Y...¡SORPRESA! ¿Qué esperábais? Si ni yo misma me aguanto de la intriga...ainssssss. Mil gracias por seguir aquí, os echaba muuuuuuuuuucho de menos.

Pues ea, a ver que pasa ahora... ¬¬...


Cap 24. Mi monstruo

POV Bella

Le contó que él no era lo que parecía.

Era un hombre encerrado en el cuerpo de un chico de 17 años, condenado a vivir eternamente en soledad.

No comía, no bebía, no dormía.

Tenía una fuerza y una velocidad sobrehumanas, al igual que el resto de sus sentidos.

Intentaba vivir como humano, pues su forma de subsistir se lo permitía, no como a otros de su especie, para los que los humanos eran…sólo comida. Él había aprendido a alimentarse de animales.

Pero no siempre había sido así. Había matado a personas.

Con el corazón a mil y los ojos casi fuera de las órbitas, las imágenes del fin de semana comenzaron a desfilar ante mí cobrando un sentido que hasta ese momento no había podido darles, comenzaban a encajar. Todo comenzaba a encajar. Lo que había ocurrido el fin de semana, cómo me habían salvado Alice y Rose y cómo él había podido quedarse solo con tres hombres sin temer nada de ellos.

Y no sólo aquella noche. Desde que llegué a Forks había algo que no conseguía completar respecto a los Cullen. Su hermosura extraordinaria, su piel, tan pálida y fría, el por qué de esa animadversión del la gente hacia ellos, su extraña forma de vivir como un clan…

Dios, mis mejores amigos, el hombre por el que había perdido la cabeza. Las personas por las que me había sentido más atraída en toda mi vida. Monstruos…

Algo anda mal contigo, Bella…

Pensé en cuánta información me daba en aquel relato. Un ser inmortal cuyo cuerpo se había congelado a los 17 años.

De entre todas las cosas que podía haber sentido al leer esas palabras, miedo, repulsión, decepción, espanto, desconfianza, incluso incredulidad, fue el alivio el que se erigió en triunfo, dando descanso a la tensión de mi cuerpo, dando paz a mi mente turbada, haciéndome suspirar.

Genial, Bella, suspirando por un ser inhumano que se ha alimentado con personas…eso sí, mayor de edad…

¿Por qué me reía de mí misma? ¿Me estaba volviendo loca? Era posible, dadas las conclusiones a las que estaba llegando por un trabajo de literatura de un chico de 17 años.

Esto es demasiado, voy a colapsar. Toma cada cosa de una vez, ve paso a paso, me dije ¿Por qué me sentía…bien?

Quizá aquella parte oscura en mí no fuera tan oscura, y siempre había sabido que Edward no era un adolescente. Pero el hecho es que eso no me ha impedido seguir anhelándolo de la misma manera y aceptar ese deseo.

Así que, era pronto para deshacerse de mi parte oscura.

¿Cuánto de verdad y cuánto de ficción tenía el relato?

Yo misma había sido testigo de una fuerza y una velocidad sobrehumanas. No comían ni bebían. Sí, podía asegurar ahora, aunque nunca antes le había dado la menor importancia, que era verdad.

Su "especie" se alimentaba de humanos, aunque él no lo hacía (¿sería esa la "dieta especial" de la familia Cullen?), pero sí había matado a personas antes. Y también hace dos días, pensé.

Además de éstos, había otros detalles en su relato que no se me habían pasado por alto. Insinuaba que podía ver o sentir los pensamientos de la gente. ¿Podía leer la mente? Dios, espero que no. Me reí para mí misma. ¿Acaso no acababa de desaparecer la línea que separaba lo posible de lo imposible en mi mundo? Por qué no.

Si eso era así, Edward sabría todo lo que yo había sentido desde que lo conocí. La sorpresa, el miedo, la vergüenza, el desprecio a mí misma. Pero también sabría de la atracción, la necesidad, el deseo, la lucha y la aceptación final de mi parte más impura, mi rendición y mi entrega a él.

No podía decidir aún si eso era bueno o malo. Sería infinitamente más fácil. Todo quedaría en sus manos, todo dependería de él ¿Pero podría yo resistirlo? ¿Estar cerca de una persona que sabe en todo momento cuales son exactamente mis pensamientos, antes incluso de que yo misma pueda ser consciente de ellos? Sinceramente, preferiría que esa parte sí fuera ficción.

Con un suspiro, casi resignado, y sin detenerme mucho a analizar el hecho de estar dando credibilidad a una historia de ficción inventada por un alumno, llegué a la conclusión de que, si esto era así, no había mucho más que yo pudiera decir.

Sin embargo él aún tenía tanto que contar…

¿Y qué ocurriría entonces, cuando supiera toda la verdad? ¿Sería capaz de alejarme de él? ¿Superaría el miedo a todo lo demás? Fuera lo que fuera ese todo lo demás

—No.—me dije a mí misma.—Ya es demasiado tarde.

Ya no importaba lo que él fuera, si era un asesino o un monstruo. Ya no importaba si había matado por necesidad, por placer o por venganza. Ya no importaba nada.

Sólo importaba que fuera mío, mío sobre todas las cosas. Mi monstruo, mi asesino…fuera lo que fuera, mío. Ahora él era necesario. Aún no sabía por qué, pero estaba plenamente segura de que lo era.

Y aunque mi convicción era irrevocable, necesitaba escucharlo de sus labios. Tenía que saberlo todo. Por qué me odiaba. Por qué sufría. Qué era lo que él quería de mí. Por qué de mí.

—Bien, Bella.—dije como si pretendiera darme ánimos a mí misma.—Ha llegado el momento…

Y le puse mi anotación en su trabajo.

Necesitaba hablar con él ya, y la tarde siguiente era perfecta, ya que era víspera de festivo y los alumnos solían hacer planes, con lo que no contaba con ellos para ese día. Incluso yo había hecho planes con Jacob por la noche.

Pero antes debía hablar con Edward.

Esa mañana se notaba en los ánimos la energía propia de la víspera de un festivo. Los alumnos estaban más inquietos de lo habitual, y entre los profesores nadie hablaba de trabajo.

—Que hay Bella.—me saludó Jacob con un guiño.— Oye, para esta noche…he pensado que te podías pasar por mi casa con el gorrito ese tan mono del otro día…—me sonreía mordiéndose el labio, exagerando descaradamente una mirada con la que pretendía comerme con los ojos.

—Ja, que más quisieras.— le dije sonriendo.—Eres un pervertido, Jacob Black.—susurré entre risas mientras me daba la vuelta.

—Vaaale….—dijo fingiendo resignación.—nos vemos entonces en Sam…

—A las diez.—le respondí despareciendo por la puerta y despidiéndome con la mano.

A medida que me acercaba a la clase de Edward sentía los nervios comenzar a convertirse una espiral que, desde mi estómago, iba abarcando en cada vuelta un centímetro más de mi cuerpo, hasta sentir retumbar mi corazón en mis oídos y mi sangre abrasar mi piel. Imposible disimular esto.

Desde que había salido de la sala de profesores había intentado centrar mis pensamientos en los trabajos que iba a devolver. Sólo pensar que él podía estar leyendo mi mente…

Aggg…estos nervios me van a matar…No dejes de hablar, no lo mires, no dejes de hablar…me repetía como un mantra.

—Buenos días a todos.—saludé entrando en clase.— Antes de nada, os devuelvo los trabajos.—no sabía si podría seguir con mi mente ocupada si me paraba ahora a rellenar el parte o a pasar lista.—Y debo decir que me estoy divirtiendo mucho leyéndolos.

Empecé a repartir los trabajos, pensando exclusivamente en cada uno de ellos mientras los devolvía, charlando con cada uno sobre algún aspecto particular, o sobre la historia en general. Cualquier cosa que me permitiera no pensar demasiado que Edward podía estar dentro de mi cabeza.

El trabajo de Edward era el último.

Estaba desesperada por comprobar si mis conclusiones del día anterior eran ciertas. Así que, justo cuando llegaba a su lado, intenté dejar mi mente en blanco, para inmediatamente gritar mentalmente sólo una palabra.

Vampiro.

No pasó nada. Edward seguía con la cabeza agachada, mirando su pupitre, como si no hubiera escuchado nada. No ha escuchado nada

Parecía entonces que una de mis teorías, al menos, no era cierta. ¿En cuántas cosas más me habría equivocado? Dios, pero en qué estaba pensando.

De repente todo me parecía una locura, ¿de dónde había sacado esas tonterías? ¿de verdad estaba perdiendo el juicio?

Ahí parada, delante de su mesa, asaltada por la incertidumbre y asustada por lo disparatado de mis propias conclusiones, dudé hasta el último momento.

Pero ahora mismo no tenía nada que perder, y necesitaba mis respuestas, aunque no fueran las que yo había imaginado.

Dejé entonces su trabajo en la mesa, con mi anotación en rojo en la parte superior:

"Vampiro, ven a verme esta tarde"

Inmediatamente levantó la vista y me miró, al principio sorprendido, quizá asustado. Le sonreí ligeramente, intentando tranquilizarle y tranquilizarme, de alguna manera. No sé si lo conseguí. Él sólo cerró los ojos, suspiró y volvió a bajar la mirada.

Su reacción me había desconcertado ¿Qué esperabas, que te enseñara los colmillos? Cada minuto que pasaba, más convencida estaba de que había malinterpretado todo, de que me había construido una historia sobre nada, sobre aire, sobre delirios. Todo por justificar mi atracción por un menor.

Dios Bella, qué es esto.

Sin embargo, recordaba las reacciones de mi cuerpo, del suyo, cada vez que nos habíamos encontrado, que habíamos conectado. Eso no lo había imaginado, eso era real.

Agarrándome a este hecho, al recuerdo del sábado, a la urgencia por resolver las dudas entorno a mi vida, a mis amigos, esperé impaciente a que llegara la tarde.


Dios...si parece que no llega nunca el momento...Esto se está haciendo esperar más que el primer beso Robsten...;)

Actu lo ante posible, lo prometo.

Beso,

P.