Twilight y sus personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la historia es mía
Temas fuertes (violencia, violaciones, lenguaje, etc), que pueden fomentar pensamientos negativos a audiencias jóvenes. Se aconseja prudencia. Solo para mayores de 18.
—Deberíamos ducharnos.
Edward miró de su hembra a su propia ropa. Sí, necesitaban un baño con urgencia.
—Claro, ama. Esperaré aquí mientras tú te bañas primero. —Bella suspiró antes de negar.
—Quiero que nos bañemos… juntos.
El macho se envaró en su sitio, había pensado que cuando ella saliera, él podría tener la oportunidad de darse un buen baño, restregarse incluso con algo lo suficientemente duro para quitarse todo lo que traía encima, nunca bañarse con ella. Juntos nunca había sido una palabra tan horrible como en ese momento.
—¿Por qué? —preguntó confundido y quizás un poco aterrado.
—Porque… —suspiró—, quiero hacerlo de ese modo, me siento sucia y… —suspiró de nuevo.
—Yo también estoy sucio. —Ella sonrió sin atreverse a mirarlo, tan solo contemplando algún punto en su camisa manchada de sangre.
—No sucia de esa manera, es como… ultrajada, si entro ahí sola, estaré llorando, lo sé porque ahora mismo quiero llorar, creo que tengo una conmoción...
—Te sientes mancillada. —La humana sonrió.
—Oh, Edward. Solo tienes que decir sí o no.
No.
Quería decir un absoluto no, un rotundo no, imposible, nunca. Pero ¿cómo negarle algo a la humana? La imprimación de vampiros no era para tomarse a la ligera, y Edward definitivamente no se tomaba a la ligera las necesidades de su hembra, además su instinto le urgía a complacerla, incluso sobre sus propios miedos. Estar desnudo con ella le parecía algo casi aberrante, sobre todo ahora, sucio de sangre de seres repulsivos, sucio con la carnicería que había dejado atrás, y sin embargo se encontró diciendo que sí.
Ambos entraron al baño, donde Edward mantuvo los ojos siempre al frente, mientras su hembra se quitaba primero la cazadora de ese humano, y luego, tiraba al cesto de basura el resto de lo que había quedado de su vestimenta, él por su parte hizo lo mismo, aquellas prendas que Jasper le había regalado estaban inservibles. Bella entró primero, y abrió el grifo que inmediatamente empezó a dejar caer la lluvia caliente, el aire húmedo y el sonido del agua lo relajaron. El problema fue cuando ella habló de nuevo.
—Entra ahora, Edward. El agua está lista.
Sí, bien. Tan solo tenía que entrar ahí y mojarse. Siempre lo hacía en tiempo récord, ¿por qué no ahora?
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Los minutos se volvieron interminables mientras Bella estaba bajo la ducha. Edward estaba del otro lado de la puerta de vidrio, firme y duro, tieso y lleno de miedo. La idea de pedirle que desistiera picó en sus labios, era tan mala, horrible, una egoísta.
—Edward, no necesitas…
—Aquí estoy, ama. —Bella pensaba decirle que no necesitaba cumplirle todos sus tontos caprichos, pero se quedó sin habla al verlo.
Él estaba desnudo. Pero, a diferencia de la única vez que lo había visto así cuando la piel se adhería a su huesudo cuerpo, esta vez era como ver a otra persona, porque le quedaba claro que Edward estaba tratando de ponerse en forma, comiendo bastante y quizás hasta haciendo ejercicio. Ese esfuerzo se notaba, Bella había visto que los pantalones de Charlie ya no le quedaban, por eso Jazz le había traído ropa nueva, y ahora, estaba deslumbrada al ver incluso músculos en sus brazos. Era evidente que el proceso de cambio en su cuerpo, no había requerido lo que le hubiera costado a un humano.
Y, aunque se podría pensar que después de todo lo que Bella había sufrido tan solo un par de horas atrás, estar en un reducido espacio junto al cuerpo mojado y desnudo de un hombre, tendría a una víctima llorando y tallándose la piel hasta desangrarse, ella por el contrario, se sintió totalmente protegida. Confiaba en él y significaba mucho para ella que cediera incluso a esto. En especial cuando su pecho le rozó la espalda al cerrar la puerta y meterse con ella.
Bella respiró agitadamente tratando de no sentirse justo como se estaba sintiendo, excitada sería la palabra adecuada, y el peor de los errores. Cerró los ojos, tenía que estarse volviendo loca. A pesar de lo incómoda que resultaba la situación en la que ella misma los había metido, el agua caliente le produjo una sensación extraordinaria, incluso, por un instante, el placer de bañarse fue más importante que el cuerpo desnudo de Edward.
—Usaré eso que hace espuma.
—Para enjabonarte, se llama jabón —murmuró Bella con una sonrisa, y los ojos cerrados.
Repentinamente, Edward se inclinó hacia adelante, y sus caderas quedaron sobre las suyas, y aunque al instante se puso rígida, como preparándose sabría Dios para qué, pudo notar que él ni siquiera estaba excitado. La joven abrió los ojos. Pensándolo bien, era mejor así, después de todo por lo que había pasado.
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Al sentir el jabón entre sus manos, Edward decidió que necesitaba controlar sus nervios, ella no era Tanya, no iba a saltarle encima, no tendría que forcejear, no pelearía, ni siquiera estaba encadenado. Suspirando se dedicó a enjabonarse, quitarse la espuma, secarse. Regresar a la cama. Eso era en lo único que debía pensar. Ninguna otra cosa.
Sin embargo, cuando el fuerte y distintivo olor de su hembra llegó hasta su nariz, Edward no tuvo más remedio que parpadear, admirado. Ella también se había imprimado de él, podía detectarlo en el aroma frutal mezclado con el suyo, dando como resultado esa combinación de olores exótica, que de ahora en adelante permanecería sobre los dos. Cualquiera de su especie, sabría que ambos tenían pareja y lo respetarían. Claro, la mayoría de las veces, pero por ahora, lo importante era que ambos se pertenecían. Le resultaba extraordinario, sobre todo tratándose de una simple humana.
Al agarrar un líquido que también hacía espuma pero ahora para el cabello, Bella arqueó la espalda, y sus ondas húmedas rozaron su pecho provocándole un extraño escalofrío, cuando por fin ella terminó, se limpió los ojos antes de mirarlo con una sonrisa.
—Tu turno. —El macho frunció el ceño, y cuando ella lo sujetó de la cintura, no pudo evitar ponerse rígido, sin embargo, la humana le cambió el lugar, poniéndolo sobre el chorro de lluvia caliente.
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—¿Me dejarías enjabonarte el cabello, Edward? —Él la miró sin comprender.
—Ya me he limpiado con agua.
—Lo sé —sonrió—, pero quiero ponerte champú. —De nuevo su mirada confundida la cautivó haciéndola reír—. Inclínate y mantén los ojos cerrados hasta que te diga.
Bella tuvo cuidado de no asustarlo más, puesto que estaba rígido, sin embargo y pese al miedo del vampiro, definitivamente le enjuagó la cabeza. Él había… asesinado a sus atacantes y no quería que quedara en él ningún rastro de esos monstruos, nada, Bella quemaría incluso sus ropas en cuanto pudiera. El miedo de que lo arrestaran y lo juzgaran por sus actos era fuerte, la tenía atemorizada hasta la medula. Así que con cuidado enjabonó todo lo que pudo sin asustarlo más de la cuenta.
—Ya puedes abrirlos —susurró, y cuando él obedeció, se quedó sin aliento ante sus ojos dorados como el mismo oro.
—Eres una mujer de honor, una hembra de valía, y eres mía. —Levantó las manos y le sujetó el rostro.
Sucedió tan rápido que Bella no podía creerlo. Más tarde recrearía esa escena en su mente, alargando el momento, sin embargo todo fue en un segundo. Él inclinó la cabeza y sus labios suaves y delicados se posaron contra su boca en un simple impulso, un casto beso en señal de gratitud.
Aun así, era suficiente para Bella.
Muchas gracias por sus comentarios!
