Bueno, los milagros existen xD Existe el viejito pascuero xD

Son las 3:00 am, y yo debería estar estudiando, pero como que en los momentos más inoportunos me viene la inspiración, y misteriosamente fue justo para este fic xD Hace bien estudiar para Frutales a las tres de la mañana :D Debería hacerlo más seguido... Lástima que sea la última prueba xD

Bueno en fin :D No me odien xDDD Todos hemos tenido un bloqueo alguna vez D: No sé si tan largo, pero en fin... Actualicé! No me maten :(


Aclaraciones: Digimon y sus personajes no me pertenecen :( Iré a llorar a un rincón y luego a seguir estudiando D:


Deseos de cosas imposibles

Cap. 25: Tiempo atrás


—Hola, buenos días. —saludó amablemente la azafata. —¿Desea el periódico?

—Sí, gracias. —respondió ella, respondiendo a la amable sonrisa de la señorita.

Sacó del carrito que llevaba un extenso periódico doblado a la mitad y se lo entregó a la castaña, quien agradeció nuevamente. —¡Hola! —saludó ésta vez a la niña a su lado, quien como respuesta le sonrió. —¿Te gustaría un libro para colorear? —La pequeña niña, castaña también, asintió con fervor, lo cual causó la risa de la azafata. Sacó de otro compartimiento un pequeño libro además de unos crayones y le extendió la mesa conjunta al asiento delantero al de ella. —Aquí tienes, linda.

—Gracias.

Le echó una hojeada a unas cuantas cosas interesantes para ella, para posteriormente voltear a ver a su pequeña como afanadamente coloreaba el librito que le habían entregado mientras tarareaba una alegre canción. La niña notó el peso de su mirada y volteó hacia ella, con una enorme sonrisa y aquellos grandes y lindos ojos… Azules…

"—¡No hables! Hace seis años que no sé nada de ti excepto que estás bien y que no haces ni cuentas nada… Tú sólo abrázame."

"—Matt, te voy a besar.

Hazlo. —desafió el. Mimi lo miró firme y frunció levemente sus labios. —¿Lo ves? No te atreves…"

"—No sabes como necesitaba estar contigo…"

"—Te quiero."

"—Te amo."

"—Te prometo, te juro que me encantaría gritarle a todo el mundo que estoy contigo, que todos me vieran y se murieran de envidia porque soy yo el afortunado que tiene la oportunidad de estar contigo y no ellos. Que sería el hombre más feliz del mundo con solo decir con orgullo que soy tu novio…"

"—Todavía no. No creo estar listo en este momento, Además quiero vivir mi vida, todavía soy joven para cagarme la vida con un hijo a esta edad…"

Con el paso de los años, había aprendido a contenerse cada vez más. En un principio veía aquellos hermosos ojos de su hija, y le costaba trabajo no llorar por recordarlo siempre. A veces amaba el hecho de que haya heredado sus ojos… Otras veces lo odiaba, pero al menos, sus ojos no estaban siempre serios como los de él, al contrario, cuando su pequeña sonreía, lo hacía con cada parte de su pequeña carita, a diferencia de los de su progenitor, sus ojitos eran como un libro abierto para descubrir sus sentimientos… Eso lo había sacado de ella.

¿Tus padres saben que te vas? —le preguntó apenas quitó las llaves del auto. No le había querido hablar durante todo el trayecto al aeropuerto, sabía que era algo que ella había decidido sola, que lo había pensado y meditado mucho y con calma, sin embargo, aún había algo que le decía que su amiga no estaba segura en un cien por ciento. Mimi simplemente asintió, y eso le bastó a ella, al menos por el momento.

La acompañó a todos lados. A dejar sus maletas, a tomar algo antes de embarcarse, a recorrer las tiendas del aeropuerto, todo… Por un momento, creyó que para Mimi todo era un juego, creyó que finalmente no se atrevería a escapar, que preferiría quedarse y encarar todo, eso hasta que se encontró frente a la sala de embarque.

Abrazó a la pelirroja, le dio las gracias por todo, le dejó muy en claro que era su mejor amiga, que la quería mucho, que la extrañaría…

No te puedes ir así, tu eres una mujer muy fuerte, no puedes escapar. Afróntalo. —su amiga formó una pequeña sonrisa, se separó de ella, mirándola directamente a los ojos y negó suavemente. —Pero… —protestó. Mimi la interrumpió.

Sora… El corazón actúa por razones, que la propia razón desconoce… Dicen. Pero quizás todo sea para mejor… —sonrió y se despidió de su mejor amiga, igual como hace siete años atrás lo había hecho. Esta vez, por una razón totalmente distinta.

Sora la observó caminar hacia la puerta de embarque, solo volteó a darle una pequeña sonrisa y despedirse agitando suavemente su mano, luego se perdió por aquella puerta.


—Mi más sentido pésame…

Escuchaba una y otra vez por parte de los asistentes al funeral de su abuelo. Miró hacia distintos lugares, por una parte, su abuela intentaba mantener la cordura, pero sin mucho éxito, su papá estaba junto a ella, su madre, consolándola, al igual que su mamá.

Mimi no sabía que hacer. Por una parte quería estar con sus familiares que, al igual que ella, lo estaban pasando pésimo con la muerte de su abuelo, por otro lado, no podía dejar a su pequeña sola, no conocía a muchas personas ahí, salvo a sus padres y a su abuela, y los tres se encontraban peor que ella.

Agradeció infinitamente que su mejor amiga haya ido a acompañarla en ese duro momento, le sirvió como apoyo.

—Amiga, tengo que ver algunos temas legales con la muerte de mi abuelo, no sé cuanto demore… ¿Podrías cuidar a Kimi? Yo luego la voy a buscar a tu casa.

Sora no tuvo ningún problema, y la pequeña Kimi, por su parte, feliz pasaba con Sora todo el día, después de todo, era su madrina y la había visto en reiteradas ocasiones.

Terminado el funeral, Sora hizo lo que le pidió Mimi, se la llevó con ella.

—¿Haz pensado en lo que quieres hacer? —preguntó Sora a la pequeña castaña. Ella lo pensó por unos segundos y contestó.

—Quiero conocer tu casa. Siempre vas tú a la mía. —Sora sonrió y decidió cumplir la petición de su ahijada. Siempre… Habían sido un par de veces, pero de igual forma tenía razón.

(…)

—Listo, llegamos. —dijo sosteniendo la puerta para que la niña pudiera pasar. Caminó con un poco de miedo al interior del departamento, se paró en medio de la sala, recorrió cada rincón con sus grandes ojitos azules y finalmente sonrió. —¿Te gusta? —ella asintió. —¿Tienes hambre o sed?

—¿Sora?

El moreno salió de su habitación al escuchar la voz de su novia. Al llegar a la sala se llevó una gran sorpresa. Unos expresivos ojos azules mirándolo de pies a cabeza.

—Amor. Llegaste temprano.

—Sí… —respondió no muy atento en lo que hablaba Sora, sólo le preocupaba saber quién era esa niña y qué hacía en su casa. —¿Quién…

—Su nombre es Kimi, es hija de Mimi.

¿Y lo decía así nada más? Él ni siquiera sabía de la existencia de esa niña… ¿Mimi había estado embarazada? ¡¿CUÁNDO?! ¿Cómo había sido tan tonto para notarlo? ¿Y cómo sus amigos habían sido tan malditos como para ocultárselo? Cuantas dudas pasaban por su cabeza en ese momento.

—Se parece al cuadro que me regalaste para mi cumpleaños. —dijo la pequeña poniendo toda su atención en uno de los cuadros colgados en la pared de la sala. Sora le sonrió y se acercó a la pequeña.

—Ese lo pinté especialmente para mi ahijada. —comentó ella haciendo que Kimi sonriera aún más y la mandíbula de Tai chocara contra el suelo.

—¡¿Ahijada?! —Sora y la pequeña voltearon a verlo con sorpresa ante el grito de su vida que se había mandado. —Sora, ¿puedo hablar contigo un segundo?

La pelirroja tragó saliva, sabía exactamente lo que se vendría ahora. Le preparó unos bocadillos a su ahijada, y luego de dejarla tranquilamente en el sillón viendo series animadas, tan solo ahí Sora aceptó su petición.

—Sí, ¿Qué pasa?

—¿Cuándo pensabas decirme que Mimi tenía una hija, y que además tú eres la madrina de esa hija?

—Yo… Creí habértelo dicho. —habló ella, apelando a la mala memoria de su novio. —Lo digo todo el tiempo.

—¿No crees que si lo supiera no me habría sorprendido tanto?

—Bueno, quizás es que con lo despistado que eres, en realidad no te acuerdas… —le dijo ella con una enorme sonrisa, que escondía también otras intensiones, como por ejemplo, el perdón.

—¡No me dijiste nada! —quiso alzar la voz, pero tampoco quería alterar a la pequeña.

—Tai, amor, mira… Sé que cometí un error, pero ahora no se trata de ti, sino de cuidar a Kimi, ¿me ayudas, por favor?

Suspiró resignado, viendo que no tenía otra opción. Ya pronto indagaría bien en el tema, por lo pronto Sora tenía razón.

Al poco tiempo ya no le importaba que Sora le haya ocultado tan valiosa información, la pequeña había sabido ganarse su cariño, se había quedado con ellos, en medio de ambos, viendo y disfrutando de un partido de fútbol, hasta llegó a comentar que era más interesante que el fútbol americano y con eso ya se había ganado el eterno aprecio del moreno.

—¿Por qué la toma con las manos?

—Porque al introducir nuevamente la pelota al campo de juego como lateral, se hace con las manos. —explicó él.

—Pero en el fútbol no se puede tomar la pelota con las manos.

—En ese caso sí.

—¿Y por qué la tiene ese jugador, si el que la sacó era el otro?

—Porque así son las reglas del fútbol.

Y con esa simple respuesta, Kimi se quedó tranquila y contenta, viendo el resto del partido con el moreno.

En un principio creyó que no lo lograría, y menos cuando Sora le avisó que tenía un inconveniente en la universidad con unos alumnos y que tendría que ir de manera urgente, dejándolo solo con la niña.

Era bastante linda y tierna, hasta le daban ganas de comenzar una vida de padres con su amada Sora, ella tenía el sentido de la maternidad altamente desarrollado, por lo que no le sería difícil, tenía mucha paciencia y tacto con los niños, con todos en general, y él… Él le enseñaría de fútbol a sus hijos y los llevaría al estadio, ese sería su gran e importante aporte.

Ante la vibración de su celular, acompañado del sonido de su ringtone, lo sacó de su bolsillo y lo llevó a su oreja luego de contestar.

Estoy abajo, vámonos.

—¿Ah?

¿Qué esperas? Baja.

—¿Para qué?

¿Cómo que para qué?, ¿no íbamos a beber algo a un bar hoy?

¡Cierto!

—Oh, lo olvidé…

Me estás hueveando…

—No, en serio, se me olvidó, disculpa…

Bueno, subiré yo entonces, más te vale tener cervezas heladas. —sentenció Matt.

Luego de aquella amenaza, cortó la llamada, y en unos instantes ya se encontraba afuera tocando el timbre.

Quedó mirando a su amigo, sin siquiera moverse. ¿Cómo poder explicarle?

Matt arqueó una ceja. —¿Qué te pasa? Córrete. —le dijo pasando a su lado para ingresar al departamento, caminó directo al refrigerador, sacó un par de cervezas y cerró. —Esto era lo que necesitaba… —se disponía a dejarlas en la mesa de centro y él sentarse en el sillón y sacar sus infaltables cigarrillos, pero se detuvo en seco cuando vio a una pequeña castaña sentada, viendo atenta la televisión.

—¿Quién es esa niña? —preguntó con intriga.

—Eh… Kimi.

Frunció el ceño. —¿Y por qué está aquí?

—Estás peor que la vecina metiche, huevón, no es tu problema.

Algo le decía que le hiciera caso a Tai y dejara de preguntar, que era algo que no le incumbía, pero si de algún modo había influido su mejor amigo en su vida, era en que ya no se podía quedar tranquilo con una simple explicación, tenía que llegar siempre al fondo del asunto, saber el sólo nombre de aquella niña, por alguna extraña razón, no lo dejó tranquilo.

Siguió viéndolo con aquella mirada intensa y fija que el moreno tanto odiaba, hasta que finalmente él suspiró. Había logrado su cometido.

—Por qué la estamos cuidando con Sora, pero ella tuvo que salir, así que la cuido yo…

—Ya…

—Es hija de una amiga. —dijo sin más, sabiendo que seguiría preguntando.

Él no era bueno para mentir, se le notaba enseguida cuando lo hacía, sobre todo Matt, su mejor amigo, lo notaría fácilmente.

—¿Y de qué amiga?

Paseó su mirada por los distintos rincones de la habitación, bien le habían enseñado que a veces hacerse el loco era la mejor manera de desligarse de los problemas. Eso podía funcionar con muchas personas, menos con Matt.

—El que no pregunta no se compromete, dicen por ahí…

—Tai… —presionó el rubio.

—Oye, ¿te traigo el cenicero? —preguntó con una sonrisa. Matt arqueó una ceja y mantuvo su mirada. —¿Quieres un vaso para la cerveza? Te puedo traer hielos también.

—Tai, ¿quién es su madre?

—¿Quieres ver el Playboy? Ten. —tomó el control remoto y se lo ofreció a su amigo.

Matt seguía con la misma mirada de "nada".

Sólo había una cosa que lo calmaría.

—Tai, respóndeme.

—Mimi.

—¡¿Qué?!

—¿Qué?

Volteó nuevamente hacia la pequeña, encontrándose esta vez con sus enormes ojos azules sobre él, viéndolo meticulosamente e inexpresiva.

Tan familiar…

Le mantuvo la mirada, pero llegó a un punto en que se cansó de hacerlo, en su lugar pestañó y volvió a mirar nuevamente a su amigo. —¿Es que acaso volvió? —preguntó despreocupado.

—Hoy. —respondió el moreno con simpleza.

—Hasta que se dignó a volver…

—Murió su abuelo.

—Lo siento, no lo sabía.

Y no tenía porqué saberlo tampoco, tal vez el tiempo junto a Tai había hecho que se le pegaran las malas costumbres de él, como el hecho de indagar hasta el punto de ser cargante e hinchapelotas, y ahora también de no cerrar la boca cuando corresponde.

¿Por qué le molestaba tanto?

¿Por qué se fue sin decirle nada a nadie?

Había estado meses insistiéndole, llamándola, intentando contactarse con ella por todos los medios posibles, y nada. Se había enterado por sus padres que se había ido del país, mas el motivo seguía siendo un misterio para él.

Pero todo tenía un límite, y el de él habían sido los años.

¿Y ahora volvía así como si nada? ¿Y con una hija?

—Necesito un cigarro. —avisó Matt. Rápidamente sacó uno de la cajetilla que guardaba en uno de los bolsillos de su chaqueta además del encendedor. Presionó el seguro para generar fuego, Tai lo detuvo cuando se encontró apunto de encenderlo.

—Aquí no, estúpido, si quieres fumar, vete afuera.

—¿Por qué? Nunca te ha importado que fume aquí.

—Sí, pero ahora está Kimi, así que ve a fumar afuera.

Diez minutos en el departamento de su amigo, y ya se quería ir… Esa niña, la supuesta hija de Mimi, no lo dejaría hacer lo que hacían usualmente los viernes por la noche, beber, fumar y desestresarse.

Decidió hacerle caso a Tai y salir a fumar afuera, acompañado de su lata de cerveza. Esa calma era justo lo que necesitaba, sentir la nicotina invadiendo su cuerpo, al igual que el alcohol, era su dulce paz.

Lo único malo de todo eso, era el frío que sentía, pese a llevar puesta una chaqueta de cuero.

Había conocido a la niña recién y ya la detestaba. Por su culpa ese día se saldría de su rutina oficial de los viernes por la noche. Suspiró para luego volver a darle una calada a su cigarrillo.

—¿Estás bien? —preguntó Tai saliendo por el ventanal hacia el balcón donde se encontraba su mejor amigo.

Matt se encogió de hombros, prefirió no responder y dejar que sus acciones corporales despreocupadas hablaran más que sus propias palabras. Le extendió la cajetilla abierta al moreno, él alzó su mano y sacó un cigarro para luego llevarlo a su boca y encenderlo.

—¿Y la chiquilla?

—Está viendo Doky. —respondió.

—¿"Doky"? —Tai asintió. —¿qué es esa huevada?

—Unos dibujos animados de un perro y… ¡¿qué se yo?!

Matt sonrió con suavidad y luego bajó su mirada a medida que su sonrisa que borraba para convertirse en una fina y casi perfecta línea recta. Vio detenidamente su botella de cerveza y la movió en círculos. —Así que Mimi tiene una hija… —comentó más para él que para su amigo. —¿Y? —Tai pareció confuso. —¿Quién es el padre?

—No lo sé, Matt, eso tienes que preguntárselo a ella.

—¿Cómo que no lo sabes?

—No sé, no tengo idea.

—¿No te lo dijo?

—No, y yo tampoco quiero preguntarle, es parte de su privacidad y si no quiere decírmelo, tengo que respetar eso, ¿no?

—Pero Sora tiene que saber, es su mejor amiga, obvio que sabe, ¿ella tampoco te ha dicho nada?

—Matt… Sora es mi novia, mi alma gemela… ¿No te parece que si lo supiera, ya me lo habría contado? No hay secretos entre nosotros. —respondió el moreno confiado.

—Yo creo que sí sabe. Es su mejor amiga, tiene que saberlo.

—Que bueno que no te importa… No me imagino cómo estarías si este asunto fuese de suma importancia para ti. —ironizó.

El rubio optó por darle un rápido sorbo a su cerveza y luego aspirar lo que quedaba de tabaco en su cigarrillo.

—Matt, si en serio quieres saber, deberías hablar con ella… No creo que le moleste, después de todo ustedes dos fueron muy amigos… ¿no? Recuerdo que antes de irse, tú y ella eran muy cercanos…

Sí… Él también lo recordaba así, pero al parecer no era tan así como él creía…

Escuchó el ruido de las llaves hacer contacto con la cerradura y ambos voltearon inmediatamente, el rubio con la esperanza de que se tratase de una persona distinta a la que entró. Al ver a Sora atravesar la puerta volvió a su cerveza.

—¡Madrina! —saltó la pequeña apenas la vio, corrió hacia ella y abrazó sus piernas con cariño. La pelirroja correspondió con una enorme sonrisa, la abrazó y finalmente la tomó entre sus brazos.

—¿Cómo te portaste?

—Muy bien. —respondió sonriente.

—Ah, excelente, te mereces un premio. ¿Quieres helado?

—¡Sí!

—¡Yo también quiero! —exclamó Tai desde el balcón, asomando su cabeza por el ventanal.

—¿Qué estás haciendo ahí? —preguntó la pelirroja reparando en su presencia. —¿No se suponía que estarías con ella, cuidándola?

—Sí la cuidé. —refutó Tai mientras ingresaba y caminaba hacia la cocina junto con Sora y la pequeña niña.

Ella le reclamó unas cuantas cosas que el moreno se encargaba de desmentir, entre el griterío Matt apagó la colilla presionándola sobre el cenicero, tomó lo que le quedaba de cerveza de un solo sorbo y entró.

Caminó un par de pasos hacia el mesón de la cocina y dejó la botella vacía generando un ruido entre el vidrio y la superficie de madera.

Sora volteó y se acabó la discusión.

—Hola Sora. —saludó frío.

—Matt… ¿qué haces aquí?

—Es viernes… —no requería mayor explicación.

—Ah…

Ella sabía lo que seguía, era más que obvio.

Bajó a la castaña de sus brazos y vio a Tai, anticipándose a los hechos. El moreno entendió.

—Necesitamos hablar. —dijo Matt.

Sora tragó saliva, nerviosa, y asintió con suavidad.

—Bueno, Kimi, ¿de qué quieres tu helado? —le preguntó Tai a la niña, llamando su atención. Abrió el congelador y enlistó. —Tenemos de piña, chocolate, chirimoya, lúcuma, fresas, vainilla, de menta…

—¿Para qué tantos? —preguntó inocente.

—Porque soy un glotón. —respondió Tai causando risas en ella.

Matt volvió a salir al balcón. Si iba a hablar con su amiga, necesitaría una mayor dosis de nicotina, y suponía que ella también.

La pelirroja lo siguió, no sin antes voltear hacia su novio y sonreír. Tai tenía un don magnífico con los niños, aunque pocas veces él lo reconociera. Apoyó su mano en el ventanal y alzó levemente el pie para salir al balcón. Una vez afuera juntó el ventanal para que no se oyera hacia adentro, no quería preocupar a su pequeña ahijada.

—¿Y bien? —preguntó Matt.

—Y bien, ¿qué?

—Sora, no te hagas la tonta. Explícame todo esto, ¿quieres? —pidió llevando un cigarrillo hacia sus labios para luego extenderle la cajetilla a su amiga. Sora retiró un cigarro y lo encendió luego de que Matt hiciera lo mismo.

Suspiró.

—La verdad no requiere mayor explicación… Mimi tuvo una hija, su nombre es Kimiko.

—¿Cuántos años tiene? —se apuró en preguntar él.

—Cuatro. —No mintió, aún tenía cuatro años, aunque estuviese cercana a cumplir cinco ya.

Michael…

Fue lo primero que se le vino a la mente.

—¿Y quién es el padre?

—Eso no te lo voy a decir.

—¿Por qué no?

—Porque a mi amiga no le gusta hablar de eso.

Matt negó levemente mientras aspiraba su cigarrillo y botaba frustrado el humo. —No me dijiste nada… ¿Por qué?

—Matt, no me correspondía.

—¡Se supone que somos amigos, por la cresta! Por supuesto que te correspondía.

—¿Y de qué hubiera servido? —preguntó. Hizo una pausa, esperando algún tipo de contestación por parte de Matt, al no tenerla, prosiguió. —¿Acaso hubieses ido tras ella?, ¿la habrías buscado?

—Yo sí la busqué. —dejó él en claro. —Intenté de todo para saber de ella.

—Bueno, sus razones debió tener para no contactarte… —razones que ella sabía de sobra. Razones que para su amiga eran muy tajantes.

Matt suspiró exasperado.

Supo que nada ganaría hablando con Sora, que ella siempre se las arreglaría para dejarlo en la nebulosa con tal de proteger la intimidad de su mejor amiga, lo sabía, y no la culpaba.

Simplemente si quería respuestas, estaba en el lugar menos indicado.

Dejó su cigarrillo a medio terminar, lo arrojó al suelo, lo pisó y caminó hacia la puerta para salir de aquel departamento, sin importarle siquiera despedirse de su mejor amigo, quien sólo lo vio atónito.

Al poco tiempo ingresó la pelirroja hacia la sala, donde él y Kimi estaban sentados en el sillón frente al televisor, ambos con un gran pote de helado. Tai estiró su cuello en el sillón hacia el otro lado para ver esta vez a Sora cabizbaja.

—Amor, ¿estás bien? —preguntó Tai. Sora asintió levemente. —¿quieres helado? —esta vez negó. Él torció sus labios y finalmente dio leves golpes con su mano derecha sobre el sillón, indicándole que se sentara junto a él.

Y así lo hizo Sora, tan pronto como se sentó sobre el sillón, Tai pasó su brazo rodeando la espalda de su novia y ella recargó su cabeza sobre su hombro. Sonrió al sentir los labios del moreno sobre su sien al momento de besarla.

—Ya verás que se le va a pasar.

—Sí…

—Madrina, ¿estás bien? —preguntó la pequeña llena de preocupación.

—Sí mi amor. —le respondió Sora con una sonrisa que ella no tardó en responder.

Sin importarle nada, pasó por sobre las piernas del moreno, teniendo sumo cuidado de no tirar su helado y finalmente se sentó en medio de ambos. Tai primero la miró con malos ojos, como si lo hubiese hecho con la única intensión de separarlo del amor de su vida, pero al cabo de unos instantes ya no se pudo resistir a los encantos de la criatura.

—¿Qué estamos viendo? —preguntó Sora.

—Valiente. —fue la respuesta de Kimi.

—¿Ah?

Tai sintió por un momento que había retrocedido en el tiempo, cuando Mimi de lo único que hablaba era de las princesas de Disney, sin embargo, nunca creyó tener que verse obligado a ver una de aquellos filmes.

—¡Mira! —exclamó la niña. —Se parece a ti.

El moreno salió de su trance y vio la pantalla, para ver a aquella joven de pelirrojos cabellos desordenados. Volteó a ver a su novia, tal vez se lo decía a ella, después de todo, era pelirroja también, pero se sorprendió al ver la mirada tanto de Sora como de Kimi sobre él.

—¿Qué?

—Se parece a ti. —volvió a decir ella.

—¿A mi?, ¿por qué? Yo no soy una chica.

—Es en el cabello. —aclaró.

—Pero yo tengo el pelo castaño, no soy pelirrojo, Sora sí.

—¡Pero en lo desordenado!

Indignado ante la comparación, volvió su mirada nuevamente hacia la pelirroja que no hacía más que reír a carcajadas. Presionó sus labios, quería reír también igual que ambas, pero se sentía demasiado ofendido como para hacerlo.

—Ah, o sea que ahora soy una Princesa Disney… —comentó él, volviendo a escuchar las carcajadas de las dos. Ésta vez él también rió y negó con suavidad.

No pasó más de media hora, cuando la pequeña se había quedado dormida apoyada a las piernas del moreno y con el pote ya vacío entre sus manos. Sora comenzó a removerse con cuidado para no despertarla y Tai, con el mismo propósito, permanecía estático.

La pelirroja logró levantarse del sillón, teniendo ahora la labor de tomar a Kimi entre sus brazos para llevarla a su habitación a dormir. Mimi ya le había dicho en la tarde que se quedaría haciéndole compañía a su madre en aquel delicado momento, y Sora por su parte no tuvo ningún problema en cuidar a la pequeña hasta el otro día, al igual que Tai.

Cargó a Kimi y caminó con ella hasta la habitación que compartía con su novio, seguida de él. Tai se adelantó para abrir las tapas de la cama, facilitándole la labor a Sora de acostarla, la depositó con cuidado sobre las sábanas y la tapó para luego sentarse en el borde de la cama y acariciar el suave y pequeño rostro de la castaña.

Tai observaba sus acciones de pie a un lado de la cama con sus brazos cruzados. Una sonrisa comenzó a formarse en sus labios.

—Es preciosa… —comentó ella.

—Sí…

Ella volteó hacia el moreno y le sonrió. —¿Qué ocurre? —preguntó.

—Quiero una. —dijo él sin más.

Sora miró nuevamente a Kimi por unos instantes y luego le devolvió la mirada a su novio.

—Yo también.

Le sonrió, y él correspondió.


—¿Qué tiene de malo este departamento? —le preguntó Matt a su padre.

—Que es demasiado grande… Sólo me sirve para juntar más y más basura.

—Pero no es culpa del departamento, es culpa tuya. —concluyó el rubio. —Aquí viví toda mi infancia y mi adolescencia… ¿Piensas tirar mis recuerdos a la mierda acaso?

Hace unos días, su padre le había pedido ayuda para ordenar el departamento, pues ya había cotizado otro más pequeño, de un ambiente, sólo para él, y el que usaba actualmente lo vendería para suplir los gastos. El rubio aún no entendía aquella decisión tan absurda de su padre, tal vez por fin se había dado cuenta que el tiempo no pasaba en vano, que ya no era un jovencito, y que la crisis de los 40 que no pasó por él, la sentía recién ahora… años más tarde. Era su única explicación.

Hiroaki dejó las cajas que estaba cargando en el suelo y centró su mirada de lleno en su hijo. —Si este departamento era tan importante para ti, entones no entiendo por qué te fuiste.

—Porque la universidad me quedaba lejos, además necesitaba mi independencia, viejo…

—Bueno, yo también, y ¿qué mejor para ello que un departamento de soltero?

—¿No crees que estás muy viejo para un departamento de soltero?

—¿Y tú no crees que estás muy viejo para seguir estando soltero? —inquirió el hombre volteando a ver a su hijo con una ceja en alto.

Matt entrecerró sus ojos y torció levemente sus labios.

Me cagó.

Por un instante se sintió ofendido, sabía que a su viejo le gustaba lanzarle golpes bajos, pero no sabía el propósito de ese ataque… Lo único que estaba claro, es que su padre lo había cagado.

—Hijo, mírame. —pidió Hiroaki. —Ya pasó el tren para mi, necesito un cambio de aire, de ambiente… No sé. Mira toda la basura que junto aquí —dijo indicando los montones de cajas, revistas, papeles y objetos. —, y estoy seguro que de tener un departamento más grande, tendría aún más.

—Insisto, viejo, eso no es culpa del departamento, es culpa tuya… Estás enfermo. —bromeó. —¿Has oído hablar del Mal de Diógenes?

—Ah, andamos chistosos.

—Yo sólo digo, papá. —dijo alzando sus manos, librándose de toda culpa.

Le ayudó a empacar unas cuantas cajas más cuando ya fue momento de otro break para ambos, unos cigarrillos acompañados de unas cervezas en ningún momento les veía mal a padre e hijo.

Matt vio a su padre levantarse rápidamente del sillón e ir probablemente a su habitación, instantes después volvía a su asiento con un libro grueso y forrado en un terciopelo azul rey.

—Mira lo que encontré al fondo del closet. —anunció sentándose nuevamente al lado de Matt.

—¿Tu dignidad? —preguntó él burlándose de Hiroaki.

—No, pero si tengo suerte y sigo buscando, algún día la encontraré, no como tú que ya estás perdido. Quizás en qué lugar de mala muerte la fuiste a tirar…

Segunda vez que se lo cagaba de tal modo que lo dejaba sin contraataques.

—Y… ¿qué fue lo que encontraste?

Hiroaki soltó una audible carcajada antes de abrir el álbum que cargaba entre sus manos.

—Ay, hijo… —finalizó sus burlas. —Es un álbum de fotos que hizo tu madre…

Comenzó a hojearlo, mientras el rubio se mantenía atento a las fotos que iban pasando ante sus ojos, él nunca las había visto, sin embargo, habían algunas fotos que retrataban momentos que él mismo había vivido.

Había un número significativo de fotos de él y T.K, todos en familia, todos felices y disfrutando cada segundo… ¿Cuándo todo ello había acabado?

—Oye, espera… —pidió Matt, volviendo a la hoja anterior. —¿Quién es ella?

Preguntó el rubio al ver una niña castaña de ojos azules siendo cargada por un señor rubio de iguales ojos. Pese a la calidad de la foto, que sin duda era antigua y estaba un poco a maltraer, aún podía fijarse en los pequeños detalles.

—Es Natsuko… —dijo él con nostalgia. —Y tu abuelo Michel.

—Que diferente se ve sin la barba. —reconoció Matt.

Hiroaki sonrió de lado. Se había quedado prendido en el retrato de la que en algún momento fue su esposa, al igual que Matt. Esa foto le hacía recordar mucho a una persona… A otra niña, sabía que la había visto en algún lado, sólo que no podía ser.


Bueno, hasta que al fin llegó a mi la inspiración xD La verdad ya me quedé seca, ya ni recuerdo qué escribir aquí, así que seré más que breve... Además tengo que seguir estudiando D:

Saluditos! :D

A la desaparecida Jell, Vale, ponte las pilas po! Estás más gárgola que yo en el fandom xD, Rowws *-* ánimo mi niña :D Voy a ir a pegarle una patada en la raja al weón que te hizo eso!, Aria05 Arriba el Taiora! :D Y la U (L) xDDD, PíaLindi (x2) Ya sus RRs no serán tan largos como los de antaño :( Extrañaré no ver unas weás interminables xD, yonson 68 No quiero xDDDDDD Pero algún día lo leeré :B, Faty! Otra gárgola más xD Yo con esto ya me salí del club por un tiempo xD, Meny *-* (gárgola! xDDDD) Yo también tengo una queja... ACTUALIZA TUS WEÁS MIERDA! XD, brendaa21 Listo, la continué :D, Franiwi un poquito tarde recibí la inspiración xD Pero gracias :3, mimimatt26 ya la seguí :D

Bueno y eso :D Me duele la cabeza, muero de sueño y aún no termino el resumen x_x

Nos leemos... Algún día xD De aquí a otros 10 meses más que me llegue la inspiración para el capítulo 26 xD Ok, trataré que no sea así :B

Adiós~


*Len~