Los personajes son de la magnifica Stephenie Meyer.

La historia es una adaptación y pertenece a Sandra Brown.


Capítulo 24

El primer obstáculo en la cuidadosamente organizada campaña de Jasper ocurrió el tercer día. Se encontraban en Houston. Aquella mañana, Edward dirigió, a la hora del desayuno, un apasionado discurso a un ruidoso grupo de estibadores. Fue bien recibido.

A su regreso al hotel del centro de la ciudad, Jasper entró en su habitación a devolver las llamadas telefónicas que se hubieran producido durante su ausencia. Los demás se reunieron en la suite de Edward. Emmett se ocupó de los periódicos de la mañana, examinándolos en busca de artículos relacionados con Edward, con su oponente o con las elecciones en general. Bella estaba sentada en el suelo al lado de Nessie, que hacía garabatos en un cuaderno de dibujo.

Edward se estiró en la cama, tras colocar unos cuantos cojines detrás de la cabeza. Encendió el televisor para ver un concurso. Las preguntas eran estúpidas, las respuestas, frenéticas y el presentador, odioso; pero a veces algo tan banal le relajaba la mente y le abría nuevas vías de pensamiento. Las mejores ideas le llegaban cuando no estaba concentrado.

Carlisle y Esme hacían un crucigrama juntos.

Jasper interrumpió el tranquilo escenario. Entró corriendo en la habitación más excitado que nunca.

-Apaga ese aparato y escucha.

Edward utilizó el control a distancia para apagar el aparato. -Bueno -dijo con una sonrisa expectante-, ya tiene usted la atención de todos, señor Withlock.

-Uno de los clubes Rotario más importantes del Estado se reúne hoy al mediodía. Es la reunión más importante del año. Se le toma juramento a los nuevos oficiales, y las esposas están orador que tenían preparado se ha puesto enfermo esta mañana. Quieren que vayas tú.

Edward se incorporó y pasó sus largas piernas al otro lado de la cama.

-¿Cuántas personas?

-Doscientas cincuenta, trescientas. -Jasper rebuscaba entre los papeles de su maletín-. Se trata de importantes hombres de negocios y profesionales, pilares de la comunidad. El Club Rotario más antiguo de Houston. Sus miembros tienen mucho dinero, incluso en esta mala época. Aquí tienes. -Le lanzó a Edward varias hojas de papel-. Éste fue un discurso estupendo que diste en Amarillo el mes pasado. Míratelo. Y, por el amor de Dios, quítate esa ropa deportiva y ponte un traje conservador.

-Parecen gente más apropiada para Dekker.

-Lo son. Por eso es importante que vayas. Dekker te ha descrito como un chaval con la cabeza en las nubes, en el mejor de los casos, o un loco liberal, en el peor de los casos. Demuéstrales que tienes los pies firmemente plantados en el suelo y que no tienes cuernos ni una cola en punta. -Miró por encima del hombro-. Tú también estás invitada, Jessica, ponte lo más guapa posible. Las mujeres…

-No puedo ir.

La atención de todos se desplazó bruscamente de Jasper a ella, donde seguía sentada en el suelo con Nessie, sosteniendo unos lápices de colores en la mano y un dibujo del Pato Donald en el regazo.

-Nessie tiene una cita con el doctor Webster hoy a la una.

-¡Mierda! -Edward se pasó la mano por el cabello-. Es verdad. Me había olvidado.

Jasper repartió su mirada incrédula entre los dos.

-No puedes ni siquiera considerar la posibilidad de echar a perder esta oportunidad. Hemos subido un punto en las encuestas esta semana Edward, pero todavía nos ganan por un buen margen. Este discurso podría significar muchos dólares para la campaña, dólares que necesitamos para pagar anuncios en la televisión.

Emmett tiró a un lado el periódico doblado. -Pacta otra cita con el doctor.

-¿Qué te parece, Jessica? -preguntó Edward.

-Sabes lo mucho que me costó conseguir ésta. Seguramente no me daría hora hasta dentro de varias semanas. Y, aunque me la diera, no creo que sea bueno para Nessie posponer la visita.

Edward vio que su hermano, su padre y el jefe de la campaña se miraban los unos a los otros. Querían que pronunciara un discurso ante esos influyentes personajes, y tenían razón. Los conservadores, fieles seguidores de Dekker, necesitaban que se los convenciera de que él era un candidato viable y no un loco principiante. Sin embargo, cuando miraba a su mujer sentía la fuerza de su tranquila mirada. Iban a maldecirlo hiciera lo que hiciera.

-¡Dios!

-Yo podría ir a ver al psicólogo con Jessica -se ofreció Esme-. Edward tú di el discurso. Nosotras te contaremos más tarde lo que haya dicho el médico de Nessie.

-Te agradezco la oferta, mamá, pero es mi hija.

-Y esto podría significar salir elegido -argumentó Jasper, levantando la voz.

Emmett se levantó y se subió el pantalón, como si estuviera a punto de empezar un combate de boxeo.

-Estoy completamente de acuerdo con Jasper.

-Por un discurso no voy a perder las elecciones. ¿Papá?

-Creo que tu madre es la que ha ofrecido la mejor solución. Sabes que no tengo mucha fé en los psiquiatras, de modo que no me molestaría lo más mínimo en ir a oír lo que éste tiene que decir de mi nieta.

¿Jessica?

Su esposa había dejado que la discusión tuviera lugar a su alrededor sin decir palabra alguna, lo cual era muy poco característico de ella. Desde que Edward la conocía, nunca había dejado de dar su opinión.

-Las dos cosas son terriblemente importantes, Edward -le oyó decir-. Tienes que decidirlo tú.

Jasper maldijo en voz baja y la miró con gran irritación. Hubiera preferido que vociferara y que desvariara para conseguir lo que quería. Edward pensaba exactamente lo mismo. Resultaba mucho más fácil decirle que no a Jessica cuando se ponía insoportable e inflexible. Últimamente, utilizaba para expresarse más sus oscuros y elocuentes ojos que la estridencia de su voz.

Se decidiera por lo que se decidiera, alguien se disgustaría. El factor decisivo fue la propia Nessie. Observó su carita seria. Aunque no hubiera podido comprender la controversia que tenía lugar a su alrededor, parecía disculparse por todo el lío que estaba causando.

-Llámales, Jasper, y excúsame amablemente. -La postura de Jessica se relajó, como si hubiera estado en tensión hasta oír la decisión final-. Diles que la señora Cullen y yo tenemos otra cita.

-Pero...

Edward levantó la mano para impedir un bombardeo de recriminaciones. Le dedicó a su amigo una mirada dura y llena de determinación.

-La primera obligación que tengo es con mi familia. Me prometiste tu comprensión, ¿recuerdas?

Jasper le dedicó una mirada dura también y exasperada y, a continuación, salió dando un portazo. Edward no podía culparlo por el enfado. Él no tenía un hijo, era responsable tan sólo de sí mismo; ¿cómo iba a entender la división de su lealtad?

-Espero que sepas lo que estás haciendo, Edward -dijo Carlisle, se levantó y tomó a Esme de la mano-. Vamos a intentar calmar a nuestro jefe de campaña.

Se marcharon juntos.

Emmett estaba tan excitado como Jasper. Miró con dureza a Jessica.

-¿Satisfecha?

-¡Ya basta, Emmett! -exclamó Edward irritado.

Su hermano señaló a Jessica con un dedo acusador.

-Te está manipulando con la historia esa de la buena madre.

-Lo que ocurre entre Jessica y yo no es en absoluto asunto tuyo.

-En general, no. Pero, dado que te estás presentando a las elecciones, tu vida privada es asunto de todos. Cualquier cosa que tenga que ver con la campaña es asunto mío. He dedicado años de mi vida a tu carrera política. .

-Y te agradezco todo lo que has hecho. Pero hoy me voy a tomar una hora libre por el bien de mi hija. No me parece que esté pidiendo demasiado y, aunque lo sea, no discutas conmigo.

Después de volver a mirar a Jessica con hostilidad, Emmett salió de la suite y dio un portazo.

Bella se puso de pie.

-¿Es eso lo que tú crees, Edward? ¿Qué se trata sólo de que estoy haciendo el papel de buena madre?

Lo peor del caso era que no sabía qué pensar. Desde sus primeras conquistas sexuales a la edad de quince años, Edward había controlado todas sus relaciones con las mujeres. Gustaba a las mujeres y a él, a su vez, también le gustaban ellas. Y las respetaba. A diferencia de lo que ocurría con la mayoría de los hombres a quienes se les daban bien las citas, sus amigas entre el sexo femenino eran casi tantas como sus amantes, aunque muchas de la primera categoría lamentaban secretamente no haberse unido nunca a las filas de la segunda.

Su relación más seria fue con una mujer divorciada de Seattle. Ella vendía bienes inmuebles, y con mucho éxito. Edward alababa su éxito, pero no la amaba lo suficiente como para competir con él a la hora de conseguir su tiempo y su atención. También le había dejado claro desde un buen principio que ella no quería tener hijos. Después de un noviazgo de dos años, se separaron como amigos.

Emmett era el que generalmente contrataba y despedía a los empleados del bufete de abogados, pero, cuando Jessica Weber fue en busca de trabajo, su hermano le pidió su opinión a Edward. Ningún hombre del mundo podía mirar a Jessica impasiblemente. Sus grandes ojos oscuros atrajeron su atención, su tipo se prendó de su imaginación y su sonrisa le cautivó el corazón. Dio su aprobación y Emmett la contrató como ayudante jurídico.

Muy pronto, Edward violó sus propios conceptos éticos y la invitó a cenar para celebrar un caso que el jurado había fallado a favor de su cliente. Ella estuvo encantadora y seductora, pero la noche acabó en la puerta de su apartamento con un amistoso apretón de manos.

Durante unas semanas mantuvieron las citas amistosas. Una noche, cuando Edward había aguantado todo lo posible, la tomó en sus brazos y la besó. Ella le devolvió el beso con gratificante pasión.

Progresaron con naturalidad hasta la cama y el acto sexual fue profundamente satisfactorio para ambos.

Al cabo de tres meses, el bufete de abogados perdía a una empleada, pero Edward ganaba una esposa.

El embarazo les llegó de sorpresa. Él se adaptó enseguida y de buen talante a la idea de tener un hijo antes de lo esperado; Jessica no. Se quejaba de sentirse prisionera por una responsabilidad no deseada. Su sonrisa seductora y su risa contagiosa pasaron a ser recuerdos.

Las relaciones sexuales se convirtieron en algo tan obligatorio que a Edward no le importó cuando cesaron por completo. Tenían amargas discusiones. Nada de lo que él hacía le gustaba a Jessica ni le interesaba, así que dejó de intentarlo y dedicó todo su tiempo y sus energías a la elección, aunque todavía faltaban años.

En cuanto nació Nessie, Jessica se dedicó a recuperar su buen tipo. Hacía gimnasia con frenética dedicación. Edward se preguntó por qué. Y, entonces, las razones de su actividad se hicieron aparentes. Supo casi con certeza el día en que tuvo el primer amante. No intentó disimularlo, y tampoco las otras infidelidades que siguieron. Su defensa fue la indiferencia, que, para entonces, era genuina. Mirando atrás, hubiera deseado divorciarse en aquel momento. Una separación clara hubiera sido lo mejor para todos.

A lo largo de muchos meses ocuparon la misma casa, pero vivían vidas separadas. Entonces, una noche, ella lo visitó en su habitación, con un aspecto inmejorable. Nunca supo qué fue lo que le hizo ir a verlo aquella noche; seguramente el aburrimiento, quizás el odio, quizás el reto de seducirlo. Fuera cual fuese la razón, la abstinencia sexual y un exceso de alcohol con su hermano durante una partida de póker lo impulsaron a aprovecharse de la oferta.

En las peores horas de la separación consideró la idea de retomar su historia con la vendedora de bienes inmuebles o cultivar otra relación sólo por la liberación física que podría proporcionarle. Finalmente, se negó ese lujo. Un coqueteo sexual era un grave error para un hombre casado; para un candidato político, suponía el final. Meterse en algo así y que lo descubrieran sería un suicidio.

Tanto si lo descubrían como si no, las promesas significaban algo para él, aunque era evidente que no significaban nada para su esposa. Como un idiota, siguió siendo fiel a Jessica y a las palabras que pronunció durante la ceremonia matrimonial.

Semanas después de aquella noche, ella le anunció con hostilidad que estaba embarazada de nuevo. Aunque Edward dudaba seriamente de que el hijo fuera suyo, no le quedaba más elección que creerle. Jessica le dijo a gritos que ella no quería tener otro hijo. Fue en aquel momento cuando estuvo seguro de que ya no la quería, que hacía mucho tiempo que no la quería y que nunca más podría quererla. Había llegado a esa conclusión una semana justo antes de que ella se embarcara en el vuelo 398 a Alaska.

Sacudió la cabeza para salir de aquel terrible sueño. Iba a ignorar su pregunta acerca de lo de ser una buena madre, igual que ignoró la afirmación de que nunca estuvo embarazada. Temía el viejo juego de ponerle el cebo delante. No se pronunciaría de ninguna manera hasta que estuviera seguro de que el reciente cambio de Jessica era permanente.

-Por qué no pides que nos suban la comida y así no tendremos que salir antes de la cita con el doctor Webster -sugirió, cambiando de tema.

Ella parecía igualmente dispuesta a dejar correr el asunto. -¿Qué te apetece?

-Cualquier cosa. Un sándwich frío me iría bien.- Cuando se sentó en el borde de la cama para utilizar el teléfono que estaba sobre la mesilla de noche, Bella cruzó las piernas de un modo maquinal. Los músculos estomacales de Edward se tensaron al oír el roce de sus medias.

Y, si todavía desconfiaba, ¿por qué tenía tantas ganas de hacer el amor con ella?

Se merecía un diez por el esfuerzo, eso podía admitirlo. Desde que regresó a casa, e incluso antes, había hecho todo lo posible para reconciliarse con él. No se ponía nunca de mal humor, se esforzaba por llevarse bien con la familia y se tomaba un interés sin precedente en sus idas y vueltas, en sus costumbres, en sus actividades. Era la antítesis de la impaciente y malhumorada madre que fuera con anterioridad.

-Exactamente, un sándwich de crema de cacahuetes -decía al auricular-, y con jalea de uva. Ya sé que no figura en el menú, pero eso es lo que le gusta comer.

El inquebrantable amor de Nessie por los sandwiches de crema de cacahuete y jalea de uva era casi ya un chiste entre los dos. Por encima del hombro, Jessica le dedicó una amplia sonrisa.

¡Dios, cómo le gustaría saborear aquella sonrisa! Recientemente lo había hecho. Su boca no tenía el sabor de las mentiras y las infidelidades. Los besos que le devolvía eran dulces y deliciosos y... distintos. Analizándolo bien, y lo había hecho muchas veces últimamente, se dio cuenta de que besarla fue como si besara a una mujer por primera vez.

Lo que debería ser familiar resultó ser único. Los escasos besos lo sorprendieron, dejándole impresiones imborrables. Tuvo que ejercer una autodisciplina monástica para no ir más allá, cuando lo que en realidad quería hacer era explorar aquella boca con tranquilidad, hasta encontrarle una explicación a ese fenómeno.

O quizá no fuera un fenómeno. Estaba distinta con el pelo corto. Quizá la cirugía estética le había alterado el rostro lo suficiente como para parecer una mujer diferente por completo. Era un buen argumento, pero no lo convencía del todo.

-Enseguida lo suben. Nessie, recoge los lápices de colores y guárdalos en la caja, por favor. Es hora de comer.

Se agachó para ayudarla y, al inclinarse, la estrecha falda de su traje se le tensó por detrás. El deseo lo carcomía, y la sangre afluyó a sus venas. Eso era comprensible, razonó de inmediato. Hacía tanto maldito tiempo que no había estado con una mujer... Pero tampoco se lo acababa de creer.

No deseaba a cualquier mujer; si ése fuera el caso, podría resolver el problema con una sola llamada telefónica.

No, deseaba a esa mujer, a esa Jessica, a esa esposa a la que estaba empezando a conocer. A veces, cuando la miraba a los ojos, era como si nunca la hubiera conocido antes y el antagonismo reinante entre ellos le hubiera ocurrido a otro. Por imposible que pareciera, le gustaba esa Jessica. Aún más imposible, se había enamorado un poco de ella.

Pero lo negaría hasta en el lecho de muerte.

-Me alegro de que nos hayas acompañado -dijo Bella, sonriéndole tímidamente.

Una recepcionista los había acomodado en el despacho del doctor Webster para que esperaran a su consulta privada.

-Era la única decisión que podía tomar.

El psicólogo llevaba casi una hora con Nessie. Aquella espera, hasta que les informaran del diagnóstico, los estaba poniendo muy nerviosos. La conversación banal era una forma de aliviar la tensión que los invadía.

-¿Estará Jasper enfadado conmigo durante el resto del viaje?

-Hablé con él antes de salir del hotel. Nos deseó suerte con Nessie. Supongo que mamá y papá consiguieron calmarlo. En cualquier caso, nunca se enfada de verdad.

-Eso sí que es extraño, ¿no te parece?- Edward consultó su reloj de pulsera.

-¿Cuánto tiempo va a durar la entrevista con la niña, por el amor de Dios? -Miró a la puerta a su espalda, como deseando que se abriera- ¿Qué decías?

-Lo de que Jasper no se enfadaba nunca.

-Ah, sí. -Se encogió de hombros-. Él es así. Casi nunca pierde el control.

-Un hombre de hielo -murmuró.

-¿Eh?

-Nada.

Jugueteó con la correa del bolso, sopesando las consecuencias de seguir con el tema. Harry le había aconsejado que se enterara de todo lo posible sobre esas personas. Su carrera se basaba en la habilidad de hacer las preguntas pertinentes, pero planteándolas de un modo sutil. Era hábil a la hora de sacarle información a gente que a veces no tenía ganas de hablar ni de compartir sus secretos. Decidió poner a prueba su talento y ver si seguía intacto. -¿Y qué relación tiene con las mujeres?

Edward dejó a un lado la revista que acababa de coger. -¿Qué mujeres?

-Las mujeres de Jasper.

-No lo sé. De ese tema no habla conmigo.

-¿No habla de su vida sexual con su mejor amigo? Yo pensaba que todos los hombres se intercambiaban información sobre eso.

-Los chicos quizá, los hombres no necesitan hacerlo. Yo no soy un mirón y Jasper no es un exhibicionista.

-¿Es heterosexual?

Edward le lanzó una mirada gélida. -¿Por qué? ¿Te ha rechazado?

-¡Vete al diablo!

Se abrió la puerta. Los dos se separaron culpablemente. La recepcionista dijo:

-El doctor está acabando con Nessie. Estará con ustedes enseguida.

-Gracias.

Después de haberse apartado, Bella volvió a inclinarse hacia delante en la silla.

-Sólo estoy preguntando por Jasper porque tu sobrina está intentando seducirlo y tengo miedo de que acabe mal.

-¿Mi sobrina? ¿Alice? -Se río con incredulidad-. ¿Está persiguiendo a Jasper?

-Me lo dijo la otra noche, cuando llegó a casa con la cara estropeada. -A Edward se le borró la sonrisa de la boca-. Exactamente, Edward. Se lio con un vaquero en un bar, se tomaron unas copas y se fumaron unos porros. Como el tipo no pudo conseguir una erección, culpó a Alice y le dio una buena paliza.

Él suspiró profundamente. -¡Dios!

-¿No te fijaste en el ojo morado y el labio hinchado? -Él negó con la cabeza-. Bueno, no te sientas demasiado culpable. Tampoco se fijaron en ello sus padres -añadió con amargura-. Alice es como un mueble. Está ahí, pero nadie se fija realmente en ella... a no ser que se comporte de forma extravagante. En cualquier caso, ahora tiene una fijación por Jasper. ¿Cómo crees que responderá él?

-Alice es sólo una niña.

Bella lo miró con extrañeza.

-Puede que seas su tío, pero no estás ciego. - Edward se encogió de hombros, incómodo.

-Jasper salía con muchas chicas cuando estábamos en la universidad. En Vietnam frecuentaba los burdeles. Sé que es heterosexual.

-¿Está saliendo con alguien en estos momentos?

-Sale con algunas de las mujeres que trabajan en la sede de la campaña, pero generalmente se trata de algo de tipo platónico, salidas en grupo. No me ha llegado ningún rumor de que se esté acostando con ninguna de ellas. Seguramente muchas estarían dispuestas si él se lo propusiera.

-Pero ¿Alice? -Edward negó con la cabeza, dudando- No creo que Jasper la tocara. No se liaría con una mujer que es veinte años más joven que él; especialmente Jasper, es demasiado inteligente.

-Espero que tengas razón, Edward. -Después de una pausa pensativa, lo miró y agregó- Y no porque yo esté interesada en él.- Edward no tuvo tiempo de hacer ningún comentario, pues se abrió la puerta del despacho y entró el médico.


Preguntas que me hicieron:

1. Cuantos capítulos son?

Mas de 50!

2. Cuando se viene el lemmon?

Muy pronto, no se decepcionaran! XD

***Como siempre si tienen preguntas dejenlas en los reviews***


Woaa, ya conocimos como llego Jessica a Edward! Amé la desición de Edward al elegir a su familia sobre su propia carrera política!

Y tuvimos mas de los celos de Edward!

Gracias por todos sus reviews, me encanta leerlas siempre a pesar de q aun no puedo responderles a cada una!

(^_^)凸

Dejen su Review, es una gran motivación para mi leerlas cada capitulo!

๑۩۞۩๑

#Andre!#