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Exilio
Capítulo 25. Si fuera un cuento
La noticia volaba veloz como el viento por las calles de la aldea, no había rincón en el que no se comentara.
Esa mañana, Haruno Sakura, sería ajusticiada públicamente al ser encontrada culpable de traición, deserción, conspiración, asociación ilegal y una larga lista de cargos. Toda la aldea estaba convocada de pleno para asistir a la ejecución.
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Alguien llamó a la puerta de la residencia Hyuuga haciendo que la joven Hanabi palideciera al abrir y encontrarse frente a un ANBU raíz.
- ¡Padre! – llamó la niña.
- ¿Qué es lo que ocurre? – preguntó la voz de Neji apareciendo en el vestíbulo al oír el grito de su prima.
Al ver al ninja parado en el umbral, el Hyuuga compuso una expresión seria y se puso disimuladamente delante de Hanabi, empujándola tras él.
- ¿Traes alguna orden de Hokage-sama? – preguntó Neji con educación.
El ANBU se limitó a tenderle un sobre sellado sin pronunciar una palabra. El Hyuuga lo tomó con cautela sin dejar de mirar al emisario del Hokage que se había quedado plantado en la entrada como si esperara algo.
Neji bajó la vista hacia el sobre y rompió el lacrado rápidamente sacando la carta que contenía. Conforme sus ojos se movían leyendo las palabras escritas en el papel, su rostro iba perdiendo gradualmente el color. Una ola de ira e impotencia le recorrió por completo, aun así la única muestra de esto fue la fuerza con la que aferraba la carta.
- ¿Qué está pasando aquí? – dijo de pronto una grave voz a sus espaldas. Hiashi, el líder del clan Hyuuga apareció mirando alternamente al ANBU y a su sobrino - ¿Neji?
El muchacho lo miró durante un segundo como si no entendiera bien sus palabras, su cerebro estaba tan embotado por la noticia que acababa de recibir que le costó reaccionar. Pero rápidamente, carraspeó y recuperó la compostura.
- Es un aviso, – comenzó a hablar sorprendido de que le saliera la voz – un aviso para asistir la ejecución de Sakura. Hokage-sama espera verme en primera fila como representación del clan… Dentro de una hora – finalizó moviendo su mirada hacia el suelo.
Hiashi se adelantó un paso y cogió la carta de manos de su sobrino con un suave movimiento.
- Como líder del clan Hyuuga acepto la invitación, yo tomaré el lugar de mi sobrino en representación del clan, tal y como Hokage-sama ordena – dijo con aplomo el hombre.
- Lo siento Hyuuga-sama, pero la invitación es para el joven – dijo el ANBU con voz neutra – no es transferible.
Neji siguió mirando al suelo sin expresión, ya se lo esperaba, lo que el Hokage quería era que él viera lo que le ocurriría a Sakura, lo que les ocurría a los que se oponían a Danzou. Le había ordenado a él personalmente que estuviera en primera fila para la ejecución para que sus esperanzas murieran junto a la pelirrosa.
- Yo soy el líder del clan – respondió Hiashi altivamente – ese deber me corresponde a mí.
El Hyuuga sabía perfectamente la crueldad que pretendía el Hokage al obligar a Neji a presenciar la muerte de su compañera. Esa niña debía tener la misma edad que su sobrino, y sabía que él la apreciaba.
- Me parece que no me he explicado bien, Hyuuga – espetó el ANBU con grosería – Danzou-sama ha ordenado personalmente que el chico lo haga, y eso hará, ¿o prefieres discutirlo en otro lugar?
La expresión del líder del clan no cambió, apretó los labios hasta formar una fina línea y alzó la cabeza con orgullo. Sabía perfectamente que ese subordinado del Hokage estaba insinuando que si se oponía le metería en el calabozo. A él, el principal miembro de una de las más prestigiosas familias de la villa, sus técnicas de sangre eran las mejores de la aldea, y ahora, un don nadie salido que no se qué ratonera se atrevía a amenazarle a su propia casa. Era intolerable.
- Ahí estaré – interrumpió Neji al ver la cara de ofensa de Hiashi, y cortando así su respuesta que seguramente le hubiera ocasionado una detención. Notó como Hanabi se aferraba a su camisa tras él como gesto de agradecimiento.
El ANBU asintió secamente con la cabeza y dando su mensaje por entregado, se marchó veloz como el rayo.
- ¿Van… a matar a Sakura? – preguntó una tímida y débil voz en cuanto cerraron la puerta. Hinata se asomó desde el pasillo con los ojos inundados.
Todos los presentes la miraron sin pronunciar palabra, su silencio era la única respuesta que necesitaba. La chica ahogó un sollozo.
- …Naruto-kun no… no lo permitirá – tartamudeó la Hyuuga.
El ceño de Neji se frunció.
- ¿Naruto? – dijo con tono frío – Acéptalo, Hinata-sama, Naruto está muerto, si no, lo habrían capturado junto con Sakura – prosiguió apretando los dientes.
- Eso no es verdad – contestó la muchacha agitada – yo… siento que está vivo… estoy segura
- ¿Y dónde está? – espetó Neji, estaba pagando su frustración con ella pero no podía evitarlo.
No podía permitirse el lujo de creer que de pronto el rubio aparecería de la nada para salvarlos a todos, en que el héroe llegaría en el último momento para salvar a la chica, esas cosas sólo pasaban en los cuentos. Y si eso fuera un cuento, él no tendría que estar reuniendo fuerzas para asistir al "asesinato" de su compañera, si eso fuera un cuento, no se pasaría las noches en vela pensando en que podría ocurrirle a Tenten si daba un paso en falso. No, la realidad no era un cuento.
- Él… está en camino… vendrá – murmuró Hinata lastimeramente.
Neji ahogó un bufido.
- Pues más vale que se dé prisa – agregó el muchacho mirándola fijamente.
- ¿Qué te pasa… Neji? Una vez creíste en Naruto,… ¿por qué no hacerlo ahora? – preguntó Hinata con timidez.
- … …
- Nee-san – intervino de pronto Hanabi – Naruto-kun no está aquí y no sabemos nada de él… ni tampoco dónde está, tal vez ni siquiera sepa lo que le ocurre a Sakura-san, ¿por qué estás tan segura de que vendr…
- Naruto ha demostrado lo que valía muchas veces – interrumpió Hinata con voz sorprendentemente segura – jamás se rinde. Él no es como nosotros, no es un cobarde – sentenció.
Neji ensanchó los ojos con la mirada fija en el suelo cuando esas palabras cayeron sobre él.
…Tú no eres como yo, no eres un perdedor… Esas habían sido las palabras que Naruto le había dedicado cuando pelearon, sin embargo, el rubio se había equivocado, ahora se sentía como uno.
- ¡Hinata! – la reprendió Hiashi, pero ella ya había desaparecido rumbo a su habitación.
El líder del clan Hyuuga posó una mano en el hombro de su sobrino y lo miró con seriedad.
- Espero que representes al clan con dignidad y orgullo – dijo el hombre.
- Esa representación era una excusa para obligarme a asistir, usted también lo sabe tío – contestó el muchacho.
- Aun así – objetó Hiashi – Neji, sé que tu padre estará orgulloso de ti. Recuerda lo que te enseñó, puede que sea difícil de encontrar, pero siempre hay elección.
El joven Hyuuga se extrañó por sus palabras pero asintió mirando como su tío se alejaba seguido por Hanabi.
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La puerta de la celda de la pelirrosa se abrió de pronto haciendo que la luz proveniente del pasillo inundara el interior, un par de ANBU entraron a zancadas, quitaron las cadenas a la kunoichi y la levantaron aferrándola uno por cada brazo para poder arrastrarla al exterior.
- Arriba, princesa – dijo uno de los ninjas – hoy es tu gran día. Todos están deseando verte… no hagamos esperar al verdugo.
La chica parecía no poder tenerse en pie, realmente, después de un interrogatorio era lógico que no supiera ni donde se encontraba.
Sin embargo, en cuanto pusieron un pie en el luminoso pasillo, Sakura realizó un repentino movimiento logrando coger a sus guardias por sorpresa. Se soltó de su agarre con brusquedad y consiguió alcanzar uno de los kunais de la bolsa que el ANBU a su izquierda tenía atada a la pierna, con la misma rapidez, la pelirrosa clavó el arma en el ninja que estaba a su derecha.
No tenía chakra, así que sabía que el factor sorpresa era su única oportunidad. Antes de que el shinobi que quedaba pudiera reaccionar, Sakura levantó la rodilla lanzando un golpe poco honorable que dobló al ANBU de dolor.
Sin perder un segundo, la pelirrosa corrió por el pasillo, cojeaba y la espalda le ardía como brasas a cada paso que daba, pero no podía detenerse.
Un grito a sus espaldas le indicó que ya se habían percatado de su chapucera huida y la perseguían. Dobló una esquina derrapando y siguió corriendo, tenía que llegar…
Siguió avanzando por los corredores jadeando por el esfuerzo, ni siquiera sabía de dónde estaba sacando la energía para continuar. Los pasos se oían tras ella cada vez más cerca.
Llegó a un pasillo en el que había celdas con barrotes a ambos lados, dentro de ellas había gente tumbada en el suelo o apoyada en las rejas con resignación, Sakura siguió corriendo sin detenerse a mirar quienes eran los detenidos que volvían la cabeza para mirarla con asombro. Su meta no estaba lejos, la habitación 121, había pasado por ella cuando la llevaron a la sala de tortura y ahí estaba lo que buscaba… su secreto. Se aseguraría de acabar con eso, lo mataría.
De pronto, su sandalia ninja se enganchó en la juntura de una baldosa provocando que cayera en plancha sobre el suelo de piedra deslizándose un par de metros. Los murmullos entusiasmados de apoyo que habían surgido entre los presos se apagaron de pronto en un silencio lleno de almas rotas al contemplar como la kunoichi hacía un vano intento por levantarse de nuevo y caía antes de ponerse siquiera en pie, no parecía tener más fuerzas.
Las lágrimas bañaron los ojos de Sakura al escuchar impotente los pasos acercándose desde el final del corredor, la muerte venía a por ella. No tenía caso luchar, no conseguiría llegar hasta su objetivo… iba a morir.
Iban a matarla, sollozó con desesperación, hasta ese momento no se había parado a pensar en eso… no quería morir. Tenía miedo, estaba terriblemente asustada. Había pensado que cuando decidieran matarla, ella lo afrontaría con entereza, digna y orgullosa como toda una ninja, caminaría con la cabeza en alto sin temblar y no tendría miedo, no sería débil ni lastimosa y jamás suplicaría… Qué sarta de bobadas.
Ahora que había llegado el momento, todos esos argumentos le parecían infantiles párrafos de cuento en los que la princesa es condenada a muerte por el ogro malvado y ella avanza hacia su destino con paso seguro, bella y radiante hasta el final. Las personas que escribieron esas historias definitivamente nunca se habían encontrado en esa situación.
¿Cómo podía simplemente aceptar su muerte cuando lo único que quería era vivir? ¿Cómo avanzar sin miedo cuando cada paso la acercaba más al último? Sus lágrimas caían sin pausa hundiéndola en su desesperación.
Una mano salió de entre los barrotes de una de las celdas laterales que formaban el pasillo, en el cual ella seguía tendida, y sostuvo con fuerza la suya extendida frente a ella en el suelo.
- Sakura – llamó una voz ronca.
La kunoichi levantó la vista al reconocerla y apretó la mano sucia que estrechaba la suya.
- Kiba – murmuró ella entre sollozos.
El Inuzuka sonrió tras los barrotes de su prisión, su estado era lastimoso. Tenía el pelo revuelto sin su habitual cinta de ninja, le hacía parecer un niño travieso, su ropa estaba sucia y rasgada. Podía apreciarse alguna contusión en su pómulo y una herida en el labio, no eran recientes, lo que llevaba a pensar que el muchacho llevaba allí bastante tiempo.
Sus profundos ojos de lobo estaban ligeramente enrojecidos, se podía leer en ellos cuanto anhelaba la libertad, presentaba su mejor aspecto de cachorro enjaulado. Kiba era una criatura salvaje, encerrarlo era una crueldad. No había nadie que disfrutara más de correr por la hierba o dormir bajo las estrellas que el indomable Inuzuka.
- Sakura, tienes que levantarte – la animó componiendo una sonrisa.
Una mayor tristeza invadió a la pelirrosa al contemplarlo, esa sonrisa que evocaba tiempos mejores. Y ahora, mira a lo que habían llegado, Kiba jamás había dañado a nadie y lo trataban como a un criminal, pero pese a todo le sonreía. Sollozó apretando más su mano.
- Vamos, levántate – siguió diciendo el muchacho sin soltarla.
- Kiba… ayúdame… me van a matar… por favor – suplicó la pelirrosa.
- ¡Sakura! ¡Vamos, Sakura! – se oyó corear desde una celda cercana.
El eco de los pasos que avanzaban hacia ella quedó ahogado por el sonido de otras voces.
- ¡Sakura, tú puedes! – reconoció la voz de Iruka-sensei
La pelirrosa se puso de rodillas aun sin soltar a Kiba.
- ¡Sakura! ¡Sakura! – el ruido de su nombre era ensordecedor.
Sin embargo, por mucho que lograra incorporarse no podría huir, unas manos se aferraron a sus hombros tirando de ella, los ANBU la rodeaban.
- ¡Sakura! – gritó Kiba por encima de los vítores, pronunció su nombre de forma diferente al resto, su voz era de desesperación no de ánimo. Él sabía a dónde la llevaban.
- ¡Kiba! – la pelirrosa intentó sujetarse a la mano de su compañero, a los barrotes, a cualquier cosa con tal de vivir.
¡SAKURA! ¡SAKURA!
Los presos golpeaban los barrotes haciendo temblar el lugar al tiempo que coreaban su nombre, la pelirrosa los miró anonadada mientras los ANBU ataban sus manos con una soga tirando de ella para arrastrarla dando pasos erráticos. A lo largo del pasillo, desde sus celdas pudo ver a Lee sacudiendo las rejas, Iruka-sensei seguía gritando su nombre igual que muchos otros que ni siquiera conocía.
Civiles, ninjas, todos la miraban con orgullo, como si ella hubiera hecho algo admirable, como si fuera una heroína valerosa ¿por qué?. Ella estaba muerta de miedo y solo quería escapar, que algo la salvara, que los cielos se abrieran de repente permitiéndole huir de allí. Sin embargo, todas las caras y voces de aquella gente a la que habían arrebatado la esperanza parecían decir lo contrario.
En ese momento lo entendió, comprendió lo que esas historias que le habían sonado irreales querían decir, esos héroes de leyenda que caminaban hacia la muerte con aplomo tenían miedo, tanto como ella, pero habían descubierto que había una gran diferencia entre que te llevaran arrastras hasta el verdugo y caminar hacia él con entereza sabiendo que ninguno de los presentes podrá olvidarlo, que el recuerdo quedará en sus memorias y tal vez pueda servir de algo.
Recordó las palabras que había leído en algún lugar,…ser valiente no significa no tener miedo, significa saber que hay cosas más importantes que el miedo…
Sakura levantó la cabeza dispuesta a representar su papel con honor, la última imagen que daría no sería la de una chiquilla temblorosa, sino la de una mujer que daba su vida por lo que creía y los que quería.
¡SAKURA! ¡SAKURA!
Los gritos prendían en su corazón como una hoguera desterrando el frío del miedo. La pelirrosa sonrió salvajemente, no con alegría, esa sonrisa era más bien un desafío que pintaba su cara mientras atravesaba los pasillos de la prisión.
La luz golpeó los ojos de la chica cuando uno de sus guardianes dio otro tirón a la cuerda que ataba sus muñecas, y con un paso trastabillante salió al exterior. Elevó los brazos para cubrirse la vista, el cielo estaba absolutamente despejado, y el sol brillaba con esplendor casi burlón.
Un segundo tirón la hizo avanzar, la calle estaba abarrotada y la gente se agolpaba formando un pasillo por el cual los ANBU la guiaban, sin embargo, el silencio era atronador. En contraste con el interior de la prisión, en esa calle nadie parecía respirar siquiera.
Siguió andando lentamente a tirones, observando todos los rostros fijos en ella. Estaba segura de que su aspecto era deplorable. Un sollozo llegó a sus oídos, ¿alguien lloraba?
Su mirada se posó en una chica rubia de ojos azules inundados de amargas lágrimas que se encontraba a pocos metros de distancia, la reconoció al instante, Ino. Chouji la sostenía prácticamente cargándola para que no cayera.
Sus miradas se encontraron cuando estuvieron a la misma altura, azul y verde, por un segundo volvieron a ser las dos niñas que habían compartido juegos y secretos en su infancia. Las dos amigas que creyeron olvidar su amistad para darse cuenta de que jamás había sido así. Por sus ojos pasaron los momentos en los que habían reído juntas, sus competiciones, las tardes interminables hablando de cualquier cosa…
Pero ese segundo pasó y el hechizo se rompió al mismo tiempo que el hilo que unía sus miradas cuando el lento pero imparable paso de los ANBU que guiaban a la prisionera dejó atrás a la llorosa kunoichi.
- …No, no, no… por favor – murmuraba Ino inaudiblemente entre sollozos. Si su compañero de equipo no la estuviera ayudando, sus piernas no la habrían sostenido por más tiempo.
Otro tirón a la cuerda para que no se retrasara hizo trastabillar a la pelirrosa hasta hacerla caer al suelo en medio del tenso ambiente y los corazones de los presentes se encogieron ante el lamentable espectáculo.
- ¡Traidora! – se oyó de pronto un amortiguado ruido de fondo mientras Sakura se ponía en pie con esfuerzo.
La voz anónima aun no se había apagado cuando otra la siguió.
- ¡Desertora!
A partir de ese momento los insultos se sucedieron y a esas voces se les sumaron otras que abucheaban sin piedad silbando y gritando mientras la pelirrosa avanzaba hacia sus últimos latidos.
Neji la veía trastabillar mientras se acercaba paso a paso hasta dónde él estaba junto a Tenten mirándolo todo como si no estuviera allí, como si su cuerpo perteneciera a otra persona y no fuera él quien estaba contemplando impasible cómo su amiga moría.
La mano de Tenten estrechó levemente la suya para mostrarle apoyo, no hacía falta que hablaran, con ese simple gesto ella le demostraba que estaba junto a él. Era lo bueno de su relación, se comprendían de una manera en la que las palabras sobraban. La castaña no había necesitado palabras para llamar a su ventana en cuanto se enteró de la ejecución de Sakura, él tampoco las había necesitado para dejarla pasar y permitir que le abrazara. La kunoichi se había quedado con él dejando que recostara la cabeza en su regazo sin decir nada, esperando en silencio la hora en la que tendrían que enfrentarse a la muerte de su compañera.
Y allí estaban, mirando a Sakura avanzar a trompicones, pálida, con la ropa manchada de sangre y tierra pero con altivez, mostrando un sesgado reflejo de la orgullosa kunoichi, la aprendiz de Tsunade, la medic-nin que había sido.
- Eh, Hyuuga – saludo la pelirrosa con voz ronca al llegar a su altura.
Allí ante él estaba la misma chica que había visto reír a carcajadas, entrenar hasta el cansancio, tumbarse en la hierba con sus amigas los días de sol y ahora había vuelto a la villa sólo para morir.
La garganta se le secó haciendo que le doliera al tragar.
- … Traidora… - murmuró Neji arrastrando las letras como si cada una le cortara por dentro como una cuchilla al pronunciarla. Cogiéndole la mano en silencio, Tenten no pudo reprimir unas lágrimas - ...cobarde… - la voz del muchacho hizo una inflexión al quebrarse – cobarde... no mereces llamarte ninja…
Los ojos verdes de Sakura se alzaron para mirarle pero no había acusación en ellos, pues comprendía que las palabras de Neji estaban dirigidas más contra sí mismo que contra ella y podía notar como ardía su alma por la culpa y la impotencia.
- Dile a Hinata que Naruto siempre piensa en ella – pidió la chica con voz quebrada antes de que la obligaran a avanzar.
La pelirrosa oteó entre los presentes buscando a alguien más, al ninja más vago de la historia. No creía que hubiera sido tan holgazán como para no asistir a su ejecución, sin embargo, por más que lo buscaba con la vista no lo encontraba. Necesitaba decirle algo, tenía que contarle su secreto si no, su descubrimiento no serviría de nada. Pero por más que recorrió el gentío no encontró ni rastro de él. Será vago de mierda.
Sakura miró al cielo…hoy no hay nubes…
De pronto, la chica se dio cuenta de que el silencio volvía a estar presente en la calle y con pavor comprobó que los ANBU que tiraban de ella se habían detenido. Sintió que el aire le faltaba en los pulmones cuando comprendió lo que eso significaba.
Dio un paso para atrás. Había decidido mostrarse fuerte, pero aun así no podía hacer nada para contener el temblor de sus piernas.
La obligaron a caminar a tirones hasta el centro de la plaza. Sakura miraba a su alrededor sintiendo una inexplicable claustrofobia, notaba que se ahogaba, que el aire era espeso y no le aportaba oxígeno por más que respirara, la cabeza comenzaba a darle vueltas y agradeció no tener nada en el estómago que poder vomitar.
Alguien cortó las cuerdas que le ataban las muñecas que sangraban por la fricción, aunque sólo lo hicieron para quitarle de un tirón su identificativa camisa rosa decorada con un círculo blanco en la espalda, dejándola tan solo con la fina camiseta negra de tirantes cuya parte trasera estaba desgarrada y ensangrentada debido a los latigazos que había recibido.
Al contacto con el aire las heridas le escocieron haciéndola pensar en cómo no había reparado antes en lo que dolía, la habían curado solamente lo necesario para que no muriera antes de la hora prevista y les privara del espectáculo. Se quedó arrodillada en el suelo en medio de la plaza, abrazándose a sí misma para evitar el frío que la asaltaba a pesar de la calidez del día.
Vio entre las lágrimas que ahora caían sin permiso de sus ojos cómo los ninjas clavaban su camiseta en una pared con un kunai, como si fuera un trofeo de caza. Ahora entendía por qué no habían querido destrozar la prenda, era un símbolo tan identificativo para ella como su pelo rosa.
Volvió la vista intentando serenarse y coger una bocanada de aire que no llegó a sus pulmones.
- Haruno Sakura – pronunció una grave voz, no era la de Danzou, él se había quedado en su torre Hokage observándolo todo desde la privilegiada ventana de su despacho – has sido encontrada culpable de traición, desacato, conspiración…
La pelirrosa escuchó toda su lista de acusaciones sin decir nada, tiritando de incontrolable pánico.
- Por todo ello, la sentencia es la muerte – concluyó el shinobi.
Sakura seguía temblando sentada en el suelo sin mirar a nadie. De pronto su voz se escuchó suave y quebrada aunque audible para todo el mundo.
- Creéis que matarme solucionará las cosas, que así todos os respetaran y nadie osará desafiaros – la pelirrosa sonrió amargamente y levantó la vista – estáis convencidos de que yo soy la que siembra la rebelión en sus corazones… - soltó una cortante carcajada mojada de lágrimas – ilusos, vosotros provocareis vuestra propia caída, vuestros actos siembran la insurrección cada vez que la opresión crece. Danzou nos teme más de lo que está dispuesto a admitir, porque en el fondo sabe que el fuego de Konoha nunca morirá, que algún día alguien se levantará, mirará a su alrededor y dirá basta.
Sus ojos verdes ardían brillantes como esmeraldas.
Uno de los ANBU se adelantó y volvió a amarrarle las manos con una soga mientras ella clavaba su temblorosa mirada en él. En cuanto acabó de atarle las manos sacó algo del bolsillo, Sakura lo reconoció al instante, era su propia banda ninja, la kunoichi intentó controlar su expresión aterrada cuando le vendó los ojos con ella.
El pánico la dejó inmóvil, únicamente podía temblar con los nervios de punta a la espera del golpe mortal que acabaría con su vida, ni siquiera podría verlo acercarse. Pensó en Sasuke, le había prometido no dejarlo solo, un sollozo escapó de su garganta al notar que ya no podría cumplir esa promesa. Sólo esperaba haber podido hacerle feliz, aunque fuera solo un poco, porque ella de verdad lo amaba, ojalá se lo hubiera dicho.
El ruido metálico que hizo la espada del verdugo al ser desenvainada cortó el aire provocando que todos contuvieran el aliento. El ninja se fue acercando con lentos y firmes pasos hasta la pelirrosa que temblaba en el suelo sin poder ver, jadeando y sollozando entrecortadamente.
En ese momento, un kunai se clavó entre condenada y verdugo. Un sonido de sorpresa murió en todas las gargantas cuando vieron a Hyuuga Neji dar un paso adelante colocándose frente a Sakura.
- Yo… digo basta – pronunció con voz tranquila pero cargada de ira.
La pelirrosa movió la cabeza confundida al escuchar voces.
- ¡Yo digo basta! – gritó Ino con voz neurótica y cargada de angustia colocándose junto a Neji.
- Yo digo basta – Chouji siguió a su compañera de equipo.
- Yo digo basta – Tenten avanzó situándose hombro con hombro junto al Hyuuga.
Un murmullo exaltado de voces recorrió la multitud. La voz de Hiashi Hyuuga se alzó sobre las demás.
- Yo digo basta.
El rugido era cada vez mayor. Hana Inuzuka junto a sus perros ninja, se adelantó también plantando cara a los ANBU.
- Yo… digo… ¡basta!
Al encontrar de pronto tanta oposición, los subordinados de Danzou retrocedieron desconcertados.
- ¿Dónde se ha metido Shikamaru? – preguntó Ino frunciendo el ceño.
Detrás de sus compañeros, todavía en el suelo, Sakura tiraba de la cinta que le cubría los ojos para poder ver lo que pasaba. No entendía, de pronto estaba oyendo el filo de la espada que acabaría con su vida y al segundo siguiente las voces de sus amigos gritaban y… seguía viva.
En ese momento, una nube de humo se extendió alrededor de la pelirrosa tras el grupo de ninjas que la defendían, los cuales se giraron con posición defensiva. Un par de rayos eléctricos atravesaron sin piedad a los dos ANBU que habían pretendido ejecutar a la kunoichi y que no habían huido con el resto de sus compañeros.
Sakura sólo notó un par de brazos que la estrechaban con fuerza y un corazón que palpitaba desbocadamente pegándola a su pecho con ansiedad.
- ¡Yo!... Vaya, perdón por el retraso, me temo que nos perdimos en el camino de la vida.
- ¡Ya te dije que llegábamos tarde dattebayo!
- Ya sabía yo que esto sería problemático…
- Nee grandullón, Naruto tenía razón, Konoha huele a ramen.
Hola!
Bueno, esta vez el capítulo ha sido movidito ¿no? Creo que se ha mantenido la tensión hasta el final jeje pero no creeríais que iba a dejar morir a Sakura, no, no, no. Pero me parecía demasiado trillado que en el último minuto llegara Naruto y Sasuke a salvarla, he preferido que fueran sus propios compañeros de Konoha los que dijeran "hasta aquí hemos llegado". Aun así nuestros héroes preferidos han llegado… un poco tarde pero… jaja Espero que os haya gustado el inicio de la rebelión de Konoha.
Sé que no se han resuelto muchas dudas, pero no os preocupéis que en el próximo se sabrán muchas cosas.
Supongo que por las frases finales ya sabréis quienes han llegado ¿no? Sé que llevabais mucho tiempo esperándole jeje
Cómo siempre muchísimas gracias por todos vuestros reviews de apoyo que me encantan cada día más ;)
Ah, y no puedo pasar sin decir esto… no soy muy aficionada al futbol pero…¡sí, yo también celebré a grito pelado el gol de la final! ¡campeones!
Besos Ela.
