Capítulo 25

"La pólvora y el oxígeno"

Podría jurar que esto es un sueño. Sin lugar a dudas, uno de los mejores que he tenido. Es la única excusa que llega a mi cabeza para que Edward se lleve tan bien con mi padre y mi madre aun no clave un cuchillo en su pecho.

—No me gusta.

La desaprobación quedó flotando como una nube gigantesca y apestosa en medio de la cocina. Que nadie jamás diga, que no intento llevar las cosas bien con mi madre. Simplemente, suspiré ante su comentario.

—Pues, la última vez que revise, debe gustarme a mí.

Ella siguió cortando verduras en pequeños trocitos al mismo tiempo que refunfuñaba por la salida de papá y Edward.

—Deberías hacerles algunos sándwich al menos. Sabes cómo es tu papá cuando va a pescar. Y ese novio tuyo, no parece comer poco.

Me moví a su orden antes del segundo. Porque es la cosa más pacífica que ha dicho en las últimas 36 horas y no quiero alterar a la bestia.

No tenía talentos culinarios, eso no es una novedad, pero hacer un par de aperitivos no requiere cualidades extraordinarias. Me moví a través de las encimeras buscando los ingredientes sin perder de vista el trabajo de mamá. Ella aún no tomaba represalias ante Edward y comenzaba a pensar que quizás intentaría envenenarlo.

—¿Tú… realmente estás viviendo con él? —casi cerceno mi dedo medio. Lo que habría sido realmente una lástima, porque gozo ocupándolo.

—Creí que habías sacado tus propias conclusiones —fue apenas un susurro. Como dije antes; no quiero ser quién agite la jaula de la bestia.

Seguí cortando las orillas del pan mientras evaluaba la reacción de mamá. Ella no era de las que preguntaban. Era juez y jurado. Jamás le había importado que diera excusas de mis acciones. Ya sea si las aprobaba como si no estuviera de acuerdo.

.

.

Periféricamente, vi como Edward y papá se alejaban en la camioneta con el equipo de pesca en la pickup. Mis sándwich no cumplieron su propósito… pero mamá tampoco podía clavar una estaca en su pecho, si Edward no estaba presente.

—Supongo no he sacado mis propias conclusiones, si te lo estoy preguntando —mamá dejó de lado la tabla con verduras y dejo el cuchillo sobre la encimera. Lo que era tan positivo como negativo. Ella no tenía un arma con la que amenazarme… la mala, era que el cuchillo también estaba lejos de mi alcance.

—No es como si fuera tu asunto —tomé el sándwich y mordí una esquina. Me aseguré de mirarla y no mostrar debilidad. ¡Toda mi jodida vida había querido decirle algo, sin los filtros previos!

—Pues, la última vez que revise, seguías siendo mi hija —mamá se aseguró de poner el mismo tono sarcástico que había ocupado con ella.

—¿En serio, mamá? ¿Y hace cuantos siglos revisaste esa interesante información? Porque no has actuado como mi madre en los últimos… no sé, ¡20 años!

Salí de la cocina hecha una furia. ¡En serio! Si fuera fisiológicamente posible que saliera humo de las orejas por el enojo, ese habría sido un excelente momento. Escuché cristal rompiéndose cuando cruce la puerta hacia el patio trasero, pero no gire a ver si mamá seguía en una pieza. Ella podía romper toda la maldita cristalería de la casa, pero no iba a volver a su lado.

Di vueltas en el patio esperando… algo. Una solución mágica, seguramente. Vivir en un universo paralelo, donde mi madre fuera tan amable, amorosa y preocupada como mi padre. Donde fuésemos una familia feliz y no la mierda extraña que somos.

Era un león enjaulado antes de un espectáculo. Estaba lista para saltar, pero sabía que no podía. El león, porque posiblemente alguien lo azotaría. Yo… bueno, más o menos por lo mismo. ¡DIOS! Quería tomar mis jodidas cosas, meterlas en una mochila y volver a casa. Donde no le debía explicaciones de cada respiración que tomaba, a nadie.

.

.

La mejor palabra para describir el patio de mis padres, era "grande". Aunque "inmenso" también calzaba.

He pasado un montón de tiempo pensando que si Renee hubiera invertido la mitad de tiempo que invertía en el cuidado de su jardín, en una relación civilizada conmigo, podríamos ser las mejores amigas.

El puto patio gozaba de los mejores rosales, claveles y girasoles que podían crecer en la zona. Era como si la tierra también estuviera de acuerdo en seguir el tirano reinado de mi madre, que hasta los arboles crecían más frondosos, en este lado de la valla.

Caminé hasta la nueva creación de mamá. Su nuevo intento para dar la impresión de familia tradicional perfecta, al resto del mundo. Un columpio hecho con un neumático. Lo empujé un par de veces e imagine al bebé de Rosie siendo mecido por cualquiera de nosotros, con tal de hacerlo reír. Si no estuviera tan furiosa con mi madre, quizás podría entender por qué lo había hecho.

Pero estaba furiosa. Y la única razón que llegaba a mi cabeza, era que mi madre era una maldita hipócrita.

Sinceramente, no estoy segura de cuándo me subí al columpio. Pero antes de que fuera consciente de mis movimientos, mi tarsero estaba sobre el neumático y ocupaba ambos pies para darme vuelo.

Me sentí como una niña pequeña, esperando que alguien me empujara en el improvisado columpio. Me sentí segura, amparada y llena de un enorme sentimiento que no experimentaba en esta casa. Satisfecha.

—¿Qué tan serio es lo suyo?

—En serio, no estoy intentando ser grosera, altanera o comenzar una guerra entre nosotras nuevamente, pero no creo que sea tu asunto, madre. Dime la verdad ¿Realmente te importa? ¿O solo intentas generar un nuevo conflicto entre nosotras?

Renee hizo algo que jamás esperé de ella. Ni siquiera de pequeña.

Puso sus elegantes pantalones color pastel en el césped húmedo. Recogió sus piernas y las rodeo con los brazos mientras ponía su mentón sobre las rodillas. El lienzo de colores pastel que dejaba su delicada ropa sobre el verde césped, parecía la imagen típica de alguno de sus costosos cuadros de pseudopaisajismo.

—Él es…

—¿Él es qué, mamá? —no quiero decir que estaba a la defensiva… pero saqué mi culo del neumático y me paré frente a ella con ambas manos en la cintura. ¡Estoy lista para el ataque! ¡DEJA DE DILATARLO!

—Diferente a lo que esperé para ti

Mi madre alzó su mirada al cielo antes de clavar sus ojos en mí. Vi algo muy similar al amor en sus ojos… pero estoy demasiado acostumbrada a los ataques sorpresa, como para caer en el primer intento.

—¿Qué se supone que esperabas para mí, mamá? Porque, definitivamente no aprobaste a Jacob cuando salía con él. Y jamás aprobaste a Emmett… hasta que él estuvo mágicamente con mi hermana. ¡En ese puto momento, el cabrón de mi mejor amigo, te pareció el mejor partido del mundo! Y Edward ¡Dios! No se necesita ser un genio para ver que lo odias. ¿Qué te ha hecho, mamá? Ni siquiera lo conoces ¡¿Qué te he hecho yo, para que siempre me pongas en segundo plano?!

Juro que pellizqué la parte más sensible de mi brazo cuando vi una lágrima caer de las mejillas de mi madre. ¡SI, DIOS! Ella también tiene emociones. Yo estoy tan sorprendida como ustedes.

—Eres como yo, Bella.

—Claro que no —fue casi un reflejo. Ella lo dijo como si fuera algo tierno y bueno. Yo, bueno, yo simplemente lo recibí como el mayor improperio en la faz del planeta y me defendí antes de darme cuenta.

—En tu defensa, también actuaría de esa manera —sonrió. ¡DIOS, SI! Ella sonrió.

Cruce los brazos en mi pecho. Y me obligué a mantener ambos labios juntos

—¿Sabes que tu padre y yo , no siempre estuvimos juntos?

Fue un maldito balde de agua fría. Y también fue la frase necesaria para que me asomara por sobre la barrera de seguridad ante mi madre.

No porque me extrañara. La única cosa que Renee y Charlie tenían en común, es que ambos respiraban oxígeno y exhalaban dióxido de carbono.

Sin embargo, aunque jamás salga de mi boca en voz alta, ellos son el mejor ejemplo de pareja para eternos enamorados que perdurarían a todo. Incluso a Renee y su constante actitud de mierda.

—¿Qué? ¿Cuándo paso eso?

Mamá y yo estábamos sentadas a un lado del columpio. Pero no era eso lo inaudito de la escena. Sino que por primera vez en… quizás nunca, ella y yo estábamos a la misma altura. No solo físicamente, ella en serio parecía querer revelar algo. A lo que temía mi reacción.

—Creo que jamás he dicho esto en voz alta —sonrió mientras las lágrimas caían otra vez por sus mejillas—. Conocí a tu padre cuando tenía 16 años… él era mayor y me emocionaba simplemente porque alguien como él me mirara. Supiera quien era. Teníamos una especie de romance fugaz en el que ambos estábamos metidos hasta las jodidas narices —ella sonreía esporádicamente y tironeaba el césped bajo nuestras ropas. Sinceramente no podía entender, como mi perfecto padre, tenía algo que ver en la actitud de mierda de mi adorable madre.

—Sinceramente, nunca quise este pueblo. No lo quise para mí, después de que mis padres murieran… y definitivamente, no lo quería para mí después de vivir con mis tíos. Ellos eran ¿cómo decirlo sin ofender? —mamá en serio pareció pensarlo— ¿¡Una versión exagerada de mí!? Yo era idéntica a ti, mi pequeña Bells. Imaginaba cosas casi imposibles, sueños inalcanzables y corría ciegamente por ellos. Me caí tantas veces de mis fantasías, que cada golpe dolía menos que el anterior.

—¿Esa es tu manera de hacer un halago, madre? —sí, joder. Sigo a la defensiva. Pero no pueden culparme. Los humanos somos animales de costumbres.

—Enamorarme de tu padre… tenerte a ti, fue el sueño. No… ¡Fue la aventura más preciosa en mi vida! —mamá sonrió y apretó el abrazo contra sus rodillas—. Tenía 18 cuando supe que estaba embarazada y tu padre al saberlo, no podía estar más feliz. Sin embargo, yo era el fuego. Jamás había estado feliz viviendo aquí. Y sabía que nuestro destino no estaba aquí… supe que serías tan aventurera como yo, la primera vez que me miraste, pequeña.

Puse una mano sobre su hombro casi inconscientemente. Si había una cosa que había estado segura, era que mamá amaba a mi padre por sobre todas las cosas. No me explicaba como él la amaba de vuelta, pero el amor es incompresible.

—Y tu padre… ¡Tu padre era mi pólvora! Él me haría explotar, aunque no estuviera lista para hacerlo…. Jamás estuvo de acuerdo con el tipo de vida que se vivía aquí. Decía que estaríamos predestinados a ser quienes, se supone que debíamos ser. Olvidando quienes queríamos ser. Ninguno quería eso en nuestra familia. Así que tomamos nuestras cosas y salimos de aquí. Tú tenías unos… tres meses, pero sabíamos que era lo correcto. Veía tus ojitos, y se iluminaban con aventuras y fantasías que jamás tendrías si nos quedásemos. Te he amado desde que supe que existías, Isabella. Pero era demasiado joven y demasiado inexperta. Yo… no sabía cómo ser una madre, pero quería aprender. Te convertiste en mi prioridad desde ese segundo, habría hecho cualquier cosa por ti. Y si cada decisión que he tomado desde entonces, hizo que te convirtieras en la maravillosa mujer que eres ahora, no cambiaría nada, si corro el riesgo de perder este maravilloso resultado. Yo te amo, hija. Siempre te he amado. Solo no quiero que termines como yo…

—Mamá, papá y tú tienen una de las relaciones más extrañas que me podría imaginar. Pero son perfectos, a su manera. Es como si funcionaran en universos paralelos, pero funcionaran, al fin y al cabo.

Mamá puso una extraña sonrisa antes de empezar a llorar realmente. Algo jamás antes visto. Créanme, esa mujer, en mis 25 años de vida, no había demostrado un sentimiento diferente al rechazo a cualquiera de mis decisiones.

—Tu padre y yo tuvimos un accidente cuando salimos del pueblo. Él…

—¿Qué, mamá?

—Eric murió ese día —de pronto, la respiración, perdió protagonismo en mi cuerpo—. Yo… estaba en el hospital cuando su madre y su hermano gemelo llegaron. Yo… prácticamente tuve un ataque de pánico cuando vi a Charlie y tú… DIOS tú estirabas tus pequeños bracitos intentando afirmarte de tu tío, el retrato idéntico de tu padre.

—Mamá… ¿estás diciendo que…?

—Charlie y Eric eran tan diferentes. Mientras uno volaba, el otro tenía los pies en la Tierra. Lo que uno de ellos gustaba, el otro lo odiaba. Pero tenían la misma estúpida cara… te mentiría si no digo que la primera vez que lo abracé, fue porque me recordaba a Eric.

—Papá no es mi… papá —mis pulmones rogaban por oxígeno, pero el resto de mi cuerpo había colapsado. Sentía las manos de mi madre apretando mis hombros, escuchaba su voz llamándome, pero todo se sentía tan irreal.

—Charlie es tu padre. No dudes eso ni un solo segundo. Eric era ciertamente mi pólvora. Yo estaba incondicionalmente enamorada de él, pero sabía que podíamos explotar en cualquier momento. Amar, no siempre es suficiente, cariño. Nos amábamos, pero éramos un desastre esperando pasar.

»Después del accidente, comencé a vivir con los Swan. Mis tíos me habían dado la espalda cuando supieron que estaba embarazada y tu abuela Mary, siempre fue la mejor persona que conocí. Ella nos acogió en su casa y Charlie se transformó en mi mejor amigo. En mi confidente. En mi paño de lágrimas. Él era mi inspiración para salir adelante. Ni siquiera fue consciente cuando me enamoré de él. Solo pasó… Con tu padre, con Charlie, es diferente. Él es mi oxígeno, pequeña Bells. Charlie siempre ha tenido la fuerza de extinguirme, si no está a mi lado. Pero eligió dejarme vivir la mejor llama que podía dar, permitiéndome estar a su lado.

»Me quedé aquí, en este pueblo, porque era la correcto para nosotras en ese momento. Porque Charlie te amaba, como ni siquiera Eric alcanzó a hacerlo. Porque tu abuela era feliz si tú eras feliz. Con el tiempo… me convertí en aquello en que debía convertirme. En lo que se esperaba de mí. Pero nunca quise que te convirtieras en nada, que no quisieras ser.

»Si querías volar, te dejaría volar. Y nada impediría que emprendieras tu vuelo. Jacob era bueno, pero sería un obstáculo si querías dejar el pueblo. Emmett… ¡Dios, cariño! Ustedes no estaban destinados. Él ni siquiera podría ser el viento en tus plumas traseras. Jamás los aprobaría, porque ellos no entendían tu potencial. Edward, por el contrario… él me asusta, hija querida. No es lo que esperaba para ti. Quería que tuvieras oxígeno, Isabella. Quería que conocieras un amor, como el que Charlie me presentó a mí.

—¿Y qué se supone que es Edward, mamá? —las lágrimas caían y caían por mi rostro. Porque mi papá no era mi papá. Mi padre había muerto, pero no sentía la pérdida… porque seguía teniendo a mi padre. La confusión era jodida en mi cerebro. Ni siquiera sabía si debía sentir o no el dolor de una pérdida. Pero aun así, seguía defendiendo la versión que mi madre había pintado sobre Edward.

—Él es tu pólvora, cielo. Y no te quiero ver estallar.

Me levanté alejándome de sus brazos. Tampoco giré cuando la escuché llamarme. Yo, simplemente, tome las llaves del auto de Edward y pise el acelerador.

.

.

.