Con ella.

El día entero no bastó para ponerse al día, pero Padmé lo intentó de todos modos. Instigó a sus hijos con cientos de preguntas sobre su vida, su crianza, sus costumbres, sus sentimientos, sus familias. También acerca de cómo habían conocido a Darth Vader, cómo habían averiguado que él era su padre, y cómo había sido su vida desde entonces.

Ella ya sabía que Luke y Leia amaban a su padre, pero se sorprendió al descubrir que éste en ningún momento les había obligado a trasladarse vivir con él, sino que les había dado opción al respecto. También le sorprendió saber que había perdonado la vida de Organa tras la mentira, sin duda alguna porque su muerte le hubiera producido pesar a Leia, y le llevo a cuestionarse una vez más que tipo de hombre era ahora su marido.

Consoló a Luke por la perdida de sus tíos y se asombro aun más por la sencillez y bondad que mostraba el niño. Prometió a Leia hablarle de sus tiempos al servicio público como reina y senadora, y se maravillo con la inteligencia e interés despierto que mostraba la niña.

Eran sus hijos, y antes de conocerlos ya los amaba. Cuando la tarde concluyó, descubrió con complacencia que ese amor no había hecho más que aumentar.

- ¿Puedes quedarte a dormir hoy con nosotros? – suplico su hijo, cuando los bostezos de él y su hermana fueron demasiados para continuar ignorándolos.

Padmé frunció el ceño en conflicto. Deseaba más que nada quedarse a pasar la noche con ellos, arroparlos en sus sabanas, abrazarlos, y acompañarlos en su sueño como tantas veces había soñado, pero el descanso era importante, y no quería que se viera frustrado por su culpa.

- No se, Luke... ¿No es la cama algo pequeña para tres de nosotros?

- Mi cama de Tatooine era tres veces más pequeña que esta – replicó el niño sin apartar la súplica de sus ojos azules.

- Por favor, mamá. Sólo esta noche.

La súplica de Leia destruyó toda su resistencia. Su hija era orgullosa, muy parecida a su padre, y no mostraba resquicios de vulnerabilidad por nada.

- Está bien – accedió –. Será maravilloso teneros a ambos dormidos en mis brazos. Pero tenéis que prometerme que vais a tratar de dormir rápido, ¿de acuerdo?

Ambos niños asintieron, felices. Podrían disfrutar de su madre un poco más.

- ¡Iré a mi por mi pijama! – exclamó Leia incorporándose a marcha veloz –. ¡Hazme un sitio en tu cama, Luke!

Padmé observó divertida como su hija se alejaba, y luego volvió la atención en su hijo, que todavía permanecía sentado en el sofá, con la cabeza apoyada sobre su hombre.

- Ha sido un día intenso... – musitó compresiva, acariciando su flequillo – ¿Estás muy cansado, verdad?

El pequeño asintió, agradeciendo la caricia y apegándose aún más a su madre.

- No consigo dormir bien.

- Leia me habló de tus pesadillas... ¿Todavía te persiguen?

Pesadillas... Luke se estremeció ante la palabra. Si, claro que le perseguían. El recuerdo de su padre siendo consumido por el fuego, sus gritos agónicos, el odio destruyendo sus miembros, sus terroríficos ojos amarillos... Sólo tenía que cerrar los ojos para verlos clavados sobre él de nuevo. Pero era demasiado horrible para expresarlo en voz alta.

En lugar de eso, dijo:

- Te quiero mucho, mamá.

A Padmé se le encogió el corazón ante la muestra de sinceridad y ternura que le ofrecía ese pequeño ángel sin tener razón para ello.

- ¡Oh, Luke! Yo debería haber estado allí – se lamentó culpable, con lágrimas en los ojos –. Debería haber estado contigo, consolándote, alimentándote en tus primeros días, guiando tus primeros pasos, escuchando tus primeras palabras... Debería haberte acompañado en el viaje que has realizado hasta convertirte en el asombroso muchacho que ahora eres. Debería haber... – se le ahogó la voz –. Lo siento mucho hijo mío – se disculpó, enterrando el rostro en su hombro.

- Mamá... Mamá, por favor, no llores.. – suplico el niño, apartando sus lagrimas con el dorso de su pequeña mamá –. Yo siempre te eche de menos, mamá, siempre desee conocerte... Pero ahora estas conmigo. Estamos juntos. Tú, papá y Leia... los cuatro, seremos una familia al fin.

Una familia. La imagen que Luke describía estaba muy lejos de ser compartida por Padmé. Si, había encontrado a sus hijos, estaban juntos... pero también muy lejos de ser una familia. Y sin embargo, sus palabras... tan hermosas y tan seguras... Si fuera posible... Si fuera posible dejar todo atrás y comenzar de nuevo, como siempre debería haber sido...

Luke se resistió cuando su madre le tomo entre los brazos, pero ella lo acalló con un beso en la frente.

- Deje que te lleve – pidió –. Pronto serás demasiado mayor para hacerlo, y llevarte ahora compensará todas las veces que no pude hacerlo cuando eras un niño.

El niño comprendió sus palabras y dejó de agitarse, simplemente estrechó más sus brazos alrededor del cuello de su madre. No se sentía débil, pequeño o infravalorado, como cuando Owen lo cargaba argumentado que su velocidad era demasiado lenta. Se sentía querido, protegido y en paz, como siempre debió haber sido.

Poco tiempo después, ambos, Luke y Leia, descansaban en la cama del niño, con la figura de su madre abrazándolos contemplativa en medio de ellos.

xXxXxXx

En el interior de la cámara de meditación, la escena era algo diferente. Los sentimientos desbordaban al hombre que había sido una vez Anakin Skywalker, y sus manos quemadas recogían las lágrimas que caían de sus ojos sin atreverse a comprobar si el color de los mismos permanecía azul, o se había teñido de odio.

Su esposa. Padmé. Vivía.

Una verdad demasiado difícil de afrontar. ¿Cuántos años había pasado auto inculpándose de su muerte? E incluso cuando Organa le confesó que había muerto en el parto, ese dolor no se iba.

¿Y todo para qué? Su vida entera como Darht Vader parecía ahora una mentira; una mentira orquestada por su maestro y los jedi, colaborando juntos sin ser conscientes de ello. Compartiendo objetivo por primera vez, estaba seguro, desde que se fundaron ambas ordenes.

Pero ni siquiera ante tal pensamiento, ante el rostro de los dos hombres que más odiaba en el mundo – Kenobi y Palpatine – lograba hacer resurgir su ira para escudarse a su sombra, donde todo era más fácil.

Ella vivía. Su ángel estaba vivo, a unas pocas habitaciones de distancia.

Su mente racional todavía no lo había asimilado, pero su corazón... su corazón bullía de alegría. El fuego que lo había estado consumiendo durante diez años, incluso después de encontrar a sus hijos y aprender a quererlos, se había extinguido de repente, como si nunca hubiera existido. Y eso era peligroso. Muy peligroso.

Porque deseaba sentir odio, y no lo lograba. Porque buscaba la indiferencia, y esta se le escapaba. Porque debería sentirse asustado, enajenado, o furioso y sólo encontraba paz. Porque en el interior de su armadura negra, los restos de Anakin Skywalker resplandecían más brillantes que nunca.

Pero ella lo odiaba, se recordó. Ella lo odiaba. Era inútil hacerse ilusiones al respecto.

Tal vez, a pesar de la distancia y el tiempo, en su corazón, Padmé siguiera guardando amor para el hombre que respondía al nombre de Anakin Skywalker; para su esposo. Pero nunca para Darth Vader. Darth Vader representaba todo lo que ella odiaba, todo contra lo que una vez había luchado. Y eso no iba a cambiar.

Entonces, ¿por qué todo su espíritu le gritaba a voces que renunciase a la armadura negra y corriera a buscarla? ¿Por qué su mente racional se sentía tan tentada a obedecer esa llamada? ¿Por qué deseaba más que nada, más que nunca, ser de nuevo el hombre que ella necesitaba? Un hombre digno de recibir su amor; un hombre capacitado para protegerla, un hombre que pudiera encajar en la escena familia que, a través de los visores ópticos de su máscara, había vislumbrado antes.

Pero él no podía hacerlo. No debía hacerlo. Estaba atrapado, el lado oscuro no dejaba escapatoria. Ya era demasiado tarde para retornar a ser el hombre que había sido en su vida. Su alma estaba consumida. Demasiados crímenes pendiendo sobre su cabeza para volver a luz.

¿Crímenes?

La propia palabra parecía inadecuada. ¿Desde cuándo eran crímenes? ¿Qué clase de extraño y aterrador poder tenía esa pequeña mujer para desviar sus objetivos en base a su sola existencia? ¿Para revolverlo todo? ¿Para despertar su conciencia?

No. No. No. Incluso si se arrepintiera de todo, incluso si ella le perdonara, él seguiría enclaustrado en esta horrible armadura. Ya no era un hombre, era un ser deforme. Todas las posibilidades de volver a estar con Padmé se reducirían a cenizas mientras él siguiera llevando esa extraña armadura. Y no había forma de huir de ella.

Su maestro lo había planeado bien. Él era un Sith, y ese continuaría siendo su destino hasta que el frío halo de la muerte viniera a recogerlo.

No existía opción.

Su única alternativa era aceptarlo, sumergirse en la fuente de su oscuro poder, y olvidar los infructuosos sentimientos que todavía guardaba por ella. Y la única forma de hacerlo era manteniéndose lejos de su intoxicante presencia.

Podía hacerlo. Llevaba diez años creyéndola muerta, se recordó. Ese tiempo sin ella debería haber servido para comprender que había una posibilidad de existencia más allá de Padmé Amidala.

¿Pero no había sido cada día sin ella, en el fondo de su corazón, un infierno de amargura?

Vader se negó a sí mismo la respuesta a esa pregunta. La rebelión en Datooine había sido sofocada, pero aun quedaban muchas bases rebeldes que exterminar. Debía concentrarse en su trabajo. Eso era lo que él era, y ni siquiera la repentina aparición de su esposa muerta lograría cambiarlo.

xXxXxXx

No muy lejos de allí en las habitaciones de Luke, la figura de Padmé se revolvía inquieta. Pareciese, si no fuera imposible, que las tribulaciones de su marido había hecho mella en ella.

Los gemelos dormían pacíficamente a ambos lados de su madre, abrazados a su cuerpo; con un sueño demasiado profundo para despertarse, incluso cuando ésta empezó a gemir y revolverse. Pero los ecos de su dolor sí su fueron recibidos por alguien.

La madrugada estaba ya entrada cuando Vader abandonó su cámara de meditación, con su resolución firme y establecida. Si Padmé iba a permanecer en la casa con los niños, él debía dar instrucciones a Kessel para que se ocupara de su correspondiente alejamiento, como había hecho con sus hijos, y también dictar ordenes a Solo para que la atendiera y estuviese a su disposición en todo momento. Con eso y un poco de esfuerzo, él lograría evitar su presencia la mayor parte del tiempo.

Satisfecho y en paz consigo mismo y con lo que tenía que hacer, se apresuró a tomar una buena cantidad de informes que mantendría ocupada su mente hasta la llegada del nuevo día. Tal vez un nuevo viaje también sería conveniente. Cualquier cosa para mantenerse ocupado. Cualquier cosa para mantener su identidad como Darth Vader más firme que nunca.

Los caminos de la fuerza son enrevesados, pero a veces, incluso un Sith como él, se preguntaba si acaso el destino no le estaría burlando. Porque toda su firmeza y resolución quedó en nada, cuando sintió su angustia a través de la fuerza. Y ya no había bien, ni mal, ni armadura, ni conflicto, ni Sith, ni deber... únicamente quedaba un hombre corriendo a socorrer a la mujer que amaba.

Se tranquilizó al llegar y comprobar que su esposa dormía a salvo junto a sus hijos, que agitación era debido sólo a una pesadilla, pero su ira creció hasta límites insospechados cuando identifico el nombre que ella gritaba.

- Obi-Wan... no...¡Obi-Wan, detente!

Obi-Wan. Ella lo estaba llamando. ¡Maldito, maldito, maldito Kenobi! ¡Siempre Kenobi! Lo había traicionado hace años llevándolo a él a Mustafar y prácticamente provocando su muerte, y ahora volvía a gritar su nombre en busca de ayuda.

El odio y la ira comenzaron a colapsar sus sentidos hasta que se percato de algo: ella no llamaba a Kenobi en busca de socorro, ella pronunciaba su nombre con miedo, como si tuviera algo que temer de su parte. El alivio se extendió por todo su cuerpo a una velocidad vertiginosa, y entonces...

- ¡Anakin! ¡Anakin, por favor! ¡Anni!

- Padmé – se inclinó sobre ella sin siquiera pensar en el nombre al que estaba respondiendo –. Padmé... ¡Padmé despierta!

Su esposa abrió los ojos, y por un momento estos brillaron con temor en su esencia más pura, desorientados. Pero entonces, la conexión... la conexión que ambos mantenían y que no había sentido en más de diez años, le indico que él estaba allí, que ella estaba a salvo.

- ¡Oh, Anakin! – con los ojos acuosos se arrojó a sus brazos y lo abrazó con fuerza. Y en medio de la oscuridad no había armadura negra o Lord Sith, simplemente el instinto que, como tantas veces, la empujaba a buscar seguridad en el hombre que amaba. Y sólo cuando los brazos de él correspondieron dicho abrazo se sintió a salvo –. Anakin... fue horrible. Obi-Wan llegaba aquí y se llevaba a nuestros hijos... luchabais, y él te vencía, y después eras consumido por el fuego... y yo no podía hacer nada para salvarte... para recuperarlos.

A través de la fuerza Vader podía sentir la olas de desesperación y temor que invadían en el cuerpo de su esposa, y se sintió impotente sin saber como consolarla. Había pasado tanto tiempo desde la última vez... Y realmente, siempre era ella quien le ofrecía su calma después de que él sufriera las pesadillas. Aun así, la parte más egoísta de su corazón, agradeció el sueño que tanto había perturbado a su esposa, pues le había ofrecido la oportunidad de acercarse a ella y abrazarla de nuevo, como nunca creyó que podría volver a hacerlo.

- Ssss... – la calmó –. Tranquilízate, Padmé... Lo que soñaste no fue real... No fue nada más que una pesadilla. Yo nunca voy a permitir que vuelvan a separarnos de nuestros hijos de nuevo, ¿me escuchas? Nunca.

Padmé sintió como, misteriosamente, sus palabras la llenaban de calma. Así que reafirmó aún más la cabeza contra el pecho de su esposo y continuó derramando allí sus lágrimas, hasta que la inquietud se disipo del todo. Únicamente entonces fue capaz de detectar el sonido de la respiración mecánica que invadía la habitación. Y lo recordó todo.

Vader percibió como sus músculos se tensaban y comprendió que el momento de confusión había pasado. Quiso incorporarse de allí y huir, antes de que sus ojos lo taladrarán con repulsión y odio, pero misteriosamente, estaba paralizado.

Él sería incapaz de moverse mientras ella aun aceptara su toque, comprendió con horror. Él era suyo, su esclavo, y ella sería para él más letal que cualquier otra arma. Ella sería su fin.

Cerro los ojos, avergonzándose de su propia impotencia y, sin embargo, incapaz de enfrentar su rechazo. Pero la acción de Padmé le congeló. Tras unos momentos de indecisión, ella se abandonó completamente en sus brazos, aferrándose a él con más fuerza que antes. Como si en lugar de hacer frente a la realidad que le mostraba su mente conciente, hubiera decidido permanecer en el sueño un poco más.

En un hermoso sueño.

- Anakin... – pronunció su nombre con voz rota, como si no le quedara nada más –. Anni, por favor... No digas nada, sólo... sólo abrázame hasta que me duerma. Por favor.

Y él no pudo rechazarla. Porque todo su ira, su odio, su determinación... se había desvanecido ante su simple toque, ante su presencia. E inevitablemente tuvo que atender su súplica. Y comprendió, con temor, que en sus diez años como Darth Vader, nunca había sentido una mínima fracción de la tranquilidad y la paz que sentía en ese momento.

Como si, realmente, él mismo estuviera donde debía estar.

Con ella.

xXxXxXx

Alderaan...

- ¡Majestad!

Breha observó como la criada irrumpía en su estudio con la respiración agitada.

- Martha, ¿qué ocurre? – inquirió con el ceño fruncido, levantando la vista de sus papeles.

- La nave de su esposo acaba de aterrizar en el angar imperial, y parece que trae consigo un visitante. Le traigo el aviso inmediatamente, tal como usted ordeno. Ellos todavía no habrán tenido tiempo de abandonar la nave.

Así que Bail ya había llegado, y probablemente el maestro Kenobi venía con él. Bien. Era hora de discutir con ellos algunas verdades.

- Está bien, Martha, te lo agradezco – concedió poniéndose en pie –. Puedes retirarte ahora. Yo iré a recibir a mi marido.

La criada asintió y abandonó la sala con una reverencia. Breha la observó marcharse y se aseguró en el espejo de que todo su porte era impecable antes de dirigirse al angar. La conversación posterior no iba a ser fácil.

- ¡Breha! – Bail sonrió al bajar de la nave y divisar a su esposa andando hacia ellos, tan regia como era costumbre –. Te he echado de menos, querida.

La reina asintió, dirigiendo la mirada al otro visitante.

- Maestro Kenobi – lo reconoció, a pesar de las varias arrugas que había aparecido prematuramente en su rostro –. Es un placer volverlo a ver.

- Majestad – el jedi se inclinó gentilmente ante ella, demostrando que sus muchos años exilio no habían afectado a sus modelas.

- El maestro Kenobi está aquí para ayudarnos a recuperar a Leia – informó el virrey, con presteza –. Ahora que Vader tiene a Luke, es vital salvar a ambos niños antes de que los entregue a las garras del emperador. Habíamos pensado...

- Me temo que no va a ser posible, Bail – lo interrumpió Breha antes de que expusiera su plan, con total calma en la voz –. Hay un factor con el que ustedes no cuentan.

- ¿Un factor? ¿A qué te refieres?

- Padmé – explicó con una sola palabra.

- ¿Le dijiste? – cuestionó incrédulo su marido, como si no fuera capaz de creerlo –. Después de que te yo te pediera expresamente que permanecieras en silencio, ¿le dijiste?

- Esa fue mi intención – replicó ella sin amilanarse –. Viaje a Naboo para hablar con ella y contarle toda la verdad. Desgraciadamente, llegué unas cuantas horas tarde. Ella ya lo sabía.

- ¿¡Cómo!

- Según me dijo Sola, vio a los gemelos por la Holored en compañía de Vader, y no extraño que los identificara. Ella siempre ha sido su madre.

- Y fue a Corusant a buscarlos, ¿verdad? ¿Fue allí a buscar a sus hijos?

Breha se volvió hacía el maestro jedi, que hasta entonces había permanecido en silencio, sorprendida por su intuición. Pero asintió ligeramente, confirmando sus sospechas.

- Oh, fuerza... – Obi-Wan ocultó el rostro en sus manos.

Probablemente no volvería a verla, y si lo hacía, no sería la misma. Y eso era precisamente lo que él le había querido evitar. Más sufrimiento.

Padmé había pagado muy caro su amor por Anakin. El dolor que éste le había infligido iba mucho más allá del atentado contra su vida en Mustafar. Había estado a punto de llevarla a la tumbar tras el parto. No tiene ganas de vivir, esas fueron las palabras de los médicos. Y aun así, ella nunca había dejado de creer en él. Ni en el último instante.

Lo recordaba tan vividamente...

- Es... sus ojos se movían ciegamente–. Es una niña. Anakin cree que es niña.

- Padmé, tienes que aguantar suplicó el jedi, viendo como la vida se le escapaba de entre las manos.

Padmé no lo escuchó.

- Si es niña... jadeó, que se llame Leia...

Uno de los droides cirujano salió de detrás de la tienda, acunando en sus brazos acolchados un pequeño bebé, ya limpio y respirando, pero sin el menor asomo de lágrimas.

- Es un niño anunció el droide con voz suave.

Padmé alargó hacia él su temblorosa mano libre, pero no tenía fuerzas para cogerlo; sólo pudo tocarle la frente con los dedos. Sonrió débilmente.

- Luke...

El otro droide también rodeó la tienda con otro bebé limpio, también callado y solemne.

-... y una niña.

Pero ella se había desplomado nuevamente contra la almohada.

- Padmé, tienes gemelos dijo Obi-Wan con desesperación . Te necesitan... Por favor, aguanta...

- Anakin...

- Anakin... no está aquí, Padmé dijo, aunque no creía que ella pudiera oírle.

- Anakin, lo siento. Lo siento mucho... Anakin, por favor, te quiero...

Obi-Wan sintió en la Fuerza la cercanía de Yoda y alzó la mirada para ver al anciano Maestro junto a Bail Organa. Ambos miraban con el mismo gesto interrogante a través del panel de observación de la sala de opera ciones.

La única respuesta que tenía Obi-Wan fue una impotente negación con la cabeza. Padmé alargó la mano libre, la mano que había posado en la frente de su hijo primogénito, y puso algo en la mano de Obi-Wan. Por un momento, la mirada de ella se despejó, y le reconoció.

-Obi-Wan... hay... aún hay bueno en él. Sé que todavía... lo hay...

Su voz se desvaneció en un suspiro vacío, y se desplomó contra la almohada. Media docena de escáneres zumbaron con conflictivos tonos de alarma, y los droides médicos le hicieron salir de la sala.

- Clínicamente está sana, pero no conseguimos salvarla... No entendemos por qué. Ha perdido las ganas de vivir. Un como inducido es ahora la única posibilidad de salvarla. ¿Tenemos su consentimiento?

Varios minutos después, Obi-Wan seguía parado en el vestíbulo de la sala, mirando lo que ella había pues to en su mano. Era algún tipo de colgante, un amuleto con signos desco nocidos tallados en algún material orgánico y engarzado en un cordel de cuero. En la Fuerza, pudo sentir rastros del tacto de su piel.

Cuando Yoda y Bail se reunieron con él, aún seguía allí parado, mi rándolo.

-Me puso esto en la mano... por lo que parecía la duodécima vez en ese día, se encontró pestañeando para alejar las lágrimas ...y ni siquiera sé lo que es.

-Precioso para ella debía de ser dijo Yoda despacio . Quizá ente rrado con ella debería ser, para que pueda recuperarlo cuando despierte.

Obi-Wan miró los sencillos símbolos infantiles tallados en él y sintió en la Fuerza que emitían los ecos de un amor trascendente y la desoladora, desoladora desesperación de un corazón insoportablemente roto.

- Si – dijo . Sí. Quizá sería lo mejor.

¡Fuerza! Durante diez años había sufrido en silencio los remordimiento de mentir a Padmé, de esconder a sus hijos de ella, pero confiando en que Yoda tenía razón, no sólo por los niños... sino también... por la madre. Confiando en que era la mejor oportunidad para ella. Para recuperarse. Para empezar una nueva vida.

Y ahora todo había sido en vano. El sufrimiento de Padmé había sido en vano. Vader tenía a sus hijos y ella corría a enfrentarse a él, quizá con la vana esperanza de que algún resquicio del corazón de su marido aún estuviera en el interior de su armadura negra... Sin sospechar la más que probable muerte que ella encontraría entre sus brazos.

¿Acaso había equivocado tanto? ¿Tan herrada estaba la fuerza? De otro modo... ¿por qué permitía que ocurriera todo esto?

Las nuevas palabras de Breha lograron apartarlo de sus tribulaciones.

- Te equivocas, Bail. Ella no lo sabe todo. Hay algo que todavía no sabe – Organa la miró interrogante –. Sus hijos. Padmé no sabe que fuimos nosotros quienes los ocultamos, piensa que fue Vader quien se los llevó cuando ella todavía estaba en coma.

- ¿Vader? – el virrey lo medito un instantes –. Bueno... eso no es tan malo. Al menos, de ese modo se mantendrá alerta contra la crueldad de ese monstruo.

Breha sacudió la cabeza con tristeza; eso era lo que ella misma había pensado. Al principio.

- Me temo que no lo comprendes, Bail. No ves la gravedad de este asunto... No sabes hasta que punto se ha perdido.

- ¿Perdido? – realmente no comprendía.

- Si, perdido – se reafirmo con congoja –. Se ha perdido la esperanza.

Y ante la perplejidad de su esposo, de todos los que estaban en esa habitación, únicamente el maestro jedi fue capaz de entender hasta que punto llegaban a ser ciertas dichas palabras.


A muchos os habrá sorprendido ver la continuidad de esta historia, que de seguro dabais ya por abandonada. Reconozco que esa fue mi intención. Circustancias adversas en mi familia me llevaron a alejarme de los escritos escritos contra mi voluntad, y tentada estuve a dejarlos así para siempre. Para mi escribir es algo más que una aficción, es algo que me sale del alma, y en los últimos meses no me sentia con fuerzas para ello, a excepción de un par de tragedias que me negué a publicar.

Sin embargo, vuestros reviews seguían llegando y con cada uno de ellos... no se explicarlo... pero al final vino a mi la determinación de que no podía dejar estos fanfiction inconclusos. Os lo debía. Debía trabajar en ellos y concluirlos por vosotros, y también por mi. Así pues, he regresado. Quizá no con la determinación y rápidez a la que os tenía acostumbrada, pero prometo continuar publicando hasta dar con un digno final para ambas historias, cuesteme lo que me cueste, mientras haya uno de vosotros que siga esperando por cada capítulo con la ilusión de llegar al final y obtener ese dulce sabor de boca y esa sonrisa feliz que tan difícil es de conseguir en el mundo real, pero por la que todos hemos de seguir luchando.

Espero vuestra comprensión y os agradezco de todo corazón seguir conmigo pese a todo, hasta dar con el final.

Gracias.

Kheyra Amidala Skywalker, 8 de agosto de 2010