Voldemort, sólo fallecieron Jim Doe que era el conductor, Elphias Doge, Elizabeth Corrigan de segundo año, Andrew Abercrombie de quinto año y Max Murray de sexto año, pero varios fuimos heridos seriamente.
—Yo fui una de los más gravemente heridos, papá, al igual que Harry, Charlie y mis tíos Eowyn, Arwen y Aragorn —le dijo en tono suave Angela—. También fueron heridos de consideración Luna, George, Joanne, Sue, Sally, Chloe, Alex, Pacey, Steve, Terry, Kingsley, Dennis, Joe y tío Faramir. Pero todos nos hemos recuperado.
—Ese día murieron Lucius Malfoy, Fenrir Greyback, Alecto Carrow y al menos sesenta mortífagos más, además de terminar loco Rodolphus Lestrange. También terminamos con los tres gigantes y el monstruo que llevó ese maniático. —finalizó Ron con expresión fiera.
—Nosotros estuvimos allí, tío Sirius…
—… Sabemos de lo que son capaces
—… Voldemort y sus mortífagos…
—… También que todos quieren protegernos…
—… pero que a veces les es imposible hacerlo…
—… Y la mejor manera es enseñarnos…
—… a defendernos nosotros mismos.
Sirius los había escuchado atentamente, apretando con sus manos las sábanas, haciendo esfuerzos para contenerse y no gritar por la rabia, el dolor y la impotencia que sentía. Hubiese deseado de todo corazón haber estado allí y haberlos ayudado de alguna manera.
—Ahora que ya está aquí con nosotros tiene que recuperarse para que nos ayude y nos enseñe usted también algunas cosas sobre Defensa. —le dijo Luna con una sonrisa y su habitual sinceridad.
—Será maravilloso mostrarte…
—… todo lo que hemos aprendido…
—… tío Sirius, cuando ya estés…
—… restablecido totalmente…
—… y que practiques con nosotros.
—Pero mientras tanto nos puedes ayudar con los deberes —dijo Ron, encogiéndose de hombros con expresión inocente, retrocediendo ante la mirada enojada de su novia—. ¿Qué? —le preguntó.
—Tú lo que tienes que hacer es concentrarte cuando estás estudiando y no tener tu mente divagando, para que puedas hacer los deberes sin necesidad de pedir ayuda. —lo regañó Hermione.
—No puedo evitar pensar en ti, mi amor, la más hermosa de las brujas. —le dijo en un tono mezcla de inocencia y seducción que hizo enrojecer a Hermione y sonreír a todos.
El pelirrojo había conseguido la manera perfecta de silenciarla cuando lo regañaba por los estudios, sin hacerla enojar.
Sirius comprendió que evadirían el responderle más preguntas y no quiso presionar, especialmente al notar que su hija y su ahijado lo miraban con preocupación.
—Si me muestran lo que estudian los ayudaré —afirmó con una sonrisa, añadiendo con tono ligeramente arrogante—. Yo era uno de los mejores en el colegio. Me hubiese graduado con honores de no ser por mi expediente de bromista y no eran tan come-libros como los he visto a ustedes.
—¡Excelente! —exclamaron los dos niños a coro, corriendo de inmediato hacia la mesa para buscar sus pergaminos.
Hermione lo miró con aire de contenido reproche, tal cual lo miraba McGonagall cuando hablaban de sus años de colegio, haciéndolo sonreír con diversión en el rostro.
Jessica, Angela y Harry sonrieron con una mezcla de alegría y melancolía, dirigiéndose a la mesa con sus amigos para seguir estudiando.
Cuando subieron al cuarto Eowyn, Arwen, Remus y Aragorn se consiguieron a las trece personas en la habitación arrojándose pergaminos arrugados en forma de pelotitas, en una batalla entre el bando femenino y el masculino, todos riendo muy divertidos. Los cuatro arquearon las cejas mirándolos interrogantes, silbando Arwen para llamarles la atención, sonrojándose al ver la expresión de asombro de Sirius y la divertida de los demás.
—Se suponía que estaban estudiando silenciosamente para dejar descansar a Sirius. —dijo Aragorn con fingida seriedad, evitando mirar a su esposa para poder mantener su postura.
—Ya terminamos todos, papá Aragorn. —le explicó en su tono más meloso Christine, acercándose con sus deberes a él para mostrárselos.
—Tío Sirius nos empezó a ayudar desde que despertó. —completó Christopher con una sonrisa inocente que no convenció a ninguno de los cuatro recién llegados.
—Me alegra que los hayas ayudado, amigo —le dijo Remus con una sonrisa, luego que los otros chicos también le mostrasen los deberes terminados—. Bajemos a enviarle esto a Minerva y organizar el almuerzo. Christine, Luna y Neville se quedarán con Eowyn, Arwen y Aragorn para revisar y curar a Sirius.
—Sí. —aceptaron todos a coro, pero los diez chicos se volcaron a limpiar la habitación de las bolitas de pergamino que habían usado en la "pequeña batalla" antes de salir del cuarto.
A excepción de Sirius todos los adultos ayudaron, con una sonrisa en los labios, mientras los niños les contaban a los recién llegados que todo se había iniciado por una broma de Harry a Luna y otra de Angela a Ron, que había dicho que los dos pares de gemelos eran mejores para bromas y que eso era irrebatible.
Remus denegó levemente, suponiendo correctamente que aquello apenas empezaba. Salió del cuarto con su prometida y los siete chicos, quedando con Sirius los otros tres, la prometida de éste y los tres Dunedains.
Cuando Meg y Sirius se enfrentaron de nuevo a las escaleras eléctricas estaban un poco nerviosos, pero al bajar de ellas en planta baja estaban relativamente tranquilos y lograron sonreírle con sinceridad a Hermione, Angela, Harry, Remus y Aragorn, agradeciéndoles las modificaciones que habían hecho. Se sentaron a comer tranquilos, pero la paz sólo duró un par de minutos hasta que Luna, Neville y Ron casi escupen el jugo de calabaza al probarlo.
—¡Jessica! —protestaron los dos chicos a coro, mientras la rubia reía al igual que la chica de ojos miel.
—Le puso sal en lugar de azúcar. —aclaró Eowyn luego de probar del vaso de la chica rubia, con tono de disgusto.
—Les hemos dicho que con la comida no se juega. —intentó regañarlos Aragorn, pero sus ojos mostraban la sonrisa que a duras penas contenía en su boca.
—Perdón. —se disculpó Jessica con aire de niña traviesa, levantándose a cambiarles los vasos de jugo a sus tres amigos, mirándola los dos chicos con un poco de recelo.
Unos minutos más tarde llegaban Pig y Hedwig con unos paquetes pequeños para Ginny y Hermione, que los abrieron confiadas por provenir de Harry, consiguiéndose con que no podían despegar los dedos del papel de envoltorio. El pelinegro a duras penas contenía la risa al verlas irritadísimas intentando zafarse de aquello.
—Vamos a la sala a que nos quites esto, mi amor. —le dijo la menuda pelirroja a su novio con aire amenazante.
Harry asintió y las siguió, con Jessica llevando la silla, los dos conteniendo con dificultad la risa.
—¿Cómo es que Harry se atrevió a meterse con ellas dos? —les preguntó Nymph a los otros chicos con aire de diversión.
—Ellas lo retaron que no se atrevería. —le respondió Angela con aire travieso, encogiéndose de hombros.
Los cuatro chicos regresaron al comedor, pasados sólo unos minutos, con la castaña y la pelirroja con expresión molesta y los otros dos de niños regañados.
Siguieron comiendo un poco tensos siete chicos y ocho adultos, a la espera de la siguiente broma, contándoles Bill y Charlie los "pequeños" inconvenientes que habían tenido con sus mujeres cuando les habían tenido que contar la verdad sobre el rescate de Sirius y lo ocurrido desde esa noche. Sólo Nymph, Arwen y Sirius parecían estar divertidos con la situación, pues todos lanzaban miradas nerviosas a Angela que fingía no darse cuenta.
Remus les informó que se había reunido con los miembros de La Orden del Fénix, contándoles del rescate de Sirius y lo ocurrido desde ese día, luego de hablarlo con los del G.E.M.A. para revelarles lo referente a los dones con autorización del señor Mithrandir.
Justo en el momento en que Sirius iba a preguntar sobre el proceso qué implicaba, vieron que el pelo de los niños y el de Ron, que acababan de probar el postre antes de terminar de comer y decían con la boca llena que estaba rico, crecía rápidamente y cambiaba entre colores chillones. Angela, Jessica y Harry se soltaron a reír a carcajadas, mientras los tres chicos corrían rápidamente fuera del comedor sacando sus varitas en el camino, con Hermione bastante enojada saliendo tras ellos.
—¿Quién fue? —preguntó con pretendida seriedad Remus, sospechando la respuesta.
—Yo. —levantó la mano Angela con expresión divertida en su rostro.
—Creí que te había quedado claro que no debías jugar con comida o caramelos. —le dijo Aragorn serio, preocupado por la posibilidad que la chica generase situaciones para que la regañasen frente a su papá, creando conflictos. No lo hubiese esperado de ella.
—Yo nunca irrespetaré una orden que me den ustedes a menos que sea indispensable por algún secreto de Harry o el E.D.H., tío Aragorn —le respondió ella con tono suave, comiendo un poco de postre del plato del niño, no ocurriendo ninguna modificación en su pelo negro azulado—. Hermione, Jessica y yo tenemos tiempo diciéndoles a los tres que no se debe hablar con la boca llena. —aclaró ante la muda interrogante de todos en la mesa.
La castaña, el pelirrojo y los niños que regresaban en ese momento, pues la primera les quitó el hechizo con mucha facilidad, escucharon todo. La primera asintió con expresión de estar de acuerdo, mientras los otros tres bajaban la cabeza con expresión culpable.
—Entiendo. Ha sido una terapia de recordatorio. —le dijo con tono suave Aragorn a su sobrina, pidiéndole disculpas con la mirada por haber pensado que le pondría en dificultades con el padre, sonriendo agradecido ante la sonrisa abierta de ella.
Sirius había estado muy atento al intercambio de palabras, miradas y gestos, sintiendo una vez más celos paternales de la compenetración que notaba entre su hija y el tío. Frunció el ceño al recordar que Angelica le había dicho a Angela que no permitiese que los separase.
Después de comer los chicos le hicieron un paseo a Meg y Sirius por toda la casa, excepto el sótano. Les mostraron con detalle la distribución de la planta baja, donde se encontraban la sala, la biblioteca, el área de servicios, un cuarto donde se guardaban los útiles de limpieza, la habitación en que dormían los elfos, el baño general, tan grande que aún Hagrid podía usarlo con relativa comodidad, un salón de reuniones, el comedor, la cocina y el estante en que guardaban las escobas camino a la puerta posterior que daba hacia el jardín.
En el primer piso estaban las habitaciones donde se quedaban Christine, Angela y Jessica compartiendo una de las más grandes con vista al jardín posterior. Ginny, Hermione y Luna en la otra. En las dos medianas junto a esos cuartos estaban las que usarían la señora Galadriel y la profesora Minerva, para que se quedasen allí de ser necesario. El señor Elrond y el señor Mithrandir se quedarían en las otras dos medianas con vista a la calle, estando separada la del anciano del saloncito con la chimenea por un cuarto de usos múltiples.
En el segundo piso estaban vacías las dos habitaciones grandes que tenían vista al jardín, estando las cuatro habitaciones medianas distribuidas con Kingsley en una de las que daban a la calle, Charlie y Bill compartiendo la otra (la que en el pasado habían ocupado como visitantes Alice y Frank Longbottom), Arwen y Aragorn en la que estaba frente a las escaleras (que habían usado en sus visitas allí Angelica y Sirius), mientras Eowyn y Faramir estaban frente al saloncito con la chimenea y el cuarto de usos múltiples (en la que se habían quedado alguna vez Jennifer y Remus).
En el tercer piso Harry había acondicionado la que usaban sus padres para él, una de las más grandes que daban al jardín. Esperaba en un futuro cercano, según sus propias palabras, compartirla con la que sería pronto su esposa, Ginny. En la otra habitación grande con vista al jardín estaban Christopher, Fred y George. En la habitación pequeña, frente a las dos alacenas y el saloncito con la chimenea se quedaba Neville que generalmente iba a casa de su abuela si no estaba en el colegio. Ron se quedaba en la que estaba frente a las escaleras. Las dos que daban a la calle estaban vacías.
Sólo los Merodeadores y los chicos sabían cuáles habitaciones habían sido usadas por los padres de Harry y las gemelas con sus parejas cuando compartieron en aquella casa, pero todos guardaron silencio al respecto.
En el cuarto piso habían ubicado a Sirius en la que estaba junto a las escaleras, con vista a la calle, a Meg en la que estaba frente a la de él, quedándose Nymph y Remus en la que estaba diagonal. El cuarto pequeño frente al saloncito con chimenea y el cuarto de usos múltiples, así como las dos grandes del fondo, estaban vacías.
En el quinto y último piso, además de la habitación enorme que ya existía allí acondicionada para prácticas, había dos medianas al otro lado del pasillo con estantes con pociones extrañas (para Sirius) y una un poco más grande acondicionada para trabajar con Pociones, además de la salita de estar con chimenea y un baño grande independiente.
Luego del paseo llevaron al pelinegro de ojos grises a descansar.
Durante quince días esquivaron hábilmente las siguientes preguntas de Sirius en base a bromas, estudio, contarle sobre los cambios en el Ministerio y el mundo mágico, la guerra en la que se encontraban y la competencia entre Rita Skeeter y Joan Dryden, para desvelar primero ante el mundo mágico la verdad sobre el cambio en la Fuente de la Hermandad Mágica, la primera con estrambóticas aseveraciones, la segunda con fotos de la pancarta y entrevistas a empleados de mantenimiento del Ministerio, las dos basadas en un "dato anónimo" que les había llegado diciéndoles que lo dicho "en exclusiva" por el Ministro no era cierto y hablándoles de "La Verdadera Hermandad Mágica" como "la organización" que realmente había efectuado el cambio.
Tras un breve interrogatorio de Aragorn los niños confesaron que ellos les habían enviado las notas a las dos periodistas. Los tutores de los pequeños gemelos, comprendiendo su sentir en cuanto al Ministro, no los castigaron pero les insistieron en que hablasen con ellos antes de hacer ese tipo de cosas.
El primer viernes de diciembre en la mañana viajaron al anterior cuartel con un Sirius bastante recuperado. Allí Angela complació a su papá y destruyó el lienzo de su abuela paterna y el Árbol Genealógico de los Black, pero le pidió que no hablasen aún con Kreacher hasta que él no se recuperase totalmente. Eliminaron el Fidelius e intentaron convencer a los Weasley de mudarse allí, pero los dos se negaron. Hicieron el nuevo encantamiento Fidelius con Molly, que accedió a la petición de Angela y Harry de ser ella la nueva guardiana de la casa.
Sirius finalizó la reunión diciéndoles, con una sonrisa en el rostro, que de ser necesario iría personalmente a demoler La Madriguera en cuanto se recuperase, pero que aquella sería la casa de los Weasley. También dijo que no iría de nuevo allí si podía evitarlo, ni siquiera por los hijos de Ginny con Harry. Sólo la intervención de Remus y Harry había evitado que estallase Molly, recordándole los dos que Sirius aún estaba convaleciente y no debían discutir con él, que luego lo volverían a hablar con calma.
En la tarde un muy sonriente Sirius se reunió, acompañado de Angela, Harry, Jessica, Nymph, Remus y Bill, con Ragnok, el duende director de Gringotts. Sirius ratificó a los tres primeros como sus herederos y a Bill como su administrador, incluyendo a las chicas como había hecho su ahijado y manteniendo el porcentaje para el pelirrojo mayor del 2% adicional al sueldo. Sólo que añadió como herederos a Chris & Chris. Además traspasó las cámaras #513 y #514 a su prima y su amigo de inmediato, nombrándolos propietarios conjuntos de la cámara #710, donde debían ser depositadas la séptima parte de sus ganancias.
También solicitó que Jessica, Christine y Christopher tuviesen acceso a una bóveda común, la #714, con autorización previa de su padre y tutores, donde debía ser depositada otra séptima parte de sus ganancias. La cámara #712 pasaría a ser de Angela y Harry, en donde sería depositada otra séptima parte de sus ganancias. Él conservaría la #711 que compartiría pronto con su esposa Meg y sus hijos con ella, donde se depositarían una séptima parte de sus ganancias.
Una séptima parte sería depositada en la cámara #709, teniendo acceso indistinto Minerva, Harry, Remus, Arthur, Kingsley, Aragorn y Sirius. Se depositaría otra séptima parte en la cámara #715, la cual sería reinvertida en negocios, mientras la otra séptima parte era distribuida entre las cámaras #716, #717 y #718, uniéndose a las otras propiedades y el 21% de las acciones de Gringotts como bienes a heredar por los cinco chicos y la familia que esperaba conformar próximamente con Meg.
Traspasó así mismo la propiedad del #12 Grimmauld Place a nombre de Molly y Arthur Weasley, sonriendo ante la cara de sorpresa del pelirrojo que no se esperaba aquello. Le ordenó también a Bill, como su nuevo administrador, que le adquiriese una propiedad cerca del bosque de Sherwood para mudarse allí luego que abandonase la casa en la que se estaba recuperando bajo los cuidados de Eowyn y Arwen White.
Le traspasó por último su apartamento de soltero a Kingsley Shacklebolt, entregándole una nota a Bill para que se la diese al ex auror cuando le entregase las llaves, con una sonrisa pícara que hizo comprender a los presentes que el moreno se presentaría a los pocos segundos de leerla frente al Merodeador.
Llevaba quince días sin obtener más respuestas, pero sabía ya el método que estaban usando para evadirlo. Había deducido muchas cosas de sus actitudes y había planeado una nueva forma de preguntar lo que aún desconocía, plan que iniciaba con los traspasos de Grimmauld a los Weasley y el apartamento a Kingsley.
