CAPITULO XXV

Después de algunos días de albergar a Cooper y su futura esposa, la casa Hummel-Anderson estaba tranquila. Les encantaba recibir visitas, pero más les gustaba estar sólo ellos tres.

La noche se estaba haciendo larga. Lizzy se despertaba cada media hora a los gritos y llorando muy fuerte. Kurt ya no sabía qué hacer, lo había intentado todo, pero nada calmaba a su bebé.

Cuando por fin Lizzy se había quedado dormida por cuarta vez esa noche, Kurt se acostó de nuevo en su cama. Eran las tres de la madrugada y no había descansado nada, afortunadamente no tenía que trabajar al otro día. Pero Blaine sí, por eso se encargaba él de su hija, Kurt dejó a su marido dormir.

No habían pasado ni quince minutos desde que Kurt se había acostado y apenas pudo cerrar los ojos cuando escuchó otra vez el grito de su bebé.

"Oh Dios" Murmuró Kurt mientras se destapaba para calmar a Lizzy otra vez. Hasta que la mano de Blaine lo detuvo.

"Deja… voy yo." Decía Blaine con voz de dormido.

"Pero tu tienes que trabajar mañana"

"Si, lo sé. Peo tu te has encargado de ella toda la noche, déjame hacerlo yo un rato."

"Mmm… ok, si insistes." Kurt volvió a acostarse. "Gracias. Te amo" Murmuró casi inentendible cuando cerró los ojos otra vez. Blaine sonrió saliendo de la habitación.

Lizzy gritaba en su cunita, Blaine se acercó a ella y la levantó acunándola en su pecho. No podía verla llorar así, le hacía daño y le daba impotencia no poder hacer nada para calmarla.

"Shh shh, princesa. No hay razón para llorar." Decía él mientras la mecía de adelante a atrás. Besó su cabecita y la sintió más caliente de lo que debería ser. Entonces volvió a apoyar sus labios en la frente de su hija y se dio cuenta que la niña tenía fiebre. Corrió a su habitación y despertó a Kurt.

"Kurt" Blaine despertaba a su marido a pesar que sabía que sólo tenía los ojos cerrados. "Kurt, Lizzy tiene fiebre".

"¡¿Qué?! ¡¿Fiebre?!" Kurt saltó de la cama y agarró a la bebé de los brazos de su marido, ella todavía estaba llorando. Con sus propios labios tocó la frente de la niña, igual como lo había hecho hace un momento Blaine. "Está calentita, pero no creo que sea fiebre. Cariño ¿traerías el termómetro del botiquín? Quiero comprobar que no lo sea."

Blaine corrió a traer el termómetro. Kurt se lo puso en el oído de Lizzy y esperó unos segundos.

"¿Y?" Preguntó Blaine preocupado.

"37, 8 °C" Kurt contestó.

"Y… ¿eso es malo?"

"Bueno, lo ideal para un bebé es 37,5" Explicaba Kurt dejando el termómetro.

"¿Y qué hacemos? ¿Llamamos al médico?" Dijo Blaine mientras marcaba el número de teléfono de la pediatra de Lizzy.

"No, no hace falta. Hay que darle un baño de agua tibia para que le baje. Si no baja o sigue subiendo, llamaremos a un doctor." Kurt estaba tranquilo, no podía ponerse nervioso en estos momentos porque asustaría a la bebé… y a Blaine.

Diez minutos después, Lizzy estaba en la bañera. Había dejado de llorar y estaba disfrutando del baño. Kurt la estaba sosteniendo mientras ella chapoteaba sus piecitos en el agua.

Blaine se acercó despacio detrás de Kurt sosteniendo la toalla para envolver a la niña. Disfrutaba de verlos a los dos riendo y jugando con el agua.

"¿Cómo lo haces?" Preguntó Blaine apoyado en el marco de la puerta observando a su familia.

"¿Cómo hago qué?" Kurt miró sobre su hombro a Blaine. Sacó a Lizzy del agua y giró para envolverla en la toalla que Blaine le estaba entregando.

"¿Cómo haces para estar así… tan tranquilo?" Cuestionó Blaine maravillado por la serenidad de su marido antes estas situaciones.

"Bueno… es que si yo estoy nervioso, ella está nerviosa. Los niños perciben todo." Kurt estaba vistiendo a la bebé con ropa limpia. Blaine sólo los miraba.

Cuando la fiebre de Lizzy bajó, se quedó dormida, pero esta vez sin llorar. De todas maneras, Kurt no se iba a quedar tranquilo si no visitaba a la doctora de su hija.

"Oh Dios. Son las 4:30 de la madrugada y no he dormido nada. En dos horas y media tengo que levantarme y comenzar mi día." Blaine decía ya acostado y abrazando a Kurt.

"Nadie dijo que ser padre era fácil." Kurt lo abrazó más fuerte y puso su nariz en el cuello de su marido.

"Lo sé, y no me quejo… no lo cambiaría por nada. Amo mi vida. Te amo a ti." Blaine besó a Kurt en la mejilla. "Y amo a nuestra hija" Lo besó otra vez, pero Kurt ya estaba dormido.


Blaine se quedó dormido sobre su escritorio de su oficina, y se despertó cuando escuchó sonar su celular.

"¡Kurt! ¿Sucede algo? ¿Cómo está Lizzy?" Blaine hablaba sobresaltado.

"Blaine, tranquilízate. Lizzy está bien, está jugando con su chupete." Kurt contestaba en el otro lado del teléfono.

"Aah, bueno. ¿Entonces? ¿La llevaste al pediatra?" Blaine se sentó derecho acomodándose la camisa y la corbata.

"Si, de ahí venimos. A Lizzy le están saliendo los dientitos, y la fiebre vino de eso, igual que el llanto. Va a estar muy molesta y va a llorar, y va a babear mucho… pero todos son síntomas normales."

"Uff… que alivio. ¿Intentaste dormir algo?"

"No todavía, voy a esperar a que Lizzy se duerma. Pero por tu voz tu si dormiste" Kurt se reía.

"Culpable… pero sólo fueron cinco minutos"

"Mmm… si, seguro. Bueno, amor… tengo que colgar. Vuelve al trabajo. Te mandamos un beso." Kurt dijo antes de hacer un ruido como de beso en el teléfono.

"Un beso para ustedes. Los amo. Adiós." Blaine dijo, y ambos cortaron el teléfono.

"¿Blaine? ¿Estás ocupado?" Una cabeza se asomó por la puerta de la oficina de Blaine, era Mark, su socio.

"No, Mark. Pasa, siéntate."

"Blaine, te ves fatal. ¿Está todo bien?" Dijo el hombre mientras se sentaba en la silla enfrente de Blaine.

"Si, es que a Lizzy le están saliendo los dientes y anoche lloró toda la noche, y bueno… no pude dormir bien." Blaine se refregaba los ojos en un intento de terminar de despabilarse.

"¿Quieres que vuelva en otro momento?" Mark le preguntó.

"No, no, estoy bien."

"Perfecto, porque tengo excelentes noticias. Ya está todo listo para la nueva productora, sólo necesitamos volar a Los Angeles y-" El hombre fue interrumpido por Blaine.

"Espera, espera… ¿necesitamos? No, Mark, yo no iré. No puedo dejar a Kurt y a mi hija solos, y mucho menos desde lo de… tu sabes."

"Blaine, lo sé. Pero ellos te quieren ahí, los inversores."

"Pero, no lo se…"

"Blaine, por favor piénsalo. El lunes tenemos que estar ahí."

"Veré lo que puedo hacer, pero no te aseguro nada…"