¡Hola a todos una semana más! ¿Cómo lo lleváis? Espero que genial. Por mi parte aquí os dejo el siguiente capítulo. Prometo no haceros sufrir mucho... o sí.


Chris saltó a un lado en el momento en el que la primera de las B.O.W.S. intentó desgarrarle con sus zarpas. Se quedó de rodillas en el suelo y desde allí disparó con su escopeta. El disparo le dio de lleno en el rostro a la criatura, que cayó al suelo entre espasmos y gritos. Bajo su cuerpo se formó un charco de sangre confirmando así que había sido eliminada.

Volvió a ponerse en pie. Claire disparaba a la mutación de Steve. Los tiros no parecían hacer demasiado efecto, ya que avanzaba sin oposición ninguna. Maldita sea. ¿Qué necesitaban para derrotarlo? Estaba claro que sus armas poco tendrían que hacer. Era poderoso, fuerte. El virus había actuado con una rapidez asombrosa. No tenía ni idea de qué había hecho Wesker con él, pero lo que estaba claro era que había conseguido aumentar el tiempo de exposición y sus efectos.

El moreno echó a correr hacia el centro de la calle. Aún había varios cazadores persiguiéndolo. Necesitaba quitarlos de en medio. Claire también echó a correr a su lado. Ambos jadeaban, y a Chris le bajaban unos goterones de sudor por el cuello. ¿Es que podía haberse complicado más la situación? ¿Dónde demonios estaban los refuerzos cuando se les necesitaba?

-¿Qué vamos a hacer? –preguntó Claire sin dejar de correr y cogiendo grandes bocanadas de aire. Steve había salido tras ellos. Les recortaba la distancia a pasos agigantados.

Oyeron un grito, y ésa fue la señal para actuar. Se tiraron cada uno a un lado en el momento en el que un puño golpeaba la parte de la carretera en la que habían estado hacía apenas unos segundos. La pistola de la pelirroja salió disparada, quedándose bajo un coche. Golpeó el suelo con rabia. Ahora no era el momento de que pasara eso.

-¡Chris! –gritó viendo cómo Steve centraba su atención en ella. Los cazadores ya casi habían llegado a su altura. Su hermano estaba tirado en el suelo, apuntando con la escopeta a un cazador que se le había subido encima. El disparo a bocajarro le reventó los sesos. Era una suerte que tuviera tan buena puntería… aunque no se podía decir lo mismo para las mujeres -. ¡He perdido mi pistola!

-¿Qué? –alzó la voz al oír pistola y perder. Suerte que en la bolsa traía bastantes cosas, pero no podían permitirse el lujo de malgastar los pocos recursos de los que disponían. Steve tenía la mirada fija en Claire. Estiró el brazo izquierdo y arrancó una farola. La levantó, y Chris soló tardó dos segundos en entender lo que iba a pasar a continuación -. ¡Claire! ¡Cuidado!

Su hermana se agachó en el momento en el que la farola salía disparada hacia ella. Pasó rozando el capó del coche y se estrelló contra la pared. Chris suspiró aliviado; era una suerte que sus reflejos fueran tan buenos. El gen Redfield nunca fallaba. De pronto, alguien lo golpeó y le hizo caer al suelo de espaldas. Se dio con fuerza en el costado, pero no era demasiado grave; tal vez le saliera algún moratón después de eso. Rodó hacia delante oyendo detrás de sí los gritos de esas criaturas sacadas del infierno. Odiaba los cazadores. Los odiaba con todas sus fuerzas.

Y el problema era que todo el ruido podría estar atrayendo a más de esas cosas. Necesitaba alejarlos de allí; ya tenían bastante con la monstruosa forma de Steve. Hasta ahora Claire lo estaba haciendo muy bien, pero no sabía cuánto más podría mantener el tipo. Dio la vuelta a un contenedor esperando darles esquinazo. Pero no había caído en la cuenta de lo inteligentes que eran.

Uno había decidido ir por su cuenta y había dado la vuelta, preparándole una emboscada. El resto lo seguía por detrás. Chris se frenó en seco. ¿Y ahora qué iba a hacer? La criatura que tenía delante chilló. Alzó una de sus garras sin dejar de mirarle. Esos bichos eran cada vez más inteligentes, y aunque los cazadores acostumbraban a cazar en manada, siempre había alguno que rompía la regla.

No podía seguir malgastando munición. Tendría que seguir huyendo… y lo cierto era que ya estaba cansado de hacer siempre lo mismo. Era un hombre de acción, y no podía contentarse con cruzarse de brazos y mirar. Volvió a venirle a la mente lo del depósito de gasolina. Si conseguía atraer a la mayoría hacia el coche que había manipulado lograría acabar con casi todos, o al menos la mitad.

Se echó hacia atrás en el momento en el que dos cazadores saltaban hacia él. Sólo tuvo tiempo de ver por el rabillo del ojo cómo chocaban en el aire. ¡Menudo golpe! Se quedarían groguis durante un tiempo en el mejor de los casos. Dio la vuelta al coche y echó a correr hacia el otro lado, esperando que no se dividieran. Un rápido vistazo atrás le sirvió para comprobar que todos seguían en la misma dirección. Chicos inteligentes.

-¡Claire! –la llamó pasando por su lado. Steve seguía recibiendo disparos y avanzando como si fueran simples cosquillas. Eso no funcionaba. Tal vez era hora de utilizar lo mejor que tenían en el arsenal -. ¡Necesito que distraigas a todas esas cosas mientras manipulo el tanque de gasolina! ¡No podemos hacer frente a tantos enemigos!

-¿Y cómo estás tan seguro de que irán detrás de mí?

-Tienes tu encanto –la broma no sirvió para relajar el ambiente ni mucho menos. Estaban luchando por sus vidas, ¿y se le ocurría hablar lo atractiva que era? Estaba perdiendo facultades. Steve volvió a la carga. Chris se desplazó hacia la izquierda viendo cómo volvía a romper parte de la calzada -. ¡Hay que hacerlo ya!

La pelirroja asintió. Chris localizó el coche y echó a correr hacia él oyendo cómo Claire gritaba y llamaba la atención de los cazadores, que, tal y como suponía, habían decidido que tenían un nuevo plato bastante exquisito al alcance. Tenía que ser rápido; no había lugar a los errores o a las pérdidas de tiempo. Se agachó detrás del vehículo viendo que el depósito estaba casi abierto. Sus patadas habían casi surtido efecto.

Echó un rápido vistazo a la escena. Claire corría de un lado a otro haciendo amagos de disparar y levantando los brazos. Steve parecía no haberse dado cuenta de que él estaba por otra parte, y quizá era mejor así. Le propinó una nueva patada al depósito sin perder de vista lo que estaba ocurriendo a pocos metros. Desde que era pequeño, y tras la muerte de sus padres, había jurado que haría todo lo posible para proteger a su hermana de cualquier peligro.

Era una promesa que hasta el día de hoy había cumplido. Chris era un hombre de palabras, y aunque a veces podía ser algo terco y despistado, nunca le había fallado a nadie. Bueno, tal vez a Jill… aunque ahora no era momento para pensar en eso; ya tendría tiempo de intentar arreglar las cosas cuando saliera de allí… si es que lo hacía. Del coche empezó a caer algo de gasolina al suelo, pero no era suficiente. Ojalá tuviera a mano un martillo o un pico.

Claire cayó al suelo al tropezarse con un escalón. Chris se quedó pálido. La iban a coger si no hacía nada. Hizo un amago en ir en su ayuda, pero se relajó un poco al ver que se levantaba rápidamente disparando a un cazador que estaba a sus pies. Se relajó sólo un poco. Tenía que continuar con su misión. Sólo necesitaba un poco más; el depósito estaría roto en cuestión de segundos.

Volvió a dar otra patada, y esta vez vio cómo la estructura quedó destrozada por completo. El suelo empezó a llenarse de gasolina a un buen ritmo. Era el momento de actuar.

-¡Claire! ¡Ven hacia mí! –preparó su escopeta por si necesitaba echarle una mano. Las B.O.W.S. siempre eran impredecibles, y nunca sabías por dónde podían salirte. Su hermana hizo al aviso en cuanto lo oyó. Corría hacia él a buen ritmo. Se notaba que salía a correr diariamente.

El ex miembro de S.T.A.R.S. siguió atento sin dejar de apuntar. Le quedaban cinco balas en el cargador, y en el bolsillo le quedaba otro entero. Disponía de rifles, y hasta un lanzacohetes, pero aún no era el momento adecuado de usarlos; necesitaban ahorrar munición para cuando realmente lo necesitaran. Para Steve.

Ya casi había llegado a su altura. Frunció el ceño. El monstruo que era Steve estaba ganando metros a un ritmo endiablado. Levantó los brazos y se quitó de en medio a tres cazadores, que se elevaron en el aire y cayeron al suelo entre golpes y crujidos. Todos cayeron en el acto. Titubeó un poco. No estaba seguro de que el plan funcionara al cien por cien… pero tenía que intentarlo.

Claire pasó por su lado como una exhalación. Él dio unos pasos atrás calculando que tendría un par de segundos para disparar. Estaba demasiado de la gasolina. Tal vez la explosión lo alcanzara de lleno. Tendría que haber retrocedido unos pasos, aunque eso hubiera supuesto tener una puntería más deficiente. Apretó el gatillo de la escopeta.

-¡Ah! –la onda expansiva lo echó hacia atrás. Los oídos empezaron a pitarle. No escuchaba absolutamente nada. Estaba medio aturdido en el suelo. Sólo veía una enorme columna de humo negro.

Miró hacia la derecha, donde debería estar Claire. Allí estaba. Le decía algo, pero era incapaz de oír lo que le decía. ¿Se había quedado sordo? Lo que le hacía falta ahora era una sordera permanente.

-¡Chris! ¿Estás bien? –la pelirroja observaba con preocupación cómo su hermano la miraba de forma ausente, como si estuviera aturdido. La explosión casi le había alcanzado, y lo más seguro era que estuviera en estado de semi inconsciencia. A ella le había pasado algo parecido en Raccoon City, y había tardado un tiempo en recuperar el sentido.

No puedo permitir que le ocurra nada. Tengo que sacarlo de aquí hasta que se recupere.

Claire se agachó y lo agarró de un brazo. Oía los gritos de Steve a su espalda; apenas había tenido tiempo de pararse a comprobar si la jugada había tenido éxito. De momento no habían recibido ninguna visita más inesperada, y era un aliviado… aunque sabía que ese estado de calma y sosiego no duraría mucho tiempo; Raccoon City le había enseñado muchas cosas, para bien y para mal.

Le costaba dar un paso. Chris pesaba demasiado, y tampoco ponía nada de su parte. Apretó los dientes y dio un decidido paso. De pronto, sintió un pinchazo en el cuádriceps izquierdo. Se cayó al suelo… y con ello ambos quedaron tendidos en el pavimento con el olor a carne quemada inundando sus fosas nasales. Claire intentó moverse, pero el dolor estaba empezando a ser bastante insoportable.

-¡Chris! ¡Reacciona! –le gritó intentando que volviera en sí. Se arrastró hasta situarse a su lado, decidiendo qué iban a hacer. Pero hubo algo que le preocupó mucho más: sus armas no estaban por ninguna parte -. Mierda…

Las vio al lado del coche. La bolsa estaba intacta gracias a Dios. Tenía que alcanzarla antes de que fuera demasiado tarde; necesitaba acabar con toda esta locura cuanto antes. Si la ayuda no venía, que era lo más probable, tendrían que vérselas solos…y eso era lo que le daba más miedo. La ciudad estaba plagada, y no había escapatoria posible. Estaban solos, y no tenían más remedio que luchar hasta acabar con ese dolor de cabeza.

Se arrastró por el suelo sin perder de vista a Steve, que estaba cubierto de llamas. Se le habían caído algunos trozos de piel, pero no parecía que fuera algo que lo detuviera. Había algo en su forma de retorcerse, en su manera de gritar que le ponía los pelos de punta. Sabía que cuanto más lejos estuviera de allí, más a salvo estarían.

Apoyó los codos para avanzar más deprisa. Ya estaba a apenas unos diez metros de la bolsa. Si esa condenada pierna no le doliera tanto… Los gritos de Steve dejaron de sonar. Su piel seguía con una tonalidad verdosa que brillaba cada vez más, como si la exposición al fuego lo hubiera activado. De pronto, rio. Claire se detuvo. Todo su cuerpo se contrajo. Esa risa no le gustaba lo más mínimo.

-¿Creéis que podéis hacerme algo con vuestros trucos infantiles? –su voz sonaba endiablada, como salida del mismísimo infierno. Avanzó despacio, sin perderle de vista -. El fuego es mi aliado. Nada puedo temer mientras esté de mi lado… ¿Dónde crees que vas?

Elevó el brazo en el momento en el que Claire alcanzaba la bolsa. No había tiempo de actuar. Cogió un rifle y lo sacó dando un salto hacia atrás. Volvió a golpearse la pierna. Apretó los dientes y contuvo las lágrimas. La bolsa ardió como si se tratara de un cartón. Todas las armas y las municiones habían quedado destruidas. Apoyó la punta del rifle en el suelo. Tenía que ponerse en pie costara lo que costase.

-Joder… -murmuró haciendo un enorme esfuerzo por enderezarse. Se trastabilló ligeramente, pero consiguió mantenerse en pie. El pinchazo le quemaba, pero creía que podría soportarlo. Chris seguía en el suelo. Miraba al cielo como si estuviera ausente -. ¡Chris! ¡Espabila!

Seguía sin reaccionar. Y entonces empezó a preocuparse de verdad. ¿Y si la explosión le había hecho daño? Probó a caminar sin la ayuda del rifle. Cada vez que daba un paso era un dolor bastante intenso, pero estaba segura de que podría aguantarlo un tiempo.

-¿Y ahora qué vas a hacer? Tan sola, tan desarmada… -la voz de Steve volvió a estremecerla. ¿Cómo era posible que en tan poco tiempo se hubiera convertido en esa cosa? Sabía que en su interior tenía que haber algo que le hiciera recordar -. Nadie está aquí para ayudarte. Steve puede enseñarte el camino… de la oscuridad.

-Steve, soy Claire –sabía que no debía dejarse llevar por las emociones, pero había vivido tanto junto a aquel joven que le parecía imposible que estuviera delante de él, reviviendo una experiencia que le producía un sabor muy amargo -. Sé que el virus te está poseyendo. Pero el chico que conocí hace unos años en la isla de Rockfort me protegería, se preocuparía por mi bienestar… y lo más importante… Sería mi amigo.

La cosa que era Steve se quedó observándola detenidamente. Desde que había despertado siempre había tenido dudas respecto a esa chica. Algo le decía que tenía razón, que había formado parte de su pasado, y que hasta se habían llevado muy bien. Los recuerdos se agolpaban en su mente.

Un zombi vestido con ropas militares se acercaba a una chica que estaba tendida en el suelo. Ella le pedía ayuda. Gritaba su nombre. Pero él tenía los ojos cerrados. No podía creer que eso le estuviera pasando… El idiota de su padre los había conducido a esa cárcel sin salida. Habían matado a su madre, y todo por hacerse el héroe, aunque de eso tenía poco.

Las metralletas le pesaban en las manos. No… no podía hacerlo. Le faltaba valor. Era incapaz de acabar con la vida de la persona que se la había dado. Tenía tantos recuerdos felices de su infancia… Y todos se irían de un plumazo si lo hacía. Abrió los ojos lentamente, sabiendo que tenía que hacer algo al respecto. Pero era un auténtico cobarde.

Se quedó con la mirada fija en la pared. De fondo seguía oyendo los gemidos hambrientos de esa cosa que había sido su padre y las protestas de Claire, que intentaba retroceder sin éxito. La pierna se le había quedado atascada. El zombi la observó, se inclinó y acercó su boca a la yugular de la joven, dispuesto a darse un festín.

La pelirroja gritó desesperada. Ese grito le heló la sangre, y fue entonces cuando lo comprendió. No podía permitir que más gente muriera por los errores de su padre y la panda de psicópatas que había en esa isla. Con decisión, se giró y apuntó con las metralletas a la cosa que había sido su padre. Estaba inclinado sobre Claire, a escasos centímetros de su cuello. Apretó el gatillo.

-¡Padreeeeeeeee!

El sistema de autodestrucción había sido activado. Cada vez tenían menos tiempo para salir de allí antes de que la isla volara en mil pedazos. Habían encontrado un hidroavión cargado de combustible, el suficiente para escapar y decidir hacia dónde ir antes de que ese loco de Alfred volviera a poner en marcha su plan. Se habían encontrado con un pequeño problema: el puente no estaba subido, y el despegue era imposible en esas condiciones.

Claire había salido hacía unos minutos para subirlo. Ya lo había hecho, pero tardaba bastante en volver. Sabía que tenía que dar toda la vuelta para volver hasta el hidroavión, pero lo cierto era que no podía evitar preocuparse. La isla era un cementerio vivo, y un error te condenaba a convertirte en uno de ellos. Llevaba sólo unos meses prisionero allí, pero el tiempo suficiente para descubrir que no era ni mucho menos el lugar en el que uno quisiera estar.

Algunos de los presos le habían contado historias de lo más rocambolescas, de ésas que ponen el vello de punta y te impiden coger el sueño: hombres mutilados, bolsas de basuras enormes, desapariciones… Alfred tenía algo que ver en ello. No hacía falta más que ver su cara de lunático para saber que no era trigo limpio. Todo parecía una maldita pesadilla, pero sabía que no lo era en absoluto. Se había pellizcado varias veces, y todas le habían dolido.

Volvió a echar un vistazo al exterior. Sin rastro de Claire. Estaba empezando a asustarse de verdad. Al principio había dudado de la chica; no todos los días se veía a una mujer con su valentía y su coraje, pero había demostrado que era capaz de manejarse sola sin ayuda. Tenía que quitarse la idea de la cabeza. Esperaría hasta el último instante para largarse de allí.

No podía abandonarla. No después de todo por lo que habían pasado juntos, y ahora que el fin parecía estar tan cerca no creía que fuera demasiado considerado abandonarla a su suerte cuando aún había tiempo de sobra para salir de esa isla del demonio.

Buscaría algo con lo que entretenerse. Se aseguraría de que los controles estaban en perfecto estado. Miró hacia la pantalla que estaba en la parte superior. Los niveles de aceite eran óptimos; no sabía si había alguien al cuidado de esos trastos, pero dado el estado en el que estaban, tenía toda la pinta. La palanca de arranque estaba en ralentí, esperando el momento adecuado para activarla y salir cagando leches.

El motor estaba cogiendo cada vez más temperatura, pero aún no había llegado al estado necesario para despegar. Tal vez si activaba los controles… No, debía esperar a Claire por mucho que deseara salir de allí. Era desesperante no haber encontrado un walkie talkie o algo con lo que pudieran comunicarse. En el exterior sonaba la alarma sin cesar, y podía oír parte de lo que decía la voz grabada.

Le quedaba poco más de un minuto para no morir calcinado. ¿Dónde demonios estaba Claire? Y de pronto la puerta se abrió. La joven entró con la respiración agitada, como si llevara un tiempo huyendo de algo. Steve la observó ceñudo. No tenía ni idea de qué era lo que le podía haber pasado para que tardara tanto, pero estaba seguro de que alguno de esos bichos se había puesto por medio.

Tras una breve conversación Steve activó el panel de control y puso en marcha el motor. El hidroavión dio una pequeña sacudida y avanzó con lentitud, sin nada que se interpusiera por el camino. Podía haber activado el piloto automático y limitarse a observar cómo se alejaban sin tener que estar pendiente de si iba a demasiada velocidad o si había algún obstáculo por el camino.

Vio que otros aviones, con posibles supervivientes, también se marchaban. Era su turno. Steve agarró con decisión la palanca y el hidroavión empezó a elevarse con lentitud. Estaban llegando al final de la cueva; ya podía ver el océano a apenas unos metros. Siguió ganando altura hasta que, de pronto, estaban en el exterior. Continuó con el ascenso sin apartar la mirada de las estrellas y el reflejo de la luna en el agua.

Aún no creía que lo hubieran conseguido. Pasó varios segundos hasta que se dio cuenta de que esa pesadilla había acabado. Levantó el puño y gritó con todas sus fuerzas. ¡Lo habían logrado! ¡Ya no tendrían que estar preocupados por ese idiota de Alfred ni por los peligros de la isla! ¡Se había acabado! Ahora sólo quedaba seguir el camino hacia la libertad.

Pero todo, como casi siempre, se trunca, y un nuevo horror les esperaría horas más tarde.

Esa mujer le había hecho algo. No sabía qué era. Sólo tenía claro que se sentía más poderoso, y que quería derramar sangre. Su cuello creció bastantes centímetros; desde esa altura podía verlo todo con claridad. Sus sentidos se habían agudizado, y podía oír hasta el más mínimo roce de la suela de un zapato contra el suelo. Era una criatura dispuesta a cumplir la voluntad.

Una chica pelirroja gritaba. Le sonaba su cara, su expresión de miedo al ver lo poderoso que era. Sentía una necesidad imperiosa de destruir, de destrozar todo lo que tuviera delante. Tenía un hacha delante. Era bastante grande, perfecta para llevarse por medio todo aquello que se interpusiera entre él y su objetivo: esa mujer que estaba petrificada y que no le apartaba la mirada. ¿Por qué lo hacía? La verdad era que no tenía ni idea.

Los brazos los tenía sujetos por unas cadenas que decidieron en cuanto sus brazos empezaron a coger musculatura. Estaba completamente libre. Se puso en pie y arrancó el hacha sin la menor dificultad. Se sentía poderoso, como alguien que hubiera renacido más fuerte, en un nivel superior. Emitió un grito sosteniendo el hacha con ambas manos.

La chica había empezado a correr. No podía dejarla escapar. Avanzó tras ella comprobando que en apenas dos segundos le había recortado la mitad de la distancia. Levantó su hacha dispuesto a cortarla por la mitad, pero la pelirroja se giró y le disparó algo a la cara. Dolía. Era como fuego. Sacudió la cabeza varias veces y vio cómo se alejaba. No, no podía permitirlo.

Volvió a dar grandes zancadas manteniendo el hacha en alto. La estaba volviendo a alcanzar. Gritó y bajó la pesada hecha de nuevo. La chica, como la vez anterior, parecía leer sus movimientos y volvió a lanzarle algo a la cara. Era lo mismo de la otra vez. Dolía mucho. Se estaba empezando a cabrear mucho. No, definitivamente tenía que acabar con ella.

Pero la joven ya había traspasado una verja metálica que había empezado a bajar en cuanto se inició el ataque. Steve se quedó al otro lado golpeando los barrotes sin demasiado éxito. ¡No podía escaparse! ¡No! Golpeó una y otra vez mientras la chica intentaba abrir una puerta sin demasiado éxito. Se dejó caer al suelo. Se apoyó contra la pared y escondió la cabeza entre sus rodillas. Estaba llorando.

Steve gruñía una y otra vez mientras intentaba sin demasiado éxito acceder a la otra zona de la habitación. Tardó más de un minuto, pero se abrió una pequeña abertura. Él no cabía por ahí, pero unos tentáculos que habían aparecido sí. Eran demasiado grandes, y al principio no podían pasar, pero los barrotes continuaron cediendo hasta que se rompieron del todo. Atraparon a la chica, que gemía de dolor. Intentaba escaparse, pero todos sus esfuerzos eran inútiles.

Él tenía el poder. Era el dueño de la situación. Elevó el hacha. La cortaría por la mitad y luego la haría pedazos. Se los ofrecería a Alexia como regalo. El hacha se quedó pegad al cuello. Pero de pronto en su mente empezaron a llegar ideas confusas, pero que poco a poco tenían sentido. Conocía a esa chica. La amaba. Claire… No podía hacerle daño.

-Claire… -murmuró con una voz que parecía sonar de bastante lejos. Intentó bajar el arma y arrojarla a un lado. Pero lo que hizo fue cortar los tentáculos que la sujetaban. La chica cayó al suelo sin sufrir mayores consecuencias.

De repente, sintió un dolor agudo por la espalda. Algo se le había clavado. Era un dolor insoportable. Notaba la sangre correr por su espalda. Su cuerpo empezó a cambiar mientras caía al suelo de rodillas. Volvía a ser humano. Volvía a ser Steve, ese chico que no había nada para acabar preso. Pero sentía que todo estaba cerca del fin. Se sentía débil.

Se quedó apoyado contra la pared mientras Claire se acercaba a él con los ojos llorosos. Le puso una mano en la cara. Su tacto era especial, lleno de dulzura y amor. En otras circunstancias tal vez se hubiera animado a intentar algo con ella. Era una chica valiente, inteligente, que no le asustaban los desafíos. Había cuidado de él todo el tiempo, sin importarle quién era o qué hacía allí.

Su cuerpo estaba quedándose frío, pero la mano de Claire le recordó que siempre había esperanza. Se la cogió y la miró. Apenas podía ver gran cosa. Cada vez se sentía más débil; su hora llegaría tarde o temprano. Esa maldita Alexia… Sólo deseaba que Claire acabara con ella y le diera su merecido. Esa hija de puta era una loca psicópata.

-Tienes las manos calientes… -murmuró cerrando los ojos por un momento, olvidándose de todo y concentrándose en el tacto de esa chica que había atrapado su corazón poco a poco. Si iba a morir, ¿por qué no hacerlo bien? -. Me alegro de haberte conocido…

-¿De qué estás hablando? –dijo Claire sin poder dejar de llorar -. Mi hermano ha venido. ¡Va a sacarnos de aquí!

-Eso es genial… -la boca se le secaba. Cada palabra era un auténtico suplicio. El final estaba cada vez más cerca -. Él ha cumplido su promesa. Yo, en cambio…

-¡No, Steve…!

-Claire… -era incapaz de pronunciar esas palabras que llevaba aguantando desde hacía horas -. Te… te quiero…

Steve se llevó las manos a la cabeza y empezó a gritar. Derribó un poste de la luz y alguna que otra papelera mientras iba dando bandazos de un lado a otro. Claire no tenía ni idea de qué era lo que pasaba, pero lo único que tenía claro era que tenía la ocasión perfecta para poner tierra de por medio. Se dio la vuelta sin pensarlo y se dirigió hacia Chris, que no había cambiado de postura.

Se agachó a su lado e intentó levantarlo. Pesaba demasiado. ¿Por qué se daba tanta caña en el gimnasio? Debía pesar como cien kilos. Volvió a intentarlo, pero era imposible. Oyó gemidos. Procedían de la parte derecha. ¿Más enemigos? ¡No era el momento! Pero un grupo de infectados empezó a abrirse paso entre los árboles. Debían ser al menos veinte o treinta.

Claire estaba aturdida. No sabía qué hacer. Lo más inteligente era echar a correr aunque su pierna no le permitiera avanzar a un buen ritmo. Pero no podía dejar a Chris allí, de ninguna manera. Tenía que hacer algo para sacarlos a los dos con vida.

-¡Chris! ¡Tenemos que largarnos! –los infectados estaban cada vez más cerca, y Steve no iba a parar hasta verlos muertos. Y como si fuera un milagro Chris no dudó ni un instante y se puso en pie. Aún parecía algo aturdido, pero su cara tenía mucho mejor aspecto.

Con la escopeta cargada, el mayor de los Redfield empezó a disparar a los zombies que se acercaban. El primero salió volando al recibir el impacto. No tenía ni idea de cuántas balas le quedarían ni la munición de la que disponían, pero lo que sí era cierto era que no podían desperdiciar ni una maldita bala. El suelo temblaba con cada paso que daba esa criatura en la que se había convertido Steve.

Gritó… y esa advertencia no le gustó ni un pelo. Elevó su brazo. Chris se quedó clavado, lo mismo que Claire. Estaba empezando a salir fuego de las yemas de sus dedos, si es que se les podían llamar así. Con un nuevo sonido gutural bajó su brazo y apuntó hacia donde se encontraban. Los Redfield se apartaron justo a tiempo. La bola de fuego había dejado un gran hoyo donde habían estado segundos antes.

Claire intentó correr más deprisa, pero la pierna seguía dándole algún que otro pinchazo. Steve volvió a dar unos pasos. Era increíble la distancia que conseguía recortar cada vez que caminaba. Chris se echó un rápido vistazo a los bolsillos de su chaleco. No tenía absolutamente nada. Empezó a entrarle el pánico. Seguro que su bolsa estaba por allí.

-¡Claire! ¡Necesito munición! –gritó mientras veía cómo Steve volvía a levantar el brazo. Alguien lo agarró del brazo -. Joder…

Uno de los infectados lo había alcanzado. El condenado tenía una fuerza descomunal. Le dio una patada en el estómago y se lo quitó de en medio. Retrocedió. Cada vez estaban más cerca. Echó a correr hacia la izquierda. Una nueva bola de fuego pasó por su lado. Rodó sobre su costado y se quedó de rodillas junto a una papelera. Hubo una explosión que hizo retumbar todos los edificios.

Un coche había salido ardiendo. Si continuaba así destruiría toda la ciudad. Divisó a Claire unos metros más allá, agachada tras unos matorrales. Tenía la cara llorosa. Unas lágrimas bajaban por su mejilla. Chris nunca había sido demasiado bueno tratando con las mujeres, pero le rompía el corazón ver a su hermana en ese estado. Se puso a su lado sin dejar de observar la zona.

-No hay munición, Chris… -le confesó con la voz quebrada. El ex miembro de S.T.A.R.S. se quedó boquiabierto. ¿Qué había pasado con la bolsa? Esto no podía presagiar nada bueno -. Estamos solos ante el peligro.

No quería oír ni una palabra más, pero su hermana tenía razón. Estaban solos; tendrían que utilizar todo su ingenio para escapar de allí vivos. La ayuda no llegaba, la munición y las armas se habían perdido a excepción de una escopeta y un rifle. ¿Qué más podía pasar? Tenían que retroceder, encontrar algún edificio seguro y ocultarse para trazar un plan. A estas alturas no quedaría ni un poli vivo que les impidiera salir a pie.

La ciudad habría sido acordonada con toda probabilidad, pero siempre había alguna fractura. Steve corría hacia ellos a una velocidad de vértigo. ¿Cómo era posible que fuera tan rápido? Iba calcinando a los infectados que iban en la misma dirección. ¡Se los quitaba de en medio como si fueran simples marionetas! Claire empezó a disparar aún a sabiendas de que estaba gastando munición.

-¡Corre! –gritó Chris poniéndose en pie aunque pensando que tal vez era demasiado tarde. Tendrían que haber reaccionado mucho antes. Chris se dio la vuelta en el momento en el que Claire salía disparada por los aires -. ¡Claire! ¡Dios mío!

Disparó a quemarropa dos disparos. Pero no surtieron ningún efecto. Steve lo miraba con una amplia sonrisa. Hasta él sabía que estaban acabados. Los pocos infectados que quedaban en pie se estaban acercando peligrosamente. Corrió hacia Claire para comprobar que se encontraba bien, pero Steve se le adelantó. La cogió por el pelo y la levantó en el aire como si se tratara un pañuelo o algo bastante ligero.

Echó a correr con ella. Chris dio una patada al suelo desesperado. No podía permitir que le pasara nada a Claire. Se había prometido cientos de veces que cuidaría de ella pasara lo que pasase, aunque estuviera aún bastante aturdido. Corrió quitándose de en medio a empujones a los cinco o seis infectados que quedaban. Le dio a uno con la culata de la escopeta en la cabeza. Sus sesos quedaron esparcidos por la hierba. Esquivó a otro echándose hacia la derecha y volvió a la carretera.

A Claire le dolía todo el cuerpo. Ya no sólo era la pierna: ese golpe le había dado de lleno en su hombro derecho. No pensaba que tuviera nada roto, pero le dolía bastante. Steve la tenía atrapada por la coleta. Su rifle se había perdido. Ella estaba perdida. Sólo era cuestión de tiempo que todo terminara. Steve la observaba con una amplia sonrisa, como si estuviera decidiendo cuál era la mejor forma de acabar con ella.

No tenía ni idea de dónde estaba Chris, pero tenía que hacer algo rápido. Metió la mano en uno de sus bolsillos, y palpó un objeto afilado. ¡Una navaja! No recordaba cuándo la había metido, pero le podría ser de mucha utilidad. Sin que se diera cuenta cerró bien el puño y la dejó oculta. El filo estaba empezando a hacerle daño, pero tenía que aguantar.

-Parece que todo ha llegado a su fin –se burló sin dejar de sonreír. Su voz era cada vez más tétrica. El virus estaba tomando control de todas y cada una de sus extremidades -. Es una lástima que un rostro tan bello no pueda volver a contemplar nunca más el radiante sol.

Claire no dijo nada. Bastante afectada estaba ya con su aparición. Era una auténtica putada todo lo que estaba pasando. ¿Por qué ahora? ¿Aquí, precisamente en su campo de operaciones? Tenía que hacer algo rápido. Sin pensarlo, clavó la punta de la navaja en el brazo izquierdo de Steve. La reacción fue inmediata: con un gruñido que resonó en sus oídos la soltó.

No era mucha distancia hasta el suelo, pero el golpe le dolió bastante. Se había hecho bastante daño en el trasero, pero ahora no tenía tiempo de pensar en eso. Tenía que salir de allí y reunirse con Chris. Steve levantó un puño y empezó a bajarlo con rapidez. La pelirroja se quedó paralizada. La había pillado desprevenida; no tenía escapatoria. Era su fin.

De pronto, alguien la empujó. Salió disparada hacia la izquierda, chocándose contra la puerta de un coche que estaba aparcado junto a la acera. La espalda se resintió; el golpe había sido bastante fuerte. Tendría dolores hasta en las pestañas al día siguiente… eso contando con que lograra salir viva de allí. Pero hubo algo más que llamó su atención, o mejor dicho, la alarmó.

Steve había golpeado a Chris. Sus garras estaban clavadas en su costado derecho. Chris tenía los ojos abiertos como platos. Algo en su expresión, ese dolor… Claire comprendió inmediatamente lo que pasaba. Pero apenas le dio tiempo a reaccionar: el cuerpo de su hermano cayó al suelo. Su rostro estaba pálido. No se movía.

-¡Chris! –gritó con todas sus fuerzas aguantando las lágrimas. ¡De ninguna forma podía estar muerto! Steve la observaba sin dejar de sonreír, viendo que la misión estaba cada vez más cerca de terminar.

-Será mejor que te rindas –le advirtió a la chica notando esa sensación de calor que tanto lo acompañaba en su interior. ¿Y si destruía ese cuerpo delante de ella? Sería muy divertido. Ya no podía hacer nada: estaba muerto. Se estaba empezando a formar un charco de sangre bajo el cuerpo, y cada vez era más abundante. Si no había muerto ya sería cuestión de tiempo -. El mundo se acabará. Todos seremos como yo.

-¡No voy a permitir que eso ocurra! –gritó con un par de lágrimas bajándole por las mejillas. ¿Qué iba a hacer ahora sin Chris? No se levantaba, no hacía nada por llamar su atención. ¿De verdad que estaba muerto? Su cuerpo era cada vez más rojo; tenía mucho miedo, más del que quería admitir.

Siempre había considerado que su hermano estaba hecho de una pasta especial. Había sobrevivido mil y una veces a diferentes catástrofes, y nunca había sufrido más allá de un rasguño o un golpe. La experiencia de Raccoon City los había convertido a todos en hombres de acero, que soportaban los peores golpes y seguían adelante como si nada ocurriera. Eso mismo era lo que le había pasado a ella… sólo que las rachas de suerte alguna vez acaban. ¿Sería ésta la ocasión?

De pronto, empezó a oírse un ruido muy lejano. Tanto que no estaba muy segura de que se estuviera produciendo. Pero era algo parecido a… ¿un helicóptero? Steve también parecía haberlo oído. Se quedó en silencio, mirando de un lado a otro. Él también había notado que algo se acercaba, algo que no hacía presagiar nada bueno.

Y entonces, el sonido se volvió cada vez más claro. Eran las aspas de un helicóptero que se acercaba. Claire no sabía si debía confiar en que fuera la ayuda, pero la esperanza era siempre lo último que perdía. Un diminuto punto empezó a aparecer en el horizonte que se fue acercando poco a poco. El sonido era cada vez más atronador, hasta tal punto que era imposible confundirlo con otra cosa que no fuera un helicóptero.

¿Y si era la ayuda que mandaba la B.S.A.A.? Sólo podía confiar en eso.

-¡No me gusta ese ruido! –gritó Steve desplazándose a un lad otro. Estuvo a punto de aplastar a Chris. Éste seguía en el cuerpo sin dar señales de vida. Claire quería acercarse, comprobar que sólo estaba inconsciente y que se recuperaría. Pero el miedo la tenía paralizada. ¿Y si ésa era la última vez que había visto a su hermano con vida? ¡Oh, Dios! ¡No podía soportarlo! -. ¡Tengo que destruirlo!

Y Claire no pudo evitar acordarse de algo que le contó Jill hace un tiempo. Cuando ella estaba atrapada en Raccoon City, una de las B.O.W.S. había destruido el helicóptero en el que pensaba huir la primera vez. Le había disparado con un bazuca, haciéndolo pedazos y dejándola por unas horas más en la ciudad. Eso, por supuesto, había originado que quedara infectada con el virus T durante unas horas.

Tenía que hacer algo para impedir que Steve hiciera lo mismo. Por mucho que le doliera reconocerlo… ahora era su principal enemigo. Buscó por el suelo su rifle, pero no estaba por ninguna parte. ¿Es que hoy se dedicaba a perder cosas? Y entonces, se fijó en el cuerpo de Chris, su escopeta. Sí, eso serviría. Echó a correr en el momento en el que oía unos disparos.

Se detuvo. Miró al cielo. El helicóptero estaba eliminando a los pocos infectados que quedaban por allí. Todos caían como moscas. Y en ese momento Claire no tuvo ningún tipo de duda: ésa era la ayuda que enviaba la B.S.A.A. ¡Estaban a salvo! Tal vez aún hubiera una oportunidad para Chris, aunque primero necesitaba asegurarse de que todo estaba en orden.

Las ráfagas empezaron a impactar en el cuerpo de Steve, que gruñía mientras avanzaba. Claire corrió sin mirar atrás hacia su hermano. Necesitaba distraer a esa criatura para que los chicos hicieran su trabajo. Con un poco de suerte traerían algún lanzacohetes o algo con lo que hacer frente a la cosa en la que se había convertido Steve.

Se agachó junto al cuerpo de Chris. Sus ojos estaban fijos en el cielo. Claire movió una mano para ver si reaccionaba, pero no hizo nada. El suelo estaba lleno de sangre. Tenía una herida bastante fea en el costado, y si no la atendían pronto… quién sabía lo que podía pasar. Los disparos llegaban a todas partes, y Claire temió que alguno pudiera darles. Tenía que proteger a Chris. Se arrodilló a su lado y se echó sobre su cuerpo sin perder de vista lo que estaba pasando a escasos metros.

Steve avanzaba con dificultad, pero ni las ráfagas que lanzaba el helicóptero eran capaces de detenerlo. Claire temía lo peor, y si se quedaban sin vía de escape… No, no podía pensar en ello ahora. Cuanto más tiempo tardara en aterrizar menos posibilidades habría para Chris… Lo observó durante unos instantes. Su cara era un gesto de sorpresa absoluto; no se merecía acabar así.

El monstruo gruñó. La pelirroja tuvo que taparse los oídos; era bastante desagradable. Levantó ambos brazos, y antes de que sucediera, ya sabía que el helicóptero y sus tripulantes estaban en serio peligro. Tenía que hacer algo para llamar la atención de Steve… aunque eso le costara la vida. Cogió la escopeta y disparó. Steve no le hizo ni caso.

De sus brazos salieron llamaradas que iban directas hacia el helicóptero. Claire se quedó boquiabierta. ¡Necesitaban un milagro para esquivar eso! El fuego se iba acercando cada vez más al aparato, que ascendía y giraba a la izquierda intentando minimizar los daños. Las llamas pasaron rozando las aspas, aunque sin llegar a darles. Claire suspiró aliviada. Había tenido mucha suerte.

De pronto, una voz procedente de un megáfono empezó a llamar su atención.

-¡Claire! ¡Cógelo! –esa voz le sonaba muy familiar, demasiado. Un objeto pesado empezó a descender desde el cielo. Conforme se iba acercando, se dio cuenta de que era un lanzacohetes. ¡Sí! ¡Eso tal vez fuera suficiente! Aunque visto lo visto… Echó a correr. Steve no se había dado cuenta de nada. Los disparos volvieron a sonar. Ésa era la oportunidad que había estado esperando.

Había un proyectil cargado. El lanzacohetes pesaba mucho, pero no importaba. Tenía que hacerlo por todas las personas que se habían visto involucradas en ese incidente, por Terrasave, por la B.S.A.A., por su hermano, por ella… Era hora de terminar con esa pesadilla. Se colocó el objeto en el hombro y apuntó a Steve, que ahora sí estaba fijándose en ella.

Los disparos seguían acribillándole, pero no surtían ningún efecto. Había que pasar al plan B. Apuntó al rostro sonriente de Steve, que reía sin parar. Claire sabía que eso tenía que funcionar. Siempre lo hacía. Con un grito que volvió a resonar en sus tímpanos echó a correr hacia ella. Era el momento. Puso el dedo en el gatillo. Le temblaba un poco el pulso, pero no iba a dudar.

Steve había sido su compañero de aventuras, alguien que la había ayudado mucho en aquella peligrosa experiencia en Rockfort. Ahora, con el paso del tiempo, y la asimilación del virus, ya no era ese chico que había conocido hacía unos años. Era un monstruo deseoso de sangre, de destruir, de matar. Sentía lástima por él, porque no había tenido una vida fácil, pero ahora no había lugar para la compasión.

-Lo siento mucho, Steve… -murmuró apretando el gatillo.

El proyectil salió disparado. Empezó a acercarse hacia su objetivo, que contemplaba con horror cómo era imposible esquivarlo a esa velocidad. Se frenó en seco, pero era demasiado tarde. El misil lo hizo pedazos. Claire se echó el brazo a la cara. Algunos trozos salieron despedidos en su dirección. Echó un rápido vistazo comprobando con alivio que todo se había acabado. Steve había desaparecido… para siempre.

El helicóptero inició el descenso. Se detuvo a unos cien metros de donde los Redfield estaban. Claire seguía sin poder apartar la mirada de su hermano, que no respondía a ningún estímulo. La puerta trasera del helicóptero se abrió, y por ella empezaron a bajar hombres y mujeres armados. Eran de la B.S.A.A. Podía ver el escudo grabado en uno de los laterales.

Parecía que el mensaje había llegado sin problemas. Pero más aliviada se sintió al ver a Barry Burton bajar. Llevaba un chaleco negro, unos pantalones azules y un rifle en las manos. Echó a correr hacia ellos en cuanto puso un pie en el suelo. Claire no pudo contener las lágrimas. Se echó a sus brazos en cuanto lo tuvo al alcance. Barry le dio unas palmadas en la espalda, pero su gesto se ensombreció al ver a Chris en el suelo, ensangrentado, como si estuviera muerto.

-¿Qué le ha pasado? –preguntó con un tono de voz bastante preocupado. Conocía a Chris desde hacía muchos años, y siempre había admirado su vitalidad y su fortaleza de hierro. Verlo así… no era nada halagüeño.

-Hay que llevarlo a un hospital enseguida –le explicó la menor de los Redfield quitándose las lágrimas de la cara -. No… no responde… Es que como si…

Barry no necesitó oírlo dos veces. Se giró y llamó a uno de los hombres que estaba echando un vistazo a la zona.

-McGee. Hay que despegar enseguida. El capitán Redfield está muy malherido. Hay que trasladarlo al hospital de Milwaukee. Que traigan una camilla.

-Sí, señor. Llamaré para que envíen otro helicóptero.

El especialista médico de campo acudió enseguida. Examinó detenidamente las heridas de Chris. Barry y Claire lo observaban todo en silencio, silencio que fue interrumpido por el sonido de las aspas del helicóptero al volver a ponerse en funcionamiento. El médico le tomó el pulso. Era débil. Había perdido mucha sangre, y si no hacían algo rápido, moriría en cuestión de minutos.

-Tenemos que irnos ya –dictaminó poniéndose en pie y guardando algunos instrumentos en su maletín -. La situación es bastante grave –el gesto de Barry se ensombreció, y Claire volvió a llorar.

Dos mujeres portaban una camilla y la dejaron en el suelo, a pocos metros de donde yacía Chris. Entre Barry y una de las mujeres consiguieron poner a Chris en su interior. Claire fue tras ellos. Tocaban pasar unas horas de auténtica agonía. Su hermano siempre había sido un hombre fuerte, ¿pero qué pasaría esa vez? ¿Sería capaz de seguir adelante? Sabía que tenía que ser positiva, espera un milagro.

El médico accedió al interior y se situó junto a la camilla dando órdenes a dos soldados que los acompañaban. Le pusieron a Chris un gotero y un respiradero. Eso era demasiado. Claire apartó la mirada con las lágrimas bajando por sus mejillas. El helicóptero empezó a ascender. Esperaba que no tardaran mucho en llegar al hospital más cercano. Habían dicho algo de Milwaukee, y lo cierto era que no sabía a qué distancia estaba de allí.

-¿A cuánto estamos de Milwaukee? –se atrevió a preguntar sin apartar la mirada de la ventanilla. El cielo se iba aclarando. Era como si el haber acabado con Steve hubiera abierto el horizonte.

-Llegaremos pronto, no te preocupes. Todo está controlado. El equipo se encargará de limpiar la zona, aunque creo que pasará un tiempo hasta que la ciudad vuelva a recuperarse… –respondió Barry a su izquierda, observando detenidamente todo lo que le doctor hacía. Era descorazonador ver a su mejor amigo en ese estado, pero no podía hacer otra cosa que rezar porque aguantara un poco más. Se volvió hacia la cabina de mando -. Llamen al hospital. Que lo tengan todo preparado para cuando estemos allí.

-Sí, señor –respondió el copiloto tocando algo en su panel de control -. Llegaremos en unos diez minutos.

Eso lo tranquilizó un poco. Suerte que las ciudades estuvieran tan cerca. Pero se notaba que el piloto iba a toda mecha. El helicóptero daba de vez en cuando alguna sacudida y los edificios pasaban a gran velocidad. Volvió a situarse junto a la menor de los Redfield, que no apartaba la mirada del ventanal. De pronto, frunció el ceño. Apoyó la mano en la pared y se levantó un poco.

-¿Qué ocurre? –le preguntó Barry sin dejar de observarla. Sabía que debía estar muy nerviosa por todo lo que había pasado. Peor había algo en su mirada que le inquietaba; era como si hubiera visto un fantasma. Su rostro estaba serio, podía decirse que hasta pálido.

-Me había parecido… -murmuró sin dejar de observar cómo la ciudad se iba perdiendo. ¿Debía contarle a Barry todo lo que habían visto? Estaba segura de que sí. Era el mejor amigo de Chris, y trabajaba para la B.S.A.A. en calidad de asesor. Estaba convencida de que pondría todos los medios necesarios para capturar a Wesker si se lo contaba. Aunque tal vez aún no era el momento. Se apartó de la ventanilla. Chris seguía tumbado en la camilla. El médico estaba examinando la herida, y estaba intentando hacer todo lo posible para parar la hemorragia -. No importa…

-Necesito sangre –dijo el doctor interrumpiendo sus pensamientos. Su rostro volvió a ponerse pálido -. ¿Saben a qué grupo sanguíneo pertenece?

-A+. Haré lo que haga por salvar a mi hermano -contestó la pelirroja quitándose la chaqueta. Estaba dispuesta a dar hasta su última gota de sangre por su hermano. Era una suerte que ambos fueran del mismo grupo sanguíneo. El médico levantó un brazo mientras uno de sus ayudantes le pasó una bolsa de sangre.

-Ahora mismo con esta bolsa podemos bastarnos, señorita Redfield –puso la bolsa en el otro brazo de Chris comprobando que todo estaba correctamente -. Pero si necesitamos más sangre no dudaré en contar con usted.

Le dedicó una tímida sonrisa a la joven, que no podía observar la escena más de dos segundos. Volvió a situarse junto a una de las ventanas y observó cómo unas nubes se desplazaban hacia la izquierda. Barry se situó a su lado, al principio sin decirle nada. Ambos estaban bastante preocupados por Chris, y no podían hacer otra que pensar en lo que pasaría una vez que lo operaran… Eso si llegaba a Milwaukee con vida.

Barry se quitó ese pensamiento de la cabeza. Estaba hablando del hombre más cabezota, con más suerte y con la trayectoria más impecable que había conocido. Esperaba que el otro equipo hubiera llegado ya a Salt Lake City para sacar a Jill de allí. ¿Es que esos dos siempre iban a saltarse las reglas?

-Necesito que me lo cuentes todo más adelante… -dijo Barry cruzándose de brazos, mirando también por la ventana -. Sé que habíais descubierto algo. Pero no quiero atosigarte ahora a preguntar. Hablaremos cuando sepamos que Chris está bien.

Claire asintió. Le agradecía enormemente que no la bombardera a preguntas en ese momento. Estaba segura de que no sabría ni qué responder.

Wesker había presenciado todo el espectáculo, como siempre, desde la oscuridad, su aliada, su máscara. Había depositado muchas esperanzas en Steve, hasta había estado convencido de que sería capaz de derrotar a los Redfield. Los había tenido contra las cuerdas la mayoría del tiempo. El bueno de Chris había sufrido un golpe que parecía mortal. Se mantendría al tanto de las noticias. Su muerte allanaría mucho el camino.

La B.S.A.A. había llegado justo a tiempo, como siempre. Burton había acudido a salvarles el culo. Se habían largado en el helicóptero, y habían dejado a algunos de sus soldaditos investigando la zona. La operación no había sido un fracaso en absoluto. Steve había estado cerca de la victoria. Si Burton hubiera tardado un poco más habría encontrado los dos cadáveres.

Había recopilado unos datos muy interesantes. El T-Veronica aún tenía mucho potencial. Necesitaba incluir todo lo que había visto en su informe. Era una pena que Steve hubiese sido destruido por un misil. Suspiró ajustándose las gafas. Vio cómo la menor de los Redfield se quedaba observándolo desde una de las ventanas del helicóptero. Estuvo tentado de decirle adiós con la mano. Pero no. No estaba de tan buen humor.

Esperaba que Ada trajera menores noticias. Dudaba de sus métodos, pero nunca le había fallado hasta el momento. Sherawat tenía en su poder una auténtica mina de oro, otro campo que explorar y comprender. Volvería a su guarida. Era lo más sensato. En Chicago ya todo estaba perdido.


0.0 Pero pero qué está pasando aquí? Chris gravemente herido? Steve destruido? Wesker huyendo? mmm Esto ha dado un giro interesante.

Xaori: Jessica es una pequeña zorrita que sabe jugar muy bien sus cartas. Sabe perfectamente cómo afecta ese tema a Jill, y no ha dudado en sacarlo para que baje la guardia. Aunque Jill intenta hacerse la fuerte sabe que muchas cosas que ha dicho son ciertas, y no hay nada que le duela más que eso. Bueno, el desenlace cada vez esta más cerca, pero aún creo que queda un poquito, tal vez una semana más o algo así (:D; nah, un poquito más).

Stardust4: La pobre Jill está tocada, y por mucho que lo intenta, con un hombro dislocado es bastante difícil moverte en condiciones. Veremos a ver si Leon y Ada llegan a tiempo para salvarla... o si Jessica consigue acabar con ella. Y en este capítulo, como ya has leído, los Redfield han salido muy pero que muy mal parados.

Pues esto es todo por esta semana. Os prometo más y mejor.