Capítulo anterior:
-Lea… -susurró intentando llamar su atención- estoy bien –le aseguró- Bueno, mas o menos, pero se me pasara –aclaró ante la mirada que le dio la otra entre lágrimas.
Al ver que eso no funcionaba Dianna no pudo más que acercarse a la otra y abrazarla con fuerza cosa que Lea correspondió hundiendo el rostro en su pecho llorando con más intensidad.
Poco a poco la rubia guio a la otra hacia la cama donde se tumbaron sin dejar de abrazarse mientras que Lea murmuraba disculpas entre lágrimas sintiendo su cuerpo cada vez mas pesado.
Las emociones del día le estaban pasando factura y no podía evitar que su cuerpo se sintiese cada vez mas cansado hasta que después de decir otra vez lo siento oyó la dulce voz de Dianna antes de quedarse totalmente dormida.
-Shhh, ya hablaremos de esto mañana.
Después de eso el resto solo son sueños y pesadillas
Capítulo 25:
Cuando Lea despertó al día siguiente lo primero que pensó era que todo había sido una pesadilla. Que todo lo ocurrido en los últimos tiempos solo había sido producto de su imaginación. Ella aun seguía con Dianna, felices e inseparables sin importarles nada mas que ellas mismas.
Abrió los ojos observando a su alrededor y un suave aroma a café invadió sus fosas nasales, como cada día que se despertaba en casa de la rubia. Era algo común para ellas, esa familiaridad, esa confianza que irradiaban desde que habían comenzado a vivir juntas cuando comenzó la serie. Se complementaban a la perfección. Lea sabía las cosas que le gustaban a Dianna y se las preparaba o procuraba consentirla con ese tipo de cosas. Le encantaba ver su sonrisa emocionada cuando llegaba a casa después de un largo día de trabajo encontrándose la cena de ese lugar Tailandés que tanto le gustaba, una copa de vino, una manta en el sofá y una película preparada para ser vista.
Lo mismo ocurría a la inversa. El café preparado por la rubia siempre acompañaba sus mañanas y tenía que reconocer que si por cualquier inconveniente Dianna no podía ocuparse de ello, el café yo no era lo mismo. Era el mismo, evidentemente, preparado en la misma cafetera y de igual manera, pero perdía ese toque que la otra conseguía darle, aunque a lo mejor ese toque solo era el cariño y amor que sentía Dianna por ella condimentado en forma de café. Una muestra de amor, eso es lo que era.
Pero Lea pronto se dio cuenta que no había sido producto de su imaginación, que ella y Dianna ya no estaban juntas y que la noche anterior había hecho algo sobre lo que se sentía tremendamente culpable o avergonzada. Habría sido muy difícil no darse cuenta cuando unas manchas de sangre seca estaban grabadas las sabanas blancas bajo ella, evidentemente sangre de Dianna al ser golpeada por su zapato.
Cerró los ojos dejando caer la cabeza contra la almohada e inhalando el dulce aroma que había dejado la rubia en la ropa de cama pero un ruido en la cocina fue el detonante para saber que no podía alargar aquel momento por más tiempo, tenía que afrontar sus actos.
Cuando entró en la cocina el desayuno ya estaba dispuesto en la mesa. Dianna se encontraba sentada en la misma, mirando el correo y tomando un café despreocupadamente, como cada mañana.
Al oírla entrar la rubia alzó la cabeza y el corazón de Lea se detuvo un instante. El rostro hinchado de la otra y su morada nariz dejaban ver las heridas que le provocó la noche anterior.
-Parece peor de lo que en realidad es –murmuró Dianna adivinando sus pensamientos pero no pudiendo evitar hacer una mueca de dolor al hablar.
-Lo siento… -susurró Lea notando como sus ojos volvían a bañarse en lágrimas.
-Hey –Dianna se levantó rápidamente acercándose a ella- Estoy bien, te lo aseguro –intentó tranquilizarla- ¿De acuerdo?
Lea asintió levemente y se dejó guiar hasta sentarse a la mesa conteniendo las lágrimas.
Dianna por su parte regresó a su asiento después de servirle el café a la otra.
Se miraron en silencio mientras desayunaban, las dos sabían que tenían que hablar y simplemente estaban alargando el momento lo más que podían.
-Tenemos que hablar –soltó Dianna cuando Lea terminó el café.
-Lo sé –susurró Lea mirándose las manos sin atreverse a fijar la vista en la rubia frente a ella.
-No podemos seguir así Lea –prosiguió Dianna con voz cansada.
La otra alzó la cabeza sorprendida por esa afirmación, no creía que la conversación iba a ir por ese lado, no esperaba que Dianna quisiera terminar con todo después de lo que habían pasado, mas bien creía que le diría lo decepcionada que estaba con ella y después de la reprimenda Lea tendría que ganarse de nuevo su afecto, cosa que no pensaba que le iba a costar demasiado, pero no esto que estaba pasando frente a ella.
-¿Qué quieres decir? –preguntó temerosa.
-Hemos pasado mucho juntas –comenzó a hablar la otra después de un largo suspiro- Todo fue tan repentino, tan intenso que creo que ni siquiera tuvimos tiempo de asimilarlo antes de que todo se terminó. Hemos estado dolidas, enfadadas, airadas, enamoradas, cómodas, hemos pasado por todo demasiado deprisa y no podemos seguir así.
Lea la miraba mientras el corazón bombeaba con fuerza contra su pecho esperando las palabras que temía escuchar.
-Yo te amo Lea, mas que a nada en este mundo –prosiguió Dianna.
-Pero… -le interrumpió la morena sabiendo que había algún pero, siempre lo había.
-Pero no hemos hecho las cosas como deberíamos –Dianna la miró con intensidad- Por eso quería empezar de nuevo. Ir lentas y seguras, siendo totalmente sinceras recuperando la confianza que parece que hemos perdido.
-Espera, ¿qué? –preguntó Lea en shock.
-Me preguntaba si el sábado, cuando estemos ya de vacaciones y liberadas de todo el agobio de las grabaciones, te gustaría ir a cenar conmigo –le aclaró mirándola expectante.
Lea la miró con la boca ligeramente abierta y después de unos segundos en los que Dianna se ponía cada vez mas nerviosa consiguió hablar de nuevo.
-A ver si lo entiendo –comenzó a hablar lentamente- ¿Quieres ir a una cita conmigo? ¿En público? ¿Cómo dos personas que se gustan y quieren empezar algo?
-Bueno… -se mordió el labio- ese era el plan pero si tú no quieres…
-¡No! –le interrumpió Lea alterándose y haciendo que Dianna la mirase confundida- Lo siento –se disculpó sonrojándose levemente- Quiero decir, que me encantaría, solo me ha sorprendido –le explicó.
-¿Por qué? –preguntó Dianna sin entender- ¿Por qué quiera ir a una cita contigo en público? Ya te dije que eso ya no me importaba y… -de nuevo fue interrumpida.
-¡No es por eso! –dijo rápidamente Lea- Es que pensé que me ibas a decir que todo lo nuestro había terminado definitivamente después de… -señaló su nariz.
-Lea, cariño –le sonrió con dulzura- creo que ha sido mas que evidente que no puedo vivir sin ti –la morena se sonrojó aun mas- Además, yo también te hice daño, solo que el mio se ve a simple vista –le recordó.
La morena la miró, no podía terminar de creerse que aquello estuviera pasando. Todo empezando de nuevo, pudiendo estar en público con la persona que quería. La echaba tanto de menos, sus caricias, sus comentarios, su voz, todo lo echaba de menos y en esos momentos, las dos se estaban dando una segunda oportunidad que no podían dejar escapar.
Se levantó lentamente aun con la vista fija en la rubia que la miraba frunciendo ligeramente el ceño confundida y se acercó a ella con una determinación en su mirada que Dianna conocía muy bien.
-Lea… -susurró después de tragar saliva poniéndose nerviosa.
Pero la morena la ignoró sentándose sobre sus piernas sin dejar de mirarla con intensidad.
-Lea… -volvió a intentarlo- no creo que…
-Shhhh –susurró la morena acariciando su mejilla con apenas un roce- Te quiero tanto… -continuó hablando como si estuviera en un trance.
Dianna cerró los ojos ante ese suave toque, dejándose embriagar por la presencia de la otra, esa que tanto deseaba y que tanto echaba de menos. De manera automáticamente colocó sus manos rodeando su cintura, como si no quisiera que escapase, que ese momento durase para siempre.
Cuando volvió a abrir los ojos se encontró de nuevo los grandes ojos marrones de la otra, aun mas cerca de ella si es que eso era posible mientras seguía recorriendo su rostro con las suaves yemas de sus dedos. Era como si quisiera recordar cada porción de piel que se había perdido por un tiempo demasiado largo, memorizarla y saber que a pesar de que todo había cambiado, eso seguía tal como lo recordaba.
Se miraron con intensidad, solo perdidas en los ojos de la otra dejando que el tiempo pasase como si no importase y es que en el fondo, para ellas, en esos momentos no importaba, solo estaba esa sensación de comodidad, de cercanía que tanto necesitaban.
Lea no tardó en recorrer la poca distancia que las separaba y mientras cerraba sus ojos rozó, al igual que había hecho con sus dedos, pero esta vez con su boca, la de la otra. Apenas fue un simple roce pero ambas sintieron como una corriente eléctrica que las recorría.
Dianna entreabrió los labios cerrando también los ojos y dejando que la otra tomase el ritmo de aquel beso tan intimo mientras ella se aferraba a la fina camiseta que llevaba la otra.
La morena tomó aquello como un consentimiento por su parte y siguió con aquel simple roce de labios moviéndolos con lentitud, disfrutando de aquel sabor que anhelaba. Un suspiro salió de entre los labios de Dianna sin poder evitarlo momento que aprovechó la otra para atrapar su labio inferior entre sus dientes mordiéndolo con suavidad.
Dianna gimió automáticamente alzando la cabeza para acercarse mas a esos labios que la estaban matando lentamente pero Lea tenía otras ideas, así que tiró un poco mas de ese labio sonriendo traviesamente sin poder evitarlo para después separarse quedando a unos escasos centímetros de la otra.
La rubia se quejó buscando sus labios a ciegas, pero nada mas que se acercaba Lea se alejaba quedándose a una distancia segura mientras la miraba cada vez mas divertida a la vez que Dianna fruncía cada vez mas el ceño hasta que abrió los ojos contrariada y se encontró con el radiante rostro de la otra.
La rubia hizo un mohín provocando una carcajada de la otra.
-¿Te diviertes? –preguntó Dianna mientras crecía una sonrisa traviesa en su rostro.
-La verdad es que sí –respondió Lea sin dejar de reírse.
-¿A sí? –dijo alzando una ceja comenzando a hacerle cosquillas.
Lea soltó un alarido sorprendida y automáticamente comenzó a reírse a carcajadas sin poder evitarlo mientras intentaba alejarse del agarre de la otra sin mucho éxito.
-¡Di! –se quejó entre risas.
-¿No querías divertirte? –preguntó sonriendo ampliamente a la vez que se detenía.
Lea se agarró el estomago con la respiración agitada y luego miró la sonrisa totalmente iluminada de la otra. Hacía tanto que no estaban así, tranquilas, relajas y disfrutando de esas pequeñas cosas que tanto le gustaban que Lea no tardó en volver a perderse en aquellos ojos que comenzaban a brillar después de mucho tiempo estando apagados.
No pasó mucho tiempo hasta que sus miradas aumentaron de intensidad y Dianna se estrelló contra los labios de la otra, cosa que Lea no rechazó en esta ocasión, solo gimió, rodeó su cuello con sus brazos y disfrutó.
Dianna la besó con intensidad y pasión, movía sus labios sobre los de la otra con fuerza y desesperación, los saboreaba y mordía provocando gemidos ahogados de su compañera.
Hacía tanto que quería esto, que quería tenerla de nuevo, sin preocuparse por la tensión o los problemas que tenían. Todo parecía haberse aclarado entre ellas o por lo menos habían llegado a un acuerdo aunque ir lento no iba exactamente con lo que estaban haciendo en esos momentos pero sabían que era algo que necesitaban, esa intimidad que tanto extrañaban y esa demostración de amor que hacía que no se sintieran inseguras.
Las lenguas rápidamente comenzaron a tomar protagonismo en sus bocas, saboreándose y jugando entre ellas para ver quien iba a ganar esa batalla mientras Lea se aferraba mas a su cuello pegándose mas a ella.
Dianna no dudó, en un momento dado, morder levemente la lengua de la otra, atrapándola y acariciándola con sus dientes cosa que la volvía loca y Dianna lo sabía con exactitud.
Lea arañó su nuca mientras sentía su cuerpo en llamas. Llevaban demasiado tiempo sin estar de una manera intima y las dos eran conscientes de la atracción que sentían siempre, pero mas en esos momentos después de toda la necesidad que habían sentido.
Pero no podían dejarse llevar, no en esos momentos por lo menos si querían que las cosas saliesen como tenían planeadas.
Dianna fue la primera en separarse, quedando con la frente apoyada en la de la otra mientras regulaban sus respiraciones.
-Lento ¿no? –preguntó Lea entre respiraciones.
La rubia asintió lentamente para después abrir los ojos y nada mas que lo hizo una sonrisa apareció en su rostro al ver las mejillas sonrojadas que tenía Lea. De manera automática acarició sus mejillas haciendo que la otra abriese los ojos también.
-Te he echado de menos –confesó Dianna perdida en su mirada.
-Y yo… -susurró la otra.
Después de un momento Lea le dio un rápido beso y se levantó de su regazo.
-Me voy a vestir, que tenemos que ir al estudio –dijo dirigiéndose hacia la habitación de Dianna.
Todo parecía tan cotidiano y de hecho lo era, lo habían hecho tantas veces, pero ambas sabían que no era lo mismo que las anteriores, ese momento era el principio de algo, de algo que tenían que luchar por conseguir, las dos.
