PRIMERA PARTE

EL PORTAL DEL TIEMPO

Capítulo VI - El invitado de la reina

5

Nuevamente se vio forzado a subir las escaleras al último nivel de la torre contraria. Antes ya había preguntado a uno de los soldados ¿por qué los reyes tenían cada uno una habitación separada en lugar de compartir una? La respuesta fue sencilla y comprensible. Ambos dormían en la misma habitación, la que visitó primero al ir a buscar al canciller, pero en la contraria estaban los enceres personales de Leene, ya que la reina de vez en cuando necesitaba su propio espacio y su esposo respetaba eso.

Al llegar se topó con otro guardia cerrándole el paso al último corredor que le llevaría a los aposentos.

—¿Cuál es su asunto, señor?

—Soy Crono Degjel. La reina solicitó verme.

Pareciendo la rutina obligatoria de todos los habitantes del castillo, de forma inquisidora lo observó de arriba abajo antes de moverse a un lado.

—La reina le espera. Cuide sus modales.

En el corredor, dos mucamas cuchicheaban entre sí exaltadas. Crono se detuvo para no interrumpirlas, movido por la curiosidad al entender sus palabras a una distancia prudente. El tema nuevamente era en torno al extraño comportamiento que la reina había tenido desde su rescate.

—…y desde que regresó, ha dormido en su cuarto privado —decía la mujer mayor—. Compadezco al rey por negarse a dormir en su lecho.

—Pobre hombre —contestó la más joven—. Tanto que la extrañó, y ahora le niega su compañía. ¿Pero que le habrán hecho los místicos para que se comporte de esa manera? ¿Crees que la hayan…?

—¡Guárdate esas suposiciones, niña! Te cortarían la cabeza de sólo sugerirlas aunque estuvieses en lo cierto. De todas formas no lo creo por… bueno, ya te diré. Pero ha cambiado tanto, y no sólo hablo de su comportamiento, sino también de su apariencia. ¿No lo has notado, acaso?

—Por supuesto, y por lo que hablamos esta mañana las mucamas de la otra torre, no soy la única. Sé que el rey es mayor que ella, pero me parece que la reina ahora se ve más joven aún que el día cuando se casaron.

—¿Te parece? —y aquí la vieja bajó más el tono de su voz—. A mí me parece más sospechoso todavía que la reina haya dejado pasar al pueblerino ese. ¿Crees que este engañando al rey? He oído que la anterior reina guardaba un amante que… ¡Ah, señor!

Crono se había acercado finalmente, bastante irritado por los mal intencionados comentarios. La reina Leene había sido una persona muy atenta y educada con él, y no creyó justo se hablara mal de ella a sus espaldas, especulando de aquella forma tan espantosa.

—Vine a entrevistarme con la reina Leene —anunció el muchacho con frialdad.

—Sí. Por aquí, joven.

Las doncellas lo condujeron en silencio, temerosas de ser delatadas a Leene por sus comentarios insidiosos. Aunque molesto con ellas, el muchacho decidió olvidar el asunto. Cruzó una puerta y finalmente estaba ahí, en los aposentos de la reina.

El lugar era elegante, con sedas rosas, candelabros de corte exquisito de cristal, una hermosa vista a través de las ventanas hacia el bosque, y en medio del recinto había una cama elegante y bella. La reina estaba de pie en el umbral, en su corona en forma de tiara colgaba un velo azul, con su abanico tapaba la mitad de su rostro, sus hermosos ojos azules miraban detrás del velo a Crono con devoción. Ese tipo de mirada lo incomodó mucho, esperaba las mucamas no se percataran de sus pensamientos.

—Mylady. El joven Degjel está aquí —lo anunció la mujer mayor.

—Ya veo —les contestó dejar de verlo con esa áspera voz—. Pueden retirarse.

Ambas doncellas se miraron una a la otra asustadas.

—Su majestad, ¿cómo dice?

—He dicho que pueden retirarse. Deseo hablar en privado con mi invitado. Por favor, no dejen pasar a nadie a interrumpirnos.

Ambas partieron escandalizadas por semejante orden, Crono pudo comprenderlas esta vez, así como entender todos aquellos rumores esparcidos en el castillo acerca de la reina. Se sintió de pronto más intimidado que cuando conoció al rey. Intentó apartar tales pensamientos recordando la misión con que llegó.

—Su majestad, he venido…

—Acérquese más, por favor.

Obedeció aproximándose hasta quedar a escasos dos metros de ella. La reina se dio la vuelta entonces. Antes de hacerlo, algo en ella le resultó familiar al muchacho al haberla visto mejor que antes.

—¿Majestad? Si no le importara, quisiera hablar con usted acerca del tema de ayer. Sobre la persona que estoy buscando.

—Señor Degjel, me impresiona. ¿En realidad arriesgó la vida para lanzarse en la búsqueda de una muchachilla que sólo tenía un día de conocerla?

—Sí —respondió con determinación—. Para mí ella…

Algo lo detuvo. Un pensamiento que no se había hecho hasta ese momento. No recordaba haberle dicho a la reina nunca su nombre, ¿y cómo sabía cuánto tiempo tenía de conocer a Marle si no le había contado sobre ella antes debidamente?

—¿Cómo es que conoce tanto acerca de mí, majestad?

En respuesta, Leene se inclinó un poco, en apariencia cubriéndose la boca con ambas manos, intentando sofocar una risilla, al final se dio por vencida, y dejando sobre la cama el abanico, se dio la vuelta lanzándose a los brazos de Crono, hundiendo su rostro en su pecho. El color de Crono se acentuó al subir su temperatura, sabía lo impropio de la situación, más no supo cómo reaccionar. Mentalmente rezó por que las intenciones de la Reina para con él, no fueran las que las mucamas sospechaban. El rostro de la reina continuaba oculto a su vista. Por una fracción de segundo, se interpuso la curiosidad al notar la baja estatura de ella. Haciéndose el velo a un lado, pero sin dejar de abrazarlo con el otro brazo, Leene le miró.

—¡Te engañé, te engañé!

Cuando la reina se mostró tal cual era, la cara enrojecida de Crono perdió todo el color palideciendo. Su cabello rubio, su rostro juvenil con rasgos infantiles, esa dulce voz sin alterar. ¡Esa no era la reina Leene, se trataba de…!

—¡Marle, eres tú!

—Pues sí —contestó sonriente.

Crono la rodeó hundiendo su rostro en su cuello, sin poder creer aún a quién tenía entre sus brazos. Marle estaba sorprendida por la reacción de su amigo, ahora fue ella quien se sonrojó y su aspecto cambió para lucir asustada al sentir el aliento agitado del muchacho en su hombro, más no por miedo a que la lastimara.

—Crono…

—Me tenías muy preocupado Marle. ¡Creí que algo malo te había pasado! Menos mal que estas bien.

Correspondió el abrazo estrechándolo fuertemente, acunando ahora ella su cabeza en el cuello de él. Unas lágrimas mojaron los nuevos ropajes de su amigo.

—Perdóname Crono, me había parecido divertido engañarte. Nunca deseé preocuparte de tal forma.

—No… descuida. Me alegro mucho de encontrarte a salvo. ¿Pero cómo es que llegaste hasta éste lugar?

—No lo sé, si te refieres a haber llegado al pasado, pero si hablas de terminar en el castillo, bueno… esa una historia tan extraña como la anterior.

Se separaron, pero manteniéndose tomados de la mano. Marle se sentó en la cama, invitando a Crono a hacer lo mismo; el gesto era inocente. Sumiéndose en sus pensamientos, la joven doncella comenzó su relato.

—Cuando entré en ese agujero, sentí que me moría, como si el aire de mi cuerpo se vaciara. Imagino, fue lo que sentiste tú cuando subiste a la máquina de Lucca la primera vez. Luego aparecí en un pastizal frente a un risco. Después aparecieron muchos soldados de Guardia, vistiendo como lo hacían hace siglos, ya los has visto. Vieron mi cara y se asombraron, permanecí callada pensando me habían ya descubierto, pero todo lo que hicieron fue llamarme "reina Leene".

»En el camino vi a Truce cambiado, y al traerme al castillo terminé por aceptar que ya no estaba en el año mil. Decidí no desmentir lo que creían de mí, haciéndome pasar por la reina. Leene debió ser idéntica a mí, por la facilidad con la que todos se convencieron. No sabía cómo marcharme, y no me atrevía a revelarle a nadie quién era por temor a ser apresada por usurpación, especialmente en este punto donde las antiguas guerras contra los místicos están presentes.

»Ayer bajé intentando buscar una excusa para salir e intentar escapar, y entonces te vi a ti discutiendo con los guardias para que te permitieran pasar a buscarme y… bueno.

Crono no supo que decir, pero parecía que Marle no había terminado, solamente había tardado un poco en encontrar las palabras para expresar lo que deseaba decir.

—Sé que apenas nos conocemos, pero muy dentro de mí, desde que llegué al castillo, tuve la seguridad de que no me pasaría nada malo, porque vendrías a buscarme. Ayer en el patio te cuestioné sobre la importancia que me tenías, sorprendida por lo que habías hecho. Tu respuesta me dejó sin palabras, y me dio miedo enfrentarte tan pronto.

Ambos se quedaron unos momentos en silencio. Tras un largo instante, dentro del cual recordaron todo cuanto habían vivido a lo largo de los últimos días. Crono se avalentó para comenzar a hablar.

—Marle. Yo… tengo algo que decirte.

—¿Sí?

—Tú lo has dicho, en realidad no tenemos gran cosa de conocernos, quizá apenas un día siendo honestos. Pero ese día se ha convertido hasta el momento en el más importante que he tenido en mi vida —Marle lo miró fijamente sintiéndose embelesada—. Yo, quiero decirte que te quiero… realmente me gustas mucho.

Ella se sonrojó, más no dijo nada al respecto a aquel muchacho, que esperaba alguna respuesta tan anhelante como ella lo estaba por querer dársela.

Tras dejar pasar unos segundos, dijo:

—Entonces tú también.

—¿Cómo?

—Crono. Tú también me gustas mucho. También te quiero y me gustas como, bueno… ya sabes, como yo te gusto a ti.

—¿En serio?

Sintieron la sangre hervir en sus cuerpos, unas ligeras molestias en sus estómagos y al mismo tiempo muy agradables, las manos les sudaban. Ninguno era capaz de pronunciar palabra alguna, pero esta vez no por temor o vergüenza, sino por algo que no eran capaces de entender. Jamás habían sentido en todas sus vidas algo como lo que estaban experimentando en ese instante.

Saliendo de su ensueño, Crono encontró la forma de salir del trance, sacando de entre sus ropas algo que había mantenido consigo desde que había llegado.

—Creo, que esto es tuyo.

Se acercó más a ella, y por su cuello le pasó el pendiente con la extraña piedra preciosa verde grisácea. La muchacha sonrió maravillada, había dado la joya por perdida desde que llegó a ese tiempo. Con cada instante al lado de Crono, sentía ganaba un motivo más para quererlo.

—Gracias. Creí que no volvería a verla.

—Marle, debemos buscar la manera de regresar a casa. Quizá el agujero negro reaparezca en los cañones nuevamente.

—Vale la pena intentarlo, me gustaría regresar contigo a casa.

—Por supuesto. No puedo creer que hayamos pasado todo esto para terminar juntos. El viaje no ha sido en balde. Por cierto, tú ya has conocido a mi madre, me gustaría ahora a mí conocer a tu padre.

El rostro de Marle perdió en un instante su radiante felicidad, ahora era sombrío y temeroso. El joven receló al verla así.

—¿Qué te sucede? ¿Dije algo malo?

—No. Crono, tengo algo que decirte antes. No sé cómo lo vayas a tomar.

—¿De qué se trata? ¿Es por el delito que cometiste contra la princesa Nadia? Si solicitamos la ayuda de Sir Dianos, y convences a la princesa de abogar por ti, tal vez no pase a mayores tu delito. Cuando te trajeron aquí, ¿te quitaron los guardias el oro que robaste? Podríamos trabajar muy duro para saldar la deuda entonces. Y si no resultara, ten por seguro haría todo lo posible por conseguir tu libertad, y sin importar cuánto tiempo corriese, yo te esperaría hasta el último día de tu condena.

Hablaba con pasión y eso no hacía más que enamorar más y más a Marle. Si las cosas fuesen tan sencillas.

—No se trata de eso, héroe mío. Es algo más que te he estado ocultando, algo muy importante.

—¿No está relacionado con el oro de Nadia?

—De hecho… un poco. Por favor, no me odies cuando te lo diga, aunque estarás en todo tu derecho de hacerlo por haberte mentido de tal forma.

Había contagiado su preocupación a Crono. No interrumpió más, prestándole toda su atención.

A Marle las palabras salían con dificultad, presa del miedo por la reacción de su caballero.

—Yo… soy… ¡Pero qué…!

¡El cuerpo de Marle de pronto comenzó a soltar un resplandor verdoso! Crono saltó hacia atrás al escucharla gritar de terror. La doncella se dobló del dolor, y cuando él intentó tomarla por la espalda, sus manos atravesaron su cuerpo como si no estuviera ahí. Una neblina llenó la estancia, el grito de Marle quedó sofocado. Su voz se escuchaba de muy lejos.

—No puedo moverme… Tengo mucho miedo… ¡Aah!

—¡Marle, que te sucede!

Intentaba tomarla de cualquier parte, pero su cuerpo era como el viento, imposible de sujetar. El resplandor se hizo más fuerte, y su aspecto se volvió transparente.

—Por favor, Crono… no me dejes sola. ¡Ayúdame Crono!

—¡Marle!

Intentó abrazarla en vano. El resplandor se hizo más fuerte y la figura de Marle se desvaneció al instante. Su pendiente cayó al pie de la cama, él único vestigio que quedó de ella.

Crono se dejó caer de rodillas, conmocionado, incapaz de asimilar aquél fenómeno todavía más extraño que el del invento de Lucca.

El pendiente que acababa de devolverle a la mujer que amaba estaba a sus pies.


Sebamitito, muchas gracias por tu review. Frog no tardará mucho en aparecer, espero cumplir con las espectativas que tienes en cuanto a la adaptación que le he dado a este importante personaje.

Arcangel, agardezco mucho tus felicitaciones, mantendré el ritmo de las actualizaciones que llevo sin decaerlo, espero mantener tu preferencia. Abrazos.