Capítulo 25: El orgullo apasionado del Escorpión.
La invasión de los ángeles por las doce casas seguía su curso, tras la derrota de Edipo a manos de Shaka, los guerreros de Zeus ahora sólo eran dos, Ajax y Agamenón, quiénes estaban a las puertas de la séptima casa.
Mientras tanto Shion había bajado a los infiernos con el objetivo de reforzar el sello de los titanes.
Puertas del Tártaro.
Shion observaba detenidamente el enorme muro, que consistía en un enorme muro infranqueable, que se extendían al infinito, su color era un profundo color negro azabache, un enorme cartel blanco cuya hoja resplandecía por los destellos de chispazos eléctricos, que le recorrían de extremo a extremo, se ubicaba sobre éste y a varios metros aparecían otros iguales, en todas las direcciones.
—Así que éstos son los sellos de Zeus…
Repentinamente un inmenso cosmos aparece junto a Shion y de pronto se materializa en un ser que él conocía muy bien, se trataba de un hombre de largos cabellos blanco y piel trigueña.
—¡Prometeo! —dice con sorpresa.
—Calla y vete, el mensajero de los dioses vendrá en cualquier momento, pues el Olimpo sabe muy bien que los sellos puestos en los tiempos inmemoriales están cercanos a caducar…
—Bien, me ocultaré entonces, como un alma más que ronda los límites del Tártaro…
El ateniense ocultó su cosmos y repentinamente su figura pareció desvanecerse, sin dejar ningún rastro de su presencia.
Templo de Libra.
Los enviados de los cielos se topan con la puerta del templo de la balanza, acto seguido entran cuidadosamente.
—No siento la presencia de ningún enemigo en esta casa… —murmura Agamenón.
—Yo tampoco, el guardián de Libra no existe… ¡vamos al templo del escorpión!
Los ángeles atraviesan el templo de Libra, el cual yace abandonado.
Templo del Patriarca.
El líder de los ochenta y ocho santos estaba en su recinto, junto con su asistente y con Saga de Géminis.
—¡Dohko no está! —exclama sorprendido el asistente.
—Dohko se fue… —informa el Patriarca.
—¿A dónde fue en una situación como esta? —pregunta Saga.
—Le he asignado una misión, quizá…la más importante de todas y también la más peligroso, ir al Olimpo…
—Entonces lo enviaste a buscar aquello que reveló el oráculo de Delfos… —afirma Saga.
—Si, la caja de Pandora, prisión de Elpis, está dicho que nuestra única oportunidad reside en liberarla…
Colina de las Estrellas.
El santo de Pegaso estaba fastidiado y se sentía impotente, desde aquel extraño lugar no podía percibir cosmos alguno, ni ubicar los puntos cardinales, al mismo tiempo defenestraba a Mu por lo bajo por haberlo enviado a ese lugar por segunda vez, como lo había hecho al inicio de la guerra contra Hades.
—Este sitio es una trampa, si no vienes con alguien que lo conoce…salir de él se vuelve muy difícil, maligno Mu… —gruñía Seiya mientras bordeaba un lugar para bajar.
El santo de bronce se asoma, de pronto una brisa ascendente le hace perder el equilibrio, llevándolo a tropezar, para terminar por precipitarse hacia debajo de la colina, justo en ese momento alguien lo sostiene de un brazo, evitando la caída que hubiera significado una muerte segura.
—¡Gracias seas quien seas! —dice Seiya volteando. —¡Marín!
—¡Deberías haberlo dejado caer! —exclama Shaina apareciendo en escena y dirigiéndose a Marín.
—Deberías tener más cuidado Seiya, eres una pieza importante en nuestras filas, sería lamentable y patético que perdieras la vida por una torpeza…
—¡Tienes razón Marín! —asiente Seiya y luego voltea a Shaina. —Tú siempre tan considerada conmigo…
Los tres ríen y Marín ayuda a Seiya a hacer pie nuevamente en la colina.
—¿Qué hacen ustedes aquí? ¿También las ha mandado Mu? —pregunta Seiya bromeando.
—¡Seiya nunca cambiarás! —musita Shaina.
—En realidad vinimos a buscar información en los antiguos libros que aquí se atesoran. —continúa Marín. —Con la intención de descubrir algún indicio que pudiera ayudarnos en ésta última guerra santa…
—¿Y encontraron algo? —preguntó Seiya enfáticamente.
—No todavía…y en cuanto a ti Seiya, ¿porque Mu te ha enviado aquí? —pregunta Marín.
—¡Porque quería proteger a Atenea!
—Para proteger a Atenea debes cumplir sus órdenes, tu deber está en otra batalla… —explica Marín.
—¡No me interesa, yo voy a batallar en todas las batallas! —dice Seiya insistiendo en su terca actitud.
—¿Dónde está tu armadura? —interroga Shaina sin comprender porque se encontraba desprotegido.
—Estaba en la casa de Aries, supongo que ha de seguir allí…
—Yo conozco como subir y bajar de éste lugar, podría guiarte hasta la puerta misma de Sagitario de forma directa y sin escalas… —explica Marín.
—¿Por qué a Sagitario? —indaga Seiya confundido.
—Porque ese templo está vacío…
—¿En dónde se encuentra Aioros?
—No lo se…hay algunas casas que están abandonadas, supongo que el Patriarca ha comprendido que esta guerra tiene muchos frentes…y ha reservado algunos guerreros para otras batallas…
—¡Bien Marín, entonces guíame a Sagitario, yo defenderé ese templo!
—Pero Seiya no portas armadura… —arguye Shaina preocupada. —Ya no puedes usar la armadura dorada de Sagitario y tu armadura de Pegaso está demasiado lejos…
—¡No me importa, voy a combatir igual!
—De acuerdo Seiya, veo que no hay forma de detenerte… —continúa Marín. —Te conduces a una muerte segura, pero creo que es mejor que mueras peleando a que lo hagas intentando ir a batallar…
—¡Entonces guíame hasta el templo del centauro!
Marín asiente y camina varios metros por el borde de la cornisa, seguida por sus dos compañeros, hasta que finalmente se detiene en seco.
—Escucha Seiya, Sagitario está a pocos kilómetros de aquí, será una dura caída, tu única posibilidad es que puedas batir las alas de Pegaso, para amenguar la caída…
El santo de bronce se dispone a saltar, pero es detenido por la advertencia de una de las mujeres.
—Seiya, no mueras… —susurra Shaina.
—Descuida Shaina, no pienso morir hasta no haber asegurado el porvenir de Atenea… —dice volteando a su maestra. —Gracias Marín, adiós…
El santo de Pegaso corre en dirección al risco y ejecuta un gran salto, su cosmos brilla a través de su cuerpo que parece convertirse en una estrella fugaz, que se convierte presa de la gravedad en una carrera fatal.
Casa del Escorpio.
Los ángeles finalmente arriban al templo del escorpión celestial, caminan hasta atravesar su puerta y se introducen.
—¡La octava casa! —exclama Agamenón observando en todas las direcciones.
—¡Es el último trecho, ya pasamos más de la mitad del camino!
—Así es, nosotros atravesaremos las doce casas… ¡esta vez quiero luchar yo contra el santo de oro, tú avanza!
—¡Nos veremos más adelante! —concede Ajax.
—¡Te alcanzaré luego de vencer a Escorpio!
—Puedo sentir un cosmos…
—Ese debe ser el santo de oro de Escorpio…
El santo de oro finalmente muestra su silueta y su resplandeciente armadura dorada.
—Yo soy Milo de Escorpio, es de alabar que hayan llegado tan lejos…pero éste será el fin de su aventura, sus destinos es convertirse en mis víctimas…
—¡Calla insolente! —grita Agamenón. —Nosotros venimos del cielo a castigar a Atenea por revelarse contra los dioses, ella debería obedecer los decretos del Olimpo, pero… ¡ha osado levantar el puño contra sus semejantes! Y ustedes que osan protegerla seréis castigados, yo seré tu verdugo Escorpio…
—Veremos quién ejecuta a quién… —murmura Milo mientras apunta con la uña de su dedo índice derecho. —Yo les he prometido que serán mis víctimas, y a mis promesas las cumplo siempre…
—¡Tonto insensato, como te atreves a pensar que puedes luchar contra dos ángeles! —se fastidia Ajax.
—¡Cálmate Ajax…yo me haré cargo de él, ya lo hemos acordado!
—No me importa quién es el que desea pelear conmigo, ambos morirán purgando sus culpas en una lenta agonía, tendrán tiempo para reflexionar antes de sucumbir a mi veneno… ¡AGUJA ESCARLATA!
—¡Acabaste con mi paciencia, tiembla ante la LLUVIA DE METEOROIDES! — grita Ajax.
—¡Te dije que él era mi rival! —dice Agamenón fastidiado.
El colosal Ajax toma la iniciativa en el combate, en contra del acuerdo con su camarada, rápidamente levanta sus dos manos hacia arriba, lanzando una enorme precipitación de meteoritos y restos de asteroides. El santo de oro es sorprendido ante el complejo ken y recibe el impacto de lleno.
—Muere insecto. —dice Ajax liberando una nueva lluvia de materia planetaria.
—No sobrevivirá a eso… —musita Agamenón.
Milo que se encontraba incrustado en una pared, recibe una nueva oleada de materia espacial y pedazos de asteroides con materia negra que le cae encima.
—Estás acabado…hasta aquí llegaron tus alarde, miserable, caíste al primer golpe…
Milo se quita los escombros utilizando su cosmos dorado, se levanta con aparente facilidad, a pesar de que su armadura de oro se encuentra agrietada en algunas partes.
—No está mal, tu cosmos es poderoso, pero deberías fíjate en ti, porque pronto sufrirás mi veneno… —dijo el escorpión dorado mientras se limpia la sangre de su rostro.
La armadura del ángel se triza repentinamente, apareciendo cinco pequeños orificio.
—No puede ser, me ha golpeado…parece que me ha perforado, es como si me hubieran clavado alfileres, pero eso es ridículo, un ataque tan pequeño no podría perforar mi gloria… ¿qué demonios es esto?
—Son mis agujas venenosas, el veneno del escorpión hará que poco a poco pierdas tus sentidos, sin contar con la hemorragia que aparecerá por los agujeros dilatados…
—¡Maldito, te aplastaré como el insecto que eres! —Ajax se dispone a volver a ejecutar su golpe pero Agamenón lo sujeta del brazo.
—Detente, estás violando nuestro acuerdo… —dice Agamenón mirándolo seriamente a los ojos a su camarada.
—Lo siento, pero ésta ahora es mi pelea…
—¡No perdonaré tu agravio ni tu imposición caprichosa, sino recapacitas tendrás dos enemigos en lugar de uno!
—Pero…
—¡Ahora vete Ajax, deja atrás tu rabia! Por el Olimpo… —vitorea Agamenón.
—Perdona por interferir, me deje llevar por mi cólera, acaba con él, te esperaré más adelante. De todas formas la materia negra lo ha alcanzado, tiene un pie en el Infierno. —dijo Ajax recapacitando.
Agamenón muestra su cetro, Ajax se dispone a irse, mientras que Milo esta atento a cualquier movimiento de sus adversarios.
—Este es el mágico cetro divino de oro, ha sido creado por Hefesto, el dios herrero de los olímpicos…
El cosmos del cetro empieza a brillar en intenso dorado, la energía del ángel comienza a incrementarse poco a poco.
—Tu cetro no me causa miedo alguno… —susurra Milo poniéndose en guardia.
—¡ANILLOS DEL TRUENO!
Unos anillos eléctricos rodean la cintura del santo griego, sellando sus movimientos por completo.
—¡Siento que la electricidad estática de estos rayos que me rodean han entumecido mis músculos, no puedo moverme!
—¡Vete Ajax, aprovecha que está inmovilizado!
—¡Nos vemos más adelante…! ¿Qué? —dice Ajax confundido, advirtiendo que estaba paralizado.
—¿Qué sucede? —pregunta Agamenón tratando de comprender.
—¡No puedo moverme, tengo paralizado mi cuerpo!
—¡RESTRICCIÓN! —sin emitir sonido, Milo había ejecutado su poder mental para de esa forma paralizar a uno de sus adversarios. —¡Mi técnica no exige ningún movimiento corporal, basta con que esté en mi campo visual para que pueda inmovilizar a mis enemigos como el escorpión inmoviliza a sus presas del miedo! —piensa para sí.
—¡Que obstinado eres, toma esto, TORBELLINO DE FUEGO! —expresó Agamenón encolerizado.
Una ráfaga de fuego lanza a volar lejos a Escorpio y la restricción se deshace inmediatamente, lo cual permite huir a Ajax hacia el próximo templo, el de Sagitario.
—Maldito…he fracasado en mi misión, dejé pasar a un invasor, de todas maneras ya lleva mi veneno en su torrente sanguíneo, no será ningún problema para Shura, Ahora te toca a ti, ¡AGUJA ESCARLATA!
—¡LUZ OLIMPICA DE ZEUS! brilla con resplandor…
El ángel Agamenón sostiene su cetro apuntando al cielo, del cual caen rayos amarillos y luego los apunta hacia el santo de oro, el cual recibe una fuerte descarga de energía, la cual lo eleva por los aires, hasta terminar golpeándolo en el techo raso del templo. Sin embargo, el ángel pronto percibe que ha recibido siete agujas escarlatas.
—¡Eres rápido maldito…! ¿En qué momento lo ha hecho…?
—Y tú eres un gran rival, solo alguien resistente podría hablar con ese veneno en el cuerpo…
Sendero de Escorpio a Sagitario.
Ajax avanzaba con prisa, resistía las recientes heridas causadas por Milo con entereza.
—Tengo que llegar cuanto antes a Sagitario, hemos ahorrado casi una hora, el fuego aún se conserva encendido en Libra…
Monte Olimpo
Templo de Neptuno.
Otros ángeles además de Belerofonte y Ganimedes habían llegado al templo donde podía observarse lo que sucedía en el Santuario, atraídos por el desempeño de sus compañeros y el nivel de los adversarios. Alrededor del espejo del templo de Poseidón debatían sobre los acontecimientos de la guerra en el Santuario.
—No lo van a lograr…son solo dos ángeles y restan cinco santos dorados. — expresa Ganímedes.
—Y eso si logran matar a Escorpio… —responde Belerofonte dando la razón.
—¡Sería mejor que vaya como refuerzo, estoy seguro que yo lograría atravesar los templos restantes! —dijo el soberbio Aquiles.
—¿Dónde se encuentra Odiseo, Teseo e Ícaro? —pregunta Jasón.
—Lo último que supe era que estaban reunidos con Apolo... —contesta Belerofonte.
—¡Bien, iré a terminar el trabajo de esos inútiles que no pueden mantener nuestra gloria! —brama Aquiles.
—Tranquilízate, este es el inicio de una gran guerra, o acaso… —susurra Jasón, tratando de poner paños fríos a la situación. —¿Dudas de la sabiduría del omnipotente Zeus?
—La verdad que enviar a cinco ángeles a hacer el trabajo que podría hacer yo solo no me parece una opción muy inteligente… —replica Aquiles.
—¡Aquiles! Que tu ego no te lleve a perderte en los delirios de la locura, no ofendas a los dioses, ni subestimes a los santos de Atenea… —contesta Pólux.
—Pólux tiene razón, no despertemos la furia de Zeus, aparte somos la defensa del Olimpo. —acota Belerofonte.
—No hay que precipitarse, de todas maneras es ridículo creer que unos humanos por más fuerte que sean, podrían vencer a un dios... —aduce haciendo un ademán Eneas.
—No lo creas Eneas…Hades y Poseidón fueron derrotados por ellos. —retruca Ganímedes.
—Ellos son guiados por Atenea. —argumenta Pólux.
En ese instante un cosmos poderoso y frío cosmos aparece en el lugar.
—Ángeles, vengo por el reporte de Eolo… —dice un misterioso hombre desde las sombras.
—Tú eres… ¡Bóreas! Uno de los anemoi. —exclama Erictonio, quién se había mantenido al margen del debate de sus pares.
De pronto la silueta de un guerrero se aprecia, portaba una armadura blanca con detalles celestes, cuya forma simulaba cristales o hielo, tenía cabellos largos y alborotados de color rubio.
—Soy Bóreas, el viento del norte, aquel que trae la brisa congelada…
—Solo quedan dos ángeles en pie y hay cinco santos sobrevivientes… —explica Belerofonte.
—Parece que los santos oponen más resistencia de la esperada… —aduce Bóreas.
—De la esperada por ti será. Yo sé muy bien de los que son capaces… —replica Ganímedes.
Entrada de la casa de Sagitario.
Al mismo tiempo que se desarrollaba el combate en la casa Escorpio entre Milo y Agamenón, el gigante Ajax llega a las puertas del templo del centauro.
—Otra casa vacía, a lo mejor los santos dorados se han visto presos del miedo…
Repentinamente el ángel presiente un gran cosmos acercándose, no puede percibir de dónde proviene, entonces una gigantesca luz brilla sobre él, quién por acto reflejo levanta la mirada al cielo, para observar un inmenso cometa que se disponía a aplastarlo, el impacto es inminente.
Sin embargo, el ángel atina a tiempo a sacar su escudo y defenderse con él, el impacto provoca una polvareda, pero Ajax ha salido totalmente ileso.
—¡Soy Seiya de Pegaso y protegeré éste templo!
—Eres Seiya, el legendario santo de bronce de Pegaso que fue capaz de herir a los dioses… ¡cuando supe de tu leyenda ardía en deseos de enfrentarte! Pero tenía entendido que pelearía con los santos que escaparon de la piedra del castigo de Artemisa y Apolo…
—Tal parece que no podrán librarse de mí, si tu objetivo es Atenea yo seré siempre tu obstáculo. Además si tú peleas para medir tu cosmos, no serás rival para mí que lucho por la justicia…
De pronto el ángel interrumpe el monólogo del ateniense con un fuerte estallido de risa.
—¿Qué te causa tanta gracia? —pregunta Seiya enfadado.
—¿Quieres enfrentarme sin armadura alguna? Incrédulo, perderás la vida en un segundo por más fuerte que seas…
—¡Ahora verás de lo que soy capaz! ¡METEOROS DE PEGASO!
—¡Muere ahora por la justicia del Olimpo, LLUVIA DE METEOROIDES!
Ambos ataques colisionan produciendo una gran explosión, en donde la materia planetaria arrojada por el ángel choca contra las estrellas fugaces del santo. El ataque del ángel parece tener más potencia y sobrepasa al ataque de Seiya, quien parece destinado a recibir el golpe mortal, repentinamente la armadura de Sagitario hace aparición, protege y viste al santo japonés, que de un rápido salto evade el ataque.
—¡Maldito, es un gran enemigo! —piensa Seiya. —¡De no haber sido porque Aioros me mandó su armadura ya estaría muerto! ¡Gracias Aioros, terminaré pronto para devolverte la armadura!
—Así que resulta que eres un santo dorado ahora, esta pelea se pone interesante… ¡ahora si voy a disfrutar el combate contigo!
—¡Ahora no tendrás oportunidad! Aioros me ha confiado su armadura, no puedo defraudarlo a él, ni a Saori…
—Veamos de que te sirve la armadura dorada, ¡LLUVIA DE METEOROIDES!
La lluvia de meteoritos del ángel sorprende y golpea a Seiya por todo su cuerpo, cayendo el santo contra una columna, derribándola con su espalda.
—¡Tiene una gran velocidad, no le he visto venir!
—¡Me pregunto qué puede hacer tu poder en contra de mi escudo invencible, tus meteoros no serán efectivos la próxima vez!
—¡Mis meteoros me han dado la victoria muchas veces, además mientras más alto esté mi cosmos más potente será mi técnica, METEOROS DE PEGASO!
—¡Te dije que será inútil!
Los meteoros a la velocidad de la luz van en dirección al ángel, sin embargo éste bloquea todos y cada uno de los violentos golpes del ateniense.
—¿Qué? No puede ser, su escudo no tiene ni una rasgadura, además no puedes bloquear todos mis meteoros con tu escudo, el mismo debe haber evadido algunos…
—¡En efecto, uso mi escudo con tus meteoros mortales, los demás los detengo con mi mano desnuda, eso me permite cubrir todos los meteoros!
—¡Así que estás confiado porque tu escudo te protege, escucha…no necesito destruir tu escudo, si puedo destruir tu postura defensiva tu escudo se habrá convertido en acero inútil, COMETA DE PEGASO!
El ángel Ajax utiliza su gran escudo y bloquea el portentoso cometa, pero éste sigue empujándolo, haciéndolo retroceder poco a poco.
—¡Ahora estas retrocediendo, haré inútil tu escudo! —grita Seiya mientras sigue lanzando su técnica.
—¡Su cometa cada vez es más pesado, está rompiendo mi guardia!
El guerrero celestial finalmente queda expuesto sin la protección de su arma defensiva, al ser vencida la presión de sus brazos y desbloquear su cuerpo.
—¡Es tu fin, ahora verás lo que puede hacer mi cosmos, METEOROS DE PEGASO!
Ajax comienza a ser alcanzado por millones de meteoros que salen despedidos del puño del santo de oro, cayendo al suelo con varias heridas.
Casa de Escorpio.
La batalla en la octava casa proseguía un curso equilibrado, aunque ninguno de los rivales había logrado hacerse nuevos daños, ambos parecían estar reservando su mejor ofensiva para el momento adecuado.
—Aunque eres un gran guerrero no tienes ninguna oportunidad ante mí, yo soy el portador de las gracias de Ares, Poseidón y Zeus, ningún otro ángel tiene armas más poderosas que yo…
—¡El poder prestado de los dioses no será suficiente, NIEBLA TÓXICA!
Milo se inclina adoptando la forma de un escorpión con la pierna como si fuera la cola del insecto y lanza un viento dorado que disemina veneno, creando una tormenta en toda la casa, con la que consigue dificultar la visión del ángel.
Irremediablemente la víctima es atrapada por la corriente de aire y termina estrellado contra uno de los pilares.
—¡Maldición…ese viento es tóxico!
—¡Morirás, AGUJA ESCARLATA!
El ángel recibe seis agujas más, ya se trataba de un total de trece ataques carmesí del escorpión de oro en su cuerpo.
—¡Ahora de seguro morirás, el veneno ira succionando cada una de tus fuerzas!
—¡Tonto, estás subestimándome, el que morirás serás tú…CASTIGO CELESTIAL DEL OLIMPO!
El ángel lanza de su puño izquierdo una enorme ráfaga de golpes dorados a la velocidad de la luz y el santo de oro sale volando con la hombrera de la armadura rota, al mismo tiempo el casco explota.
—Es capaz de destruir la armadura de Escorpio, sus golpes son tan rápidos como la luz…con ese gran poder que tienes… ¿por qué lo usas para fines tan malignos?
—No me interesa hacer justicia…
—¿Por qué luchas entonces maldito?
—Por Zeus, él ha garantizado desde tiempos inmemoriales la paz en todo el cosmos…los dioses me han brindado el poder desde la era del mito, fui yo quien alguna vez gobernó toda Grecia, por mi mano cayeron los troyanos y ahora caerán los atenienses…
—Estúpido, Zeus es solo un asesino…tu sed de poder te lleva a justificarlo todo. ¡Eres igual a tu maldito dios!
—Cierra la boca infame, Zeus es la más alta divinidad desde la creación del Big Bang, gracias a su poder cayeron Cronos, Tifón y ahora Atenea será eliminada…
—¿Cómo puedes seguir los planes de alguien sabiendo de su maldad?
—La maldad a veces es necesaria, sólo con la fuerza se puede hacer justicia, si usar la fuerza es maldad soy malvado…
—¡Malvado…recibe la AGUJA ESCARLATA!
El ángel evade las agujas con gran habilidad.
—¿Cómo…?
—¿Cuántas veces usarás esa técnica idiota? Ya lo he visto muchas veces…
El cosmos del ángel se eleva y lanza con su puño un puñetazo de luz que tumba al santo dorado con una gran violencia, saltando sangre por doquier.
—Aunque esté envenenado y tuviera pocas horas de vida, yo tengo que seguir, adiós Escorpio, admiro tu valor, pero el valor no es suficiente para triunfar…
—Vete, si aún puedes moverte… —susurra Milo con la voz entrecortada.
—¡Eres un maldito presumido, tu vida pronto llegará a su fin!
Cuando el ángel intenta irse, siente que la mitad de su cuerpo está entumecido y no puede avanzar.
—¡El veneno está haciendo efecto, ahora que no puedes moverte, toma otra AGUJA ESCALATA!
El ángel es golpeado contra una columna y empieza a perder gran cantidad de sangre por los poros dilatados, pero se levanta encendiendo su cosmos más allá de sus límites.
—¡Este hombre, su voluntad es admirable! —dijo Milo elogiando a su rival.
—¡Siente mi cosmos y termina destruido, CASTIGO CELESTIAL OLIMPICO!
La cantidad de rayos que salen disparados del cetro del Agamenón van en pleno aumento, hasta que se convierten en una violenta tormenta de rayos que impactan en forma directa en el santo dorado, descargando cientos de volteos en su cuerpo, al tiempo que el mismo sale despedido por el aire producto del impacto y golpea sobre una columna que se derriba sobre él, junto con pedazos del techo, el cosmos del escorpión dorado empieza a desaparecer.
—¡Has sido un rival muy insistente, ahora iré al templo del centauro, espero que Ajax se encuentre bien!
El ángel se dispone a abandonar el noveno templo, pero se da con que tiene su cuerpo paralizado, sus músculos están entumecidos, sus nervios alterados, sus heridas dilatadas y su hemorragia sigue creciendo, al tiempo que sus sentidos disminuyen, sabe que el recorrido es largo y tiene las horas contadas, con gran esfuerzo logra abandonar el octavo templo y mira el reloj de fuego, la llama de Libra está totalmente extinta…
