¡Hola! ¿Qué tal?
Seguimos con otro capítulo de este fanfic. Nuevamente les agradezco por su paciencia y apoyo a este proyecto. Pero antes responderé algunas cuestiones:
LycanrocMoon: estoy contento de poder saciar tu sed de violencia jajaja (? Sí, ya todos los personajes están participando de la esperada batalla final. Espero que lo que tengo preparado sea de tu agrado :3
NIKO SPEED: muchas gracias amigo, me alegra que te guste la historia. Habrá más sorpresitas todavía, y acción para tirar por la ventana.
Silvaze Girly: jaja lo de Sticks no diría que es un shippeo real, solo una pequeña broma. Sticks es demasiado bonita para ese feo de Falke (? Aunque nunca sé con quién shippearla XD
¡No se olviden de escuchar el opening! Colors of the Heart (versión latino por David Delgado)
¡A leer!
"Solamente se aprecia el verdadero valor de la paz tras haber pasado por una guerra". - Kosovar
XXIV
FALLOUT
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Chun-Nan. Battle Bird Armada
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Dentro de la cabina principal de la nave insignia, Speedy se encontraba delante de Wave y Jet. Las tres aves tenían sus armas desenvainadas y listas para el combate. Del otro lado de la amplia sala, Lord Kukku, el líder de la armada, enfrentaba a Storm y a Gamma. Hubo un silencio, y unos segundos interminables en los que nadie se atrevía a moverse. El aire estaba quieto y tenso. El sonido de los estallidos y de la batalla aérea aún se escuchaba.
De pronto, un repentino temblor en la nave, producto de la explosión de un misil en el casco, sacó a todos de su estado de guardia y dio inicio a un nuevo combate.
Speedy se lanzó hacia Wave e intentó cortarla con su cuchilla. La golondrina se agachó, pero su rival giró y usó su otra cuchilla para tratar de cortarla a la mitad. Wave bloqueó el ataque con su sable láser y dio reversa a su tabla, para mantener la distancia.
Jet se abalanzó sobre su enemigo blandiendo los abanicos hacia adelante. Speedy intentó golpearlo con ambas cuchillas, y las armas quedaron bloqueándose mutuamente. Ambas aves forcejeaban y se miraban con furia. Speedy dio un giro y alejó al halcón de una patada en el estómago.
Wave y Jet intercambiaron miradas y se lanzaron simultáneamente hacia su enemigo. Comenzaron a atacarlo con sus armas. Speedy se defendía con ambas cuchillas, moviéndolas tan rápido como podía. Su armadura recibió un par de cortadas por parte de sus enemigos. Usando sus propulsores, se alejó, dio un giro en el aire y disparó una ráfaga de metralla desde las pequeñas gattlings de sus antebrazos. El halcón bloqueó las balas con sus abanicos, moviéndolos rápidamente. Wave solo posicionó su Extreme Gear delante de ella, y su coraza blindada se encargó de protegerla.
En el otro lado de la sala, Gamma encendió sus propulsores violentamente y salió disparado, levantando una columna de humo a su paso. Preparó su puño y logró golpear a Kukku con toda la fuerza de inercia que traía. El ave anciana salió volando hacia atrás, pero giró en el aire y usó la pared contraria como base para impulsarse con las piernas. Con esto consiguió catapultarse como una bala de cañón, y hubiera conseguido lastimar gravemente a Gamma de no haber sido por Storm. El albatros se había abalanzado sobre el robot rojo y lo había tirado al suelo para protegerlo. Kukku se estrelló contra la pared y levantó una gran humareda de polvo.
— ¡Increíble! ¿Ese viejo tiene tanto poder? — se preguntó el albatros con un rostro de sorpresa — No me imagino lo fuerte que sería de joven…
De pronto, Storm notó que una fina línea de polvo se extendió desde la humareda, y se dio cuenta de que su enemigo había saltado. Alzó la vista, y lo vio muy cerca, encima de sí, a punto de abatirlo con su sólido bastón. El albatros giró en el suelo y esquivó un golpe que destruyó su Extreme Gear. Storm conectó dos puñetazos a la cara y esquivó un bastonazo. Gamma se levantó rápido, retrotrajo su mano y preparó un cañón de su brazo. Al instante disparó una sólida red de acero que atrapó al ave y la aprisionó en la pared.
— Estúpidos… Eso no es suficiente para detenerme — dijo Kukku.
Una nube de humo negro emergió de su cuerpo, y un estallido de humo y cenizas destruyó la red. Caminó lentamente hacia sus enemigos, pero algo llamó la atención de todos: el sonido de una alarma.
— ALERTA. TENEMOS TRAIDORES A BORDO. A TODAS LAS UNIDADES, DIRÍJANSE A LA SALA DE BOMBAS LO ANTES POSIBLE. NIVEL DE PRIORIDAD: 1 — dijo la voz de un ave por los altoparlantes.
La pantalla principal de la cabina se encendió, mostrando a un oficial delante.
— ¡Señor! ¡Los Hooligans nos han traicionado! — dijo — ¡Parece que han encontrado la manera de reactivar un misil Fallout, y se han atrincherado en la bodega de bombas! ¡La van a hacer estallar!
— ¡¿Qué?! — exclamó Lord Kukku.
Los Babylong Rogues los observaron perplejos e intercambiaron miradas alarmantes. El comunicador de Jet sonó en mitad del silencio.
— ¡Jet, aquí Vector! — se escuchó del otro lado — ¡Tenemos que salir de aquí! ¡Repito! ¡Tenemos que largarnos antes de que todo vuele en mil pedazos! ¡Nos quedan menos de diez minutos!
El halcón intercambió miradas con sus compañeros, y Speedy los observó con furia.
— Es parte de su plan, ¿cierto? — preguntó — Los mataré ahora mismo…
— ¡No! ¡Olvídate de ellos! — exclamó Kukku, haciendo que su hijo se detuviera — Sígueme. Hay que detener a esos bastardos.
Sin rechistar, aunque apretando los dientes, Speedy dirigió una última mirada hacia sus enemigos, y luego se marchó de la cabina por el extremo contrario, siguiendo a su padre. Los Babylon Rogues y Gamma se quedaron solos, en mitad del silencio, pero de pronto estallaron las alarmas. Espabilaron.
— ¿Qué demonios habrá pasado? — preguntó Storm.
— ¿A quién le importa? ¡Vámonos de aquí! ¡Rápido! — dijo Jet.
— Aquí Wave a Tower, ¿me escucha? Tenemos una situación…
— Lo sabemos, chicos — respondió la voz del hombre por el comunicador. Se oía sin aliento, como si estuviese corriendo — Tenemos que llegar al punto de evacuación. A trescientos metros de la nave insignia se abrirá un portal para escapar.
— Tsk. Como si no tuviera suficientes emociones en mi vida… — dijo Jet con fastidio — ¡Retrocedan, chicos! ¡Vamos!
Los cuatro volvieron sobre sus pasos a toda velocidad. Se encontraron con los técnicos y soldados de la armada, pero ninguno de ellos les prestaba la menor atención. Todos se apresuraban a dirigirse en dirección contraria a los héroes, portando armas y otros equipos consigo, dispuestos a detener a los Hooligans.
Incluso la batalla aérea se había interrumpido. Las innumerables naves de la Battle Bird Armada voltearon y retrocedieron hacia sus respectivos hangares. Muchas desertaban y se alejaban tanto como podían. La anterior batalla se había casi convertido en una operación antiterrorista.
El equipo de Jet se topó enseguida con el equipo de Vector. Tower y Topaz estaban con ellos, junto a un montón de soldados humanos y crepusculares. Muchos de ellos estaban heridos.
— ¡A los transportes! ¡Deprisa! — ordenó Tower.
Los soldados entraron en tropel a las grandes naves y encendieron los motores. Los transportes se elevaron en el aire y se dirigieron hacia el aire libre. Ninguna de las fuerzas de la armada intentó detenerlos, pues estaban absortos en un único pensamiento. La pantalla más grande del hangar principal mostraba una cuenta atrás, que no era más que una filmación de la cámara de seguridad del cuarto de bombas. Estaba enfocando el misil donde Bean se encontraba sentado cómicamente. Faltaban 5 minutos para la detonación.
El equipo de Jet siguió a las naves y salieron del hangar. En mitad del aire, a trescientos metros de distancia, se abrió un enorme portal. Los aviones caza crepusculares comenzaron a dirigirse hacia allí a toda velocidad. Parecía un enorme torrente de abejas ingresando por un orificio muy estrecho. Era sorprendente que las naves no chocaran entre sí.
— ¡Ahí está el portal! ¡A toda velocidad! — ordenó Tower.
— ¡Sí, señor! — respondió el piloto.
El vórtice de energía se hizo cada vez más cercano hasta que lo atravesaron. De un instante a otro, vieron cómo cambió el paisaje e ingresaron al espacio de la Celda del Crepúsculo. Honey miró hacia atrás. Las naves todavía seguían atravesando el portal, y no parecían tener fin.
— Si no cierran el portal, la explosión llegará hasta aquí y lo destruirá todo — dijo ella.
De pronto, como si alguien hubiese cerrado un grifo y al chorro de agua se hubiese cortado, la corriente de naves cesó de inmediato. Se escuchó la fuerte voz de telepática de Thebes.
— (¡Cierren el portal de Chun-Nan! ¡Ahora!)
Pocos segundos después, el enorme vórtice de energía disminuyó su intensidad, giró sobre sí mismo y colapsó, cerrándose. Las expresiones de preocupación y espanto de los soldados cambiaron a gritos de júbilo y celebración. Al menos no morirían por la explosión.
Honey pareció recuperar el aliento y dirigió una mirada hacia todos sus compañeros. Allí estaban, con la mirada incrédula y sorprendida. En especial, Vector.
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Faltaban cinco minutos para la detonación. La gruesa puerta de seguridad de la bóveda de bombas resonaba con estrépito por los golpes de ariete. Nack parecía mirar hacia un lejano infinito.
— Están a punto de entrar, jefe — dijo Bean.
— Ya es hora — dijo Nack.
Bark dio un salto, cayó sonoramente e hizo chocar sus nudillos electrificados por sus guantes. Bean aterrizó con gracia y sacó varias bombas de la nada. Nack cargó su rifle láser. Miró de nuevo el reloj. Faltaban cuatro minutos.
De pronto, la gruesa puerta cedió y cayó sobre la otra, que había sido derribada anteriormente por Vector y Big. Bean lanzó todas las bombas que tenía en sus manos y se escucharon gritos desde el otro lado. Las granadas estallaron con fuerza.
Nack apuntó a la puerta. Los soldados se arrimaron y dispararon con sus propias armas, pero eran abatidos fácilmente por la mortal puntería de la comadreja.
Tres minutos.
Un equipo de aves forzudas ingresó con varios escudos de acero grueso. Bark corrió hacia ellos y golpeó los escudos con ambos puños. Activó sus guantes electrificados y los soldados gritaron de dolor. Con varios puñetazos, el oso polar logró ganar más terreno, y los sacó por donde vinieron.
Dos minutos.
Una nube negra golpeó directo en su pecho y lo mandó a estrellarse contra unos ductos de vapor, rompiéndolos y liberando el líquido y el vapor a alta temperatura. Sus compañeros sabían lo que venía.
Lord Kukku ingresó con una mirada de enojo, junto con su hijo, quien blandía las cuchillas retráctiles. Ni siquiera intercambiaron palabras. El líder de la armada extendió las manos y lanzó numerosos tentáculos de humo negro y cenizas, con la intención de matar. Nack y Bean los esquivaron como pudieron. La comadreja puso una rodilla en el suelo y comenzó a disparar rayos láser de su rifle en forma repetida. Bean lanzó más bombas.
Speedy se dirigió corriendo hacia Nack con las cuchillas adelante queriendo apuñalarlo, pero fue embestido por el oso polar. Bark conectó una serie de devastadores puñetazos en el rostro y estómago del ave, abollando y destruyendo la armadura en la que se encontraba.
Un minuto.
Lord Kukku lanzó picos de humo a gran velocidad, y rompió por la mitad el fusil de Nack. Este sacó su pistola, y lanzó una granada. El anciano dio un salto y preparó su bastón para un mortal golpe. Bean se lanzó y empujó a su jefe para evitar el ataque, que rompió el suelo.
Speedy dio un salto hacia atrás para recuperar terreno. Con su velocidad, se acercó y comenzó a dar numerosos tajos a varias partes del cuerpo de Bark, haciendo que el oso comenzara a sangrar por todos lados. Una poderosa patada lo mandó a volar hacia la pared.
Bean lanzó todas las bombas que podía, pero Kukku las encerraba en esferas de humo. Las granadas estallaban, pero su explosión era totalmente amortiguada por el flexible gas negro del anciano. De pronto, este extendió la mano y un tentáculo de humo se dirigió hacia el pato, rodeándole la garganta y haciendo presión. Lord Kukku lanzó a Bean hacia un lado como si fuese un saco de basura.
Ahora, ambas aves se encontraban frente a Nack.
— Acábalo — ordenó Kukku.
Speedy se lanzó a gran velocidad. La comadreja disparó su pistola repetidas veces, pero su enemigo esquivó casi todos los disparos, y los que recibía no le hacían daño debido a su armadura. Speedy logró alcanzarlo y apuñaló a Nack en el estómago. Este hizo una expresión de dolor, mientras su propia sangre brotaba y caía al suelo.
— Este ridículo acto de traición llega a su fin — dijo Lord Kukku, acercándose a paso lento.
Nack escupió sangre, y sonrió.
— Sí, al igual que ustedes, bastardos… — dijo. El contador llegó a cero, sorprendiendo a ambas aves, y hubo un pitido constante.
Todo se volvió blanco, y el estallido fue lo último que oyeron antes de que todo se apagara.
La explosión se expandió como una enorme bola de fuego que se hacía inmensamente más grande a cada momento. La nave insignia de la Battle Bird Armada se evaporó en un instante. La inmensa esfera ígnea continuó expandiéndose, abarcando a las otras dos grandes naves de batalla en el cielo, y destruyendo a las demás navecillas de la flota.
El ruido era el más potente que se pudiera escuchar. Reventaría los tímpanos de cualquier ser vivo que se encontrara cerca.
La onda expansiva lanzó cientos de pinos y árboles de alrededor, y provocó un viento de enorme intensidad.
Los líderes de la Celda del Crepúsculo habían dejado una cámara a varios kilómetros de distancia para poder estudiar y analizar la batalla. Con eso pudieron ver el estallido y la destrucción de la flota. A estas alturas, solo quedaba un inmenso hongo de humo y polvo, y un enorme cráter en la tierra. La Battle Bird Armada había sido destruida, y la batalla, ganada.
Toda la Celda del Crepúsculo dio gritos de victoria, salvo unos pocos. Vector y sus compañeros intercambiaban miradas, sabiendo del sacrificio de los Hooligans.
— Con esto se reivindican, chicos… — dijo el detective, con una triste sonrisa.
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Base de Shamar
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Marine rodeó el panel de mandos, se agachó y esperó que su enemigo no la divisara. Grande y pesado como era, Lyric era fácil de localizar. O eso creyó. La serpiente mecánica apareció detrás de ella, sorprendiéndola. La mapache extendió los brazos y lanzó sucesivos disparos de esferas de agua, pero su enemigo las frenó en el aire con su telequinesis.
Intentó golpearla con un manotazo, pero Marine dio un salto y propinó tres puñetazos de energía aguamarina al casco de su enemigo. Lyric retrocedió, casi impresionado de que una niña tuviera esa fuerza de forma natural. Se lanzó volando hacia ella, intentando capturarla, pero la mapache era escurridiza. Se escabulló entre los brazos, saltó por sobre su cuerpo mecánico y dio un salto. En el aire, Marine juntó ambas manos y disparó un potente chorro de agua a la parte descubierta de su enemigo.
Lyric hizo una mueca de dolor y enfado, y la golpeó con un fuerte latigazo de su cola. Marine salió volando contra un muro y se golpeó la cabeza. Cayó inconsciente en un instante. Lyric la observó un instante y resopló.
Giró su cuerpo y se volvió al panel de control. Comenzó a teclear una serie de códigos e instrucciones. En la pantalla se veían montones de líneas con números y cifras encriptadas.
— Lanzamiento aprobado — escuchó la voz electrónica de la computadora — Confirme destino.
— Soleanna… — tecleó Lyric — Creyeron que no reconocería a sus guardias reales, ¿eh? A ver si esto les recuerda quién tiene el poder aquí.
— Comprobando parámetros finales — dijo la computadora — Alineación: estable. Combustible: listo. Sistemas de navegación: en línea. Alerones: listos. Iniciando secuencia de lanzamiento. Misil Fallout encendido en 3, 2, 1…
Los ojos de Lyric brillaron cuando los primeros motores rugieron. Los tensores de la lanzadera se liberaron, los robots obreros se alejaron rápidamente y la compuerta superior se abrió. Esbozó una sonrisa de satisfacción.
— Iniciando cuenta regresiva — volvió a hablar la computadora — 10, 9, 8, 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1… Lanzamiento…
Los propulsores principales rugieron con gran estruendo y vomitaron una nube de humo gris y fuego. La sala tembló, como si hubiera un terremoto, y el enorme misil vibró. Poco a poco, adquirió impulso y su velocidad se incrementó. Subió y emergió de la instalación cada vez con más velocidad. A su paso solo había una gruesa estela de humo, y un estruendo constante que llevaba el mensaje de la muerte.
El equipo de Vanilla y sus enemigos, los Witcharters, vieron cómo el gran misil salió del edificio y se dirigió hacia el cielo a gran velocidad. Vanilla tenía un rostro de pánico.
— ¡Un misil emergió de la base! Repito: ¡un misil ha surgido de la base! — exclamó la coneja durazno desde su comunicador.
— ¡¿A dónde se dirige?! — preguntó un oficial por radio.
— No lo sé, pero se mueve rápido — contestó ella — Dios, hay que hacer algo…
— ¡Nosotros nos ocupamos! — escucharon.
Una nave de Nocturnia atravesó su campo visual con gran rapidez. Sobre ella iba montado el jefe de la colonia Kron, Krag. No traía sus armas.
— Aquí Terios, jefe de la colonia Nocturnia — dijo el equidna por radio — Nos dirigimos a interceptar el misil y desviarlo de su trayectoria original.
— Pero señor, usted es el líder de toda Nocturnia — se escuchó al mismo oficial — No puede…
— Si nos demoramos, quién sabe cuántas muertes producirá este artefacto — dijo Terios — Continúen luchando. Tienen una guerra que ganar.
— … Sí, señor…
La nave incrementó su velocidad hasta alcanzar su máximo. La rapidez del misil era abrumadora, pero estaban acercándose. Poco a poco, llegaron hasta estar cerca del gran artefacto balístico.
— La nave estabilizar debes, casi lo tengo ya — dijo Krag, estirando su grueso brazo, hasta que logró agarrar uno de los barrotes de las escalerillas estructurales del misil — ¡Listo!
— ¡Aquí vamos! ¡Sujétate, amigo! — exclamó Terios.
El equidna jaló la palanca de mando hacia sí y su nave direccionó hacia arriba. Comenzó a enderezarse, poco a poco, ya que era muy difícil mantener estable y cambiar la trayectoria de un misil de esas dimensiones. Sin embargo, lo estaban logrando. El artefacto balístico ahora parecía un cohete dispuesto a abandonar la atmósfera: totalmente en posición vertical.
La situación era tan crítica y tensa que el equipo de Vanilla y sus enemigos dejaron de pelear mientras contemplaban, preocupados algunos, y curiosos otros, el accionar de aquellos dos jefes crepusculares.
El misil se movía tan rápido que ya habían pasado la tropósfera. Aún se podía ver desde tierra, pero como un pequeño lápiz en el cielo nocturno, seguido por una larga y gruesa columna de humo.
En el interior de la nave, Terios observó los instrumentos. Se estaban quedando sin combustible. Habían gastado todo su tanque en lograr cambiar la dirección del misil.
— Krag… Odio decirte esto, pero si dejamos libre esta cosa, volverá a su trayectoria y matará a miles de personas — dijo el equina por su comunicador — Tú sabes cómo acabará esto…
— Mayor honor para mí no hay, que morir junto a un amigo, salvando las vidas de los inocentes — dijo Krag, fuera de la nave — En esto juntos estamos, camarada.
El equidna dio un profundo suspiro, y agachó un poco la mirada.
— A veces hay que hacer sacrificios… — dijo en voz baja — Muy bien. ¡Tú y yo haremos esto!
Tecleó unos comandos, y en la pantalla apareció un mensaje.
SECUENCIA DE AUTODESTRUCCIÓN
Terios presionó un último botón.
— Confirmar — dijo, colocando el dedo en la última perilla que debía bajar — Ganen esta guerra, amigos…
Bajó la perilla, hubo un pitido, y todo se volvió negro.
Vanilla y todos los demás pudieron ver cómo se produjo un pequeño estallido arriba en el cielo para, instantes después, desencadenarse el infierno. La gigantesca bola de fuego, expandiéndose en la atmósfera superior, era algo que no olvidarían jamás en sus vidas. La luz generada iluminó la noche por unos instantes, y luego de unos momentos, el estallido que se escuchó fue tan fuerte que todos los combatientes tuvieron que taparse los oídos.
Un viento intenso, aunque no muy fuerte, les llegó desde lo alto. A su lado, el grito de algarabía de algunos de los soldados, festejando por ese triunfo.
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En el interior de aquella instalación, Lyric golpeó el panel de mando con ambas manos, fisurándolo por la fuerza del impacto. Su rostro mostraba una gran frustración.
— ¡Demonios! — exclamó — ¡No tendré listo otro misil hasta dentro de una hora! Tendré que salir y destruirlos con mis manos. O al menos, ganar algo de tiempo.
— Eres despreciable… — escuchó.
Lyric se voleó, confundido. Recordó que creyó haberla dejado inconsciente. Su rostro cambió a uno de gran sorpresa cuando vio a la mapache parada a pocos metros de él, cargando una enorme bola de energía entre sus manos, a la altura de su cintura. Marine tenía un rostro de furia: mostraba los dientes y fruncía el ceño. Había fuego en sus ojos.
— Debiste matarme, maldito asesino — dijo ella, temblando y empapada en sudor.
Lyric pudo darse cuenta que a su alrededor había una gran ventisca, cuyo epicentro era la esfera de poder de Marine. Innumerables lenguas de color aguamarina se condensaban desde el aire y se conglomeraban en su ataque, que brillaba levemente con tonos del mismo color.
Sus pupilas se dilataron un poco, y Marine extendió los brazos hacia adelante.
— ¡AHHHHHHH! — gritó a todo pulmón.
La esfera de poder se convirtió en un grueso y terrible torrente de agua y energía incontenible. Lyric desplegó una gruesa pared telequinética delante de sí para protegerse, pero para su estupefacción, el ataque de Marine chocó contra la pantalla, la fracturó y la atravesó.
La serpiente recibió todo el poder del rayo en el centro de su traje mecánico. Este se resquebrajó y estalló, mandándolo a volar. Su casco se fisuró y se rompió. Lyric se golpeó la cabeza contra la pared y terminó inconsciente. Marine cayó desmayada justo después de haber atacado.
A su alrededor, los robots operarios se habían detenido, y no hacían más que estar en estado de latencia. El silencio de aquella sala era ahora abrumador.
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Afuera, en la mina, el combate reanudó. Los tanques crepusculares avanzaban por los terraplenes. Un nuevo escuadrón de robots serie E salió de unos compartimientos en la tierra y respondieron a la ofensiva enemiga.
Uno de los tanques disparó y la bala de cañón golpeó en la cara a Bearenger. Aquello le tiró un diente, y el oso miró con furia a la máquina de guerra. Escupió algo de sangre, dio un salto y se lanzó hacia ella. Tomó el cañón con ambas manos, subió el tanque solo con la fuerza de sus músculos, dio un giro y lo lanzó al aire.
Omega usó sus propulsores para interceptar el tanque en el aire y depositarlo de nuevo en el suelo. Bearenger lo vio, y cambió su objetivo. El oso hizo estallar energía púrpura en sus pies, catapultándolo hacia el robot rojo con una gran fuerza y velocidad. Omega no pudo esquivarlo ni detenerlo, y fue embestido por el oso. Este comenzó a golpearlo repetidamente en la cabeza.
— No sé cómo pudieron repararte, pero ahora te dejaré hecho un manojo de piezas sueltas — dijo.
De pronto, su mano fue detenida por algo, y se sorprendió por aquello.
— No en mi turno — escuchó.
Cuando alzó la mirada, solo alcanzó a ver un puño de acero antes de ver todo negro. Fue lanzado con brutalidad varios metros hacia atrás.
Omega miró hacia arriba, y vio que un robot rojo, parecido en cierta manera a él, le daba la mano para levantarlo.
— ¿Estás bien? — le preguntó.
Omega miró la mano con algo de desconfianza, pero luego la tomó y se incorporó.
— Sí, claro. Soy el robot más poderoso que Eggman haya creado — dijo Omega con su voz impersonal.
— Los jóvenes siempre son tan vanidosos — dijo el otro robot encogiéndose de hombros — Por cierto, mi nombre es Gamma.
— Omega. ¿Eres de la primera generación?
— Sí, aunque veo que ya no los hacen como antes — dijo Gamma, pero enseguida se apresuró a retractarse — ¡No lo digo por ti, sino por esos nuevos que ni siquiera piensan por sí mismo!
— Nadie es perfecto, supongo — concluyó Omega.
— ¡Oigan ustedes! ¡Van a quedarse intercambiando datos o van a pelear! — bramó Bearenger con una vena saltada.
Gamma y Omega se miraron un momento y asintieron.
— Enseñémosle cómo se hace — dijo Gamma.
Simultáneamente, los dos robots encendieron sus propulsores y se lanzaron hacia su enemigo. Bearenger extendió las manos y sostuvo ambos puñetazos de los robots, quienes aumentaron todavía más la potencia de sus cohetes. El piso debajo de sus pies se resquebrajaba, y el oso retrocedía por la fuerza del impulso. De pronto, le lanzaron un puñetazo con sus otras manos libres y el oso retrocedió. Escupió dos dientes más, y los miró con furia.
Bearenger extendió ambas manos de nuevo, pero esta vez lanzó a mansalva varias esferas de energía púrpura electrificada. Los robots volaron en direcciones opuestas. Gamma desplegó su metralleta y comenzó a disparar una lluvia de balas sobre el oso, que tuvo que cesar su ataque para desplegar un escudo. Omega retrotrajo sus manos y sacó dos cañones de misiles de sus brazos. Apuntó y disparó varios misiles, que impactaron y explotaron alrededor del oso.
Este dio un gran salto, preparó ambos puños y martilló el suelo. La sacudida provocó un temblor en la zona y una onda expansiva que levantó polvo a su alrededor.
Gamma transformó sus manos en lanzallamas y disparó dos haces de fuego que rodearon al oso y lo envolvieron como si fuese un tornado rojo. Omega se posicionó, en guardia, esperando el resultado. De pronto, se escuchó un rugido, y el tornado de fuego estalló. Bearenger estaba con los puños en alto y una expresión de ira. Su pelaje se veía quemado levemente.
— Estúpido remedo de robot — dijo el oso.
Se lanzó de nuevo, esta vez hacia Gamma. El robot rojo cayó al suelo y recibió un fuerte cabezazo de parte de su enemigo, pero Omega llegó en seguida y le estampó una patada en las costillas. Bearenger giró en el suelo, se levantó y se frotó la parte del golpe. Miró a ambos robots con cautela.
Gamma se levantó del suelo.
— Hay que terminar esto de una vez — dijo.
— Estoy de acuerdo — dijo Omega — ¡Ahora!
Ambos robots se lanzaron usando sus propulsores, pero esta vez emplearon otra estrategia. Gamma se lanzó a los pies del oso y lo hizo tropezar, mientras Omega aprovechó su indefensa para darle un gancho en la mandíbula. El oso cayó al suelo y se levantó de un salto, pero antes de que pudiera atacar, Gamma lo tomó de los brazos y le hizo una llave. Omega aprovechó para darle poderosos puñetazos en el estómago y en la cara.
— ¡Esta es mi venganza! — dijo el robot — ¡Cañones, fuego!
Retrotrajo sus manos y sacó dos cañones de sus brazos. Disparó ambos en el estómago y pecho del oso, quien escupió sangre. De pronto, Bearenger giró y forcejeó hasta que se zafó de Gamma. Preparó un puño envuelto en energía roja, pero cuando se dispuso a atacar, recibió en simultáneo los golpes de ambos robots, justo en la cara. Todo se volvió negro.
Bearenger cayó al suelo y no se levantó. Gamma se acercó y pareció analizar algo.
— Signos vitales normales. Está inconsciente — dijo.
— Lo exterminaré — dijo Omega, preparando el cañón.
— ¡No! — intervino Gamma, bajándole su arma — Debe responder por sus crímenes. Mucha otra gente merece justicia por los que ha matado.
Omega pareció analizar esas palabras, y no dijo más. Aunque se quedó ahí, custodiando para que Bearenger no volviera a causar problemas.
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Luego de ver al oso ser derrotado, Carrotia se volteó y le habló a Falke.
— Debemos replegarnos. Volver con Lyric y…
— Ah no, no lo harás — escuchó.
Carrotia tuvo que dar un salto para esquivar una patada hacha de Vanilla y otro para evadir el disparo láser de Shade. La coneja blanca corrió detrás de unos edificios para ganar tiempo y espacio. Ahora estaban en una clara desventaja. Las fuerzas crepusculares estaban abriéndose paso por la mina, Bearenger había sido derrotado y ella y Falke se enfrentaban a cinco poderosos enemigos. Tenía que pensar en una estrategia si quería triunfar.
En eso, Charmy extendió los brazos y creó una pared de luces color miel con formas hexagonales y la aventó hacia Falke. El lobo azul dio un gran salto y cayó intentando dar una patada voladora a la abeja. Pero Ray llegó desde un costado y giró, golpeándolo con su cola y mandándolo contra unos escombros.
El lobo azul se levantó de un salto, juntó sus brazos en una X y al abrirlos produjo una explosión de energía que lanzó a ambos niños hacia atrás. Caminó unos pasos con sus garras embebidas en poder, pero Sticks cayó frente a él y con su espada le hizo una cortada el hombro.
Falke cayó un una rodilla en el suelo y se sostuvo la herida.
— Estoy desilusionado, primor — le dijo con enojo.
Con su otra mano, Falke lanzó una bola de energía. Sticks hizo a tiempo para cubrirse con su escudo, pero igualmente fue lanzada hacia atrás. Se incorporó, y cuando volvió a mirar, el lobo levantó una ceja al darse cuenta de que los niños ya no estaban ahí.
De pronto, sin saber cómo, Falke sintió un terrible dolor de oídos y de cabeza. Su pelaje se arremolinaba como si estuviese en mitad de un huracán. Tuvo que cerrar los ojos para aguantar el dolor. Cayó con una rodilla en el suelo, mientras se tapaba los oídos.
No pudo ver que eran Ray y Charmy quienes lo atacaban con ondas sónicas, desde direcciones contrarias. Sus ataques se potenciaron, y el resultado era que lograron mantener al lobo a raya durante el tiempo que lanzaban sus disparos sónicos.
Sticks llegó caminando. Tenía una herida en la cabeza, y una línea roja bajaba de ella. Su mirada era seria, como de enfado. Cuando estuvo varios metros frente al lobo azul, este abrió los ojos, casi suplicándole por algo de ayuda. Ella solo resopló con enojo, dio un giro y lanzó su escudo con tremenda fuerza. Golpeó con el canto en la cabeza del lobo, y este cayó, con los ojos cerrados.
Ray y Charmy intercambiaron miradas por un segundo y se abalanzaron hacia su enemigo. Notaron que aún seguía respirando.
— Qué extraño… — dijo Ray — ¿Lo vencimos con un golpe en la cabeza? ¿Así de simple?
— Tal vez las ondas de sonido lo dejaron a punto de desmayarse — dijo Charmy — Además, llevamos un buen rato peleando contra él, y supongo que ya gastó mucha energía.
— Sí, tal vez sea eso. ¿Puedes encerrarlo por si acaso?
— ¡Claro!
Dicho esto, Charmy concentró su poder y creó una esfera de luces hexagonales alrededor de Falke, aprisionándolo.
— Un poder apropiado para un detective — bromeó Ray.
Carrotia continuaba luchando contra Vanilla y Shade. Se estaba quedando sin fuerzas y sin aliados. Había visto a Falke caer ante aquellos tres. Resopló, sabiendo que no tenía muchas opciones.
— ¡Ríndete ahora! — le dijo Shade — ¡Ya no tienes escapatoria!
— ¡Cállate! — exclamó la coneja blanca, lanzando dos hojas de energía púrpura.
Shade dio un giro en el aire para esquivarlas. Vanilla apareció, giró y golpeó a Carrotia con una patada en el estómago. Luego le dio un gancho en la mandíbula. La coneja blanca contraatacó con una doble patada al pecho de Vanilla y la lanzó contra una pared de metal. Carrotia continuó su carrera, disparando esferas de energía de sus palmas.
Shade se lanzó contra la coneja blanca blandiendo su cuchilla láser y logró hacerle un corte en el hombro derecho. Carrotia frunció el ceño, envolvió su puño con energía y le propinó un poderoso puñetazo en el estómago que le lanzó contra un silo de productos químicos. La coneja blanca se abalanzó contra la equidna para darle el golpe final, pero fue interceptada por Vanilla. Ambas rodaron en el suelo polvoriento.
— ¡Inmovilízala! — escuchó gritar a Shade.
Vanilla rodeó el cuello de Carrotia con su brazo, y comenzaron a forcejear. Shade se acercó lo más pronto que pudo y le lanzó un gas a la cara desde su muñeca izquierda. Poco a poco, la coneja blanca fue perdiendo las fuerzas, y de un momento a otro, se quedó dormida. Vanilla la depositó en el suelo.
— Es un somnífero. Despertará en una hora — dijo la equidna.
Gamma y Omega arrastraron a Bearenger de los brazos hasta colocarlo a un lado de Carrotia. Sticks, Ray y Charmy hicieron lo mismo con Falke.
— ¿Tú no estabas muerto? — preguntó Ray a Omega.
— Técnicamente nunca estuve vivo, pero he sido reactivado por los ingenieros de Nocturnia — dijo.
— Y tú… Creí que estabas en Chun-Nan, Gamma — dijo Shade.
— La Battle Bird Armada ha sido destruida por el estallido de una bomba, gracias al accionar de los mercenarios que llaman Hooligans. Nuestras fuerzas lograron salvarse, aunque ellos debieron sacrificarse — contestó Gamma.
— ¿Qué? — exclamaron algunos.
— ¿Nack y sus chicos se sacrificaron para ayudarnos? — dijo Ray — Increíble… Y qué pena por ellos…
— Nos dijeron que este frente estaba en problemas y me enviaron a ayudar — prosiguió Gamma — El resto de nuestros compañeros fueron enviados a la base principal de Eggman para ayudar a Sonic. Dicen que es la batalla más difícil.
— Vaya… Entonces deberíamos apresurarnos para ir también, ¿no creen? — sugirió Charmy.
— Primero tengo que encontrar a Marine. Quién sabe cómo estará — dijo Vanilla — ¿Te encargas de todo?
— Claro. No te preocupes — respondió Shade.
— Y muchas gracias por su ayuda, chicos. Son los mejores.
Vanilla se lanzó corriendo hacia las instalaciones inferiores. Todavía había soldados crepusculares luchando contra algunas máquinas relegadas, pero no les dio importancia. En mitad de los estallidos de las bombas, la coneja color durazno esquivaba explosiones y escombros. Al fin llegó al lugar indicado.
Avanzó dentro y continuó corriendo. Los pasillos estaban desiertos. Las máquinas continuaban trabajando. Ella seguía buscando. Aquel lugar era bastante confuso y laberíntico. Comenzaba a perder la paciencia y los nervios la invadían.
Ingresó a una sala y la vio. Tirada en el suelo, Marine parecía absolutamente cansada. Estaba bañada en sudor. Cuando se acercó, Vanilla vio a la enorme serpiente Lyric, que yacía inconsciente contra una pared destruida. La máquina que formaba parte de sí estaba destrozada, y su casco, roto.
La coneja se acercó a la pequeña mapache y revisó sus signos vitales. Suspiró aliviada al ver que estaba bien.
— Aquí Vanilla — habló a su comunicador — Encontré a Marine en la instalación de bombas. Está desmayada, pero está bien, repito, ella está bien. Lyric está inconsciente, y los Witchcarters, derrotados.
— Enterado, señora — dijo una voz por radio — Aquí Yunque 1-3, las fuerzas robóticas han sido eliminadas. ¡Soldados, la base es nuestra!
Escuchó el estallido de los alaridos de triunfo, y Vanilla sonrió. Se quitó el comunicador de su oreja, levantó a Marine de ahí, la cargó y se dirigió a la salida.
— Debo volver con mi pequeña — dijo con una mirada seria.
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Ending: Rain (del anime Fullmetal Alchemist Brotherhood). ¡Escúchenla subtitulada al español!
Pueden contarme qué les pareció el capítulo. ¿Se lo esperaban o deseaban otra cosa?
Se siente extraño sin sinopsis, así que ahí va:
La batalla se inclina a favor del bien, pero esto todavía no ha terminado. Mientras los doctores tengan un poder ilimitado, nadie estará a salvo. En el capítulo número 25 de Sonic Fallout, Poder absoluto. Pase lo que pase, estaremos unidos en la eternidad.
See you later!
