Recomendación Musical: "On the Cross" - Efisio Cross


El estrés invadía la mayoría de las escuelas a finales de ciclo; era algo "tradicional". Los jóvenes de tercero eran los que mayor problema tenían. Estaban a semanas del día de graduación y pasar a una nueva etapa en su vida. Era por ello por lo que la Preparatoria Tensai decidía realizar un evento para que sus estudiantes estuvieran más relajados y ese año era el turno de la clase 3-A de organizarlo.

Como la Copa de Invierno de baloncesto había llegado a su fin (el cual fue el último evento deportivo), todos estaban libres de alguna otra responsabilidad. El director Mein Iwao les había dado una semana para elegir lo que realizarían y darles el aviso a las demás clases de tercero. La tutora y la jefa de grupo se pusieron de acuerdo para dejarle todo el cargo a la menor, pues la profesora debía salir a Hokkaidō por un asunto personal.

Era el segundo día y nuevas ideas llegaban, lo que hacían que la lista de eventos se alargara aún más. Para no hacer el proceso más tedioso, la jefa de grupo decidió que sería el último día para colocar nuevos eventos y dar paso a la votación. Escribió las cinco opiniones más llamativas en la pizarra e intentó atraer la atención de sus compañeros, quienes platicaban entre ellos, estaban sentados sobre sus pupitres o recargados en los muros.

―¡Escuchen! ―gritó a todo pulmón y logró silenciar el salón― Gracias. Éstas son nuestras cinco ideas: subasta de estudiantes, kermés, baile, evento deportivo y excursión. Tenemos media hora para debatir sus puntos buenos y malos, y decidir lo que se hará.

―¿A qué se refieren con excursión? ―preguntó un varón.

―Sería una salida a zonas turísticas de Japón para terminar con una cena de despedida en la playa de la costa de Chiba.

―¿La escuela podrá aportar el dinero para los pasajes de todos los estudiantes, así como el alimento?

Un silencio incómodo llenó la habitación ante la pregunta de una de las dos jugadoras del equipo de baloncesto femenil, Katomi. La jefa de grupo recordó, entonces, las palabras del director, las cuales le decían que era necesario gastar lo menos posible y, si se podía, recuperar parte de lo invertido. Enviar a los estudiantes por Japón, sería imposible con tales condiciones.

―Muy bien ―la fémina borró la última opción―, nos quedan cuatro opciones. ¿Alguna pregunta sobre otra idea?

―Hai ―otra chica tomó la palabra―. ¿No creen que ya han sido demasiados deportes? Quiero decir, ya terminó la Copa de Invierno de baloncesto, las nacionales de voleibol y la liga de béisbol…, creo que, a excepción de Masae y Katomi, todos queremos descansar de la actividad física.

―¡Eso es discriminante! ―las dos nombradas gritaron en su defensa.

―Vamos, vamos. No se enojen ―exclamó y volvió a borrar la tiza―. ¿Qué opinan de la subasta…?

―¡Imposible! ―Katomi y Yūgana respondieron, otra vez, en unísono.

―A menos que quieras que Hisame-sensei ―habló la rubia―, se convierta en un asesino.

―¿Por qué su entrenador debe ser una bestia sobreprotectora?

―No lo sé, ¿por qué no vas y se lo preguntas?

―¿Qué acabo de decir sobre las peleas? ―intervino la jefa de grupo e hizo que ambos compañeros volvieran su mirada hacia ella― Entonces, entre el baile y la kermés, ¿cuál es mejor idea? ―antes de que alguien pudiese responder, la chica observó una mano levantada hasta el fondo del aula― ¿Hai?

―¿Cabe la posibilidad de juntar ambas propuestas? ―al tener todas las miradas sobre ella, la castaña se ruborizó ligeramente y se levantó de su asiento― Me imagino que necesitaremos muchas cosas para el baile, como luces, equipo de sonido, bebidas y botanas; creo que podríamos recaudar un poco de lo que gastemos vendiendo una que otra cosa en la kermés.

―Me gusta ―exclamó la jefa de grupo en conjunto con sus demás compañeros―. Quien quiera, puede colocar un puesto de… ¿qué se yo? Café, pan, pizza, nieve…, hai. Puede funcionar. Pero ―antes de que alguno pudiera aceptar la idea, las miradas se posaron otra vez en la fémina―, el director quiere que haya algo memorable, algo que vuelva inolvidable esta graduación. ¿Alguien tiene alguna idea?

Las miradas divagaron sobre los cuerpos de todos los estudiantes. Algunos se alzaron de hombros, mientras que otros susurraban una que otra idea que les pudiese cruzar por la cabeza.

―¿Pirotecnia? ―aquellos que se acostaron sobre sus pupitres, alzaron rápidamente sus cabezas en dirección a su compañera. Al notar las expresiones de los demás sobre ella, decidió continuar―: En América, es común que las fiestas se acompañen con luces de bengala, uno que otro cohete y los mundialmente conocidos fuegos artificiales. Si acceden a la idea, yo me podría encargar de conseguirlos.

―Suena interesante, Katomi, pero los riesgos son muy altos. No quiero sonar paranoica, pero, ¿qué tal si ocurre un accidente y se crea un incendio o, peor, una explosión?

―Conozco a dos policías locales ―la peli-naranja replicó enseguida―, podría pedirles autorización a ellos para trabajar con pirotecnia y que se queden cerca para tomar medidas de seguridad.

―Si ese es el caso ―la sonrisa de la jefa contagió a más de uno―, pregúntales y has un oficio, para que yo se lo entregue al director y nos confirme ―antes de que los gritos inundaran el salón, decidió hablar una vez más―: Entonces, queda decidido: para nuestra graduación, habrá un baile.

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―¿Un baile?

La segunda orden de bebidas frías respondió a la pregunta del rubio. Sin despegar la vista de la chica que los citó ahí, todos pasaron a tomar sus respectivas bebidas. Podían sentir las miradas dudosas de los trabajadores, pues ellos (al igual que todas las cafeterías de Tokio), habían sido alertados de cierto grupo de jóvenes multicolores que aterrorizaban los lugares de convivencia familiar. La 'Generación Milagrosa' hizo su mayor esfuerzo por entrar tranquilos y pasar desapercibidos; no obstante, había algo que siempre los delataría: multicolores.

―Cada año ―Katomi sorbió de su frappé y le sonrió al oji-dorado―, Tensai organiza una graduación para los chicos de tercero y le tocó a mi grupo elegir lo que se haría este año. Después de una hora de puros gritos, llegamos a la conclusión de una kermés junto con un baile.

―Y ―el único moreno atrajo la atención de los demás―, ¿podemos asistir aunque estemos en otras escuelas?

―Hai. Podemos invitar al número de personas que queramos, sólo que sí necesito que me confirmen, para asegurarnos de que las bebidas y botanas no falten.

―¡Yo sí voy, Katomi-cchi! ―gritó Kise con la suficiente euforia para alertar un poco a los trabajadores― ¡Nada como dejar todo el estrés sobre la pista!

―¿También irán de primero y segundo? ―Aomine preguntó― Porque si ellas van, también voy.

―¡Dai-chan! ―le reprendió la peli-rosa― Con esa sonrisa de pervertido, harás que nos saquen a todos. También voy, Kat-Kat, alguien debe alejar a este pervertido de tus pobres compañeras.

―Mencionaste algo sobre una kermés, Kati ―la voz del único de anteojos hizo que la apodada se volviera hacia él―, ¿cómo estará eso?

―¡Cierto! ―Katomi le tendió su bebida a Murasakibara (quien, con toda la confianza del mundo, sorbió de ella), y colocó la barbilla sobre sus puños― Para iniciar desde la tarde con todo el evento, colocaremos puestos con muchas cosas que venderemos durante unas cuantas horas. Al caer la noche, los cerraremos para dar apertura a la pista de baile, que, todavía estamos viendo, será en la Pista de Atletismo o el gimnasio de baloncesto.

―Me imagino que deberás construir tu propio puesto…

―Ni me lo recuerdes, Shin-chan ―masculló entre dientes y rodó los ojos―, debo terminarlo antes del día del baile y tengo muchas más cosas de qué ocuparme para la kermés.

―Entonces, no te preocupes. Iré también al baile y, si me permites, te ayudaré a terminar tu puesto para que no estés tan estresada.

―¿Tú venderás comida, Katom-chin? ―interrumpió el oji-morado e hizo que la sonrisa del par disminuyera un poco― ¿Harás comida mexicana?

―No. Tengo planeada una sorpresa.

―Está bien ―le devolvió su bebida y pasó a probar del helado que le acababan de entregar―, creo que sí iré.

―También confirmo mi asistencia, Katomi ―Akashi habló―, sólo que me resultaría un poco difícil regresar a casa en la noche. ¿Conoces algún hotel cerca de la escuela o…?

―¡Por supuesto que no! ―gritó ella y alertó una segunda vez más a los trabajadores― Mi casa está siempre abierta para ustedes, así que puedes hospedarte conmigo, Sei-chan, con toda confianza. Lo mismo va para los demás.

―Yo voy.

―¡Ah! ¡K-Kuroko! ―su luz, al verlo sentado a su costado, balbuceó con un poco de nerviosismo― ¿No estabas en el baño?

―Regresé hace cinco minutos.

―P-por supuesto ―Kagami se volvió hacia su hermana―. Me apunto, Kat.

―Es oficial, entonces ―Katomi sonrió de una manera en que contagió a los demás―, tendremos un baile.

―¿'Baile'? Espero que nosotros también estemos invitados.

Al escuchar esa voz tan familiar, los nueve adolescentes miraron en dirección de donde provino, encontrándose con dos chicos azabaches parados a un metro lejos de su mesa. Después de dibujar una sonrisa, Katomi se levantó de su asiento y abrazó al par con total afecto.

―I-imposible… ―Momoi murmuró.

―¡Muro-chin! ―increíblemente, Murasakibara dejó su postre (a medio comer), sobre la mesa y corrió hacia uno de los dos varones que acababan de llegar. Esperó a que la chica les soltara, antes de envolver al más bajo con sus dos extremidades― ¿Por qué no dijiste que visitarías?

―Era una sor… ¡ugh! A-Atsushi ―Himuro abrió totalmente sus párpados y, mientras su rostro palidecía, su voz se agudizó―, n-no puedo…, respirar.

―Bienvenidos ―el peli-carmín imitó las acciones de su hermana y también se acercó―. Tatsuya ―todavía entre los brazos de Murasakibara y a punto de desmayarse, chocó puños con Kagami―, Nijimura.

―Qué sorpresa volver a verlos ―el excapitán de Rakuzan se levantó de su asiento y, con una mirada, ordenó que hicieran espacio para los recién llegados―. Por favor, acompáñenos. ¿Desean pedir algo de beber?

―No te preocupes, Akashi ―Nijimura se sentó junto a él, al mismo tiempo que Kagami y Katomi volvían a sus asientos (el peli-carmín junto al viejo capitán de Teikō y la fémina junto a su mejor amigo), y que Murasakibara soltaba al pobre Himuro, antes de que el par se sentara al lado de la oji-naranja―, venimos de la casa del padre Tatsuya y él nos invitó unos refrescos. Nos dio permiso de dejar las cosas ahí para no cargar con todo para la cita que cierta personita organizó con una hora de anticipación ―le mandó una mirada sarcástica a la americana, antes de recorrer la zona con su mirada―. Aunque, ¿por qué estamos en la zona más apartada de esta cafetería?

Los nueve adolescentes, cuyos rostros eran reconocidos en todas las cafeterías de Tokio, intercambiaron miradas nerviosas, antes de que éstas cayeran sobre el cuerpo del único oji-rojo. El varón miró de reojo hacia donde los trabajadores los observaban con expresiones penetrantes y se volvió hacia Nijimura.

―N-nos pareció correcto que, para tratar con el tema que dio origen a esta reunión, sería correcto que estuviésemos en una zona donde nadie nos molestaría ni nosotros a ellos ―se sorprendió un poco por lo rápido que encontró una respuesta―. Sin embargo, lo importante no es dónde nos encontramos, sino que ustedes dos están de regreso. ¿Se quedarán junto al señor Himuro durante toda su estancia?

―No ―respondió el antiguo capitán de Yōsen―, sólo le pedimos ayuda para que pasara por nosotros y no tuviéramos que cargar con las maletas. Hace una semana, le mencioné a Taiga que vendríamos y se ofreció a… ¿cómo habías dicho, hermano? ¡Ah, hai! A "darnos asilo" ―su risa, al igual que sus expresiones, contagió a los demás―. Espero que la invitación siga vigente.

―Por supuesto, Tatsuya ―el oji-carmín exclamó―. Si quieren, saliendo de aquí los acompaño por sus cosas y pasamos a mi departamento. Ya está todo arreglado.

―¿Cuánto tiempo se quedarán? ―inquirió Kise.

―Una semana.

―¿Ah? ―Momoi miró desconcertada al par― ¿Tan poco tiempo?

―Hai ―afirmó Nijimura―. Cierto es que, en nuestro programa académico, se nos obliga a realizar un viaje internacional y tuvimos la grandiosa suerte de que hubiera dos espacios para Japón. Nos acompañan dos Senpais que, al igual que Tatsuya, tienen familiares en Tokio. Los "generosos" dejaron que nos estableciéramos hoy para iniciar con el trabajo mañana.

―Quieres decir ―murmuró Katomi lo suficientemente fuerte para atraer todas las miradas―, ¿estarán ocupados toda su estancia en Japón?

―Lo más probable…

―¡No! ―chilló Kise y alertó una tercera vez a los trabajadores, por lo que se acercaron unos metros para detener cualquier desastre que ese grupo originara, pero jamás sucedió― ¡No pueden faltar a la fiesta de Katomi-cchi! ¡Tienen que ser testigos de mis increíbles movimientos natos!

―Entonces ―Nijimura le sonrió de lado a la extranjera―, ¿por eso la reunión en los rincones oscuros de esta cafetería?

―Hai ―respondió Katomi con energía―, quiero invitarlos a un baile-kermés que organizará Tensai este sábado para la graduación de sus estudiantes de tercer año. Sería en las instalaciones de la escuela; habrá puestos de comida, juegos, botanas, bebidas y pista de baile.

―M-me imagino que tu entrenador…, estará ahí, ¿n-no?

―No me digas, Nijimura ―el tono con el que Midorima habló, hizo que el nombrado encarnara una ceja―, ¿le sigues teniendo miedo a Shijima-san?

―¡No tienes derecho a…!

―Creo que ―antes de que el par iniciar con una pelea que hiciese que los sacaran de ahí, Himuro sostuvo al otro azabache del hombro y atrajo la atención de su hermana―, si nos apuramos con nuestro trabajo, tendremos los últimos días para nosotros; así que apúntanos en el baile, hermana.

―¿Estás seguro? ―la chica trató de ignorar las miradas que Nijimura y Midorima se lanzaban― No quiero comprometerlos a nada. Si están muy ocupados, no quiero estresarlos ni hacer que se desconcentren en sus estudios.

―Seguros, Kati ―en el interior, Nijimura rio victorioso por la expresión molesta que dibujó el de anteojos―. Tú confía en nosotros. Sólo trabajaremos unos cuantos días con números y estadísticas, y estaremos listos para ir a un lugar familiar y seguro, donde ningún entrenador podrá estrangular mi pobre cuello con sus enormes manos.

Todos, a excepción del oji-verde, rieron por el comentario del azabache. Himuro compartió una mirada con su hermano; Kagami miró hacia donde el mayor indicaba, por lo que sonrió y asintió. El oji-gris se volvió hacia la peli-naranja. ―Oi, Kat ―le llamó―, ¿podremos ir con pareja?

―¡Claro! ―respondió ella con una sonrisa― Si quieren ir acompañados, son libres de hacerlo.

―Oh ―Kise exclamó en un tono pícaro― O sea que, ¿tengo oportunidad de ir con Katomi-cchi?

―No estés tan seguro, Ki-chan ―intervino Momoi―. Kat-Kat irá conmigo, ¿cierto?

―Qué raro, Satsuki ―Aomine dijo con un tono burlón―, creí que irías con Tetsu.

―Pero si iré con él…

―Lo siento, Momoi-san ―intervino el peli-celeste―, pero veo que ya tienes pareja y no me parece correcto que la engañes.

―¡Tetsu-kun! ¡Fue broma! ¡Por favor, vamos juntos al baile!

Mientras todos reían por las expresiones de la peli-rosa, uno de los dos azabaches centró su mirada en la chica que los citó en ese lugar. Estudió con lentitud su rostro, hasta que una sonrisa apareció en sus labios. Sin embargo, no fue el único a cuya cabeza llegó la misma idea. Midorima sonreía de oreja a oreja por la expresión divertida que tenía su mejor amiga. La pregunta de Kise resonó más de una vez en su mente, cuando levantó la mirada y se encontró con el rostro de su antiguo capitán de secundaria. Ambos varones chocaron miradas y no las despegaron por unos segundos. Fue después de que Katomi volviese a hablar, que se mandaron un último aviso silencioso y pasaron a idear su propio plan.

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Conforme los días pasaron, el estrés se duplicó para los estudiantes de tercero de la Preparatoria Tensai. Mientras construían sus puestos y arreglaban todo para el baile-kermés, se dieron cuenta que, al menos, no eran del grupo que organizaba todo eso. Los estudiantes de la clase 3-A eran una historia totalmente diferente: además de trabajar en sus partes correspondientes para el evento, debían cerciorarse de que todo marchara bien con los demás grupos. Sin embargo, nadie estaba peor que la pobre jefa de aquel grupo, quien ya era usual encontrarla con una expresión estresada y una taza de café en su mano. La chica ya había olvidado lo que era dormir ocho horas diarias, pero estaba segura de que valdría la pena: sería una noche inolvidable.

Estaban a dos días de la tan esperada tarde y estaban un poco atrasados. Ningún puesto estaba terminado y las comisiones aún no tenían todo preparado. Por ello, la suprema organizadora (como se nombró a sí misma), decidió tener una junta con su omnipresente grupo (como lo nombró ella misma), con respecto a todo lo que se necesitase arreglar.

Katomi vio con aburrimiento cómo la chica hablaba con la comisión de botanas y bebidas. Pasó a checar la hora de su celular y se percató que ya había pasado media hora desde que estaban metidos en ese salón, en lugar de terminar sus puestos o ayudar en sus propias comisiones o cerciorarse cómo iban los demás grupos. Lo mismo iba para ella: a diferencia de Yūgana (quien cometió el grave error, a su parecer, de organizar una comisión), tuvo que construir su puesto para ayudarse con la venta de juegos de pirotecnia.

Como las prácticas habían culminado, Midorima le ayudaba con su puesto después de salir de clases. Ambos trabajaban por dos o tres horas, y ese trabajo los llevó a ser uno de los puestos que estaban a punto de ser acabados. El varón ya tuvo que haber llegado, pero Katomi seguía en su aula, esperando a que su jefa acabara con esa junta y pudiera seguir con su puesto.

―Katomi ―la fémina por fin se dirigió hacia la extranjera, quien alzó su mirada con velocidad―, Masae ―también llamó a la rubia―. ¿Shijima-sensei accedió a que utilicemos su gimnasio para la pista de baile?

―Hai. ―dieron una extraña respuesta alargada y en unísono.

―No sé por qué no confío en esa respuesta. ―un chico exclamó.

―Con tal de tener el lugar asegurado, no me importa ―sorbió de su taza de café―. Katomi, el director autorizó el uso de pirotecnia, pero quiere asegurarse que las medidas de seguridad sean tomadas. ¿Ya tienes todo?

―Hai ―guardó el teléfono en uno de sus bolsillos y se levantó de su asiento―. Tengo el cartel de instrucciones a seguir para que no haya accidentes y por si algún accidente ocurre, un extintor nuevo, la presencia de dos oficiales locales y…, llevaré los cohetes y luces el mismo día, para que no haya posibilidades de que ocurra algo mientras no estamos.

―Perfecto ―murmuró la jefa―. Haré saber que todos corran la voz y ordenen que nadie puede traer encendedores, cerillos o cualquier cosa que origine incendios; tú serás la única autorizada de encender la pirotecnia, ¿entendido? ―al recibir una afirmación de parte de la más alta, se volvió hacia los demás. Después de sorber de su taza llena de café, dijo lo que todos esperaban oír―: La junta acabó, pueden volver a sus trabajos.

En un abrir y cerrar de ojos, sólo un par de estudiantes permanecieron dentro del salón. Todos salieron corriendo para seguir con sus puestos o sus comisiones. Katomi permaneció mirando la puerta y se volvió hacia Yūgana, quien, sentada en el marco de la ventana, observaba por ella y reía al ver cómo todos llegaron a sus puestos con increíble velocidad. La oji-naranja se acercó a su amiga y se sentó sobre el pupitre de la silla más cercana.

―¿Cómo vas con tus chicos? ―inquirió la mayor― ¿Ya consiguieron los reflectores? Era con lo que mayor problema tenían, ¿no?

―Ya no son sólo los reflectores ―dijo la rubia con tono molesto―; la iluminación, en general, y el equipo de sonido. ¿Sabes lo que me dijeron esos idiotas? Que lo traerán entre las seis y siete y media. En lo que tardaremos en bajarlo, instalarlo y probarlo… ¡ugh! Rezo porque no se nos haga tarde ―sonrió de lado por las risillas que soltó la más alta―. ¿Cómo vas tú? Escuché que Shintarō-kun y tú acabarán hoy.

―Acabaríamos si se decidiera a aparecer ―mientras la rubia miraba una vez más por la ventana, Katomi checó la hora en su celular―. Tuvo que haber llegado hace quince minutos. No tengo idea dónde se pudo haber…

―Ya llegó…, y mira por qué tardó…

Ante el tono con el que la más baja habló, la oji-naranja frunció el ceño y se acercó a la ventana. Con ayuda de sus anteojos, divagó por el lugar donde yacerían los puestos, incluso observó el suyo, casi terminado, excepto por los toques finales (letreros y color). Detuvo su mirada cerca de la entrada principal. Midorima acababa de llegar. Él observó a todos los estudiantes, antes de buscar algo con un poco de dificultad, pues tenía sus dos manos ocupadas.

―Parece que alguien ―Yūgana habló con un tono de burla―, viene a invitar a cierta anaranjada para que vayan juntos al baile.

―No empieces con tus bromas ―le fulminó la mayor―, puede que venga por alguien más o son regalos de… ―una vibración interrumpió sus malas excusas. Sacó su celular, leyó el mensaje que su mejor amigo le acababa de enviar y salió disparada del salón.

Yūgana alejó su atención de la puerta por donde desapareció Katomi y se volvió hacia el lugar donde el peli-verde esperaba. Endureció su mirada al estar en desacuerdo con lo que estaba por suceder. Ella, al igual que todo el mundo, conocía las verdaderas intenciones del creyente de Oha-Asa. Aún le parecía sorprendente la tenacidad del peli-verde. No importaba qué tanto pasara ni cuántas señales recibiera, ahí continuaba, firme a su esperanza. Sin embargo, lo peor era la chica. La rubia ya había perdido la cuenta de las veces que le dijo a su amiga de que le dejase las cosas en claro, pero Katomi no hacía caso. Tal vez por miedo, vergüenza, ¿qué sabía ella?

Katomi por fin salió del edificio. Atravesó el pasillo de locales con paso veloz. Se detuvo a unos metros enfrente de Midorima. Le sonrió en forma de saludo y el varón se lo devolvió. Antes de que pudiera preguntar, él dio inicio a todo. La chica se encontró enternecida por el nerviosismo con el que hablaba su mejor amigo, pero se convirtió en sorpresa al escuchar su pregunta. Claro que le aceptó aquel ramo de margaritas y el peluche de jirafa, regalos que captaron su atención desde que lo vio dentro de su aula. Cuando él guardó silencio, supo que quería una respuesta, así que se la daría.

Aceptó.

En toda su vida, desde los seis años que conocía a Midorima Shintarō, jamás, había visto cómo su rostro cambiaba de esa forma: empezó con una expresión nerviosa y, lentamente, una enorme felicidad iluminó su cara; sonrió de oreja a oreja, se ruborizó notoriamente y un brillo llenó sus ojos. Sin dejarle anticipar, él la envolvió en sus brazos y formó un rápido pero caluroso abrazo, acto que ella no pudo regresar por los obsequios que cargaba. Ella le recordó, entonces, que debían terminar con el puesto. El peli-verde asintió y se ofreció a ayudarle con el peluche. Se lo tendió y dejo que caminara enfrente de ella. Estaba por seguirle, cuando su celular vibró por segunda vez. Era un mensaje de su hermano menor.

«Yo, Kat. Ya que Tatsuya sí ira a tu baile, estábamos pensando en ir los tres juntos, como aquella vez que te acompañamos a una cena de tu padre…, ya sabes, para revivir los viejos tiempos.»

Del otro lado de la línea, dos hermanos esperaban con ansias la respuesta de su única hermana. Sólo alejaron su mirada de la pantalla del celular del peli-carmín cuando se escuchó cómo abrían la puerta de entrada. Vieron cómo el azabache entraba con gran dificultad, pues cargaba consigo una caja de chocolates, un peluche de foca, y una pequeña cajita era sostenida por sus dientes.

Nijimura soltó un par de insultos en inglés. Colocó el peluche y la caja de chocolates en el suelo, con mucho cuidado, y logró cerrar la puerta sin mayor problema. Soltó un suspiro que casi hace que tirase la pequeña cajita. Se recargó un momento en la puerta, sostuvo la caja entre sus manos, la abrió y una enorme sonrisa iluminó su rostro: dentro de la cajita, había una pulsera de piedras violeta, con las iniciales "K.G" grabadas en el centro. Asintió satisfecho y volvió a cerrar la caja. Sostuvo nuevamente los otros dos presentes, cuando un tono de mensaje atrajo su atención.

Kagami y Himuro leyeron el mensaje. Sus rostros cambiaron por completo. Mientras el otro azabache se acercaba al par, éstos intercambiaron miradas nerviosas. En cuanto Nijimura se detuvo a su costado, los dos lo vieron con expresiones indescriptibles. El mayor de los hermanos asintió, por lo que el oji-carmín le tendió su celular y dejó que leyera el mensaje que acababa de recibir.

«No sabes cuánto me encantaría, Tai-chan, pero Shin-chan me acaba de pedir que fuéramos los dos…, juntos. Le dije que sí.»

Sería mentira decir que el rostro de Nijimura no cambió, por el contrario, su sonrisa se desvaneció y una opacidad inundó su mirada. Le tendió de vuelta el celular y se volvió hacia la entrada. Antes de tomar los regalos para llevarlos a un lugar donde no estorbaran, le envió un mensaje a Katomi para confirmar su asistencia al baile de Tensai (pues lograría terminar su trabajo al día siguiente). Estudió la pulsera una segunda vez, antes de guardarla en uno de sus bolsillos y, junto a los otros obsequios, llevarla a donde dormía.

Puede que su plan no resultara, pero eso no le impediría acompañar a la chica que no había visto por casi un año, a su último evento de preparatoria…, aunque tuviera que verla junto a alguien más.


¿Recuerdan que les dije que, a pesar de dar por terminados los partidos de baloncesto, la historia aún tenía más para dar? Pues…, aquí está el primer drama: ¡el triángulo amoroso ha comenzado! Tuvimos que esperar tres años para que Shin-chan tuviera el valor de invitar a la chica de sus sueños a "salir" y lo consiguió. Wow. ¡Triunfó el mal! Pobre Nijimura, le robaron al ligue. En fin. La regla del más fuerte, ¿no? Jeje. Nos leemos en el siguiente capítulo (sí, volveré a publicar semanalmente, lo prometo). Chao.