N/A: Luego de la larga espera me hago presente aquí ;; realmente mil perdones por toda la tardanza. El 2017 fue un año realmente bloqueado para mí, una situación continua de escribir, frustrarme y borrar; pero finalmente he vuelto y con este modesto pero costoso final (síiii, ya el final aaaaaaaA). Espero que les sea de su agrado _(:'3JL)_
Tengo pensado hacer un extra y un final alternativo, así que estén atentos que próximamente podrían haber novedades. 3
Hice un oneshot Billdip que está disponible en mis historias, se titula "Cartas".
Ya tengo pensado hacer nuevos proyectos, quizá no todos pertenecientes al fandom de South Park, pero de seguro haré algo más respecto a Gravity Falls, Steven Universe entre otros uvu

Espero que hayan tenido un muy buen año pasado y un genial principio del 2018. Muchas gracias por apoyar la historia y por ayudarme a crecer con esto. Creo que para ser el primero no salió taaaaaaaaaan mal. aaAAAAAA.


Capítulo veinticinco. Un Miaustástico y Purrfecto Día.

Estaban separados a escasos centímetros uno de otro, manteniendo sus mejillas bañadas en aquel color carmín símil a rosas, sus labios palpitantes y sus ojos un poco llorosos. Un silencio había tomado al lugar de una forma curiosa, tan así era que únicamente dio espacio a miradas que eran un misterio en su significado.

Es que Cartman sabía cuando Kyle actuaba con la verdad; años a su lado lo habían llevado a conocerlo más de la cuenta hasta el poder reconocer como reaccionaba con cada emoción. Cuando mentía, su nariz y sus pómulos temblaban ligeramente; cuando estaba feliz no podía evitar sonreír casi mostrando sus muelas y levantar sus cejas; cuando decía la verdad, sus ojos se abrían más de lo necesario; y cuando estaba enamorado... no sabía.

Nunca había visto la expresión que Kyle llevaba en ese momento.

Conocía a la perfección como era su desagrado, como era su cansancio y como era su sufrimiento. Lo conocía. Conocía hasta cómo eran sus pensamientos en cada momento, pero... pero en ese instante no lo sabía.

Un mar de confusión inundó la cabeza de Cartman, y su vientre se llenó de una sensación extraña, como nervios y una rara alegría al mismo tiempo. Una sensación cálida que, no obstante, también le hacía temer de lo que podría ocurrir y de lo que podría significar.

Y entonces... el judío simplemente lo tomó de la nuca nuevamente, abrazándolo con delicadeza como si de una fina flor se tratara. El castaño miró hacia arriba para encontrarse con su mirada y de un momento a otro, los suaves y calientes labios del mayor se unían con los suyos. Luego de tanto pensar, la sensación de su barriga explotó en un calor impresionante, envolvente... satisfactorio. Un remolino de emoción se apoderó de su interior, como si hubiera esperado ese momento desde siempre. Lo abrazó y apretó los omóplatos del pelirrojo. A él no le importó.

Era demasiado. Demasiado hermoso. Demasiado puro para ambos. Eran dos personas que se habían odiado toda su vida que se besaban con toda la pasión y frenesí que podían; sin embargo, lo que tanto mostraban antes, ¿realmente era odio? ¿las llamadas de ayuda en la madrugada era por odio? ¿buscar el perdón del otro y reconocer algunos errores era... odio?

. ● ● .

Despertó. La resolana de la mañana reposaba contra sus ojos, lo que hizo que frunciera ligeramente su rostro. Bostezó a la vez en la que se incorporaba sobre su cama. Fregó sus párpados, vio su celular y entonces supo que sería un buen día.

Se cambió para ir a la escuela, tarareando una canción bastante olvidada de Terrance y Phillip que había entrado en su mente.

Sí, era un buen día. Sus exámenes, esos últimos y tortuosos que faltaban para egresarse por fin habían acabado y por fortuna no tuvo que ir a ningún examen de recuperación. ¿Él? Estaba feliz, alegre como nunca podría haberlo estado. ¡Ni siquiera matemáticas tuvo que recuperar!

Sí, sin duda alguna, era un maravilloso día, aquel en el que entregaban sus calificaciones y en el que podría ver a Kyle. Claro, que según él, lo que más le importaba era ese primer factor, aunque todos realmente sabemos de antemano esas segundas intenciones de por medio.

Fue en el bus mucho más temprano de lo habitual, por lo que no pudo estar acompañado por ninguno de sus amigos. Eso al castaño no pareció importarle demasiado, parecía más bien estar con sus pensamientos en las nubes y sus emociones en altavoz. Su rostro se mostraba mucho más bobo de lo normal. El bus finalmente llegó y así dio comienzo a ese recorrido hasta llegar a la escuela. Se sentó a la par de Butters, ¡fue muy raro encontrarlo! podía jurar que hace siglos que no lo veía. La relación que tenía con él cuando eran niños se había enfriado muchísimo, si bien no por un motivo en particular, sino que nunca se habían llevado totalmente bien de forma recíproca. Cartman se dio cuenta que más que una amistad parecía tenerlo como una mascota, sólo para que lo complazca. Se dieron cuenta de eso con el tiempo y aunque nunca dejaron de hablarse, hicieron otras amistades o afianzaron con otras personas. Butters se juntaba mucho más con Kevin, Tweek, Pip, Damien entre muchos otros; mientras que Cartman conservaba a su pequeño crew y formaba lazos amistosos con el grupo de Craig.

— ¡Hey, Eric! —Saludó el rubio con una amplia sonrisa que adornaba su níveo rostro. —Es raro verte aquí, siempre vienes en el bus de más tarde.

—Lo mismo digo, ¿por qué estás aquí?

—Finalmente creo que estoy siendo más independiente de mis padres, ¡hoy les dije que saldría y volvería a la hora que quiera y que se mantendría así para siempre!

Cartman esbozó una sonrisa, se alegraba por aquél rubio, ya era hora de que eso ocurriese, según recordaba, los padres del pequeño Butters no eran los mejores en su tarea como... bueno, padres. Siempre fueron muy exigentes con él, llegando a algún que otro grado de abuso. —Viejo, eso es realmente genial.

— ¡Ah! ¡Sí, lo sé! Estoy impaciente por ver cuan lejos más puedo llegar con mi independencia. Espero lograr que me dejen en paz. —Concluyó. Cartman podía jurar que la sonrisa del rubio era cada vez más radiante, mas optó por dedicarle una amigable sonrisa y continuaron hablando sobre cualquier cosa, desde esos últimos días de clase hasta escandalosos rumores sobre Kevin, Clyde, Craig, entre muchos otros.

— ¿Sabes algo más, Cartman? ¡Cuando estabas de viaje Kyle tuvo un gato! —Dijo el rubio, emocionado. Él no pudo compartir mucho tiempo con el animal, pero sí se había enterado de su existencia mediante las bocas ruidosas de Kenny y Stan, aunque nunca había logrado verlo rondar por la escuela como lo lograron Craig y Tweek.

—Oh, ¿de verdad? —Preguntó el castaño fingiendo sin bastante credibilidad su asombro. — ¡Quién lo diría! ¡La rata con un gato! —Comentó divertido Eric. Aún así, en su mirada había un destello de idiotez y un gesto sutilmente adorable, sí, definitivamente había adorado estar con ese judío durante todo ese tiempo a pesar de lo sucedido. Butters rió ligeramente por su comentario y Cartman sintió que de la boca del rubio brotaban pequeñas notas musicales yendo hacia los tonos agudos. La risa de Butters siempre había sido especial, como un rayo de sol en la mañana, llena de brillo y fresca, probablemente esa era la última vez en la que lo escucharía reír dado al último día de clases y a la distancia que había entre ambos. Una distancia que no se habían preocupado en acortar en su debido momento.

Quedó absorto en sus pensamientos. Butters seguía hablando, esta vez contaba cómo había logrado escapar una vez por la ventana de sus padres, pero Eric ya no lo escuchaba y de esta forma continuó hasta que llegaron a su destino. Ambos bajaron del bus y cada uno fue al lugar al que quería (o necesitaba) ir. El rubio se encaminó hacia el baño cantando una alegre y pegajosa canción de comercial -uno que mencionaba unas arvejas, bastante gracioso a decir verdad-, mientras que el castaño fue sin titubear hacia el salón de clases, entró con normalidad y dejó sus pertenencias en su pupitre. Miró a su alrededor.

La escuela estaba desierta.

Sacó de su bolsillo su celular y rápidamente se metió al tan querido Juansapp para buscar aquella conversación con el pelirrojo. Había visto su mensaje, o mejor dicho, había escuchado su audio según aquellas tildes turquesas. Estaba nervioso, claro que sí.

¿Qué decía el audio? Bueno, nada muy interesante, sólo un "buen día judío, te veo hoy en la escuela" y una pequeña exclamación de asombro en los últimos segundos del audio porque, al parecer, su gata le había tomado bastante cariño a pesar de no haber hecho nada en especial que lo causara.

El mensaje era simple, entonces ¿por qué se ponía tan nervioso? ¿por las tildes? ¿por el tono de su voz? «Sueno como un tonto...» pensó Cartman, mas su inconsciente sabía muy bien porque estaba tan alterado. No era su tono de voz ni el servicio que brindaba Juansapp, mas bien era la persona a la que le había enviado el mensaje.

Eric se sentó a la vez en la que cavilaba en el porqué de sus nervios. Fingía no entenderlo, no quería darse cuenta, no quería que sea eso. Si bien, el que le gustara el judío no era algo que lo avergonzara (demasiado), además, creía que era bastante obvio ese aspecto de él; más bien, lo que lo avergonzaba era el hecho de estar como un completo tonto enamorado, sentir lo que sentía en su interior. Ese hormigueo en su estómago no provocado por comida y el intenso rubor en sus mejillas que aparecía en situaciones cruciales le parecían totalmente extraños.

Aún no creía que él podía ser capaz de sentir todo eso.

De repente, se abrió la puerta. Cartman dio un respingo.

De esa puerta entró Butters, siendo acompañado por Tweek y Craig quienes le dirigieron una mirada y un sutil asentimiento en forma de saludo, Eric respondió intentando gesticular una mueca agradable. El pequeño trío se sentó en sus respectivos asientos y a poco menos de un minuto empezó a entrar el resto de sus compañeros al salón. El robusto estaba atento y ansioso, demasiado ansioso por ver un mechón pelirrojo asomarse por la puerta...

La campana que anunciaba el inicio de clases sonó.

Sonó y el pelirrojo no estaba dentro a pesar de que el profesor sí lo estaba, al igual que sus amigos. Estaban todos menos uno.

Kyle.

Cuando pasaron lista de asistencia fue extraño. Sintió un vacío en un lugar de su cuerpo que extrañamente no era su estómago. No podía reconocer el motivo del mismo porque él sabía que lo tenía todo, siempre conseguía todo lo que quería, esa ocasión no sería la excepción. No quería que lo sea.

Suspiró. Aquél día por el que había estado tan emocionado se estaba convirtiendo en uno más de la colección, sólo que mucho más monótono. Kenny lo miró y formó una mueca que denotaba pena por su amigo. En un intento de alegrarlo tocó suavemente la punta de la nariz del menor con su dedo índice. —Boop.

Shhhh, Kenny. Quieto. —Musitó Cartman con la cabeza sumergida entre sus brazos.

— ¿Qué sucede, Cartman? —Irrumpió la preocupada voz de Marsh, quien ahora lo observaba con aquellos claros ojos celestes. Cartman tomó una bocanada de aire para disponerse hablar, mas antes de siquiera pronunciar un monosílabo la puerta se abrió de par en par. Cartman giró su cabeza para ver, esperanzado.

Estaba con su cabello totalmente despeinado, unos ojos verdes con pequeñas lagañas y un semblante casi completamente dormido. Incluso sus prendas marcaban ese aspecto de zombie durmiente.

—Perdón por llegar tarde... —Dijo el pelirrojo mientras sus pómulos se tornaban en un rosado muy sutil, disimulado.

El rostro de Cartman se iluminó completamente y cualquier deje de tristeza o melancolía había quedado atrás sin dejar rastro, como si nunca hubiese ocurrido o como si fuera una ligera mancha en sus emociones. Kenny notó aquél cambio y sabía de antemano que Stan también debía haberlo notado.

—Está bien, Kyle. Puedes pasar. —Indicó el profesor. Kyle asintió agradecido y pasó cabizbajo a su lugar, dejó sus cosas en el mismo y se sentó para dedicarse a fregar sus ojos con rapidez, tratando de conseguir que sus signos de haberse quedado dormido lo delataran, por más que todos se habían dado cuenta.

—No dormiste bien, ¿eh, Ky? —Comentó Stan a su mejor amigo.

Cartman dio un nuevo suspiro, esta vez diferente. Estaba aliviado y sin darse cuenta sonrió un poquito. Dirigió su cabeza hacia el frente para prestarle lo máximo que podía de atención a la clase que se les era impartida. Claro que era difícil cuando aquél torbellino de emociones y pensamientos otra vez se hacía otra vez presente en su cabeza. Un remolino intenso lo atormentaba, sentía como si sus pensamientos y emociones fueran mariposas y todas revolotearan en círculos desordenadamente.

Iba a volverse loco.

Kyle lo observaba desde su asiento, preguntándose si ese ser bajo y gordinflón experimentaba lo mismo que él. Sus propios pensamientos le causaron pudor, mas aún así quedó sumergido en ellos.

Definitivamente, lo que menos pudieron hacer ambos era prestarle atención a la clase; estaban sumidos totalmente a la inconsciencia hasta que el sonido del timbre los despertó de su soñar con los ojos abiertos. Ambos parpadearon repentinamente.

— ¿Por qué te dormiste hoy, Kyle? ¿Es que alguien te mantuvo hasta tarde? —breve pausa, dando paso a un tono un poco más burlón— ¿Esperaste a la madrugada por un mensaje que nunca llegó?—Terminó de hablar Kenny cuando todo el grupo estuvo en el patio, sentados en el suelo y mirando al cielo tan profundo que parecía estar allí sólo para ellos. El rubio tenía a la cabeza de Stan apoyada delicadamente sobre su hombro. Esta pareja estaba justo en medio del judío y gordinflón, separándolos. Cartman maldecía eso, maldecía la intromisión de ellos porque lo separaban de la persona a la que había estado esperando con ansias, pero, por otro lado, les agradecía ya que si estaba a menos de unos treinta centímetros del judío sentía que iba a explotar o desmayarse, lo que suceda primero.

—Puede decirse que alguien —su mirada se dirigió al castaño— me mandó un mensaje a las tres de la mañana. —Respondió el pelirrojo, haciendo un notorio énfasis en "alguien".

Eric se sintió tocado, no se había percatado de eso, es más, en el momento de mandar el audio no tenía ni la mínima pizca de noción del tiempo.

Oh no.

Formuló una mueca inocente al reconocer su error y apartó la mirada del mayor con rapidez. Broflovski se percató de aquello y sonrió complacido porque su indirecta había dado resultados.

—¡Ooooh! —Dijo Stan, alargando aquella vocal eternamente mientras observaba a Kenny — ¡creo que aquí hay gato encerrado! ¿No es así, Kenny? —y el mencionado asintió mostrando su indudable afirmación.

—Kyle, cuéntanos más. —Pidió el rubio mientras imitaba ser un psicólogo profesional que estaba a punto de analizar por completo la mente del judío, quien sólo se limitó a reír y negar suavemente con su cabeza.

—Perdón por interrumpir tus sueños con la estrella de David, judío. —Soltó Cartman. Kyle abrió sus ojos como platos, despejando cualquier rastro de pereza de su rostro. En ningún momento se le había pasado por la cabeza que Cartman confesaría sus pecados.

Uuuuy. —Expresó el rubio, bastante divertido por la situación, cosa que se notaba por su sonrisa con dejes burlones que se extendía de oreja a oreja. Tocó el hombro de Stan, haciéndole un ademán para que se levantara —Marshmallow, sobramos aquí. Vamos a introducir nuestras lenguas en nuestras cavidades orales, ¿no es esa una mejor opción? —Le guiñó un ojo al mencionado, el cual sólo atinó a cubrir su boca por las repentinas náuseas que sufrió. Tocó el timbre de regreso a clases, salvando la situación. —O podemos ir a retirar nuestras notas, lo que decidas. —Agregó McCormick. Stan asintió frenéticamente y obediente se levantó y junto a Kenny se fueron, dejando atrás al par de sus amigos.

—No sé lo que está pasando, pero esto me agrada. —Farfulló Marsh antes de irse. Kyle blanqueó sus ojos y Eric miró al cielo esperando a que un ente sobrenatural descendiera y lo llevara de una puta vez.

Eric había olvidado por completo a sus calificaciones una vez que Kyle llegó. Kyle no había pensado en sus calificaciones ni por un segundo de ese día. Suspiraron al unísono. Ni siquiera le habían prestado atención a aquél sonido que les marcaba que debían regresar.

—Has estado muy callado hoy, Eric —dijo Kyle con una esencia muy marcada de preocupación —¿estás bien?

—Muy bien, excelentemente bien— Se apresuró a contestar el gordinflón, mientras se rascaba la nuca para ocultar su vergüenza tal como lo había visto en una serie medio china. ¿Era china o japonesa? Bah, bueno, le era indiferente, a la larga para él todo era lo mismo.

Kyle se acercó al ajeno con lentitud e intentando no ser brusco en ello. Cartman no se percató hasta que sintió la respiración del contrario cercana a él.

En el patio, oportunamente, no quedaba nadie más que ellos dos. Las mejillas del más bajo se sonrosaron suavemente.

—Los dos sabemos que eso no es cierto, Cartman.

— ¿Cómo que no? ¡Claro que lo es! —Farfulló, sintiéndose intimidad. Esto le hizo dudar, ¡¿por qué carajo se sentía intimidado?! ¿desde cuándo el judío al que tanto había odiado le intimidaba? Frunció su ceño ante esas dudas e inconscientemente infló sus mejillas. Kyle hundió su dedo índice en una de ellas, llamando por completo la atención del menor y logrando que sus pensamientos se disipen. Un furioso rubor se adueñó de su semblante. Kyle sonrió, acercándose más y abrazando los hombros de su opuesto.

Ambos se quedaron en silencio. A Cartman le latía rápidamente su corazón, sentía que explotaría. No se había sentido de esa forma ni al comer tres baldes de pollo frito de KFC ¡y eso que casi muere para esa ocasión! A Kyle, por su lado, le sudaban sus manos como si él tuviese el poder de crear un océano con sus propias palmas, por lo que secaba las mismas cada cinco segundos en sus propios muslos, sobre la tela de su pantalón.

—Sabes... que en algún momento hay que hablar de eso, ¿no? —Dijo Kyle.

— ¿Hablar de eso? ¿Cómo? ¿Quieres que te diga "cielo", "amor mío" mientras te preparo una tacita de café aunque los dos sabemos que no tomarías de la puta taza? —Dijo Cartman, intentando sonar lo más sarcástico y burlón que podía, mas no pudo lograrlo. Su voz salía de su garganta ahogada. Se notaba que estaba totalmente nervioso por la presencia ajena, a pesar de que él se negaba a aceptarlo.

—No estaría nada mal. —Respondió con simpleza. — ¿Sabes? Me he quedado pensando...

— ¡QUÉ NOVEDOSO! ¡PIENSAS! —Exclamó Cartman, sonriente. Esta vez sí le había resultado ser burlón.

Kyle rodó sus ojos y siguió hablando —Me quedé pensando en cómo volviste a la normalidad, ¿sabes? Es extraño.

El más bajo se encogió de hombros —Eso creo —musitó.

—Y llegué a una conclusión. Una de las amigas de mamá tiene un gato, cuando era más pequeño me quedé en su casa porque no tenía a nadie más que me cuide. Recuerdo perfectamente los desastres que hacía ese gato, parecía importarle un carajo su dueña y el daño que podría causarle —miró al ajeno para asegurarse de que le estuviera prestando atención, luego de comprobarlo, retomó su relato —tenía una gran indiferencia y si en algún lugar del animal había amor, casi no lo demostraba, sólo muy pocas veces cuando ronroneaba pero después iba directo a morder el brazo que lo mimaba.

— ¿Y eso que tiene que ver conmigo? —Interrogó el castaño.

—Bueno, eras igual a eso, podría decirse. Hacías muchas idioteces como lo habitual y parecía que te daba igual causarme problemas. —Cartman se cruzó de brazos.

—Hasta que llegó un día. —El mayor hizo una pausa para mirar al contrario a sus ojos y sonreír. —O mejor dicho, un momento. ¿Lo recuerdas, Cartman? —interrogó— ¿Lo recuerdas? —repitió como si no hubiera sido claro la primera vez.

Eric hizo memoria mientras que en todo su cuerpo tenía la sensación de estar en una montaña rusa, sólo que difícil de predecir, una montaña rusa de emoción donde él era el único pasajero. Su corazón, que a duras penas se había calmado anteriormente, comenzó a subir su ritmo por una nueva vez.

—Así es, Eric. Cuando me lamiste. —Reveló el pelirrojo, sonriendo de la forma más alegre y preciosa que Cartman alguna vez podría presenciar. —Cuando demostraste un sentimiento humano, uno puro. Uno al que yo también correspondí. —A esa última frase sólo la pronunció en un tono bajo, sólo audible para la persona que tenía a su lado.

Cartman se mantuvo en silencio. En situaciones normales habría sabido perfectamente qué decir, qué broma hacer y cómo hacer enojar al contrario, mas... esa no era una situación normal. Él no quería burlarse, no quería hacerlo enojar ni reírse de él. Era raro, incluso no podía discernir si algo como aquello había sucedido en el pasado.

Kyle se apegó a él, haciendo que Cartman apoyara su cabeza sobre los hombros del mayor. Suspiraron una vez más.

—Kyle, ¿sabes algo? —Dijo Cartman en voz baja.

— ¿Qué?

—Ese sentimiento puro ese no era odio. —Enfatizó. —Yo no te odio, Kyle.

El mencionado sonrió, comprensivo, con sus ojos repletos de una calidez abrazadora.

Tampoco te odio, Eric.

Algo en ese diálogo había calmado los corazones de ambos. Observaron sus ojos y creyeron poder ver más allá de estos. Ambos unieron sus almas, o bueno, así lo sintieron. La distancia entre ambos cada vez era más y más escasa. Sus rostros, sus respiraciones, sus sentimientos y emociones poco a poco se entrelazaban.

Los esponjosos y regordetes labios de Cartman rozaron con inocencia a los del mayor. Kyle mantenía sus ojos entreabiertos, mas a ese mínimo tacto los cerró, dejando consumirse en aquél trance en el que ambos se habían metido. Los labios del mayor atraparon a los ajenos en un beso. Un beso corto pero con tanto significado oculto, seguidos de otros, muchos otros, cada vez más profundos. Especiales y demasiado, tanto como el primero que se habían dado en aquella noche bajo las estrellas, que, a pesar de no haber pasado mucho tiempo de la misma, aparentaba ser lejana como una parte de un buen sueño que ninguno olvidaría.

Se separaron para regularizar sus respiraciones. Cartman había subido al regazo de Kyle, quien a pesar de estar siendo aplastado se mantenía sonriendo a su contrario. Las manos del pelirrojo rodeaban la espalda del castaño con la misma suavidad de la seda.

—Por lo menos ahora no me babeaste tanto. —Dijo Eric, con todas sus energías renovadas. Kyle frunció levemente su ceño con una mirada desafiante.

—Ah, ¿no lo hice? —Acto seguido, babeó la mejilla del más bajo, sin dejar un espacio seco, para luego largar una risotada.

—Me la vas a pagar, Kyel. —Dijo Eric, abalanzándose hacia el mayor, ambos riendo como si fueran niños nuevamente. Niños que no se odiaban.

La jornada escolar finalmente llegó a su fin. Entraron a clases antes que terminaran, claro, sólo se habían saltado una sola.

No volvieron a ver a la parejita de Kenny y Stan por ahí, sólo habían visto a Craig y Tweek, quienes aparentemente habían encontrado un ratoncito en uno de los huecos de la pared en mal estado del colegio y ahora podían presentir que lo cuidarían ambos entre tics nerviosos y dedos vulgares.

Nadie se estaba despidiendo uno del otro a pesar de tratarse de un último día de clases, el motivo era simple, es que no todo acababa ahí. Tenían un grupo de Juansapp del curso entero donde seguían comunicándose permanentemente, todo estaba planeado, ¡fríamente calculado para una reunión! y por supuesto, no faltaban muchos días para ello. Había tiempo para despedirse de sus compañeros, o bien, para despedirse de los que asistirían. Una gran novedad es que Cartman estaba enterado de aquello, pues luego de mucho tiempo, años quizá, logró hacerse miembro de aquél grupo.

Eric y Kyle, con sus boletines en mano salían de la escuela a la que volverían por última vez si la suerte actuaba de manera favorable. Se dirigían juntos sin una pizca de titubeos a perderse sólo un rato más. A perderse de los demás y encontrarse juntos una vez más, entre aquellos árboles que los habían visto pelearse y amigarse, odiarse y amarse. Sentarse en esas raíces que con el tiempo habían adquirido un fuerte calor emocional y hacer de las suyas.

¿Iban a hacer el amor?

No.

Sólo iban a no-odiarse. A no-odiarse por unas horas más, sentirse mutuamente conectados. Esa sensación tan espléndida que en un punto de sus vidas la misma parecía ser imposible.

Los dos miraban al lago, sentados tan aproximados que ponían en duda las leyes físicas de la materia y espacio. Eric dejó caer su cabeza sobre el hombro del mayor.

— ¿Kyel? —Llamó, amablemente, en ese tono apacible que costaba conseguir en él.

— ¿Sí? —Respondió Kyle, dirigiéndole la mirada y pasando su mano sobre la mejilla ajena, a pesar de que éste había pronunciado el apodo que tanto detestaba.

—Creo que este fue un Miaustástico y Purrfecto día. —Dijo, contento.

El pelirrojo sonrió por ese absurdo y patético juego de palabras. Rió ligeramente y volvió a verlo.

—Tú estás siendo el marica ahora. —Anunció y depositó un tierno beso sobre la frente ajena —pero sí, sí lo fue. Un Miaustástico y Purrfecto día...

. ● ● .

Tal vez, sólo tal vez, el odio no era odio. Quizás en un momento lo había sido, pero ese momento se veía tan lejano que era imposible hablar de él.

Ese sentimiento no cuadraba en sus situaciones actuales. No cuadraba en lo que vivieron juntos, en los cuidados que Cartman había recibido ni en la mirada de ambos cuando se encontraban al azar.

En sus situaciones sólo cabía una palabra perfectamente.

Amor.