25. El partido

- ¿De verdad vas a hacerlo? – Le preguntó Rose por decimoquinta vez. – Es una locura, te puedes meter en un buen lío.

- Ya te he dicho que no vas a hacerme cambiar de opinión. – Lizzy sonrió y terminó de preparar su bolso.

- ¿Y cuál se supone que es tu plan?

- Salir utilizando el pasadizo que llega a Honeydukes, desaparecerme allí y colarme en el estadio. – La morena se encogió de hombros y se puso la americana encima de su jersey beige con hilos dorados. – Si alguien te pregunta por mí, di que me he quedado en el dormitorio, que estoy otra vez con gripe.

- No va a salir bien, ¿y si no te dejan entrar? – La pelirroja se cruzó de brazos, preocupada. No quería que la expulsaran del colegio y sabía que eso sería lo que sucedería si la pillaban.

- Lo harán, soy la novia de James, él les dirá que me dejen pasar.

- ¿Y si te pillan?

- Le lloraré a la directora para que no me eche y rogaré a mis padres para que no me maten. – Se encogió de hombros, tratando de aparentar serenidad, aunque ambas sabían que estaba un poco asustada. – Pero va a salir bien.

- Más te vale, mi insignia peligra. – Rose sonrió.

- ¿Peligra por mí? – Lizzy enarcó una ceja de forma divertida.

- Si descubren que yo sabía la verdad…

- Bueno, creo debería preocuparte más que se enteraran del uso que le dais Scorpius y tú al baño de prefectos. – Lanzó una carcajada y la otra chica se sonrojó.

- Vale, ahí llevas razón. – Se unió a sus risas. Cuando ambas se calmaron, la abrazó. – Ten mucho cuidado y disfruta muchísimo del partido.

- Lo haré, tranquila.

Dicho esto se miró una última vez en el espejo, se subió un poco los vaqueros y salió del dormitorio rápidamente, intentando no cruzarse con nadie. Las clases ya habían comenzado y los profesores y la mayoría de alumnos estaban en clase o aprovechando sus horas libres en la biblioteca o sus salas comunes, pero aún así no se fiaba. No se detuvo hasta llegar a la entrada del pasadizo. Miró a ambos lados, con el corazón latiéndole rápidamente. Si hacía aquello ya no habría marcha atrás. Tomó aire y se deslizó dentro, sin darse un segundo más para pensar. Era el primer partido de James, tenía que estar allí con él. Al menos había tenido suerte y se celebrara por la mañana, por lo que escaparse sería más fácil. Avanzó con paso firme, evitando mirar atrás. Cuando por fin llegó a Honeydukes, salió con cuidado a través de la trampilla y se desapareció en rápidamente. No quería que el dueño entrara justo en ese momento y la descubriera. Pensó en el estado del Puddlemere y, en seguida, apareció en la entrada. Todavía quedaba una hora para que empezara el partido, pero la gente ya estaba entrando así que ella se colocó bien la chaqueta y el pelo y se dirigió a la puerta.

- ¿Su entrada, señorita? – Le pidió el guardia, un hombre alto y fuerte de aspecto fiero. Lizzy dibujó la mejor de sus sonrisas.

- Pues verá, no tengo pero…

- Si no la tiene, no puedo dejarla pasar, lo mejor será que se marche, hay mucha gente que quiere entrar. – La cortó él.

- Ya, pero verá, es que yo soy…

- Me da igual, si no tiene entrada no puede pasar. – Volvió a interrumpirla y ella resopló. ¿Y si después de todo no la dejaban entrar?

- Escúcheme un segundo.

- No tengo tiempo y, por favor señorita, se está formando una larga cola detrás de usted, lo mejor será que se marche de una vez.

- ¡Tengo que entrar ahí! – Exclamó, frustrada. – Me da igual lo que diga, soy la novia de James Potter y tengo que entrar.

- ¡Seguridad!

- ¡No! – Notó cómo palidecía. Ahora sí que la había liado, seguro que avisarían al colegio y a sus padres y la expulsarían y castigarían de por vida. Dos hombres se acercaron con sus varitas levantadas y ella se quedó paralizada, sin saber qué hacer.

- ¿Lizzy? – No pudo evitar sonreír aliviada al escuchar aquella voz. Ginny Potter acababa de aparecer desde el interior del estadio, alarmada por el ruido.

- ¡Ginny! – Exclamó, feliz.

- Viene conmigo, dejadla pasar, es la novia de mi hijo. – Dijo con una amable sonrisa.

- De acuerdo, señora Potter, lamentamos las molestias. – El hombre se echó a un lado y le pidió a los otros dos que se retiraran.

- Se lo dije. – Murmuró Lizzy pasando por su lado. Cuando llegó hasta la mujer, le dio un abrazo. – Muchas gracias, Ginny.

- De nada pero, ¿no deberías estar en Hogwarts? – Le preguntó ella con el ceño fruncido.

- Me he escapado para ver a James, él no lo sabe. – Confesó. – Espero que no me pillen, es que tenía que venir.

- Es muy irresponsable por tu parte, pero te entiendo. – La mujer sonrió. – Ven conmigo, te llevaré a los vestuarios para que puedas verlo y toma esto. – Sacó una entrada de uno de sus bolsillos. – Por si alguien te la pide, es una entrada VIP, te da acceso a la tribuna principal, toda la familia verá el partido desde allí.

- Gracias de nuevo. – Lizzy suspiró. Su suegra era la mejor.

La pelirroja comenzó a andar y ella la siguió hasta la planta inferior, donde se encontraban los vestuarios. Ginny se acercó al que ponía "Puddlemere United" y pegó. Un chico envuelto en una toalla abrió la puerta y miró a la mujer extrañado.

- Podrías llamar a James Potter, dile que es importante.

- Sí, claro, un momento.

El chico cerró la puerta y, unos segundos más tarde, esta volvió a abrirse. James – que estaba vestido pero todavía no llevaba la túnica – miró a su madre un poco avergonzado.

- Mamá, ¿qué haces aquí? No hacía falta que vinieras, me vas a dejar en evidencia delante de los demás.

- Qué duro es ser el bebé del equipo, ¿verdad? – Ginny lanzó una carcajada y su hijo se sonrojó. – Tengo una sorpresa para ti, me he encontrado a alguien que quizás quieras ver.

La mujer se apartó y Lizzy apareció detrás de ella, con una radiante sonrisa.

- Hola, buscador.

- ¡Lizzy! – Corrió hacia ella y le dio una vuelta en el aire antes de besarla. Ambos estallaron en carcajadas y se abrazaron. Ginny se marchó disimuladamente con una sonrisa en los labios para darles un poco de intimidad. - ¿Qué haces aquí? Deberías estar en clase.

- Me he escapado. – Contestó ella, soltándose un poco y apoyando los pies en el suelo. – He usado uno de los pasadizos para salir del castillo y poder aparecerme aquí y he entrado gracias a tu madre, menos mal que me ha visto, han estado a punto de encerrarme.

- Estás completamente loca.

- No podía perderme tu primer partido. – Se puso de puntillas y lo besó otra vez. Él la miraba sin poder dejar de sonreír.

- Eres la mejor.

Volvieron a besarse, pero esta vez se vieron interrumpidos por un carraspeo. Se separaron y giraron un poco. Frente a ellos, con una sonrisa hipócrita, se encontraba Rita Skeeter.

- Vaya, pero si es la pareja del año, ya había oído los rumores que confirmaban lo vuestro, escuché a vuestras madres hablando un día en la redacción. – Dijo, acercándose un poco. Su pluma la siguió escribiendo algo. – Muy interesante, esto les encantará a mis lectores, especialmente porque creo recordar que cierta señorita debería estar en el colegio ahora mismo. ¿Qué opinarán los padres sobre la seguridad de Hogwarts al saber que una alumna se ha escapado?

- No vas a escribir sobre nosotros, Rita. – Dijo Lizzy, avanzando hacia ella y colocándose entre ella y James. – Más te vale marcharte de aquí de forma inmediata.

- Oh, vaya, parece que la niña tiene carácter. – La mujer enarcó una ceja. – No me asustas, voy a publicar lo que quiera, como he hecho siempre. ¿Acaso mamá no sabe que te has escapado?

- Vas a arrepentirte de esto, te denunciaré por invasión a la intimidad, no puedes inmiscuirte en nuestra vida privada.

- ¿Crees que eres la primera que lo intenta, Collins? – Negó con la cabeza, sin perder su sonrisa. – Todos los que lo han hecho, se han arrepentido. Yo que tú no me perdería la sección de cotilleos de mañana del Profeta, va a ser muy interesante. Esto no ha hecho más que empezar, parejita.

Dicho esto, la mujer se fue. James abrazó a Lizzy por la espalda y le dio un beso en la mejilla.

- No te preocupes por ella, no le hagas caso. – Murmuró en su oído.

- Es que me crispa. – Respondió ella, antes de girarse. – Espero que no diga nada en el periódico.

James iba a contestar pero, justo entonces, la puerta del vestuario se abrió y un hombre salió de ella.

- ¡Potter! – Exclamó. – Todos te estamos esperando.

- Lo siento, entrenador, tenía una visita sorpresa. – Se disculpó él. – Esta es mi novia, Lizzy Collins. – Nada más decir aquello, varias cabezas se asomaron por la puerta, curiosos por conocer por fin a la novia de James. Ella no pudo evitar sonrojarse. – Lizz, el entrenador Oliver Wood.

- Un placer conocerlo, James me ha hablado mucho de usted. – Lo saludó con educación.

- Supongo que solo habrá dicho cosas malas de mí. – El hombre sonrió. - La buscadora de Ravenclaw, ¿verdad? Mi hijo dice que eres buena.

- La mejor de toda Hogwarts ahora que yo no estoy. – Puntualizó James.

- También lo era cuando tú estabas, Jamie. – Replicó ella haciendo que los compañeros del chico rieran.

- ¿No deberías estar en el colegio? – Le preguntó entonces el entrenador.

- Yo… Creo que lo mejor será que me vaya a las gradas y os deje tranquilos. – Dijo, con una sonrisa nerviosa. Besó rápidamente a James. – Suerte, espero que ganéis.

Se marchó rápidamente mientras el chico y los demás entraban en el vestuario. Subió hacia la zona de gradas y, tras seguir las indicaciones de un guardia, llegó a la tribuna en la que ya estaba toda la familia del chico, que la miró asombrados y le hizo la misma pregunta que ya había contestado dos veces. Les explicó rápidamente lo que había pasado y se sentó junto a Victoire y Teddy, delante de Louis y Emma – que estaba realmente emocionada, ya que era su primer partido de quidditch -. Cuando los jugadores salieron al terreno de juego, empezó a aplaudir. Puede que James fuera solo el reserva, pero aquel era un momento muy importante para él.


A los 20 minutos de empezar el partido, una bludger golpeó en la cabeza al buscador titular por lo que James tuvo que salir a jugar. Se lo veía nervioso y Lizzy notaba sus movimientos un poco inseguros, pero aún así luchó por la snitch y no paró hasta que, dos horas más tarde, la consiguió haciendo que su equipo ganara por solo diez puntos y convirtiéndose en el héroe del partido. La tribuna estalló en vítores y aplausos y el chico no dudó en acercarse y besar a su novia delante de todo el mundo.

- Te quiero. – Murmuró.

- Yo también. – Respondió ella. – Eres el mejor, lo has hecho genial.

- Todo gracias a ti, me alegra que hayas venido. – Volvió a besarla. – Ahora nos vemos.

Volvió con el resto del equipo y Lizzy notó cómo se ponía roja al notar las miradas de toda su familia política fijas en ella.

- Ha sido un buen partido, ¿verdad? – Consiguió decir finalmente haciendo que todos, incluida ella misma, empezaran a reír.


Después de aquello, James llevó a Lizzy a comer con sus compañeros de equipo y sus novias o esposas. Fueron a un restaurante muggle y pasaron un rato muy agradable entre risas e historias. Todos le pedían a la morena que contara cosas sobre James y ella les relataba las anécdotas más patéticas que recordaba, consiguiendo que el chico pasara todo el almuerzo completamente rojo. Después de aquello, se despidieron de los demás, que querían seguir la fiesta, y fueron un rato en la casa de los Potter, aprovechando que James estaría solo aquella tarde. No se separaron hasta que pasó la hora de cenar. Lizzy tomó algo rápido en casa del chico y, tras despedirse hasta el sábado, se desapareció y, usando de nuevo la trampilla de Honeydukes, volvió al castillo. Recorrió los pasillos rápidamente hasta llegar a su torre. Cuando entró a su habitación, sus cuatro amigas interrumpieron su conversación y la miraron.

- Ya estoy de vuelta. – Comentó con una sonrisa antes de dejarse caer en su cama. - ¿Qué tal el día?

- Bien, creo que se han creído lo de que estabas con gripe así que no corres ningún peligro. – Contestó Rose. - ¿Qué tal el partido?

- James ha tenido que salir a jugar y le ha dado la victoria al Puddlemere. – Explicó ella. – Ha sido una pasada, me alegra haber ido, aunque probablemente mañana estaré expulsada.

- ¿Por qué? – Caro la miró con preocupación.

- Nos ha pillado Rita Skeeter, va a escribir algo en el periódico. – Contestó echándose hacia atrás y cerrando los ojos. – Tenía que correr el riesgo.

- No digas eso, Lizzy, hasta mañana no puedes saberlo. – Rose se sentó en su cama y le dedicó una sonrisa comprensiva. – Estoy segura de que todo se solucionará.

La chica iba a contestar cuando escuchó unos golpes en la ventana del dormitorio. Martha la abrió y la lechuza de los padres de Lizzy entró. La morena cogió la carta que le enviaba su madre. Se había enterado de todo en la redacción, estaban extremadamente enfadados con ella y muy decepcionados, decían que aquello había sido una locura y se había arriesgado demasiado. Arrugó el pergamino y lo tiró al suelo. Al día siguiente todo el mundo sabría la verdad y, probablemente, aquella sería su última noche en Hogwarts.


- Señorita Collins, la directora quiere hablar con usted. – Le dijo el profesor Watt en cuanto la vio a la mañana siguiente. Lizzy todavía no había visto el periódico, pero por las miradas que estaba recibiendo, sabía lo que habían escrito. – Suba a su despacho inmediatamente.

La Ravenclaw asintió y se encaminó hacia allí rápidamente mientras pensaba en lo que iba a decir. Tenía que librarse de la expulsión. Cuando llegó a la puerta, tomó una bocanada de aire antes de abrirla. En el interior del despacho estaba la directora junto a sus padres que la miraban completamente decepcionados.

- Mentiría si dijera que no me lo esperaba. – Murmuró antes de sentarse en la silla libre que quedaba.

- Señorita Collins, ¿puede explicarme qué es esto? – La directora abrió el Profeta por una página en la que se veía una foto de ella y James besándose, pero además sacó dos revistas más, con la misma imagen en la portada: la juvenil BrujaTeen y la famosa Corazón de bruja.

- Pues, bueno, ayer James debutaba y yo fui a ver el partido. – Contestó ella, con la mirada gacha.

- ¿Cómo se te ocurrió, Elizabeth? ¡Estamos completamente decepcionados! ¿Cómo has podido escaparte del colegio? – Su madre estaba furiosa. - ¿Sabes lo que eso puede significar?

- ¿Me van a expulsar? – Preguntó, mirando a la directora e ignorando las palabras de su progenitora.

- Es una falta muy grave, el castigo apropiado sería ese. – McGonagall suspiró. – Ya le dije el año pasado, señorita Collins, que era usted una de mis mejores alumnas y no me gustaría tener que hacerlo.

- No volveré a hacerlo, se lo prometo, pero James me necesitaba en ese momento.

- ¿James? ¿Y tú qué? – Intervino ahora su padre. - ¿Es él más importante que tu futuro?

- No, claro que no, es solo que… tenía que ir. – Agachó la cabeza de nuevo. – Lo siento mucho.

- Un lo siento no cambia las cosas, Elizabeth. – Su madre apretó los labios. – Estamos muy decepcionados.

- Ya lo sé.

- ¿De verdad creías que no se enteraría nadie?

- Tenía esa esperanza.

- No vamos a expulsarte. – Dijo, de repente, la directora haciendo que tanto madre como hija guardaran silencio y se giraran para mirarla.

- ¿De verdad? – Lizzy no podía creerse su suerte.

- Menos mal. – Mary suspiró. – Muchísimas gracias, directora, no volverá a hacerlo, nos encargaremos de ello.

- Pero, ¿por qué? – Murmuró ella, todavía sorprendida.

- Señores Collins, ¿podrían dejarnos solas? – Pidió la mujer. Los dos se pusieron de pie y, tras decirle a su hija que la esperaban fuera, abandonaron la habitación. – La próxima vez que quiera ir a ver jugar al señor Potter, hable conmigo y yo le daré permiso, señorita Collins, no hace falta escaparse del castillo.

- ¿En serio?

- Claro, pero solo los fines de semana. – La mujer sonrió. – Según he leído, hizo un muy buen partido.

- Sí, fue increíble, estaba nervioso pero lo hizo genial. – Respondió ella.

- Me alegra oír eso, salúdelo de mi parte.

- Lo haré. – La chica sonrió. - ¿Puedo marcharme?

- Aún no le he dicho su castigo. – La chica suspiró. Salir de aquello completamente libre habría sido demasiado bonito. – Cuando vuelva de las vacaciones de Navidad tendrá que ayudar al profesor Watt a organizar el torneo de duelo, además le quitaremos 100 puntos.

- De acuerdo, directora y… gracias.

Lizzy salió del despacho, incapaz todavía de creerse la suerte que había tenido. Sabía que el castigo era solo una "fachada", algo que tenía que hacer. Ambas sabían que Defensa contra las Artes Oscuras era su mejor asignatura, que adoraba al jefe de su casa y que era una gran duelista. Para ella preparar ese torneo era más un premio que un castigo. Fuera sus padres la esperaban con cara de pocos amigos pero, después de contarles todo lo que la directora le había dicho y prometerles que no volvería a marcharse del castillo sin avisar a nadie, parecieron relajarse un poco. Se despidió de ellos y se dirigió rápidamente a su primera clase. Seguía en Hogwarts y tenía permiso para salir a ver jugar a James siempre que quisiera, no necesitaba nada más.