Capitulo 25
—Consigo encontrar distracciones —contestó Peeta. Entonces, encendió un cigarrillo—. Además, nunca estoy solo. Las montañas están llenas de vida. Hay ardillas, conejos, zorros...Toda clase de pequeños animales.
—Eso no es precisamente a lo que yo me refería por compañía... —susurró Delly, con su voz más seductora.
—Tal vez no, pero a mí me entretienen sin pedirme nada a cambio. Además, a menudo veo pasar ciervos muy cerca de la cabaña cuando estoy al lado de la ventana y también osos...
— ¿Osos? —repitió Delly horrorizada—. ¡Qué espanto!
— ¿Osos de verdad? —preguntó Katniss, muy emocionada—. ¿De qué clase? ¿Osos grizzlies?
—No, osos negros, Katniss —contestó Peeta, sonriendo al ver la reacción que ella había tenido—, pero son igual de grandes. En este momento estamos a salvo porque están hibernando -añadió, mirando a Charlene.
-Menos mal —susurró ella.
-A Katniss le gustan bastante las montañas, ¿no es así?
—Son fabulosas —afirmó ella llena de entusiasmo—. Tan salvajes e indomables...Todo esto debe de tener casi el mismo aspecto que tenía hace un siglo. No hay nada más que naturaleza durante kilómetros y kilómetros.
—Sí, sí, ya veo que te muestras muy entusiasta -observó Delly.
Katniss le dedicó una mirada asesina.
—Katniss creció en una granja de Kansas —explicó Peeta—. Ella no había visto antes las montañas.
— ¡Qué pintoresco! —murmuró Delly, con una sonrisa—. Allí cultivan trigo o algo así, ¿verdad? Me imagino que, viniendo de una pequeña granja, estarás bastante acostumbrada a las condiciones primitivas.
El tono de superioridad que Delly había utilizado enfureció totalmente a Katniss.
—La granja de mis padres ni es pequeña ni primitiva, señorita Cartwrigth. Supongo que, para alguien como usted, resulta imposible imaginarse la eternidad de los campos de trigo o los kilómetros de suaves colinas. No es un ambiente tan sofisticado como el de Nueva York, pero tampoco es prehistórico. Tenemos incluso agua corriente, caliente y fría, en las casas. Hay personas que aprecian la tierra y la respetan en todas sus formas.
—Debes de ser una chica acostumbrada a estar al aire libre —dijo Delly con voz aburrida—. Yo prefiero las comodidades y la cultura de la gran ciudad.
—Creo que voy a ir a dar un paseo antes de que oscurezca —anunció Katniss. Se sentía furiosa.
Se levantó rápidamente. Necesitaba poner distancia entre Delly y ella antes de que perdiera completamente el control.
—Yo iré contigo —dijo Caesar mientras ella se ponía el abrigo—. He tenido que cargar con esa mujer todo el día —añadió en voz muy baja, con una sonrisa de conspiración—. Creo que el aire fresco me sentará muy bien.
Mientras se dirigían hacia la puerta, Katniss no pudo contener la risa. Se agarró del brazo de Caesar sin prestar atención alguna al ceño que se dibujó sobre ciertos ojos azules que no dejaban de mirarla.
Una vez en el exterior, los dos respiraron profundamente y se echaron a reír como niños. Decidieron dirigirse hacia el arroyo y siguieron su curso hasta adentrarse más en el bosque. La luz del sol se colaba esporádicamente entre las ramas y relucía sobre aquel suelo aterciopelado. La sosegada conversación de Caesar sirvió para relajar los tensos nervios de Katniss.
Se detuvieron y descansaron sobre una roca durante un instante.
—Esto es muy bonito —dijo Caesar. Katniss produjo un pequeño sonido que sirvió tanto de asentimiento como de expresión de placer-. Vuelvo a sentirme humano —añadió guiñando un ojo—. Es muy difícil soportar a esa mujer. No me imagino lo que Peeta ve en ella.
-¿Te parece extraño si te digo que estoy completamente de acuerdo contigo?
Al notar un ligero cambio en la luz, que parecía anunciar la cercana puesta de sol, volvieron hacia la cabaña. Una vez más, siguieron el arroyo, guiándose con las huellas que habían dejado sobre la nieve. Cuando entraron en la cabaña, iban riéndose.
— ¿Es que no tienen la sensatez suficiente para saber que no pueden vagabundear por las montañas después del atardecer? —les espetó Peeta al verlos.
— ¿Después del atardecer? No digas tonterías —replicó Katniss mientras se quitaba las botas-. Sólo hemos dado un pequeño paseo siguiendo el arroyo —añadió. Entonces, perdió el equilibrio y se chocó con Caesar. Él la agarró por la cintura para que no se cayera y no retiró la mano mientras ella se quitaba la otra bota.
—Dejamos un rastro sobre la nieve —afirmó Caesar, con una sonrisa-. Es mejor que las migas de pan.
—El atardecer da paso a la noche cerrada con mucha rapidez y esta noche no hay luna —insistió Baggio—. Resulta muy sencillo perderse.
—Bueno, ya estamos aquí y no nos hemos perdido -le dijo Katniss-. No hay necesidad de organizar una búsqueda ni de mandar un perro con una petaca de coñac. ¿Dónde está Annie?
—En la cocina, preparando la cena.
—En ese caso, es mejor que vaya a echarle una mano, ¿no crees?
Le dedicó una radiante sonrisa y dejó solos a los dos hombres para que fuera Caesar el que se enfrentara al mal genio de su jefe.
-A nadie le apetece nunca ocuparse del trabajo de preparar la comida —dijo Katniss mientras entraba en la cocina.
—Díselo a la señorita Orgullosa —comentó Annie mientras desenvolvía los filetes—. Estaba tan fatigada después de tan arduo viaje que tuvo que tumbarse un rato antes de cenar.
—Pues es una bendición —afirmó Katniss mientras se unía a su amiga para preparar la cena—. Por cierto, ¿quién dijo que teníamos que ser nosotras las que nos ocupáramos de la cocina? No creo que figure en mi contrato.
—Fui yo.
— ¿Voluntariamente?
—Sencillamente, he probado los talentos culinarios de Finnick y no quise correr otra vez el riesgo de una intoxicación. En cuanto al jefe, hasta el café lo hace mal. En lo que se refiere a Caesar... bueno, puede que sea un cocinero genial, pero no estaba dispuesta a correr el riesgo.
—Ya entiendo.
En alegre compañía, las dos prepararon la cena. Le dieron vida a la cocina con el golpeteo de los platos y los cacharros y el chisporroteo de la carne. De repente, Finnick se materializó en la puerta.
— ¡Qué bien! Estoy muerto de hambre -anunció—. ¿Cuánto queda para cenar?
—Toma —le dijo Annie antes de darle un buen montón de platos—.Ve a poner la mesa... así no pensarás en tu estómago.
—Sabía que tenía que mantenerme alejado de la cocina —gruñó él. Entonces, desapareció en dirección al salón.
—Supongo que es el aire de la montaña —comentó Katniss, cuando estuvieron todos sentados alrededor de la mesa del salón y empezaron a cenar—, pero estoy muerta de hambre.
Ver cómo Peeta esbozaba una lenta sonrisa le hizo recordar la escena que se había producido horas antes en la cocina. El color tiñó sus mejillas. Tomó la copa de vino para disimular y, tras dar un buen trago, dedicó de nuevo toda su atención a la comida.
Cuando llegó la hora de recoger, se puso de manifiesto una confusión y una desorganización patentes. Al final, Annie levantó las manos y echó a todos los hombres de la cocina.
—Yo soy el jefe —le recordó Peeta—. Se supone que soy yo quien da las órdenes.
—Hasta el lunes no —replicó ella antes de darle un buen empujón. Entonces, observó con desaprobación cómo Delly se marchaba con él—. Mejor —le dijo a Katniss—. Probablemente no habría podido evitar ahogarla en el fregadero.
Más tarde, la fiesta se prolongó en el salón. Tras rechazar el coñac que le ofreció Peeta, Katniss se sentó sobre un pequeño escabel cerca del fuego. Observó cómo danzaban las llamas sin darse cuenta de la imagen que tenía. El cabello y las mejillas le relucían con la suave luz y tenía una expresión suave y soñadora en los ojos. Sólo una pequeña porción de su mente registraba la conversación que se estaba produciendo y el tintineo ocasional de las copas. Con los codos sobre las rodillas y la cabeza sobre las palmas de las manos, se dejó apartar por la magia del fuego de todo pensamiento consciente.
— ¿Te han hipnotizado las llamas, Katniss? —le preguntó Peeta de repente, mientras se agachaba para sentarse sobre la alfombra, al lado de ella
Buenoo aqui el final de este maraton ¿Les ha gustado? ¿odiaron mas a Delly? ¿les encanto la interaccion entre Katniss y Peeta?
Nos leemos en el proximo capitulo
Besos!
Att: NatYChips
Maraton 5/5
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