Veinticinco: Admiración.
La tensión en el tatami era casi palpable hasta para quienes observaban desde los miradores. Y eran bastantes personas, pues como una cortesía, los equipos Mori y Chizu fueron invitados a estar presentes, en compañía de sus sensei's.
—¿Ya te calmaste, Yamaneko? —inquirió Baraken, sarcástica.
—No digas tonterías. ¿Acaso miraste el resto de la eliminatoria para soltar disparates?
—No. Me quedé para no perderme de algo interesante. Como el mahojutsu de Haruto que…
—¿Haruto? ¿La alumna escandalosa de Tenshi? ¿Esa Haruto?
Baraken asintió.
—¿Preparadas? —preguntó el mokunobi misterioso, observando por turnos a las dos genin's en el tatami. Ambas asintieron con una cabezada —¡Comiencen!
A nadie sorprendió que Hokuto desenvainara su ninjato y atacara, todo en menos de cinco segundos. Lo que sí dejó a varios pasmados fue el sonido de metal entrechocando que detuvo a la líder de Ginga a pocos centímetros de la cara de Pinku.
—¿Qué diablos…? —masculló Yamaneko por lo bajo, fijándose en la escena.
—No sé qué te sorprende —comentó Baraken tranquilamente.
Pero Yamaneko no era el único impresionado. Varios gestos de asombro circulaban en ambos miradores y para burla de Tenshi, Tensai poseía una.
—Nunca la vi usar eso —fue todo lo que la tsuchinoichi musitó.
—¿Son sai? —dejó escapar Hokuto, mirando el rostro de su oponente por encima de la hoja de su ninjato y el arma de Pinku.
La mokunoichi esbozó una ligera sonrisa afirmativa, antes de empujar a Hokuto hacia atrás, liberando la ninjato del agarre de su arma. Acto seguido, Pinku adoptó una posición de ataque que encajaba con su personalidad, pues la hacía lucir similar a una bailarina a punto de iniciar alguna danza tradicional. El arma en su diestra, colocada al frente, era idéntica a la de su mano izquierda, alzada a la altura de sus hombros. Ambas armas lanzaron destellos verdes y blancos.
—Esos no son sai ordinarios —apuntó Subaru, tomando por sorpresa a varios —A juzgar por su apariencia y la persona que las porta, deben ser los Yurisai.
—¿Los Yurisai? —Sekai abrió los ojos desmesuradamente, asombrada —¡Los Sanyuri los consideran sus reliquias más preciadas! Están forjados en plata, jade y cuarzo, protegidos con innumerables hechizos contra destrucción y robo.
Los datos de los Yurisai también eran conocidos por Hokuto, que entre otras cosas, se especializaba en estudiar toda clase de armas y sus usos. Los sai ordinarios no habrían sido capaces de soportar su golpe, menos si estaban fabricados con semejantes materiales, así que la pregunta a responder aquí era…
—¿Cómo es que te permitieron sacar esos tesoros de casa, Pinku? ¿Es que acaso los Sanyuri temen que le pase algo a Hime–sama?
—Lo mismo pregunto acerca de ti y Takahane.
Hokuto frunció el ceño, contrariada. Se colocó en posición de ataque, con la empuñadura de su ninjato cerca de la cintura y el brazo izquierdo extendido al frente.
—Dejémonos de cuestiones técnicas y contéstame una cosa —pidió la líder de Ginga, en tanto ella y Pinku caminaban en círculos lentamente, acechándose una a la otra —¿De dónde te salió tanto amor por Hyumaki–kun?
Eso, por las caras de todos los presentes, era algo que no esperaba oírse allí.
—¿Tiene alguna relación con nuestro combate, Hokuto–san?
—Sí, porque dependiendo de la respuesta, decidiré la forma en la que te voy a derrotar.
—Supongo que debo considerarlo un halago viniendo de ti, pero no estoy del todo segura. ¿Por qué no nos lo apostamos?
Hokuto arrugó la frente, en tanto los de Mori se quedaban igual de estupefactos que el resto de la audiencia.
—¿En serio la tal Pinku es una Sanyuri? —desdeñó Eda, meneando la cabeza.
—Que esté usando los Yurisai es la prueba —señaló Kita con naturalidad —Entre los hechizos que tienen encima esas armas, está uno de juramentado.
—¿De juramentado? —se sorprendió Minami —¿Te refieres a…?
—Sí, esas armas están vinculadas por sangre a los Sanyuri.
—Idiota —escupió Maruta en ese momento. Los demás observaron a la mizunoichi, quien lucía varios vendajes como consecuencia de su anterior batalla, y ella se explicó —La apuesta. Han definido los términos —y señaló al tatami.
Los de ese mirador no pudieron enterarse de dichos términos, porque en ese momento Hokuto y Pinku cargaron una contra la otra. Por la rapidez con las que ambas blandían sus armas, cualquier distracción podría costarles caro.
—¿Cómo es posible que Pinku–san sea tan hábil con los sai? —preguntó Uma en voz alta.
—A mí no me sorprende tanto —apuntó Tsuru —Si tomamos en cuenta que esas armas son originarias de Okinawa y los Sanyuri radican allí desde hace cinco siglos.
—¿En serio? —Uma tomó nota mental del dato —Bueno, no me refería a eso exactamente, sino a que los Sanyuri son… Bueno, no son mucho de peleas —concluyó, no muy convencido.
—A donde fueres, haz lo que vieres —recitó Subaru apaciblemente —En Okinawa se desarrollaron muchas técnicas de defensa personal y herramientas alternativas durante las Tragedias. Al estar allí, los Sanyuri debieron pensar que no era tan descabellado aprender a defenderse para salvaguardar sus secretos.
—¿Por eso la mayoría de su ninkei ofensivo se basa en taijutsu y armas no punzocortantes? —se interesó Sekai.
Subaru asintió.
—Insisto, ¿por qué no eres tú el informante de tu equipo, genio?
—Eso deberías preguntárselo a quienes asignaron las posiciones, Uma–kun.
En el tatami, Hokuto seguía presionando, mordiéndose el labio inferior al darse cuenta que Pinku no parecía nada perdida al emplear armas. El historial de su clan dictaba que sus rencillas las solucionaban de forma pacífica y rara vez hacían uso de la fuerza. Pero de pronto recordó la anécdota de unos parientes que aseguraban que se habían enterado de un conflicto de los Sanyuri con un clan pequeño de Okinawa respecto a territorios, y su líder de aquel entonces había vencido al del otro clan en un duelo. Para haber aceptado ese arreglo en primer lugar, aquel líder Sanyuri debía saber pelear, de eso Hokuto no tenía dudas. Y siendo los Sanyuri tan cerrados a la mayoría del mundo exterior, eran pocos quienes habían visto su ninkei en acción.
En ese momento, Hokuto agradeció todo lo que Sekai logró averiguar respecto al clan de Pinku. De mantener el combate con armas, estaba segura de ganarlo, pero si la mokunoichi de Chi cambiaba de métodos, estaba preparada. Por nada del mundo quería perder la apuesta.
Por su parte, Pinku se defendía con maestría, pero comenzaba a cansarse. El nivel de Hokuto en kenjutsu era, por mucho, más alto que el de Aoi, la persona con quien más entrenaba cuando de usar armas se trataba. Agitando los brazos una y otra vez para detener los golpes de su oponente, no podía negar la habilidad de los Takagi y se preguntó si estarían enterados de todo lo que su heredera era capaz de hacer. Por el trato que, sabía, recibían las mujeres de esa familia, se imaginó que la respuesta era negativa. Una sonrisa le iluminó el rostro al tiempo que con ambos sai, evitaba una estocada hacia su costado izquierdo.
Sin importar lo que Hokuto creyera, las dos no eran tan distintas.
La líder de Ginga, en ese instante, captó la sonrisa de su oponente y arqueando una ceja, alzó una mano con rapidez y expulsó una ráfaga de viento que le dio una momentánea ventaja al desestabilizar a Pinku. No desaprovechó eso, pues sin dejar de presionar con su ninjato, se puso rápidamente en cuclillas para tirar una patada hacia los pies de la otra, con intención de tirarla. El movimiento resultó, cayendo la castaña hacia atrás, perdiendo uno de los sai a la vez.
A continuación, Hokuto se incorporó de un salto para colocarse a horcajadas sobre Pinku y dirigir su ninjato a su cuello, pero el elemento sorpresa de Chi desvió la hoja del arma con el sai que todavía aferraba.
—¿Crees que vas a ganar, Hime–sama, con la ventaja que llevo? —indagó Hokuto, sarcástica, mostrando que una de sus manos, en lugar de aferrar la ninjato, lo hacía con unos shuriken.
—No sería una kunoichi digna si no lo intentara —masculló Pinku, entrecerrando los ojos ante el esfuerzo de pensar en un plan. Tuvo una idea y usó su mano libre para alcanzar lo que necesitaba al tiempo que decía —Además, quitando algunos detalles de tu personalidad, puedo asegurar que no me desagradas, Hokuto–san.
—¡Serás…!
De pronto, Hokuto no pudo moverse. Aplicó fuerza con su ninjato, intentó lanzar los shuriken, pero nada. No fue sino hasta que Pinku se retiró de su alcance con precaria agilidad, que creyó saber lo que pasaba.
La mokunoichi tenía la varita mágica en la mano sin sai.
—No hay que olvidar jamás los recursos con los que contamos —señaló Pinku suavemente, como si pronunciara algún precepto escolar. Recuperó el sai perdido y lo guardó con sumo cuidado —Podría atacarte ahora y ganarte, pero eso sería poco honorable, considerando las circunstancias. Así que te retiraré el hechizo y seguiremos combatiendo.
Y enseguida, realizó una floritura con la varita, con la cual Hokuto recuperó la movilidad.
La kazenoichi tardó pocos segundos en reaccionar y salir disparada contra Pinku, imitándola al sacar la varita. Así, el duelo pasó a ser solo de armas a incluir rayos luminosos de vez en cuando, lo que generaba dificultad para seguirles el paso con la mirada y quizá, así predecir en qué acabaría la pelea.
Pero finalmente, tras unos cinco minutos de ataques y defensas certeros, todo acabó. Hokuto hizo que Pinku interceptara su ninjato con el sai y a toda velocidad, ejecutó un hechizo de desarme que lanzó a la otra hacia atrás, con lo cual soltó sin querer tanto la varita como el sai. Y para evitar cualquier oportunidad de recuperación, Hokuto lanzó otra ráfaga de viento al girar su arma, por lo que Pinku acabó fuera del tatami, cayendo pesadamente de espaldas.
—Pinku, elemento sorpresa de Chi, ha sido expulsada del tatami —declaró el árbitro enmascarado —La victoria es para Hokuto, líder de Ginga.
Hokuto normalizó poco a poco su respiración, esbozando una sonrisa orgullosa no solamente por haber ganado, sino porque sentía que se había quitado un gran peso de encima.
Sobre todo, se sintió más ligera cuando los sanadores sacaron a Pinku del sitio y Hyumaki no tardó en seguirlos, con evidente expresión de preocupación.
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—¿En serio? ¿Estás bien?
—Por supuesto, Hyumaki–san. Regresa al área de combates, por favor. No querrás perderte información importante, ¿verdad?
—Cierto, pero…
—¡Hola, Hyumaki–kun! —Hokuto, radiante de alegría, abrazó al muchacho con más cuidado del usual —¿Qué te pareció la pelea?
—Ah… Hokuto–san…
—Lo siento, Hyumaki–kun, ¿podemos hablar después? Tengo algo pendiente con Hime–sama.
El muchacho, observando a ambas por un momento, asintió y se retiró.
—Supongo que vienes a que te pague, Hokuto–san.
La nombrada asintió y sin dejar de sonreír, se sentó en la orilla de la cama, a la derecha de Pinku, quien lucía una venda alrededor de la cabeza. Por lo visto, el último golpe había sido más grave de lo que aparentaba.
—No es una gran historia, Hokuto–san. Todo comenzó en Amami, en el verano después de mi décimo cumpleaños. Mi familia y yo fuimos de vacaciones allí y en la posada para magos me topé por primera vez con Hyumaki–san. ¿Lo llegaste a ver a esa edad? A mí me resultó simpático, más que nada porque no conocía a muchos niños de mi edad, estudiando en casa, pero… Bueno, por primera vez me pregunté si ser heredera era realmente tan extraordinario como lo ven los demás. ¿Has visto cómo trata Tensai–sensei a Hyumaki–san? —Hokuto asintió, haciendo una mueca de enfado —Tú y yo somos herederas y además, yo soy primogénita. Me pregunté cómo se sentiría mi hermano si yo lo tratara de esa forma… Y lo primero que sentí fue compasión.
Hokuto torció la boca, mostrando así su inconformidad. Nunca había sido partidaria de ser compadecida o compadecerse de alguien más. Sin embargo, no interrumpió.
—No le hablé entonces, no sabía cómo hacerlo, además de que pensé que no me contestaría gran cosa, con lo tímido que es. Pero reconocí el mon de sus ropas y comencé a indagar por ese clan. La mayoría de lo que me dijeron me pareció normal, pero conforme pasaba el tiempo me di cuenta que mi clan jamás se relacionaría con el de Hyumaki–san, no sin una buena razón. Así que tuve que conformarme con los veranos que nuestras familias coincidían en Amami, sobre todo cuando Hyumaki–san fue a Hoshikino y yo seguí con profesores particulares.
Eso último le confirmaba a Hokuto lo que había escuchado antes respecto a los Sanyuri de más alto rango dentro del clan, sobre todo los herederos: que eran educados en casa, sin salir al mundo a menos que fuera estrictamente necesario. En ese caso, ¿Pinku había llegado a sentirse tan sola como había llegado a ver a Hyumaki? La respuesta probable era un sí.
—No me arrepiento de haberme interesado en él —dijo Pinku en ese momento, sonriendo levemente —Conforme pasaba el tiempo, fui conociéndolo e incluso llegamos a charlar un par de veces. Debí agradarle también, porque se atrevió a confiarme lo que deseaba hacer al graduarse de Hoshikino, lo cual para él era un reto enorme. Eso me inspiró, así que hablé con mi clan, declaré mi intención de ser ninja y presenté el examen.
—Pero eso no contesta del todo a mi pregunta, ¿te das cuenta?
—Lo sé, pero por algo debía comenzar, ¿cierto? Para mí, conocer a Hyumaki–san, con todo lo que ello implica, fue lo que me llevó poco a poco a amarlo. La compasión inicial se esfumó muy pronto, te lo aseguro, pues con sus actos me hizo admirarlo. Y cuando me dolieron más sus penas que las propias, cuando me alegré por él más que por mí misma, fue que comprendí que era hora de ser tan valiente como él, si es que quería que me aceptara en su vida.
—¿Valiente… como él?
Hokuto no se creía semejante discurso. Ella también, al principio, se había limitado a observar a Hyumaki, analizando sus gestos y acciones, en un débil intento por comprenderlo. Creyó haberlo logrado hasta toparse con Kuroi, Pinku y la jonin Tenshi, ya que eran los únicos que habían sabido preocuparse por él más que cualquier persona, al menos hasta que el muchacho llegó al escuadrón. Y si ella quería ser cercana al informante de Nagareboshi, no podía estar en contra de las personas que eran valiosas para él, ¿verdad?
Al llegar a semejante conclusión, la líder de Ginga sonrió un poco.
—¿Me aceptarías como amiga de Hyumaki–kun, Hime–sama?
—¿Por qué me lo preguntas a mí?
—Porque sé que si tú o Kuroi–kun no me aceptan, me falta mucho para ser amiga suya. En serio, tiene suerte de tenerlos. A ustedes y a Tenshi–sensei.
Ahora fue el turno de Pinku de sonreír ampliamente, luego de lo cual decidió asentir.
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9 de abril de 2015. 10:10 P. M. (Hora de Aguascalientes, Ags. México).
¡Hola, hola! Sí, gente, ando en racha acelerada. Por una parte, el trauma que en su momento leí en línea e inspiró este fic ¡ahora es publicado en México y el tomo del mes es precisamente cuando inician el proceso de ascenso de rango! (Bell baila de gusto) Y por otro lado, acabo de ver que si me apuro en transcribir lo que me queda de Juuroku en papel, pronto ya no dependeré de ello para actualizar y podré redactar los capítulos directamente en la computadora, ¿no es genial? (Bell se alegra sola, total, a casi nadie le importa…).
Bien, ha iniciado la segunda eliminatoria, que por cierto, procuraré que sea mucho menos entretenida que la primera, pues ya la tengo armada y prácticamente redactada. La primera pelea es Hokuto contra Pinku, quienes dicho sea de paso, tenían un ligero desacuerdo a causa de Hyumaki (el chico es guapo, pero no es para tanto). Como se ha podido explicar, lo de Hokuto por el chico no era amor, solo el deseo de ser su amiga pero que no se esforzó demasiado en realizar (aunque ella crea lo contrario); por su parte, Pinku sí lo quiere y hemos conocido cómo comenzó a relacionarse con él, ¿o qué, creyeron que apenas se habían conocido en el Escuadrón Ninja? Muy mal, gente, muy mal… (Bell rueda los ojos).
Cuídense mucho y nos leemos pronto.
