Hola a todos mis amigos lectores y fanáticos de las tortugas ninja. Les pido una disculpa por la tardanza y es que ahora si me tarde una eternidad en actualizar, pero ha sido un inicio de año bastante complicado y por fin pude darme un tiempo para escribir un capítulo más de esta historia que espero estén disfrutando.
Agradezco a todos los que se toman su tiempo para leer es locura sacada de mi cabeza y ya no los entretengo más. Saludos y nos leemos pronto.
Capítulo 25. Desde las sombras
El mensaje la había tomado algo desprevenida, pero su instinto le decía que debía considerarlo como serio, por lo que actuó rápidamente. Tomó solo lo necesario y se llevó a su papá casi a rastras de su hogar diciéndole apenas lo indispensable, cerciorándose en cada momento que nadie los siguiera.
Su llegada fue una sorpresa para todos, hasta el momento en que les mostró el motivo de su inesperada visita.
"Te están vigilando. Ocúltate en un lugar seguro. ED". Se podía leer en un mensaje de texto que había llegado a su T-phone.
— ¿ED? — Se preguntó Mikey mientras en su mente trataba de adivinar a quien pertenecían las iniciales — ¡El Destructor! — exclamó con miedo al recordar a su antiguo enemigo.
— No seas torpe, él está muerto— replicó su hermano Rafael mientras golpeaba con su palma la nuca del más joven.
— Más bien creo que se trata de la teniente Elizabeth Dross — argumentó Abril un tanto angustiada —. Después de la invasión se mostró agradecida conmigo por evitar que Bishop lastimará a gente inocente e intercambiamos números por cualquier emergencia, aunque el número de donde envío el mensaje no es el de ella.
— Esto parece sospechoso — le dijo Donatello mientras se llevaba la mano a la barbilla —. ¿Por qué no te escribiría desde su teléfono?
— No lo sé y además he intentado llamar al número desde que me escribió pero no parece estar en servicio.
— Cómo sea, si estás en peligro lo mejor sería que se quedarán un tiempo con nosotros — les dijo Splinter a ambos extendiendo la mano para ofrecerles su hogar.
La propuesta no fue totalmente del agrado de Kirby, quien seguía pensando que la vida de su hija corría peligro por culpa de sus amigos mutantes, además no le agradaba tener que quedarse en una alcantarilla por tiempo indefinido y por motivos que no le eran del todo claros.
A diferencia del sr. O'neil, Donatello estaba completamente emocionado de tener de vuelta a Abril en la guarida. Después de todo lo que habían vivido en las semana previas, pensaba que sólo debía pasar un poco más de tiempo con ella para que su relación fuera algo más que una amistad, sobre todo ahora que no tendría a Casey en todo momento vigilándolo. Sin perder ni un momento, ofreció su propia habitación a los huéspedes quienes aceptaron un poco renuentes después de varios argumentos de parte del genio para convencerlos.
Así la familia O'neil quedó instalada en la guarida, un poco más tranquila y segura, pero aún con la incertidumbre de no saber los motivos que tenía la teniente Dross para pedirles que se fueran de su hogar y, lo más sospechoso, que haya tenido que avisarles de una forma tan poco convencional.
La teniente Dross caminaba con paso firme por los pasillos del cuartel, saludaba a cuanto miembro de la Fuerza se encontraba en su camino con tanta naturalidad que nadie podía sospechar cuales eran sus verdaderas intenciones, o al menos eso intentaba pues el constante cuchicheo de William en el aparato receptor que tenía en su oído izquierdo, tratando de explicar una y otra vez los detalles del plan y dando consejos inútiles para su proceder; le molestaban sobremanera y no lograban más que ponerle los nervios de punta. "¿Puedes callarte de una vez?" le dijo en un susurró al dar vuelta en un pasillo, observando previamente a su alrededor para verificar que nadie más la podía oír.
Se detuvo frente a la puerta tras la cual se encontraba la oficina del coronel Bishop. No fue hasta ese momento en que verdadero escalofrío le recorrió por el cuerpo, ante la posibilidad real de ser descubierta. Si alguien conocía perfectamente a Bishop era la teniente Dross, por lo que sabía perfectamente que era difícil de engañar, debía actuar con mucha naturalidad, borrar de su rostro el más mínimo atisbo de preocupación.
Dio un profundo suspiro antes de alargar su mano para tomar la manija, pero la puerta se abrió antes de que pudiera alcanzarla.
De inmediato se sintió atrapada al pensar que era el coronel quien la abría, pues seguramente lo hacía porque se había percatado de sus intenciones; pero este temor se dispersó de inmediato al reconocer a la persona que había tomado la manija antes que ella, quien de una forma brusca y poco amigable la cerró nuevamente a sus espaldas interponiéndose entre la teniente y la puerta.
— Teniente Elizabeth — le dijo con desprecio mientras la miraba de arriba abajo con cierto aire de prepotencia —. Debí saber que no estaría muy lejos de aquí, cual perro faldero a los pies de su amo.
El Teniente Arnold Stanford se erguía con sus casi dos metros de altura. Su cuerpo fornido producto de sus largas horas de ejercicio y entrenamiento podían imponer hasta al hombre más valiente y, si eso no fuera suficiente, quienes le conocían sabían de su carácter violento y poco paciente. Si, imponía a cualquiera, pero no a Elizabeth quien sabía a la perfección que su forma tan grosera de hablarle se debía únicamente al hecho de que ella era la persona más cercana al coronel Bishop y él siempre lo había despreciado al considerar que Hawking le había otorgado un rango demasiado elevado, un rango que Stanford ambicionaba más que a nada en le mundo y por el cual sería capaz de cualquier cosa.
— Teniente Stanford — le dijo sin amedrentarse siquiera un poco, acostumbrada ya a su forma irrespetuosa de tratarla—, que sorpresa verlo por aquí.
— Me enviaron del cuartel general como un equipo de apoyo, al general Hawking no le pareció que perdieran a sus dos especímenes extraterrestres. Especímenes que, por cierto, Bishop permitió que le quitarán — remató con aire triunfalista, le agradaba la idea de que el coronel hubiera fallado en una misión que le había sido encomendada con demasiada vehemencia.
— ¡No necesitamos tu ayuda! Nosotros somos capaces de resolver esto.
— Eso ya lo veremos — Stanford se movió permitiendo el paso de la joven teniente mientras se alejaba por el pasillo satisfecho de haber logrado sacarla de sus cabales.
La presencia del teniente Stanford no hacía más que complicar las cosas que ya eran de por sí difíciles. Elizabeth sabía que ahora tenía que actuar rápido antes de que Stanford hiciera su jugada, si es que no la había iniciado ya.
Aun se sentía estaba muy disgustada al entrar en la oficina, mismo que fue fácilmente captado por Bishop, quien no se sorprendió pues estaba al tanto de las pretensiones del hombre que acababa de abandonar el lugar. Al menos esto disipó el nerviosismo que la teniente tenía hace unos minutos.
— No entiendo porque el general Hawking confía en ese hombre, se ve que no se detendrá hasta arrebatarle su puesto.
— No dejes que la soberbia del teniente Stanford te saque de quicio, estamos en el mismo bando y tenemos el mismo objetivo — le aclaró el coronel al tiempo que cerraba su laptop, a su izquierda se encontraba su teléfono móvil —. Ahora dime, ¿están todos los escuadrones buscando a nuestros amigos?
— Tal como lo ordenó, cada escuadrón se encuentra recorriendo las calles en su búsqueda — le respondió extendiéndole una carpeta con el informe que le tenía preparado mientras colocaba su otra mano en la base del escritorio —. Además tenemos a un escuadrón designado exclusivamente a vigilar a Abril O'neil.
— Sobre eso… — Bishop tomó la carpeta y comenzó a pasar las hojas lentamente — quisiera pedirle que retire a dicho escuadrón — la noticia tomó por sorpresa a Elizabeth que por poco dejaba caer el dispositivo que terminó de colocar en la base del escritorio muy cerca del teléfono del coronel.
— ¿Por qué? — preguntó con desconcierto.
— En vista del poco éxito que han tenido, puesto que sospechosamente la señorita O´neil y su padre no han regresado a su hogar. Además el general Hawking me pidió que asignará dicha tarea al teniente Stanford.
La silla en la que se encontraba cayó al suelo de manera ruidosa cuando la teniente se levantó como si fuera catapultada por una fuerza invisible.
— ¡Esto no es posible! ¡No puedes permitirlo! — exclamó eufórica olvidando por completo con quien estaba hablando.
— ¿Quieres tranquilizarte? — la increpó Bishop mientras cerraba de sopetón la carpeta —. La orden viene del propio general Hawking y eso es suficiente para mí; además ya te he mencionado que todos somos parte del mismo equipo y aquí el único enemigo son esas tortugas. Stanford ha prometido que no actuará por su cuenta y nos avisará si la chica tiene contacto con alguno de ellos.
— ¿Y supongo que le creíste?
— No importa lo que yo crea, confío en el criterio del general y si lo eligió para esta misión, debe ser porque es capaz de llevarla a cabo. Espero que te manejes con propiedad o tendré que pedir que te encierren por desacato.
La amenaza de Bishop surtió el efecto esperado, la teniente se tranquilizó sin estar muy convencida aún. Levantó la silla acomodándola de una forma demasiado lenta. — Ojalá que no cometas un error — dijo con pasividad recargándose en el escritorio antes de retirarse convencida de que no podría hacerlo cambiar de opinión—. Espero que hayas tenido el tiempo suficiente — murmuró una vez que estuvo completamente sola en el pasillo.
— Por supuesto que sí, trae el dispositivo cuando puedas — le respondió William por medio del intercomunicador.
— Lo llevará ahora mismo, no podemos dejar que Stanford los encuentre antes. Él es de los hombres que prefieren disparar antes de preguntar.
De nuevo se encontraba frente a la puerta de la habitación del hotel donde se hospedaba William. Esta vez no tuvo que golpear varias veces ni esperar demasiado para que el joven técnico le permitiera el acceso.
Como reiteradas ocasiones, la recibió con exageradas muestras de servidumbre y educación intentando impresionarla, ofreciéndole algo de beber pero, como siempre, rechazó la invitación.
— No hay tiempo para esto, señor Santos, mejor dígame que ha averiguado.
Sin poder ocultar su desilusión, William se limitó a sentarse frente a su computadora portátil.
— Bueno, lo que te puedo decir es que el coronel es un hombre demasiado precavido. Por medio del dispositivo que llevaste logré introducirme en su teléfono y extraer sus contactos, mensajes e historial de llamadas.
— ¿Y encontraste a Kurtzman? — le cuestionó la teniente al no observar más que una serie de números en la pantalla, sin ningún nombre.
— Bueno, por eso te digo que es demasiado precavido. No tiene ningún contacto guardado y sus mensajes de texto e historial de llamadas fueron eliminados — al mirar el rostro de la joven teniente, no encontró ninguna muestra de asombro en ella —. Pero supongo que tú ya lo sabías.
— Me lo imaginaba — le respondió con cierta decepción —. Bishop siempre ha tomado las medidas necesarias para ocultarse con facilidad y más con las personas en quienes confía, de esa manera los puede proteger. Entonces, creo que no puedes hacer nada para encontrar al sr. Kurtzman ¿verdad?
— Yo no diría eso — el tono triunfalista con el que William le respondió fue sin duda una agradable sorpresa para Elizabeth quien enseguida le dirigió una mirada expectante —, si me conocieras bien sabrías que soy uno de los técnicos que han ayudaron a crear y mantener los sistemas de seguridad de las redes de comunicación de la Fuerza —comenzó a fanfarronear —. A pesar de que todas las líneas son privadas, son monitoreadas por el Departamento de Información.
— Pero Bishop es un miembro de alto rango, debe tener ciertos privilegios en cuanto a la confidencialidad de sus llamadas.
— Y la tiene — la seguridad y optimismo con que William confirmaba la sospecha de la teniente la desconcertó por completo —, pero si Bishop es desconfiado, el general Hawkin lo es más, por eso realiza un monitoreo particular al que sólo él tiene acceso. Bueno, él y un selecto grupo de técnicos que ayudan a mantenerlo funcional — le enorme y pomposa sonrisa en su rostro lo delataba como parte de ese "selecto grupo de técnicos" —. Así puedo saber a cuáles número ha marcado durante el último mes y tal parece que el coronel no tiene muchos amigos, solo se ha comunicado con tres personas y, por extraño que parezca las tres líneas pertenecen a la Fuerza — la teniente la miró con incredulidad por lo que le decía, parecía que la hermeticidad y poca confiabilidad de Bishop era de utilidad en esos momentos —; uno es de Hawking, otro es de usted y el tercero es de un tal John Doe.
— ¿Y eso cómo nos ayuda? — preguntó muy confundida Elizabeth.
—John Doe es el nombre que se le da a alguien desconocido, comúnmente a testigos o aliados que se quieren mantener bajo anonimato y el coronel Bishop mantuvo el contacto con este John Doe al menos en tres ocasiones desde que llegó a la ciudad.
— Kurtzman — exclamó la teniente convencida de que no podía tratarse de nadie más —. ¿Podrías localizarlo ahora que tienes su número?
— ¿Olvidas con quién estás hablando? — le preguntó en tono petulante, que en ese momento a la teniente le pareció que estaba justificado y le respondió con un sonrisa de aceptación.
— Entonces creo que puedo dejar este asunto en tus manos — le dijo abrazándolo por el hombro con lo cual el joven William sintió un ligero cosquilleo recorriendo su columna, pero intentó disimularlo concentrándose en su trabajo en la computadora
La noche estaba un poco serena, tras detener la invasión Kraang eran contados los retos que pudieran significar un verdadero peligro; a pesar de todo existía la posibilidad de un nuevo ataque del Clan del Pie, pero eso tampoco les significaba una preocupación mayor. Estaban unidos y eran un equipo sólido, algo que Garra de Tigre y el resto de los mutantes del Pie no entenderían jamás.
Considerando la presunta calma en que se encontraba la ciudad esa noche, Donatello sugirió echar un vistazo al departamento de los O´neil para tratar de averiguar quiénes vigilaban a Abril, lo cual pareció una buena idea al resto del grupo; pero debían ser cuidadosos y extremar precauciones, todavía no estaban seguros de sí efectivamente la advertencia provenía de la teniente Elizabeth Dross o qué clase de enemigo sería el que enfrentarían.
Durante el recorrido al departamento de Abril, un ruido llamó la atención de Casey el cual se detuvo en el techo de un edificio atrayendo al resto del grupo al lugar.
Sin el Clan del Pie ni el Kraang dominando la ciudad, diversas bandas se habían comenzado a formar y causaban estragos durante las noche, nada grave realmente: asalto a tiendas de conveniencia y transeúntes, vandalismo y peleas entre bandas rivales. Esto último era el evento que se presentaba en uno de los callejones.
Los dragones Purpura nunca se habían caracterizado por ser rivales temibles y, con el surgimiento de nuevas bandas más numerosas y fuertes, no se podía esperar otra cosa que fueran víctimas fáciles de dichas bandas, sin embargo quienes los golpeaban en ese momento parecían estar ensañándose de más.
— ¿Creen que debamos intervenir? — preguntó Donatello al resto pensando que de no hacerlo seguro terminarían en el hospital por decir lo menos.
— ¿Por qué? Se trata sólo de los Dragones Púrpura — replicó Rafa enfadado por la sugerencia de su hermano.
— Eso no importa, es obvio que los superan, eso es injusto — intervino Abril apoyando la propuesta de Donnie —. ¿Tú que piensas Karai?
La kunoichi lo pensó un momento antes de responder, en otras circunstancias lo dejaría pasar considerando que era mejor no intervenir en una pelea entre pandillas, incluso les beneficiaba que entre ellas se eliminaran, pero en este caso la golpiza resultaba demasiado salvaje para permitirse ignorarla.
— Vamos — les ordenó con firmeza —, si no intervenimos acabarán matándolos.
— Bueno, de todas formas estaba aburrido — comentó Rafa mientras hacía girar sus sais.
De inmediato todo el grupo se lanzó en dirección al callejón empuñando sus armas.
—Por… favor… ya basta — suplicaba Fong apenas consciente a un tipo calvo y fornido que lo sostenía de su chaleco.
— ¿Qué pasa? Pensé que este era su territorio y lo defenderían con su vida — le dijo de forma sarcástica provocando la risa del resto de su banda conformada por catorce hombres más —. Es obvio que su tiempo terminó y ahora este territorio pertenece a Los Sanguinarios.
El hombre levantó su puño dispuesto a descargarlo nuevamente en el rostro de Fong pero no pudo lograrlo, pues se encontraba sujetado por una cadena. Al volver el rostro descubrió que el otro extremo era sostenido por una extraña tortuga mutante con una bandana naranja cubriéndole el rostro.
— Oye, chico malo, deberías meterte con alguien de tu tamaño — dijo Mikey en tono desafiante.
— Definitivamente tú no eres de su tamaño — le refutó Rafa al notar que efectivamente el líder de la banda era un tipo enorme y musculoso.
Aprovechando la distracción los Dragones Púrpura se liberaron de sus captores y, con las pocas fuerzas que les quedaban, echaron a correr sin mirar atrás.
— ¡Vaya cobardes! Al menos pudieron darnos las gracias — refunfuñó Rafael.
— Mira nada más, de verdad que son tortugas gigantes y yo que pensé que era broma — dijo de pronto el líder de la pandilla con una amplia sonrisa siniestra dibujada en el rostro.
— Oigan, nos conocen. ¡Somos famosos! — exclamó Mikey sonriendo inocentemente ante la mirada de desaprobación del resto que no creía que fuera algo muy bueno que otras bandas supieran de su existencia.
Sin previo aviso, el hombre calvo jaló con fuerza la cadena atrayendo al más joven de los hermanos hacía él. Mikey voló a toda velocidad estrellándose con el puño levantado del líder que ya lo estaba esperando.
— ¡Mikey! — gritaron todos al mismo tiempo al observar el ataque.
Intentaron ir en ayuda de la tortuga de bandana naranja, pero fueron detenidos por el resto de los miembros de la pandilla. En pocos segundos se encontraron rodeados y enfrascados en una pelea donde los superaban en número.
Abriéndose paso y quitándose de encima a dos tipos que lo atacaron, Rafael logró acercarse al líder que sostenía a su hermano por el cuello. Con una patada en el estómago, consiguió que el enorme tipo soltará a Mikey dejándolo caer al suelo.
— ¿Estas bien, Mikey? — preguntó con preocupación a su hermano.
— No es nada, he tenido días peores — respondió con una sonrisa fingida que no ocultaba realmente su mueca de dolor por el golpe recibido.
El enorme tipo comenzaba a levantarse para contra atacar, pero Rafael no estaba dispuesto a darle la oportunidad de acercarse a su hermano una vez más. En un pestañeo se encontraba frente a él y comenzó a golpearlo en varias ocasiones con el mango de sus sais hasta que consideró que sería suficiente para evitar que volviera a representar una amenaza.
A pesar de la superioridad numérica, los pandilleros no eran muy diestros en el combate por lo que poco a poco comenzaron a caer víctimas de los ataques precisos y eficaces de los miembros del clan Hamato. En un par de minutos toda la pandilla había sido neutralizada por completo por lo que pronto se reunieron todos en torno a la tortuga de banda naranja para saber si se encontraba bien.
Donatello se arrodilló a su lado con la intención de revisarlo, pero Mikey se levantó de inmediato argumentando estar en perfecto estado, y en verdad lo estaba, el dolor del golpe inicial casi había menguado y ahora podía levantarse por sí mismo.
Antes de que Rafael pudiera comenzar a reprenderlo por preocuparlo en vano y no haber sido lo suficientemente cuidadoso como para prever el ataque, una sombra oscureció la zona donde se encontraban reunidos, sirviéndoles de advertencia suficiente para lograr moverse apenas a tiempo.
Se dispersaron como pudieron esquivando por poco el enorme contenedor de basura que rebotó en el piso con un sonido ensordecedor justo en el lugar donde hace unos segundos se encontraba Mikey recuperándose del golpe.
La mirada de todos recorrió el callejón hasta encontrarse con el atacante: el mismo tipo fornido y líder de la banda.
— Creo que estás perdiendo tu estilo, hermano. ¡Lo golpeaste demasiado débil! — le recriminó Mikey a su hermano.
— Estoy seguro que lo golpeé con fuerza — se defendió el de bandana roja sin poder salir del asombró al observar al hombre frente a él completamente recuperado después de la golpiza que le había propinado.
— Él no es el único — intervino Abril señalando al resto de los miembros de la banda que, al igual que su líder, comenzaban a levantarse con algo de pesadez pero sin evidenciar ningún tipo de dolor o herida.
— ¡Son zombis! — gritó con temor Mikey ocultándose rápidamente detrás de Casey quien se dejó sugestionar un poco y comenzaba a ver posible esa posibilidad.
— No sean tontos — les reprochó Rafael preparándose para volver a la pelea al igual que los demás —, solo necesitamos darles más duro.
Saliendo del asombro inicial por ver a sus contrincantes de pie, se abalanzaron decididos sobre ellos sin escatimar en la rudeza de sus ataques. El líder de la banda volvió a arremeter contra Rafael, pero esté lo derrotó con relativa facilidad nuevamente asegurando darle un par de golpes en la cabeza con suficiente fuerza para dejar inconsciente a cualquiera.
Rafael dio la vuelta para ir en ayuda de Casey que se encontraba peleando con tres miembros al mismo tiempo pero una enorme mano lo tomó del hombro evitando que pudiera dar un solo paso. Los ojos verdes de la tortuga se dilataron hasta su máxima capacidad al reconocer al líder de la banda como el dueño de la extremidad que lo estaba sujetando. El tipo sonreía con cierta perversidad a pesar del hilo de sangre que escurría por su nariz, evidentemente rota.
— ¿Dónde vas tortuguita? Todavía no hemos terminado — le dijo al momento en le daba un puñetazo en el rostro proyectándolo varios metros.
— ¡Rafael! — le gritó Karai al percatarse de lo ocurrido. De inmediato se deshizo del miembro con el que se encontraba peleando y se aproximó al quelonio caído.
A pesar del golpe Rafa se encontraba consciente y parecía estar dispuesto a seguir luchando, intentó levantarse pero antes de que pudiera hacerlo, la kunoichi se encontraba frente a él dándole la espalda, enfrentándose ahora ella al líder de la banda.
Utilizó una capsula de polvo para cegar a su oponente, teniéndolo prácticamente a su merced atacó sus extremidades inferiores en repetidas ocasiones hasta que cayó pesadamente como una torre de concreto.
— ¡Ese era mi oponente! — le reclamó airadamente Rafa ante lo cual la kunoichi sólo se limitó a sonreír de lado de manera desafiante. Nunca se percató que el hombre que acababa de atacar parecía ignorar el daño que sus piernas habían recibido y se había puesto de pie una vez más, cuando se dio cuenta el hombre ya había descargado un golpe sobre la chica quien solo alcanzó a bloquearlo por reflejo pero de forma poco efectiva recibiendo el impacto con su antebrazo; golpe que sintió como si lo hubieran hecho con un objeto pesado y no con la mano limpia.
Karai cayó muy adolorida, aturdida completamente por el golpe. El líder se aproximó a ella dispuesta a aplastarla con sus manos. Lanzó un nuevo golpe pero no llegó a su objetivo, pues su mano se clavó repentinamente en uno de los sais de Rafa quien había interceptado el golpe.
El tipo continuó moviéndose ignorando el dolor que debería estarle causando la herida que chorreaba sangre a borbotones; lanzó otro ataque con su mano libre tratando de golpear a la tortuga de bandana roja, pero éste consiguió esquivarlo. Esto dio tiempo para que Karai pudiera arrastrarse lejos de su atacante poniéndose a salvo, los demás se reunieron con ella y no tardó en integrarse Rafael, haciendo un grupo compacto rodeado por todos los miembros de la banda que les cerraban el paso.
La idea de Mikey de que fueran zombis parecía tomar forma, pues todos los miembros presentaban diversos moretones y heridas que, por lo menos, deberían de provocarles el suficiente dolor para inmovilizarlos, pero sus rostros no expresaban ningún dolor, en su lugar todos sonreían con malicia mientras se aproximaban a sus víctimas.
— ¿Eso es todo lo que tienen? — les preguntó el líder de la pandilla mientras lamía la sangre que escurría de su mano — Creí que serían un reto para nosotros.
— ¿Qué pasa con estos tipos? ¿De verdad son zombis? — preguntó angustiado Casey reconsiderando de nuevo la idea del más joven de los hermanos.
— No lo creo — respondió Donnie seguro de esto, pero con cierto temor en su voz debido a la situación en la que se encontraba —. Están sangrando y parecen conscientes de lo que hacen; sin embargo son más fuertes que una persona promedio y no parecen sentir dolor, algunas drogas pueden tener un efecto fortificante y analgésico para soportar el dolor, pero no sabía de algo que fuera tan extremo como en este caso.
— ¿Y qué haremos para vencerlos entonces? — preguntó Mikey bloqueando el golpe de uno de los miembros que había comenzado a atacarlos.
— Lo único que podemos hacer — dijo rápidamente Karai con determinación mientras apuntaba el filo de su shikomizue al líder de la banda —, evitar que vuelvan a levantarse.
La espada de la kunoichi dibujó un arco perfecto que el hombre corpulento esquivó torpemente tropezando al hacerlo, con lo cual quedó a su merced. Karai no quería lastimarlo, pero no encontraba otra forma de detenerlo y ellos no parecían dispuestos a detenerse, de seguir a ese ritmo era más probable que ella y sus amigos se cansaran antes de conseguir detenerlos con ataques poco violentos.
Empuñó su espada dispuesta a golpear uno de sus puntos vitales, pero se detuvo de súbito al notar que el hombre, aun recostado en el piso del callejón, se llevaba las manos a la cabeza como si fuera presa de un terrible dolor que sobrepasa cualquier droga que hubiera podido consumir. No solo el líder de la banda presentaba este comportamiento anormal, el resto de sus seguidores también imitaban su comportamiento, dejándose caer victimas del dolor hasta que por fin quedaron inconscientes.
No requirieron de mucho tiempo para darse cuenta de lo ocurrido: Abril había utilizado su ataque psíquico. Esto la debilitó mucho provocando que se tambaleará y bien pudo caer sino fuera porque Mikey logró sostenerla del brazo.
— ¿Estás bien? — le preguntó con preocupación Donnie mientras la tomaba del rostro a lo que Abril alzó la mirada encontrándose con la del genio y sonriendo levemente para tranquilizarlo.
— Si, fue sólo un pequeño mareo — replicó la chica soltándose del agarre de Mikey para demostrar que ya podía mantenerse en pie por si sola.
— No debiste hacer eso, no sabemos qué consecuencias puede tener si usas de manera prolongada tus poderes — le dijo el genio en tono de reproche.
— Lo siento, no vi otra opción — se justificó Abril entendiendo que no debía abusar de sus poderes, el dolor que le provocaba realizar ese tipo de ataque debería ser motivo suficiente para evitarlo y este aumentaba al tener que hacerlo a varias personas a la vez y además ser selectivo para no dañar a sus amigos —, lo hice para evitar que Karai hiciera algo de lo cual se pudiera arrepentir después.
El rostro de Karai reflejaba cierta culpabilidad por lo ocurrido, en verdad sentía que había perdido el control y estaba dispuesta de lastimar gravemente a sus atacantes para conseguir la victoria. Quería expresar su agradecimiento con su amiga pero no encontraba las palabras para hacerlo, aunque no lo requirió pues Abril parecía entender lo que pensaba y simplemente asintió con la cabeza como aceptando su silencioso agradecimiento.
— No la culpo — intervino de pronto Rafael mientras posaba una mano en el hombro de la kunoichi —, yo también pensé que la única forma de detenerlos era con extrema violencia, en realidad solo te me adelantaste — le dijo a la kunoichi como una muestra de apoyo, a lo cual ella sonrió con sinceridad a la tortuga de bandana roja.
La escena causó cierta confusión entre sus amigos que conocían perfectamente la forma tan poco amigable en que ambos convivían.
— Si… yo lamentó lo ocurrido — expresó con nerviosismo Karai al sentir la mirada de todos sobre ella y retiró con cierto desdén la mano de Rafael, quien le siguió el juego y rápidamente cruzó los brazos aunque con cierto desencanto —. Donnie, ¿sabes qué clase de sustancia pudieron tomar estos tipos? — preguntó intentando desviar la atención hacia otro tema.
— No tengo idea, no conozco ningún tipo de droga que tenga estos efectos hasta este extremo que vimos hoy: fuerza extraordinaria y una ausencia total de dolor. Debe ser algo nuevo, creo que tendré que investigarlo.
— ¿Y qué hacemos ahora? ¿Continuamos a la casa de Abril? — preguntó Casey.
— Creo que han sido demasiadas emociones por una noche — respondió Karai mientras frotaba su antebrazo tratando de mitigar el dolor que aun sentía al bloquear el golpe de hace unos momentos —. Lo mejor será regresar a la guarida y curar nuestras heridas.
A todos les parecía una buena idea, por lo que enseguida subieron a la azotea para encaminarse a su hogar. Antes de partir Karai sintió una presencia cercana y echó un vistazo sobre su hombro con curiosidad a una de las azoteas un par de edificios al sur, intentando buscar algo en ella pero no lograba ver nada.
— ¿Algún problema? — preguntó Rafael quien se había detenido al notar que ella no avanzaba.
— No, ninguno — le respondió ella pasando a su lado para continuar alcanzar al resto del grupo que se había detenido unos metros más adelante —. A propósito, te agradezco tu apoyo — le dijo aprovechando que los demás estaban lo suficientemente lejos para poder escucharla.
Rafael no pudo evitar sentirse complacido con esas palabras, por fin percibía cierto acercamiento con la kunoichi. Tal vez con el tiempo lograría conseguir lo que su hermano había logrado. Se tomó un segundo antes de salir detrás de ella para alcanzar al resto y continuar su camino rumbo a su hogar.
Mientras el grupo se alejaba perdiéndose en la noche, un par de figuras salía de su escondite entre las sombras observándolos en todo momento.
— A sido una noche bastante fructífera — exclamó Arkkan mostrando sus dientes que enmarcaban su siniestra sonrisa.
— ¿Conseguiste lo que venimos a buscar? — preguntó Yami a su lado cruzado de brazos.
— Por supuesto, a pesar de lo débiles que eran esos tipos, resultaron bastante útiles para nuestro objetivo. Tenemos la información suficiente para comenzar a preparar nuestra sorpresa — respondió el extraterrestre mientras tecleaba unos botones que se encontraban en su muñequera la cual lanzó una luz purpura donde se dibujaba la imagen de Abril —. La chica parece estar desarrollando sus poderes de manera extraordinaria, pronto alcanzará su máxima capacidad lo que la volverá un rival peligroso, sobre todo para ti si sabes a lo que nos referimos— le dijo en un tono burlón.
— Perfecto, entonces creo que ya no necesitamos a esos tipos — dijo refiriéndose a los hombres inconscientes en el callejón.
– Es una lástima que hayamos tenido que desperdiciar insectos potenciadores en ellos, pero que le vamos a hacer.
Arkkan pulsó un botón de su muñequera y de inmediato los quince miembros de la banda fueron despertados por un intenso dolor mayor al que los había dejado inconscientes. Sus cuerpos se retorcían sobre el pavimento ya abrían la boca intentando gritar pero ningún sonido salía de sus bocas, sus ojos se pusieron completamente en blanco y con sus manos presionaban su cabeza intentando sacar lo que los mataba por dentro, posteriormente un líquido verde comenzó a salir por su nariz y comenzaron a expulsar espuma por su boca. En unos segundos sus cuerpos carentes de vida dejaron de moverse por completo.
— Obsérvalos bien, si no conseguimos lo que queremos, eso podría sucederte algún día — exclamó Arkkan mientras reía disfrutando del espectáculo, pero Yami no le estaba prestando atención.
La mirada de Yami se encontraba perdida en el cielo nocturno, parecía estar más interesado en mirar las estrellas que en lo que le decía el extraterrestre, por lo que simplemente asintió.
— ¿Estas escuchando lo que decimos? No nos gusta que nos ignoren — le reprochó Arkkan con disgusto.
Yami no respondió, estaba enfocado en algo más, ni siquiera se inmutó cuando su compañero comenzó a amenazarlo si no le prestaba atención.
Al contrario de lo que Arkkan esperaba, Yami lo dejó hablando solo y comenzó a correr tan rápido como pudo hasta un tanque de agua elevado, el cual trepó con agilidad hasta llegar a la cima. Ahí se detuvo un segundo sin apartar la mirada del cielo. Tomó una kunia que traía escondida en su armadura y la lanzó a la oscuridad de la noche.
El proyectil se dirigió velozmente a un halcón que sobrevolaba el lugar. Su silueta apenas visible contrastaba con el cielo estrellado y sin nubes. A escasos metros de que el kunai alcanzará al ave, un segundo proyectil lo golpeó a mayor velocidad desviándolo de su trayectoria. El ruido metálico provocó que el ave se asustará emitiendo un chillido agudo mientras se alejaba del alcance de otro kunai que Yami pudiera arrojarle.
— ¿Qué se supone que fue eso? — preguntó con asombro Arkkan quien había logrado alcanzarlo sobre la cima del depósito.
— Nos vigilan — respondió secamente Yami siguiendo con la mirada al halcón que se alejó hasta un rascacielos que se encontraba a lo lejos, ahí se perdió como si alguien lo estuviera esperando, la misma persona que había disparado al kunai para evitar que lo lastimara.
Yami dio la vuelta y bajo del depósito en dirección a la guarida del Clan del Pie.
— ¿Nos vamos así sin más? Tienen un arma de largo alcance, ¿qué tal si decide dispararnos por la espalda? — preguntó angustiado Arkkan al ver que su compañero parecía no darse cuenta del peligro que corrían.
— Llevan tiempo vigilándonos, lo sé porque ese halcón ha estado dando vueltas sobre nosotros desde que llegamos. Si quisieran hacernos daño ya lo hubieran hecho — le respondió con frialdad sin detenerse.
— ¿No quieres saber quién es? O ¿por qué nos vigila? — le cuestionó con cierto temor, aun no muy convencido de lo que le había dicho.
— Está muy lejos, cuando lleguemos allá es posible que ya se haya ido o incluso podría decidir dispararnos si nos acercamos demasiado. Lo mejor es dejarlo por hoy, mientras no se interpongan en nuestros planes.
Yami aumentó la velocidad para dirigirse a la sede del Pie seguido de cerca por Arkkan quien no dejaba de voltear al edificio desconfiando por completo en el francotirador que ahí se encontraba.
El halcón llegó a la azotea del enorme edificio siendo recibido por un hombre alto y fornido con rasgos orientales y el cabello largo recogido por una cola de caballo. Apenas se posó en su brazo protegido por una lúa, le ofreció un trozo de carne cruda la cual el ave tomó con el pico y comenzó a devorarla.
— Eso es pequeña, te lo has ganado — le dijo mientras acariciaba su cabeza con la otra mano antes de retirar un arnés que le permitía llevar una cámara en el pecho —. Por poco te lastiman esos estúpidos ¿no es verdad?
— ¿Y de quién se trata? — le preguntó repentinamente una voz femenina a sus espaldas.
— Es uno de los discípulos de Hamato Yoshi, el que pensamos que había muerto con Saki hace unas semanas, solo que parece distinto. Incluso logró darse cuenta de la vigilancia de Koya cuando los otros ni la han notado— respondió el hombre mirando de reojo a sus espaldas a una figura femenina oculta parcialmente por la sombra del cubo de escalera, la cual solo dejaba ver la parte baja de un kimono de tono púrpura —. Pero eso no es lo importante, ¿sabes lo que significa su presencia?
— Que Oroku Saki también debe estar vivo — respondió la mujer con cierta indiferencia.
— Así es. Esto pone de nuevo el plan original en marcha, debemos informarlo de inmediato.
— Tú hazlo — respondió la mujer dando un par de pasos hacia atrás, adentrándose aún más en las sombras.
— ¿Y tú que piensas hacer? — le preguntó en tono molestó al sentirse su mandadero siendo que ambos habían sido encomendados como iguales a la misión.
— Tengo curiosidad por este discípulo de Hamato Yoshi; además sería muy grosero no ir a saludar cuando nos ha descubierto, ¿no lo crees? — respondió antes de desaparecer por completo engullida por la oscuridad.
— Maldita bruja– exclamó el hombre oriental con desprecio a sabiendas que la mujer ya no lo escucharía —, cree que puede mandarnos por tener el favor de nuestro señor, pero algún día caerá de su gracia.
