Inalcanzable

Capítulo 24: Lo imperdonable

Me quité la tiara, solo para poder pasarme una mano por el cabello, en un intento de liberar algo del calor que tenía ahí atrapado.

Me encontraba en el coliseo, supervisando por decisión personal los entrenamientos.

Recientemente el santuario había cambiado, y no precisamente para bien. No estaba segura de cuál fenómeno lo habría provocado, pero el nivel de exigencia y de bajas en aprendices se había disparado por las nubes, y a Arles no parecía importarle.

Llegando a la zona más alta levante una de mis piernas y la recargue sobre un escombro que me sirvió de apoyo, el sol era intenso ese día, y alguien había decidido privarles el consumo del agua a los más jóvenes, solo los que salieran victoriosos ese día podrían beber. La sola idea me daba malestar, en especial por la cantidad de niños que habían llegado en ese tiempo… y los que ya estaban muertos.

A la derecha, a la distancia, podía ver algunos soldados maniatados en el suelo mientras eran aporrados con pesadas cargas de acero en el vientre, tolerándolo algunos menos que otros, eso era algo nuevo y habían comenzado a aplicarlo esa semana… empezaba a extrañar a Etan.

Y no era al único que extrañaba.

Mi mente se distrajo al escuchar un gran alboroto, que se alzaba sobre los gritos de dolor de los más jóvenes, se trataba de una pelea en el coliseo, una pelea de amazonas, protagonizada por la que fuera mi aprendiz.

Shaina, una jovencita demasiado complicada, y más orgullosa y temperamental que yo misma, entrenarla me resultó una experiencia interesante, pero que ya estaba concluida, no sería mi alumna ni mi sucesora, ahora se trataba de una amazona de plata, mortífera y valiente como pocas, con facilidad para controlar a los hombres…y la misma facilidad para meterse en problemas.

La multitud abajo parecía muy interesada en el combate, yo entendí el motivo al ver a su contrincante, la amazona japonesa… no me sorprendía en lo absoluto, mi alumna estaba en el movimiento nuevo que promovía el rechazo hacia los que no fueran de nacionalidad griega, una postura peligrosa, en especial si se tenía en cuenta la inmensa diversidad que componía la élite dorada, para sostener algo así se necesitaba agallas… y poca inteligencia.

Observando la batalla debajo, la manera en que los guardias sujetaban a la otra joven para que siguiera siendo golpeada, comencé a sentirme asqueada, ese combate no tenía nada de interesante, era unilateral, algo personal, y las contrincantes ya poseían una armadura, un cargo, solo estaban montando un circo.

Estaba considerando intervenir cuando vi aparecer a Aioria, había olvidado que éste fue quien tomó la responsabilidad por la pelirroja, no pude escuchar las palabras que intercambiaron, pero por fortuna su sola presencia, aún sin armadura, bastó para que la multitud se calmara, nadie en su sano juicio provocaría a un santo dorado.

Yo esperé pacientemente a que todos se separaran, encontrándome en un momento con la mirada esmeralda de Aioria, que me interrogaba a la distancia.

Molesta me acomodé mi capa y me marché, nada tenía que ver con él, hacia demasiado tiempo que no nos dirigíamos la palabra, bueno, en realidad… Aioria no hablaba con nadie, menos conmigo, o al menos así fue hasta esa tarde, porque al regresar del coliseo y verlo a la entrada de Leo, de brazos cruzados, supe que esta vez no tendría tanta suerte.

"¿Te debo algo?" Pregunté en un intento de desalentar toda charla con algo de hostilidad.

"A Marin se lo debes, ¿O pensabas seguir observando mucho tiempo a la carnicera de tu alumna?"

Sí, sabía que ese era su problema, habían desmantelado a su princesa guerrera y ahora estaba molesto, pero yo no tenía intenciones de soportar reclamos de ningún tipo esa tarde, bastante ya con mis propios problemas y preocupaciones.

"Si Aquila es débil es su problema, no el mío, debería entrenar más"

Traté de pasarlo de largo pero me sorprendió al tomarme con fuerza por el brazo.

"¿Eso es lo que te dices a ti misma cuando asesinas para Arles? ¿Se lo merecen por ser débiles?"

Me aparté de él con violencia por semejante atrevimiento.

"Cuida tus palabras Leo, no habrá quien frene nuestra pelea"

"¡Cientos de aprendices muertos en entrenamiento y de eso nada tienes que decir!"

Eso no era cierto, yo tenía muchas cosas que decir al respecto, pero ya había aprendido hace años que a nadie le interesaba escucharlas, si la propia Athena no detenía el salvajismo de Arles… ¿Por qué habría de hacerlo yo? Parte del aceptar ser un santo conllevaba el peso de aprender a callar y obedecer, aun lo que no entendíamos.

"Esto no es una escuela Aioria" Me paré lo más firme que pude "Aquí las personas dan la talla o mueren, los estamos preparando para ser los guardianes de la humanidad… ningún costo es elevado" Traté de que mis palabras sonaran lo más convincente posibles y en todo tiempo le sostuve la mirada, por eso pude ver cierto grado de dolor en ella, algo en lo que no había reparado antes.

"Has cambiado Milo" Suspiró "Antes no sabías mentir"

Sus palabras me golpearon al tomarme por sorpresa y eso me hizo reaccionar con ira.

"¡¿Cómo te atreves?! ¡Al menos yo hago algo positivo! ¡En vez de andar llorando la muerte de un traidor por ahí!"

Lo que dije surgió el efecto esperado porque Aioria perdió el control e intentó golpearme, movimiento que bloquee con rapidez con mi antebrazo, no sin recibir el impacto, la fuerza física de Leo era mayor a la mía.

"Mi hermano…" Comenzó con ira contenida, pero yo sabía que no tenía nada que decir, por mucho que aún lo amara sabía tan bien como todos que era el traidor más infame de la historia del santuario.

De una sacudida lo alejé de mí.

"No tengo tiempo para esto Aioria, regresa cuando tengas algo que valga la pena oír"

Y otra vez me estaba sujetando del brazo para mi disgusto.

"Esto no se trata de Aioros"

"Suéltame"

"Sabes que el santuario se está pudriendo…. Y al igual que todos no quieres hacer nada al respecto"

"¡Que me sueltes!"

"Arles no podrá callarlos a todos…"

"¡Aioria!"

Definitivamente yo no tenía deseos de escuchar eso, aquellas dudas e ideas que estaban enterradas en algún lugar incógnito de mi cerebro, menos iba a debatir un asunto así con Leo, no tenía motivos para confiar en él.

Estaba lista para arrojarle una de mis agujas cuando la presencia de un cosmos poderoso nos distrajo a ambos unos instantes y yo pude liberarme de su agarre para poner distancia, ascendiendo al quinto templo venía Saga de Géminis, quién hacía su entrada triunfal luego de prácticamente tres años, Aioria estaba tan perplejo como yo.

Ninguno de los dos dejó de mirarlo en silencio, no muy convencido de que fuera real, asunto que brevemente pareció encontrar divertido Saga, por esa pequeña mueca que sugirió que estaba sonriendo.

"A su edad yo saludaba a los santos que pasaban por mi templo"

De reojo vi que Leo arqueaba una ceja.

"Me sorprende que lo recuerdes, ha pasado mucho tiempo desde que alguien te vio en Géminis"

Había tenido un pensamiento semejante a ese, pero estaba demasiado molesta para darle la razón.

"No todos gozamos del privilegio de hacer lo que se nos dé la gana muchacho"

Saga no había sonado enfadado, aunque era lo normal en él, no perdía la paciencia con facilidad.

Sus ojos se concentraron en mí, supuse que esperaba algo más, pero yo no terminaba de salir del asombro, aunque no es como si pudiera complacerlo, no lo recibiría con los besos de antaño, ni siquiera de no haber terminado mi relación con él de manera unilateral, llevaba demasiado tiempo ausente como para que lo considerara siquiera.

"Bienvenido Géminis"

Mi saludo ganó la atención de Aioria, no disimuló un poco su sorpresa y ni seño se relajó, en esos momentos recordaba que la distancia entre ambos se había incrementado luego de que mi relación, o que fuera que tenía con Saga, se hiciera conocida, a Leo le bastó encontrarlo una vez en mi templo para no volver a dirigirme la palabra.

"¿Podemos hablar, Milo?" Saga parecía estar esperando esa reacción de mi parte porque no se inmutó por el saludo, aunque sí lo vi menos animado que a un principio.

"Está hablando conmigo" Intervino mi compañero moreno.

"Por lo que pude ver te estaba mandando al demonio, con el debido respeto, pueden seguir con eso luego"

En esos momentos hubiera querido tragarme mi orgullo y quedarme discutiendo con Aioria, lo último que quería era hablar con Saga, nada bueno saldría de todo eso y yo ya tenía demasiadas cosas en la cabeza, él no era el único que llevaba demasiado tiempo ausente.

"No, ya terminé aquí"

En realidad no tenía deseos de hablar con ninguno de los dos, pero al menos a uno lo podía evitar, no tenía motivos para escuchar los reclamos de Leo, sin embargo… tarde o temprano tendría que encarar a Saga y al mal paso mejor meterle prisa.

"¿Podemos ir a tu templo, entonces?"

Observé una última vez a Aioria, quien definitivamente no había dado por terminada nuestra conversación, pero no dijo nada, sus ojos eran los que me aturdían, por lo que desvíe la mirada y con un asentimiento seguí con el ascenso, sabía que Saga vendría detrás de mí.

Estaba nerviosa, muy nerviosa, me preparé una y mil veces para hablar con él, pero luego de tanto tiempo ausente… en algún momento dejé de esperar volver a verlo, en cierto modo eso debería hacerme sentir un poco mejor, tras tres años sin noticias suyas… no podía ponerse demasiado sensible porque le dijera que ya no quería nada con él… en cierto modo fue el primero el distanciarse.

Por suerte al llegar a Escorpio no había nada, mis criadas habían bajado a realizar las compras y aún no volvían del mercado, no tendría que molestarme en echarlas.

Invité a Saga a la sala y con un gesto le pedí que tomara asiento, yo lo hice también pero en el sillón de en frente, asegurándome de que la distancia fuera la suficiente.

Ahí, de piernas cruzadas, revisando mi diadema en las manos… me plantee cómo empezar esa retardada conversación, pero Saga resolvió el problema por mí.

"Sé que ha sido una ausencia demasiado prolongada"

Dijo en un tono que buscaba sonar a disculpa.

"¿En serio? Porque juraría que ayer estabas durmiendo en mi cama"

"Milo…"

"Saga… ¿Dónde has estado todo éste tiempo? ¿Tienes idea de lo preocupada que he estado?"

Y era verdad, hubo una etapa en que en verdad llegué a sentir temor por él, no parecía posible que algo malo le hubiera pasado, el patriarca lo notificaría al resto… pero los tiempos que corrían ya nada era seguro, mucho menos la información que me llegaba de todos.

"Sabías que tengo una misión, yo…"

"Antes podías venir con frecuencia… ¿Cómo transformaste semanas en años?"

Noté un brillo diferente en sus ojos, no supe definir lo que había en ellos, pues lo vi brevemente, su mirada me rehuyó dirigiéndose a una de las paredes.

"Todo se complicó"

Era una respuesta ambigua, pero clara a la vez, me estaba dejando saber que… no podía decirme más nada. Por códigos yo sabía que no tenía derecho a preguntar, que no era ético, pero estaba tan cansada de tanto misterio que una rabia empezó a invadirme.

"Ya no importa, Saga"

Y era la verdad, podía descansar, él estaba en una pieza, y gracias a su abandono ya no le debía ninguna explicación, al final me había dejado él primero.

Lo escuché suspirar y yo liberé bastante aire, aunque no con la misma melancolía.

"¿A qué has venido, Saga?"

"Quería verte"

Y sus ojos volvieron a atacarme, pero ya no surgían el mismo efecto, no podían, porque yo no era la misma, la niña dolida e indefensa que se cobijaba en sus brazos en busca de consuelo, la adolescente hormonal que cedía ante el puro deseo carnal… Llevaba tres años sin compartir la cama con nadie y aun así la presencia de Saga no me despertaba nada, no lo veía con los ojos de antaño, y por un breve instante las palabras de mi maestro resonaron en mi cabeza, las de Camus… que la persona frente a mí solo se había aprovechado de mi debilidad para su beneficio, las declaraciones que me parecieran aberrantes en el pasado empezaban a cobrar sentido.

Sacudí la cabeza, y me froté la frente, abrumada por mis pensamientos, la cercanía de Saga siempre me evocó sensaciones cálidas, pensé que aunque terminara con él siempre sería así… pero hacía tiempo que me generaba un inexplicable rechazo, hasta rencor, y ahí estaba él, frente a mí, mirándome como si lo comprendiera y aceptara, con una silenciosa disculpa en sus ojos.

"No sé qué decirte" Confesé.

"Te amo Milo"

Pero su confesión fue mayor. Mis ojos se abrieron de golpe al escucharlo. Él nunca antes había pronunciado esas palabras.

Era el peor de los escenarios, me reí de mi misma en un intento de no llorar de frustración, porque eso era lo último que necesitaba, una declaración de amor.

Me mantuve en silencio mientras apretaba mis labios y sacudía la cabeza negando. Se me ocurrieron muchas cosas para responderle, entre ellas que estaba loco, que no sabía lo que decía, pero serían palabras vacías… claro que lo sabía, Saga no era un niño, no era ningún tonto, alguien que dijera palabras al azar… para hacer una confesión de semejante magnitud debía estar plenamente convencido y yo no podía insultarlo cuestionando sus palabras, aunque claro… eso no significa que las correspondiera.

"Lo siento" Susurré sin ser capaz de mirarlo de frente, sumamente incómoda por lo que estaba pasando "Yo no siento lo mismo" Le había prometido a Camus que lo respetaría, que no dejaría lugar a dudas con nadie y esa palabra era más importante para mí que los sentimientos de Saga.

"Lo sé"

"¿Entonces por qué me lo dices?" ¿Por qué se exponía para ser rechazado?

"Solo quería que lo supieras"

Arquee una ceja y volví a encararlo, sorprendida por su actitud.

"Es extraño, acabas de llegar pero suenas como si te estuvieras despidiendo"

"Intento no tener pendientes… Vivimos… tiempos difíciles, hasta dónde se… cada palabra dicha puede ser una despedida, quisiera que las mías fueran éstas"

Escucharlo hablar de esa manera me incomodó, era verdad que las cosas no estaban nada bien últimamente, pero de ahí a pensar que el santuario podría estar en riesgo me parecía una exageración, algo en lo que no quería ni pensar.

"Que locura"

Él me miró, pero no agregó nada a mi comentario, por lo que volví a colocarme mi tiara.

"Le estas dando demasiado créditos a las revueltas… o sabes algo que no me estás diciendo"

Y ahí estaba otra vez, esquivándome, cuando Saga no quería hablar de algo evitaba el contacto visual, al menos había aprendido eso de él.

"Es eso, hay algo más"

"Esta conversación debes tenerla con Arles, no conmigo"

"Entonces ¿A qué has venido? ¿A llenarme de más intrigas? Con todo lo que hemos compartido en el pasado… y nada ha cambiado Saga, sigues siendo el mismo, completamente impenetrable"

No importaba cuantas veces me hubiera acurrucado en su pecho, cuando lo complaciera en el pasado, esa era la pura verdad… Mientras él tomó de mí cuanto quiso, tanto en lo carnal como espiritual… yo nunca tuve nada, solo largos silencios y evasivas, aunque había tardado en que eso me molestara en verdad.

"Te equivocas, tú eres la única que me ha llegado, Mía"

Ese nombre, ese posesivo, la historial que había detrás, me revolvía el estómago, estaba frente al hombre que le debía mi vida, escuchando de sus labios que me amaba… y no podía corresponderlo, mi corazón estaba convencida de que era lo apropiado, algo me impulsaba a rechazarlo con determinación, pero mi mente me reclamaba tanta frialdad hacía alguien que me había tendido la mano a tal punto y cuidado.

"Soy Milo, Saga" Necesitaba cortar con ese pasado, en especial con ese nombre "Te quiero" Le dije, aunque no lo sentía en esos momentos "Me has… ayudado demasiado, sin embargo… no tengo más para ti… y definitivamente tú no tienes más nada para mí… solo secretos, distancia… no le veo sentido a que estés aquí aún"

"Quería verte"

"Pues ya lo hiciste" Necesitaba que se fuera, necesitaba tenerlo lejos de mí, fuera de mi templo.

"Necesito que me perdones"

La congoja con que esas últimas palabras fueron dichas me sorprendió, su falta no había sido tan grande, llegué a pensar que yo le estaba haciendo pensar que así fue.

"No me has lastimado Saga"

Y era la verdad, yo le reclamaba su desconsiderada ausencia, no que me rompiera el corazón, nunca lo tuvo en sus manos para empezar.

"En todo caso… creo que yo te debo una disculpa"

"No"

"Por no ser clara desde el principio… por no decirte lo que sentía… o no sentía"

"No Milo" Insistió con amargura.

"Lo siento Saga… yo…" 'Amo a Camus, siempre lo he amado a él, moriré amándolo a él' quise decirle, pero supuse que eso sería demasiada crueldad, podía descubrirlo por su cuenta, al menos si se quedaba lo suficiente para hacerlo.

Se había formado un silencio incómodo entre los dos, yo no sabía que más decir, notaba que mi ex amante estaba llevando una salvaje lucha interna, pero sin exteriorizarla era imposible opinar, algo más había traído a Saga a mi templo ese día, pero me quedaba claro que no lo diría.

Si había alguna posibilidad de que hablara ésta desapareció cuando un cosmos familiar nos puso a los dos en alerta.

Me paré casi impulsada como por un resorte, ni siquiera traté de ocultar mi sorpresa o nerviosismo. Hacia tanto tiempo que no sentía esa presencia… que no tenía noticias… las cartas habían parado de llegar hace meses, tanto las de él como las de su alumno, la preocupación había hecho mella en mi ánimo, hábitos de sueño, alimentación, no había dejado de pensar ni por un segundo en él… y ahora estaba ingresando a mi templo, Camus de Acuario estaba de regreso en el santuario.

No tuve ocasión de ir a su encuentro, él nos encontró primero. En un pestañeo lo vi en el umbral de la puerta, portando el manto dorado… me estómago dio un brinco y mis labios temblaron, la última vez que nos vimos en Escorpio o que pude ver a Camus con armadura… éramos unos adolescentes, lo que estaba parado ante mí era un hombre, el más hermoso de los hombres, dueño aún de esos rasgos delicados, pero varoniles, que lucían más fríos de los que los llegara a ver en el pasado. Sus ojos no mostraban esa dulzura, calidez o incluso melancolía a la que me había acostumbrado… ¿Qué había en ellos? ¿Indiferencia? ¿Era el día de los cambios de actitud?

"Camus…" Mi voz fue solo un susurro. Normalmente me hubiera arrojado a sus brazos, la presencia de Saga no me habría detenido, pero había algo en él, en su cosmos, que me indicaba que dicho gesto no sería bienvenido, algo andaba mal.

El guardián de Géminis también se puso de pie.

"Los… dejaré solos" Trató de despedirse.

Y para mi sorpresa Camus negó con un movimiento de cabeza.

"No, tú llegaste primero, yo solo pasé a saludar"

Sus palabras me golpearon, dejándome anulada, quise decir algo pero no supe qué, y tampoco me dio el tiempo, Camus se marchó tan rápido como llegó, contagiándome de su frialdad.

¿Qué había sido eso? No podía entenderlo, ¿Era por Saga? ¿Había malinterpretado su presencia en el área privada de mi templo? Hubiera querido poder sentirme insultada por ello, pero sabía que él estaba en su derecho de desconfiar de Saga… en especial luego de todo lo que le había confesado y tan prolongada ausencia… Había escogido el peor de los momentos para regresar.

"Deberías seguirlo" La sugerencia de Saga me sacó de mis cavilaciones, casi creí escuchar mal.

"Deberías seguirlo" Repitió, adivinando lo que estaba pensando "No hablar claramente… solo empeora las cosas"

"¿En serio?" No medí mi nivel de sarcasmo, la presencia de Camus me había afectado "Deberías tomar tu consejo"

Saga me regaló una sonrisa triste.

"Es un poco tarde para mí"

Con esas palabras se despidió de mi templo, donde volví a quedar en completa soledad.

Me dejé caer sentada en el mismo sillón, tratando de procesar tantas emociones juntas en tan poco tiempo.

La extraña culpa de Saga, lo que había detrás de sus palabras, la frialdad de Camus… Ni cuando estaba molesto conmigo de camino a Siberia me había llegado a mirar de esa manera… ¿Qué le pasaba?

Tras unos minutos me puse de pie y caminé a mi alcoba.

Sobre mi mesa de noche estaba, lo que había atesorado los últimos meses… la última carta que Camus me enviara.

Mom Chaton:

No ha habido muchos cambios en estos días.

Volví a sufrir un principio de incendio en la cabaña, tuve la mala idea de dejar a los niños cocinar, a veces olvido que aprendieron de mí esas artes y que al igual que yo carecen por completo de ese talento.

Arthur ayudó con las reparaciones, mientras nos estuvimos alojando en su vivienda.

Hyoga e Isaack ya casi están listos, pronto se definirá quién será en caballero de Cygnus, no temas por ninguno, no planeo poner en peligro sus vidas ni enfrentarlos a muerte por ella, será su capacidad de explotar el don natural que poseen lo que decida.

Tengo sentimientos encontrados al respecto.

No dejes de escribir, tus cartas me dan paz.

Te amo.

Camus de Acuario

Casi arrugue la carta en mis manos.

Tomé un poco de aire y decidí calmarme, darle su espacio, Camus también era misterioso a su manera, me había acostumbrado a que ya no hubiera silencios entre nosotros, pero tenía que entender que había sido demasiado tiempo separados. Confiaba que cuando acabara de procesar su regreso al santuario… él vendría, solo tenía que ser paciente.

Con esa idea en mente solté su carta y me permití recostarme sobre la cama, el día recién comenzaba y ya habían sido demasiadas emociones juntas.

Estaba nerviosa, pero a la vez feliz, fuera como fuera… Camus estaba de regreso, no se trataba de un sueño, no despertaría y habría sido todo un delirio que naciera en mis más intensos anhelos… No, él había regresado.

Una sonrisa de alivio se instaló en mi rostro, pero no pudo quedarse mucho ahí, mi mente nunca me daba una tregua, descanso, ya empezaba con los interrogantes, todo lo que debería preguntarle a Camus cuando estuviera ya instalado, empezando por Hyoga… Isaack, si él estaba de regreso quería decir que uno de los dos había ganado la armadura… pero ¿Cuál? ¿Por eso dejó de escribir?

Traté de imaginar varios escenarios posibles. Isaack como Cygnus… Como lo tomaría Hyoga, el niño que yo conocí no anhelaba servir a Athena… pero era solo un niño, esa mentalidad seguramente ya habría cambiado… ¿Podría alegrarse por su hermano? No podía ponerme en su lugar, yo anhelaba a escorpio con intensidad, casi tanto como deseaba a Camus… No podría imaginar mi vida si todo hubiera sido de otra manera.

Descarté esa idea y en cambio imaginé una realidad en la que Hyoga fuera el nuevo caballero de bronce… y me agradó aún menos…. Él era… bueno… No era como Camus y yo… recién en ese momento me di cuenta que jamás creí que pudiera pasar, no porque dudara de su fuerza, había visto lo que era capaz de hacer el pequeño ruso, sino por su corazón… se requería cierta falta de escrúpulos… y él no era así, o más bien se trataba de mí aferrándome a la imagen de aquel inocente niño con miedo a quedarse solo, quizás era yo la que no estaba preparada para verlo pelear a muerte, para… verlo matar.

Todo eso no me estaba llevando a nada, salvo a perder las ganas de descansar.

Irritada conmigo misma decidí tomar un baño, me quité la armadura y toda la ropa, optando por cubrirme con una fina bata, mientras la seda me acariciaba pude sentir a la distancia la cosmo energía de Saga y un intenso escalofrío recorrió mi columna, no tenía sentido, pero todo eso pareció evocar un mal recuerdo, por algún motivo su presencia me estaba alterando, había desaparecido esa calidez que experimentaba cuando lo sentía llegar. Quizás yo también me estaba volviendo más indiferente.

Fin POV Milo

Saga continuó el ascenso al templo patriarcal, se sentía incómodo, pesado, hacia demasiado tiempo que no estaba al control de su cuerpo, que no estaba en sus cabales.

"Podrías matarlo"

La voz en su cabeza lo torturaba de nuevo al atravesar el templo de la urna, hacia demasiado tiempo que éste no estaba habitado por su guardián.

"Usar a Aioria de señuelo, ella ya lo cree un traidor…"

"No" La voz de Saga fue determinante. "No podría… Nunca podría volver a… Déjala tranquila"

Una risa aumentó su dolor de cabeza, fue tal el mareo que por un momento pensó que se desplomaría, pero todavía faltaba un templo más para estar a salvo.

"Tú eres quien no la ha dejado en paz desde que era una niña, Saga, yo soy un mero espectador"

"Eres peligroso… Lo que le hiciste"

Su cuerpo entero temblaba y había empezado a sudar en exceso.

"¿Vas a seguir con esto Saga?"

"¡Cállate!"

"¿Por qué te engañas?"

Ascendiendo por la escalera que llevaba a Piscis ya no tuvo tanta privacidad, a la distancia ahí estaba, su guardián, el bello Afrodita que lo observaba, quien posiblemente se había quedado a esperarlo cuando lo vio bajar horas atrás, portando el manto de Gémenis.

La acusación silenciosa en esos ojos azules acabó por retorcerle el estómago.

"Lo sabes tan bien como él" Continuo la voz de Arles.

"No" Saga no podía aceptarlo, no importaba cuanto tiempo se hubiera escondido para escapar de esa realidad, aún su mente se negaba a asimilarlo.

"Fuiste tú…"

"No, no, no" Con ambas manos tomó su cabeza, y Afrodita al ver ese gesto comenzó a acercarse con cautela, sabía de sobra lo inestable e impredecible que era su líder.

"Tú robaste a esa inocente niña"

"No… tú… fue tu idea"

"No Saga, y también fuiste tú el que violó a Milo"

Flash Back

Afrodita había estado muy intranquilo esa noche.

Intentaba por todos los medios conciliar el sueño sin mucho éxito, por lo que cansado de dar vueltas en su cama había optado por vestir su armadura y hacer una guardia nocturna por el templo de los dos peces.

Él no requería hacerlo, era la última línea de defensa, si algún enemigo llegara a hasta su puesto podría casi darse por perdida esa guerra, por mucha fe que le tuviera a sus rosas, no eran más poderosas que toda la élite dorada.

Caminando llegó hasta las columnas del exterior, la larga escalera que llevaba al templo patriarcal, despejada en tiempos de paz como esos. Casi rio por ese último pensamiento, estaban en todo menos paz, había cada día más revueltas, el armadura dorada de Sagitario seguía sin aparecer, el viejo maestro seguía vivo… el mayor problema, aunque ya Death Mask había partido rumbo a solucionarlo. Ese era uno de los motivos de su insomnio, la misión de alto riesgo de su compañero, había querido acompañarlo, pero Arles le negó esa posibilidad, no estaba dispuesto a quedar sin dos de sus aliados a la vez en el santuario. Afrodita podía entender sus razones para tomar esa decisión pero eso no lo hacía sentir mejor.

Se mantuvo viendo las estrellas hasta avanzadas horas de la noche, disfrutando del silencio y la quietud, la fresca brisa de la madrugada.

Milo de Escorpio había regresado ese día también… horas después Saga había desaparecido, ese era otro asunto que lo tenía inquieto.

Imaginó que su superior había bajado a dar vueltas en la cama de su pequeña amante, como de costumbre, pero Géminis seguía sin retornar al templo principal y él jamás pasaba la noche afuera, nunca se exponía demasiado.

Afrodita caminó hasta el patio de su templo, desde donde podía visualizar Escorpio, aumentó su curiosidad ver lámparas encendidas aún, Milo acababa de volver de un viaje largo, sería lógica esperar que estuviera dormida.

'¿Qué estás haciendo, Saga?'

Sabía que no era su asunto, hacía tiempo que trataba de no inmiscuirse demasiado en las locuras del santo de Géminis, prefería escuchar a Arles, pero esa noche una corazonada lo hizo ponerse en movimiento, algo anda mal, su instinto jamás le fallaba.

El problema de pertenecer a la élite de los doce mejores… es que ahí todos tenían afinados los sentidos, por eso al llegar a las puertas de Escorpio descubrió que no era el único que había pensado algo parecido.

"¿Qué haces aquí, Leo?"

Ahí estaba el hermano menor del difunto Aioros, con una expresión que era una mezcla de consternación y sospecha.

"Podría hacerte la misma pregunta"

Ese moreno era un verdadero dolor de cabeza, siempre estaba merodeando, siempre estaba investigando, se trataba de un verdadero milagro que no hubiera descubierto que Athena no estaba en el santuario, algún Dios apoyaba a su patriarca.

"¿Qué no es obvio porqué estoy aquí?"

Afrodita consideró las posibilidades, si echaba a Leo solo lo invitaría a entrar, le confirmaría que algo andaba mal. No podía arriesgarse a que entrara sin conocer la situación en Escorpio primero, ¿Qué tal si Saga había terminado de enloquecer y le reveló su identidad a Milo?

Para su fortuna, Piscis era muy observador y había pocas cosas que se le pasaran por alto, por ejemplo…. Los motivos que tendría Aioria para estar al pendiente del templo de Escorpio a altas horas de la noche.

Afrodita puso su mejor sonrisa y se paró firme, mientras llevaba una rosa a sus labios.

"Lo siento Gatito, pero Milo me está esperando" Se aseguró de usar el tono más sugerente que encontró y vio a Leo entre una mezcla de enojo y contrariedad.

"Milo esta con Saga" Dijo con firmeza, y Afrodita supo que no se refería a esa noche, sino a la situación sentimental de la única mujer de la élite dorada, para nadie era un secreto las visitas que ésta recibía del mayor de todos ellos.

"No esta noche amigo" Le regaló un sutil guiño "Te invitaría a acompañarnos pero… nunca me ha gustado compartir"

El rostro del griego era un poema y Piscis tuvo que morderse el labio inferior para no reír, estaba seguro que si hacía silencio podría escuchar como ese noble corazón se hacía pedazos, con un poco de suerte Milo no lo haría pedazos a él por semejante mentira.

"Regresa a tu templo, le diré que te busque mañana… quizás tengas suerte"

"Vete a la mierda"

Se quedó un poco decepcionado cuando Aioria no intentó golpearlo, le parecía tan tonto que se acongojara por algo así, ahora no soportaría verlo entrenar con ella, pero era una ventaja, ya no los andaría merodeando.

Recordó a qué había ido y se adentró a Escorpio, sin molestarse en anunciarse. Pero al llegar a la sala su sonrisa se borró.

Parecía el escenario de un campo de batalla.

"Oh Saga… ¿Qué has hecho?"

La luz encendida venía de la habitación de la amazona dorada.

Con cautela Afrodita se aproximó, escuchaba un sollozo, Milo era la que sollozaba, se trataba de una mujer, y la voz de alguien que trataba de hacerle guardar silencio.

"Por… favor" Pudo entender en ese débil gemido.

Cuando atravesó el umbral de la puerta quedó en shock, definitivamente Saga había perdido la cabeza.

Sobre la cama yacía Milo completamente desnuda, con hematomas, marcas, mordidas por toda la piel, sus ojos irritados de tanto llorar, temblaba frenéticamente, parecía estar teniendo un colapso nervioso.

Cuando sus turquesas lo enfocaron en la puerta volvió a romper a llorar.

"Ayuda, por favor" Su voz apenas se entendía de la desesperación.

Afrodita cubrió su boca con espanto.

"¿Qué has hecho Saga?"

La mirada perdida del nombrado terminaron de horrorizarlo, él también temblaba, ahí de rodillas junto a esa cama, se parecía demasiado al joven que años atrás intentó matar a Athena.

"Solo tuvimos una pelea" Le respondió con sencillez, una triste sonrisa adornó su rostro "Pero ya todo está bien, ¿Verdad amor?" Paseó su mano por el vientre desnudo y Milo de inmediato abrazó sus pechos para protegerlos, aunque a simple vista Saga ya había jugado un buen rato con ellos.

Viendo el estado de las sábanas otra preocupación invadió a Piscis.

"Saga… dime que… usaste… ¿Lo usaste verdad?" Preguntó mientras trataba de acercarse con cautela, la mano de su líder ahora batallaba sin tanta fuerza contra las de la joven, que buscaba desesperadamente frenarle el paso por su cuerpo.

"¿Protección? No, ella no la usó con Camus"

"¡Saga qué has hecho!" Lamentó levantar la voz cuando vio el nuevo estallido de lágrimas en la chica… Afrodita no quería ni siquiera imaginar todo lo que le habría hecho su superior para lograr quebrarla así, ante él estaba una mujer destruida y vulnerable… ni siquiera parecía Milo, lamentó no haber bajado antes, haber tardado tanto en ver lo que ocurría.

"¡Es mía!" La voz de Saga había vuelto a sonar molesta, la amazona cerró los ojos con fuerza al escucharlo "Puedo hacer lo que quiera"

"Saga…"

"¡Yo la encontré! ¡Yo la cuidé!" Con ambas manos la sujetó de la cabeza, obligándola a verlo a los ojos "¡Pero tú prefieres a ese Francés bueno para nada!"

Afrodita siempre supo que tarde o temprano pasaría, Milo lo iba a rechazar, había aprendido a conocerla demasiado en ese tiempo, sabía que Saga no lo tomaría bien, pero ni en los peores escenarios se planteó tal nivel de locura.

"¿Tanto te gusta dormir con él?" La aplastó contra el colchón, inmovilizándola, aunque la chica no parecía tener las fuerzas necesarias para moverse.

Recién en ese entonces Piscis reparó en la desmejorada apariencia de su líder, había recibido más que un par de agujas en esa espalda, también estaba lleno de golpes y hasta tenía abierta una cortada en el hombro. Milo se había defendido literalmente con uñas y dientes, como amazona y como mujer… pero al fin y al cabo era Saga de Géminis… no tuvo oportunidad.

"Saga…" Afrodita analizaba la situación, ante él no estaba Arles, era solo Saga, lo que lo volvía aún más peligroso, Arles era cruel pero calculador… Saga… era inestable, las posibilidades de que Milo acabara muerta eran demasiadas si no lograba estabilizarlo.

"Afrodita…" La voz de la joven seguía siendo ahogada, había dejado de luchar, ella también se había vuelto un peligro para sí misma, y se sorprendió sintiéndose preocupado por ello cuando tiempo atrás él mismo le había suplicado a Arles que acabara con Milo.

"Está bien…" El guardián de Piscis mantuvo la compostura y rodeo la cama para situarse en el campo visual de Saga pero sin estar demasiado cerca suyo, sabía que cualquier movimiento sospechoso lo haría reaccionar.

"Te amo Milo" Declaró volviendo a tomarla por el rostro, que estaba empapado en lágrimas y con una expresión congelada de horror "¿Por qué me haces esto? ¡¿Por qué me obligas a lastimarte así?!"

"Saga… aún no es tarde… déjala ir"

"¡No! ¡No puedo!" Rugió fuera de control.

"¿Vas a matarla entonces? ¿Renunciaras a ella para siempre? ¿La salvaste para esto?"

Milo observó horrorizada a Afrodita al escucharlo, no terminaba de entender lo que estaba pasando, porqué Piscis no pedía ayuda, no luchaba, ¿Cómo es que conocía tan bien a Saga?... ¿Iban a matarla?

"Lo haré" La declaración del mayor los sorprendió a ambos "Usaré el satán imperial… así podré controlarla"

"No sería ya ella, tú lo dijiste, ¿Recuerdas? Sería lo mismo que matarla"

Afrodita esperó volver a escucharlo, pero no hubo más palabras, apartó la mirada para no verlo volver a besarla, Milo lucía tan miserable que ese beso no evocaba nada de ternura.

Por una hora más al menos Saga estuvo en silencio, solo contemplándola, Milo acabó por perder el conocimiento, abrumada por la situación. Cuando finalmente la soltó, en otro arrebato de locura, y se alejó para golpear la pared, Afrodita se atrevió a acercarse para constatar que la chica aún respiraba, acarició sus mejillas y frente, volaba de fiebre.

"¿Qué hice?" El lamento de Saga lo hizo observarlo de nuevo "¿Qué hice Zarek?"

Afrodita resopló al escucharlo, hacía años que nadie lo llamaba por su nombre de origen, el que solo Death Mask y Saga conocían, era una buena señal, si podía recordar eso quería decir que el brote psicótico de su líder estaba desapareciendo.

"Ella está bien Saga… son heridas menores"

"¡¿Bien?!" Su voz ya no sonaba enojada, más bien desesperada, como las lágrimas que ahora liberaban sus ojos "¡Mira lo que le hice! La perdí… la perdí como a Kanon… es como con Kanon"

"No, Milo está viva" Le recordó Afrodita "Solo aterrada… aún puedes revertir esto"

Saga solo lloraba y daba vueltas por la habitación, el sueco comenzó a impacientarse.

"Dijiste que la amabas… ¿No le has quitado suficiente? ¿No obtuviste lo que querías? Saga… solo déjala en paz…"

Espero por una respuesta pero ésta no llegó, tuvo que separarse de Milo para encararlo.

"Tienes el poder para liberarla de todo esto… solo hazlo, yo llenaré los espacios vacíos"

"…Sí…"

"Hazlo, hazla olvidar todo… Le es leal a Arles al menos… la seguirás teniendo de otro modo"

"Odio a Arles" Dijo apretando los diente y Afrodita tomó su brazo para que no dejara de prestarle atención.

"Saga, por favor… si ibas a hacer esto pudiste hacerlo antes de ponerla a mi cuidado… ahora te pido que la salves"

Esas palabras sorprendieron al mayor, quien estaba redescubriendo una faceta de piscis que creía ya muerta. Dirigió la mirada a la cama, donde su víctima yacía aún dormida, Zarek al menos se había tomado la molestia de envolverla en las sábanas, no soportaba seguir viendo las marcas que había dejado por ese cuerpo que tantas noches cobijó en sus brazos.

Se acercó con cuidado a ella, besó su frente y le pidió perdón silenciosamente, luego su técnica suprema fue ejecutada… la orden eran sencilla, Milo olvidaría esa noche, todo lo que vio y oyó, no tendría memoria de nada, al menos hasta que el propio Saga muriera.

Cuando Saga abandonó la habitación Afrodita volvió a acercarse, no era conveniente que las criadas de la amazona la encontraran en semejante estado, le tocaría la tarea de limpiarla, de devolver todo a su sitio, tomó a Milo en brazos y se dirigió con ella al cuarto de baño mientras meditaba en qué momento todo había cambiado a tal punto, porqué se tomaba tantas molestias por la joven que más de una vez él mismo describió como molestia.

Hasta aquí


Puf, eso sí que fue una ausencia prolongada.

Pero en su momento dije que iba a terminar mis fics, así que en eso ando, no se acaba hasta que se acaba, tengo unos días libres así que quiero ver si logro ponerme al corriente.

Como siempre agradezco los review, son mi motivo de escribir, es más fácil hacerlo cuando sabes que hay alguien del otro lado esperando por leer, así sean 3 personas, muy agradecida.

Espero que el capítulo les gustara, aunque si les gustó son unos sádicos XD, originalmente iba a poner la violación de Milo, la intervención de Afrodita iba a ser más violenta pero… al final no salió así, preferí dejar algo a la imaginación, y lo pensé… Afrodita es más lógico que impulsivo, y como ya ven pues… si le está tomando algo de aprecio a la Milo XD es que ella es adorable, si hay algo más… lo dejo para cada quien, inicialmente me había planteado la idea de que Afrodita era gay, sí, gay XD ¿Qué tiene de malo? No es un fic yaoi pero no por eso no puede haber alguien con otra orientación sexual. Sin embargo… Afrodita se me hace ligeramente asexuado, es tan ególatra que cuesta imaginarlo deslumbrado sexualmente por alguien, pero sí me supongo que tendría sus predilectos por los que sintiera genuino afecto.

El nombre Zarek lo escogí porque significa "Dios que protege al Rey" y en cierto modo… esa es la función de Afrodita XD quizás hasta siente algo por Saga, quién sabe? No creo que llegue a profundizar en eso a menos que haya alguna fans de Afrodita interesada en el asunto, los dejo a su criterio.

Y de nuevo gracias, nos estamos leyendo!