Hola niñas! Como siempre, parto por lo más importante, agradeciendo sus mensajes y comentarios (y perdón por hacer sufrir a algunas cuantas...) A quienes siguen acoplándose a la lectura de esta locura QUE TERMINA DENTRO DE 2 CAPÍTULOS... sí, eso.
Ahora, espero que algunas puedan respirar con algo más de tranquilidad... Ya veremos.
Mil besos a todas y nos leemos prontito!
=)
(Facebook: Catalina Lina; Twitter: Cata_lina_lina)
25. El peso de la incertidumbre.
~C&A~
Un pitido constante proveniente de una máquina que vigilaba el ritmo cardiaco de la joven que se encontraba inconsciente sobre la cama de hospital, era el único ruido que se dejaba oír dentro del cuarto.
Alan Denali, hermano mayor de Tanya, había llegado en la madrugada después del llamado que Jasper le hiciera, avisándole del accidente de su hermana. Sentado a un costado de la cama, vigilante, no quitaba la vista de su hermana, rogando en silencio a Dios por su recuperación y que lograran dar con el mal nacido que la dejó en ese estado.
Según lo que dijo que médico, una fuerte conmoción cerebral producto del impacto del cráneo contra el pavimento, le estaba causando el estado de inconciencia, además de un par de costillas rotas, su brazo y piernas derecha fracturadas y hematomas en gran parte de su cuerpo, desde la cara hasta los pies.
En resumen, como había dicho el doctor, un milagro hizo que el golpe no la matara al instante. "¡Dios, mi hermana le debe mil velas a la Virgen por este milagro…!"
Emmett y él habían pasado la noche en vela allí con ella. Ninguno de los dos estaba dispuesto a dejarla. Eso sí, tuvieron que persuadir a su madre en Alaska de no viajar, diciéndole que era un accidente más bien pequeño, de lo que no tenía que preocuparse.
Jasper se había ido a acompañar a Alice, quien había tenido un día bastante alterado, con lo de su madre, el accidente de Tanya y la desaparición de Jane y Bella.
La puerta del cuarto de hospital se abrió, entrando Emmett con una bandeja con dos tazones de café. Se veía cansado, exhausto a decir verdad.
– ¿Alguna novedad en casa de Jane? – preguntó Alan. Él conocía al círculo de amigos de Tanya y hacían un mes atrás conoció a Emmett, por lo que no dejó de impactarse por toda la mierda que estaba sucediendo a su alrededor.
– No, nada aún – suspiró apesadumbrado, dejando el café sobre una mesa y acercándose a Tanya, para dejar un suave beso en su frente.
– ¡Dios, no puede ser que hayan desaparecido así!
– Es como si la tierra se las hubiese tragado – indicó, sentándose junto a Alan en el sofá – Todos allí están desesperados, sobre todo Alexander, que está a punto de mover a la Interpol para que intervenga – indicó, sacando la tapa del vaso para beber su café caliente.
– ¿Pero no hay ningún rastro de quién pudo haber sido?
– Alex supuso que podría ser un secuestro, pero hasta ahora no se han comunicado con él para rescate ni nada parecido…
– ¿Y Bella?
– La madre de Jane confirmó que ambas salieron y se montaron en el coche. Nadie ha logrado comunicarse con Edward o con su padre…
– ¿Crees… crees que Tanya podría… podría haber corrido la misma suerte de haber estado con ellas?
– Es lo más probable, Alan – reconoció, aunque silenciosamente estaba agradecido que Tanya no hubiese estado con Jane y Bella, pues frente al escenario presente, prefería mil veces tenerla tendida en esa cama de hospital que sufrir la desesperación y la impotencia de no saber dónde o cómo está.
La habitación poco a poco se fue iluminando, dando paso a la luz de la mañana del primer día del nuevo año. Nadie allí se dio cuenta que el cambio de año se había realizado y es que nadie en el entorno cercano a ellos, estaba para celebraciones de ningún tipo.
– ¿Emmett, por qué no vas a casa a tomar un baño y cambiarte? Yo me quedaré aquí e iré por lo mismo cuando tú regreses…
– No lo creo, Alan…
– Emmett, anda tranquilo. Yo no me moveré de aquí hasta que regreses. No te tomará más de dos horas.
– Bien – asintió Emmett después de aceptar que necesitaba una ducha y cambiarse de ropa. Se levantó para estirar las piernas y le dijo a Alan – Si pasa algo, me llamas por favor.
– Por supuesto, ve tranquilo.
– Gracias – dijo, volvió a acercarse a la cama y dejó varios besos sobre la hinchada cara de Tanya. Con un suspiro, la miró por última vez antes de salir rumbo a su casa y regresar lo más rápido posible.
Cuando Alan quedó solo, se levantó del sofá y acercó una silla hasta quedar junto a la cama donde estaba su hermana. Sacó del bolsillo de su chaqueta un rosario que su esposa le había dado y comenzó a rezar en silencio por la salud de su pequeña hermanita, rogándole a Dios que la trajera de regreso a la realidad pronto y recordando a sus amigas, de las cuales, no había noticias.
Allí, sin darse cuenta, Alan, encorvado sobre la cama, se quedó dormido.
~C&A~
La casa de los Battenberg estaba llena de gente. Los oficiales de policía, la familia de Alex, los padres de Jane, la desconsolada Aurora, Esme, Charlie, Sue y Carlisle no se habían movido de ahí.
Todos murmuraban y sacaban conclusiones de lo que podría haber pasado y los oficiales estaban tanteando distintos escenarios esperando la dichosa llamada por el rescate que hasta ahora, después de diez horas de la desaparición, no se había hecho.
Edward estaba desesperado. Caminaba de un lado a otro, con su móvil entre las manos, esperando cualquier noticia. Pero nada. Su semblante era de cansancio y desesperación y el miedo mudo que lo estaba carcomiendo. Miedo de que su Bella se viera enfrentada al peor de los escenarios que él se atrevía a imaginar.
– Hijo, por qué no vas a descansar… – sugirió Esme a su hijo.
– ¿Crees si quiera que podría pegar un ojo, madre? – respondió él, con su mandíbula tensa, mientras miraba por la ventana y veía cómo el nuevo día llegaba, sin noticias para él.
– Al menos come algo…
– ¡No puedo! – exclamó con vehemencia, jalando con fuerza de su cabello – No puedo, mamá, no puedo… – cansado, dejó caer su cabeza sobre el cristal de la ventana, conteniendo la respiración.
– Hijo…– susurró su madre, acercándose y abrazándole por la cintura, tratando de contenerlo.
– Me estoy muriendo aquí, mamá… – golpeó con su puño sobre su pecho – Si algo le pasa a Bella, yo… yo me muero – susurró, girándose hacia su madre y dejando caer su cabeza sobre su hombro, sintiendo las lágrimas escocerle en los ojos.
– No pierdas la fe, hijo. No lo hagas. Es lo único que tienes ahora…
La amorosa madre llevó a su hijo hasta un sofá y se sentó con él, sin dejar de rodearle con los brazos, acariciándole su cabellera.
Kate, quien se encontraba con ellos allí también, se acercó hasta la sala con una mujer del servicio y sirvió para todos café bien cargado para palear el sueño. A su primo y a Edward les preparó especialmente una infusión de té de manzana, que al menos a ella lograba tranquilizarla, aunque sabía que ningún tipo de bebida lograría apaciguar a los muchachos.
– Tómate esto, Edward, por favor – pidió Kate, extendiéndole una blanca tasa de porcelana con él té. Él la miró y negó con la cabeza.
– Hijo, por favor… - insistió Esme ante la atención de Kate.
– Madre, te dije que no quería nada…
– Si quieres estar al pendiente de todo, debes estar bien. No has comido en horas, no has tomado nada… a Bella no le gustaría saber que no te estás alimentando – dijo Kate, con mucho cuidado. Edward la miró por unos segundos, incorporándose luego para tomar la taza que su colega mantenía extendida hacia él.
– Gracias, Kate.
Por otro lado, pero en la misma casa, Carlisle y Charlie intentaban sacar conclusiones de lo que podría haber pasado:
– No lo entiendo. Si fue un secuestro, hace horas que tendrían que haber llamado para pedir dinero por el rescate… saben que Alexander no titubearía y pagaría lo que ellos pidieran…
– ¡Puto dinero! – escupió el también desesperado padre de Bella – Esto es una tortura… los que hicieron esto nos están torturando, no sólo a Alex…
– ¿Pero quién?
– No lo sé, Carlisle. La familia de Alexander no tiene enemigos…
– ¿Crees que sólo puede ser por dinero?
– Hay personas que son capaces de hacer esto por dinero.
– Diablos, Charlie… lamento que todo esto esté pasando… – se lamentó Carlisle, palmeando el hombro de Charlie a quien había conocido recién hace unos días atrás.
– No creo que esto sea real… yo sólo me niego a creer que… que a ellas les pueda haber pasado algo… ya he sufrido suficiente, acabo de recuperarla, no puedo perderla… simplemente no… – dijo con dificultad, negando con su cabeza.
– Charlie, no me cabe la menor duda que esas mujeres lucharán por sobrevivir a lo que estén viviendo. Sobre todo Bella…
Mientras Carlisle le hablaba a Charlie, el oficial jefe a cargo de la operación recibió un llamado urgente. Alexander, Edward y Charlie miraron en dirección al hombre que estaba recibiendo algún tipo de noticias y que estaba dando instrucciones. Sin esperar, se acercaron a él
– ¿Oficial?
– En un pequeño hospital, en el sector de Santa Clara, encontraron a una mujer con las características de la señorita Swan…
– ¡¿En un hospital?! – exclamó Charlie.
– Sí. Hay que ir allí y reconocerla. La encontraron sin ningún tipo de documentación…
– ¿Y cómo está? – preguntó Edward.
El oficial miró y rascó su nuca antes de contestar – Encontraron el cuerpo tirado a un costado de la carretera entre los arbustos. Ella está muerta.
– ¡Jesús! – exclamó Esme, mientras Charlie se tambaleaba y Edward sentía nauseas.
– Pero movámonos. No podemos dar por hecho que sea la señorita Swan. Un familiar debe ir a reconocer el cuerpo.
– Yo voy – dictaminó Charlie, después de oír las indicaciones del oficial.
En una de las puertas del salón donde se encontraban, la cansada figura de Aurora apareció del brazo de Berenice, madre de Alexander. Esme se encargó de darle la noticia la noche pasada, pero aunque ella fue bastante sutil en decirle sobre la desaparición de su nieta, la pobre Aurora sintió que se moría. Una fuerte alza de presión la llevó hasta una clínica y cuando estuvo estable obligó a que la llevaran a casa de Alexander. Y si nadie quería hacerlo, se iría caminando hasta allá. Por lo que a Esme y Carlisle no les quedó de otra que llevarla.
– ¿Qué sucede? – preguntó la anciana percatándose del movimiento. Todos giraron alarmados su vista hasta la anciana mujer.
– Hay… hay una pista… y debemos ir hacia allí – dijo Charlie, muy nervioso, omitiendo el asunto de que era un cuerpo sin vida el que habían encontrado, con las características de su hija. Eso mataría a Aurora.
Ella parpadeó y llevó la mano a su corazón, esperanzada – ¿Eso es bueno, no?
– Claro que lo es, Aurora – dijo Edward, tratando de mantener la calma y sus esperanzas también. Se acercó a ella y tomando las manos de la anciana – Charlie y yo iremos allá y les avisaremos cualquier cosa. Pero prométeme que te quedaras aquí, tranquila…
– Si tú prometes avisarme cualquier cosa y no esconderme nada.
– No lo haré Aurora.
La mujer se empinó sobre la punta de sus pies y dejó un beso en la mejilla de Edward. Enseguida Esme y Berenice la llevaron de regreso a un dormitorio.
Alexander estaba en blanco.
No podía pensar ni atinaba a actuar, sin saber su debía acompañarlos o quedarse allí. No sabía… no sabía lo que haría si ese cuerpo era de Bella… mucho menos imaginaba lo que podía pasar si su mujer…
– ¡Movámonos entonces! – exclamó con urgencia Charlie, caminando en compañía de Edward hasta la salida.
– Una patrulla policial los llevará – comunicó el oficial y sin más los tres hombres salieron escoltados por otros dos policías.
Mientras tanto, Alexander en estado de shock, caminó de vuelta hacia un sofá acompañado por su padre y se dejó caer con la vista fija hacia el frente. Su agonía se acrecentaba y la incertidumbre pesaba más en ese momento.
– Cálmate hijo, verás que no se trata de las niñas…
– Papá, por favor – susurró Alex, negando con la cabeza e implícitamente pidiendo silencio. No quería oír a nadie, no quería saber de más nada, sólo quería ver entrar por la puerta a su Jane, sana y salva. O despertar de aquella pesadilla en la que se sentía, se estaba hundiendo.
~C&A~
Pasada las once de la mañana, los ojos de Tanya comenzaron a abrirse con mucha dificultad. Los parpados le pesaban, era como si aún no estuviesen listos para abrirse, pero ella luchaba con ello. Quería saber si estaba en el cielo, como al parecer había soñado, o estaba un en la tierra.
Con los ojos entrecerrados divagó su vista por el entorno y supuso que en el cielo no habrían cuartos de hospital, por lo que debía de seguir viva. Viva y adolorida, porque en un intento de moverse, el dolor cruzó desde su mollera hasta la punta de sus pies, lanzando un quejido, que hizo que Alan, quien se hallaba dormido, despertara de un salto.
– ¡¿Tanya, hermanita?!
– Alan… – susurró ella. Su hermano sin poder evitarlo, soltó un llanto de agradecimiento, pues su hermana se había despertado.
Con cuidado besó su frente y dejó sus labios varios segundos allí, para después pulsar el botón para que la enfermera viniese a chequearla.
– ¿Te duele algo, hermanita?
– Me duele todo… y no me digas hermanita… – dijo, intentando moverse otra vez, soltando ahora un alarido más fuerte.
– Por Dios, no te muevas…
– ¿Pero… pero qué pasó?
– Un carro te atropelló cuando ibas llegando a casa de los padres de tu amiga, ¿lo recuerdas?
– ¡Oh, sí… es cierto! – quejumbrosa lo recordó, llevando una mano hasta su cabeza.
En ese momento una enfermera y el doctor que operó a Tanya entraron a la habitación – Bienvenida de regreso, señorita Denali, ¿cómo se siente? – preguntó amablemente, mientras checaba unos datos en el historial médico de Tanya, que colgaba a los pies de su cama.
– Adolorida… – dijo, quejumbrosa.
– La revisaremos y le administraremos calmantes para el dolor, ¿está bien?
– Sí, doctor.
– Ahora, señor Denali, si nos permite, debemos checar a su hermana – indicó el doctor en dirección a Alan quien enseguida acató la orden.
– Sí, claro, por supuesto… – dijo él. Acarició la cabeza de su hermanita con cuidado y le dijo – Estaré afuera, ¿sí?
– Claro… – susurró Tanya, mirando con agradecimiento a su hermano.
Cuando Alan salió, se permitió respirar, sintiendo como sus músculos se relajaban. Se sentó en la salita de espera contigua a la recamara e inclinó la cabeza hacia atrás y cerró sus ojos, sin poder dejar de sonreír.
– ¡¿Alan, qué haces aquí?! – la sobresaltada voz de Emmett hizo que abriera los ojos y se incorporara. Junto a él, Jasper y Alice lo miraban extrañados e impacientes.
– ¡Mi hermanita despertó hace unos diez minutos! – dijo con tono alegre – El doctor y la enfermera la están checando, por eso tuve que salir.
– ¡Gracias a Dios! – exclamó Alice, aferrándose a su novio.
– ¿Te dijo algo, te preguntó algo? – preguntó Emmett, después de soltar el aire que al parecer retuvo desde la pasada noche en sus pulmones.
– Estaba un poco desorientada al principio, pero recordaba lo del accidente. No alcancé a hablar nada más con ella…
– Quizás no sea buena idea decirle sobre lo que ocurre con las chicas – indicó Jasper.
– Se lo preguntaremos al doctor. De cualquier manera va a querer saber – dijo Emmett, peinando su cabello húmedo con las manos.
Si bien es cierto estaba más tranquilo sabiendo a Tanya despierta, pero la desaparición de sus amigas no dejaba de preocuparlo, sobre todo después de lo que Edward le contó.
– ¿Y han tenido noticias allí? – preguntó Alan.
– Edward me llamó…
– ¡¿Y?!
– Iban de camino a un hospital a los alrededores porque… porque encontraron el cuerpo de una mujer de las mismas características de Bella.
– ¡Dios mío! – exclamó Alice, llevando su mano hasta el pecho – ¡No puede ser!
– Tienen que reconocer el cuerpo, no hay nada confirmado aún – la tranquilizó Jasper, acariciando enérgicamente su espalda, cuando sintió a su novia temblar después de lo que su hermano había dicho.
Se sentaron en la sala de espera mientras tanto, a esperar que el médico y la enfermera salieran. Emmett volvió a comunicarse con Alex, quien se oía como muerto en vida, le dijo que Tanya había despertado y que hablaría primero con ella, a ver si recordaba algo que pudiese ser importante para atar cabos.
Diez minutos después, el médico y la enfermera salieron y caminaron hasta la sala de espera. Allí se encontró con los familiares de Tanya poniéndoles en antecedentes de su estado.
Les dijo que estaba bastante adolorida y algo desorientada con los días, pensando que había pasado más tiempo, pero poco a poco eso se normalizará. Les dio el nombre de los medicamentos que había administrado para el dolor, los que la mantendrán dormida.
Sobre la duda que tenían sobre contarle lo ocurrido con sus amigas y la inminente visita de los oficiales para tomarle declaraciones, autorizando él que hablasen con ella.
Alice, sin esperar que el médico se lo dijera, entró casi corriendo a la recamara y se echó a llorar en el regazo de su amiga.
– Alice, cálmate por favor…
– Es que tuvimos tanto miedo.
– Pero ya estoy bien… algo quebrada, pero bien…
– ¿Tienes hambre, quieres algo?
– No puedo comer nada aún, además me están alimentando por sondas.
– ¡Esas cosas no alimentan!
Emmett abrió despacio la puerta y vio a Tanya y su hermana discutiendo sobre asuntos de comida. Cuando Tanya lo vio, inmediatamente sus ojos se colmaron de lágrimas y su barbilla comenzó a temblar.
Él presuroso, caminó hasta ella y antes de que él lo hiciera, ella con su humor negro le recordó:
- No he olvidado que te mandé al demonio…
- Cállate, Tanya – se acercó, chocó su nariz con la de ella y la besó. Con cuidado la abrazó, mientras ella se dejaba llorar en sus brazos. Se quedaron en silencio un buen rato, él acariciándola y ella esperando que su llanto menguara, debatiéndose además de cuándo era momento indicado para hablarle de todo lo sucedido.
– Pasé la fiesta de año nuevo en una clínica… – susurró después que controló su llanto, aun en brazos de Emmett.
Él sonrió – Lo hicimos – asintió.
– Las chicas deben estar muy cabreadas por habérselas arruinado, ¿no?
Emmett miró a Alice, quien asintió levemente, como animándole a contárselo ahora. Emmett tomó un respiro y se enderezó, apartándose y quedando frente a Tanya.
Ella frunció el ceño – ¿Sucede algo, Emmett?
– Cariño, los oficiales querrán venir a tomar tu declaración y ver si recuerdas algo más…
– Recuerdo perfectamente que un Aston Martin negro me atropelló… – quedó pensando unos segundos y agregó – No sé por qué no frenó, tuvo tiempo para hacerlo…
– ¿Cómo sabes qué tipo de auto era…?
– Podría reconocer un Aston Martin con los ojos vendados, pregúntale a Jasper, o Bella, o a Edward… – dijo alzando levemente sus hombros – pero no estoy segura del modelo… – rebuscando con impaciencia en su memoria si había algo más.
Emmett acunó con una mano su mejilla, tranquilizándola – Está bien, Tanya.
Tanya se lo quedó mirando y vio un rastro de tensión en su rostro. Aun había preocupación en su semblante, a pesar de que ella estaba viva frente a él. Algo lo estaba atormentando y ella lo sabía. Conocía a Emmett.
– ¿Qué sucede? Sé que te preocupa algo más...
– Sucedió algo delicado… que quizás tuvo que ver con tu accidente…
Las alarmas en la cabeza de Tanya comenzaron a sonar, sabía que debía prepararse para algo – ¿Qué cosa, Emmett?
Emmett dio un suspiro ruidoso y con mucho cuidado relató los hechos de la noche pasada, paralelos a su accidente. Tanya sintió como el horror y el pánico estallaban dentro de ella con un grito de dolor aún más profundo del que sus propias heridas provocaban y un llanto sin reservas estalló en ella. Emmett y Alice la tranquilizaron lo que más pudieron, pero ella no quería que la tranquilizaran, quería ver a sus amigas de regreso. Quería levantarse de ahí e ir por sí misma a buscarlas…
– ¡No puede ser, no puede ser...! – lloraba ella, balanceándose hacia atrás y hacia adelante, pasando su mano buena por su rostro hinchado, mientras su amiga y Emmett intentaban calmarla.
– Cálmate, por Dios – rogó Alice, acariciándole el cabello.
– Las están buscando. Alex ha movilizado a media policía por todo Los Angeles…
– ¡Pero quién, por qué! – el grito Tanya interrumpió la explicación de Emmett, rompiendo otra vez en llanto.
– No lo sabemos… – respondió él simplemente, alzando sus hombros, con esas mismas preguntas en su cabeza.
Tanya no logró calmarse después que Emmett le contara lo que había sucedido con sus amigas. Ni siquiera podía respirar bien, sintiendo náuseas y un dolor en sus costillas. Alice llamó a la enfermera para que le administrara un calmante, quedándose por fin dormida después de lo que parecieron unos eternos diez minutos.
– Quizás no fue buena idea decírselo enseguida – susurró Emmett a su hermanita, quien lo había acompañado estoicamente durante el día anterior, pese a todas las complicaciones.
– En cualquier momento que se lo dijeras, ella hubiese reaccionado igual, Emmett.
Después de las dos de la tarde, Emmett le marcó a Edward para ver si ya tenían noticias. Cuando este le dijo que no se trataba del cuerpo de Bella, Emmett volvió a soltar el aire de sus pulmones, agradecido de que el cuerpo de esa mujer no haya sido el de su amiga.
Le comentó de regreso que Tanya había despertado y que ya estaba enterada de las noticias y que esperarían a que los oficiales fueran a interrogarla para ver si encontraban más datos.
Después de comer algo rápido en la cafetería junto a su hermana, se fue hasta el cuarto y persuadió a Alan y Jasper de hacer lo mismo, mientras él se quedaba allí con Tanya, que aun dormía producto de los calmantes.
– ¿Em… Emmett?
Emmett caminó raudo y se acomodó junto a ella en una silla, tomándola de la mano – Estoy aquí, amor… ¿Te sientes bien, necesitas algo?
Ella observó el cuarto y enseguida los expectantes ojos de su novio – ¿No fue un sueño, verdad? ¿Lo que me contaste sobre Bella y Jane…?
– No, cariño…
– ¡Jesús!
Una vez más las mejillas de Tanya se surcan por lágrimas ahora silenciosas. No era ella una mujer que llorase mucho y por eso, muchas veces la tildaron de insensible, pero no era así. Era simplemente su carácter. Pero esta vez, la noticia sobre sus amigas, abrió una herida de miedo en su corazón, porque esas mujeres que estaban desaparecidas, eran como sus hermanas.
Cerró los ojos e intenta hacer memoria de la pasada noche y el accidente, a ver si hay algún detalle que la ayude a atar cabos, aparte de la marca del coche que ella aseguraba reconocer, pero todo es aun confuso y que el hecho hubiera ocurrido de noche, no ayudaba. Quizás alguien en el sector había visto algo, antes del accidente…
– Oye, no sigas forzándote a recordar, por favor.
– No puedo evitarlo. ¿Crees que lo que les sucedió a las chicas… pasó antes o después…?
– Antes cariño.
– ¿Y no hay sospecha de nadie, en verdad?
– Han tratado de buscar culpables, pero nadie odia a la familia Battenberg, menos a Bella o a su familia. Ellos son muy rectos en su trabajo, con la gente que los rodea, sobre todo Alex. No tienen enemigos como para querer hacerles algo así.
– ¿Y Aro? – preguntó Tanya de pronto en un arrebato.
Emmett frunció sus cejas mirando con extrañeza a Tanya – ¿Qué tiene que ver Aro? Por qué hacer algo así, si nunca hizo negocios con Alex ni con su familia…
– No, pero la noticia de que Alex y Carlisle compraron la empresa, quizás lo movió para hacer algo así.
– Pero el viejo está en la cárcel.
– ¿Y crees que eso lo detendría?
– ¡Demonios, Tanya! Probablemente a Alex no se le ha pasado esta idea por la cabeza. Durante horas han estado dando golpes a ciegas y no han conseguido nada.
– No pierde nada entonces averiguando por ese lado.
– ¡Eres una criatura muy perspicaz! – dijo, besando su nariz – Llamaré a Alex y se lo comentaré.
– Ve con él, Emmett. Acompáñalo y dile que yo hablaré con los oficiales y les diré sobre todo lo que recuerdo para tratar de ayudar.
– No quiero dejarte sola.
– No estaré sola. Alice, mi hermano y Jasper estarán aquí. No me quedaré sola en ningún momento… sólo ve a ayuda a Alex.
– No dejas de sorprenderme, Tanya– susurró acercándose a sus labios – No dejas de hacer cosas que me hacen sentir orgulloso de ti – enseguida dejó un suave beso en sus labios.
– Yo sólo quiero que mis amigas regresen sanas y salvas, Emmett– reconoció con la voz temblorosa y sus ojos nuevamente llenos de lágrimas.
– Ah, una cosa antes de irme – dijo Emmett, levantándose de la silla – Tenías razón.
– ¿Sobre qué cosa?
– Sobre lo que me dijiste ayer en la tarde… sobre mi madre y Rosalie… – asumió con incomodidad – Y cuando supe lo de tu accidente, yo me negué a perder otra vez a una mujer… a la que amo. No de nuevo.
– Estoy aquí, Emmett.
– Sólo… sólo perdóname por cómo te traté…
– Tendrás que esforzarte cuando todo este lío pase – dijo ella, acariciando su compungido rostro. Se miraron con un compromiso afianzado entre ellos.
– Te amo, Tanya – susurró Emmett acercando su boca hasta la de Tanya, quien eliminó toda distancia entre ambos, rozando la respuesta sobre sus labios.
– Y yo te amo a ti, Emmett.
Con un beso delicado se despidió cuando su hermana, su novio y su cuñado llegaron al cuarto. Le pidió a Alan quedarse con Tanya hasta que él regresara y que por nada la dejara sola. Y si iban los oficiales a tomarle declaración, que ni aun así la dejaran sola.
Después de todas aquellas recomendaciones, Emmett condujo su carro hasta la casa de su amigo Alexander, quien cargaba un semblante peor al de un ánima. Las ojeras oscuras bajos sus ojos daban señal de su total falta de descanso. Pero aún más sorprendente, era el dolor y la desesperación que se dejaba ver en él. En ningún momento soltó su móvil, con la esperanza que esos hijos de puta lo llamaran para pedirle dinero a cambio de dejar libre a su mujer. Porque él pagaría todo lo que estuviera a su disposición y aún más por ver libre, sana y salva a su mujer.
– Hombre por Dios, no has descansado…
– Emmett, por favor, tú también no con ese cuento…
– Vale – asintió, sentándose junto a él en el sofá – ¿Alguna otra novedad, fuera de las noticias de Edward?
– No, nada. Las fiestas de fin de año hacen todo más lento…
– Tanya ha tratado de hacer memoria sobre algún detalle que pudiera ayudar.
– Perdona que no te haya preguntado por ella, pero… - dijo, negando con la cabeza y bajando su vista del rostro de Emmett, sintiéndose avergonzado porque sus pensamientos y preocupaciones estaban monopolizados por su esposa.
– No te preocupes. Ella está desesperada igual que nosotros, Alex. Sólo queremos que den con las muchachas. Esperará que los oficiales que vayan esta tarde.
– ¿Y no recordó nada?
– Jura que el coche que la atropelló es un Aston Martin. Jasper me explicó la obsesión de Tanya por esa marca, por eso la reconoció tan bien – explicó, agregando luego pensativamente – pero no es eso lo que llamó mi atención…
– ¿A qué te refieres?
– ¿Has pensado en la posibilidad de que Aro Vulturi esté detrás de todo esto?
– ¿Vulturi? – preguntó, totalmente extrañado ante esa teoría – ¿Pero por qué?
– Puede ser una tontera, pero compraste la que fue su empresa, Alex. Ese hombre ha actuado movido por la codicia durante años y ahora que se ve privado de todo, puede que las emprenda contra los que lo jodieron de alguna manera…
– Yo no lo jodí de ninguna manera.
– No lo has hecho, pero quizás él piensa lo contrario…
– Pero está en la cárcel.
– Alex, no perdemos nada averiguando.
Alex asintió levantándose de inmediato y seguido por Emmett caminaron hacia el centro de operaciones donde se encontraban los policías e investigadores, hablándoles de la teoría que había traído Emmett. Los hombres lo escucharon con atención, y concluyeron en lo que Alex reparó:
– Pero ese hombre está en la cárcel.
– Los tipos que están en la cárcel no son blancas palomas, oficial. Y usted sabe que adentro de esos lugares existen tráfico de influencias, coimas o qué se yo. Ese tipo es astuto y tiene recursos.
– Sus cuentas bancarias estaban vacías, aparentemente… según las investigaciones...
– ¡No quiero más excusas! Necesito que se pongan a trabajar con él como sospechoso – demandó enérgicamente.
Los hombres quedaron en silencio ante la imperante demanda de Alexander y sin más comenzaron a moverse.
– Dos oficiales iremos hasta la penitenciaría y pediremos autorización para revisar el registro de visitas de Vulturi. Comenzaremos por ahí, mientras tanto, el resto de la gente seguirá haciendo su trabajo como lo hemos dispuesto hasta ahora.
– Gracias oficial – agradeció Alexander. El policía sólo asintió y dio otra orden a alguno de sus delegados.
– ¡Y alguien que vaya a la clínica a interrogar a la señorita Denali!
Emmett y Alex regresaron al sofá, mientras el resto de los efectivos policiales se movía siguiendo las órdenes del jefe.
– ¿Te parece muy descabellado la idea de que Vulturi pueda…?
– A estas alturas no puedo descartar nada, Emmett. Pero te juro que si ese viejo tuvo algo que ver con la desaparición de mi mujer y de Bella, soy capaz yo mismo de matarlo, sin contemplaciones.
Emmett sintió escalofrío, porque sabía que Alexander sí sería capaz de hacer lo que fuese por recuperar a su mujer. Sólo deseaba que no fuera necesario.
¡No sean malvadas y dejen su comentario a continuación... !
¡Besos a todas y nos leemos lueguito! =)
