Capitulo Veinticinco
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Minutos antes de ir a la mansión Edward y yo terminamos de componer una nueva nana para Andrea.
-Vamos, tenemos que cambiarnos. Tenemos que ir a por Andrea.
Le tomé de la mano y subimos a la habitación. Nos pusimos algo sencillo.
-Me pasas ese bikini, el que está junto a ti.
-¿El azul?
-Si, por favor.
Lo cogió se acercó a mi y me lo puso delicadamente en las manos.
-Gracias, Edward.
-De nada, amor.
Nos dimos un corto beso en los labios.
-Es para enseñar a Rose… -hice un gesto con las manos y luego me encogí de hombros- …ya sabes…
-Si, lose. Tengo la impresión de que hoy va a ser un día muy largo. No, no quiero que vayamos a la mansión –me abrazó y me retuvo en sus brazos mientras hablaba- si vamos, significa que no vamos a estar juntos. Te va a raptar Rose.
Sonreí levemente, no me hacía mucha gracia separarme de él.
-Tenemos que ir, cariño. Acuérdate que allí tenemos a Andrea.
-Eso no se me olvida, nunca. Andrea y tu sois mis prioridades número uno.
-Y tú eres la nuestra.
Nos abrazamos más, el uno contra el otro, como si no estuviéramos lo suficientemente cerca aunque nuestros cuerpos estuvieran totalmente pegados, aunque ni una pizca de aire pudiera pasar entre nosotros.
Al cabo de unos minutos salimos de la casa, eran las ocho de la mañana y Andrea seguramente ya estaba despierta.
-Buenos días –saludamos Edward y yo a la vez nada más atravesar el umbral de la mansión.
Todos los presentes nos respondieron el saludo.
Me acerqué hasta Emmett que era el que tenía a Andrea en ese momento en los brazos y la cogí. Me senté en el sofá y observé como la niña me miraba con sus hermosos ojos azules.
-Toma, amor.
Edward me tendió un biberón. Lo cogí y delicadamente se lo di a Andrea. Cuando su pequeña boca encontró la tetina comenzó a succionar el líquido –asqueroso para mí- que contenía aquel, frágil y transparente, tubito de cristal.
Cuando terminó de comer la acuné mejor entre mis brazos. Edward se sentó a nuestro lado, pasó un brazo por encima de mis hombros y con la otra mano acariciaba, levemente, la mejilla de Andrea. Ella se reía de los gestos que poco después Edward comenzó a hacerle.
-¡Bella!, ya estoy lista, podemos empezar.
-Lo siento, Rose. Yo todavía no me he cambiado.
Edward me miró y cogió a Andrea que todavía estaba en mis brazos.
-Me voy a cambiar, Rose, y enseguida bajo.
Fui al baño de Edward con el pequeño bolso que había preparado esa mañana. Me puse el bikini azul, me enrosqué la toalla y bajé. Atravesé el salón no sin antes dar un beso a mis dos razones de existencia y salí al patio trasero. Rose ya me esperaba.
-Vale, ¿por donde empezamos?
-Primero quiero ver si todavía sigo siendo flexible –Rose asintió.
Comencé a estirar las piernas una para cada lado y comencé a aproximarme al suelo. Despacio, iba despacio pues no sabía si lo conseguiría del todo.
-Bella, ¡sigues siendo flexible! –gritó Rose cuando por fin me había abierto completamente.
Una sonrisa iluminó mi rostro.
-Rose seguro que tu también. Inténtalo –dije una vez levantada del suelo.
-Vale ya voy.
Poco a poco ella, también, fue estirando las piernas, al cabo de unos minutos también estaba completamente estirada.
-Vaya… -dijo sorprendida- nunca había pensado que fuera tan flexible.
-Bueno, ahora ya lo sabes.
Las dos comenzamos a reírnos estrepitosamente.
-¿¡Qué pasa!?
Emmett salía del salón alarmado, se paró de golpe al ver a Rose en el suelo.
-¡Lo has conseguido! –se acercó hasta ella con los brazos extendidos.
Rose se levantó rápidamente y lo abrazó.
-¡Me alegro tanto!
-Gracias, cariño –al terminar de decir esto Rose le besó.
-A veces puedes ser tan pelota, Emmett –Alice acababa de salir también y estaba mirando a la feliz pareja.
-Cállate, monstruito –y le sacó la lengua.
Alice puso los ojos en blanco y Emmett siguió besando a Rosalie.
Estuve explicándole a Rose las técnicas de la natación sincronizada y como tenía que ejecutarlas. Me resultaba un poco difícil acordarme pues eran recuerdos humanos y los veía un poco nítidos. Rose y yo estábamos en un lado de la piscina, en lo más hondo. Carlisle y Esme estaban sentados en las escaleras de esta hablando tranquilamente, Edward y Andrea estaban en el césped jugando, Emmett y Jasper se tiraban con diferentes posturas mientras Alice les tiraba fotos.
Al ser vampiro, Rosalie hacía todo a la perfección y no tenía que corregirla, solo le daba pequeños consejos para que le saliera mejor.
Rato después, Rose y yo, habíamos terminado con la clase del día. Me acerqué a mis dos amores. Le di un dulce beso a Edward y otro en la mejilla a Andrea, ésta estaba riéndose cada vez que su padre le hacía cosquillas en los pies. Me tumbé con ellos en el césped y jugamos todo lo que quedaba de mañana.
-Bella, ¿qué es lo que te preocupa? –Jasper lo había notado.
-Es que… -Edward, que estaba dando de comer a Andrea, vino con ella ami lado.
-¿Qué pasa, amor? –me abrazó con el brazo que le quedaba libre.
-¿Cómo vamos hacer para identificar a Andrea?, me refiero a los papeles, por ejemplo cuando salgamos del país le hará falta un pasaporte, ¿no?
-No te preocupes, cariño. Jasper se encargará de eso, ¿verdad?
-Si, Bella, no te preocupes, no hay problema –contestó el interpelado.
-Mañana vamos Jasper y yo, Bella. Íbamos a ir de todas maneras.
-Gracias Alice.
Terminé de darle el biberón a Andrea pues Edward se fue a hablar con Jasper sobre los papeles que harían falta para Andrea.
-Eres una bebé preciosa –le dije cariñosamente a mi hija.
-Y tu una madre perfecta –me susurró Edward al oído.
Le sonreí.
-Gracias, cariño.
Andrea se terminó de tomar el biberón y poco tiempo después se quedó dormida en mis brazos.
-Ven ponla aquí y salimos a fuera con los demás.
La puse en el cuco y salimos los tres al patio trasero.
Nos sentamos en el césped y pusimos el cuco de Andrea a nuestro lado para poder observarla mientras dormía. Alice estaba tumbada en una hamaca "tomando el sol" mientras que Emmett y Jasper seguían tirándose a la piscina y haciendo tonterías.
Emmett estaba en el bordillo de la piscina hablando con Jasper sobre su segunda pose para tirarse. Miré a Alice y esta asintió poco después los dos mosqueteros habían caído al agua y ninguno se había tirado.
-¡Eh! –exclamaron los dos a la vez mientras se salían de la piscina.
-¿Quién ha sido? –se quejó Emmett.
Alice, Rose y yo comenzamos a reírnos de los aspavientos y tonterías que hacían, a los pocos segundos el resto de la familia coreaban nuestras risas.
-¡Habéis sido vosotras! –chillaron los dos al unísono.
-¡Bella tú nos has movido con tu don!
-Alice y Rose me dieron permiso –me excusé.
-¡Ahora mismo las tres al agua! -gritó Emmett.
Jasper y Emmett comenzaron a perseguirnos por todo el patio trasero de los Cullen. Las tres chillábamos y corríamos como locas. Andrea, que ya estaba despierta, se reía a carcajadas de nosotros, aunque no comprendiera todavía porque nos movíamos. Rose fue la primera en caer, yo la segunda y Alice la tercera. Carlisle, Esme y Edward observaban el circo que habíamos montado en pocos segundos desde las "gradas".
-Con que te ríes ¿eh? –miré a Edward divertida, en cuanto me oyó la sonrisa desapareció de su rostro.
-Oh, no, Bella, ni se te ocurra.
Demasiado tarde. En cuestión de segundos Edward estaba cayendo al agua. Me salí enseguida para que no me pudiera coger.
-Eres… -comenzó a decir cuando sacó la cabeza del agua.
-Tu razón de existir –puse mi cara más angelical.
Edward salió del agua y se acercaba a mí.
-Eso por supuesto pero iba a decir que…
-Soy una belleza.
Hice una pose.
Sonrió y asintió.
-Iba a decir…
Hice intención de hablar pero Edward me calló poniendo un dedo en los labios, se acercó hasta mi oído y susurró:
-Eres un bichito aterrador.
Acto seguido comenzó a hacerme cosquillas.
-No, por favor, Edward ¡para!
No podía parar de reírme, estábamos los dos en el suelo. Yo me retorcía de las cosquillas que me hacía.
-Por favor, Edward ¡ya no puedo más!
-Esto es por tirarme a la piscina –y siguió haciéndome cosquillas.
-¡Vale, vale! ¡Para ya! No te vuelvo a tirar más.
Las cosquillas cesaron por unos segundos.
-¿Lo prometes?
-Lo prometo –dije muy seria, era la verdad.
Se acercó a mí y sellamos nuestro pacto con un dulce beso.
La tarde pasó igual que la mañana, con más risas, con más tonterías por parte de Emmett y con más caricias y besos por parte de Edward, sobretodo eso. Sin darme cuenta, o quizás si, ya se había hecho de noche y Andrea tenía que dormir. Había que respetar sus horas de sueño, si no, no descansaría bien. Nos despedimos de toda la familia y fuimos a casa.
Pusimos a Andrea, ya dormida, en su cuna y nosotros nos sentamos en el sofá, abrazados, que habíamos colocado a su lado. Estuvimos viéndola dormir toda la noche. Fue maravilloso, ahora entendía como tanto le encantaba a Edward verme dormir.
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Andrea parecía un ángel mientras dormía. Su rostro en calma, tranquilo, era igual que el de una flor al comienzo de la primavera. Lo que ella no sabía es que sería una niña criada por seres mitológicos que la mimarían y cuidarían todo el tiempo, aparte de que la daríamos todo lo que quisiera pero también la enseñaríamos los valores de la vida.
-¿En qué piensas, amor?
Edward, cuyos brazos me acunaban, me había visto sonreír levemente.
-En que ella no sabe que la cuidarán y mimaran seres mitológicos.
Levanté la cabeza de su pecho pues estaba apoyada en él mientras veíamos como dormía Andrea.
-Tienes razón. –se quedó pensativo mirándola- es una ventaja que tenga la sangre albina, será blanquita, no tanto como nosotros, pero por lo menos no destacará, y eso es una ventaja –recorrió mi rostro con sus hermosos ojos- ¿Qué te preocupa?
-No se te escapa ninguna… -susurré.
-Amor, no podré leer tu mente todo el rato. Pero me sé tus expresiones a la perfección –hizo una leve pausa- cuéntame –me alentó.
-Lo que me preocupa es cuando se lo diremos. No sabemos como se lo va a tomar, como va a reaccionar. ¿Y si no le gusta?, ¿y si no se lo toma bien? ¿Qué le vamos a decir cuando nos pregunte quien es su madre al darse cuenta de que nosotros no la hemos podido tener? –me estaba poniendo nerviosa y sin darme cuenta me había sentado completamente derecha en el sofá.
-Amor, amor, tranquilízate. No hagas de un granito de arena una montaña. –enseguida Edward me estaba acunando en sus brazos y susurrándome palabras tranquilizadoras- tenemos a Alice para saber el mejor momento para decírselo.
-No la quiero perder Edward.
-Tranquila, Andrea se lo tomará bien, estoy seguro. No se va a ir a ningún lado.
Poco a poco me fui calmando y dejando de pensar en lo que ocurrirá en un futuro.
-¿Mejor?
Sus brazos aún me rodeaban y sus manos acariciaban mi piel suavemente dándome ánimos.
-Si, gracias por todo.
-No me las des. Estoy para esto y mucho más, recuérdalo.
Estuvimos abrazados, el tranquilizándome a mí y yo dejándome tranquilizar, hasta que el leve llanto de Andrea captó nuestra atención. Esta vez fui yo quien bajó a preparar el biberón y Edward la cambió. Cuando terminó de desayunar cogimos el coche y fuimos a la mansión. En el camino mi móvil sonó.
-¿Diga?
-¿Bella?
-Hola, mamá. Teníamos pensado ir a veros, pero hemos estado un podo liados.
-No te preocupes, cielo.
-¿Os pasáis por la tarde? Me gustaría deciros algo.
-¿Qué pasa mamá?, ¿ha ocurrido algo?
-No, no, cielo, tranquila. A la tarde os espero ¿si?
-Vale, mamá, nos vemos a la tarde. Te quiero.
-Te quiero, cielo.
Miré a Edward y esté me sonrió, ya habíamos llegado.
-¿Has oído Andrea? Esta tarde vamos a ir a ver a la abuela René.
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-Alice y Jasper no tardarán en llegar –nos informó Esme.
Emmett se acercó a mí y tomó a Andrea en sus brazos, Rose me cogió de la mano y subimos hasta su habitación pues había unas cuantas cosas que quería enseñarme.
Unos golpes a la puerta captaron la atención de las dos.
-Bella –la cabeza de Edward asomó por la puerta- Alice y Jasper ya han llegado.
-Ya vamos, Edward.
Al bajar las escaleras nos encontramos con la pareja que traía unas cuantas cosas en la mano. Alice nos obligó a sentarnos en el sofá para explicarnos las cosas
-Y este es el pasaporte –dijo pasándomelo.
Me quedé absorta mirando lo que ponía.
Hijo/a de: Edward Anthony Masen Cullen e Isabella Cullen.
¡Gracias por todo!
Tengo poco tiempo y siento tardar tanto en actualizar.
Intentaré que el próximo esté antes.
Espero que os haya gustado el capi.
Un beso.
