¡Qué grato era respirar el aire fresco, que no estaba cargado

con el hedor de la muerte!

Drácula - Bram Stoker

Capítulo 25: Volterra

Edward mantenía a Bella fuertemente tomada de la mano. No era necesario que ella lo dijera para que él supiera lo nerviosa que se encontraba. Lo hubiera sabido a la perfección, aún si hubiera estado sordo y ciego, pues todos sus sentimientos eran palpables en su silencio. Darío y Violeta iban detrás de ellos y Jasper a su costado. La morena dirigió su mirada hacia su amiga, que parecía estar muerta en los brazos de aquel muchacho que le cargaba, y después, la bajó hacia sus pies. Tropezó en varias ocasiones ante la poca visión que le otorgaba aquella oscuridad que reinaba en el túnel por el cual caminaban y escuchó las pequeñas risitas provocadas por Violeta, a quien le resultaba demasiado divertido aquel espectáculo.

Llegaron a una gigantesca puerta, la cual fue abierta por su novio y, al traspasarla, la castaña quedó idiotizada por lo que se presentaba frente a sus ojos. Por un momento pensó que, tal vez, se había logrado introducir a la dimensión paralela que se mostraba en las películas de Underworld. No se atrevió a seguir con la mirada en alto, pero, antes de inclinarla hacia abajo, logró contar, por lo menos, a una docena de vampiros, elegantemente vestidos con ropas negras que daban la impresión de estar todos pintados de la misma manera lúgubre. Sintió como su mano era apretada, afectuosamente, por la de Edward y, cuando comenzó a sentirse un poco más tranquila, una figura borrosa llegó hacia ella de manera inesperada. La muchacha no pudo evitar dar dos pasos hacia atrás y apretar los labios para no gritar.

"Aro, deberías de ser un poco más cauteloso" – comentó Edward, un poco molesto – "Tu actitud impaciente no ayuda mucho a Bella"

"En realidad lo siento mucho" – se disculpó el anciano vampiro – "Sabes perfectamente que no suelo ser una criatura pacienzuda y estas horas se me hicieron eternas. Sin embargo" – agregó, con voz repentinamente seria, mientras dirigía su mirada hacia Jasper y se encaminaba hacia él, olvidándose, por un momento, del resto de sus hijos – "Me temo que las cosas no salieron del todo bien…"

"Realmente no" – confesó el rubio – "Nos estuvieron siguiendo incesablemente. Cabe la gran posibilidad de que se trate de un ejercito demasiado grande, tal y como ustedes habían predicho"

"Es muy probable que así sea" – dijo Aro, resignadamente, mientras paseaba sus dedos por la mejilla de Alice – "Me enorgullece saber que has sido capaz de convertirla. No te ha de haber resultado nada fácil, sabiendo que es tu tua cantante. Pero pasa, llevala a tu habitación y ponla en algo más cómodo" – indicó, volviendo a su alegre estado anímico.

Jasper asintió y, despidiéndose del resto, se internó en uno de los pasillos de aquel castillo subterráneo. Todos los vampiros seguían completamente inmóviles, como hermosas estatuas talladas en mármol blanco, solamente sus pupilas cambiaban de dirección, contemplando cada movimiento que su maestro otorgaba.

"Bella" – dijo, el anciano, mientras miraba fija y afectuosamente a la castaña – "Es un placer muy grato el conocerte en persona"

"G-gracias" – balbuceó la gótica, incapaz de levantar su mirada a la altura de aquellos ojos rojos. Agradeció fervientemente cuando la atención del vampiro se fue hacia Violeta y Darío, quienes se encontraban a pocos metros de ella.

"¡Pero qué hermosa criatura es la que ven mis ojos!" – exclamó, mientras se ponía de rodillas para mantenerse a la altura de la pequeña con cabellos negros y perturbadora mirada verde – "Bienvenida seas a casa, mi querida niña"

"Muchas gracias" – contestó la aludida, con una cálida sonrisa.

Darío también sonrió y, al volver el rostro al sentir una atenta mirada sobre él, se encontró con los amorosos ojos de Marco, quien, a lo lejos, le sonreía de manera apenas y perceptible. Lo mismo pasó con Bella, quien se descubrió observada por una pareja de vampiros que se tomaban de la mano.

"Son mis padres" – informó Edward, hablándole al oído.

El rubio y elegante vampiro, en compañía de una mujer de cabellos color caramelo y rostro en forma de corazón, llegaron a ellos, con pasos intencionalmente pausados, para no atemorizar, más aún, a la humana que se encontraba entre ellos.

"Hola, Bella. Bienvenida a casa. Mi nombres es Carlisle y ella, es mi esposa, Esme"

"Mucho gusto" – dijo Bella, sintiéndose demasiado cohibida.

"Creo que necesitas un poco de oxígeno" – dijo Esme, con voz cariñosa y amable – "Edward, ¿Por qué no la llevas al jardín? Supongo que un poco de paz no les hará daño."

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"¿Te encuentras bien?" – preguntó Edward, mientras estrechaba las manos de Bella – "Discúlpame, sé que todo te ha de parecer demasiado extraño"

"No, soy yo la que te ofrece disculpas. Me estoy comportando como una cobarde"

"¿Cobarde?" – repitió – "¿Pero cómo dices eso?"

"Es la verdad"

"Bella, es muy normal que te sientas desorientada. Acabas de pasar por muchas cosas en tan poco tiempo y lo has tomado todo mejor de lo que llegué a imaginar. Eso solamente demuestra que eres mucho más fuerte de lo que pensé"

"Dices eso para que me sienta mejor"

"Digo eso por que es la verdad" – corrigió, mientras levantaba el rostro con la punta de su dedo y clavaba su mirada en el par de pupilas color café – "Te amo" – susurró, alzando sus brazos para rodearla con ellos. Bella hundió su cara en aquel pecho endurecido, deleitándose con aquel olor tan fresco que le caracterizaba

"Es un jardín muy bonito" – comentó, decidiendo cambiar de tema – "Tu madre fue muy amable en ofrecer que me trajeras hacia acá. Le estoy muy agradecida"

"Esme es una persona maravillosa y muy amorosa" – agregó Edward – "Éste lugar es su preferido. Yo solía pasar la mayoría del tiempo aquí, antes de conocerte, cuando no me encontraba dando caza humana. Los días que estuve lejos de ti, me la pasé acariciando los pétalos de las flores, recordando la suavidad de tu piel y el color de tus mejillas"

Bella bajó la mirada, al mismo tiempo que una ligera sonrisa le curvaba sus labios y el corazón le latía fuertemente. Aquel sonido no pasó desapercibido para el vampiro que, movido por la hermosa melodía natural, llevó sus manos hacia el rostro pálido y lo tomó entre ellas, para acercar su boca a los labios que le esperaban entreabiertos y dispuestos a aceptar su beso.

Ambos jóvenes cerraron los ojos y se dejaron llevar por las sensaciones que cada movimiento de sus labios les otorgaban. La muchacha suspiró y su cálido aliento rozó la garganta del vampiro, provocándole un delicioso ardor que le motivó a intensificar más aquella unión. Se separaron al cabo de unos minutos, cuando ambos se encontraban demasiado embriagados del sabor del otro, dejando sus frentes unidas y sus dedos entrelazados.

Unos pasos, los cuales Bella no escuchó, interrumpió a los pocos minutos.

"Hola" – saludó una voz femenina, delicada y sublime. Edward se puso de pie, sin dejar de sostener la mano de su amada – "Espero no interrumpir"

"Por supuesto que no, Heidi" – contestó el vampiro – "¿Te puedo ayudar en algo?"

"Solamente venía a presentarme" – contestó la hermosa muchacha, que no dejaba de ser admirada por Bella

"Bella, ella es Heidi" – informó Edward – "Heidi, te presento a Bella, mi novia"

"Mucho gusto" – murmuró Bella

"Igualmente. Es un honor conocer a quien ha logrado desarmar a este vampiro tan solitario y testarudo. No tienes idea de cuántas intentamos, por décadas, hacer lo que tú hiciste en meses" – confesó, con una extensa sonrisa estirando sus carnosos y delineados labios – "Edward" – continuó hablando, cambiando el tema de manera rotunda – "Aro ha mandado a instalar una cama en tu habitación, para que Bella se encuentre más cómoda"

"Hazle saber mi agradecimiento"

"Por supuesto" – contestó la mujer, mientras daba media vuelta y salía del lugar.

El vampiro, un poco incomodo por lo que su hermana acababa de decirle a su novia, decidió romper el silencio, y ofrecerle a Bella lo que, probablemente, necesitaba en ese momento

"Seguramente quieres tomar un baño y dormir un poco. Has de estar cansada"

"Si" – asintió Bella, con voz ligeramente ausente, pues su mirada aún se encontraba en dirección del sendero, en el cual, aquella vampira había entrado y salido – "Pero antes, me gustaría ver a Alice"

El inmortal joven la llevó hacia un largo y oscuro pasillo, donde, a la mitad, se encontraba la habitación de Jasper. Éste había estado, desde su llegada, todo el tiempo al lado de su amiga, con su mano fuertemente aferrada a la delgada muñeca que se iba endureciendo con cada segundo que pasaba.

"Hola" – saludó Edward a Jasper, quien se puso de pie para recibirlos

"Hola" – le contestaron – "Darío y Violeta se acaban de marchar"

"Supongo que, aprovechando que el sol se ha ocultado, irán a dar un paseo por las calles de Volterra" – afirmó Edward, sintiéndose feliz por su pequeño hermano.

"¿Cómo está Alice?" – terció Bella, mientras se inclinaba para acariciar la frente de su amiga y se percataba que, varias de las heridas (especialmente la de su estomago) se estaban secando a una velocidad sorprendente.

"No se ha movido ni un solo centímetro" – contestó Jasper, con manifiesta preocupación.

Aquel sonido, suave e inquieto, llegó a los oídos de la vidente, que, si bien tenía deseos de poder hacer algo para borrar la pesadumbres de aquella voz que representaba parte de quien era su vida, tampoco se atrevía a mover ni un solo dedo ya que, con ello, conllevaba a que el fuego infernal que parecía calcinar cada uno de sus poros, se expandiera y aumentara su temperatura. Le frustraba demasiado el saber que, las personas que se encontraban a su alrededor – especialmente Bella – se bañaban en angustia y ella no podía hacer nada por remediar aquel dolor.

"Pronto estaremos juntas" – susurró la castaña, mientras se acercaba para depositar un beso sobre su frente. Alice sonrió hacia sus adentros. Era agradable sentir a Bella de esa manera, como la hermana que siempre deseó tener.

Escuchó perfectamente cuando los pasos de su amiga abandonaban la habitación, en compañía de su novio, lo cual significaba que, de nuevo, había quedado a solas con Jasper. A pesar de todo lo que aquel ardor le estaba torturando, era capaz de experimentar ese agradable mariposeo en su estomago cuando sus manos eran cubiertas por las de él. Solamente su tacto era el único que lograba contrarrestar, aunque sea un poco, aquella tortura.

"Espero me perdones. Sé cuánto has de estar sufriendo en estos momentos; pero no podía permitir que te fueras de mi lado" – escuchó atentamente la suave voz que le susurraba – "Te convertiste en mi vida. Mi ángel oscuro… Ojala no me guardes rencor por lo que, durante estos días, tendrás que soportar"

"Vampiro tonto" – pensó ¿Cómo podía, si quiera pensar, en que ella le guardaría otra clase de sentimiento que no fuera su irrevocable amor que le profesaba?... ¡Cuántos deseos tuvo de poder mover los labios para que no dijera más aquellas sandeces! Pero, cuando lo intentó, se arrepintió al instante ya que, de lo único que fue capaz de expulsar fue un fuerte gemido que alarmó a su novio.

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Edward se encontraba en aquella habitación, con la mirada hacia la ventana que le permitía apreciar de los rayos de luna que se lograban filtrar por el suelo que yacía sobre su hogar. Meditaba sobre lo que la voz mental de Aro le había dicho, mientras se presentaba ante Bella.

¿Optarás por convertirla o quieres que yo lo haga?

Qué dilema tan más grande. Definitivamente, era algo que él desearía ser capaz de llevar a cabo; pero, tampoco quería correr un riesgo de tal magnitud. El olor de Bella aún le llamaba, con la misma fuerza que el primer día. El hecho de que su autocontrol se hubiera desarrollado en los últimos meses, no significaba que ya no representaba un peligro para ella. Es más, debía admitir que la ponzoña aún inundaba su garganta, tan solo al recordar la pequeña porción que había podido saborear, aquella madrugada, de su sangre.

No.

Era claro que él no se atrevería a probar su sangre una vez más…

Sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir como ese olor tan enloquecedor llegaba a su nariz, con una exquisita combinación de frescura y humedad. Volvió su cuerpo y cuál fue su sorpresa al encontrarse a Bella, envuelta simplemente con una toalla y con su espeso cabello húmedo, cayendo por toda su espalda y hombros, a pocos metros de él. La castaña dilató sus ojos y las mejillas se le enrojecieron por completó

"¡Edward! Lo siento, pensé que no estarías aquí" – susurró, mientras daba media vuelta, para volver al baño del que había salido. Una mano pálida se lo impidió y el ardiente choque eléctrico que ambos adolescentes experimentaron ante el contacto de sus pieles, fue abrumante.

Repentinamente, y sin explicación alguna, ambas respiraciones se habían vuelto pesadas. Sus pupilas se encontraron en aquella oscuridad y un deseo pasional se instaló en ambos corazones. La yema de unos blanquecinos dedos se paseó, en completo silencio, por las mejillas acaloradas, al mismo tiempo que los únicos latidos ahí existentes aumentaban su ritmo de manera considerable.

"Eres hermosa" – susurró, pues era la primera vez que veía a Bella sin una gota maquillaje sobre su rostro, que resultaba puramente angelical sin las sombras negras y, completamente hechizado por el embrujo del chocolate derretido de sus pupilas, se encadenó a los labios que se encontraban a pocos centímetros.

Bella se sorprendió por el arrebato deliciosamente inesperado, del cual fue fácil acostumbrarse al paso de unos pocos segundos. La humedad de su cabello mojó los dedos que en él se enrollaron y su cuerpo se curveó hacia atrás, ante la delicada impetuosidad que aproximaba su cuerpo a la figura masculina que no hacía más que despedir pequeñas descargas eléctricas que, de la misma manera que llegaron, se fueron, ante la súbita separación de su novio.

"Lo siento" – jadeó Edward – "Esto no está bien"

Bella no discutió. Sabía que sus razones debería de tener el muchacho para hablar de esa manera. Edward empuñó sus manos, en una muestra clara de la frustración que sentía, al verse divido en dos partes: La egoísta, que le incitaba a seguir con lo que había empezado, que le hacía volver el rostro para ver la delicada figura que aún se encontraba, simplemente envuelta por un pedazo de tela, llamándole con su calor. Y, la otra parte, la concienzuda, la que, sabía él, debería de oír; la que le decía que saliera del cuarto, para permitirle a Bella vestirse; la que le recordaba el daño que, aún siendo ella humana, le podía causar si se permitía dominar por su deseo. Inspiró profundamente, tratando de disimular, lo mejor posible, el debate emocional y tortuoso al que se encontraba sometido.

"Edward" – llamó Bella, con voz tímida y baja, tratando de olvidar lo que había pasado y concentrandose en el frío que comenzaba a sentir – "No tengo… no tengo ropa limpia"

"Iré con Esme, para que te pueda prestar algo apropiado" – murmuró él, saliendo a tal velocidad, que se volvió invisible para los ojos que le miraban. En realidad, estaba huyendo.

El vampiro regresó, apreciablemente más tranquilo, a la habitación con un largo vestido color negro. Bella no pudo evitar hacer una mueca al verlo.

"Sé que no será mucho de tu agrado" – dijo Edward, a modo de disculpa y con una pequeña sonrisa – "Pero era el único de color negro que Esme tenía"

La gótica cogió la prenda entre sus manos y, tras mirarla por un momento, agregó

"Haciéndole unos arreglos quedará perfecto".

"Entonces, te dejo un momento para que te sientas más cómoda" – informó su novio, eludiendo, mentalmente, de aquella piel que le aclamaba – "Estaré cerca. Cuando estés lista, solamente llámame"

Bella tomó asiento, en la orilla de la cama, en cuanto se encontró sola. Rebuscó en su mochila y se alegró al encontrar su pequeño estuche de costura portátil. No requirió de mucho tiempo para cortar el vestido hasta una altura de varios centímetros arriba de sus rodillas y hacerle unos cuantos ajustes a la cintura y a las mangas. Se peinó el cabello, con un cepillo que encontró en el buró de al lado y se maquilló con el único juego de sombras negras que había logrado guardar.

"¿Edward?" – llamó, al estar completamente vestida.

El aludido llegó hacia ella, en un abrir y cerrar de ojos, mostrándose con una ropa diferente a la que tenía pocos minutos. Su desgarrada camisa negra había sido reemplazada por una playera de mangas cortas que se ajustaban a su bien formado pecho e iba cubierta por la típica gabardina negra con la que, en muchas ocasiones, le había visto. Sus pantalones, que guardaban cierta similitud entre ellos, ya no tenía las rupturas que el anterior había tenido y su cabello lucía húmedo y ligero.

"Ven" – dijo Edward, mientras le tomaba de la mano y la jalaba fuera de la habitación

"¿A dónde vamos?" – quiso saber

"Has de estar hambrienta. Debes comer" – expuso, llegando a una sala adornada por un ostentoso comedor de madera en el centro.

"¿Para qué querrían unos vampiros una mesa? Dudo mucho que se tomen la molestia de beber la sangre en platos y cubiertos" – bromeó Bella

"Usamos este lugar para debatir ciertas cosas" – explicó – "Será la primera vez, en décadas, que se use para lo que esta destinada"

Edward puso frente a ella un plato repleto de apetitosa comida, la cual fue devorada, poco a poco. Por su parte, él deleitaba su paladar con un poco de sangre que mojaba el interior de una gruesa copa de plata, la cual Bella miró con palpable curiosidad.

"¿Es sangre?" – inquirió, obteniendo una afirmación – "¿A qué sabe?" – quiso saber, mientras se paraba de su asiento y se acercaba hacia el vampiro

"¿Quieres probar?" – ofreció Edward, a modo de broma, por lo cual se asombró cuando la copa fue arrebatada de sus manos – "Puede que no te guste" – advirtió, claramente alarmado por lo que su novia estaba a punto de hacer

"No lo creo" – le discutieron – "Al final de cuentas, dentro de poco viviré a base de ella. Podemos ir entrenando desde ahora"

"Entonces, espera" – interrumpió, cuando los labios negros estaban a punto de saborear aquel elixir – "Aquí no. De esta forma no. Quiero que disfrutes de este sabor con deleite y suavidad. Sin ningún tipo de prisas"

"¿Y cómo piensas hacer eso?"

"Espera y lo verás" – prometió, desapareciendo de ahí y regresando a los pocos minutos – "Acompáñame" – pidió, llevando a Bella de vuelta a la recamara de la que habían salido, la cual se encontraba en el fondo del pasillo más largo de aquel castillo.

La gótica enmudeció al ver lo que Edward le había preparado. La habitación era la misma, pero al mismo tiempo no lo era. Sus cortinas blancas habían sido sustituidas por otras de terciopelo negro y la oscuridad que le otorgaban a la estancia era rota por un pequeño juego de velas negras, moradas y rojas que se esparcían por el suelo, iluminando algunas partes y ensombreciendo muchas otras más. La cama, se encontraba esparcida por pétalos oscuros y, en el buró de al lado, una botella de plata reposaba, junto a un par de copas del mismo material, además, a todo ese escenario, se le sumaba la canción de And Fall de February Snow de Nocturnal Depression, dándole un ambiente más nítidamente oscuro al lugar.

"¿Cómo es posible que hayas hecho todo esto en tan poco tiempo? ¿Es qué acaso de ser vampiro también eres mago?"

Edward sonrió un poco, para después llevar sus labios a las manos de la muchacha.

"Soy lo que me digas que sea" – murmuró, para que al instante después, la guiara hacia la cama – "¿Segura que quieres hacerlo?" – quiso asegurarse, por segunda vez.

"¿Ves algún tipo de indecisión en mis ojos?" – respondió ella. El vampiro le dedicó otra sonrisa, antes de volverse hacia el buró.

Se acercó, lenta (casi vacilantemente) a Bella, con una copa llena, a la mitad, de sangre en sus manos. La gótica esperaba en su lugar, un poco nerviosa, pero para nada asustada.

"Bebe" – indicó el joven con voz suave, mientras aproximaba el recipiente de plata a los labios que se abrieron, dispuestos y ansiosos, para probar aquel líquido desconocido.

Bella recibió el primer sorbo de esa esencia que le supo extrañamente deliciosa. La copa se inclinó más, otorgándole a su garganta una porción más grande que la anterior, para después abandonar sus labios. Los ojos del vampiro brillaron, excitados, al ver como de aquella boca humana se resbalaba un hilo de sangre

"¿No vas a beber tú?" – preguntó Bella, para lo que él, acercándose para que su lengua se paseara por la pequeña línea rojiza que se escurría de sus labios, respondiera:

"Prefiero tomarla directamente de tu boca"

Bueno pues aquí estoy con otro capítulo más que, en lo particular, había estado esperando tanto por escribirlo. Ya era momento de darles un respiro a nuestras parejitas, ¿no es así? Al menos uno chiquito, antes de que, otra vez, comiencen los problemas ^^. Espero les haya gustado tanto como yo disfrute al redactarlo y me dejen su opinión con un review, que cada uno de ellos me resulta demasiado alentador.

Un saludo. Y espero leernos pronto.

Atte

AnjuDark