Hola a todos!

Muchas gracias por todos su comentarios, es muy gratificante ver como la historia va creciendo y que a ustedes les agrade.

Por ahí me pidieron que respondiera algunos reviews, lo cual me encantaría, la verdad es que los leo todos, me gustan todos los tipos de reviews, los largos, los cortos, los que me dejan sugerencias. Todos y cada uno de ellos.

No respondo los reviews por falta de tiempo, entre el trabajo, la universidad, mi novio, la familia, la poca o mucha vida social que pueda hacer con el poco tiempo que me queda jajaja la verdad es que si me queda poco tiempo para escribir, siempre me hago un tiempo, por supuesto, pero que quede claro que leo todos los comentarios, y si, algunas veces saco ideas de las sugerencias que me dan

Por otro lado, hablando ya de la historia en si, para quienes quieren ver a una Kagome fuerte y decidida, haciendo sufrir a Sesshomaru. Este es el capítulo.

Disfruten!

La tensión se podía cortar con un cuchillo. Kouga permanecía en posición de defensa enfrente de ellas y de los niños. Ayame abrazaba a Hotaru, el pequeño, que usualmente era inquieto se quedo en los brazos de madre, Taro abrazo a Kagome de la pierna, podía sentir la tensión emanando de ella. Sesshomaru estaba al borde de perder el control y Bankotsu, tan despreocupado como siempre, saludándola como si nada pasara.

Se pregunto porque las cosas tenían que complicarse tanto. Siempre a merced de los demás. De pequeña a merced que su poder saliera a flote, tuvo que pasar por la humillante decepción que le causo a sus padres al no mostrar poder espiritual, después fue puesta a la venta como vil mercancía, y no solo eso, tuvo que competir, y ganar para obtener al idiota por esposo que tenía hoy en día.

Dependió de él para estar segura, y después pasó a manos del santuario, porque si, Sesshomaru la consideró una carga para sus pequeños e inútiles planes de venganza.

Ahora ella misma se había puesto en manos de Kouga quien seguía repitiendo en voz baja que se quedará detrás de el.

Como si Sesshomaru fuera a lastimarla.

Como si no pudiera defenderse sola.

Ya había tenido suficiente.

-Tú – le dijo Kagome a Sesshomaru - ¿Qué haces aquí? ¿No estaban consumando tu plan de venganza? ¿Qué? ¿De pronto decidiste venir a visitarnos a ti y a tu hijo?, que considerado de tu parte, de verdad.

-Basta – dijo Sesshomaru con una voz que le helaría la sangre a cualquiera, pero Kagome estaba más allá de escucharle.

-Basta dices – dijo Kagome avanzando hacia delante. Kouga le tomó del brazo. Sesshomaru le gruño. - Kouga, ahora no.

Kouga la soltó y Sesshomaru enfoco su mirada de nueva cuenta en Kagome.

-¿Crees que puedes abandonarnos y volver cuando quieras? – preguntó Kagome furiosa - ¿Eso crees?

-Eres mía – masculló Sesshomaru furioso. – Te pedí que me esperaras, ¿Tan difícil es esperar? ¡Estoy recuperando el patrimonio de mi padre!

-¡A mi no me importa el patrimonio de nada! – gritó Kagome - ¿Sabes lo que me importa? MI hijo, nuestra familia, eso, si me importa, pero tu no podías vivir una vida normal ¿o si?, necesitabas el poder, necesitabas recuperar tu preciado poder y lo que conlleva.

-No sabes de lo que hablas – le dijo Sesshomaru tomándola del brazo.

Fue entonces que sintió una corriente eléctrica en su mano, quemándole. Quitó la mano y vio a Kagome furioso.

¿Cómo se atrevía a rechazar su contacto?

¿Cómo se atrevía a inmiscuirse con otro hombre?

Kagome le vio furiosa.

-No me toques, no quiero verte, no quiero…

Un dolor punzante en su vientre le hizo detenerse. Algo andaba mal, podía sentir la fuerza vital del bebe, podía sentir su poder de sacerdotisa luchando por salir.

No, eso no debería de estar pasando, tenía que controlarse, tenía que bloquearlo si no quería dañar al bebe.

Sintió a Sesshomaru acercarse pero puso una mano enfrente. Si la tocaba perdería el poco control que tenía.

-¡Kagome! – gritó Ayame acercándose a ella corriendo. - ¿Qué pasa?

-Mis poderes de miko están…están luchando por salir – dijo Kagome.

No era una novata, sabía cómo controlar su poder, se lo habían explicado y a pesar que sus poderes salieron recientemente sabía cómo controlarlo en su interior. Inhalo y exhalo, se imaginó una barrera en la cual encerraba su poder. No debería salir, no saldría.

-¿Kagome? – preguntó Ayame preocupada.

-Necesito descansar – masculló Kagome concentrándose en la fuerza vital del bebe y en su poder. Apenas logrando mantener su conciencia.

Sesshomaru dio un paso hacía enfrente cuando vio las piernas de Kagome flaquear. Pudo ver el exacto momento en que su fuerza de voluntad desaparecía y la conciencia se le escapaba mientras caía.

Alcanzó a detener su caída y tomarla en brazos.

-Tiene que descansar – dijo Ayame.

-Tengo una habitación lista – dijo Kouga. Si por el fuera trataría de quitársela de las manos a Sesshomaru, pero no se trataba de ellos, se trataba de la salud de Kagome, así que decidió no decir nada por el momento.

Los dirigió hacia el interior de su palacio, era mas pequeño en comparación al de Sesshomaru, o el que había sido de Sesshomaru, pero aún así se enorgullecía de su buena distribución y su excelente posición.

La habitación que sería la de Kagome estaba lista.

Sesshomaru, seguido por el pequeño Taro, entraron en la habitación.

Una enorme cama aparecía en el centro, con una ventana que daba a hacía los jardines. El ambiente dentro de la habitación era cálido.

Sesshomaru deposito a Kagome en la mullida cama. Lucía tan pálida. Tan vulnerable.

¿Qué la había llevado a hacer una estupidez como esa? El regresaría, era su esposa, su hijo, porque sería varón, ya podía distinguir su aroma, aún se desprendía del de Kagome, pero comenzaba a formar su aroma propio, el de su heredero, su hijo.

-¿Va a estar bien? – preguntó Taro asomándose a la cama - ¿Gome esta dormida?

Fue entonces cuando Sesshomaru notó al pequeño de pie, junto a él. Podía ser el hijo de cualquier demonio, su aroma estaba enmascarado, su youki sellado, pero su mirada, su mirada no podría ser de otro mas que de un Taisho.

Si no se equivocaba, tenía frente a él, a un bastardo de Inuyasha.

Su padre no se deshonraría teniendo hijos fuera del matrimonio, él no era su padre, estaba seguro. Solo quedaba Inuyasha.

Su hermano podía ser medio demonio, podría ser muchas cosas, pero si bien el instinto de la familia, de la protección era demasiado fuerte, incluso en un hanyou, razón por la cual estaba seguro que no sabía de la existencia de este hijo.

-¿Cómo esta? – preguntó Kouga entrando en la habitación- Ya mande traer un médico.

Sesshomaru le gruño por su intromisión. Con una velocidad sobre humana le tomó del cuello y lo sacó de la habitación sin darle oportunidad de defenderse.

-No entrarás a esa habitación – dijo Sesshomaru – Tenemos cuentas pendientes que saldar, pero no entraras en esa habitación.

Había momentos durante una batalla en la que uno a pesar de las adversidades tenía la esperanza de poder ganar, que sabía podría hacerlo. Y otros en los que la certeza de haber sido vencido, incluso antes de comenzar la batalla era inminente.

Este era uno de ellos.

Kouga cayó al piso, sus pulmones agradecían el aire que entraba de nueva cuenta. La piel de su cuello lucía de un rojo vivo, apenas salvándose por su sangre demoniaca.

-¿Kouga –sama? – preguntó el doctor Kishimori - ¿Se encuentra usted bien?

-Si, atienda a Kagome – dijo Kouga con una voz rasposa – Esta en la habitación.

El doctor Kishimori enseguida entró a la habitación pudo detectar el aroma del enojo, de la confusión, de la arrogancia y el orgullo. Sabía quién era el demonio que tenía delante, un Taisho era fácilmente reconocible, su cabello blanco, los ojos color ámbar, el aura llena de poder y peligro. Era un Taisho, pero estaba perdido, y se había llevado a su pareja con él, una chiquilla por lo que podía ver.

Se acercó a la cama, no sin antes ver su señor, para solicitar permiso de tocar a su mujer.

Cerró los ojos y extendió las manos. Podía sentir la energía de la mujer, era fuerte, una sacerdotisa de gran poder, el cual se encontraba alterado, luchando por salir del sello que se había autoimpuesto con el embarazo. Debajo de esa energía estaba la energía del cachorro, era fuerte, como su padre, lucharía por nacer, era su instinto, aunque para eso tuviera que dañar a la madre.

Era una situación peligrosa.

-¿Y bien? – preguntó Sesshomaru impaciente.

-En mis años he visto muchas cosas, pero una sacerdotisa embarazada es raro, y una miko esperando el heredero de un Taisho lo es más, sin embargo, puedo sentir ambas energías fuertes, lo cual es un peligro.

El anciano comenzó a sacar remedios de su maletín.

-La sacerdotisa tendrá que mantener sus poderes controlados, deberá liberar lo suficiente para mantener al bebe controlado, pero no demasiado, tiene que descansar, y no pasar por emociones extremas, eso descontrolará el control que pueda llegar a tener sobre sus poderes.

Un embarazo de alto riesgo. Kagome tenía un embarazo peligroso, su propia naturaleza estaba poniendo en riesgo la vida de ambos. Si lo hubiera sabido…

-¿Sobrevivirán? – preguntó Sesshomaru con una mano cerrada en un puño.

-Si se siguen las instrucciones hay posibilidades, la mujer es fuerte, y el bebé también – dijo el médico – Dejaré las instrucciones de su cuidado, solo puedo ofrecer remedios para relajar, calmar dolores y algunas sustancias que serán de ayuda.

Sesshomaru asintió incapaz de decir otra cosa.

-Con su permiso…- el médico se dio la media vuelta y titubeo antes de irse – Si me permite decirlo, mi señor, fortalecer el lazo entre ustedes podrá darle la fortaleza necesaria para sobrevivir.

Habiendo dicho en todo lo que podía ayudar, salió de la habitación.

Sesshomaru volteo a ver a Kagome, quien por el momento dormía plácidamente. Extendió una mano para acariciarla pero se detuvo a unos centímetros.

Su propio youki podría ser peligroso para ella, su sola presencia era un riesgo. No podría abandonarla, no podría dejarla aunque quizás eso fuera lo mas sano para ellos. Sus instintos le gritaban que su pareja estaba en peligro, y no podía hacer nada, ni siquiera podría tocarla.

Había cometido otro error.

La había subestimado, Kagome había demostrado gran fortaleza durante todo este tiempo, se negó a ver que solo era una niña en algunos aspectos, era su primer embarazo, era una miko, y no sabía como manejar todo el embarazo.

Si el hubiera estado ahí podría haberlo detectado.

Pero había elegido la venganza, el recuperar el poder que le había sido arrebatado.

Hizo un trato con Akiyama, y lo cumpliría, siempre y cuando no interfiriera con la salud de Kagome. Así tuviera que esperar a que naciera su hijo, no la presionaría, esta vez sería la fortaleza que ella necesitaba.

….

La luna se mostraba por encima de las montañas, su luz le hacía ver más etérea, como si en cualquier momento fuera a desaparecer, era dueña de una belleza casi inhumana, aún hoy en día podía ver el por qué se había enamorado de ella desde el principio. Creyó que eso era lo que necesitaba, una criatura efímera, y de una belleza sin igual.

Por un tiempo su belleza fue interna y externa. Pero había sido corrompida, y cuando el se había dado cuenta fue muy tarde. Kykio ya no era pura, no era digna de llamarse sacerdotisa, solo tenía en mente su beneficio, y sus planes para dañar a otras personas. A su familia.

Nunca se perdonaría lo que había hecho. Como medio demonio viviría cientos de años, y todos y cada uno de ellos, lamentando lo que había hecho.

Su propio padre, su sangre, su familia. Le había traicionado por una leve esperanza.

Había confiado en la fortaleza de su padre, pero al parecer no había sido suficiente. Su única esperanza era su hermano y Kagome.

Lograron escapar, razón por la cual Kykio, el viejo aliado de su padre y Naraku estaban inconformes. Con un Taisho del calibre de Sesshomaru libre no podían darse el lujo de bajar las defensas.

Si tan solo lograra sacar la información a Kykio…

-¿Maquinando cómo sacarme la información? – preguntó Kykio sonriendo maliciosamente.

-Eres una arpía – dijo Inuyasha furioso.

-En el palacio parecías no pensar lo mismo – dijo ella melodiosamente- Casi me convencer a mi.

-No te engañes, si estoy aquí es por que eres la única que sabe dónde está mi hijo, el amor que sentí por ti murió en el momento que me negaste el verlo – dijo el furioso.

-Pobre Inuyasha…el traidor de la familia y ni siquiera ha obtenido su recompensa – dijo Kykio sonriendo.

Inuyasha tomó del cuello a Kykio y la estrelló contra la pared.

-No te equivoques Kykio, si cambio de opinión, puedo matarte, me llevará una eternidad buscar a mi hijo, pero lo encontraré – dijo Inuyasha presionando.

Kykio le vio furiosa. Extendió una mano para hacerle daño a Inuyasha, pero su poder espiritual no era suficiente.

-Una criatura tan vil como tú no puede tener poder espiritual – dijo Inuyasha soltándola.

-Lamentarás esto Inuyasha – escupió ella.

Ya lo lamentaba, pero este era el camino que había tomado y lo seguiría. Sesshomaru nunca le perdonaría el haberlos traicionado, el nunca se lo perdonaría a si mismo, pero si su hijo estaba con vida, valdría la pena todo.

Se sentía descansada. Se despertó sintiendo hambre, su cachorro tenía hambre y no solo él, podía ver a Taro jugando en la habitación. Se sentó y el pequeño corrió a ayudarle.

-Gracias Taro – dijo Kagome sonriendo-

-¿Ya estas mejor Gome? – preguntó preocupado – Sessho-sama me dijo que debía dejarte descansar.

-¿Conociste a Sesshomaru? – preguntó Kagome. Taro asintió.

-Es muy serio, pero huele a familia – explicó Taro sonrojado – Tu hueles a él.

-Taro…- Kagome le acaricio la mejilla.

La puerta se abrió de par en par y enseguida entró Hotaru corriendo y su madre detrás de él.

-¡Kagome! – dijo Ayame sonriendo – Nos tenías preocupados, ya te traen la comida, ese esposo tuyo sabía que estabas por despertar.

-¿Sigue aquí? – preguntó Kagome acariciando la cabeza de Taro.

-¿No es eso lo que querías? – preguntó Ayame – No piensa irse, tiene a todo el palacio temeroso, no se ha peleado con Kouga porque eso podría desbalancear todo.

-¿Desbalancear?

-No debes pasar por estrés, y debes mantener tu poder controlado, todo el tiempo, una pelea entre esos dos solo podría afectarte – explicó Ayame. – Debes cuidarte Kagome.

-¿Vas a dejarlo verte?, ¿vas a regresar a su lado? – preguntó Ayame.

-Volvió por sus instintos, es un sentido de posesión, ¿Qué va a pasar cuando me recupere?, ¿siempre será así? ¿El deber, el honor y el orgullo por sobre su familia?

-Es un lord, Kagome – dijo Ayame – Tiene una carga que no cualquiera puede tener en sus hombros, y entiendo lo que dices, pero quizás deberías darle mas crédito, está aquí, se esta controlando mas allá de lo posible, nunca había visto a un demonio bajar tanto su nivel de youki.

-Es el padre de mi bebe – dijo Kagome acariciando su vientre – Y entiendo mi papel a su lado, y también creo que mi papel está en hacerle ver cuando está tomando el camino equivocado, la venganza no es la solución.

Kagome logró salir de su habitación unas horas después. Estaba aburrida y cansada de estar en esa habitación. Encontró los jardines y aunque eran muy hermosos, no pudo evitar compararlos con los de la mansión Taisho.

Se sentó en una piedra que daba hacía un pequeño arrollo, podía escuchar el agua correr y la tranquilidad del lugar le ayudaba a pensar.

Había obtenido el resultado que buscaba, Sesshomaru estaba ahí, el problema es que no contaba con que verlo le recordaría el dolor y el abandono que pasó. Se preguntó si en realidad había querido verlo para asegurarse de sus propios sentimientos.

-No deberías estar aquí afuera – dijo detrás de ella Sesshomaru.

Kagome suspiro, ya se esperaba que tarde o temprano lo vería.

-¿Jugando al esposo responsable? – preguntó Kagome. Sesshomaru le vio furioso.

¿Jugando? ¿Acaso eso es lo que pensaba Kagome? ¿Todo era un juego para ella? Cruzó millas para poder estar con ella y el bebé, para poder evitar que hiciera algo estúpido y ella solo pensaba que jugaba a ser responsable.

Kami, esta mujer le iba a matar. Trataba de mantener su youki al mas bajo nivel y ella lo provocaba.

-¿No tienes nada que decir? – preguntó Kagome al verlo de reojo – Te confieso que pensé que no vendrías, me abandonaste sin mirar hacia atrás, pensé que si tan fácil había resultado el dar la media vuelta e irte, igual de fácil sería el ignorar el hecho que estaba con Kouga.

-Kagome, puedes ser muchas cosas, pero fácil de olvidar no lo eres – dijo Sesshomaru manteniendo su youki en control – Volvería por ti, volvería cuando hubiera recuperado el legado de mi padre, cuando fuera seguro para ustedes, al parecer la paciencia no es algo que se te de muy bien.

¿Paciencia?

Kami, la iba a terminar matando del coraje.

Paciencia decía el muy insensible. Ya quería verlo teniendo paciencia esperando un cachorro.

Idiota.

Respiro profundo, su poder estaba en orden, había detenido el enojo antes que pudiera hacer estragos en su estado mental.

En lugar de eso se acerco al árbol donde estaba recargado Sesshomaru y le miro con seguridad.

-Paciencia – repitió Kagome - ¿Qué hubiera pasado si el embarazo presentaba complicaciones? , ¿Si yo hubiera muerto en el parto?, creo que olvidas que soy humana, que este es mi primer embarazo, que acabó de vivir una guerra, la primera por si se te olvida, y que en este preciso momento hasta antes de este bebe eras lo único que tenía y me abandonaste, así que no me pidas que tenga paciencia, cuando es obvio que tu no la tienes.

Kagome se dio la media vuelta y comenzó a avanzar cuando la voz de Sesshomaru la detuvo.

-Tengo paciencia al saber que tengo que alejarme de mi mujer para protegerla, a ella y a mi heredero, estoy sacrificando mi tiempo de ver crecer a mi hijo durante el embarazo para poder protegerlos, a ambos – dijo Sesshomaru – Sé lo que es la paciencia.

Sal. Podía oler las lágrimas de Kagome, y más que nunca quiso acercarse a consolarla, sin embargo ella levantó una mano antes que el pudiera acercarse.

-Aún no – dijo ella tratando de dejar el llanto y escucharse más fuerte.

Mientras entraba al palacio no pudo evitar escuchar a Sesshomaru.

"No me iré, no te dejaré"

Y ella no quería otra cosa más que creerle. Era su corazón el que quería estar a su lado, el problema es que su mente le decía que no era seguro, y ella estaba hecha un mar de confusión.