Capítulo 25:

El Hogar de Ancianos

Ron despertó sintiéndose incómodo. No debido a la situación, sino por la postura en la que se había quedado dormido. Hermione estaba ligeramente sobre su cuerpo aferrándose con fuerza a su pijama, y él prácticamente había dormido sentado, por lo que ahora su espalda le rogaba rápidamente por un cambio de posición. Tomó una de las manos de la castaña y la dejó sobre la cama liberando su cuerpo al fin. Ella se removió un poco, pero luego terminó por aferrarse a la almohada del pelirrojo. Él se levantó de un salto, y juntando la puerta de la habitación salió en dirección a la cocina. El piso estaba helado, y se percató de ello cuando estaba a la mitad del camino, pero como poco le importaba ir por un par de pantuflas, tomó el teléfono y se subió al sillón levantando sus pies del frio para dejarlos apoyados sobre la mesita de centro. Marcó un número y luego esperó pacientemente al tono de espera. Estaba en medio de un bostezo cuando alguien atendió.

— ¿Si diga?

— Cedric, soy yo, Ron.

— ¿Ron? ¿Eres tú? — Preguntó el chico con un tono de sorpresa.

— Eso dije.

— Bueno, bueno… no te enojes. — Ron bufó. Se llevó una mano al rostro y se refregó los ojos con cansancio.

— ¿Qué sucede? ¿Por qué me llamas?

— ¿Qué no puedo llamar a mi amigo para saber cómo está?

— ¿Es enserio? — Preguntó él al otro lado del teléfono. — ¿Cuándo nos hemos llamado para saber cómo estamos? Si mal no recuerdo, la última vez que hablamos fue para… ¡No cariño lo lamento, no puedes quedarte! ¡Debo ir a trabajar y mi esposa está por llegar! — Gritó Cedric a una chica. Ron arrugó el entrecejo confundido. — Lo siento, estaba desasiéndome de una mujer que conocí ayer…

— Es la peor escusa que te he escuchado decir

— Y eso que ni siquiera me has visto en mi peor momento. — Argumentó el rubio. — Apropósito… ¿de que hablábamos?

— De que llamaba para saber cómo estabas

— Ahhh si… espera… — Se detuvo el chico meditando. — ya enserio, ¿Qué te sucedió?

— ¿Por qué crees que a mi es quien le ocurre algo?

— ¡Ya déjate de mariconadas y dime lo que quieres decirme!

— ¡ESTOY CONFUNDIDO! — Gritó el pelirrojo sin contenerse, pero apenas pasaron unos segundos se maldijo por no haber pensado dos veces lo que había hecho. No solo porque le había confesado a su amigo algo tan delicado, sino también porque su novia dormía en la pieza continúa al salón. Esperó que el silencio se mantuviera y luego volvió a hablar. — No sé qué hacer con Hermione, ayer cuando llegamos los periodistas le preguntaron por su padre, los días anteriores en la boda de mi hermana estuvimos discutiendo y ahora no tengo idea de cómo ayudarla…

— Solo hay una simple razón por la cual te sientes así — Ron suspiró y escuchó atentamente. — Estas enamorada hasta las patas de esa chica…

— Creo que ya no puedo negártelo. — Cedric aplaudió. — No es gracioso idiota, quiero un consejo, no tus burlas.

— Entonces te equivocaste, porque tú sabes que de esos temas no sé nada.

— Creí que conocías mucho a las mujeres.

— Así es, a las mujeres — Recalcó él. — no a los hombres que comienzan a comportarse como unos completos imbéciles.

— Creo que no debí llamarte — Comentó el pelirrojo enojado, dispuesto a colgar el teléfono.

— ¡No, espera! ¡De acuerdo! ¡Rayos Ron! — Murmuró Cedric con molestia. — Solo porque eres uno de mis mejores amigos te diré esto… ¿esta bien?… según mi experiencia personal solo me he enamorado una vez… ¡no te burles!

— ¡No he dicho nada! — Dijo el pelirrojo con inocencia.

— Y esa vez que me enamoré… me comportaba como un tarado, no podía pensar en nada más que no fuera ella y cada problema que ella tenía era para mí como si se acabara el mundo así que supongo que algo como eso es de lo que quieres hablar… ¿o me equivoco?

— ¿Qué debo hacer? — A Cedric le pareció sorprendente que él pelirrojo ni siquiera negara lo dicho. — Jamás me había sentido así y no sé nada... no sé cómo ayudarla y tengo miedo de esto, ¡me siento más débil que nunca por todos los demonios!

— Si has discutido con ella es porque las cosas se están volviendo más serias y solo una cosa te diré… — Ron aguardó. — no la pierdas… esas mujeres no se encuentran en cualquier parte, créeme. Yo perdí a la única mujer que me quería por quien era y me arrepentiré siempre de ello.

— No conocía tu lado sentimental

— Para que veas que no soy siempre un imbécil.

— Quien lo creería… esa chica te marcó profundo.

— Es por ella que dejé de ser como era, ahora soy como soy con las mujeres para evitar que traten de entrar en mi vida. Mi orgullo de macho no resistiría nuevamente a ese estúpido sentimiento.

— Te entiendo, creo que estoy comenzando a arrepentirme de todo esto.

— Deja que las cosas pasen, después rogarás porque nunca se acabe.

— No lo sé…

— ¡Hazme caso por una maldita vez Weasley!

Ron escuchó que la puerta de la habitación se abría y dejaba paso a una adormilada Hermione.

— ¿Con quién hablas? — Preguntó ella.

— Debo colgarte, gracias por tu ayuda. Adiós — Susurró Ron, apagando el teléfono.

— ¿Quién era? — Insistió ella.

— ¿Qué? ¿Quién? ¡Ah! eh… un amigo.

— ¿Qué amigo?

— ¿Por qué tantas preguntas? — Respondió él, poniéndose de pie para llegar hasta donde ella. Pero Hermione siguió su camino a la cocina sin prestarle mucha atención.

— ¿Qué ahora no puedo hacerte preguntas? — Ron notó su evidente mal humor. — ¿Acoso estas escondiendo algo que reaccionas de esa manera tan extraña?

— Tú sabes que no me gusta que me controlen — Hermione rió en forma de burla.

— Era solo una estúpida pregunta, ¿Qué no estás acostumbrado a ellas? — Ella recibió su silencio como una afirmación. — Pues deberías aprender a responderlas sin tantos rodeos.

El pelirrojo prefirió no responder nada, ya que si algo había aprendido de las discusiones con su madre, era que cuando las cosas estaban en calma era mejor dejarlas pasar y evitarse futuros conflictos. La castaña dio varias vueltas entre que se preparaba el desayuno, prendió la televisión y se sentó a comer lo que había preparado. Ron no dijo nada cuando se percató de que ella no había hecho nada para él, así que con toda la normalidad del mundo se preparó un café y luego unos cuantos panes. Se sentó a su lado e intentó tomar su mano, pero ella prácticamente se la rechazó. Continuó comiendo con normalidad, tratando de contener las ganas de decirle algo o preguntarle que le sucedía, ya que sabía que probablemente eso empeoraría las cosas.

Cuando Hermione terminó, dejó las cosas sobre la mesa y caminó rumbo al baño. Ron minutos después escuchó el grifo sonar, así que se relajó y siguió comiendo. En una de las oportunidades que se estiró para alcanzar la mermelada de fresa, se percató de que el teléfono celular de su novia, había quedado sobre la mesa. Lo observó un buen rato y luego de que la idea que se había formulado en su cabeza fue evaluada por largos minutos, lo tomó y marcó el número de Harry.

— Hermione, hola. ¿Cómo estás? — Preguntó amablemente la voz del marido de su hermana apenas contestó.

— No Harry, soy Ron.

— ¡Ah! ¡Hola Ron! ¿Qué sucede?

— Lo siento si te interrumpo de algo importante.

— No hay problema, estoy en mi oficina.

— ¿Tienes tiempo?

— Sí, claro. ¿Por qué?

— Necesitaba preguntarle algo. — El pelirrojo notó un cambio en la voz de Harry, por lo que decidió aclarar el tema de conversación. — No es sobre mi hermana, no te preocupes.

— Entiendo. ¿Es un tema de hombres?

— De hecho, quería preguntarte acerca de Hermione.

— ¿Qué sucede con ella?

— Está rara.

— ¿Cómo rara? — Inquirió el joven.

— Se comporta de una forma extraña, está… muy cambiante en sus humores y prácticamente esta mañana dejé de importarle.

— ¿Te ha estado ignorando?

— Algo similar.

— Supe por las noticias que se enteraron de que su padre está internado en una clínica.

— Así es, y creo que ha sido muy duro para ella, pero de todas maneras no veo la razón para que esté enojada conmigo.

— Hermione es mujer Ron. — Argumentó el chico. — Ellas son así, cambian de humor fácilmente, nunca están segura de lo que quieren y siempre esperan más de lo que uno puede darles.

— Ella no se había comportado así nunca.

— ¿Cuánto tiempo llevan juntos?

— Casi cuatro meses.

— Entonces aún no has vivido ni la mitad de los problemas amigo, ellas siempre nos ponen todo difícil y créeme, que ella te ignore será el menor de los problemas con los que tendrás que lidiar.

— Hablas como si hubieras vivido toda tu vida estas cosas — Comentó él pelirrojo riendo.

— Tengo experiencia, eso es todo.

— ¿Qué crees que debería hacer?

— Sorpréndela — Fue su respuesta. Ron arrugó el entrecejo confundido a pesar de que Harry no podía verlo. — Hermione no es una mujer a la que le gusten las sorpresas, pero le haría bien dejarse llevar una vez en su vida y sé que si decides bien ella terminará más encantada que nunca y volverá a ser la de siempre.

— Gracias Harry, lo intentaré.

— Llámame para decirme como te fue.

— De acuerdo, adiós.

Colgó el teléfono y se refregó el pelo. Hermione al parecer ya había terminado de ducharse y ahora podía reconocer el sonido al caminar en dirección a su habitación.

— ¿Me acompañarías a un lugar? — Le preguntó gritando.

— ¿Adonde? — Respondió ella.

— ¿Sí o no?

Escuchó que ella suspiraba cansinamente. Esperaba que ella no dijera que no, ya que si no tendría que inventar alguna historia tonta para conseguir concretar su plan.

— De acuerdo, pero debo terminar de vestirme.

— No te preocupes, yo también. — El pelirrojo sonrió y partió rápidamente a su habitación para cambiarse de ropa.

Se vistió con ropa muy casual y apenas vio que ella llevaba un estilo de ropa parecida, sonrió aún más por haber acertado.

— Me acompañarás a un lado y luego iremos a comer algo ¿de acuerdo?

Hermione asintió sin muchas ganas, y llevándose su cartera al hombro, salió por la puerta principal. Ron pidió mentalmente que las cosas salieran bien, ya que podría ser una maravilla o un completo desastre.

En el ascensor se encontraron con una pareja mayor, que les sonrieron amablemente.

— Buenos días — Saludó Hermione sin mucho ánimo.

— Buenos días — Respondieron ellos.

Ron les hizo una seña con el rostro y luego desvió su vista a su novia. Hermione miraba para cualquier lado menos a él, y cuando apenas el ascensor llegó al primer piso, la pareja se bajó.

— Que tengan buen día. — Dijo la mujer mayor.

Las puertas se cerraron y ellos descendieron al estacionamiento. Decidieron ir en el jeep de Hermione, para evitar que con el deportivo de Ron atrajeran más la atención. El pelirrojo encendió el motor y con gran agilidad logró sacarlo del lugar con rapidez, sin llegar a toparse con los periodistas que rodeaban el lugar a la espera del ataque de preguntas.

— ¿A dónde iremos?

— Es una sorpresa.

— No me gustan las sorpresas — Confesó fastidiada. — Pensé que ya lo sabías.

— Esta sorpresa te gustará.

— Lo dudo.

— ¿Podrías tenerme un poco de confianza? — No estaba enojado, pero le sorprendía su forma de actuar esa mañana. — Solo quiero hacer lo mejor para ti.

La castaña se quedó en silencio, y evitó su mirada durante todo el trayecto. Mientras Ron conducía, su celular comenzó a sonar.

— ¿Quieres que conteste? — Preguntó ella con amabilidad, lo que le pareció extraño a él.

— Sí, por favor.

Hermione comenzó a buscar el celular de Ron entre los bolsillos de su chaqueta, pero él sonriendo dijo:

— Está en el bolsillo de mi pantalón. — Ella introdujo su mano en este para buscarlo. Lo encontró con facilidad, a pesar de que su pantalón era un tanto ajustado. — ¿Quién es?

— Robert. — Respondió ella, antes de llevárselo a la oreja. — Hola… no, no, soy Hermione… si, no te preocupes… ¿Mañana? De acuerdo, perfecto… si yo le digo, esta bien. Gracias, adiós.

Ron desvió su mirada del camino, para posarla en su novia, que había apagado el celular y ahora lo guardaba en su cartera. Ella lo descubrió viéndola y esperó a que él dijera algo sobre su teléfono, pero lo que recibió fue un casto beso en sus labios.

— ¡No hagas eso cuando conduces! — Lo regañó ella, con una leve sonrisa.

Él pelirrojo había descubierto la forma de hacerla sonreír. Volvió su mirada apresurada a la calle riendo. Hermione lo observó extrañada. Él condujo con tranquilidad, solo para encontrarse con la luz del semáforo en rojo, justo lo que necesitaba en ese momento. Separó sus manos del volante y tomó el rostro de su castaña con ambas manos dándole un suave y duradero beso. Ella se resistió en un principio, pero por más que intentó separarse, su propio cuerpo le rogaba por continuar esas caricias que los expertos labios del pelirrojo hacían. Él soltó su rostro, para dejar una de sus manos en su cintura y permitirle a ella dirigir el beso. Sintió las delicadas manos de ella acariciando su cabello, lo que lo impulsó a volver más apasionado el contacto. Sus lenguas luchaban por mayor contacto, mientras sus cuerpos eran retenidos por los cinturones de seguridad.

— ¡Oiga! — Escucharon, junto con el golpeteó en el vidrio de Ron. — ¡Oiga jovencito!

Hermione le dio un pequeño beso y luego se separó para ver que sucedía. Él mantuvo los ojos cerrados hasta sentarse correctamente en su asiento y luego con enojo miró a la persona que estaba al otro lado del vidrio. Presionó el botón para hacer que el cristal bajara, y fue entonces cuando se encontró con un hombre mayor, de rostro arrugado y vestido con ropas raídas.

— ¿Si?

— ¿Tendría algunas moneditas para este viejo? No he comido en toda la semana… — Argumentó ofreciéndole su mano. — Por favor, señor… tengo hambre.

Hermione se llevó una mano al pecho, consternada y con rapidez sacó dinero de su billetera. Le entregó a Ron para que él se lo diera y le sonrió inclinándose para verlo.

— Aquí tiene — Dijo él pelirrojo entregándole unos cuantos billetes. — Pero no se lo gaste en cerveza.

— Claro que no mijito, que Dios la bendiga damita. — Hermione le sonrió con mayor entusiasmo y luego cuando Ron emprendió camino, lo observó por el retrovisor.

— Es una lástima que todavía en un mundo tan desarrollado, haya tanta gente en la calle.

— No te imaginas lo que he visto en estos años. — Confesó él. Giró el manubrio y condujo por una calle angosta y de piedra que le permitía tener un atajo a la calle central. — Cuando viajé por varias ciudades, era lo mismo que aquí, pero había personas incluso en peor estado. Te piden dinero y comida, y uno lo único que puede hacer es entregarle unos billetes que le servirán para comer ese día y al día siguiente, pero… ¿después de eso que? Las personas seguirán sin dinero para comer, sin un lugar para refugiarse y sin nadie que pueda ayudarlos.

— ¿Y porque nosotros no hacemos algo? — Le preguntó ella. Ron no la miró porque el camino por el cual estaban cruzando era un lugar peligroso, pero aun así, le hacía entender que la estaba escuchando perfectamente.

— ¿Qué más podríamos hacer?

— Una fundación.

— ¿Para qué?

— ¡Para ayudar! ¿Para qué otra cosa podría ser, amor? — Ron sonrió, al parecer el ánimo de su novia estaba mejorando. — Podríamos abrir una cuenta de ahorro y depositar cuánto dinero podamos para organizar una fundación que ayude a todas las personas sin hogar, a los niños huérfanos, a las personas con enfermedades incurables…

— De acuerdo, pero ¿Cómo la llamaríamos?

— Eso es lo menos importante, Ron. — Él se encogió de hombros con simplicidad. — Lo que necesitamos es comenzar a realizar todos esos trámites de inmediato.

— ¿Ahora?

— No ahora, pero si mañana. — El pelirrojo asintió, pero pegó un salto cuando Hermione negó con efusividad. — No puede ser mañana porque tenemos la sesión de fotos, pero el jueves podría ser.

— ¿Sesión de fotos?

— ¡Ah! ¡Se me olvidaba decirte que Robert te llamó para eso! Dijo que mañana la realizaremos en uno de los estudios del edificio y que nos llevará prácticamente todo el día así que no podemos comprometernos a nada mañana.

— Y yo que pensé que mañana tendríamos libre.

— Recuerda que tenemos que hacer con rapidez lo de la renovación, o si no dejaremos sin trabajo a muchas personas.

— Lo sé, es que quería que fuéramos a ver a mis padres mañana.

— ¿Mañana? ¿Enserio? — Preguntó emocionada por su repentina confesión. — ¿Por qué?

— Es que quería que pasáramos el día con mi familia, juntos.

— ¿Y si vamos el jueves?

— ¿Y qué sucede con el plan de la fundación?

— Lo haremos él viernes — Propuso. Ron asintió. — Cielos, esta sí que será una semana ajetreada.

— Ya se me hacía raro que no tuviéramos nada que hacer. — Confesó él.

Hermione apoyó su cabeza en el hombro de su novio mientras este manejaba. Tendrían una semana compleja que apenas estaba comenzando y que ya les había generado una gran cantidad de problemas. Pero todo dependía de la organización que llevaban, y por más que quisieran negarlo, a veces su vida era bastante interesante. Y aún más cuando podían ayudar a los demás con su trabajo.


— Tú información de ayer me pareció bastante interesante niña, así que te tengo una propuesta. — Lavender escuchaba atentamente, mientras observaba sus nuevos zapatos. — Tú consígueme los más jugosos detalles de esa relación, y sus vidas y yo te recompensaré de una buena forma.

— Yo no quiero hacerle daño a Ron, solo quiero que esa mujer que tiene de novia desaparezca de su vida. — Rita cruzó sus manos sobre la mesa y dio un golpe sorpresivo que hizo a la chica asustarse.

— Para lograr eso, es mucho más fácil que desprestigies a Ron. Él hace mucho tiempo que no tiene un buen perfil con la prensa, por lo que la gente creerá con mayor facilidad algún chiste o rumor de parte de él, incluida su novia.

— Sí hiciera eso, estaría cavando la propia tumba de mi Ro-Ro, y eso es exactamente lo que no quiero hacer.

— Pero si quieres lograr tenerlo nuevamente, tendrás que hacer unos sacrificios. — Dijo ella con autoridad. No había duda de que tenía un buen método de argumentación, ya que Lavender poco a poco comenzaba a caer en su trampa. — Y créeme, que siempre vale la pena hundir un poco a las estrellas, eso los hace más accesibles.

— ¿Cómo me recompensarás?

— Con dinero.

— No quiero solo dinero, también quiero ser famosa como ellos.

— Puedo lograr eso y mucho más.

— ¿Cómo que por ejemplo? — Preguntó la joven, intrigada.

— Puedes llegar a ser el rostro de la campaña de una de las nuevas empresas más exitosas.

— ¿Qué empresa?

— Todo a su tiempo niña, todo a su tiempo. — Lavender rodó los ojos y prestó atención a la mujer de traje rosa chillón. — Ahora dime, ¿conseguirás más información?

— No necesito conseguir más, tengo bastante acumulada aquí — Señaló su propia cabeza y se cruzó de piernas tomando una posición más cómoda. — ¿Quiere que la espere a que consiga lápiz y papel?

— No hace falta querida, ya todo está listo justo aquí. — Rita le mostró la grabadora que tenía en su cajón central. Presionó un botón y luego fijó su mirada en ella. — Puedes comenzar querida, tengo toda mi atención puesta en ti.


Para cuando Ron estacionó el auto en el estacionamiento del lugar, Hermione observaba todo con desconfianza. Cuando él pelirrojo se bajó sin decirle nada, ella hizo lo mismo, recogiendo las chaquetas que habían traído para cubrirse por la tarde desde el asiento trasero. Él le dijo que era mejor que dejaran las cosas en el auto, así nada les estorbaría.

— ¿Dónde estamos?

— Sígueme y lo sabrás. — Le ofreció su mano. Ella dudó si hacerlo o no, pero al final lo hizo.

Entrelazaron sus manos como normalmente lo hacían y caminaron hasta la entrada. Hermione no reconoció el lugar, hasta que vió el inmenso letrero que estaba instalado en el pasto de la entrada: "Centro de Unión de Ancianos de Londres".

— ¿Por qué estamos aquí?

— Porque quiero que conozcas a alguien muy apreciado para mí. — Ella le dirigió su mirada más sorprendida y siguió caminando con normalidad.

El lugar era gigantesco y estaba la mayor parte rodeado de jardines verdes y arbustos con hermosas flores. Una buena cantidad de ancianos estaban en las bancas acompañados de mujeres con delantales blancos, que los acompañaban ya fuera en sus juegos, o solo para hacerles compañía. Algunos jugaban ajedrez, otros conversaban entre ellos, y la gran mayoría bordaba, tejía o veía la televisión que había sido instalada bajo un techo y en la cual parecían pasar una película cómica.

— Cuidado con ese escalón — Le señaló el pelirrojo, cuando vió que su novia iba demasiado ensimismada observando él lugar sin percatarse que estaban ya en la entrada.

— Gracias. — Sonrió ella.

Cuando ingresaron por la puerta principal, el par de guardias que custodiaban el lugar les dirigieron una mirada a modo de saludo y los dejaron ingresar. Ron la condujo hasta la recepción, donde una mujer regularmente joven los atendió.

— Buenos días July, vengo a verlo.

— ¡Fantástico! Él preguntó ayer por ti. — Dijo la mujer con una gran sonrisa. — Está en su habitación, no quiso salir a caminar esta tarde.

— De acuerdo, gracias.

Ella le guiño un ojo y luego los observó alejarse por el pasillo. Ron por su lado camino con normalidad, llevando a su lado a la castaña que sorpresivamente temblaba. Él para hacerla más familiar saludó a algunos ancianos que estaban en las habitaciones.

— ¡Hola Edgar! Te ves cada vez más joven.

— Lo mismo digo Ronalito. — Hermione sonrió por su apodo. — Y que muchacha más bella traes por aquí.

— Es un gusto — Dijo ella sonrojada, entrelazando la mano del anciano. — Señor… Edgar.

— No me digas señor jovencita, aún soy joven ¿no crees?

— Por supuesto que sí.

— ¿Has visto a Albus? — Le preguntó. El anciano asintió ligeramente y les señaló el pasillo final.

— Está leyendo uno de sus libros. Y dijo que nadie lo molestara, pero sé que tú no serás ninguna molestia.

— Gracias Ed, cuídate, nos vemos.

Siguieron caminando por él pasillo, hasta la última habitación que tenía la puerta medianamente cerrada, ya que no estaba con seguro, pero tampoco estaba abierta. Ron golpeó suavemente y luego la abrió, descubriendo al anciano que efectivamente tenía un libro entre sus manos y que mientras se movía en una mecedora intentaba leer con la poca luz que quedaba.

— ¡Albus! ¡Ya te hemos dicho que no debes leer con tan poca luz, tu vista empeorará si no te cuidas! — Lo regañó el pelirrojo, acercándose para darle un abrazo al hombre.

— Y ya te he dicho Ronald, que te pareces mucho a mi padre cuando dices esas cosas.— La lentitud con que decía cada palabra, le parecía a Hermione una extraña forma de sabiduría y cansancio.

— ¿Cómo has estado? Lamento si no he podido venir, pero el trabajo me tiene colapsado, además mi hermana Ginny, se casó la semana pasada.

— ¿Ya se casó la pequeña Ginny? — Preguntó el hombre sorprendido. — Pero si pareciera que solo fue ayer cuando aprendió a caminar.

— Lo mismo decía mi padre — Hermione permanecía en silencio a un lado de Ron, con evidente timidez y sin ganas de interceder en la conversación de esos hombres, que parecían conocerse de toda la vida. — ¡Que mal educado soy! Albus, ella es Hermione, mi novia.

— Un gusto señorita — Dijo él ofreciéndole su mano.

— El gusto es mío señor Albus — Ella estrechó su mano y se acercó para darle un pequeño beso en la mejilla a él.

— Hermione, Albus era el mejor amigo de mi abuelo.

— Así es, el mejor amigo de Billius el pelirrojo.— Dijo el anciano. — Son iguales ellos dos, te aseguro que si hubieras conocido a su abuelo, no sabrías diferenciarlos. Es sorprendente que Arthur se pareciera tan poco a su padre, pero que su hijo menor terminara siendo la copia exacta de él. — Ron sonreía con las explicaciones, observando las expresiones de su novia. — Y es aún más divertido, sabiendo que Arthur tuvo tantos hijos y solo uno de ellos tenía el parecido… Es extraño, pero bueno, así es la ciencia ¿no?

— Concuerdo perfectamente con usted. — Dijo ella, Albus la observó atento. — Mi bisabuela materna, era idéntica a mí o bueno… yo era igual a ella. Nunca la conocí, pero por fotos me lo demostraron.

— Es sorprendente, simplemente fantástico todo esto — Agregó él entusiasmado, mientras intentaba ponerse de pie. — Supongo que no les molestaría ir a dar una vuelta conmigo por el lugar ¿Verdad?

— Claro que no Albus, tu dinos por donde — El anciano asintió. — July me dijo que no habías querido salir de la habitación en todo él día.

— No tenía ánimos, pero ahora que ustedes jovencitos vinieron a visitarme creó que ya me entraron las ganas. — Hermione rió levemente y soltó a Ron de la mano, para que él lo ayudara a ponerse de pie.

Ron tomó uno de los brazos de Albus y con suavidad lo ayudó a caminar por el pasillo para que se acostumbrara, luego le fue mucho más fácil continuar.

— Cuidado con ese escalón — Señaló el pelirrojo al anciano. — ¿Te ayudo?

— No, no, no. No te preocupes por mí, tu ve de la mano de tu novia.

— ¿Estás seguro?

— No empieces jovencito, sino tendré que hablar con tu padre.

— De acuerdo, sin manos — Respondió el pelirrojo con rapidez.

Siguieron así, caminando por el gran recinto, tomando el máximo de aire puro que lograron, mientras conversaban entre ellos de temas variados. Hermione le contó a Albus de su vida, de sus padres y de la vida que llevaba ahora. Él le contó algunas historias de su pasado, que a ella le sirvieron para reflexionar, cosa que hizo en el trayecto cuando volvieron al auto y Ron manejó a un lugar desconocido para ella.

La prensa los había descubierto en el hogar de ancianos, pero para él pelirrojo fue fácil despistarlos, ya que el jeep de Hermione era muy repetido en la ciudad, y por más que trataran de localizarlos por la patente, era mucho el tráfico que se generaba y poco el tiempo para atraparlos.

— Gracias por llevarme a conocer a Albus, es un hombre realmente increíble. — Dijo ella. — Sus historias son muy tristes, pero algunas me sirvieron para entender muchas cosas. Además jamás había conocido a alguien tan divertido y a la vez serio. Era increíble la manera en que me hacía reír, creo que podríamos venir a verlo más seguido…

— Me estoy poniendo un poco celoso — Dijo el pelirrojo, fingiendo molestia.

— ¡Ron! No seas tonto — Ella le dio un golpe en el hombro y luego le dio un pequeño beso en el cuello mientras conducía. — Tú sabes que no puedo pensar en otro hombre más que en ti.

— No, no lo sé. — Contradijo él.

— ¿Quieres que te lo demuestre aquí? — Preguntó ella insinuadoramente mientras señalaba el asiento trasero. Ron que se había detenido en el último semáforo, la observó sorprendido y asintió sin pensarlo. — Era broma tontito, no haremos nada de "eso" aquí.

— Despues te arrepentirás de no haberlo hecho, soy un esperto en los espacios pequeños.

— ¡Ron! — Lo reprendió. Él se echó a reír a la vez que estacionaba el auto en un lugar muy alejado de la ciudad frente a una inmensa parcela de hermoso pasto verde. — ¿Dónde estamos ahora?

— ¡Sorpresa Hermione! ¡Todo esta noche será una sorpresa! — Reclamó él con su fingido enojo.

— ¡De acuerdo, de acuerdo! — Aceptó ella.

— Ahora necesito que te cubras con esto — Ron le entregó la corbata que él había llevado puesta en el día.

— ¿Para qué quieres que me vende los ojos con esto? — Preguntó ella manteniendo su posición desconfiada.

— ¿Podrías hacerlo por favor amor? No te haré daño y tampoco permitiré que algo te pase, solo necesito que confíes en mí y te cubras con mi corbata ¿de acuerdo?

Ella suspiró y se llevó ambas manos para hacer un nudo con el trozo de tela. La hizo esperar, para él ir a la puerta contraria y poder ayudarla a bajar. Ella se afirmó de su mano con fuerza tambaleándose en un par de ocasiones. Cuando estuvo finalmente en el suelo Ron se posó cerca de su espalda para aferrar bien el nudo y no dejarla que espiara.

— ¿Cuántos dedos ves ahora? — Preguntó, mientras ponía su mano frente a sus ojos vendados.

— No veo nada, Ron. — Confesó. — Y menos tu mano.

— ¿Estás segura?

— ¿Dónde está tu confianza? — Ron rió y se acercó para besarla. Ella le correspondió torpemente por la falta de su visión.

— En ti — Fue su respuesta. — Ahora toma mi mano y sígueme muy despacio.

Ron comenzó a caminar por detrás de ella sosteniéndola de la cintura y de su mano, para evitar que cayera en un par de oportunidades, ya que el pasto estaba un tanto desequilibrado en la tierra. Cuando ya estaban por llegar al lugar que él tenía arreglado Hermione tropezó con una piedra, pero no alcanzó a caer porque él la tenía firmemente sostenida y a pesar de que ella no se quejó, Ron la alzó en sus brazos la llevó.

— Puedo caminar sin ver — Argumentó ella, aferrándose al cuerpo del pelirrojo. — No es necesario que me cargues.

— Quiero hacerlo.

— Al menos ya sé que no te cuesta tenerme en tus brazos. Así no te costará entrarme en la habitación de recién casados. — Ron al escuchar eso, arrugó el entrecejo un tanto incomodo, pero agradeció que ella no lo hubiera visto.

— Listo, aquí es. — Dijo él. Dejó a Hermione con cuidado en el suelo, y soltó su mano por unos segundos. — Espérame aquí, no te muevas ni un centímetro.

— ¿A dónde vas?

— Volveré enseguida, amor.

— Más te vale Weasley.

— Confía en mí.

Lo siguiente que Hermione escuchó fue los pies de Ron chocando contra el suelo del camino, que iba poco a poco alejándose. Se sintió indefensa y sin rumbo, pensando las peores cosas que podrían suceder si él no volvía. Se imaginó a si misma cayendo por un precipicio o rompiéndose algún hueso si tropezaba con algo. Iba a sacarse la venda cuando sintió que alguien se acercaba con un extraño sonido de cosas chocando.

— ¡Que te dije sobre la venda! — La retó él, haciéndola sobresaltarse.

— ¡No me grites de esa manera! Estoy con esta estúpida venda y podría haberme caído a algún barranco.

— No creo que eso hubiera sucedido de todas maneras, porque no estamos en ningún lugar que sea similar a eso.

— ¿Puedo quitarme ya la venda?

— No, aún no. — Negó él con simpleza. Hermione se mantuvo quieta en su lugar tratando de percibir con la audición lo que su novio hacía. — De acuerdo, ahora si puedes. — La castaña lo percibió a sus espaldas, ya que él cálido aliento de su novio chocaba contra su indefenso cuello. Él la había sentido temerosa, por lo que sin dudarlo ni un segundo, depositó unos cuantos besos tiernos en el inicio de su espalda percibiendo unos débiles gemidos que a él lo cautivaron. Mientras lo hacía, desanudo la venda y lentamente la fue dejando caer. — ¡Voila!

Hermione emitió un sonido de exclamación al percibir todo lo que él pelirrojo había realizado. Comenzó analizando el lugar. Era una especie de azotea que daba la perfecta vista al mar, que se hallaba muy lejos, pero que a la altura que se hallaban parecía cada vez más cercana. A Hermione le sorprendió que no se había percatado de que habían subido unas cuantas escaleras para llegar a donde estaban, pero a eso le restó importancia, porque mientras avanzaban había algo más importante frente a sus ojos.

Una elegante mesa se encontraba ubicada en la mitad de la azotea, decorada con un mantel blanco. Enzima de esto se hallaban dos copas, una botella de champaña y los dos platos, acompañados de los correspondientes cubiertos. En medio de todo eso, se hallaba un candelabro con todas las velas encendidas, permitiéndole conocimiento de lo que sería su cena esa noche.

— ¿Una pizza? — Preguntó. Su tono no era despectivo, de hecho era de felicidad.

— Pensé que era una buena forma de quitarle costumbre a nuestra cena.

— Esto es… es… es hermoso — Confesó. No podía moverse, todo era tan bello y sorprendente, que solo la mano del pelirrojo en su cintura, fue capaz de hacerla caminar. — ¿Co-como lograste hacer todo esto?

— Con ayuda de alguien a quien queremos mucho.

— ¿Quién?

— Olvida todo menos que estamos aquí juntos, Hermione.

La castaña sonrió. Él la beso y luego la abrazó. Entonces ella se dejó llevar por su calor, mientras el sonido de los grillos y el agua se mezclaban en el inicio de la noche más bella del año.


¡Hola!

Espero que les guste el capítulo, publicare nuevamente el próximo martes, asi que… ¡Nos vemos pronto!

PD: ¡Gracias por los reviews y favoritos!

Cariños

Rocio :)