si tuviera titulo, lo llamaría: "Basch s buena gente" XDDD

simplemente stoy intentando mostrar una faceta mas cercana y tierna d él. A ver k m contais! Besitossss! =)

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CAPÍTULO XXV:

Un grupo de pajarillos piaba sobre ellos, desperdigados entre las rugosas ramas del gigantesco roble bajo el que habían acampado aquella vez. Había una ligera neblina, producto del rocío matinal. Era bastante menos densa de lo que estaban acostumbrados, prueba de que ya casi estaban en la costa de Fon. Seguramente, llegarían aquella misma tarde. Basch contuvo un bostezo y dejó de abrazar el cuerpo durmiente que estaba a su lado para estirarse un poco y salir del saco.

Se puso el chaleco rojo y avivó el fuego. Miró a su compañero, que como siempre se había encogido sobre sí mismo al él marchase. Últimamente se había ido dando cuenta, y era algo que le resultaba acogedor, el pensar que Balthier pudiese echarle en falta.

Su estado había ido agravándose con los días. No habían pasado muchos, pero sus éxodos a la inconsciencia eran más frecuentes y largos, al igual que sus fiebres, hipotermias y delirios. Basch se había impuesto un ritmo cuyo nivel de exigencia a duras penas podía soportar, acabando al anochecer prácticamente exhausto. Era una suerte que el sueño ligero del chocobo, junto a su agudo oído y olfato, le permitiese poder dormir por las noches. Los sensibles sentidos del ave eran vigilancia suficiente. Cuando lo dejaba todo recogido y bien dispuesto, se sentaba al lado del pirata, observando el fuego con calma. La mayoría de veces en que deliraba le llamaba, pedía disculpas o murmuraba medias frases que no llegaba a comprender. Siempre dormía cerca, presto a cualquier necesidad que le surgiese. Lo cierto era que, cuando su presencia le era cercana, Balthier solía descansar con más calma, y él también.

Cuando estaba mal, le abrazaba como si con aquél simple gesto pudiese ahuyentar su dolor. Se había acostumbrado a hacerlo, disfrutando del calor del cuerpo durmiente. No quería ni preguntarse qué sería de él cuando aquello no fuese necesario. De momento, daba gracias por despertar siempre antes que Balthier. Aunque a ambos le sentase bien, no sabía cómo podría tomárselo, cómo explicarle que se refugiaba en él, y que Balthier siempre se acurrucaba en su hombro cuando le sentía a su lado. Se había acostumbrado. Dormía más apaciblemente si le tenía cerca, y era curioso que al pirata pareciese ocurrirle algo similar.

Observó cómo la tenue luz daba color cobrizo a su pelo castaño, de punta pero desordenado. Sólo veía la mitad de su rostro, pero era de expresión serena, plácida. Casi parecía sonreír para sí, encogido en busca de un calor que ya no estaba allí. Esperó hasta que despertase, adormilado. Sonrió cuando unos brillantes ojos miel se entreabrieron en su busca, devolviéndole la sonrisa.

Aquella escena siempre se repetía. El guerrero siempre le esperaba en silencio.

Se sentía como su custodio, y como tal se comportaba, pero era algo mayor lo que se abría paso en su pecho, abrasándole cada vez que le tocaba, cada vez que sus miradas se cruzaban sin quererlo.

No había nada en la actitud del pirata que lo estuviese provocando, más que nada porque apenas estaba consciente cinco o seis horas del día, en las cuales estaba agotado. Su carácter se había suavizado, sin poder pensar con la suficiente claridad para ser todo lo ingenioso que siempre solía. Basch le veía más demacrado, más consumido. Se desvivía en hacerle sentir bien, pero cuando estaba despierto éste se negaba a recibir sus atenciones, ordenándole a él descansar más.

Sus costillas habían ido dejando de suponer un problema, firmemente vendadas por el capitán, que las revisaba a diario al igual que el hombro. Balthier se había negado a explicarle por qué no le había dicho nada, alegando que si le preguntaba, era porque no lo entendería. El hombro también sanaba correctamente, lo único que no iba bien era la descarga mágica que había recibido, y precisamente a ese respecto no podía hacer nada.

Ésa era una de las cosas que más lamentaba. Reanudó el camino después de cargar pesadamente a Balthier sobre el chocobo, yendo a su lado. No habían tenido ningún incidente durante la travesía, aunque sus provisiones se habían reducido progresivamente teniendo en cuenta que no llevaban suficientes para un viaje tan prolongado. Por suerte, el bosque era generoso en bayas, raíces y conejos. Basch no era excesivamente diestro con el arco, mucho menos en poner trampas, pero tuvo la suerte de cazar uno. Le dio bastante lástima el tener que abatir una de aquellas mullidas criaturitas, pero las proteínas que les aportaba la carne no podían ser pasadas por alto. Por otro lado, las raciones de verduras de gysahl también tuvieron que reducirse, era un esfuerzo necesario, pero al chocobo no pareció disgustarle demasiado. Los mimos de los dos hombres, especialmente del capitán, parecían ser suficiente recompensa. La espesura se despejaba lentamente, y rastros lejanos del yodo marino llegaba hasta ellos con un suave viento del este. Cuando comenzó a resultar evidente que pronto llegarían a una zona más abrupta, en la que las montañas descendían hasta el nivel del mar precipitadamente, montó en el ave. Era mejor no correr riesgos en un terreno inestable, a tan escasa distancia de su destino. Continuó el hilo de sus pensamientos mientras espoleaba con ímpetu un ritmo mayor.

Justo aquello en lo que cualquier ayuda sería poca, era en lo que él carecía de conocimiento alguno. Le frustraba enormemente, sin importarle que tampoco Fran o la acólita hubiesen podido hacer nada por él. Se recordaba constantemente que precisamente por eso era por lo que estaba allí, a contra reloj.

Se dio cuenta de que prácticamente volaban sobre el sendero, descendiendo velozmente el desfiladero que conducía a la paradisiaca costa. Hacía un buen rato que atravesaron el paso que no muchas semanas antes habían estado reparando los moguris. Detuvo el chocobo en seco para contemplar desde la atalaya la nueva perspectiva:

Un cielo despejado excepto por alguna nube blanca y esponjosa. Gaviotas sobrevolando el mar y la costa. Un sol cálido, cegador. Arena blanca… Sonrió, satisfecho ante su logro. Deseoso por compartirlo, ladeó a Balthier para comprobar si estaba bien. Tenía los ojos entreabiertos, deslumbrado por la inusitada cantidad de luz. No hizo falta que le dijese nada, parecía entender perfectamente lo que le quería decir.

-Has llegado, capitán… - inspiró profundamente, dejando que la calidez del astro rey llegase a sus huesos -. Mis felicitaciones.

-Aún queda camino – le contestó, declinando su halago.

-Entonces sorpréndeme aún más – murmuró, sin energía.

-¿Te encuentras bien? – preguntó con suavidad. En el tiempo que llevaba herido, se había fijado en que Balthier no soportaba su debilidad. Espoleó al chocobo, que se agitó con fastidio.

-Sí – Basch torció el gesto disimuladamente. Mentira más grande no podía haber.

-Sabes que…

-He dicho que estoy bien. Hazme el favor de creértelo.

"Esta tozudez tuya no nos será nada buena" pensaba mientras enfilaban un camino de chocobos que tenía todo el aspecto de no ser muy transitado. "Los dos sabemos que esa cosa te tiene que estar destrozando por dentro… Hace días que hasta te cuesta respirar y los músculos te fallan". Sólo tenían que verse sus últimas palabras, apenas un hálito, para ilustrar que estaba en lo cierto. Él admiraba su determinación, no debía querer preocuparle más de lo necesario, pero el daño colateral era que Basch no podía saber cuánto era el sufrimiento que estaba soportando en silencio. Por eso aquello se tenía que acabar ya. Mañana mismo, antes del anochecer. Ya no había puentes cortados ni árboles inmensos que les obligasen a dar rodeos innecesarios. Allí sólo había arena y matorral bajo, nada que frenase un último gran esfuerzo.

-Basch… quería preguntarte… ¿Dónde está mi fusil? – el capitán esbozó una sonrisa triste para sí cuando sus ojos se dirigieron inconscientemente al brazo inutilizado.

-Lo recogí por ti. Está en una de las bolsas – respondió con sencillez.

-¿Crees que… puede haberse roto algo? – "¿Qué importancia tiene eso? Es de ti de quien deberías preocuparte".

-A mis ojos está perfectamente, mucho mejor que tú – apuntó, sin contenerse. Oyó una pequeña risa floja.

-Sin duda, tus ojos deben haberme mirado más a mí que al arma, ¿cierto? – Basch observó perplejo que se giraba un poco hacia atrás para observar su expresión. Dibujada en su rostro había una sonrisa única, irresistible, producida por la picardía de sus propias palabras y agrandada seguramente por su cara de perfecto desconcierto. Tragó saliva, notando que sus manos sudaban profusamente en lo que apretaba las riendas. No sabía si era espejismo, pero sus ojos azules le hacían ver en los orbes miel que era aquella una alegría resentida, máscara de una gran tristeza. El breve silencio y la mirada del castaño hacían tangible su cercanía. Nunca se había fijado, pero el movimiento de vaivén hacía que sus cuerpos se acercasen por muy separados que estuvieran, ondulando suavemente, rozándose continuamente. Era entonces cuando entendía por qué la espalda de Balthier siempre estuviese apoyada en él, y por qué su cintura siempre estaba junto a la suya. Quizás algo de color hubiera acudido a su rostro si hubiera seguido aquella línea de pensamientos, pero se recobró rápidamente, aún aturdido.

-Claro que te he estado mirando… - Balthier Puso cara de "ligeramente sorprendido", arqueando una ceja. El momento mágico pasó tras aquellos segundos en que había entrevisto su alma, pero sus ojos estaban de nuevo sellados -. E-es decir, que he estado… Bueno, es normal, porque tú estabas herido y yo… Yo… - le miró, decidiendo ser totalmente franco con él -… He estado muy preocupado. Es decir – continuó al leer en su mirada que no estaba satisfecho con su explicación -, sigo estándolo, pero es… diferente.

-¿Qué es diferente? – la actitud agotada del pirata había ido cediendo a una expectación inesperada a medida que Basch intentaba explicarse. El rubio se quedó súbitamente sin aire. Su mente se nubló y las palabras huyeron de su boca. Al cabo de unos segundos apartó sus ojos azules, turbado.

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El día acabó sin que Balthier escuchase la contestación a aquella pregunta. Mucho después de que cayese dormido a su lado, sin haberle exigido respuesta alguna, Basch guardaba silencio mientras contemplaba la humilde fogata. En lo que la luna había ya recorrido medio cielo, buscó el fusil del castaño para examinarlo, e, incapaz de conciliar el sueño, se recostó en el saco tras guardarlo de nuevo. Lo que fueron llamas se fue lentamente reduciendo a brasas. Cientos de ideas y conjeturas atravesaban su mente, irritado por el caos que contenía, mientras contemplaba las estrellas. Miró al pirata, estremeciéndose imperceptiblemente. Paseó los dedos por su pelo, sintiéndose en calma, completo. Ya estaba seguro, la realidad se le presentaba con una claridad tal que le abrumaba. Si Balthier hubiera estado despierto en ese momento; mirándole, quizás, podría haberle contestado.

No podía negarlo. Se había enamorado.

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SEEEEEE!!! Dios, esk es un trozo d pan! *^^*

K mono s Basch, es k sta pa comérselo XD

Y balthy? Joder, los tengo a punto los dos, m motivo sola XD

Tensión n ascenso, señores! Spero coments!! ^^