Disclaimer: Twilight pertenece a Stephenie Meyer, cuya historia y personajes han inspirado este fanfic.


No sabes lo que tienes… hasta que lo pierdes.

XXV

3 meses después

Sabia perfectamente que quedarme embarazada al primer intento era poco probable, pero subconscientemente me había hecho ilusiones. Y los discursos médicos de Edward sobre hormonas, ciclos, temperaturas, días fértiles y mil cosas más... no me ayudaban. Yo perdía la cuenta de los días, mis reglas sin la píldora no eran regulares y me sentí como cuando tenía 15 años de nuevo y Alice se sorprendió cuando supo que a mi el periodo no me venía rigurosamente cada 28 días como a ella.

Tampoco me ayudaba que él estuviera tan tranquilo porque me hacía parecer ansiosa, y lo estaba, pero también podía estarlo él.

Las lágrimas se me saltaron tras contar una vez más los días en el calendario. Estos cambios de humor... las molestias... síndrome pre-menstrual.

Horas más tarde ya era oficial... otro mes más de espera.

Cuando Edward volvió del hospital esa tarde y me encontró en la cama, no le hizo falta preguntar, se tumbó detrás de mí y me rodeo con los brazos, besando mi nuca con delicadeza.

Por culpa de las malditas hormonas empecé a llorar desconsoladamente.

—Shhhh, cariño, no llores... venga —Edward me dio la vuelta y quedamos el uno frente al otro—, ya hablamos sobre esto, demos tiempo a la naturaleza.

Asentí limpiando mis lágrimas con las manos.

—Lo sé... es... que estoy un poco sensible.

Edward se rió para si dando un beso en mi frente.

—Descansa, ¿vale? Voy a darme una ducha... ha sido un día muy largo en el hospital.

—Vale... —dije cerrando los ojos mientras le sentía caminar por la habitación y después escuché el agua de la ducha y ese sonido me ayudó a conciliar el sueño.

[...]

—Richard quiere publicar antes el cierre de tus libros juveniles.

—Pero...

—Bella tienes un contrato.

—En mi contrato no especificaba que no podía publicar otras obras entre medias.

—Si lo sé, pero no crees que es mejor que cierres unas cosas antes de empezar otra. Y además la subvención de...

—Sshhhh, no lo digas... ya me lo has dicho mil veces.

—Bella, ¿se puede saber cual es tu problema con el Sr. Volturi?

—Ninguno.

—Pues para no ser ninguno... en fin, Bella, ¿me lo vas a contar alguna vez, o no?

Suspiré.

—Su secretaria es la ex-mujer de Edward.

—¿Tania?

—Si

—Vaya, qué pequeño es el mundo, hable con ella hace un rato... es un encanto, aunque... imagino que no pensarás igual.

—Bueno, ella... y yo no nos llevamos muy bien. Y bueno es que... ¿no te parece muy siniestro?

—¿Volturi? Si un poco, pero es un hombre de negocios. ¿Y como no se puede llevar Tania bien contigo, Bella? Eres la persona más dulce que conozco.

—Gracias Kate... viene de lejos, ¿recuerdas que te dije que Edward y yo nos conocemos de toda la vida... Nunca le gusté.

—¿Por? No lo entiendo.

—Edward y yo éramos muy amigos en el instituto, y Tania... no lo llevaba muy bien.

—Desde luego si Edward te miraba entonces como te mira ahora, no me extraña —Kate rió un poco intentando aligerar el peso de la conversación.

—No lo hacia... yo era su amiga, la amiga de su hermana pequeña, y me consideraba eso, una hermana.

—¿Te preocupa que Volturi sepa de esta relación, es ese el problema?

—No, él ya sabe que Tania y yo nos conocemos... imagino que Tania le habrá puesto al día... aunque no lo sé. Solo es un mal presentimiento, me siento incomoda... no me gusta que mis problemas personales se mezclen con el trabajo.

—Entiendo. Aún así su subvención respaldará el lanzamiento del cierre de tu saga, bajo su petición. De hecho dejó muy claro que no quiere que usemos su dinero en el lanzamiento del nuevo libro. Y Samuels no se lo va discutir. A fin de cuentas es el hermano de su esposa, y Samuels es muy familiar cuando se lo propone.

Genial.

¿Y como vamos a hacerlo? Samuels dijo que no quiere que usemos mis libros juveniles como respaldo.

—Lo sé. Pero Bella, la gente sabe más o menos quien eres, y muchos de tus lectores no son tan jóvenes. Querrán leer lo nuevo.

—La media es 16-18, no querrán leer una novela histórica.

—Pero si querrán una novela con una historia de amor. Y eso es lo que es tu novela, y es lo que vamos a venderles.

Arrugué la nariz pensando que la parte de historia de amor en mi libro no era algo realmente principal en la trama. Era secundario, importante, si, pero secundario.

—Kate... no sé... yo...

—Solo hay que trabajar un poco más algunos aspectos, y será perfecta. Ya lo veras.

Y ahí es donde me di cuenta de lo que Kate estaba insinuando.

—No voy a cambiar la historia.

—No te estoy diciendo que tengas que cambiarla.

—No pero lo estás insinuando. Y la respuesta es No.

—Bella, aunque queda mucho que editar, y mucho que escribir.

—Si, pero tengo muy claro en mi cabeza lo que quiero escribir.

—Bella, no adelantemos acontecimientos, de acuerdo, necesitamos que acabes el otro libro, céntrate en él y ya trataremos este tema cuando corresponda.

Cuando colgué a Kate sentí unas ganas horribles de romper algo y así lo hice. Cogí uno de mis libros, una copia del primer libro que publique y lo rompí, lo rasgué por la mitad.

Me senté frente a mi portátil y abrí un documento nuevo y empecé a escribir... desde cero... algo nuevo.