Narcisa se puso rígida al leer ese pedazo de pergamino que su hijo le dio. Era entre un reclamo y una declaración de amor. Pero ella era una mujer, y estaba segura que esas letras venia un mensaje oculto. Se puso a leer de nuevo:

¿Recuerdas aquel solitario lugar de la casa de los sustos?

Yo todavía lo recuerdo. Los días de ansiedad cuando todavía no te podía decir que te amaba ¿sabías de eso?

Las hermosos días del pasado cuando aún éramos niños; sigo estando enamorada.

Tu tan inmaduro. Trataste de tomarlo todo de mí. Tú cruel persona.

¿Eras demasiado tímido para hacer o decir algo? o ¿no te gustaba todavía? Todavía no puedo entenderte o leerte.

Si lees esta carta; por favor, ven a mí. Querido aún estoy y te estaré esperando.

Tu cruel persona… esta noche trata de tomarme y tener todo de mí.

Tú tan ingenuo; este día, esta noche, mañana por la noche y la noche después de esta. Yo te estaré esperando por siempre.

Tan solo deja de ser tan cruel y acércate. Abre tu corazón para que te des cuenta que aún estoy enamorada.

Si definitivamente iba a hablar con su futura nuera.