Trucos de Salón

Cap. 24

-¿Aang?- él se dio la vuelta, sorprendido.

Estaba sentado en la escalinata de la casa de huéspedes, mirando los coches transitar muy cerca. Katara se sentó junto a él.

-Hey- dijo simplemente, y ella sonrió un poco.

-Entonces, ¿qué te parece?- preguntó en voz baja.

-¿A qué te refieres?

Katara se apoyó en los codos y miró a su alrededor.

-Oh, ya sabes, la casa de huéspedes, la ciudad, Billie...

Aang se aflojó el cuello y se recostó a su lado.

-La ciudad es... en realidad no me he formado una opinión todavía- admitió -No he visto demasiado de ella.

-Comprensible- dijo Katara, asintiendo con la cabeza -Eso va a cambiar en los próximos días. Ya verás.

-La pensión es genial- dijo con una sonrisa -Se siente como en casa... supongo.

-Siempre he pensado eso también.

-Y Billie... - su voz se apagó -Ella me recuerda a ti.

Katara lo miró con una sonrisa y una especie de perplejidad.

-¿Cómo?

Aang se encogió de hombros.

-No lo sé, hay algo en ella- respondió, sonando igual de perplejo -¿Es una maestra agua?

Katara negó con la cabeza.

-Tampoco...

Ella adoptó una mirada ausente mientras se detenía abruptamente, ante lo cuál Aang asintió cabizbajo.

-¿Tu madre?- sugirió en voz baja.

Katara suspiró mientras cerraba los ojos.

-Kya- dijo al fin.

Aang la miró con sorpresa. Katara estaba mirando fijamente la calle.

-Se llamaba Kya.

-Kya- repitió Aang con dulzura -es un nombre bonito.

Ella asintió con la cabeza.

-Era hermosa- continuó con una sonrisa triste -me enseñó todo lo que sé.

-¿Excepto el Agua Control?- preguntó Aang, sonriendo levemente. Y para su alivio, Katara le devolvió la sonrisa.

-Excepto Agua Control- confirmó -Me enseñó a cocinar y coser, me enseñó a bailar también... y a mantener Sokka en su lugar.

Aang se rió un poco y la sonrisa de ella se suavizó.

-Ella me enseñó el truco para encontrar la ropa exacta.

-Buen truco- admitió mientras la miraba embelesado.

El joven mantenía toda su atención en lo que ella decía, y en realidad quería memorizar cada palabra.

-Sí, lo es- murmuró Katara -¡Y le encantaba reír!, lo hacía todo el tiempo, era... contagiosa. Nunca olvidaré su risa.

-A Gyatso también le gustaba reír demasiado- dijo Aang después de una pausa.

Katara lo miró mientras él sonreía con cierta tristeza.

-Hacía trucos para mí todo el tiempo. Dijo que era para mantenerme entretenido, pero yo creo que sólo le gustaba hacer sonreír.

Katara rió complacida, pero de una forma tan musical que Aang sentía como si se hundiera en un baño caliente.

-Eso explica de dónde lo has sacado- señaló gustosa.

-Crees que... ¿crees que yo soy como él?- preguntó en voz baja, sin ser consciente de ello realmente.

-Bueno Sparky, yo realmente no lo conocí- suspiró Katara -Pero si era como tú y mi padre dicen que fue… entonces yo diría que eres igual a él.

Aang se quedo callado unos momentos, con semblante pensativo.

-¿Quieres serlo?- Aang asintió con la cabeza.

-Sí, él era un gran hombre- dijo simplemente -Y sé que no significa mucho viniendo de mí, pero por lo que he escuchado, eres igual a ella también.

Katara se quedó en silencio por un tiempo. Aang no la presionó.

-Significa mucho- le susurró al fin. Él la miró mientras ella se ruborizaba un poco, mirando hacia la calle -Viniendo de ti.

Aang le sonrió y ella se echó a reír otra vez.

-Tu risa Cara de muñeca... - suspiró, reclinándose un poco más hacia atrás en la escalera -Tu risa podría derretir un glaciar.

Una sonrisa jugaba en los labios de la chica mientras lo contemplaba con cierta ternura.

-Y tú... eres realmente algo Sparky- murmuró al fin.

Aang se encogió de hombros, sonrojándose.

-Tú también.

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-¿Ba Sing Se, eh?- Suki se sobresaltó.

Estaba en una estación de gasolina, a mitad de camino entre Ba Sing Se y la base. Ella no había prestado mucha atención al coche que se estacionó detrás de ella. Pero habría sido mejor si lo hubiera hecho.

-Azula- dijo ella con frialdad.

-Tú me conoces, qué halago- respondió Azula alegremente -Espero que no te ofendas, pero todo lo que sé de ti es que sabes dónde está el Avatar.

-Tal vez- se encogió de hombros y apoyó las manos en las caderas, cerca de sus cañones.

El gesto no pasó desapercibido para Azula.

-Adelante- incitó a ella -Estás en inferioridad numérica.

Fue entonces cuando notó a Mai y Ty Lee. Las chicas se habían materializado prácticamente de la nada. Suki frunció el ceño. Esto no iba bien.

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-¡Aquí estamos!... La gran ciudad de Ba Sing Se- Zuko frunció el ceño ante su tío.

-¿Qué hay de bueno?, Veníamos aquí por lo menos una vez al año- señaló con amargura.

-Es tan bueno como general- dijo Iroh sabiamente -Mucho más terreno que colonizar para nuestros locos familiares, si así lo quisieran- Zuko se detuvo y miró a su alrededor.

La ciudad se extendía ante ellos, con sus muelles, los fuertes, los imponentes edificios y un horizonte copado de casas brillantes en la puesta de sol.

-Es verdad- se obligó al fin.

-¿Parientes locos?... Hombre, incluso después de todo ese tiempo en el barco, siguen siendo un misterio- Zuko y Iroh se volvieron con cautela.

-Jet- saludó Zuko simplemente.

El aludido y sus dos compañeros, Smellerbee y Longshot, viajaban como refugiados y guardias de alquiler. Al menos eso era lo que le habían dicho a Iroh y Zuko, sin embargo los Firebenders podían fácilmente reconocer el engaño cuando lo tenían enfrente, y los tres de ellos eran artistas del mismo. A pesar de eso decidieron no hacer comentarios al respecto, después de todo, había sido un largo viaje en barco. No había necesidad de hacer más enemigos.

-¿Dónde es que ustedes jóvenes, se dirigen?- les preguntó Iroh.

Jet aplastó su cigarrillo encendido con los pies y miró a su alrededor.

-Al centro- dijo al fin, sacando otro cigarrillo y ofreciéndolo a Zuko.

Éste aceptó sin dudarlo, así que Iroh frunció el ceño.

-Hay una casa de huéspedes allí, lugar diminuto. Una chica que conocí la usaba para pasar el rato… y si tengo suerte, vamos a encontrarnos ahí.

Smellerbee rodó los ojos con fastidio.

-Jet, ella dijo que no quería volver a verte otra vez- señaló en un inexpresivo suspiro -Me parece recordar algunas amenazas de daño grave también.

Jet rechazó el asunto sin darle importancia.

-Las chicas siempre dicen cosas así.

-Sí, y lo dicen en serio- le espetó ella.

-Bueno, eh... buena suerte con eso- dijo Zuko incómodo -Gracias por el cigarrillo.

Zuko y Iroh se volvieron y entraron en la ciudad. Jet escupió el nuevo cigarrillo estupefacto.

-Maestro fuego- siseó.

Smellerbee y Longshot lo miraron fijamente. Jet señaló a Zuko iracundo.

-El cigarrillo lo encendió, lo fumó frente a nuestras narices, pero yo no le di encendedor.

-Entonces… probablemente tiene uno propio- suspiró Smellerbee -Vamos Jet, no hagas esto de nuevo.

-El no llevaba encendedor, me lo dijo cuando estábamos en el barco y yo había dejado caer el mío- espetó él -Esos tipos son maestros fuego… probablemente Dragones.

-No sabes eso.

-No- respondió Jet oscuro -Pero voy a averiguarlo.

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-Esto no es bueno.

Katara sonrió un poco. Aang tenía el ceño fruncido sobre su vaso de alcohol casi sin tocar.

-No es Riversider- puntualizó Sokka con aire de suficiencia.

-Supongo que no- suspiró Aang -Pero la música lo compensa.

-Ese es el sonido de Billie y su cristal- canturreó Katara, recostándose en su silla y dejando que la atmósfera penetrara en su interior.

La Casa Chatter era un lugar pequeño, oscuro y generalmente lleno de humo. Las paredes estaban pintadas de color rojo oscuro y los suelos de madera crujían bajo sus pies. Él único centro de atención era la banda que tocaba en un extremo de la sala, brillando en medio de la tenue iluminación, como si la música tuviera luz propia. Eran cinco personas agrupadas en el escenario, tres hombres tocaban respectivamente el sax, el violín y el trombón. Al centro, se hallaba una joven de alrededor de los 23 o 24 años, que tocaba primorosamente el piano. Y de pie delante de ellos, estaba Billie, con las dos manos puestas en el micrófono. La casa estaba llena, pero lejos de escuchar el barbullo y el desorden típicos de cualquier otro club, la atención de todos estaba puesta en el escenario. Un respetuoso silencio era mantenido por el público, que simplemente bebía de vez en vez sorbos de su respectiva bebida. El lugar estaba equipado con mesas de hierro forjado, mismas que lucían varios tonos de verde; por otro lado las sillas eran color café, y a pesar de no estar aceitadas, pocas veces había quien raspara el suelo cuando se desplazaba. El bar estaba escondido en una habitación lateral desde que el la prohibición se impuso, pero en todas las mesas había alguna bebida de todos modos.

-¿Cristal?- preguntó Toph perezosamente, con los pies sucios sobre la mesa.

-Su banda. Agua del río Liso- suspiró Sokka alegremente -son como cristal líquido.

-Cristal líquido- repitió en voz baja -Suena bien.

Katara sintió de pronto la piel de gallina en los brazos. Alguien estaba en su espacio, justo afuera de su visión periférica. Ella miró por encima del hombro y sus ojos se posaron en Aang. Él estaba inclinado hacia un lado en su silla, con los ojos cerrados en evidente relajación. Su silla estaba un poco más atrás y al lado de ella, por lo que su nariz y sus labios flotaban cerca del cuello de la joven. Él respiró hondo y suspiró un poco. Katara sabía que él acababa de respirar su aroma, pero él no parecía darse cuenta de lo cerca que estaban. Katara exhaló lentamente y volvió los ojos de nuevo al escenario.

-Se acabó la fiesta chicos.

Las puertas se abrieron detrás de ellos. Hubo de inmediato un murmullo general y un raspar de las sillas mientras todo el mundo se hacía a un lado. La banda dejó de tocar inmediatamente. Detrás de ellos, un grupo de hombres altos, enfundados con trajes oscuros y guantes verdes de aspecto extraño, se filtraron al pequeño local, llenándolo de humo negro.

-¡Oficiales de la prohibición!- siseó Sokka -Cuidado con los guantes.

-¿Qué?- preguntó Aang, confundido.

Katara lo agarró por la corbata y tiró de él debajo de la mesa. Algo resonó por encima de ellos.

-¿Qué fue eso?- susurró.

-Maestros Tierra- murmuró Katara -Los guantes que están usando son de piedra, los utilizan como armas. Pueden noquearte o atraparte antes de que siquiera sepas que están ahí.

-Suena a que tienes experiencia en ello- comentó Aang, sonriendo.

La sonrisa de su cara desapareció cuando la mesa sufrió un nuevo ataque.

-Tenemos que movernos- susurró la voz de Sokka desde algún lugar cercano.

Katara, siempre con un agarre firme en la mano de Aang, los llevó fuera y empezó a correr, arrastrando al Avatar detrás de ella. Aang no estaba seguro de cómo sucedió, pero de pronto el aire estaba fresco y corrían por la calle hasta la seguridad de la casa de huéspedes. Sokka había tomado firmemente a Toph de la mano y aunque ella podía ver muy bien, no se estaba quejando. Los cuatro se detuvieron hasta que llegaron al pasillo, fuera de sus habitaciones en la planta superior. Sokka jadeaba. Y los cuatro todavía podían oír el alboroto abajo.

-Eso estuvo cerca- dijo Katara en voz baja.

De repente, la puerta se abrió y cerró por debajo de ellos.

-¿Niños?, ¿Katara, Sokka?, ¿Están bien?- era la voz de Billie.

-Estamos bien, Billie- respondió Katara -Nos vemos en la mañana.

-Este bien- murmuró con alivio la mujer.

Sokka abrió la puerta de la habitación de los chicos y los cuatro ingresaron lentamente. Toph cayó casualmente en el suelo, tan pronto como había atravesado la puerta, y dobló las manos detrás de su cabeza a modo de almohada. Sokka cerró la puerta detrás de ellos mientras Aang y Katara se sentaban en la cama de él.

-¿Qué fue lo que pasó?- preguntó Aang.

-Oficiales de la prohibición- respondió Sokka cansado, se escuchó el cerrar de las cortinas unos cuantos pisos arriba.

-No hay dragones en Ba Sing Se- continuó Katara -En lo que la ciudad se refiere, no hay dragones en absoluto.

-¿Qué quieres decir?- preguntó Toph.

-Los Oficiales de Prohibición… o los Dai lee, son básicamente una policía secreta- suspiró Sokka -Acallan las noticias de nuestros problemas, por lo que todo en esta ciudad parece perfecto y seguro. A pesar de todos los refugiados que llegan aquí, ellos se aseguran que nadie hable sobre la guerra.

-Este lugar es extraño- sentenció Toph.

-No somos exactamente como otros refugiados tampoco- agregó Katara con una sonrisa -No tiene sentido fingir que los niños de Hakoda no están en su lista.

-¿Entonces qué? ¿Todos en el mundo están tras ustedes dos?- soltó Toph con un bufido.

-Más o menos- se encogió de hombros Sokka.

-Es una aventura asegurada el estar con ustedes- sonrió Aang.

Katara le sonrió de vuelta.

-Lo mismo digo Avatar.

-Touché.

-Bueno, será mejor que todos vayamos a dormir- dijo Sokka lentamente.

Él abrió la puerta sin prisa.

-Chicas, nos vemos en el desayuno.

-¿Luego podemos empezar a buscar Appa?- le preguntó Aang, reincorporándose fuera de su cama mientras Toph y Katara se ponían de pie.

-Sera lo primero en la lista- confirmó Sokka, serio.

-Buenas noches muchachos- dijo Katara con una sonrisa cansada.

-Buenas noches Katara- dijo Aang en voz baja mientras Sokka cerraba la puerta detrás de ella.

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-Jet, ¿podríamos por favor, encontrar un lugar para pasar la noche?- preguntó Smellerbee, por lo que parecía ser la centésima vez -Está haciendo frío y hay oficiales por todo el lugar.

Jet no respondió. Él sólo miró por el callejón, a la ventana del apartamento que hace poco habían alquilado Zuko y Iroh. Smellerbee miró Longshot. Él no dijo nada, pero después de unos momentos, asintió con la cabeza con intención.

-Longshot y yo vamos a ir a buscar un apartamento, ¿de acuerdo?- dijo cuidadosamente -Nos veremos más tarde.

Jet no respondió. Smellerbee negó con la cabeza y junto con su compañero, salió en silencio de la azotea. Jet permaneció posado en el borde, mirando por la ventana.

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Katara saltó cuando sintió un par de manos en sus caderas. Rápidamente volvió la cabeza, sólo para encontrar a Aang detrás de ella.

-Oh, Aang- suspiró con alivio, haciendo una pausa en el lavabo lleno de platos y colocando una mano sobre su corazón acelerado -Me has asustado.

-¿No te estoy asustando ahora?- preguntó en voz baja, con una sonrisa en su voz.

Sus manos se mantuvieron firmemente en sus caderas y él se apoyó contra ella. Los ojos de Katara se abrieron confundidos, pero no fue ninguna sorpresa cuando sintió los labios del joven sobre su cuello. A pesar de eso, no pudo evitar saltar un poco en su lugar y momentos después, puso sus manos sobre las de él, pero no las movió. Él besaba su cuello. Aang besaba su cuello.

-¿Qué estás haciendo?- preguntó ella, demasiado aturdida como para ofrecer más resistencia.

-Lo que has estado esperando que haga- murmuró contra su piel.

Ella se estremeció, con los ojos muy abiertos.

-No lo niegues, Katara.

-Yo... yo no...- empezó con cautela, pero sus ojos se cerraron cuando él la besó de nueva cuenta.

Sus labios se movían suavemente sobre su piel en una danza lenta. De vez en cuando el chico soltaba un suspiro y su aliento hacia estragos en el autocontrol de ella.

-Pero... eh...

-¿Quieres que me vaya?- susurró, con las cálidas manos aún en sus caderas y mientras la ponía de espaldas contra él.

-No...

La respuesta tardo muy poco en escapar de su boca, en medio de un suspiro entrecortado. Y al momento siguiente, Katara estaba mordiéndose los labios y cerrando las manos sobre las de él.

-No... no te vayas.

-Suenas asustada.

-Lo estoy un poco.

Ella inhaló bruscamente cuando él la besó de nuevo y sintió brevemente la caricia de su lengua contra su piel.

-¿Por qué?- murmuró, mientras una de las manos del joven se deslizaba por debajo de su camisa y descansaba sobre la piel desnuda de su estómago.

Nunca has sido... así antes- susurró de nuevo, sintiendo como si estuviera completamente bajo su control y sorprendiéndose a si misma, pues ello no le importaba en lo más mínimo.

-No puedes culparme- respondió él, aspirando el olor de su pelo -Eres hermosa.

-Aang...

El aludido le dio la vuelta de repente, acorralándola contra el mostrador, y ella se encontró nariz con nariz frente a él. Sus ojos... sus ojos gris claro se habían oscurecido con el deseo. Su aliento bruscamente chocó con el de ella.

-Fuiste y robaste mi corazón- dijo intensamente.

Ella hizo una pausa, tragó saliva y vacilante, colocó las manos sobre sus hombros. Se sentía cada vez acalorada, sonrojada de pies a cabeza. Estaba tan cerca... que estaba comenzando a sentir vértigo. Y se dio cuenta de que él estaba cada vez más cerca. No espera. Ella era quién se estaba acercando. Sus labios estaban casi sobre los de ella, su cálido aliento invadía cada pensamiento. No podía concentrarse. No podía concentrarse en nada, pero que diablos… aun así ella lo deseaba...

-¿Katara? ¿Estás despierta?

Katara se despertó bruscamente y salió de su cama con un grito de sorpresa. Se sentó sobre una maraña de sábanas, con los ojos cerrados y respirando con dificultad. Pegó un saltó cuando sintió una mano cálida sobre su hombro y casi gritó de nuevo cuando levantó la vista y se encontró con Aang, agachado delante de ella y todavía en pijama.

-¿Estás bien?- preguntó preocupado -Creo que te desperté, lo siento.

-Estoy bien- dijo apresuradamente, sonrojándose -No... no te preocupes por eso.

Aang no parecía convencido.

-¿Estás segura de que estás bien?

-Sí, muy bien- murmuró.

Con cautela, apartó la mirada de él pero fue incapaz de eliminar el color rojo ardiente en sus mejillas. La cama de Toph estaba vacía. Estaban apenas ellos dos.

-¿Qué haces aquí, por cierto?

-Sokka me pidió que te echara un ojo- respondió Aang, encogiéndose de hombros -Son casi las diez, tú nunca duermes hasta tarde.

Katara asintió distraídamente, con diligencia, para evitar mirarlo.

-Sólo estaba, simplemente... soñando- murmuró.

Él sonrió, genuinamente confundido.

-Bueno, eh... lo siento de nuevo- dijo a la ligera, saliendo de la habitación.

Katara exhaló con fuerza y se llevó una mano a la frente, mirando fijamente a la pared.

-Mierda- murmuró.

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